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ECOS DE SILENCIOS
...PORQUE ES DEMASIADO ABURRIDO SEGUIR Y SEGUIR LA HUELLA...
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hanz polilla (en algún lugar, hace algun tiempo)
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DOLOR DE CUERPOS DESNUDOS DESTILANDO TRISTEZAS VESTIDAS
(strep tease en la Cueva Azul)



por hanz polilla


––Como a todas las muchachas del mundo,
también a Ella,
inventáronla
con sus sueños,
los hombres que la amaban. (Manuel Scorza)––





Yamilé



Ojos cerrados
como anillos vírgenes
iluminando
una hoguera.

La noche
en absoluta calma.

Una libélula drogada
al borde de la extinción.

Uno a uno
átomos de algodón
y licra
volando sin alas

desnudes revelada

espejo inmutable

hermosura
hermosura

alfileres nuevos
endemoniados

carne adolescente,
afiebrada,
tierna.

Deslizándote
sobre la barra
flameando tus caderas
en un inagotable éxtasis

tu cabello
o plumaje
que ametralla
escupitajos encendidos
al batir de la noche.

Y aderezas
la fría soledad
izándote desnuda
D E S N U D A
ante nuestras manos hambrientas,

amenazando
amenazante
como una rosa

inmoral
como un padre
utilizando
el teléfono familiar
para llamar a su amante.

––y te queríamos…
porque eras prohibida
te queríamos––

Luciendo
tu naturaleza carnívora,
bajo el tacto blanquecino
y aerodinámico
de tus brazos reprimidos
a las 3 y a las 9
de tu pecho.

Ocultando
mil demonios paranoicos
en la grieta oscura
abajo del 50%
––sin ser por esto
derrota––.

Diosa infernal.

Pedías a gritos
un suicidio en masa
en aquella parte
que creías virgen
aunque eras atea
de toda idea.

Eras
sin lugar a duda
una leona vanidosa
remendando
pedazos de alma.

Y en el monocorde
tono de la noche
descendiste,
era la oscuridad total.
desnuda
––justificándote
me dije que habías
follado con miles de vestidos
y quise pensar que eras virgen
imprudente e inocente––

te acercaste

hiciste el giro de Puppus
––ese que aprendí en geometría––
mostrándome
el relieve profundo de tu espalda

mientras tu hermoso trasero,
dibujaba un elipse perfecto
a años luz de mis diez
constelaciones gemelas,

aunque a mí
me importaba un carajo
lo austral de tu cuerpo
porque sabía
que eras una chica obligada

leona remendando
pedazos de alma.

Y el silencio llegó
como una tragedia griega
––si vieras a Homero
te cagarías de risa
y no te culpo
a mí tampoco
me gustaron las clases de
lito–teología––.

Y tu baile terminó
como todo lo bello
aunque no en nueve meses,
pero parecía.

Caminaste rauda
escondiéndote en esa
neblina nicotínica
que te mimetizó
para que pocos segundos después
aparecieras:

ahogada en una minifalda
que a las justas
te sujetaba el cabello
y rendía tu rostro
tus labios de coral
tu nariz de resbaladera infante
y tus ojos de abismo alcohólico

y esa otra idiotez adictiva
A D I C T I V A…C A R A J O… A D I C T I V A
que nos lanzaba tu piel
mientras te sentabas
en un sofá,
cruzando las piernas
y sonriendo coquetamente
como una buena chica
como una perfecta buena chica

porque eso eras:
una buena chica
justo a las 11 de la noche
en un sótano frío y oscuro
del centro de Lima.




Rosi “La Pequeña”




Agrandando el diámetro
de mis pupilas
te encontré salivando
fantasmas heroicos,

y abandonando
mis problemas de género,
te sentí mía
aunque quizá:
yo fui un adicto más
uno de los muchos
que te ha observado desnuda,
pura y angelical

con tus cabellos teñidos
bombardeando súplicas impúdicas
en medio de la noche,

muda de ropa y anfetamínica,
cubierta de aire,
dirigiendo
el tráfico de tus tejidos,
e indomable
como una pantera negra,
hermosa
y dormida.


Siento aún
tus movimientos invadiendo el aire,
y esos espirales intocables
que dibujaste
en la neblina de tu vuelo,

Tus largas piernas de bengala
sonreían llenas de capricho.

Tus manos
eran el eco de violines lanzados al espacio.

Tus dedos
eran rosas despeinadas
en una curvatura
de logaritmo neperiano positivo.

Niña pendeja
eras el infierno mismo
y tenías el paraíso
en el by pass de tus piernas.

Tus pezones vanidosos
rebosaban de insomnio
y excitabas al mismísimo Dios
y a toda su cofradía
de ángeles homosexuales.


Tu talento
era enfurecernos,
sudorosos e impúdicos
mientras dejabas caer al suelo
inclusive el esmalte de tus uñas.

Y tu cuerpo de diosa mamífera
en esa música horrible
que tejías haciéndola
angelical, inocente
casi divina

me persigné delante de ti
y entonces
todo acabó…

corriste desnuda
como un toro en la vuelta final
como caballo en la ultima estocada

moviendo tu cuerpo
flameando la nada virginal de tu nada

estremeciendo esa
sabiduría triple equis
esas piernas de tijera
ese culo inmenso
de hembra antigua
condenada a la muerte

aquella noche
aquella noche
aquella noche
Rosi, pequeña, ¿recuerdas aquella noche?

Tú querías, quizá,
sentirte virgen y desnuda,
desnuda y virgen.

Pero no te dejamos.

En mi mente vives
como un concierto de violín eléctrico
bajo esas luces indecisas,
del techo multicolor de la Cueva Azul

aquel antro culpable
de tu inocencia perdida,
de tus aventuras de chica coqueta
de tus juegos de diosa clandestina,

de tus romances obscenos
de tu niña no niña
que va a misa todos los domingos
y que nunca se confiesa

porque ya tienes
un lugar en el cielo

esté o no esté escrito

qué importa...



escrito una madrugada de verano transcurriendose los dias del 2004
No