PODER ELEGIR HACE FELIZ
NUESTRA INFELICIDAD*
Nuestra felicidad no nos pertenece. La creamos no con las herramientas que nos son propias, sino con las que nos prestan. Y no depende como el siglo quiere hacernos creer de lo que poseemos, sino de lo que damos.
Puede ser una ingenuidad, pero ciertos antiguos saberes son tan ingenuos como el que un abrazo es más necesario que el pan, y que la sonrisa del amado calienta el alma en el invierno.
La felicidad no es una carcajada necesariamente. Sucede en una capa más profunda y es capaz de serenar los océanos del infortunio.
Para ser feliz es necesario ser generoso. Saber dar y saber recibir.
Una mujer que cocina para su hombre, el padre cansado que se fuerza a estar un ratito más a pesar del dolor de cintura, el muchacho que resigna unas tardes a acompañar la tragedia de su amigo. Hallan todos ellos una felicidad de melodía a media voz, la tranquilidad de estar donde hacen falta.
Pero necesitan, para poder ejercer su cometido de acompañantes, la retribución del reconocimiento.
Trabajar por la felicidad de alguien que nos ignora es un sendero que desemboca en la angustia. Y aquí acostumbramos considerar tonto a quien no requiere alguna clase de paga, y acostumbramos denigrar los trabajos desinteresados. Si no se pide nada a cambio, pensamos que debe de ser algo que no tiene valor.
Es cierto, no tiene precio. Es inapreciable lo que unos hacen por otros cuando se atreven a dar desde las entrañas, cosa nada fácil.
Una mujer que acaricia a su hombre dormido es feliz. Una señora que pone la mesa con las mejores tazas para recibir a sus amigas. Un hombre que enseña a su vecino cómo cambiarle el líquido de freno al automóvil es feliz.
La felicidad florece bajo los techos de chapa, estalla en el patio de una escuela, se enciende en una oficina. No tiene edad ni condición social. La llevan los privilegiados que son capaces de convidar con lo que tienen.
Quien es feliz porque lo envidian, retrasa unos momentos el salto hacia el abismo. Quien se alegra por el llanto de alguien, detiene un minuto solamente el roer de las orugas. Mentirá ser feliz el malvado, se mentirá a si mismo, hará la pantomima, montará su obra teatral. No hemos de darle fe. No le creeremos.
Pero mientras tanto todo nos lleva a la desdicha. La veneración del cinismo, la confusión de maldad con inteligencia, el mandato de arrebatar lo que no está fijado al suelo. Todo nos lleva al blindaje y la desconfianza. O somos ladrones, o tememos ser despojados.
Creemos que poseemos lo que guardamos, y somos esclavos de lo que nos negamos a dar.
La mujer no quiere ser usada, y se niega el privilegio de atender a su hombre. El hombre no quiere que la mujer lo domine, y se niega el privilegio de atenderla. Aferrados a nuestras mezquinas posiciones, amurallados todos, profunda, dolorosamente infelices. Pero eso si, indiscutiblemente dueños, patrones y propietarios de nuestra infelicidad.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
Poder elegir hace feliz...
El cielo entre durmientes*
*Humberto Costantini
Ni un alma por la calle. Como si el sol de la siesta cayendo a pique y después derramándose por todos lados, hubiera empujado a bichos y gente a quién sabe qué escondidos refugios, adonde el sol no puede penetrar, pero ante los cuales se queda montando guardia, rabioso y vigilante como un perro en acecho.
Por la calle vamos Ernesto y yo. Hace cinco minutos, un silbido me arrancó de la sombra de la glicina y me mostró entre dos pilares de la balaustrada un rostro enrojecido y contento. No hubiera sido necesario que me dijera "¿salís?" con un grito breve y exacto como un pelotazo. Yo lo estaba esperando, o mejor dicho yo estaba esperando un pretexto cualquiera para dejar aquella modorra del patio adonde me llegaban ruidos lejanos e incitantes entreverados con el aleteo de algún mangangá.
Por eso no le contesté nada y en seguida estuve con él en la puerta. Se sabe que saldríamos a caminar. Ernesto es así y nuestros doce años no soportan otras tratativas que ese "¿salís?" liso y directo viniendo de un mechón caído sobre los ojos, de una transpirada camiseta amarilla y de unas ganas de hacer muchas cosas que le brillan en la mirada.
Un saludo "¿qué hacés?" y caminamos. El agua de la zanja, un agua barrosa, oscura, caliente, cubierta de protuberancias verdes como el lomo de un sapo, se agita por momentos a impulso de invisibles zambullidas o respira a través de unos globos lentos, pesados, que levantan nuevas ampollas en su pellejo y hacen un extraño ruido de glogloteo como si ya estuviera por soltar el hervor.
Caminamos. La tierra quema en los pies y es lindo sentir ese mordisco cariñoso, de cachorro, con que la tierra nos juguetea por las pantorrillas. Pero más lindo es no sentir nada de eso, sino esas ganas locas de meterse en la tarde como en una selva. ¿No es cierto, Ernesto?
Caminamos. Un aguacil grande y rojo viene a despedirnos, pasa zumbando a nuestro lado y siguiendo la línea de yuyos que bordea la zanja llega hasta el puente de la esquina y vuelve volando a toda máquina amagando un encontrón. —¡A que no lo agarrás!
Caminamos. Las cuadras del barrio quedan atrás. Los paraísos se cambian en plátanos y después otra vez en paraísos. Flechillas, lenguas de vaca, huevitos de gallo. Esta es otra zanja, no la nuestra. ¿Habrá ranones por aquí?
Caminamos. ¡Aquella montaña! ¡A saltarla! La sangre nos golpea en el pecho y en el rostro. La vida es una alegría retenida en los músculos y es ese olor a sol, a sudor y a piel caliente que viene de la ropa de Ernesto.
Caminamos. Ernesto sabe de muchas cosas. De trabajos, de aventuras, de casas abandonadas y de extraños nombres de calles. Mientras caminamos me habla. Me cuenta un disparate y yo me río. Me río como un loco. Me río tanto que Ernesto se contagia de mi propia risa y empieza a reírse él también. Le salen lágrimas de los ojos, se aprieta el costado, no puede parar. Yo lo miro y me da más risa todavía verlo reír. Caminamos tambaleantes, empujándonos, atorándonos de risa. La risa se nos atropella en la boca, nos crece incontenible por todos lados, nos acompaña por cuadras y cuadras esa risa sin por qué, como si una bandada de gorriones enloquecidos nos estuviera siguiendo.
La esquina. Otra cuadra. La risa. Ladridos detrás de un alambre. Otra cuadra. Magnolias, jardines, postes del teléfono. Otra cuadra. Las alpargatas de Ernesto levantando el polvo en las veredas. Otra cuadra. El cielo, la soledad de la siesta, el silbido de una urraca. Otra cuadra, otra cuadra...
Apoyo de pronto mi mano en el hombro de Ernesto y señalo el terraplén del ferrocarril. —¡A ver quién llega primero!
Salimos como balas. Una ametralladora de pasos y el crujido de los terrones resecos. Oigo el jadeo de Ernesto y apenas veo su camiseta amarilla pegada a mi costado. Me pongo enormemente contento cuando dejo de verla y cuando siento que el jadeo va quedando atrás. Apenas por un par de metros, pero llego primero arriba. Y desde arriba lo miro triunfante.
Ernesto tiene la cara negra de tierra y un sudor barroso le forma ríos en la nuca y la espalda. Yo debo estar igual porque en la manga que me pasé por la frente queda una gran mancha negra y húmeda.
A Ernesto se le ocurre caminar por la vía y vamos pisando los durmientes o haciendo equilibrio sobre los rieles. Lo más lindo son los puentes. Cuando allá abajo vemos la calle entre los durmientes deslizándose como un río. Algunos son muy altos y hay que pisar bien para no caerse. Yo camino despacio, aparentando indiferencia, pero sintiendo en todo momento un ligero vértigo que me obliga a clavar la vista en mis pies, a calcular cada pisada, hipnotizado por ese lomo de tierra que se mueve sin cesar debajo mío.
Ernesto, en cambio, se mueve con maravillosa soltura. Me habla, grita, se da vuelta, corre... Es imposible seguirlo. Anda por ese andamiaje de hierro, madera, viento y cielo como por el patio de su casa. No digo nada, pero pienso que estamos a mano con lo de la carrera.
Llegamos a un puente de poca altura y como viene un tren decidimos verlo pasar desde abajo. Descendemos la pequeña cuesta y nos ubicamos a un costado del puente. Oímos el bramido del tren que se acerca y luego un ruido infernal que hace trepidar toda la tablazón. Las vías parecen curvarse bajo las ruedas. Un pandemonio de vapor, chispas, truenos y aullidos que nos sacude hasta las entrañas. La verdad, sentimos un poco de miedo y deseamos que venga otro tren para reivindicarnos.
Las vías pasan a menos de tres metros sobre la calle. Con un buen salto es posible alcanzar los durmientes y colgarse de allí como de un pasamanos. La idea surge como una pedrada y casi de los dos a un tiempo. Quedarnos colgados cuando pase el tren.
La tarde es un desierto de sol y tierra enardecida.
El cascabeleo de algún lejano carro de lechero y el canto metálico de la cigarra no cortan el silencio, sino que lo hacen más denso aún, más expectante.
Esperamos el rumor que nos anuncie la llegada de un tren. Los minutos transcurren lentos en el calor sofocante del reparo que forman las paredes del puente. Se mastica un yuyo o se sube de vez en cuando a mirar el reverbero distante de las vías.
—A no soltarse, ¿eh?
—No, a no soltarse.
De pronto llega. Es apenas un murmullo perdido entre cien murmullos iguales, pero para nosotros imposible de confundir.
Con cierta parsimonia nos preparamos. Frotamos las manos en la tierra, ensayamos un salto, otro salto. Subimos a verlo, ya está cerca.
Tomamos posiciones.
—¡Cuando yo diga saltamos!
El silencio, avasallado ahora por aquel torrente que se agranda y se agranda. Nos miramos y miramos los durmientes allá arriba.
—A no solt...
—¡Ahora!
Me falla un salto. Al segundo estoy arriba balanceándome todavía por el impulso. Ernesto ya está allí, firmemente prendido. Me guiña el ojo. Quiere decir algo, pero no lo escucho porque un ruido ensordecedor me oculta sus palabras. —¿No quemará la locomotora?—. Ya viene. Allí está. Hierros, fuego , vapor y un ruido de pesadilla.
No sabemos cómo fue. Cuando queremos acordarnos los dos estamos a diez metros del puente, mirando cómo los últimos vagones se deslizan haciendo oscilar las vías.
La tarde se nos acuesta entera encima de los hombros. Nos acercamos al puente, cabizbajos, avergonzados.
—¡Vos te soltaste primero!
—¡Tenías una cara de miedo vos!
Otra vez el silencio. La sierra sinfín de la cigarra nos chista y se ríe de nosotros. Estamos agitados, desfigurados por el calor y la excitación pasada.
—Si vos te quedabas, yo me quedaba...
—Yo también, si vos te quedabas, yo me quedaba.
Nos tiramos al suelo para esperar otro tren. La tierra pegándose a la piel mojada. El reverbero de la calle o quizás las gruesas gotas de sudor que me empañan la vista. Ernesto hace garabatos con una ramita.
Y el tiempo que se desliza silencioso sobre las vías como un tren infinito formado por el latido de nuestros corazones.
La cigarra. Un gorrión con el pico entreabierto y las alas separadas. Los ladrillos del puente y allá a lo lejos una pared blanca que nos saluda como un pañuelo.
—Un, dos, tres... (antes de que cuente veinte aparece), cuatro, cinco...
Silencio. Las voces de la siesta.
Ahora sí. Es un tren este. El rumor lejano pero inconfundible. Nos ponemos de pie. Ninguno dice una palabra. El temor de soltarse y la decisión de permanecer hasta el fin. El contacto de la tierra caliente en las palmas de las manos.
—¡Cuando yo diga!
El ruido que crece segundo a segundo. Ernesto se agazapa para saltar. —¡Ahora!, digo, y salto con todas mis fuerzas.
El ennegrecido durmiente queda aprisionado entre mis manos. A un metro de mí, Ernesto se columpia en el suyo.
El ruido ensordecedor. La cara roja de Ernesto entre sus dos brazos en alto. Su camiseta amarilla y su pelo caído sobre la frente.
Terremoto de hierro, vapor y chispas. El ruido infernal. El puente que se hunde con el peso del tren. Un miedo espantoso. Pero estamos colgados todavía.
Me doy cuenta de que estoy gritando a todo lo que doy. Ernesto también grita y patalea y me mira gritando y pataleando como un loco.
El tren no termina nunca de pasar. Las ruedas a medio metro de las manos. Una montaña encima de mi cabeza. El calor, el ruido, Todavía no sé si voy a quedarme hasta que pase todo. Y grito para darme coraje y también porque es necesario gritar. Lo veo a Ernesto congestionado, enloquecido, con las venas del pescuezo hinchadas por los gritos y por el esfuerzo.
