<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[LOS ESCRITOS DE EDUARDO COIRO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[LA ESCRITURA UNA BALSA DE REAL ILUSIÓN.]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[EDICIÓN DICIEMBRE 2008]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_30.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>INVENTIVASocial<br/><br/>Edición DICIEMBRE 2008<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:  inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Hojas muertas*<br/><br/><br/><br/>Cuando amaneció, el bosque era un gran cementerio. Nadie sabía el motivo de tanta mortandad. Los árboles estaban caídos unos sobre otros en una informe montaña de cadáveres. Hablaban de una guerra nuclear, algunos de un ataque con pesticidas, otros simplemente se horrorizaban en silencio.<br/><br/>Sin embargo todo el mundo sabía que eso podía pasar porque año tras año, el bosque iba avisando. Cada otoño las hojas caían de los árboles dejándolos desnudos. Era el cementerio de las hojas muertas. Era el aviso. Sólo era cuestión de tiempo que también los árboles murieran.<br/><br/><br/><br/>*De Joan Mateu joan@cimat.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Fábula del Árbol de Azúcar*<br/><br/><br/><br/>Dedicado a mi mascota (Tily) que,<br/>pese a mis inagotables esfuerzos,<br/>aún no comprende estas cosas de la vida.<br/><br/><br/><br/>Cuando desde abajo pedimos mejoras salariales,<br/>Nos dicen que no hay dinero.<br/><br/><br/>Cuando marchamos por una mejor educación,<br/>Nos dicen que no hay dinero.<br/><br/><br/>Cuando decimos que los servicios de salud pública<br/>Pueden ser mejores para todos,<br/>Nos dicen que se requiere de dinero,<br/>Y no lo hay.<br/><br/><br/>Si no hay dinero<br/>¿Porqué reforzar con novedoso armamento al ejército?<br/><br/><br/>Cuando las calles se inundan en tiempos de lluvia,<br/>Nos dicen que es que no hay dinero para remediarlo.<br/><br/><br/>Cuando el frío llega<br/>Golpeando las paredes<br/>De laminas de alumínio nos dicen:<br/>¿Qué se le va a hacer, si no hay dinero?<br/><br/><br/>Pero cuando los bancos ven aproximarse<br/>Algún peligro,<br/>El dinero aparece de todas partes<br/>Y les cae del cielo<br/>Como un verdadero milagro.<br/><br/><br/>Si el Estado ve por el bien de todos,<br/>Y si es verdad que no tiene<br/>Un carácter de clase social,<br/>¿Porqué para unos no hay dinero,<br/>Y para otros la ayuda nunca falta?<br/><br/><br/><br/><br/>*de Hugo Ivan Cruz-Rosas. quetzal.hi@gmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>El viejo capitán*<br/><br/><br/><br/>Día tras día a la misma hora.<br/>Cuando el sol pasaba por su ventana del living de su departamento en el cuarto piso.<br/>El hombre se sentaba a fumar su pipa mirando al este. La vista fija. Una estatua que apenas cobraba vida por debajo del movimiento del humo.<br/>Para nosotros que lo veíamos cada tanto desde nuestra ventana del 8º piso era un viejo capitán de mar. Quizá por la pipa y la barba enrulada y blanca. <br/>En invierno se colocaba una gorra gris de abrigo igual a la que usaba mi padre y que un día de 1996 decidió regalarme.<br/> Un loro grande del color de los loros que cada tanto se paraba sobre el hombro derecho a tomar sol con su dueño. A su izquierda se veía una gran jaula con un canario amarillo que saltaba de un palillo al otro, de este a oeste.<br/>El loro y el canario parecían ser sus únicas compañias.<br/>No podíamos ver la figura completa de ese hombre al que sólo veíamos y conocíamos sentado de cabeza a la cintura, pero imaginábamos que tenia una pata de palo y como en las películas de los piratas podíamos oír un lejano eco del golpeteo de su pata de palo cuando se alejaba del timón por la cubierta de su fragata.<br/>Era sólo eso. La imagen de un hombre viejo y sólo viendo por la ventana hacia donde unos kilómetros más allá el río de la plata inunda las costas del balneario de Quilmes en las sudestadas. Durante la hora u <br/>hora y media en que el sol bañaba de luz y calor su ventana. Luego, en su camino al oeste el sol quedaba oculto por la altura del edificio -15 pisos- dejaba luz pero ya no rayitos en invierno ni latigazos en verano.<br/><br/>Una semana completa de invierno llovió y llovió y no tuvimos sol.<br/>Cuando volvimos a buscarlo con la mirada atenta al ventanal del 4 piso, la persiana estaba baja.<br/>Así uno y otro día y meses también, hasta que ya no esperamos encontrarlo en su puesto de lucha.<br/>Se habrá muerto, -dijo mi hijo.<br/>No se. Quizás volvió a navegar. Y está en su nave persiguiendo al horizonte. <br/>Hasta descubrir con sus propios ojos el nacimiento del sol emergiendo desde el fondo del mar -dije yo, con mi habitual negación a la muerte.<br/><br/>Lo cierto, es que también desapareció el enorme bote colgado de gruesas cadenas que el hombre tenía a la altura de su ventana. Y que según supe tiempo después, le había traído más de un disgusto en las reuniones del consorcio de propietarios del edificio.<br/><br/><br/><br/>*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>EL RÍO*<br/><br/><br/><br/><br/>Hondo<br/>lejano el cielo<br/>es de añil<br/>y zafiro,<br/>aguamarina<br/> y turquesa.<br/>Y luego el verde,<br/>verde pino<br/>verde oliva.<br/>Verde<br/>verdoso<br/>verduzco.<br/>Sumergido,<br/>ondulado el río,<br/>se pierde<br/>sube<br/>baja<br/>contonea.<br/>Entre blanco<br/>pedregullo,<br/>de nácar<br/>de marfil.<br/>El río<br/>musical<br/>en la tarde.<br/>Todo el mundo<br/>lo sabe:<br/>El río<br/>nombra a Heráclito.<br/>Lo nombra.<br/><br/><br/>-De: Inventario en Otoño. Poemas<br/><br/><br/>*de Ana María Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Te Extraño y No Supe Cómo Escribirlo*<br/><br/><br/><br/><br/>No hay escaleras para subir,<br/>Solo para bajar;<br/>Si usted cree estar arriba:<br/>Piénselo bien, medítelo;<br/>Puede estar en un error.<br/><br/><br/>Los padres sueñan con ver a sus hijos<br/>Volar con alas de plomo,<br/>Para poder repeler las balas.<br/><br/><br/>Policías parecidos a robles<br/>Devastan el concreto con sus raíces.<br/><br/><br/>De pronto:<br/>Un disparo:<br/>Cae un cuerpo.<br/><br/><br/>Al partir los cantos<br/>Una persona murió,<br/>No importa si cayó de este lado<br/>O si cayó del otro:<br/>Una persona muerta,<br/>Es una persona muerta,<br/>Por extraño que parezca.<br/><br/><br/>No hay suficientes escaleras para subir:<br/>¿Quién las construirá?<br/><br/><br/>Seguramente arriba<br/>También hay lodo,<br/>Pasto, rocas, flores.<br/>De esas extrañas maravillas<br/>Que nacen y mueren<br/>Cuando deben hacerlo.<br/><br/><br/>Consigámonos un Dios pagano,<br/>Con todo y su Demonio pagano;<br/>Que nos prometa la muerte<br/>Después de la vida<br/>Y que su credo lleve por título<br/>"Revolución para un Dios Pagano",<br/>Y que se especialice<br/>En el milagro de las escaleras.<br/><br/><br/><br/><br/>*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com<br/><br/><br/><br/><br/>El banquete*<br/><br/><br/><br/>Después de la gran hecatombe nuclear los Plumkier, aristócratas de cuna, se reúnen cada tercer viernes de mes alrededor de una mesa, tal como venían haciendo desde el principio de los siglos. Cubertería de plata, copas de cristal de Murano y vajilla de porcelana de Sèvres. Etiqueta y traje largo. <br/>Una enorme bandeja de plata con un asado de carne en el centro de la mesa.<br/><br/>Intentan que las cosas sigan como siempre y que las tradiciones se mantengan. Únicamente hay tres cambios que no pueden obviar: No hay pan, la carne no es de ternera sino de animales más pequeños y se ha instaurado un rezo antes de comenzar las comidas:<br/><br/>"Te damos las gracias señor por los alimentos que vamos a tomar y te rogamos que no sean tan radioactivos como el mes pasado", recitan mientras se contemplan las terribles quemaduras, las pústulas y la perdida de dientes.<br/><br/><br/><br/>*de Joan Mateu. joan@cimat.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>A ciertas y precisas edades *<br/><br/><br/><br/>A ciertas y precisas edades<br/>el mundo que laboramos y nos contiene<br/>se desgrana, se desliza, se esfuma<br/>y no hay manera, forma, gesto ...<br/>Es un tejido hecho a mano<br/>                   colorido<br/>                   con trazos varios<br/>                   con texturas diferentes<br/>que se disuelve para quedar en la memoria:<br/>tul transparente, vaporoso<br/>       poblado de gestos que importan.<br/>Es lo que queda en el arcaico rescoldo<br/>lo que humedece el aire del cada día<br/>lo que sostiene cualquier hacer.<br/>A ciertas y precisas edades ...<br/><br/><br/><br/>*de Oscar Angel Agu.  cachoagu@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>VUELO DE LÁGRIMAS*<br/><br/><br/><br/><br/>Salen en silencio<br/>pequeños pájaros de mis ojos.<br/>Abrí las compuertas de mi angustia<br/>para que no mueran<br/>mis últimos ensueños.<br/>¡Cuánta resaca recogen mis manos!<br/>Todas las mieses las planté a destiempo.<br/>En nada brotará una flor,<br/>los frutos se ahogarán<br/>en su desaliento.<br/>Sobre ese desierto sofocante<br/>me tiendo en cruz.<br/><br/><br/><br/>*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/>CONDENA*<br/><br/><br/><br/>No me preguntes, no, no me preguntes<br/>por qué  mi voz se ha oscurecido.<br/>No me preguntes por qué mi sombra no refleja mis horas<br/>Y no hay mirada, solo cuencas vacías.<br/>Y la piel se ha esfumado<br/>y aferrada a los huesos, una jungla de desoladas lianas<br/>y el latido del viento ¡Ah, el latido del viento que me agobia!<br/>Juro que lo he intentado.<br/>No he podido acallar, sin embargo,<br/>su latido en mi sangre.<br/>El viento empuja las antiguas velas,<br/>e indefectiblemente<br/>mi pobre corazón,<br/>condenado a ser una barcaza abandonada,<br/>zozobra, mas no se hunde.<br/><br/><br/>Tanta agua y morir de sed.<br/>Tanta luz estelar y morir de noche.<br/>Tanto viento y morir de calma.<br/><br/><br/><br/><br/>*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/>LA LOMBRIZ Y LA TUERCA*<br/><br/><br/><br/>Un caluroso día de verano, descansando un momento a la sombra de un frondoso lapacho que ocupa buena parte de mi jardín; veía a dos metros, donde ésta terminaba, en pleno sol; la lenta marcha de una lombriz que sorteaba uno tras otros los tallos de la hierba, manteniendo, eso sí, una imaginaria línea recta, un vector, que conduciría vaya a saber a qué sitio de las cercanías.<br/>Era indudable que tenía un objetivo y un propósito, aunque ciertamente nunca podría yo conocerlo. No sería más que algunas pulgadas, ya que el sol fuerte debía perjudicarla; o tal vez protegida entre el césped los cálidos rayos no la afectarían tanto como yo estaba suponiendo. La marcha a su escala era <br/>agobiante, lenta y penosa.<br/>Al tiempo perdí interés y cuando dejaba ya de observarla, me llamó la atención un objeto semienterrado en el piso que estaba a centímetros delante, en el camino del pequeño animalito. Era una tuerca de hierro del color del óxido, del tamaño de un buen durazno, al menos.<br/>¿Rodearía la mole; a su escala, gigantesca? ¿Retomaría la misma trayectoria por la imaginaria recta en que transitaba? ¿O la retomaría más adelante tras hacer un atajo después de rodearla parcialmente?<br/>¡Nada de eso! Llegó frente al obstáculo, pareció medirlo, estudiarlo., e irguió su cuerpo como un largo pescuezo; mientras se apoyaba en el resto, se balanceó un momento, como afirmándose. se levantó más, y aún  más, todo lo que increíblemente era posible para su tremendo esfuerzo, y apoyó su húmedo <br/>y delicado cuerpo en la superficie hirviente del metal. y si bien yo no pude oírlo, debió escucharse como un chirrido, como una fritura, en aquel inmenso bosque de gramillas., y la lombriz cayó encogida, retorciéndose, víctima inocente de una naturaleza totalmente extraña para ella.<br/>Apenas un desecho, un elemento despreciado, una tuerca insignificante que los hombres dispersan como basura sin cuidar mucho, y sin pensar lo más mínimo en los pequeños seres del jardín, en la pequeña vida que teje todos los instantes, tanto como nosotros mismos, las redes de la Creación.<br/><br/><br/><br/>*De  Celso H Agretti.  celsoagr@trcnet.com.ar<br/>Avellaneda. Santa Fe.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>AMANECER DEL TIGRE*<br/><br/><br/><br/><br/>¿Qué duele  más, el desamor, la muerte, la locura?<br/>¿O la fuga del  girasol y la retama?<br/>¿Del ocaso, de la aurora, del trigal en llamas?<br/>Como  un tigre  enjaulado, la oscuridad<br/>se  golpea  una y otra vez contra  garfios de  penumbra rosada.<br/>Ronca  la boca  de la noche como   un  pez moribundo<br/>Amordazan   el  grito  azul del cuervo.<br/>Solo queda "la vaga sombra, la inextricabe sombra"<br/>No ha sido un Polifemo devorador de hombres.<br/>Sin embargo, los Dioses y una atávica herencia<br/>Perforaron sus vertientes de luz, con una estaca ardiente<br/>Una clepsidra sideral ilumina los espejos perpetuos.<br/>Regresa "el oro de los tigres"y la memoria eterna,<br/>el ocaso, la aurora, los trigales.<br/>.."y no hay fin "..<br/>Como  un enemigo abochornado, vencido el crepúsculo huye<br/> ante tanta tormenta de amarillo<br/>que deshace el día en girasoles y retamas.<br/><br/><br/><br/>*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Sofía*<br/><br/><br/>Para Marié<br/><br/><br/>Ella no busca llegar a las estrellas<br/>ni pide que se las alcancen, sabe<br/>con solo levantar sus pies un poquito<br/>sobre la vereda y estirar la mano bien alto,<br/>lograra arrancar estrellas tiernamente<br/>y crear su propio cielo sobre el suelo.<br/>No le han dicho que estamos lejos<br/>y nuestras manos son ínfimas.<br/>Ni que al otro lado del tiempo alguien cae olvidada y en sus manos aprieta <br/>estrellas muertas.<br/>No le han dicho que queda tonto reírse una y otra vez.<br/>Ni han roto la barrera de la ilusión, exterminando sus sueños.<br/>Ella con sus manos llenas de estrellas de papel, crea el universo para todas <br/>sus noches.<br/><br/><br/><br/><br/>*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>VUELO*<br/><br/><br/><br/>Abre tus alas,<br/>Cual pétalos de rosa,<br/>Hija mía.<br/>No temas a la fragilidad de la belleza,<br/>Eres más fuerte de lo que el mundo piensa.<br/><br/><br/>Déjalas remontarte en suave aleteo.<br/>¿Será este trozo de firmamento<br/>que admiramos<br/>demasiado pequeño<br/>para tantas ansias de vuelo?<br/><br/><br/>Toma pues, el universo,<br/>Que brota de mis manos,<br/>El tiempo que gotea de un viejo reloj de arena,<br/>La marcha apurada de los cuatro vientos,<br/>El polvo de las más antiguas estrellas...<br/><br/><br/>Y ve tan lejos como quieras,<br/>Sin dudas ni remordimientos.<br/>Parte ya, dulce viajera,<br/>Llevas contigo<br/>Mi beso.<br/><br/><br/><br/>*de Marié Rojas.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Tu voz de cuentos*<br/><br/><br/><br/>traza callecitas<br/>en mi cuerpo<br/>indaga  sus templos dormidos   allí<br/>donde  Cristos niños<br/>soplaban pájaros de barro<br/>que de súbito salían<br/>volando<br/>pone cigüeñas en los campanarios<br/>y tocan a rebato las asediadas<br/>campanas del sentido<br/>como el agua busca su cauce<br/>       lo encuentra<br/>       lava toda opacidad<br/>y crecen en lujuria enredaderas<br/>de flores blancas que nos nacen<br/>            nos abrazan<br/>Va tu voz de cuentos<br/>por  recónditas  escaleras<br/>trepa  la piel en un aliento<br/>tibio<br/>va por ángeles hace tiempo<br/>desterrados<br/>los llama por sus nombres<br/>los arropa<br/>los angela a puertas<br/>del paraíso perdido.<br/><br/><br/><br/>*de  Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>XVI*<br/><br/><br/><br/>Qué noche deshecha<br/>cierne sombra<br/>en tu pelo<br/>qué pájaros<br/>cantan en tu balcón<br/>por las mañanas<br/>qué rubor te ilusiona<br/>con principes lejanos.<br/><br/><br/>¿Y yo quién soy?<br/>Tal vez ese gorrión<br/>que sobrevuela tu labio<br/>tan suave tu pupila<br/>de mar<br/>tu rodilla de arena.<br/><br/><br/> <br/>*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/>No hay amor en el vacío<br/>Ni hay corazón<br/>que lata tan fuerte<br/>en el abandono.<br/>No hay razón para<br/>El olvido<br/>ni recuerdo<br/>en las memorias<br/>No hay nostalgia<br/>de las paginas no escritas<br/>Ni humanos tan comprensivos<br/>Que entiendan el dolor.<br/><br/><br/>*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Pequeñeces*<br/><br/><br/><br/>Ella a veces me devuelve a la infancia.<br/>Dice que será motociclista, violinista, aviadora.<br/>Dice que tendrá una fábrica de chocolates y una calesita propia para andar <br/>hasta que se aburra sin pagar boleto.<br/>Dice que cuando crezca será así de alta, jugará basket y no irá a la <br/>escuela.<br/><br/>Ella es todo proyecto en su cumpleaños número ochenta y siete.<br/>Yo soy todo el silencio.<br/><br/><br/><br/>*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Los monstruos*<br/><br/><br/><br/>Surgen de lo más profundo del armario. Son unos gritos guturales, horripilantes y continuados que a veces se trasladan debajo de la cama.<br/>Incomprensiblemente se detienen cuando entran mis padres o cuando se enciende la luz.<br/><br/>Tengo mucho miedo. Cada noche retraso todo lo que puedo la hora de ir a la cama, pero mis padres son inflexibles y cuando se acercan las diez ya empiezo a temblar. Tampoco me dejan tener la puerta abierta ni la luz encendida porque dicen que un niño de siete años ya es demasiado mayor para<br/>creer en fantasmas, monstruos y estas cosas.<br/><br/>Lo peor de todo es que mi miedo va creciendo y, aterrorizado, me hago pis en la cama. Ayer volvió a ocurrir y mis padres entraron en la habitación muy enfadados. Mi madre me arrancó las sábanas mientras gritaba que un niño no debe inventarse cosas y mi padre me metió en la ducha con agua fría,<br/>amenazándome con que si eso se volvía a repetir me encerraría en el armario una semana.<br/><br/>Ahora estoy en la cama mucho más tranquilo. Ya no me hago pis y no es que no tenga miedo a los sonidos y gritos del armario, es que tengo mucho más miedo a los gritos y amenazas de mis padres. Ellos están contentos porque dicen haber conseguido curar mi "cuentitis"<br/><br/><br/><br/><br/>*De Joan Mateu joan@cimat.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Viento tostado y garapiñado*<br/><br/><br/><br/>Estos son días en que se habla de festejos<br/>Y libertad,<br/>Pero bien cabría preguntarnos si la deuda externa,<br/>Las valiosas recomendaciones<br/>Que nos hace el Banco Mundial,<br/>O los tratados de libre comercio<br/>También venían en el mismo paquete<br/>O si nos los han regalado por pura cordialidad.<br/><br/><br/>Ahora se habla de los héroes que dieron su vida<br/>Para heredarnos Tierra, Justicia y Libertad;<br/>Y también de los revoltosos de hoy<br/>Que no entienden que la Revolución<br/>Solo es el nombre con que se pide<br/>Una monografía en las papelerías,<br/>Para la tarea escolar.<br/><br/><br/>Hoy son esos tiempos<br/>En que todos se enorgullecen<br/>De los grandes rebeldes<br/>Y se cuenta de cómo en su tiempo eran tachados<br/>De locos irreverentes,<br/>Peligrosos para la paz y el bienestar<br/>Y se hace,<br/>Por supuesto,<br/>La aclaración de que en nada se parecen<br/>A los inconformes de hoy.