ES UNA ILUSIÓN NECESARIA.
HONRAR LA VIDA*
En el noroeste de Mongolia todo el mundo se muere, pero las personas no mueren. Se lo dice el papá a Nansa, una niñita de ojos rasgados en un redondo rostro de manzana.
El budismo los provee de un inagotable círculo de vidas que el alma recorre pasando de un arbusto a un camello, de un camello a un buitre, saltando de ser a ser, hermanando plantas, animales y seres humanos en un hálito eterno que se manifiesta multiforme y vital. La muerte no tiene más relevancia que el cruce de un umbral. No angustia ni aterroriza. Los niños sólo sienten la curiosidad de quien se pregunta qué vestido usará mañana, qué abrigo le tocará en el invierno próximo.
Pero no todas las vidas son iguales. Las personas poseemos una fineza de percepción, la capacidad de razonar y sentir con mayor agudeza que un yak o una cabra. Esos atributos son invalorables. Podemos, también, mirar las estrellas, contar historias, acariciar un perro dormido. Somos capaces de amar.
Volver a pisar el mundo como un ser humano es un privilegio.
Una anciana recibe en su yurta a la niña que se ha mojado en la lluvia. Toma un cazo con arroz, una aguja larga, y con la aguja en una mano derrama sobre ella puñados de arroz que caen como lluvia blanca. Le pide a la niñita que le avise cuando un grano caiga sobre la punta de la aguja. Puñado tras puñado, la atenta mirada no logra encontrar que el milagro acontezca.
La pequeña mujer arrugada y sonriente le cuenta a la niña que en el mundo existen infinidad de seres, y que la posibilidad de reencarnarse en una persona es tan remota como la de que un grano de arroz caiga en la punta de la aguja. Así de esquivo es el milagro, así de difícil es ser un ser humano, y es por eso que cada vida humana es inapreciable.
Ha de celebrarse, entonces, la vida humana. Y respetarla con la devoción con la que se preserva un frágil fuego en medio de la noche.
Lo dicen los mongoles, allá por donde China y Rusia se confunden. Nos lo cuenta la directora Byambasuren Davaa, que quiso que su pueblo narre a través de sus filmes esa forma de vivir, sentir y explicar el universo.
Ellos, los mongoles budistas que creen en un eterno pasaje de vidas, reverencian la maravilla de ser una persona y de tener la suerte de pertenecer por unos años al género humano. Nosotros, que no prestamos fe a historias de reencarnaciones, que creemos que esta vida es única, despreciamos a nuestros semejantes y no honramos el maravilloso don de la humanidad que se nos ha concedido y reside en nosotros. Mancillamos el milagro, desperdiciamos la esquiva oportunidad de ejercitar los dones que nos fueron hechos. Si podemos amar, si podemos mirar la luna, si podemos narrar historias; entonces es nuestro deber hacerlo y por tanto, como lo cantó Eladia Blázquez, honrar la vida.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica(arroba)hotmail.com
Es una ilusión necesaria
Los dulces recuerdos de una Navidad*
*Por Beatriz Sarlo bsarlo@viva.clarin.com.ar
Cuando tenía diez años pasó todo diciembre y la mitad de enero en la gran sala de niños de un hospital de la ciudad de Buenos Aires. Un camión con acoplado le había aplastado un pie. Su cama estaba cubierta de juegos de tablero, de libros y de las pocas revistas de historietas que la monjita que
cuidaba la sala consideraba que eran lecturas adecuadas para su sexo, su edad y su formación moral. El Tony (la clásica revista de historietas de esa época) estaba terminantemente prohibido, y la intervención de cada uno de los miembros de la familia, que se consideraban superiores intelectualmente
a la monjita, no pudo superar la interdicción. El padre, que solía leerle cuentos, también recibió la orden de suspender ese entretenimiento que conspiraba contra la bienaventuranza de su infantil almita. De todos modos, la monjita no le caía antipática porque compensaba con destreza organizativa sus interdicciones. Por supuesto, el rosario que se rezaba a la seis de la tarde no divertía a ninguno de los internados, pero la disciplina tampoco era de hierro y se podía practicar cualquier otra actividad lícita mientras no fuera muy ruidosa.
Las camas de la sala general estaban bastante separadas, de modo que él no tenía la alternativa de invitar a sus vecinos de un lado y otro a que participaran de sus acotadas distracciones. Su cama, donde una gran armazón de alambre le inmovilizaba la pierna derecha, flotaba en el medio de la sala, como un barco que lleva a un pasajero de primera enfermo y es atendido por una tripulación solícita.
Alrededor del 20 de diciembre comenzó una especie de show continuado de entretenimientos infantiles: los magos sucedían a los payasos, y luego venían los títeres, las pequeñas compañías teatrales, los malabaristas. A cada número le seguía una merienda especial. El no podía probarla porque
acababa de salir de una gangrena con fiebre de cuarenta grados y lo tenían a pan y agua. Pero la mayoría de los demás chicos y de sus familiares recibían porciones de turrón, o (lo que a él le pareció de un refinamiento exquisito) pequeños pandulces, miniaturas de confitería. Se sabe la devoción que los
chicos sienten por los objetos que no responden a su tamaño habitual; por otra parte, esos pandulces en miniatura eran una novedad en aquel Buenos Aires donde todavía no se habían generalizado las innovaciones culinarias.
Algún despistado amigo de la familia cayó en esos días navideños con una caja de marrón glacé (que también en esa década sencilla era considerado el caviar de todos los bombones). Técnicamente él hubiera podido comer alguno, ya que se trataba de una pasta de frutas azucarada, pero alguien se la
arrancó de las manos considerando, con mejor criterio que el visitante, que era un regalo más apropiado para su madre que para una criatura de gustos sencillos y elementales que deliraba con los pandulces o imaginaba un retorno a casa en medio de un asado con innumerables sándwiches de chorizo y botellitas de Coca.
Otro día de esa semana de jolgorio hospitalario, un peluquero del barrio fue a cortarle el pelo. Lo tusó, sin que él ofreciera mayor resistencia ya que estaba harto de que lo peinaran manteniéndole la espalda erguida por la acumulación de almohadas, mientras le mojaban la cabeza y decían: "Este chico va a ser muy rebelde siempre; mirá la cantidad de remolinos que tiene". Finalmente, para el 24, le trajeron un pijama nuevo, celeste, de manga corta y con un bolsillo sobre el lado izquierdo. Se pensó que así
quedaba presentable para la Navidad. No recuerda cómo transcurrió la noche del 24; supone que, como siempre, las luces se apagaron a las ocho y se durmieron todos, salvo los chicos que estaban más enfermos o sentían esos dolores que los obligaban a gritar de madrugada. Sobre todo el quemadito de
la última cama, contra la pared. Pero a eso, chicos y grandes estaban acostumbrados.
Recuerda, en cambio, el despertar del 25 de diciembre. En cada mesita de luz había una bolsa enviada por el gobierno, con una caja de soldaditos de plomo (muy lindos), un balero, y un librito donde se hablaba del Hada Buena (Eva Perón), que quería mucho a los niños. A ningún chico se le hubiera ocurrido
dudar de ese mensaje, si llegaba a leerlo, ya que ese amor quedaba probado por la existencia palpable de la bolsa con juguetes. Su familia, la de quien recuerda esa Navidad, también le había traído un regalo que competía con la bolsa igualitaria. Era el juego de tablero más codiciado de la época. Su
nombre, que parecía un desafío al gobierno que repartía los juguetes y había enviado los payasos y los magos, era El Estanciero.
Aprendió a jugar durante los días que siguieron. El estanciero no era sencillo para un chico de diez años, pero la familia lo había elegido porque practicaba con él, incluso cuando estaba internado en un hospital. Era una especie de experimento pedagógico prolongado del que los padres y tíos quedaban presos, ya que debieron dedicarse, en los días que van entre la Navidad y el Fin de Año, a explicarle las reglas y las trampas del juego. Me dice que recuerda esa Navidad como una de las más apacibles.
*Fuente: revista Viva - Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-01333498.htm
Domingo, 24 de Diciembre de 2006
CHICA MARIANI, FUNDADORA DE ABUELAS
"No se hace lo necesario para hallar a los chicos"
Con 83 años, Chicha va a dedicar hasta el último día de vida para encontrar a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La Plata en 1976. Estuvo en Rosario para ser homenajeada y dijo estar convencida de que el Estado "no puso ni pone lo necesario para encontrar a los chicos desaparecidos".
*Por Alicia Simeoni
"Estoy convencida de que el Estado no puso ni pone lo necesario para encontrar a los chicos desaparecidos, algo así como lo que sucede con el caso de Jorge Julio López. Se me ocurre pensar que hay mucha gente a la que se le paga un sueldo buscándolo y no tienen logros", dijo a Rosario/12 María
Isabel "Chicha" Chorobik de Mariani, la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo. A los 83 años y después de 30 sin descanso, Chicha Mariani continúa buscando a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La Plata en 1976, cuando tenía 3 meses y de la casa de sus padres, a quienes mataron. El viernes pasado esta Abuela fue declarada visitante distinguida de la ciudad a partir de una iniciativa del edil socialista Juan Rivero. Mariani estuvo en Rosario para asistir a la presentación del libro Chicha, la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, una biografía escrita por Juan Martín Ramos Padilla. "Tengo que seguir buscando antes de quedarme del todo sin vista y ahora me voy a empezar a cuidar. Necesito seguir buscando y luchando por restituir la identidad a mi nieta". Muchos años atrás, en 1977, cuando con Alicia de la Cuadra (otra abuela) fundó la organización, trabajó en equipo con mucha fuerza pero además con "serenidad y planificación" explicó a este diario.
"Era necesario hacerlo así, y hasta 1989 encontramos 59 nietos", un logro que -aún con lo que siguió haciendo la institución- le parece "mínimo". Y señala una y otra vez que el Estado no hizo ni hace lo que debe para restituir la identidad a "esas personas que son ciudadanos privados de su historia y de la verdad".
Mataron a su nuera Diana Teruggi, secuestraron a su nieta de 3 meses el 24 de noviembre de 1976 cuando arrasaron la casa donde vivían en calle 30 entre 55 y 56 en La Plata y 8 meses más tarde asesinaron a su hijo Daniel. Esa misma noche las bandas llegaron hasta su casa, pero ella y su esposo se
habían ido. El matrimonio de Diana y Daniel militaba en la organización Montoneros y tenía una imprenta clandestina en la vivienda que en el 2004 fue declarada patrimonio histórico nacional y su mantenimiento de interés provincial y municipal. Allí se conservan todavía las terribles marcas de
los disparos de Itakas y otras armas y desde 1996 funciona la Asociación Anahí, el nombre de su nieta a la que sigue buscando.
-Se cumplieron 30 años del secuestro de Clara Anahí.
-Sí, yo tengo una larga vida de 83 años dividida en tres partes y uno de esos tercios fue ocupado en la búsqueda de mi nieta. Hace 30 años de su secuestro. Todavía no pude dar con ella, pero buscando a Clara Anahí llegué hasta otra abuela que supe que tenía una nieta desaparecida, Alicia de la
Cuadra. Nos encontramos, decidimos buscar a otras abuelas que integraban otros organismos y formamos Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos que luego fue cambiado por el nombre de Abuelas de Plaza de Mayo, de la que fui presidenta hasta 1989. Me fui por diferencias y unos años después, en el
'95, '96, mis compañeros de trabajo me plantearon que no desperdiciara la experiencia realizada en Abuelas y así fundamos la Asociación Anahí, creada para promover, sostener y defender la vigencia de los derechos humanos, la reconstrucción y preservación de la memoria y la defensa de la niñez y la
adolescencia.
-Usted dice que planificaban las acciones de búsquedas.
-Van 30 años de desesperación, de búsqueda alocada y no alocada, porque lo primero que pensé es que había que buscar con calma y sistemáticamente.
Utilicé mi experiencia como docente y jefa del departamento de estética del Liceo Víctor Mercante de La Plata perteneciente a la universidad. Allí si uno quería trabajar bien debía ser ordenado y concreto porque integraba un plantel de 20 docentes. Esto me sirvió en Abuelas y ahora en la Asociación
Anahí. Armábamos organigramas con lo que había que hacer, programábamos la visita a los jueces de a tres de nosotras para llevarles las demandas. La carpeta con denuncias crecía cada vez más hasta que llegamos a encontrar 59 niños cuando yo renuncié y Abuelas siguió con este trabajo. Entonces me
dediqué a buscar a mi nieta y a otras personas cuya identidad no estaba necesariamente deshecha por la dictadura, sino gente que es abandonada y luego busca saber cual es su origen, quiénes son sus padres. En eso trabajábamos también en la Asociación Anahí desde 1996.
-¿Cómo evalúa los logros en las acciones por el encuentro y la restitución de tantos niños secuestrados?
-Los chicos que están denunciados son muchos, pero hay también otros que no fueron denunciados por distintos motivos. A veces los abuelos viven muy al interior y no han llegado a conectarse. Además también influyeron el miedo, la ideología. Me consta que hay chicos sin denunciar y que los casos
deberían llevarse a Abuelas pero hasta ahora las familias no aceptaron. La cantidad se sigue calculando en 500 pero son más. Cuando me fui habíamos localizado 59 y se siguió. Sin embargo creo que el logro es muy mínimo y que el Estado no puso lo que debía poner para encontrar a estos chicos que son ciudadanos desaparecidos. Hay gente que sigue pensando 'Y bueno, ya crecieron, están por ahí, los quisieron, les dieron de comer'. Pero son personas secuestradas, desaparecidas, con una vida y no hablo del pasado
sino también del presente. A veces pienso que a Julio López también hace 3 meses que lo están buscando y no lo encuentran y me pregunto: `Tanta gente dedicada a buscarlo, a los que se les paga un sueldo, ¿qué hacen?'. También pienso en lo que hicimos y hacen Abuelas, se recorren todos los puntos y
conseguimos algunos logros. Entonces ¿no puede el Estado trabajar con todas sus fuerzas devolviéndoles la vida y la identidad a estas criaturas.
¿Tenemos que hacerlo las viejas que ya nos estamos muriendo?
-Se podrían hacer más cosas para encontrar a los chicos.
-Por supuesto que sí. Sólo que desde el Estado no se ponen a buscarlos y creen que los demás tienen que hacerlo y no ellos, pero es el Estado el que tiene ese deber, se trata de ciudadanos a los que se les robó su identidad y, en el caso de López, de un desaparecido. Esto va también para el actual presidente Néstor Kirchner, tiene que buscar, preguntar. Él es el comandante de las Fuerzas Armadas y si se pone firme y exige que le digan donde están los niños, que los militares saben dónde están, algo se conseguirá. Porque él es su jefe. Eso es lo más elemental que pienso.
-¿Hay nuevos indicios sobre el paradero de su nieta Clara Anahí?
-Este año avancé bastante, fue un período repleto de datos y movimientos, de gente que nunca habló y ahora lo hizo. Treinta años a la espera de algunos testigos que ahora llegaron. Creo que estoy en buen camino pero luchando siempre contra la inutilidad de los miembros de las Fuerzas Armadas y
policiales que van a la Justicia con los viejos y perimidos discursos y están produciendo falsos testimonios. No sé qué les puede costar más adelante. Siguen diciendo que mi nieta murió y está completamente comprobado que fue sacada viva de su casa en La Plata. Yo lo supe siempre pero había
muchas personas que sabían y callaron. Ahora están hablando. ¡Si en algún momento hasta me la quisieron vender!, pero no llegué hasta ella. El diplomático que me ayudaría a salir del país con la nena fue a preguntarle a (Ramón) Camps si era cierto y por supuesto se terminó todo: la entrega, el negocio de ellos y toda mi esperanza.
-¿Qué reflexión tiene en cuanto a la situación de las organizaciones que trabajan en el área de los derechos humanos, la dispersión y las divisiones que existen?
-Desde hace años se produjeron diferencias que son muy lógicas. Eramos personas que trabajábamos juntas, llegadas de distintos lugares y con ideas dispares. Convivimos durante años, todos los días, y surgieron las diferencias y las asperezas. Ocurrió en todos, también en Abuelas y en Madres en la que hay dos líneas. Cuando me fui yo no quise hacer nada porque el respaldo a los niños restituidos debía continuar muy firme en la institución y era muy feo dividir. Pasaron muchos años hasta que después
creamos la Fundación Anahí con objetivos distintos. Mucha gente piensa que somos Abuelas
línea-fundadora pero no es así.