Gotas de sudor se me meten en la boca. –No doy más, me quedo hasta que se quede Ernesto. –No doy más, me quedo hasta que se quede Cacho..
¿Cuánto faltará todavía? La cara de Ernesto gesticulando y escupiendo sudor. Sus piernas tirándome patadas. ¿Cuánto faltará todavía? Grito y lo pateo para hacerlo bajar. ¿Cuándo faltará todavía? El ruido. La vibración del puente metiéndose hasta los tuétanos. ¿Cuánto faltará todavía? Los sesos a punto de estallar. Borrachera de ruido, calor, alaridos y miedo. ¿Cuánto faltará todavía?
* * *
Algo dulce que nos acaricia los brazos. El tren que se aleja y el cielo azul a pedazos entre los durmientes.
El silencio que crece de la tierra. El silbido lejano de la locomotora.
Seguimos colgados y nos miramos sonriendo.
La tarde canta en la voz de las cigarras.
¿Te acordás Ernesto, cómo cantaba?
Humberto Costantini nació en Buenos Aires en 1924, y murió en la misma ciudad en junio de 1987.
Poeta, narrador y dramaturgo, Costantini ejerció a lo largo de su vida, junto a su casi secreta labor de investigador científico, los más diversos oficios: veterinario en pueblos de campaña, oficinista, corredor de comercio, ceramista, etc. Estas actividades le ayudaron a profundizar en el conocimiento y los matices que forman las capas medias de nuestra sociedad, con cuyos caracteres y lenguajes enriqueció su prosa.
Heredero del grupo de Boedo y de la preocupación social que lo definiera, Costantini participa y milita en las revistas literarias de izquierda de la década del 50 en las que se manifiesta de manera polémica contra el populismo y el pintoresquismo naturalista. Es por entonces cuando publica sus primeros cuentos, de temática realista y estilo expresionista. A lo largo de su obra, Costantini construye una personalidad literaria definida, la cual se vale de distintos elementos, como ser los símbolos y las alegorías, los monólogos interiores de sus personajes, la literatura fantástica, el realismo mágico, el costumbrismo y hasta la mitología clásica, para abordar la que fuera, en definitiva, su principal obsesión: la alienación del hombre en una sociedad hostil. Una de las características de su estilo es la de llevar a sus personajes a situaciones límite, exasperando la realidad en grotesco.
Costantini fue una influencia notable entre los jóvenes escritores de la década del 60.
De por aquí nomás (1958); Un señor alto, rubio, de bigotes (1963); Tres monólogos (1964); Cuestiones con la vida (1966); Una vieja historia de caminantes (1966) y De dioses, hombrecitos y policías (¿?) son algunas de sus obras más recordadas.
*Fuente:
http://www.abanico.edu.ar/2004/08/cielo.htm
Miércoles, 21 de Marzo de 2007
La vida, ese tupper*
*Por Celeste Galiano, Fabricio Simeoni y Federico Tinivella
"Quisiera ser tupperware para poder conservarte"
Salvador Trapani
Sin precintos ni avatares, pasarse la vida entre paredes de plástico resulta frágil.
Esperar cierto destape y seguir enhiesto. Sentirse fiambrera, cumplir el ciclo desde un recipiente, nacer, comer, reproducirse y morir en el cubículo inesperado de la conservación de la especie.
El señor Earl S. Tupper no podía imaginar el furor que iba a causar su invento cuando en 1946 pergenió el famoso tazón maravilla. Nada tuvieron que ver -y cabe la aclaración- el joven ni la mujer maravilla. Aunque sabemos perfectamente que don Earl pasaba horas escuchando wonderful world con dos
pocillos de porcelana en las orejas, para amortiguar el eco.
El "tupperware", que significa "mercancías de Tupper", permanece desde entonces entre nosotros, ayudando a la preservación de los alimentos. Y es que sirve para todo: congelar comidas preparadas, no preparadas, no comidas, congelar comidas congeladas y descongelar, sirve también para no congelar
absolutamente nada.
Guardar restos en la nevera y nevera en los restos y transportar los alimentos sin riesgo de que se desparramen. Por esta razón, el tupper cada vez viaja más a la oficina, a tu casa, a la luna y hasta se puede plegar para transportarlo en una riñonera, bolsillo o estuche. Humilde y hermético, comparte el don de los hombres sabios, el silencio.
Quitar el aire es su secreto; así ama, así mata, preserva ocultando.
¿Discreto por convicción? No, opaco por naturaleza.
70 y 30. 70 y 30. Cerrar un tupper con precisión exige pocas artes y mucha ciencia: 70% de fuerza en la mano izquierda y un 30% de la derecha, como disparar una 9 milímetros pero con mayor sutileza.
Danger. El uso de un tupper nuevo sin lavar imprime un sabor a momia irremontable, un gusto empalagoso difícil de explicar parecido a respirar pelusa de aspiradora mezclada con polvo de rincón. No olvidar, los tupper se curan como el mate, las ollas de hierro y las personas -a veces, claro.
Para apoderarse de algo uno debe crearlo cuidadosamente, pensó Confucio. Y Earl S. Tupper, con paciencia, aprendió a conquistar el mercado mundial de la practicidad. Jamás aceptó una campaña demasiado agresiva para promocionar sus ingeniosos ghettos atmosféricos. La guerra no se juzga, se evita.
¡Llame ya y obtenga 1000 tuppers, no causan sobredosis! Ni mangueras para enrollar, ni fajas reductoras, ni baba de caracol se ofrecen por más de dos unidades. Scheherezade y las 1001 noches, usted y los mil tupperware se animan al millar. La magia del vacío. Guardar significa amar, cuidar con
persistencia, exhalar protección y volverse querible. ¡Guarda!
De todos los colores y de ninguno, el tupper juega al espejo, caja de trucos. Camuflaje, supervivencia, en la Naturaleza todo lo importante lleva tiempo.
Earl intuyó que los vacuos eran tan importantes como los llenos y concibió un objeto que ordenara atesorando. Quien ordena es poderoso y el poderoso elige.
Poder elegir hace feliz. Sólo se trata de durar, pensó Earl S Tupper cuando corría presuroso hasta el lavabo. De niño la fobia social lo había tomado de la cintura como lo hacía su novia Caterina Mc Intoch en las tardes chorreadas de crema de maní, en las costura de los campos de Conectitut.
Ella lo aferraba de atrás y al oído solía susurrarle versos de Roco Sumbaba, un poeta africano que había viajado hasta el país del norte escondido en un barril de cacahuates desde Kenia. Le decía entonces Caterina "la selva me quema los labios, la lengua, se quema, se quema, se quema ahí", todos poemas escritos por Sumbaba en su viaje de exilio. Textos que se habían convertido en lectura obligada en el sur de Tenesse, de donde era oriunda Mc Intoch.
Esos poemas habían cavado hondo en el desierto mental de Earl. Entendía que el viaje de Roco, su encierro, lo habían conservado en buena forma. Comenzó a pensar que aquello que es sometido a un encierro perdura. Recordaba ahora a su abuela Murdel que permaneció cinco años en el baúl de un Buick, alimentada solo con insectos verdes. Los ancianos del pueblo dijeron, al verla salir, en un descampado, de aquel baúl abierto, que ella pensó cerrado esos cinco años, que se veía más joven.
Sólo se trata de durar, pensó Tupper una vez en el lavabo y aquella idea tomó forma de envase plástico, aquí todas las bolsas son de cartón, no como en Argentina. El plástico es un polímero que protege los alimentos, no como el cartón que les transfiere su aroma y humedad, sintetizó Earl en su cuaderno de anotaciones. Al instante corrió desnudo hasta el jardín, tropezó con el triciclo de Michael su nuevo amante, que dormía después de una borrachera y gritó "plastic", plástico en castellano. He ahí el comienzo de una relación perdurable entre los humanos y su vianda, hasta la llegada del freezer, asesino del tupper, no de su esencia, que todavía olemos en los poemas de Sumbaba.
*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-7811-2007-03-21.html
Intima*
Yo te diré los sueños de mi vida
en lo más hondo de la noche azul...
Mi alma desnuda temblará en tus manos,
sobre tus hombros pesará mi cruz.
Las cumbres de la vida son tan solas,
¡tan solas y tan frías! Yo encerré
mis ansias en mi misma, y toda entera
como una torre de marfil me alcé.
Hoy abriré a tu alma el gran misterio;
ella es capaz de penetrar en mí.
En el silencio hay vértigos de abismos:
yo vacilaba, me sostengo en ti.
Muero de ensueños; beberé en tus fuentes
puras y frescas la verdad; yo sé
que está en el fondo magno de tu pecho
el manantial que vencerá mi sed.
Y sé que en nuestras vidas se produjo
el milagro inefable del reflejo...
En el silencio de la noche mi alma
llega a la tuya como un gran espejo.
¡Imagina el amor que habré soñado
en la tumba glacial de mi silencio!
Más grande que la vida, más que el sueño,
bajo el azur sin fin se sintió preso.
Imagina mi amor, mi amor que quiere
vida imposible, vida sobrehumana,
tú sabes que si pesan, si consumen
alma y sueños de olimpo en carne humana.
Y cuando frente al alma que sentía
poco el azur para bañar sus alas
como un gran horizonte aurisolado
o una playa de luz, se abrió tu alma:
¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante
el imposible! ¡La ilusión vivida!
Bendije a dios, al sol, la flor, el aire
¡la vida toda porque tu eras vida!
Si con angustia yo compre esta dicha,
¡bendito el llanto que manchó mis ojos!
¡Todas las llagas del pasado ríen
al sol naciente por sus labios rojos!
¡Ah! tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,
a través de la noche florecida;
acá lo humano asusta, acá se oye,
se ve, se siente sin cesar la vida.
Vamos más lejos en la noche, vamos
donde ni un eco repercuta en mí,
como una flor nocturna allá en la sombra
me abriré dulcemente para ti.
*De Delmira Agustini.
*Fuente: http://www.patriagrande.net/uruguay/delmira.agustini/index.html
Correo:
*
Queridos amigos, los invito a enviar uno o dos poemas de su autoría escritos para Frida Khalo, máximo 30 líneas por poema.
Tres líneas de currículum del autor, incluyendo país, ciudad y fecha de nacimiento. Todo en archivo adjunto.
El encabezado deberá decir Poema para Frida Khalo.
Enviar a los correos: linajes-editores@att.net.mx con copia a linazeron@yahoo.com
La recepción máxima de los poemas será el 15 de abril de 2007. .
El libro será en homenaje al centenario del natalicio de la pintora y será editado por una dependencia gubernamental, la cual dará a conocer a los poetas seleccionados en el mes de mayo.
Será presentado en un acto en la Delegación Coyoacán con asistencia y lectura de los poetas que puedan asistir.
Dear friends. I invite you to send 2 poems dedicated to Frida Khalo, if you have. Maximum 30 lines per poem. Please Send a short curriculum of 3 lines with country, city and date of birth, everything in attached mail. the poems sent in English will be translated the Spanish.
The book will be in tribute to the centenary of birth of the painter and will be published by a governmental dependency. The poems you would received until maximum the 15 of April.
Please send all to linajes-editores@att.net.mx with copy to linazeron@yahoo.com
Regards and a lot of hugs
*Lina Zerón
www.linazeron.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura
Nuestra felicidad no nos pertenece. La creamos no con las herramientas que nos son propias, sino con las que nos prestan. Y no depende como el siglo quiere hacernos creer de lo que poseemos, sino de lo que damos.
Puede ser una ingenuidad, pero ciertos antiguos saberes son tan ingenuos como el que un abrazo es más necesario que el pan, y que la sonrisa del amado calienta el alma en el invierno.
La felicidad no es una carcajada necesariamente. Sucede en una capa más profunda y es capaz de serenar los océanos del infortunio.
Para ser feliz es necesario ser generoso. Saber dar y saber recibir.
Una mujer que cocina para su hombre, el padre cansado que se fuerza a estar un ratito más a pesar del dolor de cintura, el muchacho que resigna unas tardes a acompañar la tragedia de su amigo. Hallan todos ellos una felicidad de melodía a media voz, la tranquilidad de estar donde hacen falta.
Pero necesitan, para poder ejercer su cometido de acompañantes, la retribución del reconocimiento.
Trabajar por la felicidad de alguien que nos ignora es un sendero que desemboca en la angustia. Y aquí acostumbramos considerar tonto a quien no requiere alguna clase de paga, y acostumbramos denigrar los trabajos desinteresados. Si no se pide nada a cambio, pensamos que debe de ser algo que no tiene valor.
Es cierto, no tiene precio. Es inapreciable lo que unos hacen por otros cuando se atreven a dar desde las entrañas, cosa nada fácil.
Una mujer que acaricia a su hombre dormido es feliz. Una señora que pone la mesa con las mejores tazas para recibir a sus amigas. Un hombre que enseña a su vecino cómo cambiarle el líquido de freno al automóvil es feliz.
La felicidad florece bajo los techos de chapa, estalla en el patio de una escuela, se enciende en una oficina. No tiene edad ni condición social. La llevan los privilegiados que son capaces de convidar con lo que tienen.