<br/><br/><br/>Hoy son los tiempos de los ricos y de los pobres,<br/>Antes también lo eran.<br/><br/><br/>Son los días para salir a las calles celebrando<br/>Que las cosas han cambiado,<br/>Aunque andemos igual.<br/><br/><br/>Son estos tiempos de festejo<br/>Donde las balas del Pueblo son aplaudidas,<br/>Y hasta salen en televisión,<br/>Se les montan exposiciones<br/>Y todos quieren salir en la foto con ellas.<br/><br/><br/>Mientras tanto,<br/>Nosotros miramos.<br/><br/><br/>Hoy son estos tiempos de recuerdos<br/>Que parecen presentes,<br/>Y somos los mismos:<br/>Somos los olvidados,<br/>Los que de vez en cuando son encontrados,<br/>Los mismos de entonces,<br/>Los que recordamos el pasado<br/>Y que a veces levantamos la voz a unos oídos sordos<br/>Que se asustan si escuchan balazos.<br/><br/><br/><br/>Somos los mismos de ayer<br/>Con otros nombres;<br/>Y festejamos desde abajo,<br/>En silencio,<br/>Entre los libros,<br/>Fatigados por el trabajo,<br/>Con nuestros corazones latiendo,<br/>Con nuestros presos,<br/>Nuestros muertos.<br/><br/><br/>Pero estamos en estos días de festejo<br/>Y júbilo nacional,<br/>Donde parece nuevamente<br/>Que a nadie importamos.<br/><br/><br/><br/>*de hugo ivan cruz-rosas.  quetzal.hi@gmail.com<br/><br/>En el año de 1910, durante la dictadura del Gral. Porfirio Díaz, se iniciaron los levantamientos armados en la llamada Revolución Mexicana. Cada 20 de noviembre es conmemorado el inicio de esta revolución, que nunca fue terminada.<br/><br/><br/><br/><br/><br/>HACERSE MAGOS*<br/><br/><br/><br/>Ese ahuecarse el corazón<br/>Y hacerse magos...<br/>Violín que desespera,<br/>Hora no devela su escondite.<br/><br/><br/>Hora juega a acunarse entre la hierba,<br/>Dibuja caracoles, sombras,<br/>Deja asomar la aurora y parte...<br/>Dejando cenizas tras la escarcha de sus juegos.<br/><br/><br/>Violín ha llegado tarde,<br/>Ya no es tiempo de danzar junto a la hoguera,<br/>Solo rescoldos, mudos.<br/>Lo contemplan.<br/><br/><br/>Toma una brizna de viento, canta,<br/>Esparce una nueva melodía<br/>De adiós y soledades.<br/>A cien millas de distancia, hora muere.<br/><br/><br/><br/>*de Marié Rojas.<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Convocatoria*<br/><br/><br/>El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo. <br/><br/>Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at <br/> Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.<br/><br/>Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com <br/> Cordial saludo,<br/><br/><br/><br/>*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera<br/>Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br/>www.euroyage.com<br/><br/>Schiessstattstr. 37    A-5020 Salzburg   AUSTRIA<br/>Tel: ++43 662 825067 <br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Para visitar: <br/>www.walkala.priv.at<br/>http://incoiroencias.blogspot.com<br/>http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada<br/>http://urbamanias.blogspot.com/<br/>http://remontandosoles.blogspot.com/<br/>http://zonamutante.blogspot.com/<br/>http://www.metroflog.com/Exducere<br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.<br/><br/>Es gratuito publicar ?<br/>En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato. <br/><br/>Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?<br/>Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.<br/><br/>Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?<br/>Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[DAR LO QUE NO SE TIENE A QUIEN NO ES...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_29.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>ANALFABETOS DE AMOR* <br/><br/><br/><br/>Basado en poema de Bertolt Brecht<br/> <br/><br/><br/>Antes de ser “Juanito Laguna”<br/>Vivió el mundo. ¿Viejo mundo? ¿Mundo nuevo?<br/> Cueva tibia / tibio mar, tibias mareas.<br/>Protorecuerdo  /  bombo / frágil cristal de roca <br/>Primera herida  / rayo de luz/ vinieron muchas más.<br/>Aprendió como pudo/ morir/ sobrevivir.<br/>El mundo ¿Línea plana?  Final / infierno / paraíso<br/>Piernitas flacas/  costillas salidas/  panza redonda<br/>Un mundo / adentro / afuera/ excluidos/ incluidos/ círculo cerrado.<br/>Nada de  amor / aprendió / el desamor es una moneda de dos caras.<br/>Aprendió / secretos del lobo  Ataque / defensa / defensa / ataque.<br/>In-migrantes. E-migrantes Mulatos/ indígenas/ mestizos.<br/>Ta/ Te /Ti ¿Cara o seca? Alpiste/ perdiste.<br/>Cuando los piojos buscaron abrirse camino /en su rabia gredosa<br/>cerro los dientes/ el corazón / la casa.<br/>Aprendió / no solo de pan vive el hombre / Tambien  de  piedras<br/>Hurgó los desperdicios, / pan  y fruta / chancho limpio nunca engorda.<br/>Zapatos chicos /  dolores grandes  / pantalones cortos / tristeza larga.<br/> <br/>“Don Juan  de la pipa rota   ¿con que se la componemos?”<br/>Con un palo que le daremos<br/>“¿Adonde está el palo? El fuego  lo quemó <br/>¿En donde está el fuego? El agua  lo apagó<br/>¿En donde está el agua ? Un burro se la tomó <br/>¿Adonde está el burro? El burro se murió<br/>¿Adonde lo enterraron? Adonde quiso Dios”<br/>¿Adonde está Dios? Diosito se escapó<br/>¿De quien  escapó Dios? Del peor de los bandidos<br/>¿”El peor de los bandidos donde está”? /Engendrando<br/>¿A quien está engendrando? A  “Juanito Laguna.”<br/> <br/> “Juanito Laguna”/ No  / no aprender /  no  enseñar / no  leer / no escribir/ <br/>“Juanito Laguna” / Aprendió / le enseñaron / todo tiene costo<br/> <br/>Su costo de vivir<br/> fué<br/> ser engendrado<br/> por los analfabetos del amor.<br/> <br/><br/><br/>*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>DAR LO QUE NO SE TIENE A QUIEN NO ES...<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>La sombra china de Jacques Lacan*<br/><br/><br/><br/>En ensayista y semiólogo François Cheng introdujo la poesía y la filosofía orientales en el ideario lacaniano. Dos de sus libros, que ahora se consiguen en Buenos Aires, influyeron en las teorías del brillante y controvertido seguidor de Freud<br/>Sábado 9 de agosto de 2008 | Publicado en la Edición impresa <br/><br/><br/><br/>*Por Luis Gruss <br/>Para LA NACION <br/><br/><br/>Su nombre no suena con demasiada frecuencia por aquí. Quizás ahora un poco más, con la reciente llegada a las librerías porteñas de dos de sus libros fundamentales: Vacío y plenitud (Ediciones Siruela) y La escritura poética china (Pre-textos). François Cheng (nacido en Pekín en 1929 y luego nacionalizado en Francia, país adonde se trasladó en 1948) es, sin embargo, el más reconocido experto en el conocimiento y difusión de la espiritualidad de Oriente. Sus reflexiones fueron fundamentales, entre otros, para su admirador y amigo Jacques Lacan, cuyas investigaciones en torno al valor del significante confluyeron naturalmente con la teoría de palabras llenas y palabras vacías o muertas que Cheng elaboró al analizar la escritura poética china. El sueño tiene la estructura de una frase, decía Lacan en su estilo enigmático que armonizaba con el de Cheng cuando éste comentaba aspectos de la escritura poética china: el ritmo desempeña una función primordial, ya que indica la forma en que se agrupan las palabras y permite decidir cuál es su verdadero sentido. <br/><br/>Filólogo, poeta, ensayista, calígrafo, traductor, novelista y semiólogo, Cheng ha sido un estrecho colaborador de Lacan. El psicoanalista francés lo presentó en uno de sus célebres seminarios (abril de 1977) con su ironía habitual: "François Cheng, que en verdad se llama Cheng-Tai-Tchen, se ha puesto François con el objeto de reabsorberse en nuestra cultura, aunque esto no le ha impedido mantenerse muy firme en lo que hace, un trabajo de gran utilidad para los que aquí se consideran analistas". <br/><br/>La zambullida china de Lacan nada tuvo que ver con el exotismo que a veces provoca en Occidente aquel mundo lejano de ikebana, té verde, dragones y flores de loto. Lacan vio una clave de sus teorías en los estilizados ideogramas chinos. La forma genera sentidos inesperados. La forma, debe subrayarse una vez más, arrastra por añadidura el contenido y no al revés, como antes se creía. La poesía china es eminentemente metafórica. Sólo así puede concebirse (por ejemplo) que la unión nube/lluvia aluda por elevación al acto sexual; el jade, a la mujer de bellas formas o que la luna llena señale un reencuentro de amantes. Según el imaginario chino estudiado por Cheng, la montaña pertenece al yang y la nube al yin. En ese caso la montaña designa al hombre y la nube (inalcanzable), a la mujer. Las voces que emanan de ellos, entonces, son: "Viajo pero, como la montaña permanezco contigo" y "Estoy aquí pero, como la nube, mi pensamiento viaja contigo". Esto, aunque resulte arduo de asimilar para el lector occidental, está resumido en un dístico de Wang Wei, destacada figura poética junto a Li Tai Po durante el reinado de la floreciente dinastía Tang. <br/><br/><br/>El lago se vuelve sobre un instante/ <br/>La verde montaña rodea la nube blanca <br/><br/><br/>Lacan leyó con atención a los poetas chinos y en ellos, de la mano de Cheng, observó que los ideogramas generan sentido en los versos. Algo análogo sucede en el diván del analista. Simples sonidos evocan situaciones más complejas que trascienden ampliamente las palabras pronunciadas. En su libro La escritura poética china , Cheng cita el "sencillo" ejemplo de un ideograma que, por sus componentes gráficos, suscita una imagen poética. En China la expresión po-gua (literalmente, "melón partido") designa los dieciséis años de una joven deseable y casadera. A partir de una imagen gráfica se llega, al final de la cadena significante, a la idea erótica de carne tierna (melón) y fresca, mordedura sensual, etcétera. La partición del melón podría ser interpretada como pérdida de la virginidad. Este raro juego de espejos se entendería mejor, claro, si se viera el dibujo partido del ideograma correspondiente. <br/><br/>En su Seminario 24, Lacan les dice a sus alumnos: "Yo quisiera llamar la atención sobre algo: el psicoanalista depende de la lectura que hace de lo que dice el paciente. Y lo que escucha no puede ser tomado al pie de la letra [ ]. ¿La verdad despierta o adormece? Me gustaría que antes de responder leyeran a François Cheng, ya que con la ayuda de lo que se llama escritura poética ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica". <br/><br/>Eran habituales las caminatas y conversaciones entre Lacan y Cheng, quien no casualmente dedica su libro Vacío y plenitud "al maestro Jacques Lacan", cortesía que el psicoanalista francés solía devolver en el mismo tono. Leyendo poemas chinos de la Antigüedad o analizando pinturas donde las áreas en blanco eran muy evidentes, los dos pensadores concibieron la noción de vacío no como algo vago e inexistente sino como un elemento dinámico y activo. <br/><br/>El vacío pasa a ser un signo; es origen y elemento central en el surgimiento de " las diez mil cosas" del mundo. La pincelada del calígrafo o del artista acaba diciendo mucho más de lo que se había propuesto, tal como sucede con el paciente en el consultorio. Lo dicho se traduce en un malentendido eterno. ¿Por qué? Porque una palabra no revela claramente su sentido (por ejemplo, la voz china dao o tao no refiere sólo al camino aludido). Más bien conduce a otras voces en una cadena lingüística así como un sentido conduce a otros. Siempre decimos más de lo que nos proponemos. Esto último se produce mediante los conocidos mecanismos inconscientes de desplazamiento (desvío) y condensación. La digresión es el recurso preferido en estos casos. Sólo hay algo nuevo en el significado cuando hay algo también nuevo en el significante. El sujeto que habla no es amo y señor de lo que dice. En los hechos, termina diciendo más de lo que quiere. Termina expresando (siempre) otra cosa. Desde el análisis lacaniano se afirma que hay que entender al paciente más allá de lo que dice. En cuanto se quiere afirmar algo, se producen incidentes inevitables: de ahí la confusión y la imposibilidad del diálogo como absoluto lazo de unión. Cada uno de nosotros es hablado por la lengua. Por eso, en principio conviene que no nos tomemos a pecho ni a nosotros ni a los demás. El oficio propio del analista es escuchar al paciente casi como si hablara a través de ideogramas chinos: diciendo mucho más allá de lo que dice. Interpretar es escuchar al sujeto no en lo que él cree pronunciar sino en el deseo que fluye a través del significante que por algún motivo eligió. <br/><br/>En función de estos razonamientos, Cheng se detuvo especialmente en los poemas de Li Bo (o Li Tai Po) y otras tantas obras maestras que, como se ha dicho, iluminaron el cielo del arte bajo el imperio de los Tang, durante los siglos VII y IX de nuestra era. Entre varios centenares de poemas, Cheng eligió para su análisis -realizado al unísono con Lacan- una conocida cuarteta ("Escalinata de jade") que podría traducirse así: <br/><br/><br/>Del umbral de la escalinata de jade <br/>Brota un rocío blanco/ <br/>La larga noche penetra en las medias de seda/ <br/>Dejando caer la cortina de cristal/ <br/>Contemplada al trasluz por la luna de otoño. <br/><br/><br/>El tema abordado es la noche de espera de una mujer ante la puerta de su casa vacía. La espera es inútil porque su amante no llegará. Desilusionada y con frío, la mujer se retira a su cuarto. Allí baja la celosía de cristal y se queda un rato más, confiándole su pena y su deseo a la luna, cercana y lejana a la vez. Li Bo invita al lector a vivir los sentimientos del personaje desde dentro. Pero sólo entenderá mejor la idea que sobrevuela allí el lector familiarizado con el valor simbólico de los significantes chinos: <br/><br/>Escalinata de jade: piel lisa y suave de una mujer. Rocío blanco: noche fresca, hora solitaria, lágrimas. Y tiene un matiz erótico. Media de seda: cuerpo de mujer. Celosía de cristal: interior del gineceo. Luna de otoño: presencia lejana y deseo de reencuentro. <br/><br/>Con esta secuencia de imágenes -dice Cheng-, el poeta crea un mundo coherente y misterioso. Las cosas parecen derivar unas de otras de manera inexorable. Por intermedio de los signos, la luna adquiere su estatus de símbolo primordial de los poetas chinos clásicos, artistas de una sensibilidad nocturna que revela el secreto de una noche de mito y comunión. El amor (que Lacan ha definido como dar lo que no se tiene a quien no es) se conecta con la idea del vacío esencial, es decir, fuente permanente del deseo aunque no excluya -en esa búsqueda infinita- el dolor y la melancolía que inevitablemente nacen de la ausencia. <br/><br/><br/><br/>*Fuente: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1036743&origen=relacionadas<br/><br/><br/><br/><br/>"Quien ama en exceso se agota"*<br/> <br/><br/>Reproducimos aquí algunas ideas centrales de François Cheng expuestas en sus libros Vacío y plenitud y La escritura poética china, distribuidos ahora en algunas librerías de Buenos Aires. <br/><br/>"En China, arte y arte de vivir son la misma cosa. El pensamiento estético de ese país considera siempre lo bello en su relación con lo verdadero. La noción central de esta búsqueda se resume en la palabra vacío. No menos esencial que la célebre dualidad yin-yang, el vacío se presenta como un eje en el funcionamiento del sistema de pensamiento chino. Ese principio rige la pintura, la poesía, la música, la narrativa, el teatro y hasta disciplinas físicas como la acupuntura o el taichi." <br/><br/>"En el orden de lo real, el vacío tiene una representación concreta: el valle. El valle es hueco y aparentemente vacío; pero hace crecer y nutre todas las cosas; lleva todas las cosas en su seno y las contiene sin dejarse nunca ni desbordar ni extinguir. El espíritu del valle por siempre está vivo. En él se habla de la hembra misteriosa. La hembra misteriosa tiene una abertura de donde salen el cielo y la tierra. El imperceptible chorro fluye indefinidamente; se bebe de él sin jamás agotarlo. El espíritu baja al valle y vuelve a subir; es el aliento o el soplo; espíritu y valle están abrazados por la vida." <br/><br/>"Quien ama en exceso se agota." <br/><br/>"Antes de pintar el bambú hace falta que el bambú crezca dentro de nosotros." <br/><br/>"Una obra maestra es aquella que restituye las relaciones secretas entre las cosas." <br/><br/><br/><br/>*Fuente: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1037430<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>    ALLÁ, A LO LEJOS...*<br/><br/><br/> <br/>Allá,<br/>a lo lejos,<br/>eras un punto en la distancia,<br/>un grano de arena,<br/>una semilla que orbita<br/>en tierras lunares,<br/> <br/>una gota<br/>de agua cayendo,<br/>un pedacito de cielo recortado<br/>entre el embarcadero<br/>y la visera de mis manos.<br/> <br/>  <br/><br/>*de Sebastián Slobodjanac Iparraguirre. sebaslobo@hotmail.com  <br/>En Libro "Amor Universal" -Carpe Diem Editora S.J.-2004<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>ALIMENTOS TERRESTRES*<br/><br/><br/> <br/><br/> *Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com<br/><br/><br/> <br/><br/>Cuando el apetito voraz la llevó a devorar cerdo, pollo, conejo, perdiz, iguana y cuanto animal cayera en sus cacerolas; cuando el olfato se agudizó hasta percibir a la distancia el olor de lo femenino y lo masculino; cuando notó que las pupilas se le dilataban tanto ante un hombre como ante una mujer hermosa, comenzó a prestar atención a su conducta.<br/>Con dos o tres baños diarios de inmersión en agua fría, procuró bajar la temperatura del cuerpo. Cuando las sales bullían como si ella fuera un termostato en la bañera, la vaciaba y repetía el procedimiento las veces que fueran necesarias.<br/>A pesar de los intentos de sofocación, tuvo que admitir que desde el primer día de casada, el compromiso de ser de goce privativo del esposo, le había sembrado una pequeña raíz de hastío que se empecinaba en ignorar. La fanfarria de aquella noche de vestido excesivo, alegría programada y comentarios acordes a la tediosa eternidad, la hizo sentir como si esa fuera la última fiesta de los condenados. Pero con abnegación mantuvo su compromiso de fidelidad evitando contactos, desviando miradas, tomando distancia.<br/>Esa entrega exclusiva y excluyente le fue diezmando el deseo. Ya conocía tan de memoria aquella piel, aquellos recorridos y vaivenes, que perdió interés en ese cuerpo que no se diferenciaba del propio.<br/>Por el bien del esposo consultó revistas femeninas que indicaban con tino que la pareja debía explorar otros estímulos, otros escenarios, otras coreografías. Sin embargo, tuvo que admitir que por encima de un cambio de posición ella necesitaba un cambio de individuo. Pero no podía desperdiciar, así como así, tantos años de abnegación, de sacrificio y entrega.<br/>Para eludir la lujuriosa verdad, tomó clases de gimnasia tres veces por semana. Buscó aquietar la efervescencia del cuerpo con rutinas en ocho tiempos, con flexiones cortas y largas, con ejercicios abdominales intensivos. Logró aductores rígidos, glúteos firmes, vientre contraído pero en vez de extenuarse, fue aumentando su vigor físico. La ligera vestimenta de sus compañeras, el torso semidesnudo de los hombres y la música energizante, multiplicaron el apetito y las palpitaciones.