Muerte en el 7
¿Sabes lo que son monistas? Pues monos pianistas.
...eso es porque hemos entrado en la Comida Económica Europea.
Illo, ¿qué va hacé? ¿Va empaná el chocolate?
Mira, el porro que tosía canela y polvos de talco.
Son algunas de las grandiosas frases de Josemari. Y por él, porque me lo ha pedido, y sólo por él, colgaré el siguiente relato. Una historia de "terror" que escribía en los momentos aburridos de clase (es decir, en cualquier momento), llena de personajes reales caricaturizados. Como sería un coñazo colgarla entera, la pondré en 2 o 3 capítulos. Pues allá va...
MUERTE EN EL 7
9 de la mañana. El timbre toca con normalidad resonando con normalidad por los pasillos. Las clases trascurren con normalidad, indistintamente del día, estación y año. Todo es demasiado normal para lo normal que suelen ser.
José María, desde su trono ficticio de hierro y contrachapado, trataba de impresionar (en vano) a la clase, hablando de las “grandes personalidades” que había tenido ocasión de conocer, directa o indirectamente.
- …y, claro, yo tengo un amigo cuyo primo conoce a uno de los mayores catedráticos historiadores del s.XX. ¡Uno de los mejores! ¡Es uno de los mejores! –tose una y otra vez, producto de un posible futuro cáncer de pulmón-. Porque, claro, yo desayunaba con él…. ¡Con uno de los mejores! ¡De los mejores!...
Su arrogancia retumbaba a lo largo y ancho de la clase, hasta la última esquina de clase, donde, haciendo zoom, se escuchaba una escueta conversación entre Jerónimo y Cristina:
- Pues anoche me acosté grifi, y luego me levanté grifi, pero necesito estar grifi, y…
- ¡Queahco de niño! ¡Eres un niñato, porque fumas, y eso es malo, irás al infierno!
- Pues tengo una postura en los calzoncillos, así que voy a ponerme grifi –se levanta y pregunta si puede salir al servicio.
- Claro –acentúa José María con la soberbia y sarcasmo que le caracterizan-, vaya al servicio… ¡Vaya! ¡Vaya! ¡Vaya al servicio! Siempre vamos al servicio en mi clase… ¡Venga, vaya! ¡Vaya! ¡Vaya al servicio!
Jerónimo abandonó el aula con prisa. De hecho, con tal de recorrer el menor espacio posible, se metió en el WC de chicas, y tras meterse la mano en la bragueta y sacarse el chocolate, abrió un cigarro, con un brillo de lujuria en sus ojos. ¡Toc, toc! Alguien tocaba en la puerta del reservado. Jero despegaba la lengua de la zona del papel preparada para el pegamento, y gritó con un “ocupado” algo violento… ¡Toc, toc!
- ¡Que está ocupado, coño! –Jerónimo apretaba los puños con furia y fruncía el ceño, como un león a punto de saltar sobre una amenaza molesta.
…una puerta de un WC se abría furiosa, e instantes después un grito ahogado de terror apenas se distinguía en unos pasillos…
20 interminables minutos después, José María seguía hablando de sus conocidos…
- …y un día vi por la calle a uno que tenía un amigo que tenía un cuñado que tenía un autógrafo del Rey… ¡Del Rey! ¡Un autógrafo del Rey! ¡Del Rey! Es muy difícil, pero él lo tenía ¡Un autógrafo del Rey! ¡Del Rey! ¡Un autógrafo! ¡Un autógrafo! ¡Del Rey! ¡Un autógrafo del Rey! ¡Del Rey! ¡Del Rey! ¡Un autógrafo del Rey! ¡Del Rey! ¡Del… y Jerónimo? Está tardando mucho. Voy a buscarlo.
José María, tosiendo a cada paso que daba, recorrió todo el instituto, de WC en WC, hasta que abrió la puerta indicada. ¡Qué tensión! Sus pupilas se dilataron a la misma velocidad que la luz recorre el universo en el vacío. Ensimismado en sí mism…ado, volvió a clase y, en el mismo instante que traspasaba el umbral que un vampiro no habría podído atravesar sin permiso, dijo con cara de pasmado:
- ¡Jerónimo está muerto! ¡Está muerto! ¡ Está muerto! He abierto la puerta y me lo he encontrado en un charco de sangre… ¡Estaba muerto! ¡Jerónimo estaba muerto! ¡Estaba muerto!
- Walae, eso le pasa por tonto, ah sippi –se apresuró a opinar Antonio.
- ¿Y no se habrá suisidao? –preguntó Cristina- Dio, ehverdá, se habrá suisidao –y, acto seguido, se puso a chillar como una histérica.