Quien es feliz porque lo envidian, retrasa unos momentos el salto hacia el abismo. Quien se alegra por el llanto de alguien, detiene un minuto solamente el roer de las orugas. Mentirá ser feliz el malvado, se mentirá a si mismo, hará la pantomima, montará su obra teatral. No hemos de darle fe. No le creeremos.
Pero mientras tanto todo nos lleva a la desdicha. La veneración del cinismo, la confusión de maldad con inteligencia, el mandato de arrebatar lo que no está fijado al suelo. Todo nos lleva al blindaje y la desconfianza. O somos ladrones, o tememos ser despojados.
Creemos que poseemos lo que guardamos, y somos esclavos de lo que nos negamos a dar.
La mujer no quiere ser usada, y se niega el privilegio de atender a su hombre. El hombre no quiere que la mujer lo domine, y se niega el privilegio de atenderla. Aferrados a nuestras mezquinas posiciones, amurallados todos, profunda, dolorosamente infelices. Pero eso si, indiscutiblemente dueños, patrones y propietarios de nuestra infelicidad.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
Poder elegir hace feliz...
El cielo entre durmientes*
*Humberto Costantini
Ni un alma por la calle. Como si el sol de la siesta cayendo a pique y después derramándose por todos lados, hubiera empujado a bichos y gente a quién sabe qué escondidos refugios, adonde el sol no puede penetrar, pero ante los cuales se queda montando guardia, rabioso y vigilante como un perro en acecho.
Por la calle vamos Ernesto y yo. Hace cinco minutos, un silbido me arrancó de la sombra de la glicina y me mostró entre dos pilares de la balaustrada un rostro enrojecido y contento. No hubiera sido necesario que me dijera "¿salís?" con un grito breve y exacto como un pelotazo. Yo lo estaba esperando, o mejor dicho yo estaba esperando un pretexto cualquiera para dejar aquella modorra del patio adonde me llegaban ruidos lejanos e incitantes entreverados con el aleteo de algún mangangá.
Por eso no le contesté nada y en seguida estuve con él en la puerta. Se sabe que saldríamos a caminar. Ernesto es así y nuestros doce años no soportan otras tratativas que ese "¿salís?" liso y directo viniendo de un mechón caído sobre los ojos, de una transpirada camiseta amarilla y de unas ganas de hacer muchas cosas que le brillan en la mirada.
Un saludo "¿qué hacés?" y caminamos. El agua de la zanja, un agua barrosa, oscura, caliente, cubierta de protuberancias verdes como el lomo de un sapo, se agita por momentos a impulso de invisibles zambullidas o respira a través de unos globos lentos, pesados, que levantan nuevas ampollas en su pellejo y hacen un extraño ruido de glogloteo como si ya estuviera por soltar el hervor.
Caminamos. La tierra quema en los pies y es lindo sentir ese mordisco cariñoso, de cachorro, con que la tierra nos juguetea por las pantorrillas. Pero más lindo es no sentir nada de eso, sino esas ganas locas de meterse en la tarde como en una selva. ¿No es cierto, Ernesto?
Caminamos. Un aguacil grande y rojo viene a despedirnos, pasa zumbando a nuestro lado y siguiendo la línea de yuyos que bordea la zanja llega hasta el puente de la esquina y vuelve volando a toda máquina amagando un encontrón. —¡A que no lo agarrás!
Caminamos. Las cuadras del barrio quedan atrás. Los paraísos se cambian en plátanos y después otra vez en paraísos. Flechillas, lenguas de vaca, huevitos de gallo. Esta es otra zanja, no la nuestra. ¿Habrá ranones por aquí?
Caminamos. ¡Aquella montaña! ¡A saltarla! La sangre nos golpea en el pecho y en el rostro. La vida es una alegría retenida en los músculos y es ese olor a sol, a sudor y a piel caliente que viene de la ropa de Ernesto.
Caminamos. Ernesto sabe de muchas cosas. De trabajos, de aventuras, de casas abandonadas y de extraños nombres de calles. Mientras caminamos me habla. Me cuenta un disparate y yo me río. Me río como un loco. Me río tanto que Ernesto se contagia de mi propia risa y empieza a reírse él también. Le salen lágrimas de los ojos, se aprieta el costado, no puede parar. Yo lo miro y me da más risa todavía verlo reír. Caminamos tambaleantes, empujándonos, atorándonos de risa. La risa se nos atropella en la boca, nos crece incontenible por todos lados, nos acompaña por cuadras y cuadras esa risa sin por qué, como si una bandada de gorriones enloquecidos nos estuviera siguiendo.
La esquina. Otra cuadra. La risa. Ladridos detrás de un alambre. Otra cuadra. Magnolias, jardines, postes del teléfono. Otra cuadra. Las alpargatas de Ernesto levantando el polvo en las veredas. Otra cuadra. El cielo, la soledad de la siesta, el silbido de una urraca. Otra cuadra, otra cuadra...
Apoyo de pronto mi mano en el hombro de Ernesto y señalo el terraplén del ferrocarril. —¡A ver quién llega primero!
Salimos como balas. Una ametralladora de pasos y el crujido de los terrones resecos. Oigo el jadeo de Ernesto y apenas veo su camiseta amarilla pegada a mi costado. Me pongo enormemente contento cuando dejo de verla y cuando siento que el jadeo va quedando atrás. Apenas por un par de metros, pero llego primero arriba. Y desde arriba lo miro triunfante.
Ernesto tiene la cara negra de tierra y un sudor barroso le forma ríos en la nuca y la espalda. Yo debo estar igual porque en la manga que me pasé por la frente queda una gran mancha negra y húmeda.
A Ernesto se le ocurre caminar por la vía y vamos pisando los durmientes o haciendo equilibrio sobre los rieles. Lo más lindo son los puentes. Cuando allá abajo vemos la calle entre los durmientes deslizándose como un río. Algunos son muy altos y hay que pisar bien para no caerse. Yo camino despacio, aparentando indiferencia, pero sintiendo en todo momento un ligero vértigo que me obliga a clavar la vista en mis pies, a calcular cada pisada, hipnotizado por ese lomo de tierra que se mueve sin cesar debajo mío.
Ernesto, en cambio, se mueve con maravillosa soltura. Me habla, grita, se da vuelta, corre... Es imposible seguirlo. Anda por ese andamiaje de hierro, madera, viento y cielo como por el patio de su casa. No digo nada, pero pienso que estamos a mano con lo de la carrera.
Llegamos a un puente de poca altura y como viene un tren decidimos verlo pasar desde abajo. Descendemos la pequeña cuesta y nos ubicamos a un costado del puente. Oímos el bramido del tren que se acerca y luego un ruido infernal que hace trepidar toda la tablazón. Las vías parecen curvarse bajo las ruedas. Un pandemonio de vapor, chispas, truenos y aullidos que nos sacude hasta las entrañas. La verdad, sentimos un poco de miedo y deseamos que venga otro tren para reivindicarnos.
Las vías pasan a menos de tres metros sobre la calle. Con un buen salto es posible alcanzar los durmientes y colgarse de allí como de un pasamanos. La idea surge como una pedrada y casi de los dos a un tiempo. Quedarnos colgados cuando pase el tren.
La tarde es un desierto de sol y tierra enardecida.
El cascabeleo de algún lejano carro de lechero y el canto metálico de la cigarra no cortan el silencio, sino que lo hacen más denso aún, más expectante.
Esperamos el rumor que nos anuncie la llegada de un tren. Los minutos transcurren lentos en el calor sofocante del reparo que forman las paredes del puente. Se mastica un yuyo o se sube de vez en cuando a mirar el reverbero distante de las vías.
—A no soltarse, ¿eh?
—No, a no soltarse.
De pronto llega. Es apenas un murmullo perdido entre cien murmullos iguales, pero para nosotros imposible de confundir.
Con cierta parsimonia nos preparamos. Frotamos las manos en la tierra, ensayamos un salto, otro salto. Subimos a verlo, ya está cerca.
Tomamos posiciones.
—¡Cuando yo diga saltamos!
El silencio, avasallado ahora por aquel torrente que se agranda y se agranda. Nos miramos y miramos los durmientes allá arriba.
—A no solt...
—¡Ahora!
Me falla un salto. Al segundo estoy arriba balanceándome todavía por el impulso. Ernesto ya está allí, firmemente prendido. Me guiña el ojo. Quiere decir algo, pero no lo escucho porque un ruido ensordecedor me oculta sus palabras. —¿No quemará la locomotora?—. Ya viene. Allí está. Hierros, fuego , vapor y un ruido de pesadilla.
No sabemos cómo fue. Cuando queremos acordarnos los dos estamos a diez metros del puente, mirando cómo los últimos vagones se deslizan haciendo oscilar las vías.
La tarde se nos acuesta entera encima de los hombros. Nos acercamos al puente, cabizbajos, avergonzados.
—¡Vos te soltaste primero!
—¡Tenías una cara de miedo vos!
Otra vez el silencio. La sierra sinfín de la cigarra nos chista y se ríe de nosotros. Estamos agitados, desfigurados por el calor y la excitación pasada.
—Si vos te quedabas, yo me quedaba...
—Yo también, si vos te quedabas, yo me quedaba.
Nos tiramos al suelo para esperar otro tren. La tierra pegándose a la piel mojada. El reverbero de la calle o quizás las gruesas gotas de sudor que me empañan la vista. Ernesto hace garabatos con una ramita.
Y el tiempo que se desliza silencioso sobre las vías como un tren infinito formado por el latido de nuestros corazones.
La cigarra. Un gorrión con el pico entreabierto y las alas separadas. Los ladrillos del puente y allá a lo lejos una pared blanca que nos saluda como un pañuelo.
—Un, dos, tres... (antes de que cuente veinte aparece), cuatro, cinco...
Silencio. Las voces de la siesta.
Ahora sí. Es un tren este. El rumor lejano pero inconfundible. Nos ponemos de pie. Ninguno dice una palabra. El temor de soltarse y la decisión de permanecer hasta el fin. El contacto de la tierra caliente en las palmas de las manos.
—¡Cuando yo diga!
El ruido que crece segundo a segundo. Ernesto se agazapa para saltar. —¡Ahora!, digo, y salto con todas mis fuerzas.
El ennegrecido durmiente queda aprisionado entre mis manos. A un metro de mí, Ernesto se columpia en el suyo.
El ruido ensordecedor. La cara roja de Ernesto entre sus dos brazos en alto. Su camiseta amarilla y su pelo caído sobre la frente.
Terremoto de hierro, vapor y chispas. El ruido infernal. El puente que se hunde con el peso del tren. Un miedo espantoso. Pero estamos colgados todavía.
Me doy cuenta de que estoy gritando a todo lo que doy. Ernesto también grita y patalea y me mira gritando y pataleando como un loco.
El tren no termina nunca de pasar. Las ruedas a medio metro de las manos. Una montaña encima de mi cabeza. El calor, el ruido, Todavía no sé si voy a quedarme hasta que pase todo. Y grito para darme coraje y también porque es necesario gritar. Lo veo a Ernesto congestionado, enloquecido, con las venas del pescuezo hinchadas por los gritos y por el esfuerzo.
Gotas de sudor se me meten en la boca. –No doy más, me quedo hasta que se quede Ernesto. –No doy más, me quedo hasta que se quede Cacho..
¿Cuánto faltará todavía? La cara de Ernesto gesticulando y escupiendo sudor. Sus piernas tirándome patadas. ¿Cuánto faltará todavía? Grito y lo pateo para hacerlo bajar. ¿Cuándo faltará todavía? El ruido. La vibración del puente metiéndose hasta los tuétanos. ¿Cuánto faltará todavía? Los sesos a punto de estallar. Borrachera de ruido, calor, alaridos y miedo. ¿Cuánto faltará todavía?
* * *
Algo dulce que nos acaricia los brazos. El tren que se aleja y el cielo azul a pedazos entre los durmientes.
El silencio que crece de la tierra. El silbido lejano de la locomotora.
Seguimos colgados y nos miramos sonriendo.
La tarde canta en la voz de las cigarras.
¿Te acordás Ernesto, cómo cantaba?
Humberto Costantini nació en Buenos Aires en 1924, y murió en la misma ciudad en junio de 1987.
Poeta, narrador y dramaturgo, Costantini ejerció a lo largo de su vida, junto a su casi secreta labor de investigador científico, los más diversos oficios: veterinario en pueblos de campaña, oficinista, corredor de comercio, ceramista, etc. Estas actividades le ayudaron a profundizar en el conocimiento y los matices que forman las capas medias de nuestra sociedad, con cuyos caracteres y lenguajes enriqueció su prosa.