<br/>Entonces inició cursos de bonsai, de pintura sobre tela, de deshilado en bastidor, de primeros auxilios, crochet, educación vial, esperanto, control mental y cocina vegetariana. En esta última actividad depositó toda su esperanza. Debía desterrar la carne. Los vapores del coliflor y los aromas del berro habrían de sosegar el ímpetu de la sangre. La leche de soja, si lograba ingerirla, apaciguaría el furor.<br/>Sostuvo la dieta con disciplina tibetana. Con el paso de las semanas, se tornó blanca y fresca como una hoja de endibia. Las venas acentuaron el color verdoso y su andar fue languideciendo. El viento la hacía oscilar como una espiga. El cabello floreció en las puntas y fueron inútiles los tratamientos capilares. Las pestañas, las cejas y el vello púbico adquirieron la textura del pasto. Su aliento olía a yuyo, su cuerpo era un árbol. Pasaba horas sentada en el jardín con los pies en remojo y se dejaba rondar sin fastidio por hormigas, pájaros y arañas.<br/>Hasta que el marido advirtió una hipotermia alarmante. El esposo insistió en consultar un médico pero ella se negaba. Cuando ya no tuvo fuerzas para oponerse fue sometida a inyecciones de hierro, complejos vitamínicos, suplementos dietarios.<br/>Día a día sus axilas fueron dejando de oler a brócoli y los dedos perdieron el aspecto filamentoso, para ir recuperando su peligroso aspecto de conformación humana. El sexo, que al contacto con los dedos del esposo, ahora se abría como un alcaucil hervido sin sal y sin limón, fue recuperando la antigua firmeza y el color. Como era previsible, poco a poco el ardor recobró su poderío en cada rincón del cuerpo. La recuperación fue admirable. Así, se le hizo firme la mirada, fácil el contacto, corta la distancia...<br/><br/><br/><br/>*Fuente: Rosario-12<br/>http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14689-2008-08-09.html<br/>-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>RIESGO*<br/><br/> <br/><br/>Si en el riesgo se han dejado piel y pasos<br/>al empeño le han tensado las raíces <br/>y en lo hondo, en lo vivo, allá en lo humano<br/>tendrá un sitio bien ganado la esperanza<br/><br/><br/>Cuánta vida emana de un abrazo<br/>cuánto invierno he visto en las miradas; <br/>mas lo recio se fugó hasta la intemperíe<br/>cuando el ansia por la sed se entrego al viento <br/><br/><br/>Y qué más exigirle a la libido de la noche<br/>y qué historia tan tierna me contó ese cuerpo<br/><br/><br/>El ciclo nació y se perdió en los tiempos <br/>y el andar del alma es lento...<br/><br/><br/>Tristes de aquéllos que no arriesgan <br/>más allá de lo que verbalmente dicen,<br/>en entornos generosamente afines <br/>con argumentos entrañablemente hermosos;<br/>tras vidas cerradas a cal y canto<br/><br/><br/>Donde todo lo previsible va cayendo en lo gregario<br/><br/><br/>Si metafóricamente la memoria es una esponja<br/>o una cinta magnetófonica , tendente en muchos casos<br/>a almacenar con celo , mimo , lo más crudo ; <br/>lo más duro de la bestia cotidiana<br/><br/><br/>Y dado que la felicidad siempre llega fragmentada : <br/>anda , asume el riesgo y ¡ atrévete !<br/>atrévete con tu sueño cualquiera que sea<br/>atrévete incluso a soñar de nuevo.<br/><br/><br/><br/>*De Pablo Fuentes setembrine@yahoo.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Perdido ante un tunel del tiempo...*<br/><br/><br/><br/>-Texto del año 2002-<br/><br/><br/><br/>Siempre que tomo el ferrocarril Belgrano Sur en la estación Buenos aires me acuerdo del viaje que hice aquella tarde de 1989, cuando todavía estaba cursando la carrera de Sociología. Me debe haber impactado mucho ese viaje pues guarde el boleto de cartón bicolor -ida blanco y vuelta naranja- que vendían en las boleterías de aquella época cuando los trenes eran de una empresa nacional y el ferrocarril perdía solo un millón de dólares por día como aseguraba Bernardo, muy temprano, desde su programa de radio "despertando adormecido", cuando el sol apenas corría de luz al lucero y muchos maquinistas y operarios ferroviarios del Belgrano, entraban a trabajar en la estación Tapiales, donde están sus depósitos de locomotoras y talleres. Carlos Saúl, había ganado las elecciones hace un mes y conspiraba para tener el poder anticipado, para no esperar hasta el 10 de diciembre, y empezar a "unir las dos Argentinas" ya mismo. Bueno, pero esa es otra historia, padecida por todos.<br/>En ese cuatrimestre cursaba Pensamiento Social Latinoamericano, y la daba Horacio González. Esa tarde fría y gris, nos convoco al numeroso curso a la terminal de la estación Buenos Aires, para tener una clase de cierre en el viaje en tren hasta la estación Tapiales. No me avergüenzo en decir que recuerdo poco y nada de la clase ni del viaje, salvo dos cosas: el respetuoso silencio con el que los trabajadores que retornaban a sus hogares se sumaban a escuchar la clase, y la imagen de Horacio, con su mechón de pelo caído a lo Arlt sobre la cara diciendo que con el gobierno de Menem llegaba el "fin de la patria ferroviaria". El futuro estaba lejos.  Yo no consideré esa experiencia como una profunda experiencia pedagógica para mi carrera. Y muy lejos también estaba de verme reconstruir recuerdos.<br/><br/>Una gran nebulosa rodea todo lo que tenga que ver con esa época, ¿Qué pensaba? ¿Como sentía las cosas cuando estaba por cumplir 31 años, vivía con padres bastante saludables y tenía trabajo de asistente social en dos escuelas?. No lo sé. No puedo entender bien mi sentir de esa época.<br/><br/>Recuerdo, eso sí, que Horacio hablo de los trabajos que había recibido sin nombrar a los autores, el mío era un collage de imágenes que había recortado en revistas, a las cuales les había agregado algunas citas de autores, seguramente deformadas, habiendo entendido, el "malentendido creativo" que subyace a toda comunicación y desde luego a la literatura. Pero creo, y estoy casi seguro de esto, que estaba a años luz de entender que la "sociedad es como el aire", y que muchas cosas solo pueden percibirse en ausencia. La ausencia que es una realidad material, ó como gustaba decir Macedonio "casi como un pozo en el pasto".<br/><br/>Pero en ese año, teníamos 40.000 Km. de vías, había más ferroviarios que botelleros y cartoneros.<br/> Y aunque el futuro estuviera expropiado de antemano, era un umbral impensable. Como ver desde un hoy cada paso que damos en la pura obstinación de vivir entre lo imprevisible y lo irreversible. <br/><br/>Hace unos años, quede varado en la estación de Tapiales por un desencuentro. y me encontré al frente del bar donde habíamos estado aquella vez sentados todo un curso y sus profesores tomando caña o café. El lugar se llamaba El Nogal, sin duda nombrado así por la calle los Nogales donde hace esquina, esta cerrado según parece hace muchos años, algunos pastos suben por los techos, creo que nunca antes había tenido una imagen que reuniera en pequeña geografía las tristezas del paso del tiempo, hacía un par de meses que se había muerto mi viejo, en un 12 de julio muy frío y luminoso, y yo estaba allí, 12 años después frente a ese bar cerrado, esperando a una persona que no vendría a buscarme. Llevaba el título de sociólogo enrollado en el porta láminas, y vagaba de pura ansiedad por la estación de trenes.<br/>Pude ver por un descampado una locomotora negra de esas que andaban originales a vapor y otra diesel casi un esqueleto vacío, pegaditas como para que no haya mucho trabajo para levantarlas como chatarra. Más al oeste se ven dos vagones de maderita abandonados allí, la mayoría eran -y creo que lo son hoy mismo- usados como una vivienda mísera. En ese andén, percibí nuevamente el vértigo que siento ante cada túnel del tiempo que se abre en mis pasos de cada día, y volví en ráfagas a aquella tarde de 1989, cuando sobre una mesa de bar que bailoteaba por desniveles del piso, Horacio me firmo la libreta universitaria y nos cruzamos una eterna sonrisa.<br/><br/><br/><br/>*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/><br/><br/>Queridas amigas, apreciados amigos:<br/><br/><br/><br/><br/>El domingo 10 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Armando Luna Ponce. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay). ¡Les deseamos una feliz audición! <br/><br/><br/>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at <br/>(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! <br/><br/><br/>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo! <br/>YAGE, Verein für lat. Kunst,<br/><br/><br/>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br/>www.euroyage.com <br/><br/>Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA<br/>Tel. + Fax: 0043 662 825067 <br/><br/><br/><br/>ESPACIO PARA SOCIOS:<br/><br/>-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@yahoo.com.ar<br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Blogs para visitar: <br/>http://incoiroencias.blogspot.com<br/>http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada<br/>http://urbamanias.blogspot.com/<br/>http://remontandosoles.blogspot.com/<br/>http://zonamutante.blogspot.com/<br/>http://www.metroflog.com/Exducere<br/><br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[EDICIÓN AGOSTO.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_28.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>INVENTIVASocial <br/>Edición AGOSTO 2008<br/><br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:   inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/>LAS GRUTAS DE SARA*<br/><br/><br/><br/>     <br/>     Siempre es mágico y misterioso esto de entrar a la tierra, de penetrar por los recovecos donde se refugiaron los hombres de la prehistoria, esos lugares de temperatura constante como la cava donde se almacenan los vinos para transmutar en exquisito y viejo lo joven y destemplado.<br/>      Claro que nuestros antepasados no habitaban más que en la sala de recibimiento, donde la luz aún proporciona un contacto con el exterior y donde aún se cuelgan los murciélagos. Apenas la antesala, el inicio.<br/>     Pasarelas y escaleras nos permiten llegar más adentro, recorrer pasadizos que eran para los osos de las cavernas, animales de tres metros de estatura si se les daba por poner su altura sobre las patas traseras. Osos que ya no hay. Y un océano sumergido, las conchas marinas y los fósiles tubulares tapizando la pared más recóndita, adonde uno no sospecharía, jamás sospecharía que hubo mar.<br/>     Las placas que se chocaron allá lejos en un tiempo inimaginable soldaron la Europa con la Iberia (aún desunidas esas placas, como lo dijo Saramago cuando imaginó el camino inverso,  la península bogando de nuevo a la deriva, lejos de esa Europa a la que está adosada imperfectamente).<br/>     Conchas marinas y animalejos de las profundidades, en las profundidades ahora, a cuarenta metros de la superficie colina arriba.<br/>     Y la caverna formada por el agua. Corroída la roca, infiltrada, vaciada hacia abajo hacia abajo en galerías superpuestas, caprichosas, chorreadas de cristal ferruginoso. Unas cavernas vivas, sonoras, gotas sobre lagos serenos, gotas límpidas sobre mi cabeza, humedad de los muros. Tan rápido cae este agua que no da tiempo para las fantasmagorías de estalactitas y estalagmitas. Nada de columnas; paredes chorreadas, sí,  urgente el agua para esculpir y dar forma a la imaginación de la piedra.<br/>      Nos hablan de los pueblos originarios, de la cultura que se creó entre estas montañas, nos hablan de los mitos de este pueblo que pobló los Pirineos. Y fue ayer. Fue hace unos segundos. <br/>     Entre la piedra moldeada por el agua y los restos de un mar que ya no está, la historia humana toma su dimensión de fugacidad insoslayable.<br/>     ¿Están en Francia las cuevas? ¿Se hallan dentro de la Euskalerría? ¿A quién pertenece la piedra, el agua incesante, los fósiles inmóviles?<br/>     Miro, escucho la lluvia interior, la lluvia que cae en mi pecho, dentro de la cueva que es cada corazón humano. Trabajado, él también, por las aguas del tiempo sobre los fósiles de la memoria. <br/><br/><br/><br/>*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com<br/><br/><br/> <br/> <br/> <br/><br/><br/>IMPROBABLE*<br/><br/><br/><br/>Bienaventurados los locos<br/>los sedientos<br/>los que no encuentran puerta ni camino<br/>los que comulgan ritos de niebla<br/>                           entre fantasmas<br/>los militantes del miedo<br/>o de la sombra.<br/><br/><br/>Bienaventurados los atormentados<br/>los que no confían en el Padre <br/>ni conocen al Hijo<br/>los que no han recibido más Palabra<br/>que un silencio porfiado<br/>                       y dos preguntas.<br/>                    <br/><br/>Bienaventurados los menesterosos <br/>                        de ternura<br/>los que han aprendido de memoria<br/>la rutina de sufrir <br/><br/>los que ejercen su eterno desencuentro<br/>los que postulan el absoluto<br/>                 de la contradicción. <br/><br/><br/><br/>Bienaventurados los harapientos<br/>                    limosneros de la paz<br/>los que fuerzan con llaves obsoletas<br/>las muertas cerraduras.<br/><br/><br/>los miserables<br/>los que rasgan la carne para hallar<br/>                        el cero de la vida<br/>los que mienten para acertar <br/>los que se atreven a decir<br/>                   que son inútiles<br/><br/><br/>los ignorantes<br/>los que no saben ni aspiran a saber<br/>los desahuciados de toda ideología<br/><br/>los que transcurren sin pena ni gloria<br/>y diluyen sus días en agua de misterio.<br/><br/><br/><br/>Bienaventurada la vulgaridad                        <br/>de ser prosaicamente igual<br/>a los que nombro<br/><br/>y el escándalo de andar anónima<br/>arrullando mis dudas con un himno<br/><br/><br/><br/>a los próceres de algún mañana neutro,<br/><br/>si es que llega.<br/><br/><br/><br/>*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>  <br/>Mundo Nuevo*<br/><br/><br/> <br/>Vine acá porque creí que sería mejor<br/>Extrañar los campos y los caminos enlodados,<br/>Al igual que las casas hechas de palos y techos de cartón.<br/><br/>Vine, porque creí encontrar lo necesario para trabajar,<br/>Porque creí en lo que se dice:<br/>Que quien trabaja<br/>Tiene para comer.<br/><br/>Y en las noches extraño a mis amigos,<br/>Y a tu cara dulce y pálida,<br/>Morena de entre el frío que hay en las mañanas.<br/><br/>Vine hacia acá porque creí<br/>Que allá la cosa nunca iba a cambiar,<br/>Pero encuentro aquí<br/>Que la cosa anda igual,<br/>Y que si seguimos como vamos,<br/>Es seguro que esto va empeorar.<br/><br/>Que si hacemos algo como hermanos,<br/>Y que si no seguimos esperando<br/>A que alguien más lo haga,<br/>Seguro que la cosa va a mejorar.<br/><br/>Vine acá porque creí lo que dijeron:<br/>Que en este modelo económico<br/>Se tiene libertad.<br/><br/>Pero nadie dijo que mi fuerza de trabajo<br/>La tenía que dar a alguien más.<br/>Que lo que ganas por un salario,<br/>A penas te alcanza para tragar…<br/>Y que si no encuentras a quien se adueñe de tu trabajo,<br/>Que Dios te bendiga y a ver cómo le haces para comer.<br/><br/><br/><br/>*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/><br/>No era de talla muy grande <br/>más bien pequeño, pero su personalidad<br/>y empuje  hacían que los demás lo vieran<br/>mucho más amplio y monumental<br/>de lo que era<br/>su forma de ser llevaba optimismo<br/>su forma de silbar<br/>hacia poner celosos a los ruiseñores<br/>el impacto de su voz<br/>retumbaba en los pasillos<br/>y las vibraciones se extendían por toda la casa<br/>era pequeño de tamaño<br/>pero grande en su saber<br/>hipnotizaba con sus letras inscriptas en sus falanges<br/>de sus labios, a pesar de la agonía<br/>había siempre un vocablo de aliento<br/>de seguridad y de ternura.<br/>Ese ser inmensamente grande en su pensar<br/>sabrosamente perspicaz y considerado<br/>tiene un aura de creación.<br/>Las neuronas y los glóbulos rojos, <br/>le temen o le hacen caso<br/>las hernias se vuelven a su lugar<br/>el ahogo y la fatiga no están <br/>en su diccionario de lenguaje<br/>en su dirección hay como un espacio<br/>de Ángeles de la guarda que cuidan el entorno.<br/><br/><br/><br/><br/>*de Azul. azulaki@hotmail.com<br/>  <br/><br/><br/><br/><br/><br/>SOY LA PERRA RABIOSA*<br/><br/> <br/><br/>Soy la perra rabiosa. Envenenada.<br/>La fundadora de las vides de olvidos.<br/>En las venas, un vino acre y nauseabundo<br/>Recluida a las regiones mas sombrías del Tártaro<br/>Vomitada por el hombre y los dioses.<br/>La que tiene garras de ojos amarillos.<br/>La que aloja en su vientre un escorpión nocturno.<br/>Amo esta rabia mía como la muerte misma.<br/>De ella me alimento. Día a día.<br/>Me nutro de carroña y de cráneos partidos.<br/>Soy fiel a la especie de las bestias heridas.<br/>El amor ha abortado su cosecha.<br/>Cada noche, cosecho lo sembrado.<br/>Necesito esta rabia pan de cada día.<br/>Es la coraza que me salva.<br/>La que permite exudar<br/>Gota a gota.<br/>La insoportable soledad de cada día.<br/><br/><br/><br/> *de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Pesadilla*<br/><br/><br/><br/><br/>Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso.<br/>En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.<br/><br/><br/><br/>*de Joan Mateu. joan@cimat.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Onetti: la lección del maestro*<br/> <br/> <br/> <br/>La obra del gran escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo,1909-Madrid,1994) estuvo signada por los desencuentros -el primero con la crítica ciega, y luego con el público que no estaba preparado para recibir una escritura de esa dimensión- que lo llevaron, pese a ser muy original, a los segundos premios donde se presentara.<br/>En 1939 a instancias de su amigo el poeta Juan Cunha que se improvisó su editor, apareció en Montevideo la primera edición de "El pozo", donde Eladio Linacero, personaje emblemático del sujeto urbano aplastado por la angustia y el anonimato, monologa sobre la sinrazón de la existencia. "La náusea", saldría varios años después, al fin de la guerra, es decir que Onetti pasó desapercibido porque simplemente vivía en el arrabal del mundo. Era latinoamericano.<br/>La patética suerte de este libro que debió modificar el mapa literario del Río de la Plata, quedó sujeto a la falta de interés ya que según Angel Rama, quien años después de  su aparición  lo reeditó, sostenía que aún quedaban (a 30 años de aquella edición secreta) paquetes de ejemplares  de los 500 que se habían tirado.<br/>La tapa tenía la reproducción de un Picasso apócrifo y el papel interior era de estraza celeste.<br/>En estas costas reinaba Eduardo Mallea, de quien hoy nadie se acuerda, ni los distraídos profesores de literatura lo incluyen en sus programas..<br/>No mejor le fue con “La vida breve”, en 1950, ya viviendo en Buenos Aires. No tuvo casi comentarios, pasó desapercibida esta obra verdaderamente de vanguardia, seis años después le pasaría lo mismo a Antonio Di Benedetto con “Zama”, que son junto a “Los siete locos” las tres mejores novelas que se publicaron  en la Argentina en el siglo XX según Juan José Saer.