CAMINADO LAS CALLES DE LIMA, SIN CERRAR LOS OJOS
por hanz polilla
Caminando las calles de Lima
de esta Lima inmunda, sucia y casi hermosa
caminado las calles de Lima
respirando el smog venenoso de los carros
que como gatas enamoradas
se deslizan sobre esas largas lenguas de eclipse
caminando las calles de Lima
mientras en la calle Quilca
la cultura se emborracha en una esquina
y el sonido de los perros ladrando
hace aparecer un recital poético
caminando las calles de Lima
mientras mi madre se rompe el lomo de 8 a 8
para que yo camine por las calles de Lima
mientras mis hermanos se joden la vida
y mis hermanas venden sus cuerpos a alcohólicos
por un plato de comida para mantener a mis futuros hermanos y hermanas
caminando las calles de Lima
entre ladrones, perros, gatos y árboles
entre fumones que me piden un sol
y amenazan con matarme
caminando las calles de Lima
mientras en Faluya persiguen a seres humanos confundidos
con metralleta en mano
y les disparan como si sólo fueran carne y huesos
caminando las calles de Lima
cerrando los ojos cada 30 segundos
respirando cada 5
caminando las calles de Lima
con un carro de Sedapal que atropella a un perro
y todos se niegan a empujar o patear el cadaver a un costado
y prefieren adornar, en inmutable silencio, la pista con una nueva alfombra
caminando las calles de Lima
huyendo de mi casa
regresando a ella
escuchando al panadero gritar su monosilábico anuncio
y al otro lado de las puertas
todos se prostituyen con el partido de la selección peruana
caminado las calles de Lima
creyendo que los hombres son buenos
y que la maldad es una especie de estado mental
caminando las calles de Lima
queriendo ser médico–siquiatra
para salvar a los que caminan por las calles de Lima
caminando las calles de Lima
entre colegialas, monjas y prostitutas
mientras algunas madres les cuentan cuentos a sus hijos
en la calentura de sus camas
caminando, pateando latas y piedras
sin nada en las tripas y recitando este poema que aún no existe
y que nunca podré transcribir fielmente en mi underwood del 78
que le hurte a la vejez
para que muera de osteoporosis en el rincón más iluminado de mi cuarto
caminando las calles de Lima
detestado el arte por el arte
y amamantando al arte como cueva
caminando por las calles de Lima
deseando estar tirado en la hamaca
sintiendo al otro lado de la pared
los gritos de la gente
para sentir que el mundo es el mundo
caminando las calles de Lima
hablando con Sabato y su dolor para ser humano
bebiendo con Bukowksi, Hemingway, Miller y Kerouac
alejándome de Allen Ginsberg
acercándome a Ribeyro y a Sartre
riéndome con Benedetti
y llorando con hanz polilla
caminando las calles de Lima
entre los jóvenes amantes
que se dicen amor
y una flor, en algún otro lugar
muere
caminando las calles de Lima
bajo este sol inclemente
bajo este cielo oscuro
bajo esa naranja inmensa que a las 6 de la tarde
se traga al sol
caminando las calles de Lima
odiando a los adolescentes cojudos
y sus cojudos poemas de amor barato
caminando las calles de Lima
observando los diarios
escuchando la radio
mirando el televisor
escribiendo en la computadora
leyendo los mail
comiendo tres veces al día
leyendo al menos una hora
yendo a la universidad
y salir huyendo de la misma
caminando las calles de Lima
detestando a los tarados que en los carros no le dan asiento
a las mujeres embarazadas
caminando por las calles de Lima
mientras poetas como Cesar Moro ajustan los ojos para relajar los esfínteres
y la noche se llena de cuervos
hasta incendiar a uno de ellos
y se haga el sol
caminando las calles de Lima
con el corazón en las manos
y en el pecho una taza de café caliente
para al menos una vez en la vida
dejar de sufrir
caminando las calles de Lima
huyendo de los teatros
de los salones
de los auditorios
de los centros culturales
donde es fácil encontrar perros sarnosos
lamiéndose con amor o con enfado
y dándose reverencias con sonrisas baratas
propias de la putita de la calle Moquegua
que usa la falda que heredó de su madre
que murió hace 10 años,
cuando ella tenía 4
y que por lo tanto cobra
14 soles por polvo
caminando las calles de Lima
mientras algunos compañeros de camino
llegan al fin a sus casas y se refugian en ellas
y yo me quedo solo
y sigo caminando caminando caminando
caminando las calles de Lima
hasta llegar a mi casa
donde mi pequeña hija, Matilda, me espera todas las noches
al final del camino
casi al final de la noche
para decirme sin palabras que
no importan las calles de Lima
que todas son pretextos
y dormir ocho horas
o lo que nos done el reloj despertador
para volver otra vez
a nuestro pendulario caminar
sobre estas calles, estas calles, estas calles de Lima.
Martes, 23 de noviembre de 2004
02:00 pm