Heredero del grupo de Boedo y de la preocupación social que lo definiera, Costantini participa y milita en las revistas literarias de izquierda de la década del 50 en las que se manifiesta de manera polémica contra el populismo y el pintoresquismo naturalista. Es por entonces cuando publica sus primeros cuentos, de temática realista y estilo expresionista. A lo largo de su obra, Costantini construye una personalidad literaria definida, la cual se vale de distintos elementos, como ser los símbolos y las alegorías, los monólogos interiores de sus personajes, la literatura fantástica, el realismo mágico, el costumbrismo y hasta la mitología clásica, para abordar la que fuera, en definitiva, su principal obsesión: la alienación del hombre en una sociedad hostil. Una de las características de su estilo es la de llevar a sus personajes a situaciones límite, exasperando la realidad en grotesco.
Costantini fue una influencia notable entre los jóvenes escritores de la década del 60.
De por aquí nomás (1958); Un señor alto, rubio, de bigotes (1963); Tres monólogos (1964); Cuestiones con la vida (1966); Una vieja historia de caminantes (1966) y De dioses, hombrecitos y policías (¿?) son algunas de sus obras más recordadas.
*Fuente:
http://www.abanico.edu.ar/2004/08/cielo.htm
Miércoles, 21 de Marzo de 2007
La vida, ese tupper*
*Por Celeste Galiano, Fabricio Simeoni y Federico Tinivella
"Quisiera ser tupperware para poder conservarte"
Salvador Trapani
Sin precintos ni avatares, pasarse la vida entre paredes de plástico resulta frágil.
Esperar cierto destape y seguir enhiesto. Sentirse fiambrera, cumplir el ciclo desde un recipiente, nacer, comer, reproducirse y morir en el cubículo inesperado de la conservación de la especie.
El señor Earl S. Tupper no podía imaginar el furor que iba a causar su invento cuando en 1946 pergenió el famoso tazón maravilla. Nada tuvieron que ver -y cabe la aclaración- el joven ni la mujer maravilla. Aunque sabemos perfectamente que don Earl pasaba horas escuchando wonderful world con dos
pocillos de porcelana en las orejas, para amortiguar el eco.
El "tupperware", que significa "mercancías de Tupper", permanece desde entonces entre nosotros, ayudando a la preservación de los alimentos. Y es que sirve para todo: congelar comidas preparadas, no preparadas, no comidas, congelar comidas congeladas y descongelar, sirve también para no congelar
absolutamente nada.
Guardar restos en la nevera y nevera en los restos y transportar los alimentos sin riesgo de que se desparramen. Por esta razón, el tupper cada vez viaja más a la oficina, a tu casa, a la luna y hasta se puede plegar para transportarlo en una riñonera, bolsillo o estuche. Humilde y hermético, comparte el don de los hombres sabios, el silencio.
Quitar el aire es su secreto; así ama, así mata, preserva ocultando.
¿Discreto por convicción? No, opaco por naturaleza.
70 y 30. 70 y 30. Cerrar un tupper con precisión exige pocas artes y mucha ciencia: 70% de fuerza en la mano izquierda y un 30% de la derecha, como disparar una 9 milímetros pero con mayor sutileza.
Danger. El uso de un tupper nuevo sin lavar imprime un sabor a momia irremontable, un gusto empalagoso difícil de explicar parecido a respirar pelusa de aspiradora mezclada con polvo de rincón. No olvidar, los tupper se curan como el mate, las ollas de hierro y las personas -a veces, claro.
Para apoderarse de algo uno debe crearlo cuidadosamente, pensó Confucio. Y Earl S. Tupper, con paciencia, aprendió a conquistar el mercado mundial de la practicidad. Jamás aceptó una campaña demasiado agresiva para promocionar sus ingeniosos ghettos atmosféricos. La guerra no se juzga, se evita.
¡Llame ya y obtenga 1000 tuppers, no causan sobredosis! Ni mangueras para enrollar, ni fajas reductoras, ni baba de caracol se ofrecen por más de dos unidades. Scheherezade y las 1001 noches, usted y los mil tupperware se animan al millar. La magia del vacío. Guardar significa amar, cuidar con
persistencia, exhalar protección y volverse querible. ¡Guarda!
De todos los colores y de ninguno, el tupper juega al espejo, caja de trucos. Camuflaje, supervivencia, en la Naturaleza todo lo importante lleva tiempo.
Earl intuyó que los vacuos eran tan importantes como los llenos y concibió un objeto que ordenara atesorando. Quien ordena es poderoso y el poderoso elige.
Poder elegir hace feliz. Sólo se trata de durar, pensó Earl S Tupper cuando corría presuroso hasta el lavabo. De niño la fobia social lo había tomado de la cintura como lo hacía su novia Caterina Mc Intoch en las tardes chorreadas de crema de maní, en las costura de los campos de Conectitut.
Ella lo aferraba de atrás y al oído solía susurrarle versos de Roco Sumbaba, un poeta africano que había viajado hasta el país del norte escondido en un barril de cacahuates desde Kenia. Le decía entonces Caterina "la selva me quema los labios, la lengua, se quema, se quema, se quema ahí", todos poemas escritos por Sumbaba en su viaje de exilio. Textos que se habían convertido en lectura obligada en el sur de Tenesse, de donde era oriunda Mc Intoch.
Esos poemas habían cavado hondo en el desierto mental de Earl. Entendía que el viaje de Roco, su encierro, lo habían conservado en buena forma. Comenzó a pensar que aquello que es sometido a un encierro perdura. Recordaba ahora a su abuela Murdel que permaneció cinco años en el baúl de un Buick, alimentada solo con insectos verdes. Los ancianos del pueblo dijeron, al verla salir, en un descampado, de aquel baúl abierto, que ella pensó cerrado esos cinco años, que se veía más joven.
Sólo se trata de durar, pensó Tupper una vez en el lavabo y aquella idea tomó forma de envase plástico, aquí todas las bolsas son de cartón, no como en Argentina. El plástico es un polímero que protege los alimentos, no como el cartón que les transfiere su aroma y humedad, sintetizó Earl en su cuaderno de anotaciones. Al instante corrió desnudo hasta el jardín, tropezó con el triciclo de Michael su nuevo amante, que dormía después de una borrachera y gritó "plastic", plástico en castellano. He ahí el comienzo de una relación perdurable entre los humanos y su vianda, hasta la llegada del freezer, asesino del tupper, no de su esencia, que todavía olemos en los poemas de Sumbaba.
*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-7811-2007-03-21.html
Intima*
Yo te diré los sueños de mi vida
en lo más hondo de la noche azul...
Mi alma desnuda temblará en tus manos,
sobre tus hombros pesará mi cruz.
Las cumbres de la vida son tan solas,
¡tan solas y tan frías! Yo encerré
mis ansias en mi misma, y toda entera
como una torre de marfil me alcé.
Hoy abriré a tu alma el gran misterio;
ella es capaz de penetrar en mí.
En el silencio hay vértigos de abismos:
yo vacilaba, me sostengo en ti.
Muero de ensueños; beberé en tus fuentes
puras y frescas la verdad; yo sé
que está en el fondo magno de tu pecho
el manantial que vencerá mi sed.
Y sé que en nuestras vidas se produjo
el milagro inefable del reflejo...
En el silencio de la noche mi alma
llega a la tuya como un gran espejo.
¡Imagina el amor que habré soñado
en la tumba glacial de mi silencio!
Más grande que la vida, más que el sueño,
bajo el azur sin fin se sintió preso.
Imagina mi amor, mi amor que quiere
vida imposible, vida sobrehumana,
tú sabes que si pesan, si consumen
alma y sueños de olimpo en carne humana.
Y cuando frente al alma que sentía
poco el azur para bañar sus alas
como un gran horizonte aurisolado
o una playa de luz, se abrió tu alma:
¡Imagina! ¡Estrechar, vivo, radiante
el imposible! ¡La ilusión vivida!
Bendije a dios, al sol, la flor, el aire
¡la vida toda porque tu eras vida!
Si con angustia yo compre esta dicha,
¡bendito el llanto que manchó mis ojos!
¡Todas las llagas del pasado ríen
al sol naciente por sus labios rojos!
¡Ah! tú sabrás mi amor; mas vamos lejos,
a través de la noche florecida;
acá lo humano asusta, acá se oye,
se ve, se siente sin cesar la vida.
Vamos más lejos en la noche, vamos
donde ni un eco repercuta en mí,
como una flor nocturna allá en la sombra
me abriré dulcemente para ti.
*De Delmira Agustini.
*Fuente: http://www.patriagrande.net/uruguay/delmira.agustini/index.html
Correo:
*
Queridos amigos, los invito a enviar uno o dos poemas de su autoría escritos para Frida Khalo, máximo 30 líneas por poema.
Tres líneas de currículum del autor, incluyendo país, ciudad y fecha de nacimiento. Todo en archivo adjunto.
El encabezado deberá decir Poema para Frida Khalo.
Enviar a los correos: linajes-editores@att.net.mx con copia a linazeron@yahoo.com
La recepción máxima de los poemas será el 15 de abril de 2007. .
El libro será en homenaje al centenario del natalicio de la pintora y será editado por una dependencia gubernamental, la cual dará a conocer a los poetas seleccionados en el mes de mayo.
Será presentado en un acto en la Delegación Coyoacán con asistencia y lectura de los poetas que puedan asistir.
Dear friends. I invite you to send 2 poems dedicated to Frida Khalo, if you have. Maximum 30 lines per poem. Please Send a short curriculum of 3 lines with country, city and date of birth, everything in attached mail. the poems sent in English will be translated the Spanish.
The book will be in tribute to the centenary of birth of the painter and will be published by a governmental dependency. The poems you would received until maximum the 15 of April.
Please send all to linajes-editores@att.net.mx with copy to linazeron@yahoo.com
Regards and a lot of hugs
*Lina Zerón
www.linazeron.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura
ENTRE LUCES Y SOMBRAS.
ECLIPSE OCULTO*
El eclipse sucedió allá lejos, muy lejos, tan arriba en esa luna
familiar y extraña, la luna siempre la misma, presente en las noches que no
vemos y en las que vimos.
Se ha obscurecido la luna, se ha puesto roja, ha revelado su superficie
convexa de esfera celeste. Allá detrás de las nubes, para otros ojos, para
quien no se halle debajo de las nubes nocturnas que se empeñan en ser garúa
para regalar un entramado sutil en los faroles.
Desde aquí y tras las ventanas hemos visto oscuridad y agua, hemos visto
la textura móvil de las gotas minúsculas, y hemos apenas presentido que la
tierra negó la luz del sol a nuestra siempre luna. Eclipse sin ojos, eclipse
ciego.
Sabemos con las yemas de los dedos, con los vellos sensibles del borde
del espíritu, con un leve temblor de la piel sabemos que esta noche y para
nadie la luna se vistió de largo, se puso pendientes, se engalanó y bailó
con gasa transparente. Hoy la luna puso fanal a la bombilla, se soltó la
cabellera, se recostó en los cielos y extendió rubor en las mejillas.
Impúdica luna la luna a media luz. Luna de otoño, luna desvelada.
Horadan mis ansias esta lluvia y estas nubes. Detrás ha ocurrido el
eclipse, y ya ha acabado. No lo vimos. Pienso que no veré muchos más.
Recuerdo otros.
Inclina a la meditación un hecho único y precioso. Nos deja a solas con
los pasados en sepia y los mañanas de incertidumbre.
Siento la precariedad de mi silueta contra el negro de la noche. Ruego
que me vea el hombre cuando ponga fanal a mi bombilla, cuando baile a media
luz, cuando deje caer los velos.
Que no ciegue la lluvia a mi amor. Que no me oculten de él ni estas
nubes ni otras aguas.
*de Mónica Russomanno russomannomonica@hotmail.com
Entre luces y sombras...
A la altura de los chicos*
Francesco Tonucci es un pedagogo italiano que propone dar voz y voto a los
niños en la vida cívica. Ahora toma las armas en defensa del recreo y el
juego libre. Una presencia bienvenida para los que mañana estrenan
guardapolvo.
"Si un chico se mueve acompañado de su padre, nadie se mete. Si se mueve
solo, es un hecho público. Un chico solo vuelve segura la calle."
*Texto Fabiana Fondevila. Fotos Rubén Digilio
ffondevila@clarin.com
Como siempre en la vida, las banderas que Francesco Tonucci enarbola por el
mundo son producto de un temprano amor. No hace falta mucha imaginación para
ver al pedagogo italiano de barba blanca, antes de poseer título ni barba,
perdido en las páginas de un libro que daría curso a su vida. El libro era
El Principito, y de él Tonucci aprendió lo siguiente: que los chicos saben
muchas cosas, que intuyen todavía más y que se cansan de vivir dándole
explicaciones a los adultos. A partir de la bella fábula de Saint-Exupéry,
en la que el protagonista pone a prueba la lucidez de las personas
invitándolas a descubrir a una boa digiriendo un elefante en un dibujo con
fuertes reminiscencias de sombrero, Tonucci tuvo un sueño osado: diseñar un
mundo a la medida de los chicos. Acaso no haya sido el primero en soñarlo -
seguramente tendrá competencia de unos cuantos soñadores infantiles - pero
sí fue el primero en darse cuenta de que, dotados de voz, voto y tiempo para
pensar, el mundo que piden los chicos no se parece en nada a Disneylandia.
