LOS ESCRITOS DE EDUARDO COIRO
LA ESCRITURA UNA BALSA DE REAL ILUSIÓN.
Sindicación
 
EDICIÓN DICIEMBRE 2008

INVENTIVASocial

Edición DICIEMBRE 2008
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Hojas muertas*



Cuando amaneció, el bosque era un gran cementerio. Nadie sabía el motivo de tanta mortandad. Los árboles estaban caídos unos sobre otros en una informe montaña de cadáveres. Hablaban de una guerra nuclear, algunos de un ataque con pesticidas, otros simplemente se horrorizaban en silencio.

Sin embargo todo el mundo sabía que eso podía pasar porque año tras año, el bosque iba avisando. Cada otoño las hojas caían de los árboles dejándolos desnudos. Era el cementerio de las hojas muertas. Era el aviso. Sólo era cuestión de tiempo que también los árboles murieran.



*De Joan Mateu joan@cimat.es







Fábula del Árbol de Azúcar*



Dedicado a mi mascota (Tily) que,
pese a mis inagotables esfuerzos,
aún no comprende estas cosas de la vida.



Cuando desde abajo pedimos mejoras salariales,
Nos dicen que no hay dinero.


Cuando marchamos por una mejor educación,
Nos dicen que no hay dinero.


Cuando decimos que los servicios de salud pública
Pueden ser mejores para todos,
Nos dicen que se requiere de dinero,
Y no lo hay.


Si no hay dinero
¿Porqué reforzar con novedoso armamento al ejército?


Cuando las calles se inundan en tiempos de lluvia,
Nos dicen que es que no hay dinero para remediarlo.


Cuando el frío llega
Golpeando las paredes
De laminas de alumínio nos dicen:
¿Qué se le va a hacer, si no hay dinero?


Pero cuando los bancos ven aproximarse
Algún peligro,
El dinero aparece de todas partes
Y les cae del cielo
Como un verdadero milagro.


Si el Estado ve por el bien de todos,
Y si es verdad que no tiene
Un carácter de clase social,
¿Porqué para unos no hay dinero,
Y para otros la ayuda nunca falta?




*de Hugo Ivan Cruz-Rosas. quetzal.hi@gmail.com








El viejo capitán*



Día tras día a la misma hora.
Cuando el sol pasaba por su ventana del living de su departamento en el cuarto piso.
El hombre se sentaba a fumar su pipa mirando al este. La vista fija. Una estatua que apenas cobraba vida por debajo del movimiento del humo.
Para nosotros que lo veíamos cada tanto desde nuestra ventana del 8º piso era un viejo capitán de mar. Quizá por la pipa y la barba enrulada y blanca.
En invierno se colocaba una gorra gris de abrigo igual a la que usaba mi padre y que un día de 1996 decidió regalarme.
Un loro grande del color de los loros que cada tanto se paraba sobre el hombro derecho a tomar sol con su dueño. A su izquierda se veía una gran jaula con un canario amarillo que saltaba de un palillo al otro, de este a oeste.
El loro y el canario parecían ser sus únicas compañias.
No podíamos ver la figura completa de ese hombre al que sólo veíamos y conocíamos sentado de cabeza a la cintura, pero imaginábamos que tenia una pata de palo y como en las películas de los piratas podíamos oír un lejano eco del golpeteo de su pata de palo cuando se alejaba del timón por la cubierta de su fragata.
Era sólo eso. La imagen de un hombre viejo y sólo viendo por la ventana hacia donde unos kilómetros más allá el río de la plata inunda las costas del balneario de Quilmes en las sudestadas. Durante la hora u
hora y media en que el sol bañaba de luz y calor su ventana. Luego, en su camino al oeste el sol quedaba oculto por la altura del edificio -15 pisos- dejaba luz pero ya no rayitos en invierno ni latigazos en verano.

Una semana completa de invierno llovió y llovió y no tuvimos sol.
Cuando volvimos a buscarlo con la mirada atenta al ventanal del 4 piso, la persiana estaba baja.
Así uno y otro día y meses también, hasta que ya no esperamos encontrarlo en su puesto de lucha.
Se habrá muerto, -dijo mi hijo.
No se. Quizás volvió a navegar. Y está en su nave persiguiendo al horizonte.
Hasta descubrir con sus propios ojos el nacimiento del sol emergiendo desde el fondo del mar -dije yo, con mi habitual negación a la muerte.

Lo cierto, es que también desapareció el enorme bote colgado de gruesas cadenas que el hombre tenía a la altura de su ventana. Y que según supe tiempo después, le había traído más de un disgusto en las reuniones del consorcio de propietarios del edificio.



*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com









EL RÍO*




Hondo
lejano el cielo
es de añil
y zafiro,
aguamarina
y turquesa.
Y luego el verde,
verde pino
verde oliva.
Verde
verdoso
verduzco.
Sumergido,
ondulado el río,
se pierde
sube
baja
contonea.
Entre blanco
pedregullo,
de nácar
de marfil.
El río
musical
en la tarde.
Todo el mundo
lo sabe:
El río
nombra a Heráclito.
Lo nombra.


-De: Inventario en Otoño. Poemas


*de Ana María Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar






Te Extraño y No Supe Cómo Escribirlo*




No hay escaleras para subir,
Solo para bajar;
Si usted cree estar arriba:
Piénselo bien, medítelo;
Puede estar en un error.


Los padres sueñan con ver a sus hijos
Volar con alas de plomo,
Para poder repeler las balas.


Policías parecidos a robles
Devastan el concreto con sus raíces.


De pronto:
Un disparo:
Cae un cuerpo.


Al partir los cantos
Una persona murió,
No importa si cayó de este lado
O si cayó del otro:
Una persona muerta,
Es una persona muerta,
Por extraño que parezca.


No hay suficientes escaleras para subir:
¿Quién las construirá?


Seguramente arriba
También hay lodo,
Pasto, rocas, flores.
De esas extrañas maravillas
Que nacen y mueren
Cuando deben hacerlo.


Consigámonos un Dios pagano,
Con todo y su Demonio pagano;
Que nos prometa la muerte
Después de la vida
Y que su credo lleve por título
"Revolución para un Dios Pagano",
Y que se especialice
En el milagro de las escaleras.




*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com




El banquete*



Después de la gran hecatombe nuclear los Plumkier, aristócratas de cuna, se reúnen cada tercer viernes de mes alrededor de una mesa, tal como venían haciendo desde el principio de los siglos. Cubertería de plata, copas de cristal de Murano y vajilla de porcelana de Sèvres. Etiqueta y traje largo.
Una enorme bandeja de plata con un asado de carne en el centro de la mesa.

Intentan que las cosas sigan como siempre y que las tradiciones se mantengan. Únicamente hay tres cambios que no pueden obviar: No hay pan, la carne no es de ternera sino de animales más pequeños y se ha instaurado un rezo antes de comenzar las comidas:

"Te damos las gracias señor por los alimentos que vamos a tomar y te rogamos que no sean tan radioactivos como el mes pasado", recitan mientras se contemplan las terribles quemaduras, las pústulas y la perdida de dientes.



*de Joan Mateu. joan@cimat.es






A ciertas y precisas edades *



A ciertas y precisas edades
el mundo que laboramos y nos contiene
se desgrana, se desliza, se esfuma
y no hay manera, forma, gesto ...
Es un tejido hecho a mano
colorido
con trazos varios
con texturas diferentes
que se disuelve para quedar en la memoria:
tul transparente, vaporoso
poblado de gestos que importan.
Es lo que queda en el arcaico rescoldo
lo que humedece el aire del cada día
lo que sostiene cualquier hacer.
A ciertas y precisas edades ...



*de Oscar Angel Agu. cachoagu@yahoo.com.ar






VUELO DE LÁGRIMAS*




Salen en silencio
pequeños pájaros de mis ojos.
Abrí las compuertas de mi angustia
para que no mueran
mis últimos ensueños.
¡Cuánta resaca recogen mis manos!
Todas las mieses las planté a destiempo.
En nada brotará una flor,
los frutos se ahogarán
en su desaliento.
Sobre ese desierto sofocante
me tiendo en cruz.



*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar





CONDENA*



No me preguntes, no, no me preguntes
por qué mi voz se ha oscurecido.
No me preguntes por qué mi sombra no refleja mis horas
Y no hay mirada, solo cuencas vacías.
Y la piel se ha esfumado
y aferrada a los huesos, una jungla de desoladas lianas
y el latido del viento ¡Ah, el latido del viento que me agobia!
Juro que lo he intentado.
No he podido acallar, sin embargo,
su latido en mi sangre.
El viento empuja las antiguas velas,
e indefectiblemente
mi pobre corazón,
condenado a ser una barcaza abandonada,
zozobra, mas no se hunde.


Tanta agua y morir de sed.
Tanta luz estelar y morir de noche.
Tanto viento y morir de calma.




*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar





LA LOMBRIZ Y LA TUERCA*



Un caluroso día de verano, descansando un momento a la sombra de un frondoso lapacho que ocupa buena parte de mi jardín; veía a dos metros, donde ésta terminaba, en pleno sol; la lenta marcha de una lombriz que sorteaba uno tras otros los tallos de la hierba, manteniendo, eso sí, una imaginaria línea recta, un vector, que conduciría vaya a saber a qué sitio de las cercanías.
Era indudable que tenía un objetivo y un propósito, aunque ciertamente nunca podría yo conocerlo. No sería más que algunas pulgadas, ya que el sol fuerte debía perjudicarla; o tal vez protegida entre el césped los cálidos rayos no la afectarían tanto como yo estaba suponiendo. La marcha a su escala era
agobiante, lenta y penosa.
Al tiempo perdí interés y cuando dejaba ya de observarla, me llamó la atención un objeto semienterrado en el piso que estaba a centímetros delante, en el camino del pequeño animalito. Era una tuerca de hierro del color del óxido, del tamaño de un buen durazno, al menos.
¿Rodearía la mole; a su escala, gigantesca? ¿Retomaría la misma trayectoria por la imaginaria recta en que transitaba? ¿O la retomaría más adelante tras hacer un atajo después de rodearla parcialmente?
¡Nada de eso! Llegó frente al obstáculo, pareció medirlo, estudiarlo., e irguió su cuerpo como un largo pescuezo; mientras se apoyaba en el resto, se balanceó un momento, como afirmándose. se levantó más, y aún más, todo lo que increíblemente era posible para su tremendo esfuerzo, y apoyó su húmedo
y delicado cuerpo en la superficie hirviente del metal. y si bien yo no pude oírlo, debió escucharse como un chirrido, como una fritura, en aquel inmenso bosque de gramillas., y la lombriz cayó encogida, retorciéndose, víctima inocente de una naturaleza totalmente extraña para ella.
Apenas un desecho, un elemento despreciado, una tuerca insignificante que los hombres dispersan como basura sin cuidar mucho, y sin pensar lo más mínimo en los pequeños seres del jardín, en la pequeña vida que teje todos los instantes, tanto como nosotros mismos, las redes de la Creación.



*De Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda. Santa Fe.






AMANECER DEL TIGRE*




¿Qué duele más, el desamor, la muerte, la locura?
¿O la fuga del girasol y la retama?
¿Del ocaso, de la aurora, del trigal en llamas?
Como un tigre enjaulado, la oscuridad
se golpea una y otra vez contra garfios de penumbra rosada.
Ronca la boca de la noche como un pez moribundo
Amordazan el grito azul del cuervo.
Solo queda "la vaga sombra, la inextricabe sombra"
No ha sido un Polifemo devorador de hombres.
Sin embargo, los Dioses y una atávica herencia
Perforaron sus vertientes de luz, con una estaca ardiente
Una clepsidra sideral ilumina los espejos perpetuos.
Regresa "el oro de los tigres"y la memoria eterna,
el ocaso, la aurora, los trigales.
.."y no hay fin "..
Como un enemigo abochornado, vencido el crepúsculo huye
ante tanta tormenta de amarillo
que deshace el día en girasoles y retamas.



*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar






Sofía*


Para Marié


Ella no busca llegar a las estrellas
ni pide que se las alcancen, sabe
con solo levantar sus pies un poquito
sobre la vereda y estirar la mano bien alto,
lograra arrancar estrellas tiernamente
y crear su propio cielo sobre el suelo.
No le han dicho que estamos lejos
y nuestras manos son ínfimas.
Ni que al otro lado del tiempo alguien cae olvidada y en sus manos aprieta
estrellas muertas.
No le han dicho que queda tonto reírse una y otra vez.
Ni han roto la barrera de la ilusión, exterminando sus sueños.
Ella con sus manos llenas de estrellas de papel, crea el universo para todas
sus noches.




*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com






VUELO*



Abre tus alas,
Cual pétalos de rosa,
Hija mía.
No temas a la fragilidad de la belleza,
Eres más fuerte de lo que el mundo piensa.


Déjalas remontarte en suave aleteo.
¿Será este trozo de firmamento
que admiramos
demasiado pequeño
para tantas ansias de vuelo?


Toma pues, el universo,
Que brota de mis manos,
El tiempo que gotea de un viejo reloj de arena,
La marcha apurada de los cuatro vientos,
El polvo de las más antiguas estrellas...


Y ve tan lejos como quieras,
Sin dudas ni remordimientos.
Parte ya, dulce viajera,
Llevas contigo
Mi beso.



*de Marié Rojas.






Tu voz de cuentos*



traza callecitas
en mi cuerpo
indaga sus templos dormidos allí
donde Cristos niños
soplaban pájaros de barro
que de súbito salían
volando
pone cigüeñas en los campanarios
y tocan a rebato las asediadas
campanas del sentido
como el agua busca su cauce
lo encuentra
lava toda opacidad
y crecen en lujuria enredaderas
de flores blancas que nos nacen
nos abrazan
Va tu voz de cuentos
por recónditas escaleras
trepa la piel en un aliento
tibio
va por ángeles hace tiempo
desterrados
los llama por sus nombres
los arropa
los angela a puertas
del paraíso perdido.