-Y en cuanto a la relación con el Estado y los gobiernos.
-A mi modo de ver los organismos deben estar separados de líneas partidistas. No se puede atar las organizaciones a compromisos partidarios o económicos, sea el que sea. Pero esto no siempre es así. Son 30 años de lucha y trabajo, hay cansancio y cambio de orientaciones en los organismos.
Yo no juzgo a nadie, ni a los que traicionaron a sus compañeros en los campos de concentración, tampoco a los organismos. Pero me gustaría que se hubiesen superado las diferencias porque de lo contrario cada uno va por su propio camino cuando se deben aunar todos los esfuerzos.
-¿Qué le produjo escuchar a Hebe de Bonafini cuando desapareció Julio López y habló de un complot para perjudicar al presidente Néstor Kirchner?
-Admiré mucho a Hebe porque fue muy valiente, estuve muy cerca de ella al principio, después nos separamos para siempre pero nos respetamos mutuamente. No entiendo porqué dijo todas esas cosas. Tampoco comprendo el acercamiento al gobierno, nunca lo hubiera esperado de ella. Puede tener
toda la simpatía o amistad sin tener que jugar en lo público. Pero bueno Hebe es Hebe.
-¿Y sobre la situación integral de la vigencia de los derechos humanos?
-Se habla mucho de los derechos humanos, está todo en un mismo punto. Yo soy crítica respecto de algunas situaciones, como las que se producen alrededor de los planes sociales al estilo del que fue el Trabajar. Esa es una forma de implementar el no trabajo que es sagrado. Uno de los valores que tiene
una persona es su trabajo. Los hijos se van, no son nuestra propiedad. Los padres también, pero el trabajo es el resultado de todo lo que uno pone. Me parece fundamental que la gente tenga trabajo, sepa qué es, gane su dinero y no lo haga con la firma de un papel. Claro que es imprescindible ayudar a la
gente en una situación de miseria como vive pero hay que crear nuevas fuentes fundamentalmente y que aparezca de nuevo la cultura del trabajo.
*fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/9-6743-2006-12-24.html
¿AZUCAR O SACARINA?
Scioli está en campaña y se ven crudas escenas de peronismo explícito*
*Julio Blanck. jblanck@clarin.com
Advertencia para padres y personas sensibles: en las primeras incursiones de Daniel Scioli por la provincia de Buenos Aires ya se ven crudas escenas de peronismo explícito.
Repasemos cinco de ellas:
Alineamiento feroz con el que manda. En cuanto Néstor Kirchner confirmó que Scioli era el elegido para pelear la gobernación, y al mismo tiempo cosechar los votos bonaerenses que él necesita para asegurar la Presidencia para sí o para Cristina (las dos elecciones se harán el mismo día), la media docena de postulantes que florecieron tras la renuncia obligada de Felipe Solá a la reelección se bajaron presurosos del caballo. Algunos lo hicieron con estilo, como el ministro Aníbal Fernández, hombre de hábitos gauchescos y que goza de muy buena opinión presidencial; o el senador José Pampuro, ducho nadador en las aguas del poder. Otros, cuyos nombres por decoro es mejor omitir, desandaron sus ambiciones de manera mucho menos elegante.
Ejercicio instantáneo del poder. Aún sin certificación oficial como candidato, Scioli se reunió esta semana con Solá y empezaron a hablar de la transición. O de cómo trabajar juntos durante los próximos diez meses para terminar bien uno y empezar mejor el otro. Detalle a considerar: Solá está encantado con que Scioli sea su sucesor, porque si el elegido hubiese surgido del peronismo bonaerense, a él le hubiese esperado un calvario de desgaste continuo, al desplazarse el eje de poder. No quiere decir que ahora la vida le sonría a Solá, pero al menos puede sentarse a hablar con alguien que no tiene nada armado en la Provincia y cuya única referencia política es Kirchner.
Defensa a muerte del territorio. Tanto o más rápido que los precandidatos que debieron meter violín en bolsa, detrás de Scioli formaron fila los ásperos intendentes del Gran Buenos Aires. Los mismos que fueron duhaldistas, antes menemistas, hoy kirchneristas y mañana Dios dirá. Esa gente sabe reconocer al primer olfato dónde está el que tiene, o tendrá, la chequera que habilite obras para el municipio, el gran argumento de su permanencia. Esta semana una docena de ellos comió en el quincho de Scioli, a dos cuadras del Abasto. Fue un gesto casi ritual. Nunca serán sus soldados, pero combatirán por él porque así lo ordena el jefe de turno. Por lo pronto, Scioli les masajeó el ego: recordó que en ese mismo lugar habían compartido un asado de agradecimiento, que él les ofreció después de la elección de 2003.
Pelea sin pudores por los cargos. Ya hay cuatro sectores que están tratando de colocar al compañero de fórmula de Scioli. La estructura peronista pretende co ronar a un intendente, alguien del riñón que les garantice influencia directa sobre la futura gestión. Los kirchneristas puros, o sea los que se hicieron kirchneristas antes que los intendentes, piensan en Graciela Ocaña, la jefa del PAMI, una figura "progresista" para compensar el perfil de centroderecha que le endilgan a Scioli. El gobernador Solá quisiera aprovechar su buena estrella y ponerle acompañante al candidato: suena Cristina Alvarez Rodríguez, meritoria diputada co nocida por su parentesco con Eva Perón. Por último, pero con más posibilidades que el resto si se pregunta en la Casa Rosada, están los radicales K, intendentes de distritos importantes que siguen la misma lógica utilitaria de sus colegas peronistas. Se menciona al marplatense Daniel Katz entre esos radicales que, además de tener votos propios, podrían darle a la oferta bonaerense la misma pátina de concertación plural que Kirchner pretende para la fórmula nacional.
Las picardías del candidato. Scioli ya mostró saber qué música debe tocar para consolidar su candidatura. Visita municipios del conurbano sin parar, junto a Solá, los intendentes, ministros y funcionarios. A todos les agradece el apoyo, a todos les dice "yo vengo para sumar", como hacen los futbolistas cuando llegan a un equipo nuevo. Y nunca olvida ratificar su adhesión sin fisuras al Presidente. Habría que reconocerle alguna habilidad a quien entró a la política con Carlos Menem, fue nombrado secretario de Estado por Adolfo Rodríguez Saá, lo proyectó a la vicepresidencia Eduardo Duhalde, y ahora, una noche se acostó porteño y a la mañana se despertó bonaerense para ser la tabla de salvación que buscaba Néstor Kirchner.
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/12/24/z-03501.htm
LOS ESPECIALISTAS DICEN QUE HAY QUE VIVIR LA CEREMONIA COMO UN JUEGO
"Papá Noel es una ilusión necesaria para todos los chicos"*
PERSONAJE. Para los psicólogos, Papa Noel es una figura clave en la niñez.
(Sergio Goya)
*Georgina Elustondo gelustondo@clarin.com
Esta noche, millones de chicos y no tan chicos descontarán las horas hasta desembarcar por fin en la medianoche, cuando Papá Noel corone el día con algún que otro regalo y un rato de magia que emocione hasta a los mayores.
"Santa Claus es la única figura en la que me hubiera gustado creer para siempre", escribió una bisabuela a Clarín. "Brindo para que nos aferremos con el alma a la fantasía de ese abuelo todo corazón". Fue su deseo. Un deseo que los psicólogos comprenden sin ningún pero.
"Ese bueno y gordinflón abuelo es una figura clave. ¿Qué adulto no recuerda aún hoy el día en que la venda se le cayó de los ojos? Ese momento jamás se borra porque rememora el día en que se perdió la inocencia, cuando nos hicimos grandes y terminó la primera infancia", explica la psicoanalista
Stella Maris Gulian, del Centro Dos.
Papá Noel es una ilusión hermosa, una de las dulzuras más lindas de los primeros años. "Es una ceremonia lúdica en la que participa toda la familia.
No es un engaño sino un juego y hay que vivirlo como tal. Y cuando los chicos preguntan dónde vive lo que yo recomiendo es decirles que vive en el país de la fantasía. Esa es la verdad y cuando les caiga la ficha va a ser un poco menos duro. No va estar la palabra de nadie en duda", dice la licenciada Alicia Díaz Farina, de la Asociación de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. "Hasta que no preguntan si existe no hay nada que decir. Cuando lo hacen, ya saben", asegura.
"Papá Noel es una ilusión necesaria para el primer tiempo de la infancia. Y no es un engaño, como no lo son los cuentos que hacen hablar a conejos, dan vida a hadas o muestran la valentía de los super héroes. Ellos tampoco existen, pero los niños creen en ellos porque creen que hay alguien que todo lo puede. ¿O acaso los padres no son para ellos dioses que también pueden hacer lo imposible? Ya llegará el tiempo en que los papás serán más humanos y menos perfectos, conocimientos que nadie transita sin dolor", dice Gulian.
Las preguntas empiezan desde temprano, iniciando un proceso que terminará más tarde en eso que llaman enterarse de la verdad. "¿De dónde saca la plata? ¿Cómo sabe si me porté bien o mal? ¿De dónde viene? La cuenta deja de cerrar y la duda empieza a hacer su trabajo, hasta que llega la deducción:
¿Cómo puede entrar por el balcón si tenemos rejas? Papá Noel no puede volar, nadie puede volar... La conclusión suele quedar un tiempo en suspenso, y cuando llega alguien a afirmar lo que no se animan a afirmar por sí mismos recurren a los padres para certificar si es o no así", sigue la especialista.
Más tarde o más temprano, la razón empieza a desencantar el mundo. Los velos de la inocencia caen, la infancia se despide. Pero, dice Gulian, ¿para qué apresurar los tiempos?".
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-04305.htm
Juguetes*
El primer regalo del que tengo memoria debe haber sido aquel camión de madera que mi padre me hizo para un cumpleaños. No me gustó y no lo usé nunca quizá porque lo había hecho él y no se parecía a los de lata pintada que vendían en los negocios. Muchos años después lo encontré en casa de uno de mis primos que se lo había dado a su hijo. Era un Chevrolet 47 verde, con volquete, ruedas de retamo y el capó que se abría. Las ruedas y los ejes seguían en su lugar y las diminutas bisagras de las puertas estaban oxidadas pero todavía funcionaban. Mi padre se daba maña para hacer de todo sin ganar un peso. En San Luis construyó una casa en un baldío de horizonte dudoso, cubierto de yuyos y algarrobales. El gobierno de Perón le había dado un crédito para vivienda y él se sentía vagamente humillado por haberlo merecido. Nunca supe cómo hacía para ocultar su condición de antiperonista virulento, de yrigoyenista nostálgico en los tiempos del Plan Quinquenal. En cambio yo me criaba en aquel clima de Nueva Argentina en la que los únicos privilegiados éramos los niños, sobre todo los que llevábamos el luto por Evita. En el día de Reyes, que para colmo es el de mi cumpleaños, el correo regalaba juguetes a los chicos que fueran a buscarlos. Muñecas, trompos, una pelota de goma, cosas de nada que los pibes mostraban a la tarde en la vereda. Por más peronistas que fuéramos, a los hijos de los "contreras" se nos notaba la bronca y el orgullo de ser diferentes. A mi padre no le gustaba que yo hiciera cola en el correo para recibir algo que él no podía comprarme. Por eso me hizo aquel camión con sus propias manos, para mostrarme que mi viejo era él y no el lejano dictador que nos embelesaba por radio y aparecía en las tapas de todas las revistas. Pero a mí el camión no me gustaba y a escondidas le escribí una carta al mismísimo general. No recuerdo bien: creo que en el sobre puse "Excelentísimo General Don Juan Domingo Perón, Buenos Aires". En casa siempre había estampillas coloradas con la cara de San Martín así que despaché la carta y enseguida me olvidé. Para remediar su fracaso con el camión, mi padre me compró un barquito verde y blanco que no funcionó nunca pero del que me acuerdo siempre. Como no tenía hermanos, nadie me lo disputaba y pasaba horas haciéndolo navegar. Me acomodaba bajo la copa de un árbol para protegerme del terrible sol puntano y allí imaginaba aventuras tan buenas como las que traían El Tony, Fantasía y Rayo Rojo. No sé, creo que unas veces yo era Tarzán y otras el Corsario Negro conduciendo, intrépido, a sus sesenta valientes.
El tiempo parecía interminable entonces. Ser mayor era tener diecisiete años y ésa era la edad de mis héroes en el momento de combatir o de amar. Y allí íbamos, Tarzán, el Corsario, Kit Carson y yo, en busca de una rubia suave y maternal que se esfumaba en las sombras de nuestra noche imaginaria. No sé quién era; tal vez Lana Turner, Evita, o la radiante esposa del bicicletero de la esquina. Creo que hacíamos con ella algo inconfesable y delicioso, mecidos por la brisa de la tarde o azotados por el torbellino del viento chorrillero. Entre tanto, mi padre ocultaba el pasto que habíamos puesto para que comieran los camellos de los Reyes Magos. Recuerdo que lo seguí a hurtadillas aquella noche en que me regaló el camión y lo vi arrojar el pasto por encima de la tapia.
Era un tipo de voz temible, mi padre; de gestos dulces y reflexiones amargas. Nada de lo que a él le gustaba me interesaba a mí. Amaba las matemáticas y leía gruesos libros llenos de ecuaciones y extraños dibujos. Me hablaba del Congreso y sus facultades cuando para mí sólo contaba el general. Me daba pena verlo soñar con una máquina de fotos, una Leica que nunca podría pagar. A medida que crecíamos y nos enterábamos por el cine, el Corsario, Tarzán, Kit Carson y yo distinguíamos por la trompa un Chevrolet 37 de uno del 35, un Ford A del 30 de otro del 31.
Una mañana se detuvo frente a casa un Buick con tres hombres de sombrero. lo buscaban a mi padre y él salió presuroso, con el pucho entre los labios. Llevaba el único traje que tenía para ir a la oficina y sólo Dios sabe cómo hacía mi madre para tenérselo siempre listo. La imagen de mi padre (alto, pelo blanco, idéntico a las fotos de Dashiell Hammett) me es indisociable del cigarrillo en los labios. Lo dejaba consumirse ahí, y se estaba horas mirando un libro de logaritmos, acompañado por una voluta de humo que flotaba hacia la lámpara. El Buick arrancó y yo supe enseguida que era un modelo 39. Para el Corsario y Kit Carson era del 38, pero yo estaba seguro porque tenía la parrilla más ancha y atrás la carrocería bajaba en picada disimulando el baúl. Mi madre se quedó en silencio y cuando se ponía así era mejor mantenerse a distancia. No sé por qué, yo me olía plata, la plata que faltaba, la que permitiría que mi padre se comprara la Leica y mi madre cambiara los zapatos. Plata para que me compraran Puño fuerte y el tony todas las semanas. Tal vez el Misterix, que era carísimo. "una fragata", solía decir mi padre, "¡quién tuviera una fragata!". La fragata era el imposible billete de mil y mi padre había imaginado todas las maneras de gastarlo. Ninguna incluía revistas de historietas ni matinés con Dick Tracy y la habitación donde él soñaba se llenaba de voltímetros, catalizadores de células fotoeléctricas y otras cosas tan inservibles como ésas.
Pero tampoco esa vez fue plata. Cuando volvió, a mediodía, mi padre estaba pálido pero sonriente. No se decidía entre el orgullo y la bronca. La ceniza del cigarrillo le caía sobre el banderín azul y blanco que apretujaba con los dedos humedecidos.
- Me dio la mano -le dijo a mi madre y me miró de reojo-. Me dio la mano y me dijo: "Cómo le va, Soriano".
-¿Y cómo te conoció?- preguntó mi madre, asustada.
-No sé. Me conoció el desgraciado.
En los días de más furia solía llamarlo "degenerado mental", pero aquel mediodía estaba demasiado impresionado porque el general, que iba a Mendoza en tren, se había detenido en la estación de San Luis para saludar a todos los funcionarios por su nombre. Uno por uno, hasta llegar al sobrestante de Obras Sanitarias José Vicente Soriano, responsable de las aguas que consumía la población de San Luis.
