Todas las chicas deberían llamarse Julia
...y allí estaba ella, radiante, como siempre. Fuera a donde fuera, parecía que el Sol tenía una obsesión especial en alumbrarla sólo a ella. Sus ojos color cielo devoraban las palabras de una de aquellas novelas que tanto abundaban en las estanterías hechas a mano de su estudio-desván. Y se me olvidó respirar.
Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que cruzamos unas palabras. "Tu tren se va a ir sin ti como no te des prisa", pero resultó no ser suyo el billete que descansaba entre su café y sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Neruda. "Eres un poco raro". Reconozco que la idea de acercarse a la cafetería de la estación para observar de cerca la gente tan variopinta que saca a pasear sus ansias turísticas no es algo demasiado común. "Pero el mundo necesita peculiaridades como tú”, y me dedicó la más amplia sonrisa que mis ojos jamás habían podido ver antes. En aquel momento, bajo el brillante marfil humedecido de manera perfectamente uniforme, me sentí un insignificante punto amarillento en el filtro de un cigarro, como el que estaba a punto de alcanzar con mis dedos. “No tenía pensado coger ningún autobús, pero ese paquete de cigarros sí que es mío”.
Lucky. Sólo con entrar por una de las puertas de cristal ya reconocía aquel olor. Tantos años haciendo publicidad gratuita de esa marca, y por fin había encontrado una persona que no decía que ese tabaco le repugnaba. Era tan perfecta que ni siquiera el cigarro se atrevía a consumirse para no darle el disgusto.
- ¿Por qué fumas? - Su voz delicada y fuerte a la vez enredaba el aire que nos separaba, y parecía como si la naturaleza le hubiera otorgado el poder de no tener fin alguno. Por lo general hablaba sin apartar la mirada de sus libros, y eso te hacía sentir como si no tuvieras ninguna oportunidad de descubrir sus pupilas.
- Creía que tú también fumabas –era una de esas preguntas que nunca he soportado, con las que me siento atacado.
Apartó la mirada de sus Leyendas bécquerianas para enfocarme por encima de sus gafas de pasta negras, en un instante en el que me pareció envejecer súbitamente. Abrió la boca para decir algo. No sé si fue miedo lo que me hacían sentir esos ojos, pero me tomé el atrevimiento de interrumpirla antes de que empezara.
- ¿Es cosa mía o lees muy rápido? –y tras su mirada de desconcierto traté de ser más claro- Lo digo porque ayer leías otro libro.
- Vaya, qué observador –tras la retirada de su línea de visión me sentí arrepentido de haberle cortado. La frase venía acompañada de una sonrisa, que aún no sé si arrastraba encanto o sarcasmo. Hizo una pausa, como si realmente no fuera a seguir hablándome, pero luego rectificó. Apoyó el libro en la reflectante barra color gris-suciedad típica de las cafeterías de paso, y miró hacia adelante, en un gesto que te hace sentir como si te dijeran “ah, pero, ¿aún sigues ahí?”. Volvió a establecer contacto visual y me despejó la duda- Dedico cada día de la semana a un libro, de forma que si no lo terminó continúo siete días después. No me gusta leer sólo una obra, es como cerrarse a una única forma de pensar hasta que te enseñan otra.
- Debe ser confuso llevar el hilo de tantas historias y personajes y poemas…. y eso.
Volvió a dedicarme una sonrisa, arqueando esta vez las cejas, llamándome iluso con ellas. Confuso me sentía yo en ese momento. Desde nuestra primera conversación, mis visitas a la cafetería de la estación se habían realizado de forma más frecuente y continúa, y esta era la segunda vez que hablábamos. No quería ser pesado, así que decidí que ésta sería la última. Ahogué mi colilla en lo que quedaba de nube doble (ya había bebido suficiente café por ese día) y me levanté rumbo a cualquier otra parte sin siquiera despedirme, para oír de súbito su dulce voz de nuevo. “Por cierto, cómo te llamas?”.
