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LOS ESCRITOS DE EDUARDO COIRO
LA ESCRITURA UNA BALSA DE REAL ILUSIÓN.
Sindicación
 
SEREMOS LO QUE HAGAMOS JUNTOS...

Decime no*



Decime no decime basta

Tenés que cerrar la puerta con candado
Y pedirme las llaves.

Reclámame las fotos

Róbame las cartas los regalos

Amontona los libros afuera
En la basura

Arranca de raíz
Mi jazminero

Llévate mi vestido de tul

Decime no más fuerte

Grítame que no hay nada que hacer
Que ya te fuiste
Que no sos vos
Este silencioso que me mira
Con la cara de un muerto

Necesito ese no

De sopapo final
Tu portazo sin vueltas
Sin lugar a dudas

Y sin poesía



*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com






SEREMOS LO QUE HAGAMOS JUNTOS...





Para siempre*


Me gustaría poder decirte que me gusta mucho estar contigo, que te necesito y que acepto todas tus manías, debilidades y defectos. Casi puedo asegurarte que algunos de ellos me gustan. Estoy tan a gusto contigo que los paseos me parecen cortos y cuando vamos a la playa, los dos solos, es el mejor regalo que me haces porque puedo compartir el mar, el cielo y la arena contigo.

A pesar de que a veces estás indiferente o absorto en tus cosas estoy a gusto y quisiera que supieras que estaré toda la vida a tu lado, no importa lo que pase ni el lugar. Nunca me separaré de ti.

También me gustan tus silencios y velarte cuando duermes, pero lo que más me gusta son tus caricias y esa risa tuya encantadora. Quisiera decirte todo esto y muchas más cosas pero tendré que conformarme con mirarte, dar un par de ladridos y mover la cola.



*Joan Mateu. joan@cimat.es







La historia de un gran amor en tiempos desérticos*



*Por Marcelo A. Moreno mmoreno@clarin.com


Mientras tratamos de digerir los ponzoñosos efectos de la historia del monstruo austríaco que sometió y secuestró a su hija durante 24 años, llegando a tener siete vástagos-nietos con la desdichada, algún efecto acaso terapéutico quizá pueda operar conocer la historia de otro austríaco, el filósofo y periodista André Gorz, quien -en vez de internarse por los degradantes meandros del Mal- protagonizó una historia de amor incomparable.
Acaba de publicarse la traducción de Carta a D., recuento de esa historia que duró casi seis décadas y que terminó en septiembre del año pasado con el suicidio de ambos; él, de 84 años y ella, de 82. ¿El motivo de la decisión? Dorine sufría desde hacía décadas de una enfermedad degenerativa irreversible e incurable que progresivamente le ocasionaba los peores dolores. Y, como escribe André Gorz en su carta, "a ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos".
Nacido en Viena en un hogar judío, Gorz logró escapar de la tiniebla nazi a alto costo: renunció a su lengua madre -no volvió a hablar alemán hasta 1984- y a su nombre -Gerard Horst-, adoptando la cultura francesa. Después de la guerra fue parte del grupo editor de la revista Les Temps Modernes,
junto a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Y en 1964, con Jean Daniel, fundó la revista Le Nouvel Observateur, referente ineludible del periodismo y el pensamiento de izquierda franceses.
Al mismo tiempo, Gorz fue erigiendo una obra filosófica que constituye, en su mayor parte, una despiadada crítica del sistema capitalista y a sus desarrollos más recientes. Precursor de la ecológica política, postula que la producción no está al servicio del hombre sino que ocurre lo contrario,
entre otras ideas.
Durante toda su carrera como periodista, economista y filósofo, Gorz contó con la consecuente e invalorable ayuda de Dorine, conscientes ambos que los unía "un vínculo invisible". Por eso, cuando se le detectó a la mujer la terrible enfermedad, el pensador dejó su puesto en Le Nouvel Observateur para
cuidarla. Así, durante más de dos décadas continuó con su producción intelectual, pero centró sus energías en atenderla. "Seremos lo que hagamos juntos", escribió.
Y, también: "Recién acabas de cumplir 82 años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de ti una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío ".
En tiempos filosos y helados de pura tecnología, comunicación invasiva y contactos vía Internet, este amor conmueve por su calidez radiante, como una música a punto de ser olvidada o el rumor del río que apenas susurra.



