Nos amamos, nos casamos, te invitamos
Por fin recogí la invitación de la boda de Bernardo (estaba en el bar de mis amigos). Me gustó la frase impresa; efectiva sin ser cursi. En realidad, había ido al bar a ver al futuro esposo. -Son mis últimos días de soltero -me dijo- hay que vernos para festejar. Buena idea, lastima que el lacra nunca llegó. Sin embargo, dio la casualidad que hoy era el cumpleaños de una amiga (no cercana pero amiga) así que no la pase mal.
Tenía una junta de trabajó, y para cuando llegué al bar, ya todos parecían alegres bailarines al caminar. Se deslizaban tambaleándose entre las mesas como inquietos trompos rodantes. De un lado para otro, iban haciendo equilibrio para no caerse y solo por arte de magia no terminaban en el piso. Pero este mundo no es mágico. La fortuna les falló, y no una, sino varias veces hasta terminar embarrados en el piso (mañana traerán raspones y seguro no sabrán ni porque).
Un amigo me abrazó apenas estaba entrando. Me miró a los ojos y me dijo serio:
-De los once que me faltaban, ya solo me faltan seis.
Guarde silenció.
-Bueno, a ti no te puedo mentir… Ok, ok. En realidad me faltan tres.
Seguí en silenció. No era porque dudará de lo que me decía, sencillamente no sabia de que carajos me hablaba.
-Esta bien, esta bien… yo que he viajado contigo a África, a Sudamérica… y a África, y a…. bueno, y a donde diablos hayamos viajado. A ti no te miento: Son solo dos. Me abrazó y me dijo con tono serio: Te quiero cabrón. Ante tal muestra de sinceridad y afecto, sólo me quedó abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien (ya más tarde me trataría de enterar de que diablos me hablaba).
La gente es muy sincera cuando se emborracha. No sé si por estar sobrio, pero hoy puse especial atención a algunas frases de las conversaciones:
-No soy fea, se que valgo la pena… -Me dijo ella con mirada triste (es linda: piel blanca, rubia de ojos verdes)- ¿Por qué amó y a mi nadie me ama? -se cuestiona al tiempo que sus ojos se llenan de lágrimas.
-¿No estas desilusionado de mi? -me pregunta un amigo, ya un poco entrado en copas- ¿Verdad que no estas desilusionado de mi? ¿Verdad que me comprendes?- (digamos, que en estos momentos él esta haciendo un fraude educativo). No sé que le contesto. Para empezar, ¿quién soy yo para andar desilusionándome de alguien? Se que el alcohol habla por él, pero de todas formas le doy unas palabras de aliento. Me escucha y después me abraza. Algo similar pasa con mi amiga. Nunca me he considerado alguien que da buenos consejos, quizá no los doy. Muchas veces la gente no quiere que le digas como resolver su vida sino simplemente que la escuches; al parecer eso si lo se hacer.
Más tarde, la festejada (quien terminó en el piso en un par de ocasiones) regresó al bar. Había perdido su cámara digital. Su hermano y su novio la sermonean, al parecer, lo tiene muy merecido por ponerse tan borracha. Ella llora mientras va de un lugar a otro buscando su cámara. Yo perdí mi cámara hace poco tiempo y se lo mal que se siente (no la perdí literalmente, pero eso es otra historia). Me pongo en su lugar y me doy a la tarea de buscarla: ¡esa cámara va aparecer!
Buscamos en todos lados pero la cámara no esta y ella esta muy borracha para recordar donde fue la última vez que la vio. Para esa hora solo quedábamos los dueños del bar, el cantinero, un mesero y yo, y ninguno de nosotros la tenía así que, o estaba en el piso o uno de sus amigos se la queriía robar. Para no hacer el cuento largo, (porque duro un buen rato la búsqueda) ésta apareció gracias a que el ladrón cometió un error (un amigo suyo, por cierto): el cordón de la cámara se asomaba del bolsillo trasero de su pantalón.
Para colmo, después de que la dueña, enfrente de todos, le arrebato la cámara de su trasero él simplemente lo negó. -¿Cuál cámara? ¿De que hablan? Yo no vi nada- dijo cínicamente como si nada hubiera pasado. No era mi cámara, no era mi problema pero me dieron ganas de golpear a ese cabrón, ya no tanto por su intento de robo sino por su cinismo. Me calme y… (Creo que ya me quedó muy largo este post). Mmm... ya es tarde, será mejor dormir. Para otro día serán mis relatos. No hay nada memorable, solo cosas de borrachos.