Después de tanto tiempo compartido, ahora me veía incapaz de pasar a su lado, pero hice un esfuerzo. Náusea, de Sartre, la que yo sentía, y, como siempre, leía atenta sin desconcentrarse por nada que ocurriese a su alrededor. J.M., como a él le gustaba que le llamaran, porque le parecía que José María era un nombre grotesco, a parte de un tanto contradictorio, me miró con sorpresa, de no haberme visto en mucho tiempo. Me sirvió junto con un guiño mi café con leche habitual, mitad lácteo caliente, mitad fría, con el doble de sobres de azúcar que el resto de los clientes. Y como era habitual también, me acercó su mechero del Real Madrid, al ver que me había olvidado yo el mío, como era de costumbre. Luego, se secó su habitual exceso de sudor de la frente y se marchó apresuradamente a seguir sirviendo a los incansables clientes. Después de un rato removiendo el café y observando a los viajeros con sumo detalle, coloqué lo que quedaba de cigarro en posición vertical, con el filtro mirando al suelo, solté una bocanada de humo para encenderlo un poco más, y de mi boca salieron palabras que me recordó una situación que siempre se había resistido a abandonar mi memoria … “Pues para mí que ya has perdido definitivamente el tren”.
De nuevo una sonrisa.
De nuevo se me olvidó respirar.

Skunk Anansie - Hedonism
A veces sueño con ser el que era cuando soñaba con llegar a ser el que soy
El tiempo no sólo nos oxida, sino que nos vuelve demasiado realistas. Los amigos imaginarios nos abandonan, y nuestros dibujos se limitan a fotografiar la realidad como se nos presenta. Imaginar que volamos cambia ahora con pensar que tenemos que coger el autobús si no queremos llegar tarde. ¿Qué hay que hacer para seguir siendo niño sin renunciar a la madurez?
Crecer es un cáncer para la fantasía, que es a su vez, según mucha gente, un cáncer para la vida. Qué forma de malgastar el tiempo agobiándose con la realidad. El cerebro que tenemos no sirve sólo para calcular cuánto dinero debemos a hacienda, o el tiempo libre que podríamos sacar restando algo por aquí y allá, para olvidarnos de nuestras obligaciones este fin de semana. Nuestra mente es nuestra, es nuestro mundo, es donde podemos evadirnos, es donde lloramos asustados mientras nuestro rostro templa su gesto con dura ‘madurez’. “Tienes que aprender a ser mayor”, te dicen, “ya no tienes edad para jugar con muñecos”, te reprimen, “las cosas no son de color de rosa, las cosas son serias”, te advierten… En un mundo donde ser mayor significa ser inerte, yo prefiero ser Peter Pan y llorar en mi País de Nuna Jamás por la extinción de la imaginación, que se transforma en semilla cuando la plantas en fantasía. Mi mundo siempre será del color que yo elija.
¿Dónde está Ende cuando se le necesita para superarse a sí mismo y ofrecernos una nueva historia, otra historia realmente interminable? Porque las historias fantásticas no acaban cuando el libro reza un imponente FIN, sino que continúan desarrollándose en nuestra cabeza. ¿Dónde está un Hayao Miyazaki dispuesto a coger las maletas y deleitarnos con otro viaje chihiriano a ese mundo interior que todos deseamos tender al viento? Basta de películas (como El Enviado, por poner un ejemplo) cuya parte sobrenatural, mística y fantástica es superpuesta por una explicación científica que no deseo oír. ¿Dónde está Escher y su elenco de figuras imposibles? ¿Dónde?...
A veces, cuando me pongo a escribir, me veo dando excesivas explicaciones racionales que, de no escribirlas, la gente te las acaba pidiendo. Y luego, montado en un autobús real, lleno de problemas reales, bajo una lluvia real y muy muy fría, la humedad de los cristales te brinda la oportunidad de escribir en ellos, y me sorprendo a mí mismo dibujando delirios sobre ellos, mientras sostengo una sonrisa de oreja a oreja, y el autobús recobra vida. El azul grisaceo, serio, seco, tristemente real del entorno, se transforma en un morado azulón, típico de los días de nieve de los cuentos de Disney, y una carcajada se activa en mi garganta, al tiempo que la gente que me oye me mira pensando que debería crecer.