Entre los reclamos no figuran ni chicle para las comidas, ni videojuegos en
cada esquina, ni la clausura definitiva de las escuelas. En vez, los nuevos
legisladores dictaminan que: 1. La bicicleta es más democrática que el
coche. 2. Por la vereda debe poder pasar toda una familia. 3. Es mejor ir a
la plaza con los abuelos que con los padres, porque están menos apurados. 4.
Los chicos tienen derecho a tener padres felices.
Su trabajo con los chicos terminó de convencer a Tonucci de que una ciudad
diseñada a la medida de sus menores redundaría en una ciudad más apta para
todos. Y puso manos a la obra. En mayo de 1991 creó en Fano, Italia, un
programa llamado Laboratorio Ciudad de los Niños, con una clara vocación
política. Su objetivo: generar una nueva filosofía de gobierno de la ciudad,
tomando a los niños como parámetro y garantía de las necesidades de todos
los ciudadanos. Hoy el programa se aplica en unas cien ciudades de Italia,
un puñado de España, y aquí mismo, entre nosotros, en Buenos Aires, Rosario,
Córdoba, y otras ciudades.
¿Cuántas de las propuestas de los Consejos de niños se han llevado a cabo en
la Argentina?
En la ciudad de Rosario se instauró un día dedicado al juego para todos los
ciudadanos. Ese día las escuelas permanecen abiertas todo el día sólo para
jugar, se cierran algunas calles al tránsito vehicular, y todos los
organismos municipales dan una hora libre a sus empleados para sumarse a la
diversión. Pero, además, más de 500 entidades públicas y privadas se sumaron
a la iniciativa.
¿Cuál fue el argumento de los niños para sumar a los adultos al programa?
Muy simple: "Los adultos, si juegan, son mejores." Otra propuesta que se
lleva a cabo es la de las multas morales, reprimendas impresas que dejan los
niños sobre los autos mal estacionados, que les quitan lugar para jugar.
¿Escuchamos más o menos a los niños que lo que nos escucharon a nosotros?
Cuando los grandes de hoy éramos niños, el mundo de la niñez interesaba
poco. Esto era una ventaja porque los niños tenían a consecuencia mucha
libertad para hacer lo que querían. Hoy, que sabemos de la importancia de
los primeros años de vida, ellos sufren el acoso de nuestra presencia
constante y, al mismo tiempo, nuestra desvalorización.
¿De qué manera los desvalorizamos?
Pensamos que son tontos. Que, por ejemplo, si se los deja sueltos en la
ciudad, se van a tirar abajo del primer coche que pasa. Esto no es así.
Tampoco son tenidas en cuenta sus ideas y opiniones. Y la verdad es que, sin
condiciones de estrés, sin control exagerado, y haciéndoles saber que lo que
decidan va a ser tomado en serio, los chicos hacen propuestas muy
interesantes.
¿En qué difieren sus propuestas de las de los adultos?
Los chicos se hacen cargo de los demás. En nuestras calles han desaparecido
los niños, los viejos, los minusválidos. Desde que llegué a Buenos Aires, no
he visto una sola persona en silla de ruedas. Cuando se les da a elegir a
los niños, suelen pensar también en los más débiles.
Sin embargo, los chicos también saben ser crueles y excluir o atormentar a
los débiles. El famoso fenómeno del 'bullying'...
Los niños tienen una moral infantil, con una elaboración de reglas
particular. Tienen un superyo débil, por eso cuando son usados como soldados
en las guerras, son los peores, matan sin problema. Eso es porque se está
montando una experiencia adulta sobre una conciencia de niño. Pero en
general, esos casos de crueldad se dan cuando los chicos son a su vez
víctimas de un sistema de represión y victimización. Sólo podemos evaluar
realmente la moral de un niño cuando lo ponemos en condiciones de controlar
lo que hace. Esto lo expresó claramente un niño del Consejo del Niño de
Fano, que dijo: "Cuando me di cuenta de que iban a tomar en serio nuestras
propuestas, me sentí más responsable."
LA PIEDRA DE LA DISCORDIA
Si las ideas de Tonucci son siempre exigentes, hay una que produce una
suerte de urticaria involuntaria en la mayoría de los padres: el reclamo por
la autonomía de los chicos. El educador pide algo que hoy suena a ciencia
ficción: que los niños vuelvan a andar solos por la calle, que se junten
solos a jugar en la plaza, que caminen por su cuenta o en grupos hasta la
escuela. "No sé qué hacer solo, porque nunca me quedo solo", dijo un niño de
Fano. "Queremos de esta ciudad permiso para salir de casa", dijo un par de
Roma. Tonucci escuchó estos reclamos, y postuló que los niños necesitan,
para madurar, la exposición lenta y gradual a riesgos que sólo ofrece la
autonomía. Si no la reciben, señala, llegan a la adolescencia con urgencia
de ponerse a prueba de un día para otro, sin experiencia previa.
A la lista de objeciones que cualquier padre moderno puede enumerar en un
histérico soplo -que los secuestros , que los atropellos, que los pedófilos
que pululan en cada esquina...- Tonucci responde con calma: "No es que los
chicos no pueden salir solos porque las calles no son seguras; las calles no
son seguras porque los chicos no salen solos."
Esta osadía ya está en marcha en muchas ciudades de los niños, incluyendo
algún municipio de la Ciudad de Buenos Aires. Con ayuda de la escuela, se
hace primero un trabajo de preparación de meses, en el que se estudia con
los chicos las distintas rutas posibles y se identifican los peligros. Luego
los chicos salen solos de sus casas, se reúnen con sus compañeros en lugares
designados y hacen el camino al colegio que mejor les parece. Se enfrentan,
por supuesto, a numerosos desafíos. Y ésa es precisamente la idea.
"Cuando un chico va al colegio de la mano de un adulto, es un chico tonto,
no toma ninguna decisión, responde siempre a los tiempos y a las urgencias
del adulto. Es mucho más probable que sufran un accidente estando
acompañados. En cambio, al estar solos prestan atención. Por un lado, porque
quieren demostrar que son responsables y por otro, porque no son pequeños
proyectos de suicidas."
Para reforzar la seguridad camino al colegio, comerciantes y vecinos
voluntarios ponen un cartel en sus ventanas que indica a los niños que ése
es un lugar seguro: pueden entrar a pedir un vaso de agua, a hablar por
teléfono o a pedir la intervención de un adulto si se están peleando. "La
presencia de los chicos en las calles genera una actitud activa y protectora
delos adultos", sostiene Tonucci.
¿Qué pasa con los chicos que hoy ya están en las calles, y no parecen
modificar mucho la actitud de nadie?
Esos son chicos de la calle; los adultos los viven como una amenaza. Lo
mismo pasa con los minusválidos que se ven hoy, que son siempre mendigos.
"En las ciudades donde se aplica el sistema, ha disminuido el delito en un
50 por ciento y prácticamente no ha habido accidentes de tránsito", insiste
el educador, y acota: "Además, los chicos que van solos al colegio llegan
mucho más temprano."
¡RECREEEEEEEEO!
Una de las últimas banderas de Tonucci y la que -entre otras misiones - vino
a promover a la Argentina, es la importancia del recreo. "Los adultos le
temen al recreo, lo ven como una explosión tonta y peligrosa de energía por
parte de los chicos. Pero ésta es una lectura equivocada. Esa explosión es
causada por el clima de excesivo control y sumisión que sufren los chicos en
las aulas. Al estrés de la atención, de la frustración por no entender, se
suma la inmovilidad absoluta y antinatural que se les exige, hora tras hora.
De ahí la virulencia de esos breves respiros de libertad que son los
recreos. El patio se considera un corral para que los chicos corran como
locos y descarguen energía, pero ése no es el juego natural de los niños."
El pedagogo redactó un proyecto para devolver el recreo a los niños (ver
Reinventar). A los adultos sólo se les pide que respeten ese tiempo, sin
suprimirlo como castigo ni usarlo como chantaje para lograr buena conducta.
Y jamás robarle tiempo a ese oasis de juego para privilegiar "lo
importante".
En esta cruzada bien podría ayudar el amigo de rulos ensortijados y capa,
que tanto hizo por formar las ideas de Tonucci. El mismo que al encontrarse
con un inventor de píldoras para la sed, que permitirían a las personas
ahorrar un total de cincuenta y tres minutos por semana, pensó para sí: "Yo,
si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría muy suavemente
hacia una fuente." Cosas de chicos.
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/03/04/sociedad/s-01373800.htm
Ilusiones e hipocresías*
02/03/07
*Por Carlos del Frade
(APE).- Los cirujas no son solamente la última expresión, el epílogo del
mercado de trabajo, el escalón final antes de lo ilegal. Los cartoneros son,
por eso mismo, una de las más desesperadas y nobles actividades que
despliegan los expulsados del llamado universo formal laboral. No quieren
ser delincuentes y, entonces, se transforman en arqueólogos de la basura,
buscadores de algo de valor que les permita enfrentar la mishiadura impuesta
por las minorías.
Dos de ellos, los hermanos Lescano, revolvían las bolsas en las calles de la
hermosa capital correntina.
De pronto apareció un papel que les aceleró el pulso.
En inglés y con seis ceros, los cartoneros supieron que tenían, entre sus
manos, un millón de dólares.
Lo dieron vuelta del derecho y del revés y aunque no sabían si existía o no
semejante cifra resumida en un billete, decidieron ir al Banco de la Nación
Argentina en la ciudad de Corrientes, a la vera del Paraná.
Hay que imaginarse ese momento: sintieron, los cartoneros, que los milagros
existían y que, por primera vez, les tocaba a ellos.
Fueron cargados de ansiedad, futuros inimaginables hasta ese papel, y
pletóricos de inocencia.
El cajero recibió el pedido. Cambiarlo por dinero argentino.
Miró el papel, los relojeó a los hermanos y denunció el hecho.
Lo que vino después es obra de la permanente hipocresía del sistema.
Detuvieron a los hermanos Lescano y le iniciaron una causa judicial por
supuesto intento de falsificación de dinero y daño a la entidad financiera.
Los acusaron por violar el artículo 282 del Código Penal que establece "una
pena de tres a quince años para quienes falsifiquen o pongan en circulación
moneda falsa", dice la información que apareció en distintos medios de
comunicación del país.
La imagen del papel de la suerte, el billete de un millón de dólares,
circula en algunos sitios de internet y sus realizadores son empresas
privadas de publicidad que utilizan semejante símbolo de poder económico
como sinónimo de sus cualidades a la hora de multiplicar el dinero.
También se informó que el máximo valor resumido en un billete de los Estados
Unidos son cien mil dólares pero se utiliza para transacciones
interbancarias.
Mientras tanto, en el sur, en la provincia de Corrientes, el papel de la
suerte terminó convirtiéndose en una postal de pesadilla para los
cartoneros.
Y está muy claro que los hermanos Lescano no son consumidores de internet.
Son desesperados habitantes del presente argentino.
Sin embargo, la justicia correntina los detuvo aunque dijo que es un delito
excarcelable.
El colmo de la hipocresía.
Mientras todavía nadie hizo demasiado por aclarar el lavado millonario de
dólares en la provincia de la yerba, los hermanos Lescano deben pagar por
haber vivido el espejismo de una ilusión rantifusa.
No hay billetes que alcancen para pagar el costo de tantas falsedades de
guante blanco.
Fuentes de datos: Diarios La Gaceta - Tucumán 23-02-07 y La Capital -
Rosario 24-02-07
*Publicado en AGENCIA PELOTA DE TRAPO. agenciapelota@pelotadetrapo.org.ar
http://www.pelotadetrapo.org.ar/
En Alemania, la locura y la escultura son parte de la misma muestra
delirante*
En la ciudad de Heidelberg son exhibidas las "sillas flotantes" creadas por
un enigmático personaje del siglo XVIII. ¿Era James Tilly Matthews un
esquizofrénico, o sufrió una venganza de un médico delirante?
MISTERIO. Las "sillas flotantes" del enigmático Matthews.
Enrique López Magallón*
conexiones@claringlobal.com.ar
La Colección Prinzhorn es quizá única en su especie: contiene exclusivamente
obras de arte realizadas por pacientes de hospitales psiquiátricos de Suiza
y Alemania, entre 1890 y 1920.
La muestra permanente tiene su sede en la Clínica Psiquiátrica de la
Universidad de Heidelberg. Consta de cerca de 5.000 piezas, entre acuarelas,
bosquejos, cartas y otros textos, además de esculturas.
De acuerdo con los registros de la exposición, muy pocos de los pacientes
contaban con una instrucción formal en artes plásticas. La mayoría se
encontraban internos a causa de padecimientos relacionados con la
esquizofrenia.
El caso Matthews
Un caso especial, sin embargo, es el que ocupa actualmente, y por poco
tiempo, la sala principal de la Colección Prinzhorn. Pero para explicarlo
hay que hablar primero de su autor.