*de Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com









XVI*



Qué noche deshecha
cierne sombra
en tu pelo
qué pájaros
cantan en tu balcón
por las mañanas
qué rubor te ilusiona
con principes lejanos.


¿Y yo quién soy?
Tal vez ese gorrión
que sobrevuela tu labio
tan suave tu pupila
de mar
tu rodilla de arena.



*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar






*


No hay amor en el vacío
Ni hay corazón
que lata tan fuerte
en el abandono.
No hay razón para
El olvido
ni recuerdo
en las memorias
No hay nostalgia
de las paginas no escritas
Ni humanos tan comprensivos
Que entiendan el dolor.


*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com







Pequeñeces*



Ella a veces me devuelve a la infancia.
Dice que será motociclista, violinista, aviadora.
Dice que tendrá una fábrica de chocolates y una calesita propia para andar
hasta que se aburra sin pagar boleto.
Dice que cuando crezca será así de alta, jugará basket y no irá a la
escuela.

Ella es todo proyecto en su cumpleaños número ochenta y siete.
Yo soy todo el silencio.



*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar





Los monstruos*



Surgen de lo más profundo del armario. Son unos gritos guturales, horripilantes y continuados que a veces se trasladan debajo de la cama.
Incomprensiblemente se detienen cuando entran mis padres o cuando se enciende la luz.

Tengo mucho miedo. Cada noche retraso todo lo que puedo la hora de ir a la cama, pero mis padres son inflexibles y cuando se acercan las diez ya empiezo a temblar. Tampoco me dejan tener la puerta abierta ni la luz encendida porque dicen que un niño de siete años ya es demasiado mayor para
creer en fantasmas, monstruos y estas cosas.

Lo peor de todo es que mi miedo va creciendo y, aterrorizado, me hago pis en la cama. Ayer volvió a ocurrir y mis padres entraron en la habitación muy enfadados. Mi madre me arrancó las sábanas mientras gritaba que un niño no debe inventarse cosas y mi padre me metió en la ducha con agua fría,
amenazándome con que si eso se volvía a repetir me encerraría en el armario una semana.

Ahora estoy en la cama mucho más tranquilo. Ya no me hago pis y no es que no tenga miedo a los sonidos y gritos del armario, es que tengo mucho más miedo a los gritos y amenazas de mis padres. Ellos están contentos porque dicen haber conseguido curar mi "cuentitis"




*De Joan Mateu joan@cimat.es






Viento tostado y garapiñado*



Estos son días en que se habla de festejos
Y libertad,
Pero bien cabría preguntarnos si la deuda externa,
Las valiosas recomendaciones
Que nos hace el Banco Mundial,
O los tratados de libre comercio
También venían en el mismo paquete
O si nos los han regalado por pura cordialidad.


Ahora se habla de los héroes que dieron su vida
Para heredarnos Tierra, Justicia y Libertad;
Y también de los revoltosos de hoy
Que no entienden que la Revolución
Solo es el nombre con que se pide
Una monografía en las papelerías,
Para la tarea escolar.


Hoy son esos tiempos
En que todos se enorgullecen
De los grandes rebeldes
Y se cuenta de cómo en su tiempo eran tachados
De locos irreverentes,
Peligrosos para la paz y el bienestar
Y se hace,
Por supuesto,
La aclaración de que en nada se parecen
A los inconformes de hoy.


Hoy son los tiempos de los ricos y de los pobres,
Antes también lo eran.


Son los días para salir a las calles celebrando
Que las cosas han cambiado,
Aunque andemos igual.


Son estos tiempos de festejo
Donde las balas del Pueblo son aplaudidas,
Y hasta salen en televisión,
Se les montan exposiciones
Y todos quieren salir en la foto con ellas.


Mientras tanto,
Nosotros miramos.


Hoy son estos tiempos de recuerdos
Que parecen presentes,
Y somos los mismos:
Somos los olvidados,
Los que de vez en cuando son encontrados,
Los mismos de entonces,
Los que recordamos el pasado
Y que a veces levantamos la voz a unos oídos sordos
Que se asustan si escuchan balazos.



Somos los mismos de ayer
Con otros nombres;
Y festejamos desde abajo,
En silencio,
Entre los libros,
Fatigados por el trabajo,
Con nuestros corazones latiendo,
Con nuestros presos,
Nuestros muertos.


Pero estamos en estos días de festejo
Y júbilo nacional,
Donde parece nuevamente
Que a nadie importamos.



*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

En el año de 1910, durante la dictadura del Gral. Porfirio Díaz, se iniciaron los levantamientos armados en la llamada Revolución Mexicana. Cada 20 de noviembre es conmemorado el inicio de esta revolución, que nunca fue terminada.





HACERSE MAGOS*



Ese ahuecarse el corazón
Y hacerse magos...
Violín que desespera,
Hora no devela su escondite.


Hora juega a acunarse entre la hierba,
Dibuja caracoles, sombras,
Deja asomar la aurora y parte...
Dejando cenizas tras la escarcha de sus juegos.


Violín ha llegado tarde,
Ya no es tiempo de danzar junto a la hoguera,
Solo rescoldos, mudos.
Lo contemplan.


Toma una brizna de viento, canta,
Esparce una nueva melodía
De adiós y soledades.
A cien millas de distancia, hora muere.



*de Marié Rojas.





Convocatoria*


El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

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Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,



*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067


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ANALFABETOS DE AMOR*



Basado en poema de Bertolt Brecht



Antes de ser “Juanito Laguna”
Vivió el mundo. ¿Viejo mundo? ¿Mundo nuevo?
Cueva tibia / tibio mar, tibias mareas.
Protorecuerdo / bombo / frágil cristal de roca
Primera herida / rayo de luz/ vinieron muchas más.
Aprendió como pudo/ morir/ sobrevivir.
El mundo ¿Línea plana? Final / infierno / paraíso
Piernitas flacas/ costillas salidas/ panza redonda
Un mundo / adentro / afuera/ excluidos/ incluidos/ círculo cerrado.
Nada de amor / aprendió / el desamor es una moneda de dos caras.
Aprendió / secretos del lobo Ataque / defensa / defensa / ataque.
In-migrantes. E-migrantes Mulatos/ indígenas/ mestizos.
Ta/ Te /Ti ¿Cara o seca? Alpiste/ perdiste.
Cuando los piojos buscaron abrirse camino /en su rabia gredosa
cerro los dientes/ el corazón / la casa.
Aprendió / no solo de pan vive el hombre / Tambien de piedras
Hurgó los desperdicios, / pan y fruta / chancho limpio nunca engorda.
Zapatos chicos / dolores grandes / pantalones cortos / tristeza larga.

“Don Juan de la pipa rota ¿con que se la componemos?”
Con un palo que le daremos
“¿Adonde está el palo? El fuego lo quemó
¿En donde está el fuego? El agua lo apagó
¿En donde está el agua ? Un burro se la tomó
¿Adonde está el burro? El burro se murió
¿Adonde lo enterraron? Adonde quiso Dios”
¿Adonde está Dios? Diosito se escapó
¿De quien escapó Dios? Del peor de los bandidos
¿”El peor de los bandidos donde está”? /Engendrando
¿A quien está engendrando? A “Juanito Laguna.”

“Juanito Laguna”/ No / no aprender / no enseñar / no leer / no escribir/
“Juanito Laguna” / Aprendió / le enseñaron / todo tiene costo

Su costo de vivir
fué
ser engendrado
por los analfabetos del amor.



*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar








DAR LO QUE NO SE TIENE A QUIEN NO ES...






La sombra china de Jacques Lacan*



En ensayista y semiólogo François Cheng introdujo la poesía y la filosofía orientales en el ideario lacaniano. Dos de sus libros, que ahora se consiguen en Buenos Aires, influyeron en las teorías del brillante y controvertido seguidor de Freud
Sábado 9 de agosto de 2008 | Publicado en la Edición impresa



*Por Luis Gruss
Para LA NACION


Su nombre no suena con demasiada frecuencia por aquí. Quizás ahora un poco más, con la reciente llegada a las librerías porteñas de dos de sus libros fundamentales: Vacío y plenitud (Ediciones Siruela) y La escritura poética china (Pre-textos). François Cheng (nacido en Pekín en 1929 y luego nacionalizado en Francia, país adonde se trasladó en 1948) es, sin embargo, el más reconocido experto en el conocimiento y difusión de la espiritualidad de Oriente. Sus reflexiones fueron fundamentales, entre otros, para su admirador y amigo Jacques Lacan, cuyas investigaciones en torno al valor del significante confluyeron naturalmente con la teoría de palabras llenas y palabras vacías o muertas que Cheng elaboró al analizar la escritura poética china. El sueño tiene la estructura de una frase, decía Lacan en su estilo enigmático que armonizaba con el de Cheng cuando éste comentaba aspectos de la escritura poética china: el ritmo desempeña una función primordial, ya que indica la forma en que se agrupan las palabras y permite decidir cuál es su verdadero sentido.

Filólogo, poeta, ensayista, calígrafo, traductor, novelista y semiólogo, Cheng ha sido un estrecho colaborador de Lacan. El psicoanalista francés lo presentó en uno de sus célebres seminarios (abril de 1977) con su ironía habitual: "François Cheng, que en verdad se llama Cheng-Tai-Tchen, se ha puesto François con el objeto de reabsorberse en nuestra cultura, aunque esto no le ha impedido mantenerse muy firme en lo que hace, un trabajo de gran utilidad para los que aquí se consideran analistas".

La zambullida china de Lacan nada tuvo que ver con el exotismo que a veces provoca en Occidente aquel mundo lejano de ikebana, té verde, dragones y flores de loto. Lacan vio una clave de sus teorías en los estilizados ideogramas chinos. La forma genera sentidos inesperados. La forma, debe subrayarse una vez más, arrastra por añadidura el contenido y no al revés, como antes se creía. La poesía china es eminentemente metafórica. Sólo así puede concebirse (por ejemplo) que la unión nube/lluvia aluda por elevación al acto sexual; el jade, a la mujer de bellas formas o que la luna llena señale un reencuentro de amantes. Según el imaginario chino estudiado por Cheng, la montaña pertenece al yang y la nube al yin. En ese caso la montaña designa al hombre y la nube (inalcanzable), a la mujer. Las voces que emanan de ellos, entonces, son: "Viajo pero, como la montaña permanezco contigo" y "Estoy aquí pero, como la nube, mi pensamiento viaja contigo". Esto, aunque resulte arduo de asimilar para el lector occidental, está resumido en un dístico de Wang Wei, destacada figura poética junto a Li Tai Po durante el reinado de la floreciente dinastía Tang.


El lago se vuelve sobre un instante/
La verde montaña rodea la nube blanca


Lacan leyó con atención a los poetas chinos y en ellos, de la mano de Cheng, observó que los ideogramas generan sentido en los versos. Algo análogo sucede en el diván del analista. Simples sonidos evocan situaciones más complejas que trascienden ampliamente las palabras pronunciadas. En su libro La escritura poética china , Cheng cita el "sencillo" ejemplo de un ideograma que, por sus componentes gráficos, suscita una imagen poética. En China la expresión po-gua (literalmente, "melón partido") designa los dieciséis años de una joven deseable y casadera. A partir de una imagen gráfica se llega, al final de la cadena significante, a la idea erótica de carne tierna (melón) y fresca, mordedura sensual, etcétera. La partición del melón podría ser interpretada como pérdida de la virginidad. Este raro juego de espejos se entendería mejor, claro, si se viera el dibujo partido del ideograma correspondiente.

En su Seminario 24, Lacan les dice a sus alumnos: "Yo quisiera llamar la atención sobre algo: el psicoanalista depende de la lectura que hace de lo que dice el paciente. Y lo que escucha no puede ser tomado al pie de la letra [ ]. ¿La verdad despierta o adormece? Me gustaría que antes de responder leyeran a François Cheng, ya que con la ayuda de lo que se llama escritura poética ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica".

Eran habituales las caminatas y conversaciones entre Lacan y Cheng, quien no casualmente dedica su libro Vacío y plenitud "al maestro Jacques Lacan", cortesía que el psicoanalista francés solía devolver en el mismo tono. Leyendo poemas chinos de la Antigüedad o analizando pinturas donde las áreas en blanco eran muy evidentes, los dos pensadores concibieron la noción de vacío no como algo vago e inexistente sino como un elemento dinámico y activo.

El vacío pasa a ser un signo; es origen y elemento central en el surgimiento de " las diez mil cosas" del mundo. La pincelada del calígrafo o del artista acaba diciendo mucho más de lo que se había propuesto, tal como sucede con el paciente en el consultorio. Lo dicho se traduce en un malentendido eterno. ¿Por qué? Porque una palabra no revela claramente su sentido (por ejemplo, la voz china dao o tao no refiere sólo al camino aludido). Más bien conduce a otras voces en una cadena lingüística así como un sentido conduce a otros. Siempre decimos más de lo que nos proponemos. Esto último se produce mediante los conocidos mecanismos inconscientes de desplazamiento (desvío) y condensación. La digresión es el recurso preferido en estos casos. Sólo hay algo nuevo en el significado cuando hay algo también nuevo en el significante. El sujeto que habla no es amo y señor de lo que dice. En los hechos, termina diciendo más de lo que quiere. Termina expresando (siempre) otra cosa. Desde el análisis lacaniano se afirma que hay que entender al paciente más allá de lo que dice. En cuanto se quiere afirmar algo, se producen incidentes inevitables: de ahí la confusión y la imposibilidad del diálogo como absoluto lazo de unión. Cada uno de nosotros es hablado por la lengua. Por eso, en principio conviene que no nos tomemos a pecho ni a nosotros ni a los demás. El oficio propio del analista es escuchar al paciente casi como si hablara a través de ideogramas chinos: diciendo mucho más allá de lo que dice. Interpretar es escuchar al sujeto no en lo que él cree pronunciar sino en el deseo que fluye a través del significante que por algún motivo eligió.