¿Cuándo empezamos a perder la fantasía? ¿Qué horrible realidad es esta en la que te obligan a no tener mundo interior? Me gusta ver las cosas a mi modo, y pensar que las cosas me pasaron de la forma en que yo quería que pasaran. Adoro ver cómo los personajes de mis dibujos se despegan del papel y corretean por mis escritorio. Mi mente es mi refugio, y la utilizaré del modo que yo prefiera, sin admitir ninguna opinión a respecto, pero cada día que pasa hay algo en el ambiente que te reprime y te insta a ver la fiel realidad que transporta la ciencia pura y dura.
¿Acaso en el mundo platónico de las ideas los cuentos no están ahí agachados, esperando a que alguien los elija para ser revelados a la masa colectiva, e impregnarles a todos de dulce fantasía? Yo digo, no pienses, imagina. Y cuando alguien me pregunta si tengo muchos sueños de noche yo respondo “yo sólo sueño cuando estoy despierto”.
Bueno, aquí os dejo mi pizarra (lo he cambiado de sitio y ahora creo que funciona como debería). Pensaba conseguir de algún modo que todos pudiérais dibujar y que se guardaran todos los dibujos en algún lado, a modo de libro de visitas, pero no lo he conseguido. De todas formas podéis dedicar 5 minutos de vuestro tiempo a pintar con el ratón e imaginar que volvéis a tener 8 años, cuando os maravillabais al ver el Paint (o por aquel entonces, Paint Brush).
Y también os dejo el gran pequeño libro El Principito, que siempre que puedo vuelvo a releer, para intentar no perder la poca fantasía que me queda dentro.
…píntame un cordero…
Por cierto, ahora podéis comentar los textos (abajo de cada texto viene para comentar), a ver qué tal va. Pero recordad que yo los administro, así que cuidadito con lo que escribís ¬¬.... xD
Bunbury - Alicia (expulsada al país de las maravillas)
Crecer es un cáncer para la fantasía, que es a su vez, según mucha gente, un cáncer para la vida. Qué forma de malgastar el tiempo agobiándose con la realidad. El cerebro que tenemos no sirve sólo para calcular cuánto dinero debemos a hacienda, o el tiempo libre que podríamos sacar restando algo por aquí y allá, para olvidarnos de nuestras obligaciones este fin de semana. Nuestra mente es nuestra, es nuestro mundo, es donde podemos evadirnos, es donde lloramos asustados mientras nuestro rostro templa su gesto con dura ‘madurez’. “Tienes que aprender a ser mayor”, te dicen, “ya no tienes edad para jugar con muñecos”, te reprimen, “las cosas no son de color de rosa, las cosas son serias”, te advierten… En un mundo donde ser mayor significa ser inerte, yo prefiero ser Peter Pan y llorar en mi País de Nuna Jamás por la extinción de la imaginación, que se transforma en semilla cuando la plantas en fantasía. Mi mundo siempre será del color que yo elija.
¿Dónde está Ende cuando se le necesita para superarse a sí mismo y ofrecernos una nueva historia, otra historia realmente interminable? Porque las historias fantásticas no acaban cuando el libro reza un imponente FIN, sino que continúan desarrollándose en nuestra cabeza. ¿Dónde está un Hayao Miyazaki dispuesto a coger las maletas y deleitarnos con otro viaje chihiriano a ese mundo interior que todos deseamos tender al viento? Basta de películas (como El Enviado, por poner un ejemplo) cuya parte sobrenatural, mística y fantástica es superpuesta por una explicación científica que no deseo oír. ¿Dónde está Escher y su elenco de figuras imposibles? ¿Dónde?...