*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2008/05/04/sociedad/s-1664440.htm








LA OCTAVA MARAVILLA*



*De Vlady Kociancich.




7


Poco antes de recibirme empezaron las pesadillas.
Para alguien que siempre ha dormido bien o tiene sueños agradables, despertarse en mitad de la noche sudando frío, pasarse la otra mitad tratando de interpretar un sueño tan absurdo como aterrador, es un sufrimiento que puede cambiarle la vida. Y cambió la mía.
Una de aquellas noches, impulsivamente, salí al patio, trepé la escalera a la terraza. Pleno invierno, yo en piyama, con una manta escocesa como abrigo, sujetándola alrededor del cuello, subiendo esa escalera. No sabía para qué ni por qué. Pero ahí estaba, en la proa del balcón, aterido, cacheteado por el viento, bajo una llovizna de hielo.
Miraba el barrio que dormía cuando sucedió. La pesadilla que me había echado de la cama apareció ante mis ojos bien abiertos.
Casas y árboles oscilaban con el leve temblor de una película sumergida en el líquido que la revela. Las pocas luces encendidas (un farol, una ventana abierta), se apagaron y prendieron en posiciones diferentes. La calle abajo zigzagueó, se derramó de su cauce, volcó a la izquierda, pasó el bulto cuadrado de la esquina y desembocó en una gran avenida iluminada que no era Nazca. El retumbar de un trueno me aturdió. No había tormenta. Sólo viento y agua. El trueno era el paso de un tren por un puente de hierro, sobre mi cabeza. Pensé, aterrado: "La estación está lejos, qué puente, dónde, por qué arriba". El silencio que siguió a esa ráfaga de estruendo se ahondó en nuevas convulsiones del barrio. Desgajado y hostil, no era Villa del Parque.
Bajo la lluvia, algunos trazos se afirmaban. Sentí tanto miedo como fascinación y me incliné aún más, aplastada la cintura por el parapeto de cemento del balcón, para ver bien la imagen que brotaba en aquella inesperada fotografía.
Negro, gris, trémulo, ajeno, vi otro barrio. Una calle, una puerta en una casa, un cartel con letras rojas que no pude leer, un baldío o tal vez un gran patio desierto, y entre las sombras, el círculo de un faro remoto que me buscaba en la noche y en la lluvia, que aumentaba velozmente de tamaño a medida que se acercaba a mí. Primero fue una luz amarilla, luego un remolino de colores intensos, y por fin la cara de un hombre que movía los labios silenciosamente. La visión se estremeció de pronto. Villa del Parque y aquel negativo que no concluyó de revelarse, desaparecieron borrados por algo tibio que me cubría los ojos.
Eran lágrimas.