<br/>Los “fracasos” no hicieron mella en la obcecación de Onetti. Siguió poniendo en palabras como nadie al ritmo de su respiración de fumador empedernido y de alcohólico contumaz, las insanias de este mundo absurdo. Su galería de putas y de borrachos, su “corte de los milagros” donde pululan los fracasados, los locos, los pirómanos, los proxenetas, los marginales que sólo en sus piadosas palabras tienen un destino, y los únicos seres que se salvan de su mundo atroz: los adolescentes, porque según sus palabras no han perdido aún la pureza  que una vida de miserias les va a arrebatar seguramente en la primera de cambio.<br/>Huraño, cascarrabias y escéptico, pasó por este mundo escribiendo “por necesidad, para mí mismo, aunque supiera que nunca nadie me va a leer” como dijo en uno de los pocos reportajes que concedió en su vida a la periodista uruguaya María Esther Giglio.<br/>La obscenidad, que es norte de la vida social de muchos escritores que sólo se empeñan en hablar mal de los colegas en público, como si eso les diera una pátina de genialidad, deberían seguir su ejemplo de ascetismo.<br/>Onetti, como su admirado maestro Faulkner, dejó una larga estela de escritores que sin su obra no hubieran existido. Lo diré sin más vueltas: dejó un montón de discípulos, que aprendieron a escribir gracias a él. Algunos se lo han agradecido (Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Saer) y otros se lo guardan y lo niegan si se les pregunta, pero no llegan lejos con su mentira. Eso se percibe fácilmente al leerlos. Pareciera que son “guachos”, como se les dice en el campo a los huérfanos, a los que no tienen padre conocido, a los “hijos de la nada”. Suponen que el mundo los estuvo esperando para  comenzar su marcha, son  sus modestos aportes a este mundo de miserias. Allá ellos.<br/>Lo cierto es que Onetti nos dejó un puñado considerable de cuentos y por lo menos cuatro novelas que son obras maestras del género:  “La vida breve”,”El astillero”,”Los adioses” y “Juntacadáveres”. El “Juntacadáveres” Larsen o simplemente “El Junta”, quien ya había ido apareciendo en novelas anteriores y que en “El Astillero” había sido personaje principal, pero es en “Juntacadáveres” donde hace su aparición que es toda una sinfonía: el sueño de un prostíbulo perfecto. ¿Acaso “el astrólogo” no pensaba  lo mismo  en la saga arltiana para financiar “su” revolución. ”Juntacadáveres” se instala en la ciudad  de Santa María, la ciudad inventada por Juan María Brausen en “La Vida breve” y trata de poner en práctica su plan, elaborado minuciosamente, ya abonado por fracasos anteriores pero se debe enfrentar con el doctor Díaz Grey (otro emblemático personaje onettiano, quien representa las fuerzas vivas de la ciudad. Hay un diálogo entre ambos que no tiene desperdicio. Allí Juntacadáveres intenta convencer al médico que ellos tiene vocaciones diferentes, pero una misma pasión.<br/>Cierta vez se le preguntó a Onetti sobre el origen de este personaje. Y él contó que trabajando para la empresa Reuter en Buenos Aires, una madrugada  asomó por la puerta de un bar un sujeto que llamó su atención. Al inquirir por él, le dijeron: ”AH, es el Junta. Le dicen Juntacadáveres porque se dedica a coleccionar prostitutas viejas. Fue suficiente para construir después uno de sus personajes más entrañables, aún en su miseria final y su abyección.<br/>En su magistral cuento “El posible Baldi”, afirma que somos responsables de una lenta vida idiota. ”Porque el doctor Baldi-dice el narrador- no fue capaz de saltar un día sobre la cubierta de una barcaza, pesada de bolsas o maderas. No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles ni de hombres sensatos”.<br/>Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó. Él, que se casó cuatro veces.<br/>Entre las cosas absurdas de un continente sumido en la represión que orquestaron sus propios Estados contra los pueblos está la dolorosa anécdota que llevó a Onetti a la cárcel por haber participado como jurado en un concurso de la mítica revista “Marcha” y haber premiado un cuento de Nelson Marra donde el personaje era una represor/torturador. Marra estuvo 5 años preso en una cárcel para detenidos de extrema peligrosidad. Onetti, Mercedes Rein, miembros del jurado, seis meses, junto a Carlos Quijano y Hugo Alfaro, director y Jefe de redacción respectivamente de esa publicación donde Onetti había sido su primer secretario en l939. Esto de las detenciones fue en gobierno de Bordabberry, quien disolvió el Congreso y  gobernaba con una junta militar. Corría el año 1974.<br/>Cuando lo dejaron libre se cruzó a Buenos Aires con una valija de libros, allí tomó un avión para ir a Madrid donde se lo había invitado para participar como jurado en la editorial Seix Barral. Su última esposa, la argentina Dorotea Muhr lo siguió. Estando privado de la libertad pidieron por él todos los intelectuales dignos de Europa y Latinoamérica. Empezando por Jean Paul Sartre.<br/>Nunca volvieron de allí, ni cuando el presidente Sanguinetti elegido democráticamente  lo invitó telefónicamente.<br/>-Gracias, pero no sé qué volvería a hacer yo allí, contestó eludiendo el convite.<br/>Pasó sus últimos años escribiendo cuatro novelas más y algunos cuentos, se empezó a reeditar parte de su obra en España y otros países de Europa, pero él siguió acostado en su cama tomando whisky, fumando varios paquetes de cigarrillos y leyendo interminables novelas policiales. Sin dar ningún reportaje.<br/>Había hecho hacer un cartel  que pegó con una chinche en la puerta con la leyenda que decía: “Onetti no está”. Los curiosos o pacientes que lo buscaban infructuosamente se encontraban con el cartel... y el ruido del violín que producían los ensayos de su esposa que era música.<br/>Cuando le concedieron el Premio Cervantes (máximo galardón literario en lengua española), nunca tan bien otorgado valga apuntar, agradeció al rey con un discurso donde aclaraba que él en  la vida siempre había pagado “no placé” y cuando ya no esperaba nada le caía esta distinción. Al ser requerido por el periodismo de todo el mundo, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él.<br/>-“Ciento diecisiete mil dólares”, contestó lacónico.<br/>Al periodismo hispano no le cayó muy bien su respuesta.<br/>Se olvidaba que él era Juan Carlos Onetti, un verdadero duro hasta el fin.<br/> <br/> <br/>           <br/><br/>*Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar<br/>  <br/><br/><br/><br/><br/><br/>Abuelo Pablo*<br/><br/> <br/><br/>Te dejé olvidado entre lápices de colores muy usados<br/>y un nido de horneros deshabitado<br/>ahí estarás protegido de tormentas viejas<br/>y poemas nuevos<br/>para siempre tuyos los pasos de mi infancia<br/>los maceteros de malvones rojos <br/>y el perfume dulce de violetas invasoras<br/>en ese jardín eterno adonde moriré niña y saltando a la soga<br/>recogiendo hojas de laurel para la salsa de tomates <br/>corriendo incansablemente a los patos.<br/>Aún me observas <br/>encendiendo eternamente la pipa<br/>tras los anteojos redondos y dorados<br/>flamean al viento tus bombachas de campo<br/>permaneces<br/>atornillado al suelo por tus alpargatas negras.<br/>Mi tiempo es mentira<br/>aún estás ahí<br/>enseñándome a tomar mate amargo y a montar <br/>mientras la Patagonia se desenrosca en mi pelo<br/>y un caballo que no entiende de linajes<br/>me vuelve a arrojar cerca de la tranquera<br/>ilustrando tu iracundia<br/>no fuera cosa que se rompiera tu muñeca<br/>y su mágica sonrisa de chocolate.<br/>Ninguna mano tan enorme<br/>ningunos ojos tan claros<br/>ningún silencio tan palabra.<br/>Ningún abuelo en tu sillón<br/>donde reinabas mi infancia.<br/>Antiguo rey de corazones. <br/> <br/><br/><br/><br/>*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>INFANCIA EN LA PLAZA ESPAÑA*<br/><br/><br/><br/>Un grupo de niños sin patria, duerme a la intemperie. <br/><br/>Sus alforjas figuradas son sacos rotos de afectos y miradas. <br/><br/>Sus vidas son manchas inciertas <br/><br/>de una sociedad dormida e injusta. <br/><br/>Deambulan en la noche como sombras del día, <br/><br/>trémulo en cada uno de ellos. <br/><br/>Valoran como los valoran y allí no sobra para la yapa. <br/><br/>Acunan en su piel<br/>                                                                      <br/>                                                                el frío y el hambre como únicas presencias. <br/><br/>Son la sobra del mundo no lejano, <br/>                                                              <br/>                                       del nuestro, del cada día. <br/><br/>Y mueren sin saberse si murieron<br/>                                                                       <br/>                                                    o emigraron como pájaros. <br/><br/>Los que quedan ocupan la plaza o lo que sea, <br/>                                                               <br/>                                 clamando. <br/><br/>Su violencia, desmesurada, es un modo <br/>                                                                <br/>                                                     de clamar por su vacío. <br/><br/><br/><br/>*De Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar<br/>-Fuente: ARENA DE NUEVE CANTOS. Antología de Poetas Santafesinos. (2008)<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Regalo de amor*<br/><br/> <br/>El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna. <br/>Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida.<br/>Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.<br/>Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.<br/>No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.<br/><br/><br/><br/>*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Limpieza a fondo*<br/><br/><br/>Desprende del techo con un plumero los sueños que cuelgan junto a las telarañas del cielo raso. De bajo la cama, barre el deseo. Con una espátula despega la ira de las paredes. A la ternura, bastante apolillada, la<br/>descuelga del ropero. Mete todo en una caja, que envuelve y ata con espléndido moño de regalo, y la deja sobre la mesa del comedor.<br/>Conforme con la tarea realizada, se va de la casa dando un portazo.<br/>- ¡Qué sea él quien saque la basura!- exclama.<br/><br/><br/><br/>*de Lucia Diaz. ludiaz1@yahoo.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Regreso con Ollie*<br/><br/><br/><br/>Los dos hombres han salido a cubierta. Amanece y desde el barco puede divisarse la costa, el primer movimiento del día. Una leve bruma dificulta la visión desde la popa, donde los dos hombres se han apoyado y permanecen en silencio.<br/>El gordo está prolijamente peinado, el cabello ralo apretado por la gomina. La brisa le hace entrecerrar los ojos. Una arruga le cae entre las cejas, otras dos a los costados de la nariz y la boca es un arco fláccido sobre el mentón quebrado.<br/>  Los ojos del hombre flaco son opacos; los rasgos suaves del rostro denotan comprensión <br/>-resignación tal vez-, y ya no hay ternura ni esperanza en su gesto. toda la amargura del mundo mira, desde esa cara, a la costa inglesa.<br/>Stan coloca una mano sobre los ojos, a modo de pantalla, un poco para evitar el fulgor del sol que se levanta en el horizonte, un poco para que el gordo no advierta que esa costa (que es la misma que dejo hace cuarenta años), es otra para él.<br/>Los cuarenta años pasados en Hollywood lo han convertido en un hombre cansado. Al fin y al cabo, es mucho tiempo y la vitalidad no le puede ganar a la vida. ¿De qué valdría estar recostado en un cómodo sillón, rodeado de nietos que miman, de periodistas que adulan? John Wayne le dijo una vez al gordo, que ahora está a su lado y entonces no le hizo caso, que la vida es dura y es mejor defender a cada momento lo que se consigue porque si no, la gente lo olvida. y la gente olvida su propia risa.<br/>El flaco ha movido levemente la cabeza y le ha parecido percibir, en el gesto del gordo Ollie, una mueca parecida a una sonrisa.<br/>-Ya salen los pescadores- ha dicho el gordo.<br/>En el horizonte, centenares de barcazas dejan la costa en dirección al pequeño barco. Sólo Laurel y Hardy permanecen en cubierta. Ambos han levantado las solapas de sus sacos, aunque no hace demasíado frío; el viento silba contra el buque.<br/>-Habrá que tomar un tren hasta Lancanshire-, dice el flaco sin mirar a su compañero.<br/>-los trenes tienen que ver con el principio y con el final- ha dicho Stan.<br/>-Por primera vez, Ardí se ha dado vuelta para mirarlo. Luego baja la vista. Le gustaría estar otra vez bajo los reflectores, frente a una cámara de cine. <br/>Piensa que no está demasiado viejo para eso. Tiene 62 años y está cansado, es cierto, pero debe reconocer que es la gente quien se ha cansado de él y de Stan.<br/>"Los trenes tienen algo que ver con el principio y con el final", piensa ollie. Es cierto. También los barcos y la distancia. Uno siempre va a morir lejos de los mejores lugares. Por vergüenza tal vez, como los elefantes. El siempre tuvo algo de elefante. No sólo fisicamente. Los elefantes son codiciados en su mejor momento cuando sus colmillos son frescos y deslumbrantes. La gente sólo busca eso, los colmillos. Si atrapa a un elefante, enseguida se los corta y toda la grandeza del animal desaparece. Queda apenas el cuerpo pesado, dolorido, tan dolorido está el elefante que cualquier otro animal puede matarlo.<br/>-Me siento como un elefante-, ha dicho Hardy, Stan lo mira y luego dirige sus ojos a la distancia donde las chalupas navegan agitadas por el mar.<br/>-¿Tu padre sabe que llegás? -pregunta Ollie.<br/>-Le mande un telegrama. Habrá función en Lancanshire. El todavía trabaja en el teatro del condado.<br/>Cuarenta años fuera de Inglaterra. Nunca extrañó demasiado. Sin embargo, Stan siente esta madrugada un suave estremecimiento cuando piensa que su padre lo verá en el escenario. Siempre le mandaba cartas luego de ver las películas. Alguna vez, recuerda, le sugería cambiar detalles. El viejo era muy minucioso y no perdonaba nada. El lo hizo actor y no le dolió cuando lo dejó ir, aún sabiendo que no regresaría. Quizás esperaba de su hijo la grandeza que él nunca había conseguido. Y ahora el hijo regresa, con toda su grandeza a cuestas, y le da miedo enfrentar al viejo (tendrá más de ochenta años ahora), que todavía actúa en comedias y ha sido premiado en el condado. Dos hombres viejos van a encontrarse, van a resumir sus vidas en un instante.<br/>Ollie mira a Stan. Tiene los ojos nublados y siente ahora un poco de frío. el sol se levanta cada vez más. las estrellas, que aún brillan, son las mismas que las de aquella noche de 1912, cuando Stan partió de Inglaterra. Stan siente ahora lo mismo que aquel día. Es necesario apostar otra vez por la vida, pero no sabe si alguien querrá aceptar la apuesta de un viejo perdedor.<br/>Stan enciende un cigarrillo, tiene que darse vuelta, dar la espalda al viento para que el fósforo no se apague.<br/>A lo lejos comienzan a sonar las campanas de la iglesia del pueblo. Ollie reconoce antes que Stan el ritmo de los tañidos, la música que tantas veces oyeron en sus películas.<br/>Se han mirado sin hablar. Stan se ha cubierto la cara con las manos. Arroja el cigarrillo al mar. Ollie le da la espalda. Ambos saben que todo final abre la esperanza de un nuevo comienzo.<br/>La música llena el aire.<br/><br/><br/><br/>*de Osvaldo Soriano. <br/>-De Artistas, locos y criminales.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/><br/><br/>Queridas amigas, apreciados amigos:<br/><br/><br/>El domingo 3 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Alberto Nepomuceno. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Takillakta (Andes). <br/>¡Les deseamos una feliz audición! <br/><br/><br/>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at <br/>(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! <br/><br/><br/>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo! <br/><br/><br/><br/>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br/>www.euroyage.com <br/><br/>Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA<br/>Tel. + Fax: 0043 662 825067 <br/><br/> <br/><br/><br/><br/>3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN<br/>XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“<br/><br/><br/><br/><br/>BASES DEL CONCURSO:<br/> <br/>ÁREAS:<br/>a.   Composición para piano solo<br/>b.   Composición para piano y electrónica<br/>c.   Composición para piano y trío de cuerdas<br/> <br/>v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. <br/>v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición. <br/>INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. <br/>TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. <br/>DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. <br/>ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.<br/> <br/>ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.<br/> <br/>Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.<br/> <br/>Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.<br/>Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.<br/><br/>PREMIOS: <br/>1. PREMIO: 1.500 Euros<br/>2. PREMIO: 1.000 Euros<br/>3. PREMIO:    500 Euros<br/> <br/>* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.<br/> <br/>* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).<br/> <br/>Remitir las copias y anexos solicitados a:<br/>CONCURSO XICóATL<br/>Schießstattstr. 44/9<br/>A-5020 SALZBURG<br/>- AUSTRIA –<br/>o a:  euroyage@yahoo.de<br/> <br/>más informaciones encontrará en: www.euroyage.com <br/> <br/>EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:<br/>KLAUS AGER (AUSTRIA)<br/>JORGE ANTUNES (BRASIL)<br/>ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)<br/>ROLANDO CORI (CHILE)<br/>ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)<br/> <br/>El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:<br/>v      El Gobierno del Estado de Salzburgo<br/>v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo<br/>v      La Asociación Música en el Museo (MiM)<br/>v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE<br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/>A los Amigos lectores de la edición mensual:<br/><br/> Los invito a suscribirse a la edición cotidiana de inventiva donde encontraran literatura y artículos periodísticos elegidos. El costo de la suscripción en Argentina es de 36 pesos anuales más gastos de transferencia bancaria o giro. Les ruego a quienes quieran y puedan incorporarse como nuevos suscriptores que me escriban a: inventivasocial@yahoo.com.ar<br/><br/>Saludos afectuosos.<br/><br/>*Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com<br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Blogs para visitar: <br/>http://incoiroencias.blogspot.com<br/>http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada<br/>http://urbamanias.blogspot.com/<br/>http://remontandosoles.blogspot.com/<br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[EN LA BOCA DEL COCODRILO...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_27.htm]]></link><description><![CDATA[Pesadilla*<br/><br/><br/><br/><br/>Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso.<br/>En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.<br/><br/><br/>*de Joan Mateu. joan@cimat.