Después de aquel apretón de manos, mi padre fingió odiarlo todavía más y por las noches, a la hora de la cena, bajaba la voz como un filibustero listo para el abordaje: "¡No me voy a morir sin verlo caer!", decía, y yo me estremecía de miedo a verlo caer. Corría entonces a mirarlo sonreír en las figuritas, entre grillo, Pescia, Fanny Navarro y Benavídez y me parecía invencible. Por las tardes, mientras preparaba el barco, veía pasar a la rubia mujer del bicicletero y el mundo de Tarzán, Kit Carson y el Corsario Negro volvía a su orden natural e inmutable. No sé por qué cuento esto. Me vienen a la memoria un arco y una flecha. Una espada de madera, un autito de carrera y el camión que tanto desprecié. También me acuerdo de la imponente llegada de un camión amarillo. Por fortuna mi padre no estaba en casa. Tocaron el timbre y salió mi madre:
-Presidencia de la Nación- dijo un tipo de uniforme. Y bajaron una inmensa caja en la que decía "Perón cumple, Evita dignifica". Mi madre intuía, azorada, la traición del hijo. "Ya vas a ver cuando llegue tu padre", gruñia mientras yo contaba las diez camisetas blancas con vivos rojos y una amarilla para el arquero. También había una pelota con cierre de tiento y una carta del general. "Que lo disfrutes", decía. Y también: "Pónganle el nombre de Evita al cuadro".
Mi padre quería tirar la carta al fuego. Iba a pasar algún tiempo antes de que Perón cayera y muchos años más hasta que pudiera darse el gran gusto de su vida. Yo ya era grande, vivía en la Avenida de Mayo y él se había venido a Buenos Aires a buscar otro trabajo. Cuando pasó a buscarme traía la leica envuelta en sedas y con un manual en tres idiomas. Fuimos a un bar y rebosante de orgullo me mostró su juguete. De verdad era precioso. lentes suizos, disparador automático, qué sé yo. Le pregunté si era muy cara y me contestó con un gesto de desdén. "Vos pagame los cigarrillos", dijo.
A los dos o tres meses fui a visitarlo a una ruinosa pensión de Morón y lo encontré nervioso y esquivo. "¿Dónde está la Leica?", le pregunté como al descuido y enseguida me di cuenta de que íbamos a pasar un rato en silencio. Le di un paquete de cigarrillos y cuando se puso uno entre los labios, murmuró: "Se la llevaron ayer, los degenerados.... No alcancé a pagar la cuota, ¿sabés?".
Nos dimos un abrazo y nos pusimos a llorar. Mi padre por la Leica y yo por el camión aquel.
*de Osvaldo Soriano.
-"Cuentos de los años felices" Editorial Sudamericana, edición de 1994.
Posdata:
Un abrazo fuerte a los socios y amigos colaboradores de Inventiva Social.
¡Felicidad y dicha al porvenir!
*Eduardo Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
Correo:
A quien corresponda*
El poder criticar libremente es un derecho que hemos logrado luego de muchos años de mordaza obligatoria, en la que elegían por nosotros. Debimos sufrir dos guerras: una interna y otra externa y al fin comenzar ese camino largo y lleno de dificultades que fue la democracia. En todo lo que nos pasó fuimos también culpables por ignorancia, indiferencia o síndrome de la oveja.
Fuimos engañados con el cuento de las bonanzas de la globalización para poder entrar al Primer Mundo y así nos fue. Tocamos fondo, reinventamos una nueva esperanza y debimos plantar rabanitos hasta en los balcones. Recordé todo lo vivido en los últimos treinta años, cuando leí las quejas de un joven sobre lo que el cree una actual dictadura y de sus supuestos secuaces.
La democracia no es perfecta, pero es lo mejor que hemos conocido. Creo que criticar por criticar no es edificante. Hay mejoras que no se pueden ignorar aunque se que falta mucho para recuperar lo perdido. Los jóvenes son impacientes, lo se, que porque también lo fui, pero luego de los años vividos, he aprendido que los cambios tardan. Hay que presentar ideas mejores, participar en grupos con gente que uno sepa íntegra, honesta y unirse para lograr fuerza en los comicios. Pero si los contrarios ganan, hay que actuar como minoría útil y controladora, hasta las próximas elecciones. Así funciona la democracia.
*de Mirta Alicia Gisondi. mirtagisondi@hotmail.com
*
Queridas amigas, queridos amigos:
Agradecemos la colaboración brindada en el 2006 a nuestros diversos proyectos culturales, ¡les deseamos unas felices fiestas de fin de año y un venturoso año 2007!
Los domingos 24 y 31 de diciembre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán, música de diversos compositores latinoamericanos y textos de diversos poetas latinoamericanos en sendos programas especiales de navidad y de despedida del viejo año y bienvenida al que comienza. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
Ejercicios de escritura:
1. La agenda del año*
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes, consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
2. Collage de frases.
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida posible una serie de frases:
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los demás.
Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin de año.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.
*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura
¿ Otras preguntas o consultas? escribi a inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
EL DESTINO ES INSONDABLE
El destino es insondable.
HECHIZOS NOCTURNOS*
Los brazos de la noche
me abrazan con fuerza
y tiembla mi alma
en el oscuro silencio.
Mis pupilas se encienden
con la luz de la luna
y en mis oídos suenan
los suspiros del viento.
Una lluvia de estrellas
se derrama en el aire
y los besos de la magia
se posan sobre mis labios.
El misterio se oculta
entre las frías sombras
y gimen los secretos
en sus escondites lejanos.
El perfume del amor
llega hasta las nubes
y asoman los sueños
en el cielo nocturno.
*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@yahoo.com.ar
Laberinto interminable*
(Del ejercicio de escritura collage de frases)
Son las siete de la tarde y la gente que está saliendo de sus trabajos se va apiñando en las esquinas esperando los colectivos.
Ángela aprieta la cartera contra su pecho, como esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo, y ocupa su lugar en la fila de la parada. Deberán pasar varios hasta que pueda subir a uno. Da su destino y coloca las monedas en la maquina que le entregará el boleto. Está cansada, agobiada, el mundo para ella era un gran tedio y mira a su alrededor intentando descubrir alguien que desocupe un asiento.
Cuando ya se resigna a viajar parada, junto a ella queda uno libre, en el que prácticamente se zambulle. Una vez sentada, con timidez observa a su alrededor por si alguien la está mirando, imbuida en esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas. Mas es sólo su idea, cada uno está en sus cosas, indiferente a lo que pasa fuera de su propia persona…
Ángela respira aliviada, se acomoda preparándose para el largo viaje a su casa. Lentamente se va adormilando, hasta que una frenada brusca la despierta. Siente la soledad. Nadie queda en el colectivo, sólo ella y el chofer que maneja imperturbable, hasta llegar a la terminal, en donde estaciona el colectivo. En ese momento él advierte a la única pasajera que baja presurosa del vehículo. Esta muy oscuro, no hay luna y pese a que es el trayecto de todos los días, Ángela desconoce el lugar. Está asustada, por que no ve a aquellos con los que se cruza habitualmente. Es más, no hay nadie, la soledad es absoluta Camina una cuadra y dobla en la primera esquina. La calle por la que caminó tantas veces le resulta desconocida. Las casas parecen iguales y en algunos portales intuye que alguna persona está agazapada. Intenta preguntar, pero no le contestan, indiferentes o como si fuese invisible. Empieza a desesperarse; piensa que se equivocó de colectivo y por eso en la siguiente esquina vuelve a doblar. Un grupo de personas la mira y, sin responderle, comienzan a reír. Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, pero no fue suficiente para tranquilizarla. Evita cruzar la calle por que teme perderse. Entonces dobla nuevamente en la siguiente esquina, pero descubre que las casas siguen siendo iguales, como si hubiese caminado por la misma cuadra o hubiese llegado al mismo lugar de antes. El miedo se va convirtiendo en terror. Intenta sobreponerse por que sabe que pese a todo tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad. Abre una puerta en busca de ayuda, aunque sólo encuentra un largo pasillo apenas iluminado, que recorre raudamente desembocando en la calle opuesta. La transpiración moja su rostro, y el pelo del flequillo, se le pega en la frente. Un nudo en la garganta le impide gritar y se le cruzó por la mente esa pregunta que se hizo tantas veces: -¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas? Nunca pudo contestarla, porque sabía que vivir era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin. Empieza a correr y entra nuevamente por otra puerta, terminando inexorablemente en el lado contrario. Pareciera que varios laberintos atraviesan toda la manzana en rectas y diagonales impidiéndole que pueda salir de ese encierro cuadrangular. Ya no sabe cuánto tiempo lleva buscando un lugar conocido que le indique que no está perdida. Comprende sí, que estuvo corriendo por la superficie que limitan las mismas cuatro cuadras, hasta que los primeros rayos de sol, que se cuelan por la pequeñísima ventana, le muestran el verdadero camino y despierta aliviada. Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece porque despierta entre las cuatro paredes de su celda.
*de Mirta Alicia Gisondi mirtagisondi@hotmail.com
La agenda del año:
- Comenzamos a arreglar mi casa desde el verano pasado, como parte de un proyecto en común con mi mujer; la manera concreta de asentar un hogar.
- Padecimos todas las alternativas de crecimiento y amargura que significa realizar una obra de construcción, peleas con albañiles incluídas.
- Incrementé mi trabajo profesional a lo largo de todo el año, y fuí dejando de lado ciertos espacios laborales que ya no me brindaban satisfacción.
- Me casé, en octubre, con toda la felicidad que eso implica.
- Dejé, a raíz de todo eso, de participar para Inventren, mi taller literario personal; es una de las malas noticias del año.
Como verás, tuve tanto trajín personal durante 2006, que las referencias a la actualidad social me son ajenas, como a Borges. Lo que sigo sosteniendo es que la dictadura a la que nos someten K y su oprobiosa corte (no muy distinta a la del califa riojano) cada día que pasa me asquea más. Y una sugerencia: dejá de bajar notas del pasquin del gobierno, Página/12.
Un abrazo
* ALBERTO DI MATTEO. licaldima@yahoo.com.ar
Reyes magos*
Las fiestas de fin de año siempre las pasamos en casa de mi hermana, en Salto. Nos reunimos todos, abuela, hijos y nietos. Después de cenar, después de la sobremesa, acostumbro sentarme afuera, solo, en un banco de madera, en el jardincito del frente de la casa que da a la calle. Me llevo una botella y me quedo horas. Me gusta escuchar cómo los rumores del pueblo se van aquietando y luego abandonarme al silencio y mirar el cielo estrellado sobre los oscuros árboles quietos.
Desde el banco donde estoy sentado, si dejo la puerta abierta, puedo ver en el living el pesebre que mi hermana arma cada año. Pequeño, ocupa poco espacio en un rincón. El pesebre: proyección de un hábito que nos viene desde la niñez. Y tiene sabor a eso, a niñez. El detalle curioso es que las estatuillas de yeso son precisamente las mismas de nuestra niñez. Esas estatuillas viajaron con nosotros en el barco que nos trajo a América. Es increíble que se hayan conservado tantos años. Esto es mérito de mi hermana. Pasadas las fiestas, las envuelve con cuidado y las guarda en una caja, bien protegidas, hasta la Navidad siguiente. Por lo tanto ahí están, las mismas de entonces, el pastor con sus ovejas, el pescador con la caña al hombro, el montañés que toca la zampoña, la mujer que lleva un ganso en los brazos, el leñador con su hacha y la carga de ramas. Y por supuesto el niño, María y José. Y los tres Reyes Magos.
Cuando yo era chico las figuras que me interesaban y me atraían no eran ni el niño ni María ni José. Estas no me transmitían nada. No les veía nada especial. Sentía que eran gente como uno. Como mi padre, mi madre, como cualquier recién nacido. En cambio los Reyes Magos me deslumbraban, me inquietaban. Esos sí que eran personajes misteriosos, tenían luz propia, trascendían su diminuta estatura de yeso, venían de lejos, de países desconocidos, de Oriente, los guiaba una estrella, traían regalos preciosos, mirra, incienso, oro. Un vago eco de ese misterio todavía resuena en mí cuando me detengo un segundo a mirarlos en el pequeño pesebre del rincón del living.
También este año fui a sentarme en el banco del jardincito del frente y dejé que el tiempo pasara y me perdí en divagaciones que me llevaron lejos. Tal vez estuviese próximo el amanecer porque se insinuaba una vaga claridad en el horizonte cuando los vi aparecer. Los tres Reyes Magos. En el cielo. Venían desde la derecha, altos por encima de las casas. Iban uno detrás de otro, en fila india, ni muy cerca ni muy distanciados, encorvados, lentos, como si arrastraran un gran peso. Y su ropaje no era el que yo le conocía. Se los veía de aspecto más bien miserable.
Me pregunté hacia adónde se dirigían, en qué dirección iban. Tuve la impresión de que en ninguna dirección. No se los notaba para nada seguros, más bien parecían extraviados. Iban hacía adelante, eso sí, con esfuerzo y obstinación, era lo único que uno hubiese podido decir de ellos.
La palabra que se me ocurrió para describirlos fue cansancio. Se los veía cansados. Quizá cansados de su tarea rutinaria y del espectáculo de violencia y muerte que desde hace dos mil años fueron encontrando en su viaje sin fin. Cansados de atravesar un mundo que siempre está ardiendo y desangrándose en alguna parte. Tal vez cansados, desilusionados, de ir a adorar cada año al salvador de la humanidad, de quien, pese al gran sacrificio, pese a los muchos esfuerzos que pudiera haber realizado, hasta ahora no llegó ninguna señal alentadora.
Los tres Reyes Magos pasaron allá arriba frente a mí y luego llegaron hasta donde calculé que se acababan las casas del pueblo y comenzaban los campos, cruzando el río, y todavía durante un buen rato pude seguir su desplazamiento trabajoso, penoso, por encima de la tierra avergonzada.
* de Antonio Dal Masetto.
Publicado en Página/12 el 18-02-2003.
El falo de cristal*
*Por Sandra Russo
Ella es muy joven, bella, ingeniosa. Está por terminar letras, pero eso no le alcanza: hace cursos de filosofía y en sus ratos libres practica acrobacia y hace tai chi. Además lee bastante. Puede ponerse a defender, completamente borracha, la vigencia de Spinoza o de Henry James. Siempre que la veo está vestida como una muñequita de torta palermitana, como una falsa ingenua, porque de ingenua, Lila no tiene nada.
Pero con los hombres, Lila disimula. En los últimos tiempos empezó a disimular cada vez más. El otro día la vi, y estaba contenta porque por fin está saliendo con alguien. Lo único que venía encontrando eran los toco y me voy, escenas de fin de fiesta en las que los que quedan salvan algo del naufragio de la noche, pero a conciencia de que no se está empezando nada ni se está en la obligación moral, siquiera, de preparar un desayuno a la mañana. Relaciones sin importancia, repite Lila, que es lo que se lleva.
¿Por qué los pibes de ahora, a diferencia de los pibes de siempre, buscan aquello que no tenga importancia, aquello que les asegure que nada será sometido a movimiento, que nada de sus vidas abúlicas será alterado? Lila no lo sabe, pero actúa en consecuencia, y entre amigas lo confiesa abiertamente: "Para gustarle a un tipo, la mejor de las estrategias es hacerte la boluda, no falla. ¡Adoran a las boludas!", es una de sus máximas.
Llegó contenta y haciendo ojitos de enamorada. Está saliendo con un chico con el que hablan y discuten, se hacen compañía y comparten sus respectivos proyectos de trabajo o de estudio, se llaman cada noche para saber cómo fue el día del otro. Casi perfecto. Lila casi no lamenta no tener sexo con él.
No tienen sexo porque, explica ella, "él no se siente preparado". Como Lila es de las chicas que, a diferencia de sus madres, sostienen que el tamaño importa y mucho (y no por una cuestión específicamente sexual: Lila y sus amigas están convencidas de que los tipos que la tienen de buen tamaño son más seguros y más caballeros), ella se encargó de comprobar en algún escarceo que el tamaño no es el problema. "Ahí me tranquilicé. No es el tamaño, es neura solamente", explica. Pero él le dice, después de un mes de verse muy seguido, que "lo espere".