La encontré el viernes y hoy es lunes. Se irá a las nueve, dijo.
Todavía era noche cuando me escurrí de la cama. Cerré la puerta del dormitorio, cerré la puerta del estudio, puse un mantel doblado bajo la máquina para atenuar el ruido de las teclas, y seguí escribiendo.
Llegué, como han leído, hasta la pesadilla en la terraza. Ahí me detuve. No lo hice a propósito. La sorpresa de recordarme en esa situación ridícula (en piyama, bajo la lluvia y además llorando), me impidió continuar. No me reconozco, no puedo creer que la escena pertenezca a ese pasado que intento recuperar y explicarme. Una pieza de otro juego, una de las comunes trampas de la memoria.
La chica de la estación de Villa del Parque duerme todavía, pero falta poco para que suene el despertador. Idea de ella.
-Es un lindo reloj -había dicho, tomándolo con esas manos delicadas como si el despertador fuera una cosa viva.
le dio cuerda, observó la posición de las agujas antes de colocarlo en la mesa de luz, entre la lámpara y el cenicero de ónix que me regaló Victoria para el último cumpleaños celebrado en pareja.
Tan absorto la miraba que tuvo que repetir la pregunta:
-¿Me acompañarás?
-Sí, si -contesté.
-Sos muy bueno.
Y sonrió. Yo sabía que iba a sonreír. Todo en esta muchacha es tan lento.
En el gris de los ojos, por detrás de una corola de pétalos dorados, se alza una tenue luz que inunda progresivamente la mirada hasta convertirla en un único brillo de metal. Pero, independientemente de los ojos, durante dos, tres segundos, no demasiado tiempo, el suficiente para que yo lo advierta y me asombre, el rostro continúa suspendido en la expresión previa: grave, concentrado o vacío. Luego se desprende del labio, la bella boca de dibujo grueso, con el finísimo vello de las mujeres nórdicas, comienza a distenderse hacia las comisuras y, entre dos paréntesis y dos puntos de hoyuelos, aparece entera, de pie, la sonrisa.
No es extraño que me distraiga en la contemplación de estos singulares procesos. Sólo cuando agregó que tomaría el tren de las ocho y veintiséis -el único defecto que le descubro es un maniático respeto por el reloj-, entendí que no me preguntaba si la acompañaría en el amor o la felicidad. Quería que la llevara a la estación Retiro.
Si al describirla doy la impresión de que la juzgo estúpida, aclaro que no soy el tipo de hombre que confunde velocidad de movimiento con inteligencia. Más rápida que Victoria no hubo otra y sin embargo, con todo lo que la quería, nunca fui ciego a las pruebas de su estupidez.
A propósito de Victoria: esta muchacha es tan diferente a ella, que a cada rato la comparo. No necesito mirar la fotografía de mi mujer que, en parte por pereza y en parte porque sentí que las dos o tres cosas que podía hacer con el retrato -romperlo, quemarlo, esconderlo en un cajón- implicaban una venganza repugnante, sigue encima de la cómoda, donde siempre estuvo.
A Victoria le gustaba mucho esa fotografia. Lograba adularla más que el espejo. Y le disgustaba la mía, que hacía juego, porque según su opinión, la cámara, la luz y el fotógrafo, me habían inventado un fuego en los ojos, una sonrisa divertida en los labios, una expresión de curiosidad apasionada, rasgos que ni por asomo pertenecían al hombre frío, aburrido e indiferente que vivía con ella. A mí, para decir verdad, me parecía ridículo tener fotos nuestras como si estuviéramos ausentes o muertos, pero Victoria se enojó tanto cuando protesté, que no volví a tocar el tema.
El día en que Victoria se fue de casa, destruí mi fotografía. Tuve que romper el vidrio para sacarla del marquito. Me costó, de puro torpe, una cortadura en el dedo. Pero ni loco me arriesgaba a que el portero le contase a todos los vecinos que había hallado mi sonrisa imbécil en el tacho de la basura.




(CONTINUARÁ)