A veces, cuando me pongo a escribir, me veo dando excesivas explicaciones racionales que, de no escribirlas, la gente te las acaba pidiendo. Y luego, montado en un autobús real, lleno de problemas reales, bajo una lluvia real y muy muy fría, la humedad de los cristales te brinda la oportunidad de escribir en ellos, y me sorprendo a mí mismo dibujando delirios sobre ellos, mientras sostengo una sonrisa de oreja a oreja, y el autobús recobra vida. El azul grisaceo, serio, seco, tristemente real del entorno, se transforma en un morado azulón, típico de los días de nieve de los cuentos de Disney, y una carcajada se activa en mi garganta, al tiempo que la gente que me oye me mira pensando que debería crecer.
¿Cuándo empezamos a perder la fantasía? ¿Qué horrible realidad es esta en la que te obligan a no tener mundo interior? Me gusta ver las cosas a mi modo, y pensar que las cosas me pasaron de la forma en que yo quería que pasaran. Adoro ver cómo los personajes de mis dibujos se despegan del papel y corretean por mis escritorio. Mi mente es mi refugio, y la utilizaré del modo que yo prefiera, sin admitir ninguna opinión a respecto, pero cada día que pasa hay algo en el ambiente que te reprime y te insta a ver la fiel realidad que transporta la ciencia pura y dura.
¿Acaso en el mundo platónico de las ideas los cuentos no están ahí agachados, esperando a que alguien los elija para ser revelados a la masa colectiva, e impregnarles a todos de dulce fantasía? Yo digo, no pienses, imagina. Y cuando alguien me pregunta si tengo muchos sueños de noche yo respondo “yo sólo sueño cuando estoy despierto”.
Bueno, aquí os dejo mi pizarra (lo he cambiado de sitio y ahora creo que funciona como debería). Pensaba conseguir de algún modo que todos pudiérais dibujar y que se guardaran todos los dibujos en algún lado, a modo de libro de visitas, pero no lo he conseguido. De todas formas podéis dedicar 5 minutos de vuestro tiempo a pintar con el ratón e imaginar que volvéis a tener 8 años, cuando os maravillabais al ver el Paint (o por aquel entonces, Paint Brush).
Y también os dejo el gran pequeño libro El Principito, que siempre que puedo vuelvo a releer, para intentar no perder la poca fantasía que me queda dentro.
…píntame un cordero…

Por cierto, ahora podéis comentar los textos (abajo de cada texto viene para comentar), a ver qué tal va. Pero recordad que yo los administro, así que cuidadito con lo que escribís ¬¬.... xD
Bunbury - Alicia (expulsada al país de las maravillas)
El númerΦ áureΦ
Anoche trasnochaba, como suelo hacer, cuando, paseando por El código Da Vinci, de Dan Brown, topé con un número que muchos quebraderos de cabeza me había venido trayendo desde que me lo encontré por vez primera de pequeño. Hablo de Φ, Phi (letra griega (φ en minúscula), inicial de Fidias, autor de la Atenea Lemnia entre otras, que usó tal número en la proporción de sus obras), número áureo, (1+√5)/2, o 1,6180339887… como cada cual prefiera llamarlo. Este número contiene diversas peculiaridades, de las cuales enumeraré unas pocas. Siempre que he tratado de hablar de este número la gente huía y decía que le aburría, pero al menos por Internet le interesará a alguien.
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Teniendo un segmento AB, hay infinidad de formas de dividirlo, de las cuales la más sencilla es dividirlo en 2 partes exactamente iguales. Pues bien, los griegos idearon otra forma de cortarlo: el punto C lo situaban en un punto de AB, de forma que quedara un segmento largo AC y otro más corto BC, y que además se cumpliera la igualdad AB/AC = AC/CB, o lo que es lo mismo, que la proporción entre el segmento completo y la parte más grande sea la misma que la que hay entre la parte más grande y la más pequeña. Ese número es el número áureo, y acabamos de hablar de la sección áurea. A partir de esa sección es fácil conseguir el rectángulo áureo, pero lo voy a explicar partiendo de un cuadrado.

Teniendo un cuadrado, se haya el punto medio t de uno de sus lados AC, se pincha con el compás en tal punto y se traza un arco desde el vértice s hasta donde cruce con la prolongación de AC, encontrándonos con B, desde la que se construye una perpendicular hasta la prolongación del lado opuesto a AC, y ya tenemos el rectángulo áureo. Mediante este rectángulo podemos sacar la espiral logarítmica, que sin duda nos recordará a un nautilo, ya que sigue el mismo esquema en su crecimiento.


¿Quién no conoce el pentagrama pitagórico? Un pentágono, cuya unión de vértices forma una estrella de 5 puntas en su interior. ¿Qué dará la división entre el lado de la estrella y el del pentágono?...

Ahora hablemos del número áureo como número en sí. Tomemos la sucesión de Fibonacci. Cada número se obtiene por la suma de los dos anteriores. Así tenemos 1-1-2-3-5-8-13-21-34-55-89-…. Pues si dividimos cada número entre el siguiente, nos da lo siguiente:
2/1 = 2
3/2 = 1,5
5/3 = 1,66666…
8/5 = 1,6
13/8 = 1,625
21/13 = 1,6153846153846153846…
y si lo hacemos al reves:
½ = 0,5
2/3 = 0,66666…
3/5 = 0,6
5/8 = 0,625
8/13 = 06153846153846…
En la lista de arriba, cada división va acercándonos al número áureo, en la de abajo simplemente salen los mismos resultados pero con una unidad menos. Pues aún hay más:
Φ = 1,6180339887…
Φ² = 2,6180339887…
1/ Φ = 0,6180339887…
y lo que a mí más me llamó la atención: √(1+√(1+√(1+√(1+√(1+√(1+………)))))) = Φ
Si os fijáis en esta imagen veréis que los números de Fibonacci guardan más relación con Φ, formando una sucesión con el mismo nombre:


No penséis que el número áureo se da sólo en las matemáticas. Los griegos lo usaban como canon para sus obras, incluso Da Vinci lo usaba para proporcionar el cuerpo humano ( http://suanzes.iespana.es/suanzes/num_aure.htm).
Las piñas, un girasol, una rosa, un huevo, un nautilo….. en la naturaleza hay multitud de cosas que tienen algo que ver con Φ, y los objetos de hoy día también, como un violín, o una tarjeta de crédito.
Y ahora, que alguien me diga que esto no es, cuanto menos, curioso.
Yann Tiersen - Le moulin
El orco homosexual travesti y sus canales favoritos

…todo era mejor en aquellos tiempos, en los que el Messenger aún no existía, Internet era casi para privilegiados, y chatear se convertía en una auténtica odisea para encontrar colgados con, por lo general, bastante sentido del humor. Los internautas eran realmente parte de una subcultura a la que cualquiera puede acceder hoy en día. ¿Pero qué paso con ese mundo alternativo donde la gente acababa dando sus narices con el IRC por no tener nada que hacer en Internet (o no sabían usar bien su potencial)?
El IRC fue el medio perfecto para un grupo de gente que, aunque los días tuvieran 8 horas, habrían seguido diciendo que tenían demasiado tiempo libre. La solución: pasarse horas mirando una pantalla, conociendo gente nueva, buscando canales acorde con su estilo e ideando el nick más original y personal. Los de la vieja escuela tuvimos que aprendernos unos comandos que su uso fue sustituyéndose por clics de ratón en la siguiente era del IRC: la era de los scripts y la IRC-war.
Tener tu propio nick y tus canales favoritos no era ya suficiente, y de pronto al Mirc se sumaron toda una serie de scripts, que si bien la mayoría no aportaban nada nuevo, cambiaban el entorno a gusto de cada uno. Así nacieron (en español) el Ircap, el Beginner Script, WipeOut, Camaleonator, Viuda Negra, Suicide, y así un largo etc. A eso se le sumó el IRC-war. Si bien, tener una @ era algo maravilloso y llegabas a sentirte alguien poderoso e importante, otras personas buscaban vías menos protocolarias para alzarse sobre los demás. Y así surgió el lema: “a ver quién nukea a más gente”. Nukers, baneos, pateos, y toda clase de troyanos enviados sin ton ni son convirtieron al IRC en todo un campo de batalla y diversión (sobre todo para el que ganaba, claro).
Miles de canales se abrían paso. Todo el mundo quería tener uno propio, y los canales comunes no daban abasto. Si anteriormente el canal de una ciudad podría tener perfectamente unas 20 personas como mucho, llego un momento que el excesivo amontonamiento de internautas obligó al cambio a canales moderados, y canales alternativos a los originales para seguir haciendo hueco. Se notaba desde el primer segundo la presencia de una fémina en el canal. Sólo con leer su nick haciendo acto de presencia, toda una clase de piropos y besos se abalanzaban sobre ella. Da igual como fuese realmente, lo importante es que era una chica y había que estar a sus pies. Y, ¿qué decir de la gente en general? Fuera de la pantalla no se podría uno encontrar tal proporción de gente chalada reunida en cualquier canal, en los que podías hablar de conversaciones como la que tuve del orco gay travesti en el canal #dibujantes hace años, y luego irte a la cama y despertarte pensando “pero bueno, ¡¿de qué estuve hablando ayer?!”. La gente hablaba, y si estaba ahí era porque realmente quería pasar el rato, porque nadie usaba tarifa plana, y los facturones eran demasiado costosos como para dejar el PC encendido toda la noche. Además, no sólo hablaban, eran amables, y hasta que apareció esa gran cantidad de gente que descubría Internet a bajo precio, eran incluso sinceros. Si preguntabas te contestaban, ignorar no imperaba como hoy día.
Chan, el gran dios, nos miraba a la espera de que nos comportaramos mal, y luego se sumaron otros dioses de menor calaña, como Creg, Memo o Nick Y antes de saber sus estatus de bots, uno llegaba a hablarles y recibía extrañas respuestas como “comando incorrecto” y cosas por el estilo.
Y años más tarde apareció el gran virus del IRC: el Messenger. La gente empezó a abandonar los canales, y los smileys fueron cambiados por emoticonos coloridos, los “sosos” caracteres daban paso a los “bonitos” colores del producto MSN. “El IRC ha muerto”, dijo seguramente Nieztsche en algún momento de su vida.
Pero un servidor aún sonríe al entrar a un polvoriento IRC y descubrir que algunas costumbres no se han perdido, y que los locos siguen ahí esperando a que alguien les de cuerda para mantener absurdas conversaciones contigo, y acabar baneándote con un beso como gesto de cariño.
Historia del IRC:
http://www.canario.net/chat/irc/historia.htm
Manual del IRC:
http://www.sindominio.net/ayuda/irc.shtml
IRC-Hispano:
http://www.irc-hispano.org/
Xcript y Mesías:
http://www.relativo.com/
IRCap:
http://www.ircap.net
Gracias a Axl_Madness por esa charla tan inspiradora.
Feliz Solsticio de verano.... y yo sin tabaco
Luis Bacalov - The Grand Duel
"Tengo una entrevista de trabajo"
De esa frase nació Edelväis. Y de un simple nombre nació todo un personaje, un alter ego real en una mente real. Todo lo que siempre había querido ser y hacer estaba representado en él y, lo más importante, él era capaz de decir todo lo que yo no me atrevía.
Y aquí está su rincón, o nuestro rincón, El rincón de Edelväis, que espero poder llenar con algunas palabrejas periódicamente, y no quedarme en blanco como suele pasar.
La verdad es que dudaba sobre poner un blog abierto, donde la gente pudiera escribir y opinar lo que escriba, o uno cerrado (o, como en blogger.com, uno donde tú elijas quién puede y quién no puede comentar sobre lo que escribes, pero esa opción no existe en ya.com). Al final me decanté por el cerrado, porque, como diría Edelväis: aquí lo que importa es lo que yo diga, y vuestras opiniones me importan bien poco.

Sôber - El hombre de hielo