En función de estos razonamientos, Cheng se detuvo especialmente en los poemas de Li Bo (o Li Tai Po) y otras tantas obras maestras que, como se ha dicho, iluminaron el cielo del arte bajo el imperio de los Tang, durante los siglos VII y IX de nuestra era. Entre varios centenares de poemas, Cheng eligió para su análisis -realizado al unísono con Lacan- una conocida cuarteta ("Escalinata de jade") que podría traducirse así:


Del umbral de la escalinata de jade
Brota un rocío blanco/
La larga noche penetra en las medias de seda/
Dejando caer la cortina de cristal/
Contemplada al trasluz por la luna de otoño.


El tema abordado es la noche de espera de una mujer ante la puerta de su casa vacía. La espera es inútil porque su amante no llegará. Desilusionada y con frío, la mujer se retira a su cuarto. Allí baja la celosía de cristal y se queda un rato más, confiándole su pena y su deseo a la luna, cercana y lejana a la vez. Li Bo invita al lector a vivir los sentimientos del personaje desde dentro. Pero sólo entenderá mejor la idea que sobrevuela allí el lector familiarizado con el valor simbólico de los significantes chinos:

Escalinata de jade: piel lisa y suave de una mujer. Rocío blanco: noche fresca, hora solitaria, lágrimas. Y tiene un matiz erótico. Media de seda: cuerpo de mujer. Celosía de cristal: interior del gineceo. Luna de otoño: presencia lejana y deseo de reencuentro.

Con esta secuencia de imágenes -dice Cheng-, el poeta crea un mundo coherente y misterioso. Las cosas parecen derivar unas de otras de manera inexorable. Por intermedio de los signos, la luna adquiere su estatus de símbolo primordial de los poetas chinos clásicos, artistas de una sensibilidad nocturna que revela el secreto de una noche de mito y comunión. El amor (que Lacan ha definido como dar lo que no se tiene a quien no es) se conecta con la idea del vacío esencial, es decir, fuente permanente del deseo aunque no excluya -en esa búsqueda infinita- el dolor y la melancolía que inevitablemente nacen de la ausencia.



*Fuente: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1036743&origen=relacionadas




"Quien ama en exceso se agota"*


Reproducimos aquí algunas ideas centrales de François Cheng expuestas en sus libros Vacío y plenitud y La escritura poética china, distribuidos ahora en algunas librerías de Buenos Aires.

"En China, arte y arte de vivir son la misma cosa. El pensamiento estético de ese país considera siempre lo bello en su relación con lo verdadero. La noción central de esta búsqueda se resume en la palabra vacío. No menos esencial que la célebre dualidad yin-yang, el vacío se presenta como un eje en el funcionamiento del sistema de pensamiento chino. Ese principio rige la pintura, la poesía, la música, la narrativa, el teatro y hasta disciplinas físicas como la acupuntura o el taichi."

"En el orden de lo real, el vacío tiene una representación concreta: el valle. El valle es hueco y aparentemente vacío; pero hace crecer y nutre todas las cosas; lleva todas las cosas en su seno y las contiene sin dejarse nunca ni desbordar ni extinguir. El espíritu del valle por siempre está vivo. En él se habla de la hembra misteriosa. La hembra misteriosa tiene una abertura de donde salen el cielo y la tierra. El imperceptible chorro fluye indefinidamente; se bebe de él sin jamás agotarlo. El espíritu baja al valle y vuelve a subir; es el aliento o el soplo; espíritu y valle están abrazados por la vida."

"Quien ama en exceso se agota."

"Antes de pintar el bambú hace falta que el bambú crezca dentro de nosotros."

"Una obra maestra es aquella que restituye las relaciones secretas entre las cosas."



*Fuente: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1037430







ALLÁ, A LO LEJOS...*



Allá,
a lo lejos,
eras un punto en la distancia,
un grano de arena,
una semilla que orbita
en tierras lunares,

una gota
de agua cayendo,
un pedacito de cielo recortado
entre el embarcadero
y la visera de mis manos.



*de Sebastián Slobodjanac Iparraguirre. sebaslobo@hotmail.com
En Libro "Amor Universal" -Carpe Diem Editora S.J.-2004








ALIMENTOS TERRESTRES*




*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com




Cuando el apetito voraz la llevó a devorar cerdo, pollo, conejo, perdiz, iguana y cuanto animal cayera en sus cacerolas; cuando el olfato se agudizó hasta percibir a la distancia el olor de lo femenino y lo masculino; cuando notó que las pupilas se le dilataban tanto ante un hombre como ante una mujer hermosa, comenzó a prestar atención a su conducta.
Con dos o tres baños diarios de inmersión en agua fría, procuró bajar la temperatura del cuerpo. Cuando las sales bullían como si ella fuera un termostato en la bañera, la vaciaba y repetía el procedimiento las veces que fueran necesarias.
A pesar de los intentos de sofocación, tuvo que admitir que desde el primer día de casada, el compromiso de ser de goce privativo del esposo, le había sembrado una pequeña raíz de hastío que se empecinaba en ignorar. La fanfarria de aquella noche de vestido excesivo, alegría programada y comentarios acordes a la tediosa eternidad, la hizo sentir como si esa fuera la última fiesta de los condenados. Pero con abnegación mantuvo su compromiso de fidelidad evitando contactos, desviando miradas, tomando distancia.
Esa entrega exclusiva y excluyente le fue diezmando el deseo. Ya conocía tan de memoria aquella piel, aquellos recorridos y vaivenes, que perdió interés en ese cuerpo que no se diferenciaba del propio.
Por el bien del esposo consultó revistas femeninas que indicaban con tino que la pareja debía explorar otros estímulos, otros escenarios, otras coreografías. Sin embargo, tuvo que admitir que por encima de un cambio de posición ella necesitaba un cambio de individuo. Pero no podía desperdiciar, así como así, tantos años de abnegación, de sacrificio y entrega.
Para eludir la lujuriosa verdad, tomó clases de gimnasia tres veces por semana. Buscó aquietar la efervescencia del cuerpo con rutinas en ocho tiempos, con flexiones cortas y largas, con ejercicios abdominales intensivos. Logró aductores rígidos, glúteos firmes, vientre contraído pero en vez de extenuarse, fue aumentando su vigor físico. La ligera vestimenta de sus compañeras, el torso semidesnudo de los hombres y la música energizante, multiplicaron el apetito y las palpitaciones.
Entonces inició cursos de bonsai, de pintura sobre tela, de deshilado en bastidor, de primeros auxilios, crochet, educación vial, esperanto, control mental y cocina vegetariana. En esta última actividad depositó toda su esperanza. Debía desterrar la carne. Los vapores del coliflor y los aromas del berro habrían de sosegar el ímpetu de la sangre. La leche de soja, si lograba ingerirla, apaciguaría el furor.
Sostuvo la dieta con disciplina tibetana. Con el paso de las semanas, se tornó blanca y fresca como una hoja de endibia. Las venas acentuaron el color verdoso y su andar fue languideciendo. El viento la hacía oscilar como una espiga. El cabello floreció en las puntas y fueron inútiles los tratamientos capilares. Las pestañas, las cejas y el vello púbico adquirieron la textura del pasto. Su aliento olía a yuyo, su cuerpo era un árbol. Pasaba horas sentada en el jardín con los pies en remojo y se dejaba rondar sin fastidio por hormigas, pájaros y arañas.
Hasta que el marido advirtió una hipotermia alarmante. El esposo insistió en consultar un médico pero ella se negaba. Cuando ya no tuvo fuerzas para oponerse fue sometida a inyecciones de hierro, complejos vitamínicos, suplementos dietarios.
Día a día sus axilas fueron dejando de oler a brócoli y los dedos perdieron el aspecto filamentoso, para ir recuperando su peligroso aspecto de conformación humana. El sexo, que al contacto con los dedos del esposo, ahora se abría como un alcaucil hervido sin sal y sin limón, fue recuperando la antigua firmeza y el color. Como era previsible, poco a poco el ardor recobró su poderío en cada rincón del cuerpo. La recuperación fue admirable. Así, se le hizo firme la mirada, fácil el contacto, corta la distancia...



*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14689-2008-08-09.html
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar








RIESGO*



Si en el riesgo se han dejado piel y pasos
al empeño le han tensado las raíces
y en lo hondo, en lo vivo, allá en lo humano
tendrá un sitio bien ganado la esperanza


Cuánta vida emana de un abrazo
cuánto invierno he visto en las miradas;
mas lo recio se fugó hasta la intemperíe
cuando el ansia por la sed se entrego al viento


Y qué más exigirle a la libido de la noche
y qué historia tan tierna me contó ese cuerpo


El ciclo nació y se perdió en los tiempos
y el andar del alma es lento...


Tristes de aquéllos que no arriesgan
más allá de lo que verbalmente dicen,
en entornos generosamente afines
con argumentos entrañablemente hermosos;
tras vidas cerradas a cal y canto


Donde todo lo previsible va cayendo en lo gregario


Si metafóricamente la memoria es una esponja
o una cinta magnetófonica , tendente en muchos casos
a almacenar con celo , mimo , lo más crudo ;
lo más duro de la bestia cotidiana


Y dado que la felicidad siempre llega fragmentada :
anda , asume el riesgo y ¡ atrévete !
atrévete con tu sueño cualquiera que sea
atrévete incluso a soñar de nuevo.



*De Pablo Fuentes setembrine@yahoo.es









Perdido ante un tunel del tiempo...*



-Texto del año 2002-



Siempre que tomo el ferrocarril Belgrano Sur en la estación Buenos aires me acuerdo del viaje que hice aquella tarde de 1989, cuando todavía estaba cursando la carrera de Sociología. Me debe haber impactado mucho ese viaje pues guarde el boleto de cartón bicolor -ida blanco y vuelta naranja- que vendían en las boleterías de aquella época cuando los trenes eran de una empresa nacional y el ferrocarril perdía solo un millón de dólares por día como aseguraba Bernardo, muy temprano, desde su programa de radio "despertando adormecido", cuando el sol apenas corría de luz al lucero y muchos maquinistas y operarios ferroviarios del Belgrano, entraban a trabajar en la estación Tapiales, donde están sus depósitos de locomotoras y talleres. Carlos Saúl, había ganado las elecciones hace un mes y conspiraba para tener el poder anticipado, para no esperar hasta el 10 de diciembre, y empezar a "unir las dos Argentinas" ya mismo. Bueno, pero esa es otra historia, padecida por todos.
En ese cuatrimestre cursaba Pensamiento Social Latinoamericano, y la daba Horacio González. Esa tarde fría y gris, nos convoco al numeroso curso a la terminal de la estación Buenos Aires, para tener una clase de cierre en el viaje en tren hasta la estación Tapiales. No me avergüenzo en decir que recuerdo poco y nada de la clase ni del viaje, salvo dos cosas: el respetuoso silencio con el que los trabajadores que retornaban a sus hogares se sumaban a escuchar la clase, y la imagen de Horacio, con su mechón de pelo caído a lo Arlt sobre la cara diciendo que con el gobierno de Menem llegaba el "fin de la patria ferroviaria". El futuro estaba lejos. Yo no consideré esa experiencia como una profunda experiencia pedagógica para mi carrera. Y muy lejos también estaba de verme reconstruir recuerdos.

Una gran nebulosa rodea todo lo que tenga que ver con esa época, ¿Qué pensaba? ¿Como sentía las cosas cuando estaba por cumplir 31 años, vivía con padres bastante saludables y tenía trabajo de asistente social en dos escuelas?. No lo sé. No puedo entender bien mi sentir de esa época.

Recuerdo, eso sí, que Horacio hablo de los trabajos que había recibido sin nombrar a los autores, el mío era un collage de imágenes que había recortado en revistas, a las cuales les había agregado algunas citas de autores, seguramente deformadas, habiendo entendido, el "malentendido creativo" que subyace a toda comunicación y desde luego a la literatura. Pero creo, y estoy casi seguro de esto, que estaba a años luz de entender que la "sociedad es como el aire", y que muchas cosas solo pueden percibirse en ausencia. La ausencia que es una realidad material, ó como gustaba decir Macedonio "casi como un pozo en el pasto".

Pero en ese año, teníamos 40.000 Km. de vías, había más ferroviarios que botelleros y cartoneros.
Y aunque el futuro estuviera expropiado de antemano, era un umbral impensable. Como ver desde un hoy cada paso que damos en la pura obstinación de vivir entre lo imprevisible y lo irreversible.

Hace unos años, quede varado en la estación de Tapiales por un desencuentro. y me encontré al frente del bar donde habíamos estado aquella vez sentados todo un curso y sus profesores tomando caña o café. El lugar se llamaba El Nogal, sin duda nombrado así por la calle los Nogales donde hace esquina, esta cerrado según parece hace muchos años, algunos pastos suben por los techos, creo que nunca antes había tenido una imagen que reuniera en pequeña geografía las tristezas del paso del tiempo, hacía un par de meses que se había muerto mi viejo, en un 12 de julio muy frío y luminoso, y yo estaba allí, 12 años después frente a ese bar cerrado, esperando a una persona que no vendría a buscarme. Llevaba el título de sociólogo enrollado en el porta láminas, y vagaba de pura ansiedad por la estación de trenes.
Pude ver por un descampado una locomotora negra de esas que andaban originales a vapor y otra diesel casi un esqueleto vacío, pegaditas como para que no haya mucho trabajo para levantarlas como chatarra. Más al oeste se ven dos vagones de maderita abandonados allí, la mayoría eran -y creo que lo son hoy mismo- usados como una vivienda mísera. En ese andén, percibí nuevamente el vértigo que siento ante cada túnel del tiempo que se abre en mis pasos de cada día, y volví en ráfagas a aquella tarde de 1989, cuando sobre una mesa de bar que bailoteaba por desniveles del piso, Horacio me firmo la libreta universitaria y nos cruzamos una eterna sonrisa.