Esto que relato no es una generalidad sino un caso que transcurre, sin embargo, en esos pliegues sociales que lentamente van escupiendo a su alrededor no sólo maneras de vestirse sino maneras de comportarse. Lila trae noticias de algo que sucede subterráneamente y que en su cama aflora porque ni él tiene reparos en decirle "esperame" ni ella se sorprende demasiado al escucharlo.
Antes se le llamaba falo al pene y después se comprendió que la idea de falo es bastante más amplia. Pero un poco más tarde también hubo que admitir que en esa idea de falo entran no sólo las erecciones y las anécdotas poderosas, sino las iniciativas, el poder, la voluntad, la seguridad, la capacidad de
seducción, la manipulación más o menos consciente del deseo. ¿Quién tiene el falo hoy? ¿Ese chico que decide esperar a "estar listo" para un coito o esa chica que lo trata a él como a un príncipe tan parecido a una princesa?
Antes el falo parecía resumir la fuerza masculina, la fuerza física y mental. Pero ahora el falo es de cristal. Si se cae, se rompe. Lo tienen ellos o ellas indistintamente. Y en rigor, ni ellos ni ellas están
satisfechos de tenerlo. Ellos y ellas se quieren sacar el falo de encima.
Nadie quiere ser fálico. Lila está en las antípodas de las mujeres que disfrutan de tener el poder. Desde hace mucho que busca a un hombre para descansar en él, para... Dios mío... ¡sentirse protegida! Y dejar el sexo para más adelante le parece un detalle, algo accesorio, porque lo que le importa es que él la llama todas las noches para ver cómo fue su día, y Lila, que aunque es muy joven tiene considerable experiencia, sabe que aquellos que se la llevan a la cama de una, al día siguiente desaparecen.
Esas llamadas humanizantes, esa consideración caballeresca de este pibe le parece más importante que un revolcón. Y banca.
La confusión entre los géneros reclama una redefinición del falo, que incomoda a todos/as. Hombres y mujeres parecen tan agotados y asustados, que unos y otras prefieren hacer la posta y abandonarse a las iniciativas ajenas.
El falo de cristal es intercambiable, ya que no es ni masculino ni femenino.
La época, que exalta la androginia afectiva, ofrece la posibilidad de que el falo incluso no lo tenga nadie, que se caiga y se rompa y que de ahí en adelante un hombre y una mujer se enreden en una relación sin faro ni brújula, liberados ambos de tener que dirigir alguna orquesta. Los hombres sensibles y las mujeres que están volviendo de las reivindicaciones rechazan la idea de "ser el o la que sabe". Todos están más cómodos y relajados en el "no sé qué me pasa".
El falo de cristal yace en el piso, roto, testigo de otro tipo de relaciones en las que él hubiese sido necesario. Hoy no. El poder, eso por lo que pelearon durante años hombres y mujeres, ya no es un atributo deseable. Y es que, individualmente, los hombres y las mujeres están tan desconcertados,
que prefieren ubicarse allí donde el otro les diga, allí donde no hay reglas de juego ni nadie que las haga respetar, allí donde no hay pasión sino un poco de compañía confiable.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-78158-2006-12-23.html
Romance*
1
Lo primero que al hombre le llama la atención, cuando llega a la casa de su viejo amigo Camargo
-inventor-, es la gallina. Un animal gordo y vivaracho, pese a todo lo que le falta. Al verla, dispuesto a hacer comparaciones, lo primero que a uno se le ocurriría es que se parece a alguien que acaba de volver de la guerra. El hombre sabe que Camargo ama desmedidamente los animales. Su casa no es un zoológico por una simple razón: no soporta los ruidos. Ningún ruido. Las paredes están revestidas con planchas aislantes. Las ventanas y las puertas son dobles y están tapadas con gruesas cortinas. Acá se habla en voz baja. El amor que Camargo siente por los animales choca con esta imposición de silencio. porque, desgraciadamente -según él mismo se lamenta-, casi no hay bicho que no ladre, bale, maúlle, rebuzne, ruja, silbe, muja y demás variantes. Ruidos y ruidos. Esta fatal contradicción entre su necesidad y su afecto es lo que condena a Camargo a la soledad. El hombre sabe todo esto y se dice que la presencia de la gallina dentro de la casa debe tener su historia.
Es así como más tarde, entre mate y mate, cuando la gallina se desliza con paso incierto frente a la puerta, el hombre, con voz distraída, pregunta: "Y esa gallina?" El relato no es simple, pero sí creíble. Un día, en una de sus escasas salidas, Camargo presenció como un coche atropellaba a una gallina. La levantó, comprobó que estaba viva y se la llevó. En su casa, después de revisarla, llegó a la conclusión de que sólo tenía una pata rota. Se la entablilló. Depositó la gallina en un canasto de mimbre y se dedicó a alimentarla, mientras esperaba la lenta curación. Seguramente agradecida, la gallina soportaba su dolor y guardaba silencio.
Pasó el tiempo y Camargo advirtió alarmado que la quebradura no soldaba. Al contrario, la infección amenazaba extenderse. Tomó una decisión drástica. Decidió amputar. con un brebaje de su invención atontó al animal y después, con una tijera de podar, cortó donde consideró conveniente. Volvió a desinfectar y a vendar. Abandonada en el fondo del canasto, la gallina callaba. Poco a poco, se fue animando. Camargo supo que estaba salvada. quitó el vendaje. Buscó una varilla de madera, la cortó a la medida adecuada y la ató firmemente al muñón de la gallina. En pocas palabras, le colocó una pata de palo.
Al comienzo, la gallina no se animaba a moverse. A lo sumo, se arrastraba un poco. Siguió un período de aprendizaje. Camargo la paraba, la sostenía de las alas, le hablaba, la alentaba, la impulsaba a caminar. Y así, primero a los tropezones, luego con más seguridad, la gallina fue aprendiendo a desplazarse con su pata artificial.
acá surgió el primer problema. Durante el día, durante la noche, comenzó a oírse por los pasillos de la casa el toc-toc-toc de la patita de palo. Y es probable que el animal estuviese realmente entusiasmado con la nueva adquisición, por que no paraba de moverse. Mientras tanto, Camargo se volvía loco. Individuo de amplios recursos, encontró una rápida solución. colocó debajo de la patita un taco de goma y el golpeteo desapareció. A partir de ese momento siguió una larga temporada de pacífica y amorosa convivencia. hasta que llegó la primavera. La gallina, impulsada por el aire nuevo y vaya a saber por qué extraño arrebato de rebeldía, comenzó a cantar. no ponía huevos, pero los anunciaba a cada rato, de día y de noche. La casa se había convertido en un infierno. Camargo se había encariñado demasiado con la gallina como para echarla a la calle. Y menos podía hacerlo en esas condiciones. una noche, arrancado violentamente del sueño por un estruendoso cocorocó, se levantó, tomó a la gallina, puso a funcionar la piedra esmeril y le limó el pico. Se lo limó hasta la mitad. La gallina anduvo varios días muy desconcertada. Pero después, Camargo comprobó que con lo que le quedaba de pico volvía a alimentarse. Seguramente había aprendido la lección y ya no se la oyó cantar. Con lo cual la convivencia volvió a ser grata.
Esa es la historia. Camargo le alcanza otro mate. El hombre mira hacia el extremo del pasillo y ve lo que había visto al entrar. una gallina caminando con una pata de palo y con el pico por la mitad. Piensa que, sea en el nivel que sea, en este mundo no hay relaciones fáciles.
2
Aunque no se lo confiese, es probable que la razón por la que el hombre vuelve a visitar rápidamente a su viejo amigo Camargo sea la presencia de aquella gallina con una pata de palo y el pico cortado. Apenas llega, después de los saludos, echa un par de miradas alrededor: el animal no está a la vista. El hombre no hace preguntas, evita ser indiscreto. Por lo tanto se sienta y escucha al amigo Camargo hablar pausadamente de esto y lo otro mientras va preparando el mate. Pero su atención está puesta en otra parte. no pasa mucho tiempo antes de que su oído alerta detecte que algo se está moviendo en el pasillo. Es la gallina, sin duda. Tarda en aparecer. Lo que finalmente el hombre ve asomarse es algo que no se parece a una gallina ni a nada que haya visto antes de esta tarde. Pasada la sorpresa, logra recomponer la imagen del ave y se dice que buena parte de su desconcierto ha sido provocado por el hecho de que el bicho no camina hacia adelante sino para atrás. Al moverse se contorsiona todo el tiempo, como si algo le molestara. y ya no se trata solamente de la pata de palo. Hay más novedades.
Salvo la cabeza y la cola, todo el cuerpo de la gallina está cubierto por una gruesa camiseta de frisa. Debajo de la camiseta, por lo que se puede adivinar, no hay plumas. solamente aparecen dos mechones en las partes descubiertas: cabeza y cola. Aparentemente se ha quedado pelada. Ante esta nueva pérdida, como compensación, su pico ya no está cortado por la mitad, sino que luce entero, afilado, firme y lustroso. La gallina pasa junto a ellos, desplazándose siempre hacia atrás y retorciéndose. Desaparece por la otra puerta.
El hombre mira a Camargo de reojo y se aguanta la pregunta. Prefiere esperar a que el amigo toque el tema. Camargo le pasa un mate y, con tono fingidamente distraído, dice: "¿La viste?" El hombre asiente: "La vi." "¿Qué opinás?" El hombre no sabe qué contestar, ignora lo sucedido, pero si algo está pensando es que ese animal, últimamente, no anda con mucha suerte. De todos modos, calla. Evita correr el riesgo de parecer irrespetuoso. Finalmente se anima: "¿Qué pasó?" Camargo confirma lo que ya había percibido: "Se quedó pelada.2 "¿Repentinamente?" "Repentinamente" El hombre ensaya un gesto que pretende ser de comprensión. Pregunta: "¿Por qué le pusiste esa camiseta?" "Primero para que no pasara frío y segundo por un problema estético. Me pareció que era una forma de ayudarla a superar el mal momento. ¿Qué te pasaría a vos si te quedaras pelado de un día para el otro?" "No sé" "Te sentirías avergonzado." "Seguramente." "A ella le pasa lo mismo."
Durante un rato, el hombre conserva un prudente silencio. Busca en su cabeza alguna frase adecuada para acompañar los sentimientos de Camargo. Dice: "Pero no se le cayeron todas, le quedó un mechón sobre la cabeza y otro en la cola." "Perdió absolutamente todo -explica Camargo-. Con sus propias plumas le fabriqué una peluca y con un pegamento le coloqué ese mechón en la cola."
Ahora, cada vez más, el hombre se siente obligado a hablar. Dice: "Le quedan bien." Camargo no contesta. El hombre pregunta: "¿Por qué camina para atrás?" Camargo: "Tomó esa costumbre desde que la vestí. Además hace todos esos movimientos extraños, ya viste, parece una contorsionista. Estuve pensando en eso. La camiseta se la coloco por la cabeza. Tal vez ella piense que retrocediendo pueda llegar a desembarazarse de la ropa." "¿Y si probaras a colocarle la camiseta por la cola?" "Es una idea, se podría intentar." "Noté que ahora tiene el pico entero, ¿cómo hiciste?" "Fabriqué la parte que faltaba y se la pegué." "Casi ni se nota." Camargo asiente, seguramente reconfortado por la observación.
Vuelve a entrar la gallina, con su pata de palo, la peluca, la cola postiza y la camiseta de frisa. Cruza la habitación, siempre reculando y contorsionándose. Desaparece hacia el pasillo. Camargo deja pasar unos segundos y confiesa: "Ya sé que no tiene muy buena pinta, pero yo la quiero igual." El hombre acepta otro mate y piensa que sobre la tierra no hay sentimiento más poderoso ni más noble que el amor.
3
El hombre visita nuevamente a su amigo Camargo. apenas cruza la puerta mira alrededor, tratando de descubrir a la gallina. no la ve. paciente, acepta el ritual del mate. Después, tímidamente, pregunta: "¿y la gallina?" el amigo sacude la cabeza, en un gesto que el hombre interpreta como una señal funesta. Se prolonga el silencio. Finalmente, se atreve de nuevo:
"¿que paso?"
La que sigue es la historia contada por Camargo.
Todo iba bien. La gallina había superado el peso de sus calamidades y se había adaptado maravillosamente al ritmo de la casa y a las exigencias de su dueño. Iba y venia con su pata de palo, tenía recorridos fijos, horarios, tal vez también aburrimientos. Hubiese sido difícil intentar adivinar lo que pasaba en su pequeña cabeza, bajo aquella peluca fabricada con sus propias plumas. De todos modos, Camargo estaba seguro de una cosa: la gallina no se sentía infeliz. Y así pasaban las semanas y la vida se iba deslizando en un clima de apacible medio tono, agradable para el amigo inventor, que tanto odiaba los ruidos y las estridencias. Hasta la mañana en que la gallina canto. No había vuelto a hacerlo desde aquella vez en que Camargo se había visto obligado a limarle la mitad del pico.
Desde el fondo de la casa, desde aquella habitación donde estaba el canasto de mimbre, llego el ronco sonido triunfal. Impreciso todavía, tembloroso, debido seguramente a la falta de practica y quizás a una incontrolable emoción.
Después, la gallina canto por segunda vez. Entonces, el amigo Camargo acudió para ver que ocurría.
Y ahí estaba, la desplumada, la mutilada, detenida en el centro del cuarto, en actitud solemne y marcial, igual que si estuviese en una parada militar, firme como nunca sobre su pata de palo. Y canto por tercera vez. El amigo Camargo se asomo al canasto de mimbre y se topo con lo inesperado: Un huevo.
A partir de ahí todo cambio. Una nueva realidad acababa de instalarse en la casa. La gallina comenzó a empollar el huevo. De tanto en tanto, Camargo llegaba hasta la puerta de la habitación y espiaba. Si la descubría en las escasas oportunidades en que salía para comer, se acercaba y miraba el huevo. No era un huevo diferente de todos los demás, pero ahí, en ese canasto, tan blanco, solo, desvalido, era como un descubrimiento, como un testimonio de los primeros días del mundo. Millones de huevos antes de ese huevo. Pero, para esa gallina, un huevo único. Y ella se obstinaba noche y día en su puesto, derramando torrentes de amor sobre él.
Ahí seguía el animal quieto, los ojos fijos, viendo más allá de las cosas y del tiempo.
Ahí estaba la gallina sin plumas, con su camiseta de frisa, su peluca, su pico emparchado, su pata de palo, la gallina con todas sus carencias, lanzada sin embargo hacia la vida, obedeciendo el mandato primordial de su especie. El amigo Camargo no ignoraba que, sin la participación previa de un gallo, aquel huevo jamás daría a luz una cosa viva. Pero no quería detener aquella historia, lo conmovía esa maternidad sin esperanza.
Hasta que un día ocurrió la catástrofe. Por distracción, por exceso de confianza, al volver al canasto, la gallina manejo mal su pata de palo, piso el huevo y lo rompió. De aquella promesa de vida no quedaron más que pedazos de cáscara y los restos de la clara y de la yema filtrándose a través de las varillas de mimbre. Consciente del desastre, la gallina salió de ahí, se arrastro hasta un rincón del cuarto y se echo. Un par de veces pareció intentar caminar, pero ya no supo manejarse y se desplomo. Rechazo todo alimento y, seguramente agobiada por la culpa de su crimen involuntario, ya no hizo un solo esfuerzo para seguir viviendo. Ella, que había superado la amputación de una pata, la pérdida de medio pico y todas sus plumas. No duro mucho. Una mañana, Camargo la encontró muerta.
Esa es la historia. El hombre ha escuchado con atención. En un gesto de solidaridad, estira la mano y pega un golpecito en la rodilla del amigo Camargo. Llega la hora de irse. En la puerta de calle, gira la cabeza y mira el pasillo vació que lleva a la pieza del fondo. Se despide, se marcha.
En su cabeza ronda una frase como un patético estribillo: el destino es insondable y no existe felicidad que no este amenazada.
*de Antonio Dal Masetto.