- Pues que se joda –soltó Dani.
- Ay mamá, ¿qué le habrá pasao ar Jero? –cantaba Josemari entonando una comparsa- Ay mamá. ¿qué le habrá pasao ar Jero? Será que sabrá pillao con la misma puerta en to lo huevoh. ¡Olé!
- Ehm…. Eeehmmmm… ¿se ha muerto? ….eeehm –Juanjo intentaba aclararse- eeehm….. espera, espera….. eehmmm….
- Me duele el tobillo –murmuraba Alex desde un extremo de la clase.
Se levantaron todos a una, como si se hubieran puesto de acuerdo mediante telepatía, y se echaron a correr rumbo al WC de chicas. Fany era la que estaba primero, así que fue la que abrió la puerta. Las bisagras chirriaron con un gran estruendo. Las caras de horror de los alumnos eran evidentes, y los gritos desesperados también. Tras la puerta estaba….. ¡La profesora de lengua, con las bragas bajadas, meando! El cuerpo sin vida había desaparecido de la escena, pero el charco de sangre aún brillaba en el suelo.
- Ah, pero ¿eso es sangre? –preguntó Ana María- Pensé que me había vuelto la regla después de que me viniera la menopausia hace 30 años.
Un gran murmullo fue creciendo en el grupo, hasta que fue insostenible pronunciar palabra alguna. Todos se preguntaban cómo habría muerto, y quién querría matarlo y por qué, y, lo mas importante, dónde estaba el cuerpo.
- Eso os pasa porque sois unos retrasados y unos vagos. Pero no me refiero a vosotros, angelicos míos, yo nunca me atrevería –y tras una larga ristra de insultos, la profesora de lengua prosiguió, mientras seguía haciendo sus necesidades-. Dejadme que yo lo investigue, porque yo soy filósofa, médico forense, policía, abogada, piloto de aviones, matemática, veterinaria y parte del equipo CSI.
Todos dijeron un “ooooh” de asombro, y dejaron el caso en manos de la literata pluriempleada. Los días pasaron y el caso no avanzaba. La gente cada día comentaba menos. El asunto se fue olvidando, hasta que cayó otra víctima…
En clase de filosofía, Mercedes trataba de hacer entender el complejo temario del año, pero entre su voz de adolescente reciente, aguda y temblorosa y llena de gallos, y su forma de explicar, que parecía que hablaba al revés (de lo poco que se entendían sus clases), nadie conseguía activar una sola neurona.
- ¿Pregunta alguna tenéis? Esto todo explicar de después, ¿qué, bueno?
Los alumnos miraban atónitos, con ojos como platos a la profesora, intentando deducir qué coño había intentado decir desde que entró en clase… Salvo Alex, claro, que se había pasado los 50 minutos escribiendo tonterías en folios sucios y arrugados. Suerte que un mensajero rompió el hielo entrando en clase con un gran paquete bajo el brazo. Mercedes firmó el recibo, y tras intentar buscar el remite, que era anónimo, cortó los lazos y el empapelado con la boca. Con una gran sonrisa infantil en la cara, pensando que el paquete provenía de un gran admirador psicópata, obsesionado con ella, que sería capaz de raptarla y encadenarla a la cama de un zulo secreto bajo tierra para violarla salvajemente y sin piedad, abrió las últimas tapas de la caja de cartón y, borrándose la sonrisa de su rostro, emitió un chillido de horror, parecido al que emite un koala cuando un áquila blanca le pisa un testículo, y se desmayó, abriéndose la cabeza al golpearse con la mesa del profesor. Antes de morir esbozó entre intentos de permanecer viva un: “como dijo Sócrates: ¡Dios, qué ostión me he dado!”, y cerró los ojos tras su último aliento. Toda la clase se levantó de sus asientos y gritó…… de júbilo y alegría eufórica. Aplaudieron y se besaron y felicitaron unos a los otros. Entre tanto alboroto, fiesta y caos, Sandra se acercó a la caja para ver qué había causado tal desfallecimiento. Con la cara blanca, miró a sus compañeros, les llamó, metió la mano en el cubo de material reciclable y sacó….. ¡chan-chan!....... cuánta tensión, ¿eh?...... uy uy uy………….. ¡La cabeza de Estefanía y un post-it pegado en la frente, que rezaba “así acabaréis todos”. La clase gritó, chilló, pataleó, vomitó, exclamó, rezó, y un montón de verbos más… salvo Alex, que, desde un rincón de la clase, murmuraba mirando por la ventana, risueño, “me duele el tobillo”.
...continuará...
Carl Orff - O Fortuna