Tenía una junta de trabajó, y para cuando llegué al bar, ya todos parecían alegres bailarines al caminar. Se deslizaban tambaleándose entre las mesas como inquietos trompos rodantes. De un lado para otro, iban haciendo equilibrio para no caerse y solo por arte de magia no terminaban en el piso. Pero este mundo no es mágico. La fortuna les falló, y no una, sino varias veces hasta terminar embarrados en el piso (mañana traerán raspones y seguro no sabrán ni porque).
Un amigo me abrazó apenas estaba entrando. Me miró a los ojos y me dijo serio:
-De los once que me faltaban, ya solo me faltan seis.
Guarde silenció.
-Bueno, a ti no te puedo mentir… Ok, ok. En realidad me faltan tres.
Seguí en silenció. No era porque dudará de lo que me decía, sencillamente no sabia de que carajos me hablaba.
-Esta bien, esta bien… yo que he viajado contigo a África, a Sudamérica… y a África, y a…. bueno, y a donde diablos hayamos viajado. A ti no te miento: Son solo dos. Me abrazó y me dijo con tono serio: Te quiero cabrón. Ante tal muestra de sinceridad y afecto, sólo me quedó abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien (ya más tarde me trataría de enterar de que diablos me hablaba).
La gente es muy sincera cuando se emborracha. No sé si por estar sobrio, pero hoy puse especial atención a algunas frases de las conversaciones:
-No soy fea, se que valgo la pena… -Me dijo ella con mirada triste (es linda: piel blanca, rubia de ojos verdes)- ¿Por qué amó y a mi nadie me ama? -se cuestiona al tiempo que sus ojos se llenan de lágrimas.
-¿No estas desilusionado de mi? -me pregunta un amigo, ya un poco entrado en copas- ¿Verdad que no estas desilusionado de mi? ¿Verdad que me comprendes?- (digamos, que en estos momentos él esta haciendo un fraude educativo). No sé que le contesto. Para empezar, ¿quién soy yo para andar desilusionándome de alguien? Se que el alcohol habla por él, pero de todas formas le doy unas palabras de aliento. Me escucha y después me abraza. Algo similar pasa con mi amiga. Nunca me he considerado alguien que da buenos consejos, quizá no los doy. Muchas veces la gente no quiere que le digas como resolver su vida sino simplemente que la escuches; al parecer eso si lo se hacer.
Más tarde, la festejada (quien terminó en el piso en un par de ocasiones) regresó al bar. Había perdido su cámara digital. Su hermano y su novio la sermonean, al parecer, lo tiene muy merecido por ponerse tan borracha. Ella llora mientras va de un lugar a otro buscando su cámara. Yo perdí mi cámara hace poco tiempo y se lo mal que se siente (no la perdí literalmente, pero eso es otra historia). Me pongo en su lugar y me doy a la tarea de buscarla: ¡esa cámara va aparecer!
Buscamos en todos lados pero la cámara no esta y ella esta muy borracha para recordar donde fue la última vez que la vio. Para esa hora solo quedábamos los dueños del bar, el cantinero, un mesero y yo, y ninguno de nosotros la tenía así que, o estaba en el piso o uno de sus amigos se la queriía robar. Para no hacer el cuento largo, (porque duro un buen rato la búsqueda) ésta apareció gracias a que el ladrón cometió un error (un amigo suyo, por cierto): el cordón de la cámara se asomaba del bolsillo trasero de su pantalón.
Para colmo, después de que la dueña, enfrente de todos, le arrebato la cámara de su trasero él simplemente lo negó. -¿Cuál cámara? ¿De que hablan? Yo no vi nada- dijo cínicamente como si nada hubiera pasado. No era mi cámara, no era mi problema pero me dieron ganas de golpear a ese cabrón, ya no tanto por su intento de robo sino por su cinismo. Me calme y… (Creo que ya me quedó muy largo este post). Mmm... ya es tarde, será mejor dormir. Para otro día serán mis relatos. No hay nada memorable, solo cosas de borrachos.













