SUEÑOS REALES
por hanz polilla
he estado sin escribir casi un mes
una larga sequía,
pero toda sequía tiene su fin
como todo
como un plato de comida
como hacer el amor
como escribir
como escribir o leer un poema
como el canto de un sordomudo ateo
como el ruido del mar
como el viento
como una canción,
porque todo tiene su final y nada dura…
y así he vuelto a escribir
y es hermoso poder hacerlo de nuevo
aunque no diga nada
estas palabras salvan/curan
y hoy mismo lo hacen conmigo
por más que dentro de algún tiempo
deteste este poema/este escrito
e inclusive me deteste a mí mismo
pero al menos hoy he encontrado la vida otra vez
porque es hermoso poder volver a escribir
aunque no se diga nada
o lo que es peor
aunque se diga algo que no se quiere decir
quizá algo como que me gusta el agua del mar en invierno
como que no soy muy adicto al amor
como que le tengo miedo a los hombres
y a las mujeres también, claro,
como que escribo porque soy un cobarde
como que no bailo porque tengo vergüenza
como que me gusta saltar por la casa cuando me levanto temprano
como que detesto mis cumpleaños
y no es porque me vuelva viejo
o como eso otro que dice que soy el peor amante que he podido conocer
o como eso que me muero de miedo ahora que voy a ser papá
o como eso que no sé ni dónde estoy parado
como eso que tengo hambre
y me cuesta saber que lo que como no lo merezco comer
o como aquello que no se debe decir pero que el poema hace decirlo
como eso de que alguna vez me golpeé, porque fue un criminal
o eso que deseé violar a tantas colegialas en silencio
o eso que nunca olvido un deseo
o como eso que jugué al amor propio inclusive en una biblioteca
o como eso otro
y eso otro
y eso otro también
hay tantas cosas para contar que el poema es corto
o será talvez que el poema es largo y hay pocas cosas por decir
tan pocas cosas que hoy, a esta hora de la madrugada
se hace necesario e inminente poner, por fin,
el punto final,
y hasta mañana, si es que hay mañana
o hasta algún día
porque a fin de cuentas somos eternos
y eso lo sabe el viento
lo sabe la flor
lo saben los lirios muertos y venenosos
y los poetas que duermen en sus tumbas
una siesta larga, de años, de siglos, de miles de años
esperando el momento oportuno para renacer en gatos
en guitarras borrachas
en gemidos
y en luces multicolores que
nos llaman a esta hora de la noche
cuando el mundo yace dormido
y algo muy dentro de nosotros ruge en silencio
en un silencio maldito que estas palabras no calman
y que este poema no pudo cambiar.
sábado 21 agosto 2004
03:19 a.m.
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