*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com







*




Queridas amigas, apreciados amigos:




El domingo 10 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Armando Luna Ponce. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst,


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



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LAS GRUTAS DE SARA*




Siempre es mágico y misterioso esto de entrar a la tierra, de penetrar por los recovecos donde se refugiaron los hombres de la prehistoria, esos lugares de temperatura constante como la cava donde se almacenan los vinos para transmutar en exquisito y viejo lo joven y destemplado.
Claro que nuestros antepasados no habitaban más que en la sala de recibimiento, donde la luz aún proporciona un contacto con el exterior y donde aún se cuelgan los murciélagos. Apenas la antesala, el inicio.
Pasarelas y escaleras nos permiten llegar más adentro, recorrer pasadizos que eran para los osos de las cavernas, animales de tres metros de estatura si se les daba por poner su altura sobre las patas traseras. Osos que ya no hay. Y un océano sumergido, las conchas marinas y los fósiles tubulares tapizando la pared más recóndita, adonde uno no sospecharía, jamás sospecharía que hubo mar.
Las placas que se chocaron allá lejos en un tiempo inimaginable soldaron la Europa con la Iberia (aún desunidas esas placas, como lo dijo Saramago cuando imaginó el camino inverso, la península bogando de nuevo a la deriva, lejos de esa Europa a la que está adosada imperfectamente).
Conchas marinas y animalejos de las profundidades, en las profundidades ahora, a cuarenta metros de la superficie colina arriba.
Y la caverna formada por el agua. Corroída la roca, infiltrada, vaciada hacia abajo hacia abajo en galerías superpuestas, caprichosas, chorreadas de cristal ferruginoso. Unas cavernas vivas, sonoras, gotas sobre lagos serenos, gotas límpidas sobre mi cabeza, humedad de los muros. Tan rápido cae este agua que no da tiempo para las fantasmagorías de estalactitas y estalagmitas. Nada de columnas; paredes chorreadas, sí, urgente el agua para esculpir y dar forma a la imaginación de la piedra.
Nos hablan de los pueblos originarios, de la cultura que se creó entre estas montañas, nos hablan de los mitos de este pueblo que pobló los Pirineos. Y fue ayer. Fue hace unos segundos.
Entre la piedra moldeada por el agua y los restos de un mar que ya no está, la historia humana toma su dimensión de fugacidad insoslayable.
¿Están en Francia las cuevas? ¿Se hallan dentro de la Euskalerría? ¿A quién pertenece la piedra, el agua incesante, los fósiles inmóviles?
Miro, escucho la lluvia interior, la lluvia que cae en mi pecho, dentro de la cueva que es cada corazón humano. Trabajado, él también, por las aguas del tiempo sobre los fósiles de la memoria.



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com







IMPROBABLE*



Bienaventurados los locos
los sedientos
los que no encuentran puerta ni camino
los que comulgan ritos de niebla
entre fantasmas
los militantes del miedo
o de la sombra.


Bienaventurados los atormentados
los que no confían en el Padre
ni conocen al Hijo
los que no han recibido más Palabra
que un silencio porfiado
y dos preguntas.


Bienaventurados los menesterosos
de ternura
los que han aprendido de memoria
la rutina de sufrir

los que ejercen su eterno desencuentro
los que postulan el absoluto
de la contradicción.



Bienaventurados los harapientos
limosneros de la paz
los que fuerzan con llaves obsoletas
las muertas cerraduras.


los miserables
los que rasgan la carne para hallar
el cero de la vida
los que mienten para acertar
los que se atreven a decir
que son inútiles


los ignorantes
los que no saben ni aspiran a saber
los desahuciados de toda ideología

los que transcurren sin pena ni gloria
y diluyen sus días en agua de misterio.



Bienaventurada la vulgaridad
de ser prosaicamente igual
a los que nombro

y el escándalo de andar anónima
arrullando mis dudas con un himno



a los próceres de algún mañana neutro,

si es que llega.



*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com







Mundo Nuevo*



Vine acá porque creí que sería mejor
Extrañar los campos y los caminos enlodados,
Al igual que las casas hechas de palos y techos de cartón.

Vine, porque creí encontrar lo necesario para trabajar,
Porque creí en lo que se dice:
Que quien trabaja
Tiene para comer.

Y en las noches extraño a mis amigos,
Y a tu cara dulce y pálida,
Morena de entre el frío que hay en las mañanas.

Vine hacia acá porque creí
Que allá la cosa nunca iba a cambiar,
Pero encuentro aquí
Que la cosa anda igual,
Y que si seguimos como vamos,
Es seguro que esto va empeorar.

Que si hacemos algo como hermanos,
Y que si no seguimos esperando
A que alguien más lo haga,
Seguro que la cosa va a mejorar.

Vine acá porque creí lo que dijeron:
Que en este modelo económico
Se tiene libertad.

Pero nadie dijo que mi fuerza de trabajo
La tenía que dar a alguien más.
Que lo que ganas por un salario,
A penas te alcanza para tragar…
Y que si no encuentras a quien se adueñe de tu trabajo,
Que Dios te bendiga y a ver cómo le haces para comer.



*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com





*



No era de talla muy grande
más bien pequeño, pero su personalidad
y empuje hacían que los demás lo vieran
mucho más amplio y monumental
de lo que era
su forma de ser llevaba optimismo
su forma de silbar
hacia poner celosos a los ruiseñores
el impacto de su voz
retumbaba en los pasillos
y las vibraciones se extendían por toda la casa
era pequeño de tamaño
pero grande en su saber
hipnotizaba con sus letras inscriptas en sus falanges
de sus labios, a pesar de la agonía
había siempre un vocablo de aliento
de seguridad y de ternura.
Ese ser inmensamente grande en su pensar
sabrosamente perspicaz y considerado
tiene un aura de creación.
Las neuronas y los glóbulos rojos,
le temen o le hacen caso
las hernias se vuelven a su lugar
el ahogo y la fatiga no están
en su diccionario de lenguaje
en su dirección hay como un espacio
de Ángeles de la guarda que cuidan el entorno.




*de Azul. azulaki@hotmail.com






SOY LA PERRA RABIOSA*



Soy la perra rabiosa. Envenenada.
La fundadora de las vides de olvidos.
En las venas, un vino acre y nauseabundo
Recluida a las regiones mas sombrías del Tártaro
Vomitada por el hombre y los dioses.
La que tiene garras de ojos amarillos.
La que aloja en su vientre un escorpión nocturno.
Amo esta rabia mía como la muerte misma.
De ella me alimento. Día a día.
Me nutro de carroña y de cráneos partidos.
Soy fiel a la especie de las bestias heridas.
El amor ha abortado su cosecha.
Cada noche, cosecho lo sembrado.
Necesito esta rabia pan de cada día.
Es la coraza que me salva.
La que permite exudar
Gota a gota.
La insoportable soledad de cada día.



*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar





Pesadilla*




Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso.
En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.



*de Joan Mateu. joan@cimat.es





Onetti: la lección del maestro*



La obra del gran escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo,1909-Madrid,1994) estuvo signada por los desencuentros -el primero con la crítica ciega, y luego con el público que no estaba preparado para recibir una escritura de esa dimensión- que lo llevaron, pese a ser muy original, a los segundos premios donde se presentara.
En 1939 a instancias de su amigo el poeta Juan Cunha que se improvisó su editor, apareció en Montevideo la primera edición de "El pozo", donde Eladio Linacero, personaje emblemático del sujeto urbano aplastado por la angustia y el anonimato, monologa sobre la sinrazón de la existencia. "La náusea", saldría varios años después, al fin de la guerra, es decir que Onetti pasó desapercibido porque simplemente vivía en el arrabal del mundo. Era latinoamericano.
La patética suerte de este libro que debió modificar el mapa literario del Río de la Plata, quedó sujeto a la falta de interés ya que según Angel Rama, quien años después de su aparición lo reeditó, sostenía que aún quedaban (a 30 años de aquella edición secreta) paquetes de ejemplares de los 500 que se habían tirado.
La tapa tenía la reproducción de un Picasso apócrifo y el papel interior era de estraza celeste.
En estas costas reinaba Eduardo Mallea, de quien hoy nadie se acuerda, ni los distraídos profesores de literatura lo incluyen en sus programas..
No mejor le fue con “La vida breve”, en 1950, ya viviendo en Buenos Aires. No tuvo casi comentarios, pasó desapercibida esta obra verdaderamente de vanguardia, seis años después le pasaría lo mismo a Antonio Di Benedetto con “Zama”, que son junto a “Los siete locos” las tres mejores novelas que se publicaron en la Argentina en el siglo XX según Juan José Saer.
Los “fracasos” no hicieron mella en la obcecación de Onetti. Siguió poniendo en palabras como nadie al ritmo de su respiración de fumador empedernido y de alcohólico contumaz, las insanias de este mundo absurdo. Su galería de putas y de borrachos, su “corte de los milagros” donde pululan los fracasados, los locos, los pirómanos, los proxenetas, los marginales que sólo en sus piadosas palabras tienen un destino, y los únicos seres que se salvan de su mundo atroz: los adolescentes, porque según sus palabras no han perdido aún la pureza que una vida de miserias les va a arrebatar seguramente en la primera de cambio.
Huraño, cascarrabias y escéptico, pasó por este mundo escribiendo “por necesidad, para mí mismo, aunque supiera que nunca nadie me va a leer” como dijo en uno de los pocos reportajes que concedió en su vida a la periodista uruguaya María Esther Giglio.
La obscenidad, que es norte de la vida social de muchos escritores que sólo se empeñan en hablar mal de los colegas en público, como si eso les diera una pátina de genialidad, deberían seguir su ejemplo de ascetismo.
Onetti, como su admirado maestro Faulkner, dejó una larga estela de escritores que sin su obra no hubieran existido. Lo diré sin más vueltas: dejó un montón de discípulos, que aprendieron a escribir gracias a él. Algunos se lo han agradecido (Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Saer) y otros se lo guardan y lo niegan si se les pregunta, pero no llegan lejos con su mentira. Eso se percibe fácilmente al leerlos. Pareciera que son “guachos”, como se les dice en el campo a los huérfanos, a los que no tienen padre conocido, a los “hijos de la nada”. Suponen que el mundo los estuvo esperando para comenzar su marcha, son sus modestos aportes a este mundo de miserias. Allá ellos.
Lo cierto es que Onetti nos dejó un puñado considerable de cuentos y por lo menos cuatro novelas que son obras maestras del género: “La vida breve”,”El astillero”,”Los adioses” y “Juntacadáveres”. El “Juntacadáveres” Larsen o simplemente “El Junta”, quien ya había ido apareciendo en novelas anteriores y que en “El Astillero” había sido personaje principal, pero es en “Juntacadáveres” donde hace su aparición que es toda una sinfonía: el sueño de un prostíbulo perfecto. ¿Acaso “el astrólogo” no pensaba lo mismo en la saga arltiana para financiar “su” revolución. ”Juntacadáveres” se instala en la ciudad de Santa María, la ciudad inventada por Juan María Brausen en “La Vida breve” y trata de poner en práctica su plan, elaborado minuciosamente, ya abonado por fracasos anteriores pero se debe enfrentar con el doctor Díaz Grey (otro emblemático personaje onettiano, quien representa las fuerzas vivas de la ciudad. Hay un diálogo entre ambos que no tiene desperdicio. Allí Juntacadáveres intenta convencer al médico que ellos tiene vocaciones diferentes, pero una misma pasión.
Cierta vez se le preguntó a Onetti sobre el origen de este personaje. Y él contó que trabajando para la empresa Reuter en Buenos Aires, una madrugada asomó por la puerta de un bar un sujeto que llamó su atención. Al inquirir por él, le dijeron: ”AH, es el Junta. Le dicen Juntacadáveres porque se dedica a coleccionar prostitutas viejas. Fue suficiente para construir después uno de sus personajes más entrañables, aún en su miseria final y su abyección.
En su magistral cuento “El posible Baldi”, afirma que somos responsables de una lenta vida idiota. ”Porque el doctor Baldi-dice el narrador- no fue capaz de saltar un día sobre la cubierta de una barcaza, pesada de bolsas o maderas. No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles ni de hombres sensatos”.
Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó. Él, que se casó cuatro veces.
Entre las cosas absurdas de un continente sumido en la represión que orquestaron sus propios Estados contra los pueblos está la dolorosa anécdota que llevó a Onetti a la cárcel por haber participado como jurado en un concurso de la mítica revista “Marcha” y haber premiado un cuento de Nelson Marra donde el personaje era una represor/torturador. Marra estuvo 5 años preso en una cárcel para detenidos de extrema peligrosidad. Onetti, Mercedes Rein, miembros del jurado, seis meses, junto a Carlos Quijano y Hugo Alfaro, director y Jefe de redacción respectivamente de esa publicación donde Onetti había sido su primer secretario en l939. Esto de las detenciones fue en gobierno de Bordabberry, quien disolvió el Congreso y gobernaba con una junta militar. Corría el año 1974.
Cuando lo dejaron libre se cruzó a Buenos Aires con una valija de libros, allí tomó un avión para ir a Madrid donde se lo había invitado para participar como jurado en la editorial Seix Barral. Su última esposa, la argentina Dorotea Muhr lo siguió. Estando privado de la libertad pidieron por él todos los intelectuales dignos de Europa y Latinoamérica. Empezando por Jean Paul Sartre.
Nunca volvieron de allí, ni cuando el presidente Sanguinetti elegido democráticamente lo invitó telefónicamente.
-Gracias, pero no sé qué volvería a hacer yo allí, contestó eludiendo el convite.
Pasó sus últimos años escribiendo cuatro novelas más y algunos cuentos, se empezó a reeditar parte de su obra en España y otros países de Europa, pero él siguió acostado en su cama tomando whisky, fumando varios paquetes de cigarrillos y leyendo interminables novelas policiales. Sin dar ningún reportaje.
Había hecho hacer un cartel que pegó con una chinche en la puerta con la leyenda que decía: “Onetti no está”. Los curiosos o pacientes que lo buscaban infructuosamente se encontraban con el cartel... y el ruido del violín que producían los ensayos de su esposa que era música.
Cuando le concedieron el Premio Cervantes (máximo galardón literario en lengua española), nunca tan bien otorgado valga apuntar, agradeció al rey con un discurso donde aclaraba que él en la vida siempre había pagado “no placé” y cuando ya no esperaba nada le caía esta distinción. Al ser requerido por el periodismo de todo el mundo, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él.
-“Ciento diecisiete mil dólares”, contestó lacónico.
Al periodismo hispano no le cayó muy bien su respuesta.
Se olvidaba que él era Juan Carlos Onetti, un verdadero duro hasta el fin.




*Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar






Abuelo Pablo*



Te dejé olvidado entre lápices de colores muy usados
y un nido de horneros deshabitado
ahí estarás protegido de tormentas viejas
y poemas nuevos
para siempre tuyos los pasos de mi infancia
los maceteros de malvones rojos
y el perfume dulce de violetas invasoras
en ese jardín eterno adonde moriré niña y saltando a la soga
recogiendo hojas de laurel para la salsa de tomates
corriendo incansablemente a los patos.
Aún me observas
encendiendo eternamente la pipa
tras los anteojos redondos y dorados
flamean al viento tus bombachas de campo
permaneces
atornillado al suelo por tus alpargatas negras.
Mi tiempo es mentira
aún estás ahí
enseñándome a tomar mate amargo y a montar
mientras la Patagonia se desenrosca en mi pelo
y un caballo que no entiende de linajes
me vuelve a arrojar cerca de la tranquera
ilustrando tu iracundia
no fuera cosa que se rompiera tu muñeca
y su mágica sonrisa de chocolate.
Ninguna mano tan enorme
ningunos ojos tan claros
ningún silencio tan palabra.
Ningún abuelo en tu sillón
donde reinabas mi infancia.
Antiguo rey de corazones.




*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar






INFANCIA EN LA PLAZA ESPAÑA*



Un grupo de niños sin patria, duerme a la intemperie.

Sus alforjas figuradas son sacos rotos de afectos y miradas.

Sus vidas son manchas inciertas

de una sociedad dormida e injusta.

Deambulan en la noche como sombras del día,

trémulo en cada uno de ellos.

Valoran como los valoran y allí no sobra para la yapa.

Acunan en su piel

el frío y el hambre como únicas presencias.

Son la sobra del mundo no lejano,

del nuestro, del cada día.

Y mueren sin saberse si murieron

o emigraron como pájaros.

Los que quedan ocupan la plaza o lo que sea,

clamando.

Su violencia, desmesurada, es un modo

de clamar por su vacío.



*De Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar
-Fuente: ARENA DE NUEVE CANTOS. Antología de Poetas Santafesinos. (2008)





Regalo de amor*


El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna.
Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida.
Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.
Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.
No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.



*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar







Limpieza a fondo*


Desprende del techo con un plumero los sueños que cuelgan junto a las telarañas del cielo raso. De bajo la cama, barre el deseo. Con una espátula despega la ira de las paredes. A la ternura, bastante apolillada, la
descuelga del ropero. Mete todo en una caja, que envuelve y ata con espléndido moño de regalo, y la deja sobre la mesa del comedor.
Conforme con la tarea realizada, se va de la casa dando un portazo.
- ¡Qué sea él quien saque la basura!- exclama.



*de Lucia Diaz. ludiaz1@yahoo.com






Regreso con Ollie*



Los dos hombres han salido a cubierta. Amanece y desde el barco puede divisarse la costa, el primer movimiento del día. Una leve bruma dificulta la visión desde la popa, donde los dos hombres se han apoyado y permanecen en silencio.
El gordo está prolijamente peinado, el cabello ralo apretado por la gomina. La brisa le hace entrecerrar los ojos. Una arruga le cae entre las cejas, otras dos a los costados de la nariz y la boca es un arco fláccido sobre el mentón quebrado.
Los ojos del hombre flaco son opacos; los rasgos suaves del rostro denotan comprensión
-resignación tal vez-, y ya no hay ternura ni esperanza en su gesto. toda la amargura del mundo mira, desde esa cara, a la costa inglesa.
Stan coloca una mano sobre los ojos, a modo de pantalla, un poco para evitar el fulgor del sol que se levanta en el horizonte, un poco para que el gordo no advierta que esa costa (que es la misma que dejo hace cuarenta años), es otra para él.
Los cuarenta años pasados en Hollywood lo han convertido en un hombre cansado. Al fin y al cabo, es mucho tiempo y la vitalidad no le puede ganar a la vida. ¿De qué valdría estar recostado en un cómodo sillón, rodeado de nietos que miman, de periodistas que adulan? John Wayne le dijo una vez al gordo, que ahora está a su lado y entonces no le hizo caso, que la vida es dura y es mejor defender a cada momento lo que se consigue porque si no, la gente lo olvida. y la gente olvida su propia risa.
El flaco ha movido levemente la cabeza y le ha parecido percibir, en el gesto del gordo Ollie, una mueca parecida a una sonrisa.
-Ya salen los pescadores- ha dicho el gordo.
En el horizonte, centenares de barcazas dejan la costa en dirección al pequeño barco. Sólo Laurel y Hardy permanecen en cubierta. Ambos han levantado las solapas de sus sacos, aunque no hace demasíado frío; el viento silba contra el buque.
-Habrá que tomar un tren hasta Lancanshire-, dice el flaco sin mirar a su compañero.
-los trenes tienen que ver con el principio y con el final- ha dicho Stan.
-Por primera vez, Ardí se ha dado vuelta para mirarlo. Luego baja la vista. Le gustaría estar otra vez bajo los reflectores, frente a una cámara de cine.
Piensa que no está demasiado viejo para eso. Tiene 62 años y está cansado, es cierto, pero debe reconocer que es la gente quien se ha cansado de él y de Stan.
"Los trenes tienen algo que ver con el principio y con el final", piensa ollie. Es cierto. También los barcos y la distancia. Uno siempre va a morir lejos de los mejores lugares. Por vergüenza tal vez, como los elefantes. El siempre tuvo algo de elefante. No sólo fisicamente. Los elefantes son codiciados en su mejor momento cuando sus colmillos son frescos y deslumbrantes. La gente sólo busca eso, los colmillos. Si atrapa a un elefante, enseguida se los corta y toda la grandeza del animal desaparece. Queda apenas el cuerpo pesado, dolorido, tan dolorido está el elefante que cualquier otro animal puede matarlo.
-Me siento como un elefante-, ha dicho Hardy, Stan lo mira y luego dirige sus ojos a la distancia donde las chalupas navegan agitadas por el mar.
-¿Tu padre sabe que llegás? -pregunta Ollie.
-Le mande un telegrama. Habrá función en Lancanshire. El todavía trabaja en el teatro del condado.
Cuarenta años fuera de Inglaterra. Nunca extrañó demasiado. Sin embargo, Stan siente esta madrugada un suave estremecimiento cuando piensa que su padre lo verá en el escenario. Siempre le mandaba cartas luego de ver las películas. Alguna vez, recuerda, le sugería cambiar detalles. El viejo era muy minucioso y no perdonaba nada. El lo hizo actor y no le dolió cuando lo dejó ir, aún sabiendo que no regresaría. Quizás esperaba de su hijo la grandeza que él nunca había conseguido. Y ahora el hijo regresa, con toda su grandeza a cuestas, y le da miedo enfrentar al viejo (tendrá más de ochenta años ahora), que todavía actúa en comedias y ha sido premiado en el condado. Dos hombres viejos van a encontrarse, van a resumir sus vidas en un instante.
Ollie mira a Stan. Tiene los ojos nublados y siente ahora un poco de frío. el sol se levanta cada vez más. las estrellas, que aún brillan, son las mismas que las de aquella noche de 1912, cuando Stan partió de Inglaterra. Stan siente ahora lo mismo que aquel día. Es necesario apostar otra vez por la vida, pero no sabe si alguien querrá aceptar la apuesta de un viejo perdedor.
Stan enciende un cigarrillo, tiene que darse vuelta, dar la espalda al viento para que el fósforo no se apague.
A lo lejos comienzan a sonar las campanas de la iglesia del pueblo. Ollie reconoce antes que Stan el ritmo de los tañidos, la música que tantas veces oyeron en sus películas.
Se han mirado sin hablar. Stan se ha cubierto la cara con las manos. Arroja el cigarrillo al mar. Ollie le da la espalda. Ambos saben que todo final abre la esperanza de un nuevo comienzo.
La música llena el aire.



*de Osvaldo Soriano.
-De Artistas, locos y criminales.









*




Queridas amigas, apreciados amigos:


El domingo 3 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Alberto Nepomuceno. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Takillakta (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067





3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“




BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v El Gobierno del Estado de Salzburgo
v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v La Asociación Música en el Museo (MiM)
v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE



*


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Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
 
EN LA BOCA DEL COCODRILO...
Pesadilla*




Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso.
En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.


*de Joan Mateu. joan@cimat.es







EN LA BOCA DEL COCODRILO...





Palito*



Un palito en la boca del cocodrilo. Es lo que me dicen.
Me dicen que lo dijo lacan.
El cocodrilo es la madre.
Los hijos. -Mis hijos y los hijos de cada cual- están en sus bocas.
El palito es el padre. No queda claro si es su voz, su presencia, su diferencia, el límite sutil o no que hace que la madre no se trague a los hijos en su puro mundo-vientre.


A veces me duelen un poco los colmillos de mi ex-mujer -son muy filosos-
En la espalda que por momentos se tuerce un poco.
O en el pecho que no tiene heridas definitivas.
Pero por ahora aguanto.