Publicado en "Ni Perros ni Gatos" Torres Agüero Editor, Buenos Aires. 1987
Correo:
Distinguen a Fabricio Simeoni*
La legislatura provincial declarará el jueves 28 de diciembre a Fabricio Simeoni escritor y periodista distinguido de Santa Fe
La Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe declará de su interés la obra literaria completa del periodista FABRICIO SIMEONI, "Cronos" (notas periodísticas) publicadas en el año 2000, "Rey Piojo" (poemas) 2001, "Calambre de los Descensos" (poemas) 2003, Agua virgen"
(poemas) 2004 "Sub" (poesía) 2005, "Jardines Flotantes" (poesía) 2005.
La legislatura provincial mencionará a FABRICIO SIMEÓNI escritor y periodista distinguido por su labor literaria, por su personalidad pujante, su gran sensibilidad e inteligencia, y por la perseverancia, la calidad y el sacrificio que imprimió en cada una de sus obras.
"Fabricio Simeoni por sus aptitudes y condiciones se ha transformado en un ejemplo para la juventud y la comunidad santafesina" dijo la Diputada Provincial Mónica Peralta autora del proyecto de declaración y amiga de Fabricio. La Presidencia de la Cámara dispondrá del recinto para la
realización de una Sesión Especial en reconocimiento a la trayectoria del mencionado escritor y periodista.
La Sesión Especial se llevará a cabo este jueves 28 de diciembre 2006 a las 16 horas en la Cámara de Diputados de Santa Fe, de la Ciudad de Santa Fe, Gral. López 3055.
Mónica Peralta
Diputada Provincial 0341-155-007623
Rodrigo Cerdá
Prensa 0341-156-164382
*Enviado para compartir por fabriciosimeoni@arnet.com.ar
Ejercicios de escritura:
1. La agenda del año*
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes, consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
2. Collage de frases.
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida posible una serie de frases:
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los demás.
Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin de año.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.
*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
*
Queridas amigas, queridos amigos:
Agradecemos la colaboración brindada en el 2006 a nuestros diversos proyectos culturales, ¡les deseamos unas felices fiestas de fin de año y un venturoso año 2007!
Los domingos 24 y 31 de diciembre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán, música de diversos compositores latinoamericanos y textos de diversos poetas latinoamericanos en sendos programas especiales de navidad y de despedida del viejo año y bienvenida al que comienza. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura
¿ Otras preguntas o consultas? escribi a inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
HECHIZOS NOCTURNOS*
Los brazos de la noche
me abrazan con fuerza
y tiembla mi alma
en el oscuro silencio.
Mis pupilas se encienden
con la luz de la luna
y en mis oídos suenan
los suspiros del viento.
Una lluvia de estrellas
se derrama en el aire
y los besos de la magia
se posan sobre mis labios.
El misterio se oculta
entre las frías sombras
y gimen los secretos
en sus escondites lejanos.
El perfume del amor
llega hasta las nubes
y asoman los sueños
en el cielo nocturno.
*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@yahoo.com.ar
Laberinto interminable*
(Del ejercicio de escritura collage de frases)
Son las siete de la tarde y la gente que está saliendo de sus trabajos se va apiñando en las esquinas esperando los colectivos.
Ángela aprieta la cartera contra su pecho, como esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo, y ocupa su lugar en la fila de la parada. Deberán pasar varios hasta que pueda subir a uno. Da su destino y coloca las monedas en la maquina que le entregará el boleto. Está cansada, agobiada, el mundo para ella era un gran tedio y mira a su alrededor intentando descubrir alguien que desocupe un asiento.
Cuando ya se resigna a viajar parada, junto a ella queda uno libre, en el que prácticamente se zambulle. Una vez sentada, con timidez observa a su alrededor por si alguien la está mirando, imbuida en esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas. Mas es sólo su idea, cada uno está en sus cosas, indiferente a lo que pasa fuera de su propia persona…
Ángela respira aliviada, se acomoda preparándose para el largo viaje a su casa. Lentamente se va adormilando, hasta que una frenada brusca la despierta. Siente la soledad. Nadie queda en el colectivo, sólo ella y el chofer que maneja imperturbable, hasta llegar a la terminal, en donde estaciona el colectivo. En ese momento él advierte a la única pasajera que baja presurosa del vehículo. Esta muy oscuro, no hay luna y pese a que es el trayecto de todos los días, Ángela desconoce el lugar. Está asustada, por que no ve a aquellos con los que se cruza habitualmente. Es más, no hay nadie, la soledad es absoluta Camina una cuadra y dobla en la primera esquina. La calle por la que caminó tantas veces le resulta desconocida. Las casas parecen iguales y en algunos portales intuye que alguna persona está agazapada. Intenta preguntar, pero no le contestan, indiferentes o como si fuese invisible. Empieza a desesperarse; piensa que se equivocó de colectivo y por eso en la siguiente esquina vuelve a doblar. Un grupo de personas la mira y, sin responderle, comienzan a reír. Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, pero no fue suficiente para tranquilizarla. Evita cruzar la calle por que teme perderse. Entonces dobla nuevamente en la siguiente esquina, pero descubre que las casas siguen siendo iguales, como si hubiese caminado por la misma cuadra o hubiese llegado al mismo lugar de antes. El miedo se va convirtiendo en terror. Intenta sobreponerse por que sabe que pese a todo tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad. Abre una puerta en busca de ayuda, aunque sólo encuentra un largo pasillo apenas iluminado, que recorre raudamente desembocando en la calle opuesta. La transpiración moja su rostro, y el pelo del flequillo, se le pega en la frente. Un nudo en la garganta le impide gritar y se le cruzó por la mente esa pregunta que se hizo tantas veces: -¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas? Nunca pudo contestarla, porque sabía que vivir era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin. Empieza a correr y entra nuevamente por otra puerta, terminando inexorablemente en el lado contrario. Pareciera que varios laberintos atraviesan toda la manzana en rectas y diagonales impidiéndole que pueda salir de ese encierro cuadrangular. Ya no sabe cuánto tiempo lleva buscando un lugar conocido que le indique que no está perdida. Comprende sí, que estuvo corriendo por la superficie que limitan las mismas cuatro cuadras, hasta que los primeros rayos de sol, que se cuelan por la pequeñísima ventana, le muestran el verdadero camino y despierta aliviada. Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece porque despierta entre las cuatro paredes de su celda.
*de Mirta Alicia Gisondi mirtagisondi@hotmail.com
La agenda del año:
- Comenzamos a arreglar mi casa desde el verano pasado, como parte de un proyecto en común con mi mujer; la manera concreta de asentar un hogar.
- Padecimos todas las alternativas de crecimiento y amargura que significa realizar una obra de construcción, peleas con albañiles incluídas.
- Incrementé mi trabajo profesional a lo largo de todo el año, y fuí dejando de lado ciertos espacios laborales que ya no me brindaban satisfacción.
- Me casé, en octubre, con toda la felicidad que eso implica.
- Dejé, a raíz de todo eso, de participar para Inventren, mi taller literario personal; es una de las malas noticias del año.
Como verás, tuve tanto trajín personal durante 2006, que las referencias a la actualidad social me son ajenas, como a Borges. Lo que sigo sosteniendo es que la dictadura a la que nos someten K y su oprobiosa corte (no muy distinta a la del califa riojano) cada día que pasa me asquea más. Y una sugerencia: dejá de bajar notas del pasquin del gobierno, Página/12.
Un abrazo
* ALBERTO DI MATTEO. licaldima@yahoo.com.ar
Reyes magos*
Las fiestas de fin de año siempre las pasamos en casa de mi hermana, en Salto. Nos reunimos todos, abuela, hijos y nietos. Después de cenar, después de la sobremesa, acostumbro sentarme afuera, solo, en un banco de madera, en el jardincito del frente de la casa que da a la calle. Me llevo una botella y me quedo horas. Me gusta escuchar cómo los rumores del pueblo se van aquietando y luego abandonarme al silencio y mirar el cielo estrellado sobre los oscuros árboles quietos.
Desde el banco donde estoy sentado, si dejo la puerta abierta, puedo ver en el living el pesebre que mi hermana arma cada año. Pequeño, ocupa poco espacio en un rincón. El pesebre: proyección de un hábito que nos viene desde la niñez. Y tiene sabor a eso, a niñez. El detalle curioso es que las estatuillas de yeso son precisamente las mismas de nuestra niñez. Esas estatuillas viajaron con nosotros en el barco que nos trajo a América. Es increíble que se hayan conservado tantos años. Esto es mérito de mi hermana. Pasadas las fiestas, las envuelve con cuidado y las guarda en una caja, bien protegidas, hasta la Navidad siguiente. Por lo tanto ahí están, las mismas de entonces, el pastor con sus ovejas, el pescador con la caña al hombro, el montañés que toca la zampoña, la mujer que lleva un ganso en los brazos, el leñador con su hacha y la carga de ramas. Y por supuesto el niño, María y José. Y los tres Reyes Magos.
Cuando yo era chico las figuras que me interesaban y me atraían no eran ni el niño ni María ni José. Estas no me transmitían nada. No les veía nada especial. Sentía que eran gente como uno. Como mi padre, mi madre, como cualquier recién nacido. En cambio los Reyes Magos me deslumbraban, me inquietaban. Esos sí que eran personajes misteriosos, tenían luz propia, trascendían su diminuta estatura de yeso, venían de lejos, de países desconocidos, de Oriente, los guiaba una estrella, traían regalos preciosos, mirra, incienso, oro. Un vago eco de ese misterio todavía resuena en mí cuando me detengo un segundo a mirarlos en el pequeño pesebre del rincón del living.
También este año fui a sentarme en el banco del jardincito del frente y dejé que el tiempo pasara y me perdí en divagaciones que me llevaron lejos. Tal vez estuviese próximo el amanecer porque se insinuaba una vaga claridad en el horizonte cuando los vi aparecer. Los tres Reyes Magos. En el cielo. Venían desde la derecha, altos por encima de las casas. Iban uno detrás de otro, en fila india, ni muy cerca ni muy distanciados, encorvados, lentos, como si arrastraran un gran peso. Y su ropaje no era el que yo le conocía. Se los veía de aspecto más bien miserable.
Me pregunté hacia adónde se dirigían, en qué dirección iban. Tuve la impresión de que en ninguna dirección. No se los notaba para nada seguros, más bien parecían extraviados. Iban hacía adelante, eso sí, con esfuerzo y obstinación, era lo único que uno hubiese podido decir de ellos.
La palabra que se me ocurrió para describirlos fue cansancio. Se los veía cansados. Quizá cansados de su tarea rutinaria y del espectáculo de violencia y muerte que desde hace dos mil años fueron encontrando en su viaje sin fin. Cansados de atravesar un mundo que siempre está ardiendo y desangrándose en alguna parte. Tal vez cansados, desilusionados, de ir a adorar cada año al salvador de la humanidad, de quien, pese al gran sacrificio, pese a los muchos esfuerzos que pudiera haber realizado, hasta ahora no llegó ninguna señal alentadora.
Los tres Reyes Magos pasaron allá arriba frente a mí y luego llegaron hasta donde calculé que se acababan las casas del pueblo y comenzaban los campos, cruzando el río, y todavía durante un buen rato pude seguir su desplazamiento trabajoso, penoso, por encima de la tierra avergonzada.
* de Antonio Dal Masetto.
Publicado en Página/12 el 18-02-2003.
El falo de cristal*
*Por Sandra Russo
Ella es muy joven, bella, ingeniosa. Está por terminar letras, pero eso no le alcanza: hace cursos de filosofía y en sus ratos libres practica acrobacia y hace tai chi. Además lee bastante. Puede ponerse a defender, completamente borracha, la vigencia de Spinoza o de Henry James. Siempre que la veo está vestida como una muñequita de torta palermitana, como una falsa ingenua, porque de ingenua, Lila no tiene nada.
Pero con los hombres, Lila disimula. En los últimos tiempos empezó a disimular cada vez más. El otro día la vi, y estaba contenta porque por fin está saliendo con alguien. Lo único que venía encontrando eran los toco y me voy, escenas de fin de fiesta en las que los que quedan salvan algo del naufragio de la noche, pero a conciencia de que no se está empezando nada ni se está en la obligación moral, siquiera, de preparar un desayuno a la mañana. Relaciones sin importancia, repite Lila, que es lo que se lleva.
¿Por qué los pibes de ahora, a diferencia de los pibes de siempre, buscan aquello que no tenga importancia, aquello que les asegure que nada será sometido a movimiento, que nada de sus vidas abúlicas será alterado? Lila no lo sabe, pero actúa en consecuencia, y entre amigas lo confiesa abiertamente: "Para gustarle a un tipo, la mejor de las estrategias es hacerte la boluda, no falla. ¡Adoran a las boludas!", es una de sus máximas.
Llegó contenta y haciendo ojitos de enamorada. Está saliendo con un chico con el que hablan y discuten, se hacen compañía y comparten sus respectivos proyectos de trabajo o de estudio, se llaman cada noche para saber cómo fue el día del otro. Casi perfecto. Lila casi no lamenta no tener sexo con él.
No tienen sexo porque, explica ella, "él no se siente preparado". Como Lila es de las chicas que, a diferencia de sus madres, sostienen que el tamaño importa y mucho (y no por una cuestión específicamente sexual: Lila y sus amigas están convencidas de que los tipos que la tienen de buen tamaño son más seguros y más caballeros), ella se encargó de comprobar en algún escarceo que el tamaño no es el problema. "Ahí me tranquilicé. No es el tamaño, es neura solamente", explica. Pero él le dice, después de un mes de verse muy seguido, que "lo espere".
Esto que relato no es una generalidad sino un caso que transcurre, sin embargo, en esos pliegues sociales que lentamente van escupiendo a su alrededor no sólo maneras de vestirse sino maneras de comportarse. Lila trae noticias de algo que sucede subterráneamente y que en su cama aflora porque ni él tiene reparos en decirle "esperame" ni ella se sorprende demasiado al escucharlo.
Antes se le llamaba falo al pene y después se comprendió que la idea de falo es bastante más amplia. Pero un poco más tarde también hubo que admitir que en esa idea de falo entran no sólo las erecciones y las anécdotas poderosas, sino las iniciativas, el poder, la voluntad, la seguridad, la capacidad de
seducción, la manipulación más o menos consciente del deseo. ¿Quién tiene el falo hoy? ¿Ese chico que decide esperar a "estar listo" para un coito o esa chica que lo trata a él como a un príncipe tan parecido a una princesa?
Antes el falo parecía resumir la fuerza masculina, la fuerza física y mental. Pero ahora el falo es de cristal. Si se cae, se rompe. Lo tienen ellos o ellas indistintamente. Y en rigor, ni ellos ni ellas están
satisfechos de tenerlo. Ellos y ellas se quieren sacar el falo de encima.
Nadie quiere ser fálico. Lila está en las antípodas de las mujeres que disfrutan de tener el poder. Desde hace mucho que busca a un hombre para descansar en él, para... Dios mío... ¡sentirse protegida! Y dejar el sexo para más adelante le parece un detalle, algo accesorio, porque lo que le importa es que él la llama todas las noches para ver cómo fue su día, y Lila, que aunque es muy joven tiene considerable experiencia, sabe que aquellos que se la llevan a la cama de una, al día siguiente desaparecen.
Esas llamadas humanizantes, esa consideración caballeresca de este pibe le parece más importante que un revolcón. Y banca.
La confusión entre los géneros reclama una redefinición del falo, que incomoda a todos/as. Hombres y mujeres parecen tan agotados y asustados, que unos y otras prefieren hacer la posta y abandonarse a las iniciativas ajenas.
El falo de cristal es intercambiable, ya que no es ni masculino ni femenino.
La época, que exalta la androginia afectiva, ofrece la posibilidad de que el falo incluso no lo tenga nadie, que se caiga y se rompa y que de ahí en adelante un hombre y una mujer se enreden en una relación sin faro ni brújula, liberados ambos de tener que dirigir alguna orquesta. Los hombres sensibles y las mujeres que están volviendo de las reivindicaciones rechazan la idea de "ser el o la que sabe". Todos están más cómodos y relajados en el "no sé qué me pasa".