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>EN LA BOCA DEL COCODRILO...<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Palito*<br/><br/><br/><br/>Un palito en la boca del cocodrilo. Es lo que me dicen.<br/>Me dicen que lo dijo lacan.<br/>El cocodrilo es la madre.<br/>Los hijos. -Mis hijos y los hijos de cada cual- están en sus bocas.<br/>El palito es el padre. No queda claro si es su voz, su presencia, su diferencia, el límite sutil o no que hace que la madre no se trague a los hijos en su puro mundo-vientre.<br/><br/><br/>A veces me duelen un poco los colmillos de mi ex-mujer -son muy filosos- <br/>En la espalda que por momentos se tuerce un poco. <br/>O en el pecho que no tiene heridas definitivas.<br/>Pero por ahora aguanto.<br/><br/><br/><br/>*De Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com<br/><br/><br/> <br/><br/><br/><br/><br/>El jardín encantado*<br/><br/> <br/>*de Italo Calvino<br/><br/><br/>Giovannino y Serenella caminaban por las vías del tren. Abajo había un mar todo escamas azul oscuro azul claro; arriba un cielo apenas estriado de nubes blancas. Los rieles eran relucientes y quemaban. Por las vías se caminaba bien y se podía jugar de muchas maneras: mantener el equilibrio, él sobre un riel y ella sobre el otro, y avanzar tomados de la mano. 0 bien saltar de un durmiente a otro sin apoyar nunca el pie en las piedras. Giovannino y Serenella habían estado cazando cangrejos y ahora habían decidido explorar las vías, incluso dentro del túnel. Jugar con Serenella daba gusto porque no era como las otras niñas, que siempre tienen miedo y se echan a llorar por cualquier cosa. Cuando Giovannino decía: “Vamos allá”, Serenella lo seguía siempre sin discutir. <br/>¡Deng! Sobresaltados miraron hacia arriba. Era el disco de un poste de señales que se había movido. Parecía una cigüeña de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico. Se quedaron un momento con la nariz levantada; ¡qué lástima no haberlo visto! No volvería a repetirse. <br/>-Está a punto de llegar un tren -dijo Giovannino. <br/>Serenella no se movió de la vía. <br/>-¿Por dónde? -preguntó. <br/>Giovannino miró a su alrededor, con aire de saber. Señaló el agujero negro del túnel que se veía ya límpido, ya desenfocado, a través del vapor invisible que temblaba sobre las piedras del camino. <br/>-Por allí -dijo. Parecía oír ya el oscuro resoplido que venía del túnel y vérselo venir encima, escupiendo humo y fuego, las ruedas tragándose los rieles implacablemente. <br/>-¿Dónde vamos, Giovannino? <br/>Había, del lado del mar, grandes pitas grises, erizadas de púas impenetrables. Del lado de la colina corría un seto de ipomeas cargadas de hojas y sin flores. El tren aún no se oía: tal vez corría con la locomotora apagada, sin ruido, y saltaría de pronto sobre ellos. Pero Giovannino había encontrado ya un hueco en el seto. <br/>-Por ahí. <br/>Debajo de las trepadoras había una vieja alambrada en ruinas. En cierto lugar se enroscaba como el ángulo de una hoja de papel. Giovannino había desaparecido casi y se escabullía por el seto. <br/>-¡Dame la mano, Giovannino! <br/>Se hallaron en el rincón de un jardín, los dos a cuatro patas en un arriate, el pelo lleno de hojas secas y de tierra. Alrededor todo callaba, no se movía una hoja. “Vamos” dijo Giovannino y Serenella dijo: “Sí”.<br/>Había grandes y antiguos eucaliptos de color carne y senderos de pedregullo. Giovannino y Serenella iban de puntillas, atentos al crujido de los guijarros bajo sus pasos. ¿Y si en ese momento llegaran los dueños? <br/>Todo era tan hermoso: bóvedas estrechas y altísimas de curvas hojas de eucaliptos y retazos de cielo, sólo que sentían dentro esa ansiedad porque el jardín no era de ellos y porque tal vez fueran expulsados en un instante. Pero no se oía ruido alguno. De un arbusto de madroño, en un recodo, unos gorriones alzaron el vuelo rumorosos. Después volvió el silencio. ¿Sería un jardín abandonado? <br/>Pero en cierto lugar la sombra de los árboles terminaba y se encontraron a cielo abierto, delante de unos bancales de petunias y volúbilis bien cuidados, y senderos y balaustradas y espalderas de boj. Y en lo alto del jardín, una gran casa de cristales relucientes y cortinas amarillo y naranja. <br/>Y todo estaba desierto. Los dos niños subían cautelosos por la grava: tal vez se abrirían las ventanas de par en par y severísimos señores y señoras aparecerían en las terrazas y soltarían grandes perros por las alamedas. Cerca de una cuneta encontraron una carretilla. Giovannino la cogió por las varas y la empujó: chirriaba a cada vuelta de las ruedas con una especie de silbido. Serenella se subió y avanzaron callados, Giovannino empujando la carretilla y ella encima, a lo largo de los arriates y surtidores. <br/>-Esa -decía de vez en cuando Serenella en voz baja, señalando una flor. <br/>Giovannino se detenía, la cortaba y se la daba. Formaban ya un buen ramo. Pero al saltar el seto para escapar, tal vez tendría que tirarlas. <br/>Llegaron así a una explanada y la grava terminaba y el pavimento era de cemento y baldosas. Y en medio de la explanada se abría un gran rectángulo vacío: una piscina. Se acercaron: era de mosaicos azules, llena hasta el borde de agua clara. <br/>-¿Nos zambullimos? -preguntó Giovannino a Serenella. <br/>Debía de ser bastante peligroso si se lo preguntaba y no se limitaba a decir: “¡Al agua!”. Pero el agua era tan límpida y azul y Serenella nunca tenía miedo. Bajó de la carretilla donde dejó el ramo. Llevaban el bañador puesto: antes habían estado cazando cangrejos. Giovannino se arrojó, no desde el trampolín porque la zambullida hubiera sido demasiado ruidosa, sino desde el borde. Llegó al fondo con los ojos abiertos y no veía más que azul, y las manos como peces rosados, no como debajo del agua del mar, llena de informes sombras verdinegras. Una sombra rosada encima: ¡Serenella! Se tomaron de la mano y emergieron en la otra punta, con cierta aprensión. No había absolutamente nadie que los viera. No era la maravilla que imaginaban: quedaba siempre ese fondo de amargura y de ansiedad, nada de todo aquello les pertenecía y de un momento a otro ¡fuera!, podían ser expulsados. <br/>Salieron del agua y justo allí cerca de la piscina encontraron una mesa de ping-pong. Inmediatamente Giovannino golpeó la pelota con la paleta: Serenella, rápida, se la devolvió desde la otra punta. Jugaban así, con golpes ligeros para que no los oyeran desde el interior de la casa. De pronto la pelota dio un gran rebote y para detenerla Giovannino la desvió y la pelota golpeó en un gong colgado entre los pilares de una pérgola, produciendo un sonido sordo y prolongado. Los dos niños se agacharon en un arriate de ranúnculos. En seguida llegaron dos criados de chaqueta blanca con grandes bandejas, las apoyaron en una mesa redonda debajo de un parasol de rayas amarillas y anaranjadas y se marcharon. <br/>Giovannino y Serenella se acercaron a la mesa. Había té, leche y bizcocho. No había más que sentarse y servirse. Llenaron dos tazas y cortaron dos rebanadas. Pero estaban mal sentados, en el borde de la silla, movían las rodillas. Y no lograban saborear los pasteles y el té con leche. En aquel jardín todo era así: bonito e imposible de disfrutar, con esa incomodidad dentro y ese miedo de que fuera sólo una distracción del destino y de que no tardarían en pedirles cuentas. <br/>Se acercaron a la casa de puntillas. Mirando entre las tablillas de una persiana vieron, dentro, una hermosa habitación en penumbra, con colecciones de mariposas en las paredes. Y en la habitación había un chico pálido. Debía de ser el dueño de la casa y del jardín, agraciado de él. Estaba tendido en una mecedora y hojeaba un grueso libro ilustrado. Tenía las manos finas y blancas y un pijama cerrado hasta el cuello, a pesar de que era verano. <br/>A los dos niños que lo espiaban por entre las tablillas de la persiana se les calmaron poco a poco los latidos del corazón. El chico rico parecía pasar las páginas y mirar a su alrededor con más ansiedad e incomodidad que ellos. Y era como si anduviese de puntillas, como temiendo que alguien pudiera venir en cualquier momento a expulsarlo, como si sintiera que el libro, la mecedora, las mariposas enmarcadas y el jardín con juegos y la merienda y la piscina y las alamedas le fueran concedidos por un enorme error y él no pudiera gozarlos y sólo experimentase la amargura de aquel error como una culpa. <br/>El chico pálido daba vueltas por su habitación en penumbra con paso furtivo, acariciaba con sus blancos dedos los bordes de las cajas de vidrio consteladas de mariposas y se detenía a escuchar. A Giovannino y Serenella el corazón les latió aún con más fuerza. Era el miedo de que un sortilegio pesara sobre la casa y el jardín, sobre todas las cosas bellas y cómodas, como una antigua injusticia. <br/>El sol se oscureció de nubes. Muy calladitos, Giovannino y Serenella se marcharon. Recorrieron de vuelta los senderos, con paso rápido pero sin correr. Y atravesaron gateando el seto. Entre las pitas encontraron un sendero que llevaba a la playa pequeña y pedregosa, con montones de algas que dibujaban la orilla del mar. Entonces inventaron un juego espléndido: la batalla de algas. Estuvieron arrojándoselas a la cara a puñados, hasta caer la noche. Lo bueno era que Serenella nunca lloraba. <br/><br/><br/><br/>*Fuente: Ciudad Seva<br/>http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/jardin.htm<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/> PELOTA DE TRAPO*<br/><br/><br/> <br/><br/>*Por Eduardo Pavlovsky<br/><br/><br/><br/>El día 25 de julio, Página/12 denunciaba que un adolescente de 16 años que estudiaba en la fundación Pelota de Trapo fue secuestrado por un auto en Gerli por cuatro encapuchados –que lo amenazaron con un arma mientras le decían: “déjense de joder porque les vamos a quemar la imprenta, la panadería y la casa de los niños”. La amenaza se refiere a tres proyectos que desarrolla la fundación en Avellaneda. Allí acude el adolescente todos los días para terminar la escuela primaria.<br/>Anteriormente el 25 de abril, un grupo de ocho personas entró a la Escuela Gráfica Manchita y amenazaron a los chicos que estaban allí. “Es evidente que a alguien le molesta, y mucho, que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre. Sabemos que el Estado es el máximo responsable, pero si desde él no pueden defender a nuestros pibes de la fundación, tendremos que salir nosotros a hacerlo” (Espósito, sacerdote y director del hogar).<br/>Decía yo hace poco en estos días: el hambre no tiene tiempo. El hambre tiene hambre.<br/>“El hambre es un crimen. Hay que detenerlo. Sí o sí. En nuestro país no faltan alimentos ni platos ni madres ni médicos ni maestros. Falta en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes que asegure a nuestros hijos las oportunidades vitales para que puedan crecer con dignidad. Es imperativo terminar con un sistema económico que en la mayoría de los casos no da hijos sino hambre, que no da futuro sino paco, que talla caricias olvidadas en cuerpos olvidados. Niños hermosos nacen a la muerte; sin una infancia sana, amasada y entera es impensable una Argentina mejor. Porque un país que mutila a sus niños es un país que se condena a sí mismo” (Alberto Morlachetti, coordinador del movimiento Pelota de Trapo).<br/>“Según el barómetro de la Deuda Social de la Infancia desarrollado por la fundación Arcor y la Universidad Católica, más de cuatro de cada diez chicos entre 0 y 17 años viven en hogares que no pueden acceder a una adecuada alimentación. Tres generaciones de chicos vienen sufriendo la desocupación y la marginalidad y quedaron fuera de la red social en todos sus aspectos: alimentación, salud y educación” (Taffetini. Movimiento Nacional de los chicos del Pueblo – Rev. Tercer Sector).<br/>Los que tienen hambre son invisibles en nuestra vida cotidiana; esta invisibilidad los condena definitivamente a las sombras (Juan Carr de la Red Solidaria).<br/>Pero volvamos por fuera de las estadísticas, a la denuncia inicial, dos veces en menos de tres meses han sido amenazados, a través de “grupos de tarea”, los participantes de la fundación Pelota de Trapo de Morlachetti. Con capuchas y revólveres.<br/>Yo creo que las organizaciones de derechos humanos, que han sido víctimas de las capuchas y las armas, deberían pronunciarse a riesgo de dejar estos hechos en la invisibilidad que menciona Juan Carr. La invisibilidad de las vidas desperdiciadas.<br/>Cada desaparecido era un crimen de Estado durante la dictadura. Pero cada niño muerto por desnutrición en la Argentina es otra perspectiva del crimen de Estado. La indiferencia es criminal también.<br/>Ayer murió en La Rioja un nene que pesaba menos de ocho kilos y tenía 4 años, vivía en Nonogasta, una localidad con otros 400 chicos diagnosticados de desnutrición. En septiembre de 2007, el gobierno le había cortado la ayuda alimentaria de 50 pesos. Esa muerte y las otras son de absoluta responsabilidad del Estado.<br/>No le niego a la Sra. Presidenta sus deseos de lograr un bienestar general para la mayoría de la población. Pero nunca le oí nombrar la palabra indigencia.<br/>La población en general frente al problema de la pobreza e indigencia infantil está bastante indiferente, ha creado una malla social intersticial de complicidad civil. De negación. Como con los desaparecidos del ’76, ’77, ’78.<br/>No puede haber niños desnutridos en la Argentina. No podemos distraernos con el problema de Messi, el psicólogo pedófilo, la pareja presidencial o el carácter de Moreno.<br/>Hablemos de contradicciones fundamentales y la prioridad que ya nos debería dar vergüenza es la falta de respuesta frente a los nuevos encapuchados, a los nuevos criminales que están apareciendo. ¿Quién puede haber atacado a la fundación Pelota de Trapo? ¿Qué grupo? ¿Qué paragrupo?<br/>Como dice el padre Espósito: “Es evidente que a alguien le molesta y mucho que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre”.<br/>Pensemos y actuemos hoy. No mañana.<br/><br/><br/><br/>-Fuente:  CONTRATAPA Página/12.<br/>-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>DE LUNA A SOL*<br/> <br/><br/><br/>En el peaje de la ruta que une Buenos Aires con Rosario, ella ya empieza a sentir el agobio de este trabajo a la hora de haber tomado su puesto. El peso del automatismo en un puesto laboral cualquiera se hace sentir casi de inmediato. Su mano izquierda entra y sale de la ventana. Ella puede verse una y otra vez abriendo la palma de la mano para recibir monedas o haciendo pinza con el pulgar y el índice para tomar un billete.  Luego viene imprimir el ticket, dar el cambio, y ese sentir un roce azaroso con manos anónimas en su piel cuando se recibe el dinero y se da vuelto.<br/> <br/>Sopla entonces el último beso del día al chofer del Flecha Bus.<br/>Algunos pasajeros llegan a ver en el aire como desde el contorno de sus labios ese beso se hace visible en un estallido de brillos y estrellas fugaces que se disipan en el parabrisas del ómnibus. Así, de forma tan efímera y tan eterna, ese beso se clava en el iris del chofer dejando estelas de vuelo mágico como el que dejan las hadas de Disney.<br/> <br/>Cierra la cabina del peaje. Esa ruta al norte o al sur se abre en largas distancias, en enormes desconocimientos. Se va a buscar su auto después de saludar a la gente de oficina. Ella cumplió con su rito semanal, la hora que dedica a su voluntariado de seducción y fantasía en la ruta. Se da cuenta que olvido el cartel de la ventanilla pero no vuelve por él. Todavía se puede leer en la ventanilla lateral <br/>-ahora a oscuras- de la cabina nº4: Autopistas de Luna a Sol. <br/><br/>UD. esta siendo atendido por Neumann Nicole.<br/> <br/> <br/><br/>*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar<br/><br/> <br/> <br/><br/><br/><br/><br/>DESCUBRIR*<br/><br/><br/> <br/>¿Dónde están los pájaros<br/>que despiertan con la aurora?<br/>¿A dónde se fueron<br/>los sonidos todos?<br/><br/>¿Porqué ya nadie<br/>pronuncia mi nombre?<br/>¿A qué se debe tanto silencio?<br/>¿Será que paulatinamente el mundo<br/>se fue extinguiendo, sin darme yo cuenta?<br/><br/>No...los pájaros están ahí<br/>las personas, las cosas, los movimientos...<br/>el silencio.<br/><br/>De pronto lo veo claro,<br/>lo siento claro, pero no lo oigo claro;<br/>es eso: "el sonido"<br/><br/>De pronto descubrí que<br/>no era el mundo el que agonizaba...,<br/>era a mí a quien<br/>se me iban extinguiendo paulatinamente<br/>los sonidos del mundo<br/><br/><br/><br/>*Poema de la artista plástica salteña Stella Maris Farfán (1972). <br/><br/>-Comenzó a perder la audición gradualmente a los 8 años. En la adolescencia se fue haciendo más pronunciado hasta devenir en sordera profunda. El poema se encuentra en el libro "El clamor silencioso". http://www.artistas.org.ar/<br/><br/><br/>-Fuente: Luna no conquistada. hijasdelviento@hotmail.com<br/>http://www.metroflog.com/lunanoconquistada/20080730/?pos=#Msg<br/><br/><br/><br/><br/><br/>ESPACIO PARA SOCIOS:<br/><br/>-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@yahoo.com.ar<br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Blogs para visitar: <br/>http://incoiroencias.blogspot.com<br/>http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada<br/>http://urbamanias.blogspot.com/<br/>http://remontandosoles.blogspot.com/<br/><br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_26.htm]]></link><description><![CDATA[Los fantasmas se ponen celosos&#8207;*<br/><br/><br/><br/><br/>Te extraño, en esta madrugada fría y transparente, tengo en mis labios el perfume de tu mirada y el color de tus ojos son mi locura.<br/>Salgo al jardín y el vapor de mi aliento tiñe a los fantasmas de envidia. <br/><br/><br/><br/>*de Azul. azulaki@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS...<br/><br/><br/><br/>Regalo de amor*<br/><br/> <br/>El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna. <br/>Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida.<br/>Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.<br/>Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.<br/>No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.<br/><br/><br/><br/><br/>*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>No me digas hasta mañana, <br/>creería QUE VA A SER DE NOCHE*<br/><br/><br/><br/><br/> *Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com<br/><br/><br/><br/>En mis ratos libres, cuando no bebo ron, ni deslizo mis dedos por tu cintura. Cuando te dejo solo para que colmes con tu dulzura el resto del mundo, vago por las calles en busca de los seres que se escapan de los libros para poblar la realidad.<br/>Desde hace muchos años me ocupo de esta tarea revisora. He heredado la responsabilidad por voluntad propia. Nadie me ha pedido que lo hiciera pero soy dinámica y predispuesta para llevar adelante, con esmero, todo aquello que no se espera de mí.<br/>En una pastelería encuentro con frecuencia al marido joven que sabe querer. <br/>Compra confituras para el té. Lleva un toque angélico entre los dedos. No desprende el olor de los desterrados ni forma parte de una marcha donde se distorsionan los discursos y se habla de los hermanos y el imperio para encontrar un atajo en la carrera que a cualquier precio se debe ganar.