*De Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com







El jardín encantado*


*de Italo Calvino


Giovannino y Serenella caminaban por las vías del tren. Abajo había un mar todo escamas azul oscuro azul claro; arriba un cielo apenas estriado de nubes blancas. Los rieles eran relucientes y quemaban. Por las vías se caminaba bien y se podía jugar de muchas maneras: mantener el equilibrio, él sobre un riel y ella sobre el otro, y avanzar tomados de la mano. 0 bien saltar de un durmiente a otro sin apoyar nunca el pie en las piedras. Giovannino y Serenella habían estado cazando cangrejos y ahora habían decidido explorar las vías, incluso dentro del túnel. Jugar con Serenella daba gusto porque no era como las otras niñas, que siempre tienen miedo y se echan a llorar por cualquier cosa. Cuando Giovannino decía: “Vamos allá”, Serenella lo seguía siempre sin discutir.
¡Deng! Sobresaltados miraron hacia arriba. Era el disco de un poste de señales que se había movido. Parecía una cigüeña de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico. Se quedaron un momento con la nariz levantada; ¡qué lástima no haberlo visto! No volvería a repetirse.
-Está a punto de llegar un tren -dijo Giovannino.
Serenella no se movió de la vía.
-¿Por dónde? -preguntó.
Giovannino miró a su alrededor, con aire de saber. Señaló el agujero negro del túnel que se veía ya límpido, ya desenfocado, a través del vapor invisible que temblaba sobre las piedras del camino.
-Por allí -dijo. Parecía oír ya el oscuro resoplido que venía del túnel y vérselo venir encima, escupiendo humo y fuego, las ruedas tragándose los rieles implacablemente.
-¿Dónde vamos, Giovannino?
Había, del lado del mar, grandes pitas grises, erizadas de púas impenetrables. Del lado de la colina corría un seto de ipomeas cargadas de hojas y sin flores. El tren aún no se oía: tal vez corría con la locomotora apagada, sin ruido, y saltaría de pronto sobre ellos. Pero Giovannino había encontrado ya un hueco en el seto.
-Por ahí.
Debajo de las trepadoras había una vieja alambrada en ruinas. En cierto lugar se enroscaba como el ángulo de una hoja de papel. Giovannino había desaparecido casi y se escabullía por el seto.
-¡Dame la mano, Giovannino!
Se hallaron en el rincón de un jardín, los dos a cuatro patas en un arriate, el pelo lleno de hojas secas y de tierra. Alrededor todo callaba, no se movía una hoja. “Vamos” dijo Giovannino y Serenella dijo: “Sí”.
Había grandes y antiguos eucaliptos de color carne y senderos de pedregullo. Giovannino y Serenella iban de puntillas, atentos al crujido de los guijarros bajo sus pasos. ¿Y si en ese momento llegaran los dueños?
Todo era tan hermoso: bóvedas estrechas y altísimas de curvas hojas de eucaliptos y retazos de cielo, sólo que sentían dentro esa ansiedad porque el jardín no era de ellos y porque tal vez fueran expulsados en un instante. Pero no se oía ruido alguno. De un arbusto de madroño, en un recodo, unos gorriones alzaron el vuelo rumorosos. Después volvió el silencio. ¿Sería un jardín abandonado?
Pero en cierto lugar la sombra de los árboles terminaba y se encontraron a cielo abierto, delante de unos bancales de petunias y volúbilis bien cuidados, y senderos y balaustradas y espalderas de boj. Y en lo alto del jardín, una gran casa de cristales relucientes y cortinas amarillo y naranja.
Y todo estaba desierto. Los dos niños subían cautelosos por la grava: tal vez se abrirían las ventanas de par en par y severísimos señores y señoras aparecerían en las terrazas y soltarían grandes perros por las alamedas. Cerca de una cuneta encontraron una carretilla. Giovannino la cogió por las varas y la empujó: chirriaba a cada vuelta de las ruedas con una especie de silbido. Serenella se subió y avanzaron callados, Giovannino empujando la carretilla y ella encima, a lo largo de los arriates y surtidores.
-Esa -decía de vez en cuando Serenella en voz baja, señalando una flor.
Giovannino se detenía, la cortaba y se la daba. Formaban ya un buen ramo. Pero al saltar el seto para escapar, tal vez tendría que tirarlas.
Llegaron así a una explanada y la grava terminaba y el pavimento era de cemento y baldosas. Y en medio de la explanada se abría un gran rectángulo vacío: una piscina. Se acercaron: era de mosaicos azules, llena hasta el borde de agua clara.
-¿Nos zambullimos? -preguntó Giovannino a Serenella.
Debía de ser bastante peligroso si se lo preguntaba y no se limitaba a decir: “¡Al agua!”. Pero el agua era tan límpida y azul y Serenella nunca tenía miedo. Bajó de la carretilla donde dejó el ramo. Llevaban el bañador puesto: antes habían estado cazando cangrejos. Giovannino se arrojó, no desde el trampolín porque la zambullida hubiera sido demasiado ruidosa, sino desde el borde. Llegó al fondo con los ojos abiertos y no veía más que azul, y las manos como peces rosados, no como debajo del agua del mar, llena de informes sombras verdinegras. Una sombra rosada encima: ¡Serenella! Se tomaron de la mano y emergieron en la otra punta, con cierta aprensión. No había absolutamente nadie que los viera. No era la maravilla que imaginaban: quedaba siempre ese fondo de amargura y de ansiedad, nada de todo aquello les pertenecía y de un momento a otro ¡fuera!, podían ser expulsados.
Salieron del agua y justo allí cerca de la piscina encontraron una mesa de ping-pong. Inmediatamente Giovannino golpeó la pelota con la paleta: Serenella, rápida, se la devolvió desde la otra punta. Jugaban así, con golpes ligeros para que no los oyeran desde el interior de la casa. De pronto la pelota dio un gran rebote y para detenerla Giovannino la desvió y la pelota golpeó en un gong colgado entre los pilares de una pérgola, produciendo un sonido sordo y prolongado. Los dos niños se agacharon en un arriate de ranúnculos. En seguida llegaron dos criados de chaqueta blanca con grandes bandejas, las apoyaron en una mesa redonda debajo de un parasol de rayas amarillas y anaranjadas y se marcharon.
Giovannino y Serenella se acercaron a la mesa. Había té, leche y bizcocho. No había más que sentarse y servirse. Llenaron dos tazas y cortaron dos rebanadas. Pero estaban mal sentados, en el borde de la silla, movían las rodillas. Y no lograban saborear los pasteles y el té con leche. En aquel jardín todo era así: bonito e imposible de disfrutar, con esa incomodidad dentro y ese miedo de que fuera sólo una distracción del destino y de que no tardarían en pedirles cuentas.
Se acercaron a la casa de puntillas. Mirando entre las tablillas de una persiana vieron, dentro, una hermosa habitación en penumbra, con colecciones de mariposas en las paredes. Y en la habitación había un chico pálido. Debía de ser el dueño de la casa y del jardín, agraciado de él. Estaba tendido en una mecedora y hojeaba un grueso libro ilustrado. Tenía las manos finas y blancas y un pijama cerrado hasta el cuello, a pesar de que era verano.
A los dos niños que lo espiaban por entre las tablillas de la persiana se les calmaron poco a poco los latidos del corazón. El chico rico parecía pasar las páginas y mirar a su alrededor con más ansiedad e incomodidad que ellos. Y era como si anduviese de puntillas, como temiendo que alguien pudiera venir en cualquier momento a expulsarlo, como si sintiera que el libro, la mecedora, las mariposas enmarcadas y el jardín con juegos y la merienda y la piscina y las alamedas le fueran concedidos por un enorme error y él no pudiera gozarlos y sólo experimentase la amargura de aquel error como una culpa.
El chico pálido daba vueltas por su habitación en penumbra con paso furtivo, acariciaba con sus blancos dedos los bordes de las cajas de vidrio consteladas de mariposas y se detenía a escuchar. A Giovannino y Serenella el corazón les latió aún con más fuerza. Era el miedo de que un sortilegio pesara sobre la casa y el jardín, sobre todas las cosas bellas y cómodas, como una antigua injusticia.
El sol se oscureció de nubes. Muy calladitos, Giovannino y Serenella se marcharon. Recorrieron de vuelta los senderos, con paso rápido pero sin correr. Y atravesaron gateando el seto. Entre las pitas encontraron un sendero que llevaba a la playa pequeña y pedregosa, con montones de algas que dibujaban la orilla del mar. Entonces inventaron un juego espléndido: la batalla de algas. Estuvieron arrojándoselas a la cara a puñados, hasta caer la noche. Lo bueno era que Serenella nunca lloraba.



*Fuente: Ciudad Seva
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/jardin.htm








PELOTA DE TRAPO*




*Por Eduardo Pavlovsky



El día 25 de julio, Página/12 denunciaba que un adolescente de 16 años que estudiaba en la fundación Pelota de Trapo fue secuestrado por un auto en Gerli por cuatro encapuchados –que lo amenazaron con un arma mientras le decían: “déjense de joder porque les vamos a quemar la imprenta, la panadería y la casa de los niños”. La amenaza se refiere a tres proyectos que desarrolla la fundación en Avellaneda. Allí acude el adolescente todos los días para terminar la escuela primaria.
Anteriormente el 25 de abril, un grupo de ocho personas entró a la Escuela Gráfica Manchita y amenazaron a los chicos que estaban allí. “Es evidente que a alguien le molesta, y mucho, que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre. Sabemos que el Estado es el máximo responsable, pero si desde él no pueden defender a nuestros pibes de la fundación, tendremos que salir nosotros a hacerlo” (Espósito, sacerdote y director del hogar).
Decía yo hace poco en estos días: el hambre no tiene tiempo. El hambre tiene hambre.
“El hambre es un crimen. Hay que detenerlo. Sí o sí. En nuestro país no faltan alimentos ni platos ni madres ni médicos ni maestros. Falta en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes que asegure a nuestros hijos las oportunidades vitales para que puedan crecer con dignidad. Es imperativo terminar con un sistema económico que en la mayoría de los casos no da hijos sino hambre, que no da futuro sino paco, que talla caricias olvidadas en cuerpos olvidados. Niños hermosos nacen a la muerte; sin una infancia sana, amasada y entera es impensable una Argentina mejor. Porque un país que mutila a sus niños es un país que se condena a sí mismo” (Alberto Morlachetti, coordinador del movimiento Pelota de Trapo).
“Según el barómetro de la Deuda Social de la Infancia desarrollado por la fundación Arcor y la Universidad Católica, más de cuatro de cada diez chicos entre 0 y 17 años viven en hogares que no pueden acceder a una adecuada alimentación. Tres generaciones de chicos vienen sufriendo la desocupación y la marginalidad y quedaron fuera de la red social en todos sus aspectos: alimentación, salud y educación” (Taffetini. Movimiento Nacional de los chicos del Pueblo – Rev. Tercer Sector).
Los que tienen hambre son invisibles en nuestra vida cotidiana; esta invisibilidad los condena definitivamente a las sombras (Juan Carr de la Red Solidaria).
Pero volvamos por fuera de las estadísticas, a la denuncia inicial, dos veces en menos de tres meses han sido amenazados, a través de “grupos de tarea”, los participantes de la fundación Pelota de Trapo de Morlachetti. Con capuchas y revólveres.
Yo creo que las organizaciones de derechos humanos, que han sido víctimas de las capuchas y las armas, deberían pronunciarse a riesgo de dejar estos hechos en la invisibilidad que menciona Juan Carr. La invisibilidad de las vidas desperdiciadas.
Cada desaparecido era un crimen de Estado durante la dictadura. Pero cada niño muerto por desnutrición en la Argentina es otra perspectiva del crimen de Estado. La indiferencia es criminal también.
Ayer murió en La Rioja un nene que pesaba menos de ocho kilos y tenía 4 años, vivía en Nonogasta, una localidad con otros 400 chicos diagnosticados de desnutrición. En septiembre de 2007, el gobierno le había cortado la ayuda alimentaria de 50 pesos. Esa muerte y las otras son de absoluta responsabilidad del Estado.
No le niego a la Sra. Presidenta sus deseos de lograr un bienestar general para la mayoría de la población. Pero nunca le oí nombrar la palabra indigencia.
La población en general frente al problema de la pobreza e indigencia infantil está bastante indiferente, ha creado una malla social intersticial de complicidad civil. De negación. Como con los desaparecidos del ’76, ’77, ’78.
No puede haber niños desnutridos en la Argentina. No podemos distraernos con el problema de Messi, el psicólogo pedófilo, la pareja presidencial o el carácter de Moreno.
Hablemos de contradicciones fundamentales y la prioridad que ya nos debería dar vergüenza es la falta de respuesta frente a los nuevos encapuchados, a los nuevos criminales que están apareciendo. ¿Quién puede haber atacado a la fundación Pelota de Trapo? ¿Qué grupo? ¿Qué paragrupo?
Como dice el padre Espósito: “Es evidente que a alguien le molesta y mucho que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre”.
Pensemos y actuemos hoy. No mañana.



-Fuente: CONTRATAPA Página/12.
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar






DE LUNA A SOL*



En el peaje de la ruta que une Buenos Aires con Rosario, ella ya empieza a sentir el agobio de este trabajo a la hora de haber tomado su puesto. El peso del automatismo en un puesto laboral cualquiera se hace sentir casi de inmediato. Su mano izquierda entra y sale de la ventana. Ella puede verse una y otra vez abriendo la palma de la mano para recibir monedas o haciendo pinza con el pulgar y el índice para tomar un billete. Luego viene imprimir el ticket, dar el cambio, y ese sentir un roce azaroso con manos anónimas en su piel cuando se recibe el dinero y se da vuelto.

Sopla entonces el último beso del día al chofer del Flecha Bus.
Algunos pasajeros llegan a ver en el aire como desde el contorno de sus labios ese beso se hace visible en un estallido de brillos y estrellas fugaces que se disipan en el parabrisas del ómnibus. Así, de forma tan efímera y tan eterna, ese beso se clava en el iris del chofer dejando estelas de vuelo mágico como el que dejan las hadas de Disney.

Cierra la cabina del peaje. Esa ruta al norte o al sur se abre en largas distancias, en enormes desconocimientos. Se va a buscar su auto después de saludar a la gente de oficina. Ella cumplió con su rito semanal, la hora que dedica a su voluntariado de seducción y fantasía en la ruta. Se da cuenta que olvido el cartel de la ventanilla pero no vuelve por él. Todavía se puede leer en la ventanilla lateral
-ahora a oscuras- de la cabina nº4: Autopistas de Luna a Sol.

UD. esta siendo atendido por Neumann Nicole.



*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar







DESCUBRIR*



¿Dónde están los pájaros
que despiertan con la aurora?
¿A dónde se fueron
los sonidos todos?

¿Porqué ya nadie
pronuncia mi nombre?
¿A qué se debe tanto silencio?
¿Será que paulatinamente el mundo
se fue extinguiendo, sin darme yo cuenta?

No...los pájaros están ahí
las personas, las cosas, los movimientos...
el silencio.

De pronto lo veo claro,
lo siento claro, pero no lo oigo claro;
es eso: "el sonido"

De pronto descubrí que
no era el mundo el que agonizaba...,
era a mí a quien
se me iban extinguiendo paulatinamente
los sonidos del mundo



*Poema de la artista plástica salteña Stella Maris Farfán (1972).

-Comenzó a perder la audición gradualmente a los 8 años. En la adolescencia se fue haciendo más pronunciado hasta devenir en sordera profunda. El poema se encuentra en el libro "El clamor silencioso". http://www.artistas.org.ar/


-Fuente: Luna no conquistada. hijasdelviento@hotmail.com
http://www.metroflog.com/lunanoconquistada/20080730/?pos=#Msg





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Que es Inventiva Social ?
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Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
 
EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS...
Los fantasmas se ponen celosos‏*




Te extraño, en esta madrugada fría y transparente, tengo en mis labios el perfume de tu mirada y el color de tus ojos son mi locura.
Salgo al jardín y el vapor de mi aliento tiñe a los fantasmas de envidia.



*de Azul. azulaki@hotmail.com






EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS...



Regalo de amor*


El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna.
Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida.
Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.
Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.
No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.