Se trata de James Tilly Matthews, uno de los pacientes más célebres del
hospital Bedlam, de Inglaterra. Era un comerciante de té cuya militancia
política lo llevó a la reclusión. Además de sus actividades mercantiles,
Matthews mantenía contacto con políticos y dirigentes considerados como
"revolucionarios". También realizó labores de mediación entre Gran Bretaña y
Francia, durante el conflicto que separaba a ambas naciones a finales del
siglo XVIII. Se le acusó entonces de ser un doble agente y, bajo la misma
suposición, se le adjudicaron rasgos de esquizofrenia.
Matthews realizó un diseño con unos aparatos llamados que denominó "air
loom"; o sea, algo así como "sillas flotantes". De acuerdo con él, una banda
de maleantes se servía de los aparatos para crear ondas de aire fuertemente
cargadas de magnetismo que, a su vez, sembraban en su cerebro ideas
delirantes.
Con el correr de las décadas, y ya muerto Matthews, algunos personajes han
fabricado aparatos siguiendo los diseños. Uno de estos prototipos se
encuentra precisamente en la sala de exposiciones de la Colección Prinzhorn.
Las máquinas y la locura
Según el Dr. Thomas Fuchs, quien trabaja en la Clínica Psiquiátrica de la
Universidad de Heidelberg, no es rara la aparición de máquinas en los
delirios de pacientes que atribuyen a determinados aparatos cualidades
suficientes para influir en la mente.
Algunos esquizofrénicos se muestran convencidos, por ejemplo, de que Bill
Gates ha intervenido personalmente para estropear sus computadoras
personales . Otros afirman que sus pensamientos son esparcidos por Internet
a través de las cámaras conectadas a sus ordenadores.
Por supuesto, ante estas obras de arte surge la pregunta sobre si el
paciente está realmente enfermo o no. La familia de Matthews, por ejemplo,
nunca aceptó la versión sobre su locura y luchó por que fuera liberado.
Incluso se ha llegado a pensar que la leyenda negra que pesa sobre él fue
una venganza del médico que lo atendía. En 1815, el galeno fue sometido a
una investigación gubernamental en la que, en medio de un escándalo, el
especialista perdió su licencia médica y su puesto.
El paciente, por su parte, fue dejado en libertad y absuelto de todo
diagnóstico negativo. Murió un año más tarde dejando tan sólo el dibujo de
las misteriosas sillas en las que, quizá, se encuentre la clave de una mente
privilegiada y oscura.
*Fuente: Deutsche Welle.
http://www.clarin.com/diario/2007/03/04/conexiones/t-01373680.htm
Domingo, 04 de Marzo de 2007
literatura|ariel magnus y "la abuela", un retrato diferente de la shoah
"Se corrió del lugar de víctima"*
El escritor y periodista cuenta cómo nació el libro en el que su abuela,
sobreviviente de los campos de Therensienstadt y Auschwitz, da su visión del
horror nazi. "Ella es una mujer muy irónica, y en las charlas que tuvimos
nos peleamos mucho... viendo lo que sufrió pude entender mejor su historia",
dice.
"No pude volver a los autores alemanes de la posguerra; es un tema que
prefiero tener lejos."
*Por Angel Berlanga
La abuela es un libro atípico entre los que tienen como protagonistas a
sobrevivientes del Holocausto. Ariel Magnus, el autor, el nieto de esta
sobreviviente de Therensienstadt y Auschwitz, cuenta de su relación con ella
a partir de dos seguidillas de días que pasaron juntos. Con la idea de
registrar su relato acerca de su vida y su paso por los campos nazis, en
2002 intentó una entrevista que resultó llena de tropiezos, antifluida; eso
ocurrió en Brasil, el país en el que esta anciana vive tras la Segunda
Guerra. Al año siguiente ella lo visitó en Berlín -este periodista y
escritor argentino vivió entre 1999 y 2005 en Alemania- y de allí surgió una
crónica sobre esa nueva secuencia de días compartidos. El entrelanzamiento
de ambas instancias estructura un texto en el que coexisten la vitalidad de
esta mujer -nacida en Wuppertal en 1920-, su resistencia a evocar aquel
horror -su madre y su hermana fueron asesinadas, y ella pesaba 35 kilos
cuando fue rescatada-, las inevitables marcas que dejan esas experiencias,
su sentido del humor y sus manías, su lejanía del lamento, con la explícita
mirada del nieto, sus incomprensiones y su búsqueda por comprender, lo que
le resulta difícil de aguantar y lo que le admira, las dificultades de
comunicación.
-Usted plantea cierto rechazo por los libros sobre las experiencias en los
campos. ¿Por qué?
-Aprendí sobre eso desde muy chico en el colegio alemán en el que estudié
aquí, en Buenos Aires. Con alguna excepción, no pude volver a los autores
alemanes de la posguerra; el Holocausto es un tema horrible, que prefiero
tener lejos. Al tener un sobreviviente en la familia la cuestión está muy
cercana, y entonces te relajás y decís "este tema ya lo tengo, no
necesito..." Que es una mentira, de cierta forma. Recién después de escribir
este libro empecé a leer algo: Primo Levi, Hannah Arendt. Y punto. Con las
películas también me cuesta.
-¿Qué decisiones estilísticas tomó al encarar la escritura?
-Cuando tenía sólo la entrevista no me cerraba; en principio quería
desgrabarlo, tipearlo y entregarlo a alguna fundación para que quedara un
testimonio escrito. No quería escribir sobre el tema, realmente. Y tardé
mucho tiempo en darme cuenta de que en lo desastroso de esa entrevista había
algo interesante; ella me cuenta su historia y no la entiendo, nos peleamos.
Pero al transcribir eso, así, digo un montón de nuestra relación. Cuando
vino a visitarme a casa tuve que ponerme a escribir, porque pasaron muchas
cosas significativas. Fue decisivo ponerme como personaje en el libro, cosa
que yo no quería bajo ningún aspecto. Es un poco arriesgado, porque yo no
soy interesante y mi abuela sí.
-¿Es intencional esa búsqueda por correrse del discurso de la víctima?
-Parte de ese tono se lo debo a la abuela. En muchos casos ella se corre de
ese lugar. Fue una verdadera víctima y lo sigue siendo. Como yo no la veía
así, sobre todo porque no lo transmite, en algún momento me costó quererla;
viendo lo que sufrió pude entender mejor su historia. La idea fue mostrarla
como ella se transmite. La abuela odia a quienes se hacen las víctimas y me
parece fantástico. Así que fue una decisión, sí, pero impulsada por ella.
Creo que es un sobreviviente muy especial.
-¿Por qué?
-Es una mujer muy irónica. Logró volver al país de los asesinos de su
familia pero pudo rescatar, ahí, los buenos momentos. Es súper sano lo que
hizo con su historia. Y no es una intelectual, no es leída; entiendo que,
además, nunca trabajó psicoanalíticamente su experiencia. Y se las arregló,
tiró para adelante. Con la misma potencia que siguió a su madre a los campos
de concentración, porque ése era su deber, luego siguió viviendo, formó una
familia y fue feliz. En ese sentido su discurso es distinto; si tuviera un
discurso más destrozado tal vez no me hubiera instado a hablar con ella. Lo
que más rescato de la abuela son sus momentos woodyallenescos, en los que es
capaz de cosas notables. Ir sola a Auschwitz, por ejemplo, y después decir
"me sentí un poco mal". Es kamikaze. Y se la banca. No digo que sea la
única, pero tiene un sentido del humor, una fuerza y una alegría que la
hacen especial.
-Y desde lo emocional, ¿qué le produjo su relato? El libro parece soslayar
un tanto ese costado.
-Yo estaba preparado para que me contara cosas tremendas, pero ella no es
muy dramática. No le gusta contar eso, tuve que presionarla. Hubo cosas que
me impactaron mucho: esa patada que le dieron cuando la separaron de la
madre, que le deformó la cara. Creo que al contrario, el libro es un
desarrollo de lo emocional con mi abuela, con quien no tenía una relación
muy emocional. De chico la vi poco y no la quería mucho, decía cosas que no
me gustaban: recién a través del libro empecé a conocerla. Me parece que
parte de la cuestión es emocional: si hablás de tu abuela es difícil escapar
de eso. Trato de no ser kitsch, de conservar cierto nivel literario a pesar
de las emociones. Los dos, por otra parte, somos más bien fríos. Quizá eso
de la sensación de distancia. Que es real, por nuestras historias estamos
distanciados. Y vivimos lejos.
-¿Qué destaca de su forma de contar la historia?
-El desorden, los sobreentendidos, la rapidez -casi diría la urgencia-, por
momentos la distancia. El hecho de mezclar lo vivido con lo que se aprende
después. Eso desde lo formal; desde el contenido, el casi nulo amarillismo
para contar. Se concentra en lo bueno y procura esquivar lo malo: eso como
una decisión consciente y vital. "A esto no tengo por qué darle vueltas -me
decía-, hay miles de libros, leelos, no me vengas a preguntar eso." Y los
desvíos, detenerse en detalles como el nombre de un río o explayarse en
larguísimas historias secundarias.
-"Por llamar la atención nos pasó lo que nos pasó a los judíos."
-Sí, eso dice mi abuela. Tremendo, ¿no? Y lo repetiría. Cuando lo dijo, los
cuatro que estábamos con ella la miramos y le dijimos "¿cómo pensás algo
así?". Pero luego, en frío, pensé que de alguna forma tiene que explicarse
lo que pasó. Me parece horripilante, pero se acerca a una explicación: "Y,
algo habremos hecho". Acá también está el "algo habrán hecho". Todo lo que
sea judío y notorio le da mucho resquemor; ella preferiría pasar
desapercibida. Y a la vez no toleraría que se pierda la tradición. Yo creo
que de chiquita le enseñaron eso, que hoy subsiste: "Vos tenés la culpa". Le
tienen que haber lavado tanto el cerebro, la denigraron tanto como ser
humano que incluso le hicieron sentir que tenía la culpa de lo que estaba
pasando.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-5565-2007-03-04.html
Miguel Ángel Buonarroti*
Potente solitario
alma, cuerpo, cosas
las manos de su Dios, su tierra, sus parientes
Tributo al biógrafo:
la Batalla de los Centauros
en la corte de los Médicis
y la Virgen de la Escala
Extraedor de mármoles
mucho enaltecer
Clemente Séptimo abriendo su biblioteca Laurenciana
El relieve en el meollo
capturado en el relieve.
Miguel Angel Buonarroti*
Puissant solitaire
âme, corps, choses
les mains de son Dieu, son pays, sa parentèle
Tribut au biographe:
la Bataille des Centaures
à la Cour des Médicis
et la Vierge à l'échelle
Extraire des marbres
de sublimes exaltations
Clément Sept ouvrant sa bibliothéque Laurentienne
Le relief dans l'âme
capturé dans les reliefs.
*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
- castellano-francés & con traducción de Jacques Canut
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El domingo 4 de marzo del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg
(107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro
programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los
compositores argentinos Pablo Ingüe y Alejandro Iglesias Rossi. Las poesías
que leeremos pertenecen a Estelia Soto Jourdan (Argentina) y la música de
fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar
online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede
bajar gratis de internet)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se
repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en
la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear
noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono
noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten
el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la
injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple.
Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable)
y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio:
la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada
escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se
editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación
en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor
emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada
obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su
difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras
recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una
dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y
noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de
cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor,
cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de
estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de
trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus
propuestas de escritura
¿ Otras preguntas o consultas? escribi a inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
El eclipse sucedió allá lejos, muy lejos, tan arriba en esa luna
familiar y extraña, la luna siempre la misma, presente en las noches que no
vemos y en las que vimos.
Se ha obscurecido la luna, se ha puesto roja, ha revelado su superficie
convexa de esfera celeste. Allá detrás de las nubes, para otros ojos, para
quien no se halle debajo de las nubes nocturnas que se empeñan en ser garúa
para regalar un entramado sutil en los faroles.
Desde aquí y tras las ventanas hemos visto oscuridad y agua, hemos visto
la textura móvil de las gotas minúsculas, y hemos apenas presentido que la
tierra negó la luz del sol a nuestra siempre luna. Eclipse sin ojos, eclipse
ciego.
Sabemos con las yemas de los dedos, con los vellos sensibles del borde
del espíritu, con un leve temblor de la piel sabemos que esta noche y para
nadie la luna se vistió de largo, se puso pendientes, se engalanó y bailó
con gasa transparente. Hoy la luna puso fanal a la bombilla, se soltó la
cabellera, se recostó en los cielos y extendió rubor en las mejillas.
Impúdica luna la luna a media luz. Luna de otoño, luna desvelada.
Horadan mis ansias esta lluvia y estas nubes. Detrás ha ocurrido el
eclipse, y ya ha acabado. No lo vimos. Pienso que no veré muchos más.
Recuerdo otros.
Inclina a la meditación un hecho único y precioso. Nos deja a solas con
los pasados en sepia y los mañanas de incertidumbre.
Siento la precariedad de mi silueta contra el negro de la noche. Ruego
que me vea el hombre cuando ponga fanal a mi bombilla, cuando baile a media
luz, cuando deje caer los velos.
Que no ciegue la lluvia a mi amor. Que no me oculten de él ni estas
nubes ni otras aguas.