El falo de cristal yace en el piso, roto, testigo de otro tipo de relaciones en las que él hubiese sido necesario. Hoy no. El poder, eso por lo que pelearon durante años hombres y mujeres, ya no es un atributo deseable. Y es que, individualmente, los hombres y las mujeres están tan desconcertados,
que prefieren ubicarse allí donde el otro les diga, allí donde no hay reglas de juego ni nadie que las haga respetar, allí donde no hay pasión sino un poco de compañía confiable.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-78158-2006-12-23.html
Romance*
1
Lo primero que al hombre le llama la atención, cuando llega a la casa de su viejo amigo Camargo
-inventor-, es la gallina. Un animal gordo y vivaracho, pese a todo lo que le falta. Al verla, dispuesto a hacer comparaciones, lo primero que a uno se le ocurriría es que se parece a alguien que acaba de volver de la guerra. El hombre sabe que Camargo ama desmedidamente los animales. Su casa no es un zoológico por una simple razón: no soporta los ruidos. Ningún ruido. Las paredes están revestidas con planchas aislantes. Las ventanas y las puertas son dobles y están tapadas con gruesas cortinas. Acá se habla en voz baja. El amor que Camargo siente por los animales choca con esta imposición de silencio. porque, desgraciadamente -según él mismo se lamenta-, casi no hay bicho que no ladre, bale, maúlle, rebuzne, ruja, silbe, muja y demás variantes. Ruidos y ruidos. Esta fatal contradicción entre su necesidad y su afecto es lo que condena a Camargo a la soledad. El hombre sabe todo esto y se dice que la presencia de la gallina dentro de la casa debe tener su historia.
Es así como más tarde, entre mate y mate, cuando la gallina se desliza con paso incierto frente a la puerta, el hombre, con voz distraída, pregunta: "Y esa gallina?" El relato no es simple, pero sí creíble. Un día, en una de sus escasas salidas, Camargo presenció como un coche atropellaba a una gallina. La levantó, comprobó que estaba viva y se la llevó. En su casa, después de revisarla, llegó a la conclusión de que sólo tenía una pata rota. Se la entablilló. Depositó la gallina en un canasto de mimbre y se dedicó a alimentarla, mientras esperaba la lenta curación. Seguramente agradecida, la gallina soportaba su dolor y guardaba silencio.
Pasó el tiempo y Camargo advirtió alarmado que la quebradura no soldaba. Al contrario, la infección amenazaba extenderse. Tomó una decisión drástica. Decidió amputar. con un brebaje de su invención atontó al animal y después, con una tijera de podar, cortó donde consideró conveniente. Volvió a desinfectar y a vendar. Abandonada en el fondo del canasto, la gallina callaba. Poco a poco, se fue animando. Camargo supo que estaba salvada. quitó el vendaje. Buscó una varilla de madera, la cortó a la medida adecuada y la ató firmemente al muñón de la gallina. En pocas palabras, le colocó una pata de palo.
Al comienzo, la gallina no se animaba a moverse. A lo sumo, se arrastraba un poco. Siguió un período de aprendizaje. Camargo la paraba, la sostenía de las alas, le hablaba, la alentaba, la impulsaba a caminar. Y así, primero a los tropezones, luego con más seguridad, la gallina fue aprendiendo a desplazarse con su pata artificial.
acá surgió el primer problema. Durante el día, durante la noche, comenzó a oírse por los pasillos de la casa el toc-toc-toc de la patita de palo. Y es probable que el animal estuviese realmente entusiasmado con la nueva adquisición, por que no paraba de moverse. Mientras tanto, Camargo se volvía loco. Individuo de amplios recursos, encontró una rápida solución. colocó debajo de la patita un taco de goma y el golpeteo desapareció. A partir de ese momento siguió una larga temporada de pacífica y amorosa convivencia. hasta que llegó la primavera. La gallina, impulsada por el aire nuevo y vaya a saber por qué extraño arrebato de rebeldía, comenzó a cantar. no ponía huevos, pero los anunciaba a cada rato, de día y de noche. La casa se había convertido en un infierno. Camargo se había encariñado demasiado con la gallina como para echarla a la calle. Y menos podía hacerlo en esas condiciones. una noche, arrancado violentamente del sueño por un estruendoso cocorocó, se levantó, tomó a la gallina, puso a funcionar la piedra esmeril y le limó el pico. Se lo limó hasta la mitad. La gallina anduvo varios días muy desconcertada. Pero después, Camargo comprobó que con lo que le quedaba de pico volvía a alimentarse. Seguramente había aprendido la lección y ya no se la oyó cantar. Con lo cual la convivencia volvió a ser grata.
Esa es la historia. Camargo le alcanza otro mate. El hombre mira hacia el extremo del pasillo y ve lo que había visto al entrar. una gallina caminando con una pata de palo y con el pico por la mitad. Piensa que, sea en el nivel que sea, en este mundo no hay relaciones fáciles.
2
Aunque no se lo confiese, es probable que la razón por la que el hombre vuelve a visitar rápidamente a su viejo amigo Camargo sea la presencia de aquella gallina con una pata de palo y el pico cortado. Apenas llega, después de los saludos, echa un par de miradas alrededor: el animal no está a la vista. El hombre no hace preguntas, evita ser indiscreto. Por lo tanto se sienta y escucha al amigo Camargo hablar pausadamente de esto y lo otro mientras va preparando el mate. Pero su atención está puesta en otra parte. no pasa mucho tiempo antes de que su oído alerta detecte que algo se está moviendo en el pasillo. Es la gallina, sin duda. Tarda en aparecer. Lo que finalmente el hombre ve asomarse es algo que no se parece a una gallina ni a nada que haya visto antes de esta tarde. Pasada la sorpresa, logra recomponer la imagen del ave y se dice que buena parte de su desconcierto ha sido provocado por el hecho de que el bicho no camina hacia adelante sino para atrás. Al moverse se contorsiona todo el tiempo, como si algo le molestara. y ya no se trata solamente de la pata de palo. Hay más novedades.
Salvo la cabeza y la cola, todo el cuerpo de la gallina está cubierto por una gruesa camiseta de frisa. Debajo de la camiseta, por lo que se puede adivinar, no hay plumas. solamente aparecen dos mechones en las partes descubiertas: cabeza y cola. Aparentemente se ha quedado pelada. Ante esta nueva pérdida, como compensación, su pico ya no está cortado por la mitad, sino que luce entero, afilado, firme y lustroso. La gallina pasa junto a ellos, desplazándose siempre hacia atrás y retorciéndose. Desaparece por la otra puerta.
El hombre mira a Camargo de reojo y se aguanta la pregunta. Prefiere esperar a que el amigo toque el tema. Camargo le pasa un mate y, con tono fingidamente distraído, dice: "¿La viste?" El hombre asiente: "La vi." "¿Qué opinás?" El hombre no sabe qué contestar, ignora lo sucedido, pero si algo está pensando es que ese animal, últimamente, no anda con mucha suerte. De todos modos, calla. Evita correr el riesgo de parecer irrespetuoso. Finalmente se anima: "¿Qué pasó?" Camargo confirma lo que ya había percibido: "Se quedó pelada.2 "¿Repentinamente?" "Repentinamente" El hombre ensaya un gesto que pretende ser de comprensión. Pregunta: "¿Por qué le pusiste esa camiseta?" "Primero para que no pasara frío y segundo por un problema estético. Me pareció que era una forma de ayudarla a superar el mal momento. ¿Qué te pasaría a vos si te quedaras pelado de un día para el otro?" "No sé" "Te sentirías avergonzado." "Seguramente." "A ella le pasa lo mismo."
Durante un rato, el hombre conserva un prudente silencio. Busca en su cabeza alguna frase adecuada para acompañar los sentimientos de Camargo. Dice: "Pero no se le cayeron todas, le quedó un mechón sobre la cabeza y otro en la cola." "Perdió absolutamente todo -explica Camargo-. Con sus propias plumas le fabriqué una peluca y con un pegamento le coloqué ese mechón en la cola."
Ahora, cada vez más, el hombre se siente obligado a hablar. Dice: "Le quedan bien." Camargo no contesta. El hombre pregunta: "¿Por qué camina para atrás?" Camargo: "Tomó esa costumbre desde que la vestí. Además hace todos esos movimientos extraños, ya viste, parece una contorsionista. Estuve pensando en eso. La camiseta se la coloco por la cabeza. Tal vez ella piense que retrocediendo pueda llegar a desembarazarse de la ropa." "¿Y si probaras a colocarle la camiseta por la cola?" "Es una idea, se podría intentar." "Noté que ahora tiene el pico entero, ¿cómo hiciste?" "Fabriqué la parte que faltaba y se la pegué." "Casi ni se nota." Camargo asiente, seguramente reconfortado por la observación.
Vuelve a entrar la gallina, con su pata de palo, la peluca, la cola postiza y la camiseta de frisa. Cruza la habitación, siempre reculando y contorsionándose. Desaparece hacia el pasillo. Camargo deja pasar unos segundos y confiesa: "Ya sé que no tiene muy buena pinta, pero yo la quiero igual." El hombre acepta otro mate y piensa que sobre la tierra no hay sentimiento más poderoso ni más noble que el amor.
3
El hombre visita nuevamente a su amigo Camargo. apenas cruza la puerta mira alrededor, tratando de descubrir a la gallina. no la ve. paciente, acepta el ritual del mate. Después, tímidamente, pregunta: "¿y la gallina?" el amigo sacude la cabeza, en un gesto que el hombre interpreta como una señal funesta. Se prolonga el silencio. Finalmente, se atreve de nuevo:
"¿que paso?"
La que sigue es la historia contada por Camargo.
Todo iba bien. La gallina había superado el peso de sus calamidades y se había adaptado maravillosamente al ritmo de la casa y a las exigencias de su dueño. Iba y venia con su pata de palo, tenía recorridos fijos, horarios, tal vez también aburrimientos. Hubiese sido difícil intentar adivinar lo que pasaba en su pequeña cabeza, bajo aquella peluca fabricada con sus propias plumas. De todos modos, Camargo estaba seguro de una cosa: la gallina no se sentía infeliz. Y así pasaban las semanas y la vida se iba deslizando en un clima de apacible medio tono, agradable para el amigo inventor, que tanto odiaba los ruidos y las estridencias. Hasta la mañana en que la gallina canto. No había vuelto a hacerlo desde aquella vez en que Camargo se había visto obligado a limarle la mitad del pico.
Desde el fondo de la casa, desde aquella habitación donde estaba el canasto de mimbre, llego el ronco sonido triunfal. Impreciso todavía, tembloroso, debido seguramente a la falta de practica y quizás a una incontrolable emoción.
Después, la gallina canto por segunda vez. Entonces, el amigo Camargo acudió para ver que ocurría.
Y ahí estaba, la desplumada, la mutilada, detenida en el centro del cuarto, en actitud solemne y marcial, igual que si estuviese en una parada militar, firme como nunca sobre su pata de palo. Y canto por tercera vez. El amigo Camargo se asomo al canasto de mimbre y se topo con lo inesperado: Un huevo.
A partir de ahí todo cambio. Una nueva realidad acababa de instalarse en la casa. La gallina comenzó a empollar el huevo. De tanto en tanto, Camargo llegaba hasta la puerta de la habitación y espiaba. Si la descubría en las escasas oportunidades en que salía para comer, se acercaba y miraba el huevo. No era un huevo diferente de todos los demás, pero ahí, en ese canasto, tan blanco, solo, desvalido, era como un descubrimiento, como un testimonio de los primeros días del mundo. Millones de huevos antes de ese huevo. Pero, para esa gallina, un huevo único. Y ella se obstinaba noche y día en su puesto, derramando torrentes de amor sobre él.
Ahí seguía el animal quieto, los ojos fijos, viendo más allá de las cosas y del tiempo.
Ahí estaba la gallina sin plumas, con su camiseta de frisa, su peluca, su pico emparchado, su pata de palo, la gallina con todas sus carencias, lanzada sin embargo hacia la vida, obedeciendo el mandato primordial de su especie. El amigo Camargo no ignoraba que, sin la participación previa de un gallo, aquel huevo jamás daría a luz una cosa viva. Pero no quería detener aquella historia, lo conmovía esa maternidad sin esperanza.
Hasta que un día ocurrió la catástrofe. Por distracción, por exceso de confianza, al volver al canasto, la gallina manejo mal su pata de palo, piso el huevo y lo rompió. De aquella promesa de vida no quedaron más que pedazos de cáscara y los restos de la clara y de la yema filtrándose a través de las varillas de mimbre. Consciente del desastre, la gallina salió de ahí, se arrastro hasta un rincón del cuarto y se echo. Un par de veces pareció intentar caminar, pero ya no supo manejarse y se desplomo. Rechazo todo alimento y, seguramente agobiada por la culpa de su crimen involuntario, ya no hizo un solo esfuerzo para seguir viviendo. Ella, que había superado la amputación de una pata, la pérdida de medio pico y todas sus plumas. No duro mucho. Una mañana, Camargo la encontró muerta.
Esa es la historia. El hombre ha escuchado con atención. En un gesto de solidaridad, estira la mano y pega un golpecito en la rodilla del amigo Camargo. Llega la hora de irse. En la puerta de calle, gira la cabeza y mira el pasillo vació que lleva a la pieza del fondo. Se despide, se marcha.
En su cabeza ronda una frase como un patético estribillo: el destino es insondable y no existe felicidad que no este amenazada.
*de Antonio Dal Masetto.
Publicado en "Ni Perros ni Gatos" Torres Agüero Editor, Buenos Aires. 1987
Correo:
Distinguen a Fabricio Simeoni*
La legislatura provincial declarará el jueves 28 de diciembre a Fabricio Simeoni escritor y periodista distinguido de Santa Fe
La Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe declará de su interés la obra literaria completa del periodista FABRICIO SIMEONI, "Cronos" (notas periodísticas) publicadas en el año 2000, "Rey Piojo" (poemas) 2001, "Calambre de los Descensos" (poemas) 2003, Agua virgen"
(poemas) 2004 "Sub" (poesía) 2005, "Jardines Flotantes" (poesía) 2005.
La legislatura provincial mencionará a FABRICIO SIMEÓNI escritor y periodista distinguido por su labor literaria, por su personalidad pujante, su gran sensibilidad e inteligencia, y por la perseverancia, la calidad y el sacrificio que imprimió en cada una de sus obras.
"Fabricio Simeoni por sus aptitudes y condiciones se ha transformado en un ejemplo para la juventud y la comunidad santafesina" dijo la Diputada Provincial Mónica Peralta autora del proyecto de declaración y amiga de Fabricio. La Presidencia de la Cámara dispondrá del recinto para la
realización de una Sesión Especial en reconocimiento a la trayectoria del mencionado escritor y periodista.
La Sesión Especial se llevará a cabo este jueves 28 de diciembre 2006 a las 16 horas en la Cámara de Diputados de Santa Fe, de la Ciudad de Santa Fe, Gral. López 3055.
Mónica Peralta
Diputada Provincial 0341-155-007623
Rodrigo Cerdá
Prensa 0341-156-164382
*Enviado para compartir por fabriciosimeoni@arnet.com.ar
Ejercicios de escritura:
1. La agenda del año*
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes, consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
2. Collage de frases.
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida posible una serie de frases:
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los demás.
Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin de año.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.
*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
*
Queridas amigas, queridos amigos:
Agradecemos la colaboración brindada en el 2006 a nuestros diversos proyectos culturales, ¡les deseamos unas felices fiestas de fin de año y un venturoso año 2007!
Los domingos 24 y 31 de diciembre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán, música de diversos compositores latinoamericanos y textos de diversos poetas latinoamericanos en sendos programas especiales de navidad y de despedida del viejo año y bienvenida al que comienza. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
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Que es Inventiva Social ?
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Cuales son sus contenidos ?
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ATADOS CON ALAMBRE
Atados con alambre...
DE CUANDO (APARENTEMENTE) DIOS DECIDIÓ INVOLUCRARSE UN POCO EN EL FÚTBOL ARGENTINO*
Suele decírsele a los niños que Dios todo lo ve y que, si uno se porta mal, Dios lo sabe, se enoja y nos castiga. Semejante advertencia nunca ha resultado muy eficaz para generar comportamientos infantiles irreprochables pero, al menos, sirve para envolver al niño en la protectora creencia de que quien hace algo incorrecto recibe siempre su merecido. Con el tiempo, claro, uno va descubriendo que esto es una falacia. Bienintencionada, pero falacia al fin. Porque sucede con demasiada frecuencia (con desmoralizante frecuencia) que quienes hacen cosas malas logran cumplir exitosamente su cometido sin que -al menos en esta vida- nadie los sancione.
El Torneo Apertura 2006 fue un campeonato plagado de escándalos, hechos de violencia e irregularidades que parecieron confabularse para desmentir aquel dogma maradoniano de que "la pelota no se mancha". Uno de esos lamentables episodios ocurrió cuando, en noviembre, la barra brava de Gimnasia intimidó a sus propios jugadores, exigiéndoles que perdieran su partido frente a Boca. Buscaban, de ese modo, perjudicar directamente a Estudiantes, el clásico rival, en su lucha por obtener el título. Mucho se habló y se escribió sobre dicho partido, antes y después del mismo. Como se sabe, Boca derrotó a Gimnasia con llamativa facilidad y, aunque nadie lo pueda ni quiera probar, todo el mundo opina que los jugadores platenses, fuertemente condicionados, optaron por no desafiar las amenazas recibidas. Y como, al ser citados por la Justicia, los futbolistas de Gimnasia no formularon ninguna denuncia, los violentos se salieron con la suya una vez más, exhibiendo impunemente su alarmante cuota de poder.
A dos fechas del final del torneo, Boca llevaba 4 puntos de ventaja sobre Estudiantes y todos dábamos por sentado que volvería a ser campeón. Nada autorizaba a suponer lo contrario. Su buen juego, su contudencia ofensiva, la arrolladora campaña realizada hasta ese momento, respaldaban ampliamente su condición de favorito. Es cierto que el fútbol, según la ya clásica definición de Dante Panzeri, es la "dinámica de lo impensado", pero convengamos que ni el más fanático de los hinchas de Estudiantes hubiera apostado por el éxito final de su equipo. Una cosa es soñar con que pueda producirse en nuestra vida cierta combinación azarosa de circunstancias favorables; otra muy distinta es confiar en que esa combinación realmente se va a producir.
Ayer a la tarde, sin embargo, Estudiantes derrotó a Boca en el partido-desempate y se consagró campeón, concretando una hazaña histórica, de esas que tienen destino de mito para todos quienes seguimos sintiendo que el fútbol es un juego maravilloso. Sobran los adjetivos para calificar los méritos del flamante campeón, claro. Pero, sinceramente, no hay ningún argumento lógico que suene convincente a la hora de intentar explicar por qué a Boca se le escapó un campeonato que, diez días atrás, tenía metido en el bolsillo. En estos casos, uno se siente tentado de buscar respuestas no convencionales. He escuchado hoy a algunos supersticiosos hablar de maldición. Anda circulando, también, la historia del mentalista de La Plata que cobra sus "trabajos" en dólares, y se comenta con picardía el asunto de la sal que apareció misteriosamente derramada en el vestuario boquense.
A mí, en cambio, me ha dado por recordar a los barrabravas de Gimnasia y su estrategia repudiable. Arrastrado tal vez por mi fantasiosa mente de escritor, no puedo dejar de asociar lo sucedido con aquella advertencia aleccionadora que suele inculcarse a los niños. Porque, a la luz de tan inverosímil desenlace, pareciera que Alguien hubiese decidido intervenir para restaurar cierto orden que la irracionalidad de los hombres había intentado disolver. Alguien que, con sólo ejecutar un par de precisas maniobras, consiguió desactivar mágicamente los artilugios empleados por los villanos de la película, tornándolos inútiles. Alguien que barajó las cartas con un humor sutil, rayano en la ironía, y castigó a los malos de la manera en que seguramente más les duele: forzándolos a soportar exactamente la misma fiesta ajena que habían pretendido evitar usando la violencia.
Ya sé, me dirán que los hoy apenados hinchas de Boca no tenían ninguna culpa que expiar. Me dirán que el verdadero castigo debería haber sido la condena ante un tribunal y no un simple resultado deportivo. Me dirán que involucrar a la justicia divina en el fútbol es una especulación demasiado exagerada, y acaso irrespetuosa. Me dirán que Dios tiene asuntos más importantes que atender. Me dirán que hay en el mundo otras injusticias aún más flagrantes esperando ser reparadas. Me dirán que, a lo sumo, sólo debe verse en lo ocurrido un exquisito gesto de justicia trazado ciegamente por la casualidad o el destino.
Puede ser.
Sucede que, a pesar de tanta evidencia en contrario, a pesar de tanto desencanto acumulado, reconforta pensar que -aunque sea de vez en cuando- Dios se sigue encargando de hacer que los malos reciban su merecido.
*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar
AGUAFUERTES INDO AMERICANAS*
Unas amigas viajaron a la India, y me enviaron fotos que vi aquí, en mi departamento en Argentina. Mirando esas imágenes de la antigua colonia inglesa, desde mi propia vida hago postales donde se confunde el país exótico y mi cercana Sudamérica.
Los techos de losa o chapa, las casitas que multiplican habitaciones añadidas, brotadas de la planta baja. Los objetos puestos a morir en esos techos. Los colores de la pintura a la cal, descascarándose al sol.
Los ojos y las pieles oscuras. Una vocación por el color y la decoración, una inmitigable forma de adornar la miseria para que la alegría halle triunfo por sobre el dolor.
Las multitudes. La gente que no posee ese límite de cercanía personal tolerada, tan propia de los individuos del primer mundo. Apretados unos contra los otros, sentados brazo a brazo. Hermanados físicamente en contraposición al aislamiento del europeo o el norteamericano. Colectividad explícita frente al implícito individualismo de los países ricos.
La suciedad en la ribera del río. Cómo lo sagrado sigue siéndolo a pesar del descuido, del aparente desinterés.
Los animales de carga en las calzadas. Elefantes y camellos allí, aquí caballos. Nuestra cercanía con lo atávico.
Las enormes desigualdades y contrastes. La pobreza rodeando y apoyándose en los muros de mansiones y palacios. La maravilla y la vergüenza. El placer y el espanto. Esa simultaneidad entre quien disfruta las imágenes y se siente un voyeur de la miseria.
Las mujeres gordas, fértiles, diosas indiscutidas de la tierra generosa.
Los hombres que trabajan en la calle, y en la calle ofrecen sus mercancías. La calle, ese lugar donde la vida transcurre porque adentro no hay espacio.
Los ojos que nos miran y ni tan siquiera preguntan nada. Los profundos ojos de negras pestañas que nos miran.
Los que sacamos fotos. Los que creemos que comprendemos lo que vemos.
Colón cuando llegó a este continente creyó que había llegado a la India. Quizás prefiguraba, sin saberlo, unas íntimas semejanzas.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
Pasacalle*
- El otro día salí con la gorda.
- ¿Otra vez?
- Sí.
El Negro Marcelo está trepado a una escalera de aluminio, a unos tres metros de altura, en la esquina de Moldes y Juramento - sobre Moldes -, en Belgrano. José Luis, su compañero, está parado en la vereda y con el pie derecho traba la base de la escalera para que no se mueva. En la mano tiene un cigarrillo. Se lo lleva a la boca, pita, tira el cuello para atrás, larga una larga bocanada de humo hacia arriba y se entretiene mirando como la nube de tabaco se disipa en el aire. Son las dos de la mañana de un lunes de
mediados de agosto y la noche está clara, bien limpia. La luna está clavada a un costado del cielo y a su izquierda hay una enorme torre en construcción que en la punta tiene una luz colorada que titila cada tres segundos.
- Fuimos al ShowCenter a ver una película - el Negro, mientras habla, ata la soga de la parte superior del pasacalle al poste de luz.
- ¿Te la cogiste? - pregunta José Luis desde abajo mientras sigue con la mirada un auto que pasa por la calle.
- No, nos dimos unos besos pero nada más. Cuando le dije de ir a casa no quiso.
- Te querías matar, ¿no?
- Un poco sí. Es la tercera vez que salimos y la mina no da el brazo a torcer. Le dejé los dos chicos a mi ex mujer, tenía todo preparado, pero no quiso.
Marcelo le pide a su compañero que le tire el alambre. José Luis se agacha y saca un rollo de alambre de una caja de herramientas que está tirada a un costado de la escalera. Se lo tira. El Negro lo agarra en el aire y con la otra mano saca del bolsillo de atrás de su jean una tenaza. Desenrolla el alambre, toma la punta y le hace un corte de unos treinta centímetros de largo. Apoya el rollo de alambre sobre el escalón más alto de la escalera.
Con la tenaza anuda el alambre sobre la soga, haciendo presión contra el poste. Después de unos segundos repite la misma operación con la soga, el alambre, pero con la parte inferior del pasacalle, un metro más abajo en el mismo poste.
- Ahí está bien eh... - dice José Luis desde abajo. Le da otra pitada al cigarrillo y vuelve a tirar el humo para arriba.
- Correte que bajo -. El Negro baja los escalones de espaldas y cuando llega al suelo le pide una pitada a su compañero. Fuma.
- No lo chupes, la concha de tu hermana, ¿no ves que me lo dejas todo mojado?
- No rompas las pelotas. Pareces una puta.
- ¿Como se llamaba la gorda? - Marcelo apoya una mano sobre la escalera y pita de nuevo su cigarrillo. Un Peugeot 306 último modelo pasa por la calle con la música a todo volumen. Los dos lo siguen con la mirada.
- Estefanía. Tiene treinta años bien caminaditos. No es ninguna pendeja. No está tan buena pero tiene algo. Su carácter, su forma de ser, no sé.
- ¿De qué carácter me hablas, hijo de puta, si vos lo único que querés es ponerla?
- Sí, loco, ya sé, pero quiero parar un poquito la moto. Esta piba es diferente. El otro día, después del cine, nos sentamos en el patio de comidas y charlamos como dos horas. No quiere pija y nada más. Me gustó que la mina me corte el rostro, que se hiciera respetar un poco.
Marcelo tira su cigarro al suelo, lo pisa con la punta del borceguí, se frota los brazos y se queja del frío. José Luis agarra la escalera y la corre unos seis metros hacia la derecha, siempre en la misma esquina. La apoya contra el otro poste de luz - sobre Juramento -, y sube varios escalones.
- Ayudáme con el pasacalle, Jota - le pide el Negro desde arriba de la escalera a su compañero.
José Luis agarra el pasacalle que flamea colgado del primer poste de luz, camina hacia la escalera, sube dos escalones y se lo alcanza. Un taxi frena en la esquina, el chofer baja la ventanilla y dice:
- Perdón, muchachos, ¿la calle Cramer?
- No somos de acá, maestro, no tengo la menor idea - contesta José Luis sin ganas.
El tachero sube la ventanilla y sin decir ni una sola palabra pone primera y se va.
- Es una zarpada la gorda esa. ¿Quién se cree que es? ¿La Salazar?
- Está todo bien, loco. Yo por ahora me la banco - el Negro ata las dos sogas del lado derecho del pasacalle al nuevo poste de luz, la misma técnica, la misma operación -, estoy cansado de la gilada, la bailanta, elfernet y las minitas que se te abren de gambas porque si, porque está todo bien.
- Vos sos un pancho, loco, - José Luis se prende otro cigarrillo y con una de las piernas trabando la escalera se cuelga a mirar como titila la luz roja en lo alto del edificio - ¿no ves que te quiere engatuzar?
- La mina es re piola, labura, tiene un pibe - el Negro anuda bien fuerte los las dos sogas del pasacalle contra el poste, deja bien tirantes los alambres y algo agitado se sienta sobre el escalón más alto de la escalera, con las piernas colgando hacia la vereda. Clava la mirada en un balcón de la vereda de enfrente que tiene la luz prendida, y dice: -, a mis chicos casi no los veo, tengo deudas, este laburo de mierda no sé cuanto va a durar y encima tengo que comprar remedios para la vieja. No puedo estar de fiesta toda la semana.
- Está bien, negro, hacé lo que quieras. Yo no te creo nada, pero bueno, en un tiempito hablamos.
El Negro baja de la escalera. Camina de espaldas hacia la esquina con la mirada puesta en el pasacalle que cuelga tirante a unos tres metros de altura. Tantea con los pies el cordón de la vereda, se da vuelta, baja a la calle y desde la ochava formada por la esquina, dice:
- Quedo joya, ¿no?
- Mejor imposible - José observa con los brazos cruzados.
- Juntemos todo y vámonos a la mierda que hace un frío de cagarse.
Uno guarda las herramientas en la caja, el otro cierra la escalera y entre los dos meten las cosas en una camioneta Ford destartalada que está estacionada en la esquina de enfrente, cruzando Juramento. Por la esquina aparecen dos chicas de unos veinte años.
- Qué linda que estás, mi amor - le dice José Luis a cualquiera de las dos.
Las chicas siguen caminando y apuran el paso por Juramento.
Los dos hombres se meten en la camioneta, ponen la radio y se frotan las piernas.
- ¿Cuanto le ponemos hasta Jose C. Paz?
- A esta hora veinticinco minutos como mucho.
- Mañana arranco re temprano - se queja el Negro -, tengo que llevar a la escuela a los chicos y después a la municipalidad de Tigre a buscar unos papeles de la vieja.
- Yo voy a hacer una changa a la casa de la Colorada - dice José Luis.
- No te zarpés, loco eh... mirá que la minita viene de una re fea.
- Vos no te preocupes... - José Luis empaña el vidrio del acompañante de la camioneta con el vapor que expulsa de su boca, dibuja una casita y dice:
- Dale, loco. Vámonos. Por favor te lo pido.
El Negro enciende el motor, acelera en punto muerto y del caño de escape sale disparada una nube de humo negro.
- ¿Me convidas un cigarro? - el Negro siempre manguea cigarrillos.
José Luís saca el paquete del bolsillo y le convida uno.
- ¿Fuego? - pregunta el Negro.
José Luis mufa y se da vuelta para buscar la caja de fósforos en el asiento de atrás. En ese momento lee con atención, a través del vidrio trasero de la camioneta, el texto del pasacalle que acaban de colgar: "Ana, te amo con todo mi corazón. Perdoname".
- Che, ¿quien será esa turra - pregunta José Luís.
- ¿Qué turra? -. El negro da vuelta la cabeza en dirección a la calle desierta.
- Ana, la del pasacalle.
Pasan dos segundos y el Negro dice:
- Qué se yo, boludo... Lo que si es seguro es que el chabón que mandó a colgar el pasacalle se mandó la cagada de su vida.
*De Mariano Abrevaya Dios mabrevayadios@plussistemas.com.ar
http://hermanosdios.wordpress.com
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 17 de diciembre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor cubano Aurelio de la Vega. Las poesías que leeremos pertenecen a Roque Dalton (El Salvador) y la música de fondo será de
Rikchariy (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
Ejercicios de escritura:
1. La agenda del año*
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes, consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
2. Collage de frases.
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida posible una serie de frases:
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los demás.
Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin de año.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.
*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
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Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
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Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
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Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
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DE CUANDO (APARENTEMENTE) DIOS DECIDIÓ INVOLUCRARSE UN POCO EN EL FÚTBOL ARGENTINO*
Suele decírsele a los niños que Dios todo lo ve y que, si uno se porta mal, Dios lo sabe, se enoja y nos castiga. Semejante advertencia nunca ha resultado muy eficaz para generar comportamientos infantiles irreprochables pero, al menos, sirve para envolver al niño en la protectora creencia de que quien hace algo incorrecto recibe siempre su merecido. Con el tiempo, claro, uno va descubriendo que esto es una falacia. Bienintencionada, pero falacia al fin. Porque sucede con demasiada frecuencia (con desmoralizante frecuencia) que quienes hacen cosas malas logran cumplir exitosamente su cometido sin que -al menos en esta vida- nadie los sancione.
El Torneo Apertura 2006 fue un campeonato plagado de escándalos, hechos de violencia e irregularidades que parecieron confabularse para desmentir aquel dogma maradoniano de que "la pelota no se mancha". Uno de esos lamentables episodios ocurrió cuando, en noviembre, la barra brava de Gimnasia intimidó a sus propios jugadores, exigiéndoles que perdieran su partido frente a Boca. Buscaban, de ese modo, perjudicar directamente a Estudiantes, el clásico rival, en su lucha por obtener el título. Mucho se habló y se escribió sobre dicho partido, antes y después del mismo. Como se sabe, Boca derrotó a Gimnasia con llamativa facilidad y, aunque nadie lo pueda ni quiera probar, todo el mundo opina que los jugadores platenses, fuertemente condicionados, optaron por no desafiar las amenazas recibidas. Y como, al ser citados por la Justicia, los futbolistas de Gimnasia no formularon ninguna denuncia, los violentos se salieron con la suya una vez más, exhibiendo impunemente su alarmante cuota de poder.