*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar







No me digas hasta mañana,
creería QUE VA A SER DE NOCHE*




*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com



En mis ratos libres, cuando no bebo ron, ni deslizo mis dedos por tu cintura. Cuando te dejo solo para que colmes con tu dulzura el resto del mundo, vago por las calles en busca de los seres que se escapan de los libros para poblar la realidad.
Desde hace muchos años me ocupo de esta tarea revisora. He heredado la responsabilidad por voluntad propia. Nadie me ha pedido que lo hiciera pero soy dinámica y predispuesta para llevar adelante, con esmero, todo aquello que no se espera de mí.
En una pastelería encuentro con frecuencia al marido joven que sabe querer.
Compra confituras para el té. Lleva un toque angélico entre los dedos. No desprende el olor de los desterrados ni forma parte de una marcha donde se distorsionan los discursos y se habla de los hermanos y el imperio para encontrar un atajo en la carrera que a cualquier precio se debe ganar.
Cuando llego a la esquina, si de algo estoy segura es del papel fundamental que cumple en la novela de la vida esa muchacha que usa enaguas y ronca. Es inconfundible porque sus ojos llenan de esplendor hasta el más barato colirio. Sus enaguas blancas flamean en mi memoria como banderas de excitación. Las páginas que abandonó no han podido ser pobladas por otra igual. Su manera de levitar en cada ronquido y cómo retorcía la manivela del personaje, ha hecho que los argumentos que ya no la poseen se hayan quedado
muy muy atrás.
En mis noches libres, cuando dejo que tu sueño descanse junto a vos y no haga el fabuloso viaje de introducirse en mi cama, me quedo sentada en la misma mesa del bar hasta que son una misma cosa la soledad y la madrugada.
Allí aparece el hombre que no puede dejar de fumar ni de padecer y cae en el cenicero transparente sin hacer pie. Tiene unos cincuenta años, puede usar o no su chaqueta oscura y los pantalones claros. Imagino lo escasa que podría resultar la realidad sin su presencia. Pero por mucho que ésta lo necesite,
él ya no la soporta. Necesita regresar a los libros para poder fumar en el bar.
La divorciada que ha permanecido por largo tiempo bajo su propia sombra, nunca fue una figura que apareciera en las páginas por puro placer de ser narrada. Ella viene siempre a este bar. No es una divorciada con pretensiones de género ni está embebida de una naturaleza quisquillosa, pero resulta que tiene los ojos tan nublados por su propia oscuridad que no ve al fumador tratando de hacer pie en el fondo de su cenicero. En estos momentos me pregunto por qué no me habré arrogado otro trabajo. Por qué sólo me compete buscarlos, reconocerlos, asentarlos en mis padrones de los de estirpe relumbrada, pero no muevo los hilos que los puedan reunir en este océano de soledades.
En mis confusiones libres, cuando no sé si saliste de cuento de Cheever o de un submundo de Cortázar, cuando tengo claro que jamás me enamoraré de un personaje de DeLilo, descubro a los que se quedan quietos porque saben que los primeros movimientos son siempre crueles. Se va perfeccionando mi
pesquisa. Me basta ver el modo en que se hunden en la lectura del diario o cómo beben café, con breves sorbos, con fragilidad exquisita. Hace tiempo que viven entre los reales y sin embargo no se adaptan. Ellos, cuando se sientan a la mesa del bar, son menos lumen que señales.
La joven con las axilas rasuradas a veces se pregunta si está en el planeta correcto. Es el momento en que los vasos comunicantes ya no se comunican y yo me encuentro en medio de los dos rumores. La siento tan cercana y tumultuosa que las ideas se me arrebatan, me contusionan. Yo no sé cuál es el verdadero planeta. Es muy mío andar en un mundo entretejido sobre otro mundo y caminar con un pie en cada orilla.
Los que nunca navegaron por el Orinoco, son con los que más me identifico.
Por eso salgo a buscarlos toda vez que no te recuerdo y no logro resolver con qué dedo seguir el curso hondo de tus besos. Me los llevo a casa. Ellos son tan especiales. Se parecen mucho a lo distinto. Tienen tanto que ver con lo nunca visto...
En esas ocasiones, la medianoche se enrolla sobre mi cuerpo y me comporto como una fortuna derrochada. Me abandono a todos mis desquicios. Las burbujas del agua con gas caen hacia arriba. El ron en mi cerebro hace cosas maravillosas. La memoria de tu cuerpo sobre mi cuerpo hace figuras
maravillosas. Los personajes de los libros tienen una conducta gozadora. No navego por el Orinoco, ni hago pie en el cenicero, pero me rasuro las axilas y me quedo quieta hasta lo indecible. Aguardo que el ron me ayude a hacer lo que no me compete: me convierto en una autora ágil e imprevisible. Acerco al
fumador y la solitaria para que practiquen figuras de la antigua India y se olviden del melodrama. Echo bendiciones a mansalva. Lubrico los verbos, la puntuación, los adjetivos, las causas. Cabalgo un caballo gigante que se agita de tal manera que me recuerda tu espalda.



*FUENTE: ROSARIO-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14499-2008-07-26.html
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar







De ellas*




Su cuerpo era tan de nube blanca
que mis manos se hundieron al cielo




*

Le prometio fidelidad.
Y fue fiel al maltrato por muchos años...


*

"Era solo un juego"

(Nunca se perdona
que descubras un juego inconsciente).




*

Amurallada al sentir.
Apenas con una hendija para ver el afuera.
Distante y cercana a la vez.
Así era y así es.



*


Ella borda
gotas como voces
las hace río,
les devuelve un sentido.





*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com







Azulada azulado*




Creo que tu nombre
Resuena en mis oídos
Por el grito de libertad
Tantos desafíos y palabras salvajes
De iracundia y disgusto
Encuentras en tu brotado
Aullido destellos de luces
Y aromas de amigos
Tu despertar inquieto
Invita a la presencia
Otro destino
No te duermas
El cielo es testigo
Estamos contigo.-