-La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-







Pelear la dignidad en cada esquina*



*Por Beatriz Sarlo bsarlo@viva.clarin.com.ar



Pobre, pero honrado", "pobreza no es vileza" son dos refranes viejísimos. El segundo ha desaparecido de circulación en la Argentina, si es que alguna vez la tuvo, pero el primero sigue repitiéndose. Paso por una barrera donde los cartoneros acumulan día y noche lo que han recogido. Un grupo de mujeres está sentado a pocos metros, sobre el pilón de cemento de un puente, tomando mate. Son las diez de la mañana y estarán allí hasta el atardecer, mientras conversan y, en este momento, comen facturas que sacan de una bolsa de plástico. Hoy hace buen tiempo y está fresco, pero si lloviera, deberían meterse debajo del puente que, como está todo agujereado, chorrearía sobre ellas unas gotas ennegrecidas por el hollín y la grasa. Son mujeres pobres y están custodiando una pila gigantesca de basura que les pertenece y que han acopiado con métodos honrados. Lo que es un misterio es por qué son "pobres, pero honradas", me digo. Gente que se considera honrada hace un sinfín de trapisondas cotidianas, pequeños actos inconfesables, vivezas de las que incluso alguien puede jactarse mientras no sea descubierto. Pero ellas
cuidan la basura que han recogido por dos razones básicas, que no tienen un orden de prioridad. Primero, saben por experiencia que hay cierto peligro en salir a robar y colocarse decididamente a las puertas de una cárcel que a los damnificados por un delito siempre les parece que es de corta duración o de puertas demasiado abiertas, y que los posibles presos experimentan como un lugar horrendo al que no se quiere llegar ni, mucho menos, volver. O sea que la honradez es, como la mayoría de nuestras conductas, el resultado de una amenaza mayor que las ventajas que pueden obtenerse si se decide no practicarla. Esa amenaza domina los instintos, se internalizacomo cultura y se convierte en reglas morales. Por otro lado, existe algo así como un principio de dignidad: voy a resistir aunque mi condición sea de las peores, voy a resistir porque no me van a torcer el brazo. Ese aspecto interesa profundamente porque cuanto más adversas sean las condiciones, tanto más débil es la posibilidad de enfrentarlas. ¿Hasta cuándo se aferra un principio de dignidad? ¿Cuánta tensión moral demuestra atenerse a él?
Quienes vivimos libres de la imperiosa necesidad con que la pobreza describe un círculo de hierro alrededor de millones de individuos no podemos imaginar la tozudez que se necesita para atenerse a la fórmula "pobre pero honrado".
No voy a referirme a algo evidentemente trivial: hay banqueros, profesionales o empresarios, políticos, celebridades que delinquen. Cuando me refiero a la tozudez del "pobre pero honrado" no lo hago en comparación con las transgresiones morales de quienes no son pobres. Pienso, más bien, en cómo soportan un mundo donde el dispendio es tan evidente que son ellos mismos los encargados de recoger la basura producida por un gasto, que no puede compararse sin sentir vergüenza con lo que se consume en el mundo de la pobreza.
A pocos metros de las mujeres, del otro lado de la vía, un grupo de adolescentes ha establecido su campamento. Aprovechan las barreras bajas para ofrecer la limpieza del parabrisas a los autos que quedan allí detenidos. Cada uno tiene una botella de gaseosa llena de detergente, un escurridor y un trapo. Nunca abandonan ese lugar, de modo que probablemente pernocten allí. Ven pasar chicos con sus zapatillas, sus jeans y sus camperas de marca. Los que limpian parabrisas visten como cirujas y ninguno
de ellos parece tener en propiedad algo que haya sido producto de algún "arrebato" u otra forma de incautamiento semiviolento de la propiedad ajena.
Perseveran en la limpieza de parabrisas, por el momento. Porque, de nuevo, es difícil no preguntarse si no llegará el día en que decidan que les conviene más arrebatarle la cartera a alguna vieja cuando salga de un banco y pasar un fin de semana de bonanza. ¿Cuántas semanas habría pasado yo limpiando parabrisas o repartiendo estampitas a los quince años? Muy pocas.
Enseguida me habría convencido de que era mejor arriesgarse a otra cosa, salvo que el miedo me hubiera detenido. Los que no tomamos mate al lado de la vía, ni limpiamos parabrisas, vivimos en un mundo que es posible porque esas mujeres y esos chicos decidieron quedarse allí y no seguir el impulso de la furia o del deseo más elemental y más insatisfecho. El principio de dignidad y la amenaza de castigo (que se han combinado durante siglos) funcionan para ellos con una eficacia admirable, que hace posible que, a su
vez, las sociedades injustas no se vuelvan ineludible e instantáneamente violentas. Pero, de todos modos, cuando los veo, pienso que me están perdonando la vida. Ellos saben que vivimos en casas, tomamos mate sentados a la mesa y, si tenemos que limpiar un vidrio, lo consideramos una tarea extra, pesada y tediosa. Ellos ven nuestros zapatos y nuestra ropa, le pasan el trapo a los parabrisas de nuestros autos. Su honradez es más alta y más difícil que cualquier otra. Viven en condiciones de excepción pero no ejercen, por dignidad y por miedo, lo que esas condiciones aconsejan.



*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2008/05/04/sociedad/s-01664201.htm






3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“




BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v El Gobierno del Estado de Salzburgo
v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v La Asociación Música en el Museo (MiM)
v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE


*


Queridas amigas, apreciados amigos:


El domingo 4 de mayo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor peruano José de Orejón y Aparicio. Las poesías que leeremos pertenecen a Yamil Díaz Gómez (Cuba) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067





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