A dos fechas del final del torneo, Boca llevaba 4 puntos de ventaja sobre Estudiantes y todos dábamos por sentado que volvería a ser campeón. Nada autorizaba a suponer lo contrario. Su buen juego, su contudencia ofensiva, la arrolladora campaña realizada hasta ese momento, respaldaban ampliamente su condición de favorito. Es cierto que el fútbol, según la ya clásica definición de Dante Panzeri, es la "dinámica de lo impensado", pero convengamos que ni el más fanático de los hinchas de Estudiantes hubiera apostado por el éxito final de su equipo. Una cosa es soñar con que pueda producirse en nuestra vida cierta combinación azarosa de circunstancias favorables; otra muy distinta es confiar en que esa combinación realmente se va a producir.
Ayer a la tarde, sin embargo, Estudiantes derrotó a Boca en el partido-desempate y se consagró campeón, concretando una hazaña histórica, de esas que tienen destino de mito para todos quienes seguimos sintiendo que el fútbol es un juego maravilloso. Sobran los adjetivos para calificar los méritos del flamante campeón, claro. Pero, sinceramente, no hay ningún argumento lógico que suene convincente a la hora de intentar explicar por qué a Boca se le escapó un campeonato que, diez días atrás, tenía metido en el bolsillo. En estos casos, uno se siente tentado de buscar respuestas no convencionales. He escuchado hoy a algunos supersticiosos hablar de maldición. Anda circulando, también, la historia del mentalista de La Plata que cobra sus "trabajos" en dólares, y se comenta con picardía el asunto de la sal que apareció misteriosamente derramada en el vestuario boquense.
A mí, en cambio, me ha dado por recordar a los barrabravas de Gimnasia y su estrategia repudiable. Arrastrado tal vez por mi fantasiosa mente de escritor, no puedo dejar de asociar lo sucedido con aquella advertencia aleccionadora que suele inculcarse a los niños. Porque, a la luz de tan inverosímil desenlace, pareciera que Alguien hubiese decidido intervenir para restaurar cierto orden que la irracionalidad de los hombres había intentado disolver. Alguien que, con sólo ejecutar un par de precisas maniobras, consiguió desactivar mágicamente los artilugios empleados por los villanos de la película, tornándolos inútiles. Alguien que barajó las cartas con un humor sutil, rayano en la ironía, y castigó a los malos de la manera en que seguramente más les duele: forzándolos a soportar exactamente la misma fiesta ajena que habían pretendido evitar usando la violencia.
Ya sé, me dirán que los hoy apenados hinchas de Boca no tenían ninguna culpa que expiar. Me dirán que el verdadero castigo debería haber sido la condena ante un tribunal y no un simple resultado deportivo. Me dirán que involucrar a la justicia divina en el fútbol es una especulación demasiado exagerada, y acaso irrespetuosa. Me dirán que Dios tiene asuntos más importantes que atender. Me dirán que hay en el mundo otras injusticias aún más flagrantes esperando ser reparadas. Me dirán que, a lo sumo, sólo debe verse en lo ocurrido un exquisito gesto de justicia trazado ciegamente por la casualidad o el destino.
Puede ser.
Sucede que, a pesar de tanta evidencia en contrario, a pesar de tanto desencanto acumulado, reconforta pensar que -aunque sea de vez en cuando- Dios se sigue encargando de hacer que los malos reciban su merecido.
*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar
AGUAFUERTES INDO AMERICANAS*
Unas amigas viajaron a la India, y me enviaron fotos que vi aquí, en mi departamento en Argentina. Mirando esas imágenes de la antigua colonia inglesa, desde mi propia vida hago postales donde se confunde el país exótico y mi cercana Sudamérica.
Los techos de losa o chapa, las casitas que multiplican habitaciones añadidas, brotadas de la planta baja. Los objetos puestos a morir en esos techos. Los colores de la pintura a la cal, descascarándose al sol.
Los ojos y las pieles oscuras. Una vocación por el color y la decoración, una inmitigable forma de adornar la miseria para que la alegría halle triunfo por sobre el dolor.
Las multitudes. La gente que no posee ese límite de cercanía personal tolerada, tan propia de los individuos del primer mundo. Apretados unos contra los otros, sentados brazo a brazo. Hermanados físicamente en contraposición al aislamiento del europeo o el norteamericano. Colectividad explícita frente al implícito individualismo de los países ricos.
La suciedad en la ribera del río. Cómo lo sagrado sigue siéndolo a pesar del descuido, del aparente desinterés.
Los animales de carga en las calzadas. Elefantes y camellos allí, aquí caballos. Nuestra cercanía con lo atávico.
Las enormes desigualdades y contrastes. La pobreza rodeando y apoyándose en los muros de mansiones y palacios. La maravilla y la vergüenza. El placer y el espanto. Esa simultaneidad entre quien disfruta las imágenes y se siente un voyeur de la miseria.
Las mujeres gordas, fértiles, diosas indiscutidas de la tierra generosa.
Los hombres que trabajan en la calle, y en la calle ofrecen sus mercancías. La calle, ese lugar donde la vida transcurre porque adentro no hay espacio.
Los ojos que nos miran y ni tan siquiera preguntan nada. Los profundos ojos de negras pestañas que nos miran.
Los que sacamos fotos. Los que creemos que comprendemos lo que vemos.
Colón cuando llegó a este continente creyó que había llegado a la India. Quizás prefiguraba, sin saberlo, unas íntimas semejanzas.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
Pasacalle*
- El otro día salí con la gorda.
- ¿Otra vez?
- Sí.
El Negro Marcelo está trepado a una escalera de aluminio, a unos tres metros de altura, en la esquina de Moldes y Juramento - sobre Moldes -, en Belgrano. José Luis, su compañero, está parado en la vereda y con el pie derecho traba la base de la escalera para que no se mueva. En la mano tiene un cigarrillo. Se lo lleva a la boca, pita, tira el cuello para atrás, larga una larga bocanada de humo hacia arriba y se entretiene mirando como la nube de tabaco se disipa en el aire. Son las dos de la mañana de un lunes de
mediados de agosto y la noche está clara, bien limpia. La luna está clavada a un costado del cielo y a su izquierda hay una enorme torre en construcción que en la punta tiene una luz colorada que titila cada tres segundos.
- Fuimos al ShowCenter a ver una película - el Negro, mientras habla, ata la soga de la parte superior del pasacalle al poste de luz.
- ¿Te la cogiste? - pregunta José Luis desde abajo mientras sigue con la mirada un auto que pasa por la calle.
- No, nos dimos unos besos pero nada más. Cuando le dije de ir a casa no quiso.
- Te querías matar, ¿no?
- Un poco sí. Es la tercera vez que salimos y la mina no da el brazo a torcer. Le dejé los dos chicos a mi ex mujer, tenía todo preparado, pero no quiso.
Marcelo le pide a su compañero que le tire el alambre. José Luis se agacha y saca un rollo de alambre de una caja de herramientas que está tirada a un costado de la escalera. Se lo tira. El Negro lo agarra en el aire y con la otra mano saca del bolsillo de atrás de su jean una tenaza. Desenrolla el alambre, toma la punta y le hace un corte de unos treinta centímetros de largo. Apoya el rollo de alambre sobre el escalón más alto de la escalera.
Con la tenaza anuda el alambre sobre la soga, haciendo presión contra el poste. Después de unos segundos repite la misma operación con la soga, el alambre, pero con la parte inferior del pasacalle, un metro más abajo en el mismo poste.
- Ahí está bien eh... - dice José Luis desde abajo. Le da otra pitada al cigarrillo y vuelve a tirar el humo para arriba.
- Correte que bajo -. El Negro baja los escalones de espaldas y cuando llega al suelo le pide una pitada a su compañero. Fuma.
- No lo chupes, la concha de tu hermana, ¿no ves que me lo dejas todo mojado?
- No rompas las pelotas. Pareces una puta.
- ¿Como se llamaba la gorda? - Marcelo apoya una mano sobre la escalera y pita de nuevo su cigarrillo. Un Peugeot 306 último modelo pasa por la calle con la música a todo volumen. Los dos lo siguen con la mirada.
- Estefanía. Tiene treinta años bien caminaditos. No es ninguna pendeja. No está tan buena pero tiene algo. Su carácter, su forma de ser, no sé.
- ¿De qué carácter me hablas, hijo de puta, si vos lo único que querés es ponerla?
- Sí, loco, ya sé, pero quiero parar un poquito la moto. Esta piba es diferente. El otro día, después del cine, nos sentamos en el patio de comidas y charlamos como dos horas. No quiere pija y nada más. Me gustó que la mina me corte el rostro, que se hiciera respetar un poco.
Marcelo tira su cigarro al suelo, lo pisa con la punta del borceguí, se frota los brazos y se queja del frío. José Luis agarra la escalera y la corre unos seis metros hacia la derecha, siempre en la misma esquina. La apoya contra el otro poste de luz - sobre Juramento -, y sube varios escalones.
- Ayudáme con el pasacalle, Jota - le pide el Negro desde arriba de la escalera a su compañero.
José Luis agarra el pasacalle que flamea colgado del primer poste de luz, camina hacia la escalera, sube dos escalones y se lo alcanza. Un taxi frena en la esquina, el chofer baja la ventanilla y dice:
- Perdón, muchachos, ¿la calle Cramer?
- No somos de acá, maestro, no tengo la menor idea - contesta José Luis sin ganas.
El tachero sube la ventanilla y sin decir ni una sola palabra pone primera y se va.
- Es una zarpada la gorda esa. ¿Quién se cree que es? ¿La Salazar?
- Está todo bien, loco. Yo por ahora me la banco - el Negro ata las dos sogas del lado derecho del pasacalle al nuevo poste de luz, la misma técnica, la misma operación -, estoy cansado de la gilada, la bailanta, elfernet y las minitas que se te abren de gambas porque si, porque está todo bien.
- Vos sos un pancho, loco, - José Luis se prende otro cigarrillo y con una de las piernas trabando la escalera se cuelga a mirar como titila la luz roja en lo alto del edificio - ¿no ves que te quiere engatuzar?
- La mina es re piola, labura, tiene un pibe - el Negro anuda bien fuerte los las dos sogas del pasacalle contra el poste, deja bien tirantes los alambres y algo agitado se sienta sobre el escalón más alto de la escalera, con las piernas colgando hacia la vereda. Clava la mirada en un balcón de la vereda de enfrente que tiene la luz prendida, y dice: -, a mis chicos casi no los veo, tengo deudas, este laburo de mierda no sé cuanto va a durar y encima tengo que comprar remedios para la vieja. No puedo estar de fiesta toda la semana.
- Está bien, negro, hacé lo que quieras. Yo no te creo nada, pero bueno, en un tiempito hablamos.
El Negro baja de la escalera. Camina de espaldas hacia la esquina con la mirada puesta en el pasacalle que cuelga tirante a unos tres metros de altura. Tantea con los pies el cordón de la vereda, se da vuelta, baja a la calle y desde la ochava formada por la esquina, dice:
- Quedo joya, ¿no?
- Mejor imposible - José observa con los brazos cruzados.
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- Yo voy a hacer una changa a la casa de la Colorada - dice José Luis.
- No te zarpés, loco eh... mirá que la minita viene de una re fea.
- Vos no te preocupes... - José Luis empaña el vidrio del acompañante de la camioneta con el vapor que expulsa de su boca, dibuja una casita y dice:
- Dale, loco. Vámonos. Por favor te lo pido.
El Negro enciende el motor, acelera en punto muerto y del caño de escape sale disparada una nube de humo negro.
- ¿Me convidas un cigarro? - el Negro siempre manguea cigarrillos.
José Luís saca el paquete del bolsillo y le convida uno.
- ¿Fuego? - pregunta el Negro.
José Luis mufa y se da vuelta para buscar la caja de fósforos en el asiento de atrás. En ese momento lee con atención, a través del vidrio trasero de la camioneta, el texto del pasacalle que acaban de colgar: "Ana, te amo con todo mi corazón. Perdoname".
- Che, ¿quien será esa turra - pregunta José Luís.
- ¿Qué turra? -. El negro da vuelta la cabeza en dirección a la calle desierta.
- Ana, la del pasacalle.
Pasan dos segundos y el Negro dice:
- Qué se yo, boludo... Lo que si es seguro es que el chabón que mandó a colgar el pasacalle se mandó la cagada de su vida.
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1. La agenda del año*
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes, consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
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2. Collage de frases.
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida posible una serie de frases:
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
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-El mundo para el/ella era un gran tedio.
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-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandisima culpa.
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-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
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3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
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candelas.
Candelas*
Y es casi la noche cuando caminamos con mi compañera de la mano por la ciudad. Hemos sacado algunas fotos de gárgolas y fachadas antiguas. Vemos una luna creciente en una arcada alta que comunica al cielo como visión última.
A media cuadra nos encontramos con una plaza casi como un tropiezo, esta es la plaza adonde miran los edificios mas importantes de la esta provincia. El poder ejecutivo y judicial tienen sus casas diurnas allí.
En la plaza hay un pequeño grupo de personas reunido casi en círculo. Nos acercamos con curiosidad. Hay un hombre de alrededor de 50 años alto y encanecido que lee con voz pausada y serena unas palabras, una periodista le acerca el micrófono y hay un camarógrafo con su equipo que se afirma en tres patas metálicas sobre las baldosas.
Varias personas llevan candelas caseritas en sus manos.
Puedo ver a dos ancianas con bandanas blancas cubriendo sus pelos blancos y grises. Un niño que juega, va y viene a la mano de una joven madre de vestido rojo. Luego habla una mujer, solo recuerdo la frase "nosotros sabemos la verdad".
Mientras seguimos nuestro camino, pienso en esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
En ese duelo a cielo abierto que necesitan realizar cíclicamente mientras haya quien pueda contar los hechos y relatar lo trágico que el poder elude. Para el cual las heridas solo se sueldan con impunidad y olvido. Según parece, para el dolor que echó raíces nunca hay auspiciantes. Esos estan siempre en otro lado.
¿Adonde estan las miles de víctimas de lo que pasó? parece decirme ella con su mirada.
No importa digo. Nada del mundo les quita entidad a quienes no se rinden y salen a la calle para recordar a sus muertos y pedir por una improbable justicia.
Y es casi la noche cuando caminamos con mi compañera de la mano por la ciudad. Hemos sacado algunas fotos de gárgolas y fachadas antiguas. Vemos una luna creciente en una arcada alta que comunica al cielo como visión última.
A media cuadra nos encontramos con una plaza casi como un tropiezo, esta es la plaza adonde miran los edificios mas importantes de la esta provincia. El poder ejecutivo y judicial tienen sus casas diurnas allí.
En la plaza hay un pequeño grupo de personas reunido casi en círculo. Nos acercamos con curiosidad. Hay un hombre de alrededor de 50 años alto y encanecido que lee con voz pausada y serena unas palabras, una periodista le acerca el micrófono y hay un camarógrafo con su equipo que se afirma en tres patas metálicas sobre las baldosas.
Varias personas llevan candelas caseritas en sus manos.
Puedo ver a dos ancianas con bandanas blancas cubriendo sus pelos blancos y grises. Un niño que juega, va y viene a la mano de una joven madre de vestido rojo. Luego habla una mujer, solo recuerdo la frase "nosotros sabemos la verdad".
Mientras seguimos nuestro camino, pienso en esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
En ese duelo a cielo abierto que necesitan realizar cíclicamente mientras haya quien pueda contar los hechos y relatar lo trágico que el poder elude. Para el cual las heridas solo se sueldan con impunidad y olvido. Según parece, para el dolor que echó raíces nunca hay auspiciantes. Esos estan siempre en otro lado.
¿Adonde estan las miles de víctimas de lo que pasó? parece decirme ella con su mirada.
No importa digo. Nada del mundo les quita entidad a quienes no se rinden y salen a la calle para recordar a sus muertos y pedir por una improbable justicia.