*de Mónica Russomanno russomannomonica@hotmail.com
Entre luces y sombras...
A la altura de los chicos*
Francesco Tonucci es un pedagogo italiano que propone dar voz y voto a los
niños en la vida cívica. Ahora toma las armas en defensa del recreo y el
juego libre. Una presencia bienvenida para los que mañana estrenan
guardapolvo.
"Si un chico se mueve acompañado de su padre, nadie se mete. Si se mueve
solo, es un hecho público. Un chico solo vuelve segura la calle."
*Texto Fabiana Fondevila. Fotos Rubén Digilio
ffondevila@clarin.com
Como siempre en la vida, las banderas que Francesco Tonucci enarbola por el
mundo son producto de un temprano amor. No hace falta mucha imaginación para
ver al pedagogo italiano de barba blanca, antes de poseer título ni barba,
perdido en las páginas de un libro que daría curso a su vida. El libro era
El Principito, y de él Tonucci aprendió lo siguiente: que los chicos saben
muchas cosas, que intuyen todavía más y que se cansan de vivir dándole
explicaciones a los adultos. A partir de la bella fábula de Saint-Exupéry,
en la que el protagonista pone a prueba la lucidez de las personas
invitándolas a descubrir a una boa digiriendo un elefante en un dibujo con
fuertes reminiscencias de sombrero, Tonucci tuvo un sueño osado: diseñar un
mundo a la medida de los chicos. Acaso no haya sido el primero en soñarlo -
seguramente tendrá competencia de unos cuantos soñadores infantiles - pero
sí fue el primero en darse cuenta de que, dotados de voz, voto y tiempo para
pensar, el mundo que piden los chicos no se parece en nada a Disneylandia.
Entre los reclamos no figuran ni chicle para las comidas, ni videojuegos en
cada esquina, ni la clausura definitiva de las escuelas. En vez, los nuevos
legisladores dictaminan que: 1. La bicicleta es más democrática que el
coche. 2. Por la vereda debe poder pasar toda una familia. 3. Es mejor ir a
la plaza con los abuelos que con los padres, porque están menos apurados. 4.
Los chicos tienen derecho a tener padres felices.
Su trabajo con los chicos terminó de convencer a Tonucci de que una ciudad
diseñada a la medida de sus menores redundaría en una ciudad más apta para
todos. Y puso manos a la obra. En mayo de 1991 creó en Fano, Italia, un
programa llamado Laboratorio Ciudad de los Niños, con una clara vocación
política. Su objetivo: generar una nueva filosofía de gobierno de la ciudad,
tomando a los niños como parámetro y garantía de las necesidades de todos
los ciudadanos. Hoy el programa se aplica en unas cien ciudades de Italia,
un puñado de España, y aquí mismo, entre nosotros, en Buenos Aires, Rosario,
Córdoba, y otras ciudades.
¿Cuántas de las propuestas de los Consejos de niños se han llevado a cabo en
la Argentina?
En la ciudad de Rosario se instauró un día dedicado al juego para todos los
ciudadanos. Ese día las escuelas permanecen abiertas todo el día sólo para
jugar, se cierran algunas calles al tránsito vehicular, y todos los
organismos municipales dan una hora libre a sus empleados para sumarse a la
diversión. Pero, además, más de 500 entidades públicas y privadas se sumaron
a la iniciativa.
¿Cuál fue el argumento de los niños para sumar a los adultos al programa?
Muy simple: "Los adultos, si juegan, son mejores." Otra propuesta que se
lleva a cabo es la de las multas morales, reprimendas impresas que dejan los
niños sobre los autos mal estacionados, que les quitan lugar para jugar.
¿Escuchamos más o menos a los niños que lo que nos escucharon a nosotros?
Cuando los grandes de hoy éramos niños, el mundo de la niñez interesaba
poco. Esto era una ventaja porque los niños tenían a consecuencia mucha
libertad para hacer lo que querían. Hoy, que sabemos de la importancia de
los primeros años de vida, ellos sufren el acoso de nuestra presencia
constante y, al mismo tiempo, nuestra desvalorización.
¿De qué manera los desvalorizamos?
Pensamos que son tontos. Que, por ejemplo, si se los deja sueltos en la
ciudad, se van a tirar abajo del primer coche que pasa. Esto no es así.
Tampoco son tenidas en cuenta sus ideas y opiniones. Y la verdad es que, sin
condiciones de estrés, sin control exagerado, y haciéndoles saber que lo que
decidan va a ser tomado en serio, los chicos hacen propuestas muy
interesantes.
¿En qué difieren sus propuestas de las de los adultos?
Los chicos se hacen cargo de los demás. En nuestras calles han desaparecido
los niños, los viejos, los minusválidos. Desde que llegué a Buenos Aires, no
he visto una sola persona en silla de ruedas. Cuando se les da a elegir a
los niños, suelen pensar también en los más débiles.
Sin embargo, los chicos también saben ser crueles y excluir o atormentar a
los débiles. El famoso fenómeno del 'bullying'...
Los niños tienen una moral infantil, con una elaboración de reglas
particular. Tienen un superyo débil, por eso cuando son usados como soldados
en las guerras, son los peores, matan sin problema. Eso es porque se está
montando una experiencia adulta sobre una conciencia de niño. Pero en
general, esos casos de crueldad se dan cuando los chicos son a su vez
víctimas de un sistema de represión y victimización. Sólo podemos evaluar
realmente la moral de un niño cuando lo ponemos en condiciones de controlar
lo que hace. Esto lo expresó claramente un niño del Consejo del Niño de
Fano, que dijo: "Cuando me di cuenta de que iban a tomar en serio nuestras
propuestas, me sentí más responsable."
LA PIEDRA DE LA DISCORDIA
Si las ideas de Tonucci son siempre exigentes, hay una que produce una
suerte de urticaria involuntaria en la mayoría de los padres: el reclamo por
la autonomía de los chicos. El educador pide algo que hoy suena a ciencia
ficción: que los niños vuelvan a andar solos por la calle, que se junten
solos a jugar en la plaza, que caminen por su cuenta o en grupos hasta la
escuela. "No sé qué hacer solo, porque nunca me quedo solo", dijo un niño de
Fano. "Queremos de esta ciudad permiso para salir de casa", dijo un par de
Roma. Tonucci escuchó estos reclamos, y postuló que los niños necesitan,
para madurar, la exposición lenta y gradual a riesgos que sólo ofrece la
autonomía. Si no la reciben, señala, llegan a la adolescencia con urgencia
de ponerse a prueba de un día para otro, sin experiencia previa.
A la lista de objeciones que cualquier padre moderno puede enumerar en un
histérico soplo -que los secuestros , que los atropellos, que los pedófilos
que pululan en cada esquina...- Tonucci responde con calma: "No es que los
chicos no pueden salir solos porque las calles no son seguras; las calles no
son seguras porque los chicos no salen solos."
Esta osadía ya está en marcha en muchas ciudades de los niños, incluyendo
algún municipio de la Ciudad de Buenos Aires. Con ayuda de la escuela, se
hace primero un trabajo de preparación de meses, en el que se estudia con
los chicos las distintas rutas posibles y se identifican los peligros. Luego
los chicos salen solos de sus casas, se reúnen con sus compañeros en lugares
designados y hacen el camino al colegio que mejor les parece. Se enfrentan,
por supuesto, a numerosos desafíos. Y ésa es precisamente la idea.
"Cuando un chico va al colegio de la mano de un adulto, es un chico tonto,
no toma ninguna decisión, responde siempre a los tiempos y a las urgencias
del adulto. Es mucho más probable que sufran un accidente estando
acompañados. En cambio, al estar solos prestan atención. Por un lado, porque
quieren demostrar que son responsables y por otro, porque no son pequeños
proyectos de suicidas."
Para reforzar la seguridad camino al colegio, comerciantes y vecinos
voluntarios ponen un cartel en sus ventanas que indica a los niños que ése
es un lugar seguro: pueden entrar a pedir un vaso de agua, a hablar por
teléfono o a pedir la intervención de un adulto si se están peleando. "La
presencia de los chicos en las calles genera una actitud activa y protectora
delos adultos", sostiene Tonucci.
¿Qué pasa con los chicos que hoy ya están en las calles, y no parecen
modificar mucho la actitud de nadie?
Esos son chicos de la calle; los adultos los viven como una amenaza. Lo
mismo pasa con los minusválidos que se ven hoy, que son siempre mendigos.
"En las ciudades donde se aplica el sistema, ha disminuido el delito en un
50 por ciento y prácticamente no ha habido accidentes de tránsito", insiste
el educador, y acota: "Además, los chicos que van solos al colegio llegan
mucho más temprano."
¡RECREEEEEEEEO!
Una de las últimas banderas de Tonucci y la que -entre otras misiones - vino
a promover a la Argentina, es la importancia del recreo. "Los adultos le
temen al recreo, lo ven como una explosión tonta y peligrosa de energía por
parte de los chicos. Pero ésta es una lectura equivocada. Esa explosión es
causada por el clima de excesivo control y sumisión que sufren los chicos en
las aulas. Al estrés de la atención, de la frustración por no entender, se
suma la inmovilidad absoluta y antinatural que se les exige, hora tras hora.
De ahí la virulencia de esos breves respiros de libertad que son los
recreos. El patio se considera un corral para que los chicos corran como
locos y descarguen energía, pero ése no es el juego natural de los niños."
El pedagogo redactó un proyecto para devolver el recreo a los niños (ver
Reinventar). A los adultos sólo se les pide que respeten ese tiempo, sin
suprimirlo como castigo ni usarlo como chantaje para lograr buena conducta.
Y jamás robarle tiempo a ese oasis de juego para privilegiar "lo
importante".
En esta cruzada bien podría ayudar el amigo de rulos ensortijados y capa,
que tanto hizo por formar las ideas de Tonucci. El mismo que al encontrarse
con un inventor de píldoras para la sed, que permitirían a las personas
ahorrar un total de cincuenta y tres minutos por semana, pensó para sí: "Yo,
si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría muy suavemente
hacia una fuente." Cosas de chicos.
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/03/04/sociedad/s-01373800.htm
Ilusiones e hipocresías*
02/03/07
*Por Carlos del Frade
(APE).- Los cirujas no son solamente la última expresión, el epílogo del
mercado de trabajo, el escalón final antes de lo ilegal. Los cartoneros son,
por eso mismo, una de las más desesperadas y nobles actividades que
despliegan los expulsados del llamado universo formal laboral. No quieren
ser delincuentes y, entonces, se transforman en arqueólogos de la basura,
buscadores de algo de valor que les permita enfrentar la mishiadura impuesta
por las minorías.
Dos de ellos, los hermanos Lescano, revolvían las bolsas en las calles de la
hermosa capital correntina.
De pronto apareció un papel que les aceleró el pulso.
En inglés y con seis ceros, los cartoneros supieron que tenían, entre sus
manos, un millón de dólares.
Lo dieron vuelta del derecho y del revés y aunque no sabían si existía o no
semejante cifra resumida en un billete, decidieron ir al Banco de la Nación
Argentina en la ciudad de Corrientes, a la vera del Paraná.
Hay que imaginarse ese momento: sintieron, los cartoneros, que los milagros
existían y que, por primera vez, les tocaba a ellos.
Fueron cargados de ansiedad, futuros inimaginables hasta ese papel, y
pletóricos de inocencia.
El cajero recibió el pedido. Cambiarlo por dinero argentino.
Miró el papel, los relojeó a los hermanos y denunció el hecho.
Lo que vino después es obra de la permanente hipocresía del sistema.
Detuvieron a los hermanos Lescano y le iniciaron una causa judicial por
supuesto intento de falsificación de dinero y daño a la entidad financiera.
Los acusaron por violar el artículo 282 del Código Penal que establece "una
pena de tres a quince años para quienes falsifiquen o pongan en circulación
moneda falsa", dice la información que apareció en distintos medios de
comunicación del país.
La imagen del papel de la suerte, el billete de un millón de dólares,
circula en algunos sitios de internet y sus realizadores son empresas
privadas de publicidad que utilizan semejante símbolo de poder económico
como sinónimo de sus cualidades a la hora de multiplicar el dinero.
También se informó que el máximo valor resumido en un billete de los Estados
Unidos son cien mil dólares pero se utiliza para transacciones
interbancarias.
Mientras tanto, en el sur, en la provincia de Corrientes, el papel de la
suerte terminó convirtiéndose en una postal de pesadilla para los
cartoneros.
Y está muy claro que los hermanos Lescano no son consumidores de internet.
Son desesperados habitantes del presente argentino.
Sin embargo, la justicia correntina los detuvo aunque dijo que es un delito
excarcelable.
El colmo de la hipocresía.
Mientras todavía nadie hizo demasiado por aclarar el lavado millonario de
dólares en la provincia de la yerba, los hermanos Lescano deben pagar por
haber vivido el espejismo de una ilusión rantifusa.
No hay billetes que alcancen para pagar el costo de tantas falsedades de
guante blanco.