<br/>Cuando llego a la esquina, si de algo estoy segura es del papel fundamental que cumple en la novela de la vida esa muchacha que usa enaguas y ronca. Es inconfundible porque sus ojos llenan de esplendor hasta el más barato colirio. Sus enaguas blancas flamean en mi memoria como banderas de excitación. Las páginas que abandonó no han podido ser pobladas por otra igual. Su manera de levitar en cada ronquido y cómo retorcía la manivela del personaje, ha hecho que los argumentos que ya no la poseen se hayan quedado <br/>muy muy atrás.<br/>En mis noches libres, cuando dejo que tu sueño descanse junto a vos y no haga el fabuloso viaje de introducirse en mi cama, me quedo sentada en la misma mesa del bar hasta que son una misma cosa la soledad y la madrugada. <br/>Allí aparece el hombre que no puede dejar de fumar ni de padecer y cae en el cenicero transparente sin hacer pie. Tiene unos cincuenta años, puede usar o no su chaqueta oscura y los pantalones claros. Imagino lo escasa que podría resultar la realidad sin su presencia. Pero por mucho que ésta lo necesite, <br/>él ya no la soporta. Necesita regresar a los libros para poder fumar en el bar.<br/>La divorciada que ha permanecido por largo tiempo bajo su propia sombra, nunca fue una figura que apareciera en las páginas por puro placer de ser narrada. Ella viene siempre a este bar. No es una divorciada con pretensiones de género ni está embebida de una naturaleza quisquillosa, pero resulta que tiene los ojos tan nublados por su propia oscuridad que no ve al fumador tratando de hacer pie en el fondo de su cenicero. En estos momentos me pregunto por qué no me habré arrogado otro trabajo. Por qué sólo me compete buscarlos, reconocerlos, asentarlos en mis padrones de los de estirpe relumbrada, pero no muevo los hilos que los puedan reunir en este océano de soledades.<br/>En mis confusiones libres, cuando no sé si saliste de cuento de Cheever o de un submundo de Cortázar, cuando tengo claro que jamás me enamoraré de un personaje de DeLilo, descubro a los que se quedan quietos porque saben que los primeros movimientos son siempre crueles. Se va perfeccionando mi <br/>pesquisa. Me basta ver el modo en que se hunden en la lectura del diario o cómo beben café, con breves sorbos, con fragilidad exquisita. Hace tiempo que viven entre los reales y sin embargo no se adaptan. Ellos, cuando se sientan a la mesa del bar, son menos lumen que señales.<br/>La joven con las axilas rasuradas a veces se pregunta si está en el planeta correcto. Es el momento en que los vasos comunicantes ya no se comunican y yo me encuentro en medio de los dos rumores. La siento tan cercana y tumultuosa que las ideas se me arrebatan, me contusionan. Yo no sé cuál es el verdadero planeta. Es muy mío andar en un mundo entretejido sobre otro mundo y caminar con un pie en cada orilla.<br/>Los que nunca navegaron por el Orinoco, son con los que más me identifico. <br/>Por eso salgo a buscarlos toda vez que no te recuerdo y no logro resolver con qué dedo seguir el curso hondo de tus besos. Me los llevo a casa. Ellos son tan especiales. Se parecen mucho a lo distinto. Tienen tanto que ver con lo nunca visto...<br/>En esas ocasiones, la medianoche se enrolla sobre mi cuerpo y me comporto como una fortuna derrochada. Me abandono a todos mis desquicios. Las burbujas del agua con gas caen hacia arriba. El ron en mi cerebro hace cosas maravillosas. La memoria de tu cuerpo sobre mi cuerpo hace figuras <br/>maravillosas. Los personajes de los libros tienen una conducta gozadora. No navego por el Orinoco, ni hago pie en el cenicero, pero me rasuro las axilas y me quedo quieta hasta lo indecible. Aguardo que el ron me ayude a hacer lo que no me compete: me convierto en una autora ágil e imprevisible. Acerco al <br/>fumador y la solitaria para que practiquen figuras de la antigua India y se olviden del melodrama. Echo bendiciones a mansalva. Lubrico los verbos, la puntuación, los adjetivos, las causas. Cabalgo un caballo gigante que se agita de tal manera que me recuerda tu espalda.<br/><br/><br/><br/>*FUENTE: ROSARIO-12 <br/>http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14499-2008-07-26.html<br/>-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>De ellas*<br/><br/><br/><br/><br/>Su cuerpo era tan de nube blanca<br/>que mis manos se hundieron al cielo<br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/>Le prometio fidelidad.<br/>Y fue fiel al maltrato por muchos años...<br/><br/><br/>*<br/><br/>"Era solo un juego"<br/><br/>(Nunca se perdona <br/>que descubras un juego inconsciente).<br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/>Amurallada al sentir.<br/>Apenas con una hendija para ver el afuera.<br/>Distante y cercana a la vez.<br/>Así era y así es.<br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/>Ella borda <br/> gotas como voces<br/>las hace río, <br/>les devuelve un sentido.<br/><br/><br/><br/><br/><br/>*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/> Azulada azulado*<br/><br/><br/><br/><br/>Creo que tu nombre<br/>Resuena en mis oídos<br/>Por el grito de libertad<br/>Tantos desafíos y palabras salvajes<br/>De iracundia y disgusto<br/>Encuentras en tu brotado<br/>Aullido destellos de luces<br/>Y aromas de amigos<br/>Tu  despertar inquieto<br/>Invita a la presencia<br/>Otro destino<br/>No te duermas<br/>El cielo es testigo <br/>Estamos contigo.- <br/><br/><br/><br/>*de Azul. azulaki@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>El bosque-raíz-laberinto*<br/><br/> <br/><br/>*Italo Calvino<br/><br/><br/><br/>En un bosque tan frondoso que aún de día estaba oscuro, el rey Clodoveo cabalgaba a la cabeza de su ejército, de retorno de la guerra. El rey estaba preocupado: sabía que a un cierto punto el bosque debía terminar y entonces él habría llegado a la vista de la capital de su reino, Arbolburgo. A cada vuelta del sendero esperaba descubrir las torres de la ciudad. Nada, todo lo contrario. Hacía mucho tiempo que avanzaban en el bosque y éste, sin embargo, no daba señales de terminar.<br/>-No se ve -dice el rey a su viejo escudero Amalberto-, no se ve todavía...<br/>Y el escudero:<br/>-A la vista sólo tenemos troncos, ramas retorcidas, frondas, matas y zarzales. Majestad, ¿cómo podemos esperar ver la ciudad a través de un bosque tan denso?<br/>-No recordaba que el bosque fuera así de extenso e intrincado -refunfuñaba el rey. Se hubiera dicho que mientras él estaba lejos la vegetación hubiese crecido desmesuradamente, enroscándose e invadiendo los senderos.<br/>El escudero Amalberto tuvo un sobresalto.<br/>-¡Allá está la ciudad!<br/>-¿Dónde?<br/>-He visto aparecer a través de las ramas la cúpula del palacio real. Pero no logro divisarla ahora.<br/>Y el rey:<br/>-Estás soñando. No se ve más que palos.<br/>Pero en la vuelta siguiente fue el rey quien exclamara:<br/>-¡Eh! ¡Es allí! ¡La he visto! ¡Las verjas del jardín real! Las garitas de los centinelas!<br/>Y el escudero:<br/>-¿Dónde, dónde, Majestad? No veo nada...<br/>Ya la mirada del rey Clodoveo giraba desorientada alrededor.<br/>-Allí... No... Sin embargo, la había visto... ¿Dónde ha ido a parar?<br/>La sombra se adensaba entre los árboles. El aire se volvía siempre más oscuro. Y entre las ramas más altas se oyó un batir de alas, acompañado de un extraño canto:<br/>-Coac... Coac... -Un pájaro de colores y formas jamás vistos revoloteaba en el bosque. Tenía plumas tornasoladas como un faisán, grandes alas que se agitaban en el aire como las de un cuervo, un pico largo como el de un pájaro carpintero y una cresta de plumaje blanco y negro como el de una abubilla.<br/>-¡Eh, atrápenlo! -gritó el rey-. ¡Eh, se nos escapa! ¡Sigámoslo!<br/>El ejército, en filas compactas, dirigió su marcha de modo de seguir el vuelo del pájaro, giró a la izquierda, giró a la derecha, retrocedió. Pero el pájaro ya había desaparecido. Se oyó todavía el "Coac... Coac...", alejándose después el silencio.<br/>El camino se les hacía penoso. Dijo el rey:<br/>-Las ramas nos obstaculizan la marcha. No nos queda más que descabalgar o rasguñarnos con ellas.<br/>Y el escudero:<br/>-¿Ramas? Estas son raíces, Majestad.<br/>-Si estas son raíces -replicó el rey- entonces nos estamos adentrando en la tierra.<br/>-Y si éstas fueran ramas, -insistió el viejo Amalberto-, entonces hubiéramos perdido de vista el suelo y estaríamos suspendidos en el aire.<br/>Reapareció el pájaro. O mejor dicho, se vio volar su sombra y se sintió una "Coac...Coac..."<br/>-Este extraño pájaro nos guía -dijo el rey-. ¿Pero adónde?<br/>-Tanto vale seguirlo, señor -dijo el escudero-. Desde hace rato hemos perdido el camino. Todo está oscuro.<br/>-¡Enciendan las linternas! -ordenó el rey, y la fila de soldados se desanudó por el bosque como una bandada de luciérnagas.<br/>Todo aquel día la princesa Verbena había mirado con catalejo el horizonte desde el balcón del palacio real de Arbolburgo, esperando el retorno de la guerra del rey Clodoveo, su padre. Pero fuera de los muros de la ciudad el bosque era tan espeso como para esconder a un ejército en marcha. En ese <br/>momento a Verbena le había parecido ver una fila de alabardas y de lanzas despuntando entre las ramas, pero debía estar equivocada. Allí, ahora le parecía que algunos yelmos se asomaban entre las hojas.... No, era un engaño de sus ojos.<br/>Durante la ausencia del rey Clodoveo, el bosque allí abajo se había vuelto cada vez más espeso y amenazador, como si el reino vegetal quisiera asediar los muros de Arbolburgo. Y al mismo tiempo, en el interior de la ciudad, todas las plantas se habían marchitado, habían perdido las hojas y se habían <br/>muerto. La ciudad no era la misma desde que la reina Ferdibunda, segunda mujer del rey Clodoveo y madrastra de Verbena, en ausencia del marido, había tomado el mandó asistida por su primer ministro Curvaldo.<br/>Verbena pensaba: "Querría fugarme de aquí, salir al encuentro de mi padre". Pero, ¿cómo hacerlo en ese bosque impenetrable?<br/>La reina Ferdibunda, que espiaba a Verbena detrás de una cortina, murmuró al primer ministro:<br/>-Comienza a perder las esperanzas nuestra princesita. Los días pasan, los súbditos están cansados de esperar a un rey que no vuelve. Y yo también estoy cansada, Curvaldo. Es tiempo de dar vía libre a nuestra conjura.<br/>Curvaldo sonrió maliciosamente.<br/>-Los conjurados están prestos a reunirse en los lugares convenidos, reina mía, para después marchar sobre el palacio real y...<br/>-...y proclamarte rey, Curvaldo -terminó Ferdibunda la frase.<br/>-Si así lo quiere mi reina... -y Curvaldo, siempre sonriendo maliciosamente, inclinó la cabeza.<br/>-Entonces -dijo la reina- arma tu trampa, Curvaldo, y advierte a tus hombres, es la hora.<br/>Pero Curvaldo prefería proceder con cautela. En Arbolburgo los fieles del rey eran todavía numerosos, y vigilaban. Las calles de la ciudad eran rectas y estaban expuestas a las miradas de todos: las idas y venidas de los conjurados serían rápidamente vistas por mucha gente.<br/>La reina estaba impaciente.<br/>-¿Qué piensas hacer, Curvaldo?<br/>El primer ministro tenía un plan.<br/>-Nuestros movimientos deben desenvolverse fuera de los muros de la ciudad -decidió-. Nos desplazaremos de una puerta a la otra por los caminos exteriores que pasan por el bosque. Sin ser vistos, los conjurados circundarán la ciudad.<br/>Saliendo de la puerta norte, Ferdibunda y Curvaldo dieron órdenes a sus secuaces:<br/>-Divídanse en dos grupos: uno rodeará la ciudad por el este y el otro por el oeste. A las nueve y cuarto precisamente penetrarán en Arbolburgo por las puertas laterales. Nosotros dos, entretanto, con un rodeo más largo, iremos hasta la puerta sur y desde allí haremos nuestra entrada triunfal a la ciudad, a las nueve y media en punto.<br/>Habiendo dicho esto, la reina y el ministro se alejaron por un sendero trazado en forma de anillo en torno a Arbolburgo, apenas afuera de los muros. A decir verdad, mientras más avanzaban ellos, más parecía el sendero desprenderse de la ciudad. La reina comenzó a preguntarse si acaso no habían <br/>equivocado el sendero.<br/>-No temas, -dijo Curvaldo- más allá de aquella vuelta, doblada la colina, estaremos cerca de los muros.<br/>Y continuaron por el sendero.<br/>-Eso, hay todavía un desvío, pero seguramente más allá volveremos al camino principal.<br/>El sendero ya subía, ya bajaba.<br/>-Apenas superados estos desniveles, nos encontraremos en la dirección correcta -decía Curvaldo, pero entretanto oscuros presentimientos invadían el ánimo de la reina. Veía la maraña de la vegetación adentrándose como la trama de su traición, como si sus pensamientos fueran a embrollar la ciudad en un enredo inextricable.<br/>Mientras tanto un pájaro de una especie jamás vista voló entre las ramas emitiendo un reclamo estridente:<br/>-"Coac... Coac..."<br/>-Qué extraño pájaro -dijo Ferdibunda-. Parece que nos esperara, que deseara hacerse atrapar.<br/>No, el pájaro volaba de rama en mata, se escondía, volvía a aparecer. <br/>Siguiéndolo la reina y Curvaldo se encontraron en un sendero más espacioso, aunque más oscuro y todo curvas.<br/>-Está cayendo la noche... ¿Dónde estamos?<br/>El pájaro se dejó oír aún:<br/>-"Coac... Coac..."<br/>-Sigamos el canto del pájaro -dijo Curvaldo-, por aquí, ven.<br/>Mientras tanto, en otra parte del bosque, también al rey Clodoveo le parecía oír el canto del pájaro. En aquella noche sin estrellas, en aquel laberinto de áspera corteza nudosa, el "Coac... Coac..." era el único signo hacia el cual dirigir los propios pasos. El aceite de las linternas se había acabado, pero los ojos de los soldados se habían vuelto luminosos como los de los búhos y su resplandor constelaba la oscuridad. El ejército en marcha no emitía más un sonido metálico sino un frufrú como si entre las armas y las corazas y los escudos hubiese crecido follaje. El viejo escudero Amalberto ya sentía crecer el musgo sobre su espalda.<br/>-¿Dónde estará mi ciudad? -se preguntaba el rey Clodoveo-. ¿Y mi trono? ¿Y mi hija Verbena?<br/>Verbena estaba en aquel momento bajo la morera de su patio. Esta vieja morera era el único árbol que había quedado con vida en toda la ciudad. Los pájaros, desde tanto desaparecidos de los árboles de Arbolburgo, venían todavía a visitar las ramas de la morera en la estación de las moras. He aquí que entonces un pájaro de formas y colores jamás vistos viene agitando las alas, a posarse cerca de Verbena. Graznó:<br/>-"Coac... Coac..."<br/>-Pájaro, si pudiera volar contigo fuera de esta jaula... -suspiraba Verbena-. Si pudiera seguirte en tu vuelo... Pero, ¿dónde estás ahora? ¿Te has escondido? ¡Espérame! ¡No me dejes aquí!<br/>El tronco de la vieja morera estaba todo retorcido, lleno de sinuosidades, excavado por los siglos. Girar en torno a su tronco parecía cuestión de un instante, pero en cambio Verbena tuvo que salvar raíces que sobresalían, inclinarse bajo ramas bajas. Parecía que el árbol quisiera tomarla bajo su protección, atraerla hacía el río de savia que a través de corrientes subterráneas se ligaba con el bosque.<br/>-"Coac... Coac.."<br/>-Ah, has volado hasta allá abajo -dijo Verbena-. Pero, ¿en dónde estoy? <br/>Quería sencillamente rodear el tronco y me he perdido entre sus raíces. Hay un bosque subterráneo que levanta los fundamentos de la ciudad... ¿Adónde he ido a parar?<br/>Verbena no lograba comprender si había quedado prisionera dentro del tronco de la morera o entre las raíces enterradas o bien si había salido completamente afuera de la ciudad, al bosque amenazador que tanto la atemorizaba... al bosque libre que tanto la atraía.<br/>Un joven llamado Arándano se acercaba a los muros de Arbolburgo y gritaba un llamado:<br/>-¡Eh, los de la ciudad! ¡Centinelas de guardia en los muros! ¿Me oyen?<br/>Pero ninguno asomaba la cara.<br/>Arándano estaba acostumbrado a llegar a la ciudad desde el bosque y a ver aparecer en lo alto y sobre los árboles las torres, los balcones, las pérgolas, los miradores, las verandas. Pero esta vez se encontraba el bosque tan crecido que sobre su cabeza no veía más que ramas retorcidas que parecían raíces.<br/>-¡Respóndanme! -gritaba Arándano-. ¡Digan algo! ¡Hagan una señal! ¿Cómo puedo llevarles nuevamente los cestos de frutillas silvestres, de rodellones, de bayas? ¡Eh, los de la ciudad! ¿Cómo haré para volver a ver a la bella muchacha que un día se asomó a un balcón y aceptó en regalo un ramo de madreselvas?<br/>Buscando ver más lejos, Arándano subió sobre ramas más altas pero la maraña parecía espesarse más bien que dejar espacio a la luz.<br/>-¡Oh! ¡Qué extraño pájaro! -exclamó de repente Arándano.<br/>Y el pájaro:<br/>-"Coac... Coac..."<br/>El bosque era aquella mañana un serpentear de senderos y de pensamientos de personas perdidas. El rey Clodoveo pensaba: "¡Oh, ciudad inalcanzable! Me enseñaste a caminar por tus caminos rectos y luminosos y, ¿de qué me sirve eso? Ahora debo abrirme paso por senderos serpenteantes y enmarañados y me <br/>he perdido..."<br/>Y los pensamientos de Curvaldo eran éstos: "Más tortuoso el camino, más conviene a nuestros planes. Todo consiste en encontrar el punto en el cual las curvas, a fuerza de curvarse, coinciden con los caminos rectos. Entre todo el nudo de senderos que se enredan en el bosque, éste es el nudo del cual no encuentro el cabo".<br/>En cambio Verbena pensaba: "¡Huir, huir! ¿Pero, por qué mientras más me interno en el bosque más me parece estar prisionera? La ciudad de piedra escuadrada y el bosque enmarañado siempre me parecieron enemigos y separados, sin comunicación posible. Pero ahora que he encontrado el pasaje <br/>me parece que se transforman en una sola cosa. Querría que la savia del bosque atravesase la ciudad y llevase la vida entre sus piedras, querría que en el medio del bosque se pudiese ir y venir y encontrarse y estar juntos como en una ciudad..."<br/>Los pensamientos de Arándano eran como en un sueño: "Querría llevar a la ciudad las frutillas del bosque, pero no en un cesto: querría que las mismas frutillas se movieran, como un ejército bajo mi mando, que marchasen sobre sus propias raíces hasta las puertas de la ciudad. Querría que los ramos <br/>cargados de moras se encaramaran por los muros, querría que el romero y la salvia y la albahaca y la menta invadiesen las calles y las plazas. Aquí en el bosque la vegetación sofoca de tan densa, mientras que la ciudad permanece cerrada e inalcanzable como una árida urna de piedra".<br/>Curvaldo aguzó el oído.<br/>-Oigo pasos como de un ejército en marcha.<br/>Ferdibunda aguzó la vista.<br/>-¡Cielos! ¡Es mi marido, el rey, a la cabeza de sus tropas! ¡Escondámonos!<br/>El escudero Amalberto había percibido algo raro.<br/>-Majestad, siento que alguien se esconde entre los árboles y espía nuestros pasos.<br/>Y el rey Clodoveo:<br/>-Estamos en guardia.<br/>Súbitamente Arándano fue interrumpido en sus ensoñaciones.<br/>-¡Oh! ¡Qué veo! -se le había aparecido la muchacha que había visto una vez en el balcón. La llamó:<br/>-¡Eh, muchacha!<br/>Verbena se volvió.<br/>-¿Quién me llama?<br/>-Yo, Arándamo. Llevaba los frutos del bosque a la ciudad, pero me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac.<br/>-Yo soy Verbena. Vengo de la ciudad, o más bien me escapo de ella y también me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac... Ah, pero tú eres aquel joven que un día me regaló un ramo de madreselvas y me parecía que era el bosque mismo que llegaba hasta mí para darme un mensaje... Escucha, ¿sabes <br/>decirme dónde estamos? Había descendido por las raíces y ahora me encuentro como suspendida.<br/>-No lo sé. Me había trepado por las ramas y ahora me encuentro como engullido en un laberinto...<br/>Quería decirle, además: "Pero estando tú aquí, Verbena, lo mejor de la ciudad y del bosque están finalmente reunidos" pero le parecía un poco atrevido y no lo dijo.<br/>Verbena quería decirle: "Tu sonrisa, Arándano, me hace pensar que donde tú estás el bosque pierde su aspecto selvático y la ciudad es más árida y despiadada". Pero no sabía si la habría entendido y dijo solamente:<br/>-Pero, ¿cómo haces para estar abajo, si dices que estás sobre las ramas?<br/>En efecto, Verbena veía a Arándano como hundido en un pozo... pero en el fondo de aquel pozo estaba el cielo.<br/>-Y tú, ¿cómo haces para haber llegado tan alto, siempre descendiendo, mientras que yo no he hecho otra cosa que subir?<br/>Arándano se puso a reflexionar, y agregó después:<br/>-Pensándolo bien la solución no puede ser más que una.<br/>-¿Cuál?<br/>-Este bosque tiene las raíces arriba y las ramas abajo.<br/>Y Verbena y Arándano comenzaron juntos a dar vueltas y contra-vueltas entre las ramas.<br/>-Este es el arriba y aquél es el abajo... No, éste es el abajo y aquél es el arriba...<br/>-Tienes razón -admitió Verbena-. Pero yo he descubierto otro secreto.<br/>-Dímelo.<br/>-¿Ves este árbol todo retorcido? Si giras alrededor de él en este sentido verás el bosque al revés, si giras en sentido contrario, el arriba y el abajo se trastornarán de nuevo.<br/>Los dos jóvenes hablaban, hablaban, comunicándose sus descubrimientos, y no se daban cuenta de ser espiados por los ojos gélidos de la reina madrastra.<br/>Ferdibunda fue rápidamente a advertirle a Curvaldo.<br/>-La princesita ha escapado de la ciudad. Hay que impedirle que descubra nuestra conjura y que vaya al encuentro de su padre para advertirlo. Aquel joven guardabosque debe ser su cómplice. Debemos capturarlos.<br/>Curvaldo mostró los dientes en una sonrisa que no prometía nada bueno.<br/>-A ella la sepultaremos bajo las raíces. A él lo colgaremos de la rama más alta.<br/>La reina estuvo inmediatamente de acuerdo.<br/>-Mientras tanto yo me presentaré al rey para intentar detenerlo un poco.<br/>Súbitamente Ferdibunda corrió al encuentro de Clodoveo.<br/>-¡Mi real consorte, bienvenido!<br/>-¿A quién veo? -exclamó el rey-. ¿Mi mujer, la reina Ferdibunda? ¿Qué haces aquí?<br/>-¿Y adónde querrías que estuviese sino aquí, esperándote? ¿No es éste quizás nuestro palacio?<br/>-¿Nuestro palacio? No veo más que un bosque todo espinas de las que no logro desenredarme... ¿Acaso tengo alucinaciones?<br/>Y se dirigió al escudero para confirmar sus impresiones. El viejo Amalberto extendió los brazos y dobló hacia afuera el labio inferior, como alguien que no comprende nada.<br/>-¿Cómo? -insistía Ferdibunda-. ¿No ves los pórticos, los escalones, los salones, los lampadarios, los cortinajes, los tapices, los terciopelos, los damasquinados, tu trono con almohadón de plumas sobre el que reposarás de las fatigas de la guerra?<br/>El rey meneaba la cabeza.<br/>-Yo no toco más que corteza húmeda, matas, musgo, palos... ¿Habré perdido la razón? Pero si este es el palacio, ¿dónde está mi hija Verbena?<br/>-Ay de mí -dijo la reina- debo darte una noticia muy triste... Verbena...<br/>-¿Qué dices? ¿Verbena...?<br/>-Al pie de uno de estos árboles encontrarás su tumba. Busca entre las raíces.<br/>- ¡No! ¡No puede ser! ¡Verbena! ¿Dónde estás? -y el rey se puso a buscarla, desesperado.<br/>-¡Padre mío... estoy aquí! -gritó Verbena apareciendo en el extremo de una rama alta-. ¡Finalmente te he encontrado!<br/>-¡Hija mía! ¡Entonces no estás muerta!... ¿Dónde estoy, dónde estamos?<br/>-No hay tiempo que perder -le explicó Verbena- hay un pasaje secreto a través del cual las ramas más altas del bosque comunican con las raíces de la morera que crece en nuestro patio, bien al centro de la ciudad. ¡Sube! <br/>¡Rápido! ¡Te salvarás de la conjura de la madrastra traidora y recuperarás el trono!<br/>Y el rey, siguiendo a su hija, después de algunas vueltas hacia arriba y hacia abajo, desapareció detrás de ella en lo alto de las ramas, seguido de sus soldados.<br/>Curvaldo, cuando vio al rey y su ejército treparse sobre los árboles, se quedó sorprendido; después se refregó las manos de alegría.<br/>-¡Bien, se metieron en la trampa ellos mismos! Ahora no tienen más vía de escape! -y súbitamente se puso a dar órdenes a sus secuaces-. ¡Rodeen los árboles! ¡Los atraparemos como gatos! ¡O abatiremos los árboles para hacerlos caer! Pero ¿qué sucede?<br/>Sobre las ramas no había ninguno. El rey y los soldados habían desaparecido todos, como si hubieran volado.<br/>Curvaldo sintió que le tiraban de la manga. Era Arándano.<br/>-¡Señor ministro, puedo enseñarle un pasaje secreto para llegar a la ciudad!<br/>Para Curvaldo fue como si hubiese visto un fantasma.<br/>-¿Qué haces tú aquí? ¿No te había colgado de la rama más alta?<br/>-La rama más alta era en realidad la raíz más baja. Y un pájaro me liberó de las cuerdas a golpes de pico.<br/>-No entiendo más nada. ¿Dónde está ese pasaje secreto? ¡Debo ocupar la ciudad lo más rápidamente posible, antes que el rey...! ¡Fieles míos, síganme! ¡Y tú también, reina!<br/>Y Arándano:<br/>-Sigan las raíces hasta el final, donde más se adelgazan...<br/>Creyendo seguir una raíz hasta sus extremos, Curvaldo y Ferdibunda se encontraron sobre la punta de una rama.<br/>-Pero esto no es un pasaje subterráneo... Estamos en el vacío... ¡La rama cede, me caigo, ayúdenme!<br/>Cayéndose, tuvieron tiempo de ver el pájaro que revoloteaba en torno.<br/>-Coac... Coac...<br/>Mientras tanto, en la sala del palacio, el rey Clodoveo festejaba su propio retorno al trono.<br/>-Hija mía, tú y este bravo joven me han salvado.<br/>Pero Arándano tenía un semblante triste.<br/>-No sabía que eras la hija del rey. ¡Ahora deberé dejarte!<br/>-Padre mío -dijo Verbena al rey- ¿quieres que el encantamiento que aprisiona la ciudad y el bosque termine?<br/>-Claro: estoy viejo y he sufrido mucho.<br/>-Arándano y yo queremos casarnos y unir ciudad y bosque en un solo reino.<br/>-La corona me pesa -dijo el rey- y estaba pensando precisamente en abdicar. Verbena dio un salto de alegría.<br/>-¡De ahora en adelante la ciudad y el bosque no serán más enemigos! Arándano saltó todavía mas alto.<br/>-¡Pongamos banderas y festones por la gran fiesta sobre todas las ramas!<br/>-¡Pero si ésta es una raíz!<br/>-¡Es una rama!<br/>-¡Es una raíz!<br/>-¡Es una rama...!<br/><br/><br/>*Fuente:Ciudad Seva.<br/> http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/bosque.htm <br/><br/><br/> <br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/>Queridas amigas, apreciados amigos:<br/><br/>El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición! <br/><br/><br/>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at <br/>(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! <br/><br/><br/>REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo! <br/><br/><br/>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br/>www.euroyage.com <br/><br/>Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA<br/>Tel. + Fax: 0043 662 825067 <br/><br/><br/><br/><br/>ESPACIO PARA SOCIOS:<br/><br/>-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@yahoo.com.ar<br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Blogs para visitar: <br/>http://incoiroencias.blogspot.com<br/>http://www.metroflog.com/Lunanoconquistada<br/>http://urbamanias.blogspot.com/<br/>http://remontandosoles.blogspot.com/<br/><br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[EDICIÓN JUNIO...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_25.htm]]></link><description><![CDATA[INVENTIVASocial <br/>Edición JUNIO 2008<br/><br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:   inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>Crónica de lo que se carga en la mano*<br/><br/><br/> <br/> <br/>Domingo Cualquiera<br/>            Por una extraña razón<br/>            Tu imagen se ha hecho presente,<br/>            Como un tropiezo<br/>            En lo alto de algún techo<br/>O como una caricia<br/>Lanzada desde una resortera.<br/><br/><br/> <br/>Lunes (menos común que los demás)<br/>            Admiro en secreto tu mirada<br/>            Y el cálido reflejo de mis palabras,<br/>Que resbalan trágicamente<br/>Mientras guardamos silencio<br/>Y hago como que no te veo.<br/><br/><br/> <br/>Jueves (que más bien parece viernes)<br/>            Día por demás desastroso:<br/>            Tu mirada se hace risa<br/>Cuando juego<br/>A que nos encontramos,<br/>Esperando sin prisa<br/>Que pase el camión.<br/><br/><br/> <br/>Día Cualquiera (que bien podría ser otro domingo)<br/>Parece ser definitivo:<br/>Aún no conozco<br/>Palabra alguna para nombrarte<br/>Pero sé de tu sonrisa<br/>Y conozco la espera<br/>Que comparto esporádicamente<br/>A tu lado.<br/><br/><br/> <br/>Otro Día, de Otra Semana<br/>Esto no tiene remedio,<br/>Y si lo tiene no he querido verlo:<br/>Comienzo a soñar palabras<br/>Con las que quisiera llenar tu nombre.<br/>Describo sin suerte alguna<br/>El subir y bajar de tu cabello,<br/>Con el reflejo de tus mejillas<br/>Que roban al pie de la letra<br/>Mis deseos de acercarme.<br/><br/>Tus manos se sacuden,<br/>Se juntan y se alejan,<br/>Tal como solemos hacerlo:<br/>Cada que somos separados<br/>Por la llegada (algo trágica)<br/>Del autobús de pasajeros.<br/> <br/> <br/> <br/>*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com<br/> <br/><br/><br/> <br/> <br/> <br/> <br/>Calibrando demonios*<br/><br/><br/> <br/>Adónde será aquel País<br/>aquella patria grande<br/>soñada en trasnoches de café<br/>aquel engranaje de esperanza<br/>diseñado con tantas manos<br/>voluminoso desperdicio de ideas<br/>derramadas sobre los bares<br/>cuando atragantó el galope del pecho<br/>y con ojos abrillantados<br/>lo imaginamos enorme<br/>un País que nos contuviese a todos<br/>debía ser desmesurado.<br/><br/>Y no estuvo tan lejos<br/>escurrió de la mano como arena<br/>repercute en la cabeza y en el estómago.<br/><br/>Duele la genuflexión al norte<br/>ignorando lista de muertos<br/>desnutrición estadística<br/>(sin daños colaterales)<br/>obviados los muertos vivos<br/>que sobreviven con ojos yermos.<br/><br/>Alguien robó las ideas<br/>destripó lo soñado<br/>y en su lugar nos dejó<br/>la pesadilla<br/>de no despertar.<br/><br/><br/>*de diana poblet. soydian@yahoo.com.ar<br/><br/><br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>SOLEDAD*<br/><br/> <br/><br/>Musgo sobre mi piedra.<br/>Piel de lagarto sobre mi piel de víbora<br/>Con dos cabezas<br/>Una  para esconder (¿Detener con la mano<br/>el río de Heráclito …? )<br/>Otra para  enterrar  los ojos en el charco cenagoso.<br/>El mismo charco, pero otro charco.<br/>Un teorema inconcluso intenta resolver<br/>Ecuaciones de ayeres  insondables.<br/>Retratos de puertas tapiadas<br/>El tiempo  es   un lazo de luz<br/>o un  puñal  falaz, clavado<br/>en el engaño que llamamos infancia.<br/>Allí está.<br/>Nunca me abandona.<br/>Su mirada ausente tiene el olor  de una  manzana.<br/>hecha de plomo y  sangre.<br/> <br/>Por las pendientes cenagosas de la nada,<br/>resbala  el  cansancio.<br/>No hay piedad.<br/>La tregua  se aleja lentamente.<br/>La marca candente aún humea.<br/>El desamparo galopa, montado en Rocinante.                                           <br/> Lorenza no ha encontrado a Dulcinea.<br/>Nuevamente  ha  vencido el “Caballero de la Blanca Luna.”<br/>He abandonado todos los caminos<br/>Todos los caminos me han abandonado.<br/>Todos, menos uno:<br/>El laberinto triangular que une  vida<br/>y muerte.<br/>Raza de ausentes.<br/>Estertor de vinagre sobre  llaga abierta.<br/>Ceniza .Polvo sobre mi polvo.<br/>Huéspedes fugaces.<br/>Intentan regresar  aquellos secretos,<br/>enterrados,<br/>en la boca  sellada de la tierra .<br/>Palabras nunca dichas.<br/>Vino y sangre  inútilmente derramados.<br/>La sombra de una bandada de pájaros ciegos<br/>oscurece y apaga la palabra sepultada en ruinas .<br/>Ruina entre ruinas. En el aire un olor a nostalgia<br/>lastima<br/>hasta morir.<br/>(Hasta Lázaro, ha llorado consternado, en la tumba del olvido)<br/> <br/>Ah  Que deseo absurdo<br/>Que inútil esperanza de cielos imposibles.<br/>Tatuada hasta los  huesos<br/>de  visitantes  que creí inmortales.<br/>Unas manos, una mirada, un ojo acuoso,<br/>mendigo.<br/>Ah. paradojal recuerdo.<br/>El  país  donde estuvimos nunca estuvo<br/>Incompletud.<br/>No queda nadie  para hospedar<br/>este despojo<br/>de rosas y de ortigas<br/>Un túnel solitario entre Escila  y Caribdis<br/>Ah ¡Qué tormentoso absurdo!<br/>(La niña, en su bolsillo  esconde,<br/>un  puñado de almendras,<br/>un espejo y al OTRO )<br/> <br/>Tres silencios<br/>han  convergido   en la gruta<br/>de un enero sonoro<br/>Tres silencios y un grito.<br/>Aun me lastima el implacable médano.<br/>Los  fantasmas   que he amado son los  mismos<br/>fantasmas<br/>que he odiado, tanto, pero tanto,<br/>que aun me duele  el costado derecho.<br/>Cicatriz de piedra cosmogónica<br/> <br/>Unidad  de  soles  fragmentados.<br/>Una mitad de gritos, otra de silencios.<br/>Es la  primera pena.<br/>El último olvido.<br/>Mucho antes que el espejo reflejara<br/>la agonía del tiempo,<br/>ya estaba allí,<br/>acechando,<br/>semen de una semilla  de algún ángel caído .<br/>Más sola que los muertos, en  su primer lecho<br/>de amapola<br/>y noche .<br/>Una noche de conjuros y rituales.<br/>Circe ha perdido el zapatito a media noche<br/>Laberinto de voces<br/>de oro en una torre  de Babel<br/>El espejo bifronte refleja<br/>la mas terrible soledad .La soledad de a dos.<br/>Soledad.<br/>Duramadre  nacida  de  torcaza… o  basilisco.<br/>Hija de la  propia noche que  engendro<br/>y  me  ha engendrado.<br/> <br/> <br/> <br/>*de Amelia Arellano  arellano.amelia@yahoo.com.ar<br/> <br/>  <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>Lucisombra*<br/><br/><br/> <br/> <br/>Siempre mira atrás<br/><br/>            la sombra <br/>            plegada<br/>derrapa  por los huesos<br/>cuelga <br/>        en las cicatrices<br/><br/>de espaldas<br/><br/>La luz <br/>          está del otro lado<br/><br/>como un foco distante<br/>                  un sol a quemarropa<br/><br/>Da voces de claridad<br/><br/>                      Escarba<br/><br/>con tenacidad de jardinera<br/><br/>La luz ama la sombra<br/>La desea<br/><br/>                Se goza<br/>en el encuentro demorado<br/><br/>              La sombra en el exilio<br/>le ofrece sus aullidos<br/><br/>y deja huellas<br/>como oraciones frescas<br/><br/>para que la alcance<br/><br/><br/><br/>*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>Aproximaciones*<br/> <br/> <br/> <br/>*Alejandra Pizarnik<br/> <br/>Bs. As. 1956-1958 (Inédito)<br/> <br/> <br/><br/>Abrazando tu  sombra en un sueño<br/> Mis huesos se arqueaban como flores<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Los bordes  de silencio de las cosas<br/>Lo callado que recorre la presencia de las cosas<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Estos ojos<br/>Sólo se abren<br/>Para evaluarla ausencia<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Quien me perdió<br/>En el silencio fantasma de las palabras<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Pasos en la niebla<br/>Del jardín de lilas<br/>El corazón regresa<br/>A su luz negra<br/> <br/><br/>*<br/><br/>Quisieras vivir siempre<br/>Como algo olvidado en la mano de un muerto<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>¿Por qué escribo?<br/>Por qué me sollozo en madrugada<br/>Por qué de pronto este sabor a canto de cisne<br/>Esta espuma verde acumulada en la garganta<br/> <br/>Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia<br/>El espanto lo asemeja al mar<br/>Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche<br/> <br/>Por qué estas noches como un oasis para brujas<br/>Por qué esta conjuración de ausencias<br/>Este secuestro de la hija del viento<br/> <br/>Me rodea en las noches una logia exterminadora<br/>Te llamo y no vienes<br/>Te amo y no vienes<br/> <br/>Por qué viniste como el relámpago<br/>Y me dejaste sola en lo devastado<br/> <br/>Si escucharas mi rumor a celda minúscula<br/>Poblada de agonizantes<br/>Mi jadeo de asfixiada<br/> <br/>Si de prono me vieras en la orilla del despertar,<br/>Cantante enmudecida en la cima de su asombro<br/>Si me vieras atada a tu rostro<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Canciones ambiguas <br/>De algún país arrasado por las lluvias<br/>Canciones de campañeros<br/>Memorias de algún hombre que la noche amó<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Un pueblo de luz arderá en la sombra<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Si un mar por una lira<br/>Ángeles furiosos ahogó en el viento<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Noche amada nunca como ahora <br/>En que la pierdo<br/>En lo incierto del día<br/>Que rompe lo que me une a mi vida<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Todos comprenden lo que nadie<br/>Nadie comprende lo que todos<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>No lejos del alba nace el día<br/>Visión de las últimas flores<br/>La luz gira en mi rostro que esperaba<br/>Las nupcias de los cuatro elementos<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Siempre habrá el miedo de otras voces<br/>El miedo de otras voces<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Es tarde para reconocer el sol<br/>El sol está y mis ojos cantan<br/>El sol está su primavera es negra<br/>El sol está y es tarde<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Éste es mi invierno elegido<br/>Éste es mi deber ante la niebla y lo confuso<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado<br/>Como un lanzador de cuchillos<br/>Tatuando en la pared con temor y destreza<br/>La desnudez inmóvil de la que ama<br/> <br/>Así, en lo oscuro, fragmentos de los que amé, <br/>Lúbricos rostros adolescentes,<br/>Entre ellos soy otro fantasma<br/> <br/>A veces, en la noche,<br/>Me dijeron que mi corazón no existe<br/>Pero yo escucho canciones ambiguas<br/>De un país arrasado por las lluvias<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Lo que no te dieron.<br/>Lo que no te dan.<br/>Noviciado atroz<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Así iba yo devorando tinieblas<br/>Una flor en mi mano de sonámbula<br/>Una sonrisa ajena pegada a mis labios<br/>Mi cuerpo desnudo como una palabra<br/>Mis deseos abrazados a su imagen<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Si solamente hicieran una hoguera en mis labios<br/>Para quemar las sílabas que no se unen<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>El gran pájaro de cuerpo de paja teclea el invisible piano de viento<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>La luz amontonándose inservible a espaldas del sol. Niebla en el pozo. Hacer dibujos en un viejo muro rosado.