*de Azul. azulaki@hotmail.com







El bosque-raíz-laberinto*



*Italo Calvino



En un bosque tan frondoso que aún de día estaba oscuro, el rey Clodoveo cabalgaba a la cabeza de su ejército, de retorno de la guerra. El rey estaba preocupado: sabía que a un cierto punto el bosque debía terminar y entonces él habría llegado a la vista de la capital de su reino, Arbolburgo. A cada vuelta del sendero esperaba descubrir las torres de la ciudad. Nada, todo lo contrario. Hacía mucho tiempo que avanzaban en el bosque y éste, sin embargo, no daba señales de terminar.
-No se ve -dice el rey a su viejo escudero Amalberto-, no se ve todavía...
Y el escudero:
-A la vista sólo tenemos troncos, ramas retorcidas, frondas, matas y zarzales. Majestad, ¿cómo podemos esperar ver la ciudad a través de un bosque tan denso?
-No recordaba que el bosque fuera así de extenso e intrincado -refunfuñaba el rey. Se hubiera dicho que mientras él estaba lejos la vegetación hubiese crecido desmesuradamente, enroscándose e invadiendo los senderos.
El escudero Amalberto tuvo un sobresalto.
-¡Allá está la ciudad!
-¿Dónde?
-He visto aparecer a través de las ramas la cúpula del palacio real. Pero no logro divisarla ahora.
Y el rey:
-Estás soñando. No se ve más que palos.
Pero en la vuelta siguiente fue el rey quien exclamara:
-¡Eh! ¡Es allí! ¡La he visto! ¡Las verjas del jardín real! Las garitas de los centinelas!
Y el escudero:
-¿Dónde, dónde, Majestad? No veo nada...
Ya la mirada del rey Clodoveo giraba desorientada alrededor.
-Allí... No... Sin embargo, la había visto... ¿Dónde ha ido a parar?
La sombra se adensaba entre los árboles. El aire se volvía siempre más oscuro. Y entre las ramas más altas se oyó un batir de alas, acompañado de un extraño canto:
-Coac... Coac... -Un pájaro de colores y formas jamás vistos revoloteaba en el bosque. Tenía plumas tornasoladas como un faisán, grandes alas que se agitaban en el aire como las de un cuervo, un pico largo como el de un pájaro carpintero y una cresta de plumaje blanco y negro como el de una abubilla.
-¡Eh, atrápenlo! -gritó el rey-. ¡Eh, se nos escapa! ¡Sigámoslo!
El ejército, en filas compactas, dirigió su marcha de modo de seguir el vuelo del pájaro, giró a la izquierda, giró a la derecha, retrocedió. Pero el pájaro ya había desaparecido. Se oyó todavía el "Coac... Coac...", alejándose después el silencio.
El camino se les hacía penoso. Dijo el rey:
-Las ramas nos obstaculizan la marcha. No nos queda más que descabalgar o rasguñarnos con ellas.
Y el escudero:
-¿Ramas? Estas son raíces, Majestad.
-Si estas son raíces -replicó el rey- entonces nos estamos adentrando en la tierra.
-Y si éstas fueran ramas, -insistió el viejo Amalberto-, entonces hubiéramos perdido de vista el suelo y estaríamos suspendidos en el aire.
Reapareció el pájaro. O mejor dicho, se vio volar su sombra y se sintió una "Coac...Coac..."
-Este extraño pájaro nos guía -dijo el rey-. ¿Pero adónde?
-Tanto vale seguirlo, señor -dijo el escudero-. Desde hace rato hemos perdido el camino. Todo está oscuro.
-¡Enciendan las linternas! -ordenó el rey, y la fila de soldados se desanudó por el bosque como una bandada de luciérnagas.
Todo aquel día la princesa Verbena había mirado con catalejo el horizonte desde el balcón del palacio real de Arbolburgo, esperando el retorno de la guerra del rey Clodoveo, su padre. Pero fuera de los muros de la ciudad el bosque era tan espeso como para esconder a un ejército en marcha. En ese
momento a Verbena le había parecido ver una fila de alabardas y de lanzas despuntando entre las ramas, pero debía estar equivocada. Allí, ahora le parecía que algunos yelmos se asomaban entre las hojas.... No, era un engaño de sus ojos.
Durante la ausencia del rey Clodoveo, el bosque allí abajo se había vuelto cada vez más espeso y amenazador, como si el reino vegetal quisiera asediar los muros de Arbolburgo. Y al mismo tiempo, en el interior de la ciudad, todas las plantas se habían marchitado, habían perdido las hojas y se habían
muerto. La ciudad no era la misma desde que la reina Ferdibunda, segunda mujer del rey Clodoveo y madrastra de Verbena, en ausencia del marido, había tomado el mandó asistida por su primer ministro Curvaldo.
Verbena pensaba: "Querría fugarme de aquí, salir al encuentro de mi padre". Pero, ¿cómo hacerlo en ese bosque impenetrable?
La reina Ferdibunda, que espiaba a Verbena detrás de una cortina, murmuró al primer ministro:
-Comienza a perder las esperanzas nuestra princesita. Los días pasan, los súbditos están cansados de esperar a un rey que no vuelve. Y yo también estoy cansada, Curvaldo. Es tiempo de dar vía libre a nuestra conjura.
Curvaldo sonrió maliciosamente.
-Los conjurados están prestos a reunirse en los lugares convenidos, reina mía, para después marchar sobre el palacio real y...
-...y proclamarte rey, Curvaldo -terminó Ferdibunda la frase.
-Si así lo quiere mi reina... -y Curvaldo, siempre sonriendo maliciosamente, inclinó la cabeza.
-Entonces -dijo la reina- arma tu trampa, Curvaldo, y advierte a tus hombres, es la hora.
Pero Curvaldo prefería proceder con cautela. En Arbolburgo los fieles del rey eran todavía numerosos, y vigilaban. Las calles de la ciudad eran rectas y estaban expuestas a las miradas de todos: las idas y venidas de los conjurados serían rápidamente vistas por mucha gente.
La reina estaba impaciente.
-¿Qué piensas hacer, Curvaldo?
El primer ministro tenía un plan.
-Nuestros movimientos deben desenvolverse fuera de los muros de la ciudad -decidió-. Nos desplazaremos de una puerta a la otra por los caminos exteriores que pasan por el bosque. Sin ser vistos, los conjurados circundarán la ciudad.
Saliendo de la puerta norte, Ferdibunda y Curvaldo dieron órdenes a sus secuaces:
-Divídanse en dos grupos: uno rodeará la ciudad por el este y el otro por el oeste. A las nueve y cuarto precisamente penetrarán en Arbolburgo por las puertas laterales. Nosotros dos, entretanto, con un rodeo más largo, iremos hasta la puerta sur y desde allí haremos nuestra entrada triunfal a la ciudad, a las nueve y media en punto.
Habiendo dicho esto, la reina y el ministro se alejaron por un sendero trazado en forma de anillo en torno a Arbolburgo, apenas afuera de los muros. A decir verdad, mientras más avanzaban ellos, más parecía el sendero desprenderse de la ciudad. La reina comenzó a preguntarse si acaso no habían
equivocado el sendero.
-No temas, -dijo Curvaldo- más allá de aquella vuelta, doblada la colina, estaremos cerca de los muros.
Y continuaron por el sendero.
-Eso, hay todavía un desvío, pero seguramente más allá volveremos al camino principal.
El sendero ya subía, ya bajaba.
-Apenas superados estos desniveles, nos encontraremos en la dirección correcta -decía Curvaldo, pero entretanto oscuros presentimientos invadían el ánimo de la reina. Veía la maraña de la vegetación adentrándose como la trama de su traición, como si sus pensamientos fueran a embrollar la ciudad en un enredo inextricable.
Mientras tanto un pájaro de una especie jamás vista voló entre las ramas emitiendo un reclamo estridente:
-"Coac... Coac..."
-Qué extraño pájaro -dijo Ferdibunda-. Parece que nos esperara, que deseara hacerse atrapar.
No, el pájaro volaba de rama en mata, se escondía, volvía a aparecer.
Siguiéndolo la reina y Curvaldo se encontraron en un sendero más espacioso, aunque más oscuro y todo curvas.
-Está cayendo la noche... ¿Dónde estamos?
El pájaro se dejó oír aún:
-"Coac... Coac..."
-Sigamos el canto del pájaro -dijo Curvaldo-, por aquí, ven.
Mientras tanto, en otra parte del bosque, también al rey Clodoveo le parecía oír el canto del pájaro. En aquella noche sin estrellas, en aquel laberinto de áspera corteza nudosa, el "Coac... Coac..." era el único signo hacia el cual dirigir los propios pasos. El aceite de las linternas se había acabado, pero los ojos de los soldados se habían vuelto luminosos como los de los búhos y su resplandor constelaba la oscuridad. El ejército en marcha no emitía más un sonido metálico sino un frufrú como si entre las armas y las corazas y los escudos hubiese crecido follaje. El viejo escudero Amalberto ya sentía crecer el musgo sobre su espalda.
-¿Dónde estará mi ciudad? -se preguntaba el rey Clodoveo-. ¿Y mi trono? ¿Y mi hija Verbena?
Verbena estaba en aquel momento bajo la morera de su patio. Esta vieja morera era el único árbol que había quedado con vida en toda la ciudad. Los pájaros, desde tanto desaparecidos de los árboles de Arbolburgo, venían todavía a visitar las ramas de la morera en la estación de las moras. He aquí que entonces un pájaro de formas y colores jamás vistos viene agitando las alas, a posarse cerca de Verbena. Graznó:
-"Coac... Coac..."
-Pájaro, si pudiera volar contigo fuera de esta jaula... -suspiraba Verbena-. Si pudiera seguirte en tu vuelo... Pero, ¿dónde estás ahora? ¿Te has escondido? ¡Espérame! ¡No me dejes aquí!
El tronco de la vieja morera estaba todo retorcido, lleno de sinuosidades, excavado por los siglos. Girar en torno a su tronco parecía cuestión de un instante, pero en cambio Verbena tuvo que salvar raíces que sobresalían, inclinarse bajo ramas bajas. Parecía que el árbol quisiera tomarla bajo su protección, atraerla hacía el río de savia que a través de corrientes subterráneas se ligaba con el bosque.
-"Coac... Coac.."
-Ah, has volado hasta allá abajo -dijo Verbena-. Pero, ¿en dónde estoy?
Quería sencillamente rodear el tronco y me he perdido entre sus raíces. Hay un bosque subterráneo que levanta los fundamentos de la ciudad... ¿Adónde he ido a parar?
Verbena no lograba comprender si había quedado prisionera dentro del tronco de la morera o entre las raíces enterradas o bien si había salido completamente afuera de la ciudad, al bosque amenazador que tanto la atemorizaba... al bosque libre que tanto la atraía.
Un joven llamado Arándano se acercaba a los muros de Arbolburgo y gritaba un llamado:
-¡Eh, los de la ciudad! ¡Centinelas de guardia en los muros! ¿Me oyen?
Pero ninguno asomaba la cara.
Arándano estaba acostumbrado a llegar a la ciudad desde el bosque y a ver aparecer en lo alto y sobre los árboles las torres, los balcones, las pérgolas, los miradores, las verandas. Pero esta vez se encontraba el bosque tan crecido que sobre su cabeza no veía más que ramas retorcidas que parecían raíces.
-¡Respóndanme! -gritaba Arándano-. ¡Digan algo! ¡Hagan una señal! ¿Cómo puedo llevarles nuevamente los cestos de frutillas silvestres, de rodellones, de bayas? ¡Eh, los de la ciudad! ¿Cómo haré para volver a ver a la bella muchacha que un día se asomó a un balcón y aceptó en regalo un ramo de madreselvas?
Buscando ver más lejos, Arándano subió sobre ramas más altas pero la maraña parecía espesarse más bien que dejar espacio a la luz.
-¡Oh! ¡Qué extraño pájaro! -exclamó de repente Arándano.
Y el pájaro:
-"Coac... Coac..."
El bosque era aquella mañana un serpentear de senderos y de pensamientos de personas perdidas. El rey Clodoveo pensaba: "¡Oh, ciudad inalcanzable! Me enseñaste a caminar por tus caminos rectos y luminosos y, ¿de qué me sirve eso? Ahora debo abrirme paso por senderos serpenteantes y enmarañados y me
he perdido..."
Y los pensamientos de Curvaldo eran éstos: "Más tortuoso el camino, más conviene a nuestros planes. Todo consiste en encontrar el punto en el cual las curvas, a fuerza de curvarse, coinciden con los caminos rectos. Entre todo el nudo de senderos que se enredan en el bosque, éste es el nudo del cual no encuentro el cabo".
En cambio Verbena pensaba: "¡Huir, huir! ¿Pero, por qué mientras más me interno en el bosque más me parece estar prisionera? La ciudad de piedra escuadrada y el bosque enmarañado siempre me parecieron enemigos y separados, sin comunicación posible. Pero ahora que he encontrado el pasaje
me parece que se transforman en una sola cosa. Querría que la savia del bosque atravesase la ciudad y llevase la vida entre sus piedras, querría que en el medio del bosque se pudiese ir y venir y encontrarse y estar juntos como en una ciudad..."
Los pensamientos de Arándano eran como en un sueño: "Querría llevar a la ciudad las frutillas del bosque, pero no en un cesto: querría que las mismas frutillas se movieran, como un ejército bajo mi mando, que marchasen sobre sus propias raíces hasta las puertas de la ciudad. Querría que los ramos
cargados de moras se encaramaran por los muros, querría que el romero y la salvia y la albahaca y la menta invadiesen las calles y las plazas. Aquí en el bosque la vegetación sofoca de tan densa, mientras que la ciudad permanece cerrada e inalcanzable como una árida urna de piedra".
Curvaldo aguzó el oído.
-Oigo pasos como de un ejército en marcha.
Ferdibunda aguzó la vista.
-¡Cielos! ¡Es mi marido, el rey, a la cabeza de sus tropas! ¡Escondámonos!
El escudero Amalberto había percibido algo raro.
-Majestad, siento que alguien se esconde entre los árboles y espía nuestros pasos.
Y el rey Clodoveo:
-Estamos en guardia.
Súbitamente Arándano fue interrumpido en sus ensoñaciones.
-¡Oh! ¡Qué veo! -se le había aparecido la muchacha que había visto una vez en el balcón. La llamó:
-¡Eh, muchacha!
Verbena se volvió.
-¿Quién me llama?
-Yo, Arándamo. Llevaba los frutos del bosque a la ciudad, pero me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac.
-Yo soy Verbena. Vengo de la ciudad, o más bien me escapo de ella y también me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac... Ah, pero tú eres aquel joven que un día me regaló un ramo de madreselvas y me parecía que era el bosque mismo que llegaba hasta mí para darme un mensaje... Escucha, ¿sabes
decirme dónde estamos? Había descendido por las raíces y ahora me encuentro como suspendida.
-No lo sé. Me había trepado por las ramas y ahora me encuentro como engullido en un laberinto...
Quería decirle, además: "Pero estando tú aquí, Verbena, lo mejor de la ciudad y del bosque están finalmente reunidos" pero le parecía un poco atrevido y no lo dijo.
Verbena quería decirle: "Tu sonrisa, Arándano, me hace pensar que donde tú estás el bosque pierde su aspecto selvático y la ciudad es más árida y despiadada". Pero no sabía si la habría entendido y dijo solamente:
-Pero, ¿cómo haces para estar abajo, si dices que estás sobre las ramas?
En efecto, Verbena veía a Arándano como hundido en un pozo... pero en el fondo de aquel pozo estaba el cielo.
-Y tú, ¿cómo haces para haber llegado tan alto, siempre descendiendo, mientras que yo no he hecho otra cosa que subir?
Arándano se puso a reflexionar, y agregó después:
-Pensándolo bien la solución no puede ser más que una.
-¿Cuál?
-Este bosque tiene las raíces arriba y las ramas abajo.
Y Verbena y Arándano comenzaron juntos a dar vueltas y contra-vueltas entre las ramas.
-Este es el arriba y aquél es el abajo... No, éste es el abajo y aquél es el arriba...
-Tienes razón -admitió Verbena-. Pero yo he descubierto otro secreto.
-Dímelo.
-¿Ves este árbol todo retorcido? Si giras alrededor de él en este sentido verás el bosque al revés, si giras en sentido contrario, el arriba y el abajo se trastornarán de nuevo.
Los dos jóvenes hablaban, hablaban, comunicándose sus descubrimientos, y no se daban cuenta de ser espiados por los ojos gélidos de la reina madrastra.
Ferdibunda fue rápidamente a advertirle a Curvaldo.
-La princesita ha escapado de la ciudad. Hay que impedirle que descubra nuestra conjura y que vaya al encuentro de su padre para advertirlo. Aquel joven guardabosque debe ser su cómplice. Debemos capturarlos.
Curvaldo mostró los dientes en una sonrisa que no prometía nada bueno.
-A ella la sepultaremos bajo las raíces. A él lo colgaremos de la rama más alta.
La reina estuvo inmediatamente de acuerdo.
-Mientras tanto yo me presentaré al rey para intentar detenerlo un poco.
Súbitamente Ferdibunda corrió al encuentro de Clodoveo.
-¡Mi real consorte, bienvenido!
-¿A quién veo? -exclamó el rey-. ¿Mi mujer, la reina Ferdibunda? ¿Qué haces aquí?
-¿Y adónde querrías que estuviese sino aquí, esperándote? ¿No es éste quizás nuestro palacio?
-¿Nuestro palacio? No veo más que un bosque todo espinas de las que no logro desenredarme... ¿Acaso tengo alucinaciones?
Y se dirigió al escudero para confirmar sus impresiones. El viejo Amalberto extendió los brazos y dobló hacia afuera el labio inferior, como alguien que no comprende nada.
-¿Cómo? -insistía Ferdibunda-. ¿No ves los pórticos, los escalones, los salones, los lampadarios, los cortinajes, los tapices, los terciopelos, los damasquinados, tu trono con almohadón de plumas sobre el que reposarás de las fatigas de la guerra?
El rey meneaba la cabeza.
-Yo no toco más que corteza húmeda, matas, musgo, palos... ¿Habré perdido la razón? Pero si este es el palacio, ¿dónde está mi hija Verbena?
-Ay de mí -dijo la reina- debo darte una noticia muy triste... Verbena...
-¿Qué dices? ¿Verbena...?
-Al pie de uno de estos árboles encontrarás su tumba. Busca entre las raíces.
- ¡No! ¡No puede ser! ¡Verbena! ¿Dónde estás? -y el rey se puso a buscarla, desesperado.
-¡Padre mío... estoy aquí! -gritó Verbena apareciendo en el extremo de una rama alta-. ¡Finalmente te he encontrado!
-¡Hija mía! ¡Entonces no estás muerta!... ¿Dónde estoy, dónde estamos?
-No hay tiempo que perder -le explicó Verbena- hay un pasaje secreto a través del cual las ramas más altas del bosque comunican con las raíces de la morera que crece en nuestro patio, bien al centro de la ciudad. ¡Sube!
¡Rápido! ¡Te salvarás de la conjura de la madrastra traidora y recuperarás el trono!
Y el rey, siguiendo a su hija, después de algunas vueltas hacia arriba y hacia abajo, desapareció detrás de ella en lo alto de las ramas, seguido de sus soldados.
Curvaldo, cuando vio al rey y su ejército treparse sobre los árboles, se quedó sorprendido; después se refregó las manos de alegría.
-¡Bien, se metieron en la trampa ellos mismos! Ahora no tienen más vía de escape! -y súbitamente se puso a dar órdenes a sus secuaces-. ¡Rodeen los árboles! ¡Los atraparemos como gatos! ¡O abatiremos los árboles para hacerlos caer! Pero ¿qué sucede?
Sobre las ramas no había ninguno. El rey y los soldados habían desaparecido todos, como si hubieran volado.
Curvaldo sintió que le tiraban de la manga. Era Arándano.
-¡Señor ministro, puedo enseñarle un pasaje secreto para llegar a la ciudad!
Para Curvaldo fue como si hubiese visto un fantasma.
-¿Qué haces tú aquí? ¿No te había colgado de la rama más alta?
-La rama más alta era en realidad la raíz más baja. Y un pájaro me liberó de las cuerdas a golpes de pico.
-No entiendo más nada. ¿Dónde está ese pasaje secreto? ¡Debo ocupar la ciudad lo más rápidamente posible, antes que el rey...! ¡Fieles míos, síganme! ¡Y tú también, reina!
Y Arándano:
-Sigan las raíces hasta el final, donde más se adelgazan...
Creyendo seguir una raíz hasta sus extremos, Curvaldo y Ferdibunda se encontraron sobre la punta de una rama.
-Pero esto no es un pasaje subterráneo... Estamos en el vacío... ¡La rama cede, me caigo, ayúdenme!
Cayéndose, tuvieron tiempo de ver el pájaro que revoloteaba en torno.
-Coac... Coac...
Mientras tanto, en la sala del palacio, el rey Clodoveo festejaba su propio retorno al trono.
-Hija mía, tú y este bravo joven me han salvado.
Pero Arándano tenía un semblante triste.
-No sabía que eras la hija del rey. ¡Ahora deberé dejarte!
-Padre mío -dijo Verbena al rey- ¿quieres que el encantamiento que aprisiona la ciudad y el bosque termine?
-Claro: estoy viejo y he sufrido mucho.
-Arándano y yo queremos casarnos y unir ciudad y bosque en un solo reino.
-La corona me pesa -dijo el rey- y estaba pensando precisamente en abdicar. Verbena dio un salto de alegría.
-¡De ahora en adelante la ciudad y el bosque no serán más enemigos! Arándano saltó todavía mas alto.
-¡Pongamos banderas y festones por la gran fiesta sobre todas las ramas!
-¡Pero si ésta es una raíz!
-¡Es una rama!
-¡Es una raíz!
-¡Es una rama...!


*Fuente:Ciudad Seva.
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/bosque.htm







*


Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067




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