Hipódromo
El sábado fui al hipódromo, era cumpleaños de mi hermana y decidió comer en el restaurante 1943 mientras hacíamos apuestas. Un trago en mano y el placer de apostar, recordé al escritor Bukowski. Muchos no saben que hacer en la media hora de espera entre carrera y carrera; él bebía. Yo también lo hago y nunca me he aburrido.
Para la segunda carrera hice una mala apuesta. Mi caballo no llegó en segundo lugar ni en tercero, sencillamente nunca llegó; quedó tendido a unos metros de la meta. No sé si sufrió un infarto o se tropezó con las patas traseras pero al caer tuvo una muerte instantánea. El jockey también quedó bastante mal herido.
-¿Qué le van a hacer al jockey? -preguntó un amigo mientras llegaban las asistencias.
-Si se rompió una pierna lo van a tener que sacrificar.
-¿En serio? -contestó sorprendido.
No respondí, sencillamente hay gente que no entiende el humor negro.
Mi hermana se puso un poco triste por el caballo muerto. Para que se sintiera mejor pensé en hablarle del cielo de los caballos o decirle alguna cifra comparativa, algo así como que mueren más animales en corridas de toros o pingüinos en manos de cazadores canadienses. Al final, mejor sólo guardé silencio.
Las carreras prosiguieron sin mucha suerte. Ahora si llegaban los caballos pero no en la posición que yo hubiera deseado, y cuando lo hicieron, mis quinielas pagaron poco. Tengo más suerte apostando a los galgos. Como sea, no estaba ahí para hacer fortuna sino para festejar el cumpleaños de mi hermana. Aunque cancelé un plan en Cuernavaca para estar con ella, no me arrepiento. Es bueno estar con la familia, y cuando menciono a familia hablo en general, aunque sea de vez en cuando, porque eso de esperar sólo a las bodas y funerales no es muy sano. Sobre todo cuando ya quedan pocas primas solteras y cada vez son menos los viejitos.
Para la segunda carrera hice una mala apuesta. Mi caballo no llegó en segundo lugar ni en tercero, sencillamente nunca llegó; quedó tendido a unos metros de la meta. No sé si sufrió un infarto o se tropezó con las patas traseras pero al caer tuvo una muerte instantánea. El jockey también quedó bastante mal herido.
-¿Qué le van a hacer al jockey? -preguntó un amigo mientras llegaban las asistencias.
-Si se rompió una pierna lo van a tener que sacrificar.
-¿En serio? -contestó sorprendido.
No respondí, sencillamente hay gente que no entiende el humor negro.
Mi hermana se puso un poco triste por el caballo muerto. Para que se sintiera mejor pensé en hablarle del cielo de los caballos o decirle alguna cifra comparativa, algo así como que mueren más animales en corridas de toros o pingüinos en manos de cazadores canadienses. Al final, mejor sólo guardé silencio.
Las carreras prosiguieron sin mucha suerte. Ahora si llegaban los caballos pero no en la posición que yo hubiera deseado, y cuando lo hicieron, mis quinielas pagaron poco. Tengo más suerte apostando a los galgos. Como sea, no estaba ahí para hacer fortuna sino para festejar el cumpleaños de mi hermana. Aunque cancelé un plan en Cuernavaca para estar con ella, no me arrepiento. Es bueno estar con la familia, y cuando menciono a familia hablo en general, aunque sea de vez en cuando, porque eso de esperar sólo a las bodas y funerales no es muy sano. Sobre todo cuando ya quedan pocas primas solteras y cada vez son menos los viejitos.
Comentario:
pues lo dejé... que haya vuelto es otra cosa ;)
Comentario:
Mi buen Ernesto, eres incorregible ¿No que ibas a dejar de beber? Un abrazo para tu hermana ¡Por su cumpleaños, no seas malpensado!
Saludos.
Saludos.