Fuentes de datos: Diarios La Gaceta - Tucumán 23-02-07 y La Capital -
Rosario 24-02-07
*Publicado en AGENCIA PELOTA DE TRAPO. agenciapelota@pelotadetrapo.org.ar
http://www.pelotadetrapo.org.ar/
En Alemania, la locura y la escultura son parte de la misma muestra
delirante*
En la ciudad de Heidelberg son exhibidas las "sillas flotantes" creadas por
un enigmático personaje del siglo XVIII. ¿Era James Tilly Matthews un
esquizofrénico, o sufrió una venganza de un médico delirante?
MISTERIO. Las "sillas flotantes" del enigmático Matthews.
Enrique López Magallón*
conexiones@claringlobal.com.ar
La Colección Prinzhorn es quizá única en su especie: contiene exclusivamente
obras de arte realizadas por pacientes de hospitales psiquiátricos de Suiza
y Alemania, entre 1890 y 1920.
La muestra permanente tiene su sede en la Clínica Psiquiátrica de la
Universidad de Heidelberg. Consta de cerca de 5.000 piezas, entre acuarelas,
bosquejos, cartas y otros textos, además de esculturas.
De acuerdo con los registros de la exposición, muy pocos de los pacientes
contaban con una instrucción formal en artes plásticas. La mayoría se
encontraban internos a causa de padecimientos relacionados con la
esquizofrenia.
El caso Matthews
Un caso especial, sin embargo, es el que ocupa actualmente, y por poco
tiempo, la sala principal de la Colección Prinzhorn. Pero para explicarlo
hay que hablar primero de su autor.
Se trata de James Tilly Matthews, uno de los pacientes más célebres del
hospital Bedlam, de Inglaterra. Era un comerciante de té cuya militancia
política lo llevó a la reclusión. Además de sus actividades mercantiles,
Matthews mantenía contacto con políticos y dirigentes considerados como
"revolucionarios". También realizó labores de mediación entre Gran Bretaña y
Francia, durante el conflicto que separaba a ambas naciones a finales del
siglo XVIII. Se le acusó entonces de ser un doble agente y, bajo la misma
suposición, se le adjudicaron rasgos de esquizofrenia.
Matthews realizó un diseño con unos aparatos llamados que denominó "air
loom"; o sea, algo así como "sillas flotantes". De acuerdo con él, una banda
de maleantes se servía de los aparatos para crear ondas de aire fuertemente
cargadas de magnetismo que, a su vez, sembraban en su cerebro ideas
delirantes.
Con el correr de las décadas, y ya muerto Matthews, algunos personajes han
fabricado aparatos siguiendo los diseños. Uno de estos prototipos se
encuentra precisamente en la sala de exposiciones de la Colección Prinzhorn.
Las máquinas y la locura
Según el Dr. Thomas Fuchs, quien trabaja en la Clínica Psiquiátrica de la
Universidad de Heidelberg, no es rara la aparición de máquinas en los
delirios de pacientes que atribuyen a determinados aparatos cualidades
suficientes para influir en la mente.
Algunos esquizofrénicos se muestran convencidos, por ejemplo, de que Bill
Gates ha intervenido personalmente para estropear sus computadoras
personales . Otros afirman que sus pensamientos son esparcidos por Internet
a través de las cámaras conectadas a sus ordenadores.
Por supuesto, ante estas obras de arte surge la pregunta sobre si el
paciente está realmente enfermo o no. La familia de Matthews, por ejemplo,
nunca aceptó la versión sobre su locura y luchó por que fuera liberado.
Incluso se ha llegado a pensar que la leyenda negra que pesa sobre él fue
una venganza del médico que lo atendía. En 1815, el galeno fue sometido a
una investigación gubernamental en la que, en medio de un escándalo, el
especialista perdió su licencia médica y su puesto.
El paciente, por su parte, fue dejado en libertad y absuelto de todo
diagnóstico negativo. Murió un año más tarde dejando tan sólo el dibujo de
las misteriosas sillas en las que, quizá, se encuentre la clave de una mente
privilegiada y oscura.
*Fuente: Deutsche Welle.
http://www.clarin.com/diario/2007/03/04/conexiones/t-01373680.htm
Domingo, 04 de Marzo de 2007
literatura|ariel magnus y "la abuela", un retrato diferente de la shoah
"Se corrió del lugar de víctima"*
El escritor y periodista cuenta cómo nació el libro en el que su abuela,
sobreviviente de los campos de Therensienstadt y Auschwitz, da su visión del
horror nazi. "Ella es una mujer muy irónica, y en las charlas que tuvimos
nos peleamos mucho... viendo lo que sufrió pude entender mejor su historia",
dice.
"No pude volver a los autores alemanes de la posguerra; es un tema que
prefiero tener lejos."
*Por Angel Berlanga
La abuela es un libro atípico entre los que tienen como protagonistas a
sobrevivientes del Holocausto. Ariel Magnus, el autor, el nieto de esta
sobreviviente de Therensienstadt y Auschwitz, cuenta de su relación con ella
a partir de dos seguidillas de días que pasaron juntos. Con la idea de
registrar su relato acerca de su vida y su paso por los campos nazis, en
2002 intentó una entrevista que resultó llena de tropiezos, antifluida; eso
ocurrió en Brasil, el país en el que esta anciana vive tras la Segunda
Guerra. Al año siguiente ella lo visitó en Berlín -este periodista y
escritor argentino vivió entre 1999 y 2005 en Alemania- y de allí surgió una
crónica sobre esa nueva secuencia de días compartidos. El entrelanzamiento
de ambas instancias estructura un texto en el que coexisten la vitalidad de
esta mujer -nacida en Wuppertal en 1920-, su resistencia a evocar aquel
horror -su madre y su hermana fueron asesinadas, y ella pesaba 35 kilos
cuando fue rescatada-, las inevitables marcas que dejan esas experiencias,
su sentido del humor y sus manías, su lejanía del lamento, con la explícita
mirada del nieto, sus incomprensiones y su búsqueda por comprender, lo que
le resulta difícil de aguantar y lo que le admira, las dificultades de
comunicación.
-Usted plantea cierto rechazo por los libros sobre las experiencias en los
campos. ¿Por qué?
-Aprendí sobre eso desde muy chico en el colegio alemán en el que estudié
aquí, en Buenos Aires. Con alguna excepción, no pude volver a los autores
alemanes de la posguerra; el Holocausto es un tema horrible, que prefiero
tener lejos. Al tener un sobreviviente en la familia la cuestión está muy
cercana, y entonces te relajás y decís "este tema ya lo tengo, no
necesito..." Que es una mentira, de cierta forma. Recién después de escribir
este libro empecé a leer algo: Primo Levi, Hannah Arendt. Y punto. Con las
películas también me cuesta.
-¿Qué decisiones estilísticas tomó al encarar la escritura?
-Cuando tenía sólo la entrevista no me cerraba; en principio quería
desgrabarlo, tipearlo y entregarlo a alguna fundación para que quedara un
testimonio escrito. No quería escribir sobre el tema, realmente. Y tardé
mucho tiempo en darme cuenta de que en lo desastroso de esa entrevista había
algo interesante; ella me cuenta su historia y no la entiendo, nos peleamos.
Pero al transcribir eso, así, digo un montón de nuestra relación. Cuando
vino a visitarme a casa tuve que ponerme a escribir, porque pasaron muchas
cosas significativas. Fue decisivo ponerme como personaje en el libro, cosa
que yo no quería bajo ningún aspecto. Es un poco arriesgado, porque yo no
soy interesante y mi abuela sí.
-¿Es intencional esa búsqueda por correrse del discurso de la víctima?
-Parte de ese tono se lo debo a la abuela. En muchos casos ella se corre de
ese lugar. Fue una verdadera víctima y lo sigue siendo. Como yo no la veía
así, sobre todo porque no lo transmite, en algún momento me costó quererla;
viendo lo que sufrió pude entender mejor su historia. La idea fue mostrarla
como ella se transmite. La abuela odia a quienes se hacen las víctimas y me
parece fantástico. Así que fue una decisión, sí, pero impulsada por ella.
Creo que es un sobreviviente muy especial.
-¿Por qué?
-Es una mujer muy irónica. Logró volver al país de los asesinos de su
familia pero pudo rescatar, ahí, los buenos momentos. Es súper sano lo que
hizo con su historia. Y no es una intelectual, no es leída; entiendo que,
además, nunca trabajó psicoanalíticamente su experiencia. Y se las arregló,
tiró para adelante. Con la misma potencia que siguió a su madre a los campos
de concentración, porque ése era su deber, luego siguió viviendo, formó una
familia y fue feliz. En ese sentido su discurso es distinto; si tuviera un
discurso más destrozado tal vez no me hubiera instado a hablar con ella. Lo
que más rescato de la abuela son sus momentos woodyallenescos, en los que es
capaz de cosas notables. Ir sola a Auschwitz, por ejemplo, y después decir
"me sentí un poco mal". Es kamikaze. Y se la banca. No digo que sea la
única, pero tiene un sentido del humor, una fuerza y una alegría que la
hacen especial.
-Y desde lo emocional, ¿qué le produjo su relato? El libro parece soslayar
un tanto ese costado.
-Yo estaba preparado para que me contara cosas tremendas, pero ella no es
muy dramática. No le gusta contar eso, tuve que presionarla. Hubo cosas que
me impactaron mucho: esa patada que le dieron cuando la separaron de la
madre, que le deformó la cara. Creo que al contrario, el libro es un
desarrollo de lo emocional con mi abuela, con quien no tenía una relación
muy emocional. De chico la vi poco y no la quería mucho, decía cosas que no
me gustaban: recién a través del libro empecé a conocerla. Me parece que
parte de la cuestión es emocional: si hablás de tu abuela es difícil escapar
de eso. Trato de no ser kitsch, de conservar cierto nivel literario a pesar
de las emociones. Los dos, por otra parte, somos más bien fríos. Quizá eso
de la sensación de distancia. Que es real, por nuestras historias estamos
distanciados. Y vivimos lejos.
-¿Qué destaca de su forma de contar la historia?
-El desorden, los sobreentendidos, la rapidez -casi diría la urgencia-, por
momentos la distancia. El hecho de mezclar lo vivido con lo que se aprende
después. Eso desde lo formal; desde el contenido, el casi nulo amarillismo
para contar. Se concentra en lo bueno y procura esquivar lo malo: eso como
una decisión consciente y vital. "A esto no tengo por qué darle vueltas -me
decía-, hay miles de libros, leelos, no me vengas a preguntar eso." Y los
desvíos, detenerse en detalles como el nombre de un río o explayarse en
larguísimas historias secundarias.
-"Por llamar la atención nos pasó lo que nos pasó a los judíos."
-Sí, eso dice mi abuela. Tremendo, ¿no? Y lo repetiría. Cuando lo dijo, los
cuatro que estábamos con ella la miramos y le dijimos "¿cómo pensás algo
así?". Pero luego, en frío, pensé que de alguna forma tiene que explicarse
lo que pasó. Me parece horripilante, pero se acerca a una explicación: "Y,
algo habremos hecho". Acá también está el "algo habrán hecho". Todo lo que
sea judío y notorio le da mucho resquemor; ella preferiría pasar
desapercibida. Y a la vez no toleraría que se pierda la tradición. Yo creo
que de chiquita le enseñaron eso, que hoy subsiste: "Vos tenés la culpa". Le
tienen que haber lavado tanto el cerebro, la denigraron tanto como ser
humano que incluso le hicieron sentir que tenía la culpa de lo que estaba
pasando.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-5565-2007-03-04.html
Miguel Ángel Buonarroti*
Potente solitario
alma, cuerpo, cosas
las manos de su Dios, su tierra, sus parientes
Tributo al biógrafo:
la Batalla de los Centauros
en la corte de los Médicis
y la Virgen de la Escala
Extraedor de mármoles
mucho enaltecer
Clemente Séptimo abriendo su biblioteca Laurenciana
El relieve en el meollo
capturado en el relieve.
Miguel Angel Buonarroti*
Puissant solitaire
âme, corps, choses
les mains de son Dieu, son pays, sa parentèle
Tribut au biographe:
la Bataille des Centaures
à la Cour des Médicis
et la Vierge à l'échelle
Extraire des marbres
de sublimes exaltations
Clément Sept ouvrant sa bibliothéque Laurentienne
Le relief dans l'âme
capturé dans les reliefs.
*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
- castellano-francés & con traducción de Jacques Canut
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El domingo 4 de marzo del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg
(107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro
programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los
compositores argentinos Pablo Ingüe y Alejandro Iglesias Rossi. Las poesías
que leeremos pertenecen a Estelia Soto Jourdan (Argentina) y la música de
fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar
online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede
bajar gratis de internet)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se
repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en
la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear
noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono
noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten
el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la
injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple.
Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable)
y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio:
la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada
escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se
editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación
en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor
emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada
obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su
difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras
recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una
dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y
noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de
cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor,
cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de
estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de
trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus
propuestas de escritura
¿ Otras preguntas o consultas? escribi a inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar





