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El Rincón de Edelväis
Mis pobres pensamientos en un pobre blog
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edelweiss s. m. Planta de flores blancas que crece en las altas cumbres. Edelvais_X@hotmail.com
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A veces sueño con ser el que era cuando soñaba con llegar a ser el que soy
    El tiempo no sólo nos oxida, sino que nos vuelve demasiado realistas. Los amigos imaginarios nos abandonan, y nuestros dibujos se limitan a fotografiar la realidad como se nos presenta. Imaginar que volamos cambia ahora con pensar que tenemos que coger el autobús si no queremos llegar tarde. ¿Qué hay que hacer para seguir siendo niño sin renunciar a la madurez?

    Crecer es un cáncer para la fantasía, que es a su vez, según mucha gente, un cáncer para la vida. Qué forma de malgastar el tiempo agobiándose con la realidad. El cerebro que tenemos no sirve sólo para calcular cuánto dinero debemos a hacienda, o el tiempo libre que podríamos sacar restando algo por aquí y allá, para olvidarnos de nuestras obligaciones este fin de semana. Nuestra mente es nuestra, es nuestro mundo, es donde podemos evadirnos, es donde lloramos asustados mientras nuestro rostro templa su gesto con dura ‘madurez’. “Tienes que aprender a ser mayor”, te dicen, “ya no tienes edad para jugar con muñecos”, te reprimen, “las cosas no son de color de rosa, las cosas son serias”, te advierten… En un mundo donde ser mayor significa ser inerte, yo prefiero ser Peter Pan y llorar en mi País de Nuna Jamás por la extinción de la imaginación, que se transforma en semilla cuando la plantas en fantasía. Mi mundo siempre será del color que yo elija.

    ¿Dónde está Ende cuando se le necesita para superarse a sí mismo y ofrecernos una nueva historia, otra historia realmente interminable? Porque las historias fantásticas no acaban cuando el libro reza un imponente FIN, sino que continúan desarrollándose en nuestra cabeza. ¿Dónde está un Hayao Miyazaki dispuesto a coger las maletas y deleitarnos con otro viaje chihiriano a ese mundo interior que todos deseamos tender al viento? Basta de películas (como El Enviado, por poner un ejemplo) cuya parte sobrenatural, mística y fantástica es superpuesta por una explicación científica que no deseo oír. ¿Dónde está Escher y su elenco de figuras imposibles? ¿Dónde?...


    A veces, cuando me pongo a escribir, me veo dando excesivas explicaciones racionales que, de no escribirlas, la gente te las acaba pidiendo. Y luego, montado en un autobús real, lleno de problemas reales, bajo una lluvia real y muy muy fría, la humedad de los cristales te brinda la oportunidad de escribir en ellos, y me sorprendo a mí mismo dibujando delirios sobre ellos, mientras sostengo una sonrisa de oreja a oreja, y el autobús recobra vida. El azul grisaceo, serio, seco, tristemente real del entorno, se transforma en un morado azulón, típico de los días de nieve de los cuentos de Disney, y una carcajada se activa en mi garganta, al tiempo que la gente que me oye me mira pensando que debería crecer.

    ¿Cuándo empezamos a perder la fantasía? ¿Qué horrible realidad es esta en la que te obligan a no tener mundo interior? Me gusta ver las cosas a mi modo, y pensar que las cosas me pasaron de la forma en que yo quería que pasaran. Adoro ver cómo los personajes de mis dibujos se despegan del papel y corretean por mis escritorio. Mi mente es mi refugio, y la utilizaré del modo que yo prefiera, sin admitir ninguna opinión a respecto, pero cada día que pasa hay algo en el ambiente que te reprime y te insta a ver la fiel realidad que transporta la ciencia pura y dura.

    ¿Acaso en el mundo platónico de las ideas los cuentos no están ahí agachados, esperando a que alguien los elija para ser revelados a la masa colectiva, e impregnarles a todos de dulce fantasía? Yo digo, no pienses, imagina. Y cuando alguien me pregunta si tengo muchos sueños de noche yo respondo “yo sólo sueño cuando estoy despierto”.

    Bueno, aquí os dejo mi pizarra (lo he cambiado de sitio y ahora creo que funciona como debería). Pensaba conseguir de algún modo que todos pudiérais dibujar y que se guardaran todos los dibujos en algún lado, a modo de libro de visitas, pero no lo he conseguido. De todas formas podéis dedicar 5 minutos de vuestro tiempo a pintar con el ratón e imaginar que volvéis a tener 8 años, cuando os maravillabais al ver el Paint (o por aquel entonces, Paint Brush).

    Y también os dejo el gran pequeño libro El Principito, que siempre que puedo vuelvo a releer, para intentar no perder la poca fantasía que me queda dentro.

…píntame un cordero…


    Por cierto, ahora podéis comentar los textos (abajo de cada texto viene para comentar), a ver qué tal va. Pero recordad que yo los administro, así que cuidadito con lo que escribís ¬¬.... xD




Bunbury - Alicia (expulsada al país de las maravillas)
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