<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Pájaros polvorientos<br/>Con sangre vieja en las alas<br/>Flores de metal olvidadas<br/>Telarañas enamoradas del espacio<br/>En donde vive el tiempo que pasa<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Se han ocultado<br/>Entre los sonidos de la noche<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>El jardín triangular<br/>Que oprimo en mi mano<br/>Chorrea flores de agua<br/>Abejas de perfume azul<br/>Fosforecen como ojos enemigos<br/>Incrustados en mi huesos<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Soledad cerrada y dichosa<br/>Promesas de súbito cumplidas<br/>Como campanas en un amanecer helado<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Detrás de las formas sin consuelo<br/>El día se abre como un canto doloroso<br/>Un alarido mágico formulador en el viento<br/> <br/><br/>*<br/> <br/><br/>Apenas remitida del cielo cerrada en donde yo era sin color y sin forma<br/>Sólo una contemplada.<br/>Apenas devuelta de crepúsculos<br/>De playa sola, de corazón silenciosa.<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Yo creo en los espejos<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>La noche canta amordazada <br/>Corazones incendiados<br/>En la memoria de mi boca<br/>Me penetran vasos vacíos<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>En la cavidad iluminada<br/>En que este instante es perla pródiga<br/>Escucho el ronco abrirse de mi memoria<br/>Como una puerta al viento<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Si morir es memoria cerrada<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Yo trabajo el silencio<br/>Lo hago llama<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>I<br/> <br/>Yo no canto, no celebro<br/>No bailo desnuda y ebria<br/>Sobre mi ataúd.<br/>Pero yo le ruego al poema,<br/>Yo le pido la luna al poema<br/> <br/><br/>II<br/> <br/>He desatado el corazón de la lluvia<br/> <br/>Antiguas baladas<br/>Alimentaron mi silencio.<br/> <br/><br/>III<br/> <br/>El amor es este viaje inútil, pero muy suave,<br/>Al otro lado del espejo.<br/> <br/>Tantas criaturas en mi sed y en mi vaso vacío.<br/> <br/><br/>IV <br/> <br/>La niña que fui <br/>Ahora en mi memoria <br/>Entre mis muertos<br/> <br/>De lágrimas se nutrirá mil años<br/>De destierro el sonido de su voz<br/> <br/><br/>*<br/> <br/><br/>Yo vi ese rostro partir la mañana<br/>En dos noches iguales.<br/>Mi cuerpo se pobló de muertos<br/>Y mi lengua de palabras crispadas,<br/>Ruinas de un canto olvidado<br/> <br/><br/> <br/>*<br/> <br/><br/>COMO YO LA QUERÌA<br/>Morir como muere un animal pequeño<br/>En los cuentos para niños.<br/> <br/>Eso tan terrible<br/>Lleno de hermosura<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Las cosas amarilleaban frente a mis ojos<br/>Recién venidos de un sueño de otoño<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Si la noche no es azul, <br/>Si el verano es una lenta plaga<br/><br/> <br/>*<br/> <br/>Habla al gran espacio vacío<br/>En donde corre una niña<br/>Que ya no reconoces<br/> <br/>Sólo deseo no tener nada con nada <br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Has dicho tantas palabras<br/>Que ya no te atreves a oírme llamar<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>En mis huesos la noche tatuada<br/>La noche y la nada<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Escribes  poemas <br/>Porque necesitas<br/>Un lugar<br/>En donde sea lo que no es<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>El aire se eternizaba<br/>En aras plateadas o coléricas<br/> <br/>Se puede morir de presencias<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Hay un rostro salvajemente asomado al día<br/>Que se abre en dos noches iguales<br/> <br/>¿ Quién cantará al amor?<br/>No yo.<br/>Yo amo.<br/> <br/><br/> <br/>*<br/> <br/>Y finalmente<br/> <br/>Un himno sin desdicha<br/>Un sueño como una estrella<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Ebria del silencio<br/>De los jardines abandonados<br/>Mi memoria se abre y se cierra<br/>Como una puerta al viento<br/> <br/><br/> <br/>*<br/> <br/>Perdida en el silencio<br/>De las palabras fantasmas<br/>Si vivir es memoria cerrada<br/>Quien me pierde<br/>En el silencio fantasma<br/>De las palabras<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Zona de la visión perpetua<br/>Yo la atravesé en un misterioso gemido.<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos<br/>Para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada.<br/> <br/><br/>*<br/> <br/>En un lugar de temblores<br/>Manos oscilan enamoradas<br/>En la dulzura de mi rostro<br/>Sobre tu oscuridad ardiente.<br/> <br/> <br/> <br/>*Alejandra Pizarnik.<br/> <br/>-Gentileza de de Florencia soler abbate florencia_soler_77@hotmail.com<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>Siete de oro* <br/> <br/>-Fragmento- <br/> <br/> <br/> <br/>Pero, sobre todo, lo que venía a descubrir mientras avanzaba y fumaba contra el viento de aquel pueblo del Sur era que también yo había tenido mi niñez.<br/>Que podía relacionar estos momentos con otros, que podía asociar y elaborar, si lo deseaba, mis propios mitos y mi propia historia. Y que si las cosas y las voces que me rodeaban adquirían esta noche un matiz particular era porque encontraban su justificación a través de aquellas otras. Descubría, en resumen, que esa forma de andar entre la gente, ese mirar sin intervenir, tenían un antecedente. Que yo o alguien que se parecía a mí había dado los mismos pasos y había saboreado las mismas miserias. Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo. La fidelidad y el amor piadoso que descubrí en mí por aquel otro me tuvieron despierto toda la noche. Era como si hubiese vuelto a nacer.<br/>Me esforcé por recuperar caras, costumbres, paisajes. Recordé la casa de mi abuelo, blanca, gastada, la primera al costado del camino en aquella aldea de montaña. Mi abuelo. Por lo tanto era cierto. Tantos años corriendo con la mirada fija hacia adelante habían terminado por borrarlo todo. Recordé aquella vez que había ido a verlo, después del ataque. Estaba sentado, no se movía, lo habían colocado cerca de la ventana enrejada, en un costado de la gran cocina. Se había hablado mucho del asunto. Alguien había sacado el revólver del armario y había ido a esconderlo a la casa de algún pariente.<br/>No era hombre de vivir atado a una silla. Nadie por aquellas regiones había andado tanto ni conocía mejor los caminos. Partía de madrugada con su paso parejo y se perdía por esos senderos. Además estaban sus cuatro viajes a América, a las cosechas. Parecía increíble que también él hubiese pisado estas tierras.<br/>En el verano, cuando iba a visitarlo, me llevaba con él. Pero esa vez ni siquiera pude hablarle. Me había sentado enfrente y no había sabido qué hacer. Mi abuelo no se fijaba en mí. Crispaba los dedos sobre la madera de la silla, apretaba los labios y miraba por la ventana, al polvo del camino.<br/>Hubiese querido recordarle todo lo que habíamos andado juntos. En aquellos días nos levantábamos antes del alba y partíamos. Cuando amanecía ya estábamos lejos. Avanzábamos con vigor y alegría, sin gastar aliento en palabras o movimientos inútiles. Yo llevaba un sombrero de paja igual al suyo y me apoyaba en un bastón igual al suyo. Marchábamos hacia aquellas montañas azules. "En la otra guerra", decía él, "por esas laderas morían como moscas". El aire de la mañana me hacía cosquillas en la cara y me llenaba de energía. Bebíamos agua en los manantiales y, cuando topábamos con un grupo de casas, íbamos a visitar a algún conocido. Entonces él tomaba un vaso de vino acodado a la mesa y yo comía una rebanada de pan con queso. Las mujeres siempre querían hablar conmigo, me llevaban a ver los cerdos, el caballo, un ternero recién nacido en la penumbra del establo. Yo rechazaba las caricias de aquellas manos huesudas. Mi abuelo se reía de esa hosquedad mía, le satisfacía mi mal carácter, me daba una palmada cómplice en el hombro, decía que nos parecíamos. De él, sin duda, heredé el silencio, esa forma de seguir y de aferrarme. Aunque tenía un apodo que no cuadraría conmigo. En aquellos pueblos dispersos lo conocían como Toni Furbo, Toni Astuto. Pensándolo bien, nunca me enseño nada. Me paraba delante de las cosas y me las mostraba. Eso era todo. pero talvez hubiese una forma de aprendizaje en caminar a su lado, en ver su risa, la mueca con que paladeaba un vaso de vino, el gesto amplio con que clavaba la azada en la tierra.<br/>Al anochecer regresábamos arrastrando una oveja o un cabrito que luego él carneaba en el establo. Trabajaba arremangado y manejaba rápido el cuchillo.<br/>Despues inflaba la vejiga y la colgaba de una viga del techo. Sacaba los trozos de carne por la noche porque aquello estaba prohibido.<br/>Un día fuimos más lejos que nunca. En la entrada del pueblo, al pasar bajo un pórtico, vimos manchas de sangre sobre las piedras. "Aquí colgaron a uno, ayer", me dijo. Y me alejó de allí tomado de la mano. Era la época en que hombres demacrados entraban sigilosamente en nuestra casa cuando caía la noche. Vestían sucios uniformes de soldados. El los llevaba al sótano, allí se cambiaban de ropa y volvían a partir a través de los montes. Al despedirlos les recomendaba que se mantuviesen alejados de los caminos. Una mañana encontramos a uno tirado entre las vides. Fue en ese mismo sendero donde él y yo matamos una víbora a bastonazos. Después mi abuelo lo contaba riéndose, en la cocina, y decía que había sido yo solo el que la había matado.<br/>Esa última vez que nos vimos hubiese querido hablarle de todo eso. Y de aquella hazaña suya con la yegua recién comprada, cuando había desafiado al maquinista del tren. pero mi abuelo ni se fijaba en mí. Seguía arañando la madera de su silla y miraba afuera, desesperado.<br/>Recordé también aquel último viaje para ir a su entierro. Las lágrimas de mi abuela y de mi tía al abrazarme, tantas que al final me habían dado ganas de llorar a mí también. El sentimiento de culpa que en algún momento me asaltó al descubrir que no sentía pena alguna. Las caras arrugadas de las viejas,<br/>las caras oscuras de los hombres, aquella gente que acudía a acompañar a mi abuelo en su último paseo con la misma puntualidad y gravedad con que sembraba y cosechaba. Aquella caminata entre montañas, bajo el sol, hasta el cementerio ubicado en otro pueblo. Mi falta de interés por lo que estaba sucediendo y, en cambio, la avidez con que había vuelto a buscar los lugares donde estuve con él, la forma en que había evocado aquellas caminatas, las manchas sobre el empedrado, sus manos humeantes en la media luz del establo, los caminos. Y también de qué modo había creído intuir, muy confusamente, que algo conciliaba todo eso, que cada cosa participaba a su modo de aquel rito, en esos montes, bajo ese cielo, allí donde vida y muerte debieron de parecerme esa tarde una ceremonia paralela.<br/>Recordé, recuperé cosas perdidas, me reconocí aquí y allá, caminé con aquel otro al que acababa de reencontrar, le mostré lo que ya había visto, lo que ya conocía, casas, piedras, lago, los sometí a su criterio, a su gusto. Me detuve en el muelle, como el primer día, y estuvimos escuchando el fragor<br/>del agua. Fumamos. Pensé que estábamos lejos de aquellos sueños primeros, lejos de aquella inocencia, lejos de Salgari y sus héroes, pero que sin embargo aún conservábamos algo en común, aún podíamos identificarnos y conversar. Había cosas que nos unían, cosas escondidas. Ese temblor ante la<br/>sangre, por ejemplo. Y ese escalofrío, tan difícil de definir, que aparentemente no significaba nada, pero que era como una marca de nacimiento, que tenía el poder de teñir y transformar cuanto se le sometía, que tenía que ver conmigo, con lo que yo era, con lo que había sido, más que ninguna otra cosa, ese escalofrío podía más que los años, más que las costumbres, más que las traiciones y los abandonos. Y así anduvimos por el pueblo, pasamos frente a los bares cerrados, subimos juntos por aquella picada, vimos pinos negros, las luces, la sombra de las montañas, el sendero, los arbustos, la casa bajo la luna, la ventana, nuestra cama.<br/><br/><br/> <br/>*de Antonio Dal Masetto "Siete de oro", fragmento del capitulo 10.<br/>Editorial Planeta, edición de 1991.<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>HOMENAJE*<br/><br/> <br/> <br/>El hombre abre un libro y descubre la siguiente frase: "...es inútil, en el mundo no hay nada tan sólido como un buen culo", la lee un par de veces, cierra el libro y se pregunta si será cierto, medita largamente sobre el asunto, intenta rescatar imágenes de cosas sólidas, cosas que alguna vez ha<br/>visto o sobre las cuales ha leído, las recorre mentalmente una a una, descarta, llega a la más sólida de todas, Egipto, la Gran Pirámide, compara una y otra vez, no está conforme, no está seguro, por lo tanto decide comprobar con sus propios ojos y sale a la calle, seis y media de la tarde, hora fatal, y ve de todo, los ve de toda forma y color, hay algunos que tienen la luminosidad de un faro abriendo las tinieblas de una costa marítima y que acá, en esta calurosa hora de la ciudad, ofuscan la luz del<br/>día e igual que el faro atraen a los navegantes solitarios y a los gimientes pájaros extraviados, y son sólidos, muy sólidos, hay otros que, en cambio, parecen revestirse de neblina, se ofrecen y se ocultan, aparecen y desaparecen y tratan de convencer a todo el mundo de su inexistencia, pero dejan en la imaginación heridas profundas e incurables, y también los hay tristes, que son una gran lágrima y tienen aspecto de penitentes y es como si se acusaran permanentemente y se golpearan el pecho y se sintieran<br/>culpables por existir y estos son realmente los más peligrosos para los caminantes incautos y de corazón tierno, sólidos, perfectamente sólidos, y los hay juveniles, desenfadados, inocentes como una mañana primaveral, pero basta mirarlos un par de segundos para sentirse manejando a cien por hora en<br/>un camino de cornisa y con los ojos vendados, hay otros que son como brasas y a su paso despiden estelas similares a los fuegos artificiales en la noche del 31 de diciembre, dejan el mismo fugaz chisporroteo y después se extinguen y lo que queda en el aire es un sabor de desencanto y de cosas inasibles, hay otros que son declaradamente bélicos, están pertrechados con múltiples armamentos, usan exóticos camuflajes, avanzan igual que a través de una selva asiática y nadie que entre en contacto con ellos está libre de<br/>conflictos, hay otros que son evidentemente felices, están satisfechos de sí mismos, transmiten bienestar y todo el tiempo tienen buenas nuevas para comunicar y aletean de acá para allá como bien alimentadas palomas de la paz, y están los cínicos, una raza especial, que llevan una sonrisa grabada y esa sonrisa es puro veneno, practican la magia negra, la hipnosis, y cuando eligen a su víctima la dejan marcada para siempre, sólidos, muy sólidos, los hay anarquistas, que se deslizan entre la gente con una aparente indiferencia, pero que en realidad no hacen más que conspirar, los hay maternales, óptimos para los tímidos y los desamparados y que son como la imagen de un establo de Navidad, los hay malignos, que surcan la ciudad como aletas de tiburón a flor de agua, suscitando peligros y malos pensamientos, los hay difusos, difíciles de apresar, que se desplazan a distancias irreales, lentos y esquivos como peces de aguas profundas, todos sólidos, sumamente sólidos, en fin, el hombre los ve de todas clases,<br/>armoniosos, agresivos, creyentes, ateos, exaltados, levemente espirituales, apáticos, trágicos, antiguos, farsantes, apasionados, tímidos, arrojados, prepotentes, y siempre sólidos, perfectamente sólidos, y después, hacia el final de la tarde, en una calle cualquiera, inesperadamente, broche de oro<br/>de una larga y productiva cacería, el hombre se topa con uno tan uno que después de ese uno ya no tiene sentido seguir buscando otro, y ese uno es alto, solemne, una catedral gótica, dobla una esquina, cruza una avenida, es como un barco cargado de preciosas mercancías desafiando el mar con todas<br/>sus velas desplegadas, va enfundado en una tela vaporosa, azul, transparente, y cuando un pie avanza en su sandalia y se apoya y después el otro avanza en su sandalia y se apoya, dentro de la tela azul cada vibración de ese uno es una nueva afirmación del universo, el hombre lo sigue durante un trecho, después se detiene y lo mira alejarse en el resplandor del último sol, se sienta en el primer bar, pide una cerveza, se rasca la cabeza y definitivamente resignado razona: "Es inútil, en el mundo no hay nada tan<br/>sólido como un buen culo."<br/><br/><br/> <br/>*de Antonio Dal Masetto.<br/><br/> <br/><br/> <br/><br/><br/><br/>3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN<br/>XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“<br/><br/> <br/> <br/> <br/>BASES DEL CONCURSO:<br/> <br/>ÁREAS:<br/>a.   Composición para piano solo<br/>b.   Composición para piano y electrónica<br/>c.   Composición para piano y trío de cuerdas<br/> <br/>v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. <br/>v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición. <br/>INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. <br/>TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. <br/>DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. <br/>ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.<br/> <br/>ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.<br/> <br/>Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.<br/> <br/>Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.<br/>Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.<br/><br/>PREMIOS: <br/>1. PREMIO: 1.500 Euros<br/>2. PREMIO: 1.000 Euros<br/>3. PREMIO:    500 Euros<br/> <br/>* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.<br/> <br/>* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).<br/> <br/>Remitir las copias y anexos solicitados a:<br/>CONCURSO XICóATL<br/>Schießstattstr. 44/9<br/>A-5020 SALZBURG<br/>- AUSTRIA –<br/>o a:  euroyage@yahoo.de<br/> <br/>más informaciones encontrará en: www.euroyage.com <br/> <br/>EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:<br/>KLAUS AGER (AUSTRIA)<br/>JORGE ANTUNES (BRASIL)<br/>ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)<br/>ROLANDO CORI (CHILE)<br/>ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)<br/> <br/>El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:<br/>v      El Gobierno del Estado de Salzburgo<br/>v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo<br/>v      La Asociación Música en el Museo (MiM)<br/>v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>DEL EDITOR DE INVENTIVA SOCIAL:<br/> <br/> <br/> <br/>A los Amigos lectores de la edición mensual:<br/> <br/> los invito a suscribirse a la edición cotidiana de inventiva donde encontraran literatura y artículos periodísticos elegidos.<br/>El costo de la suscripción en Argentina es de 36 pesos anuales más gastos de transferencia bancaria o giro. Les ruego a quienes quieran y puedan incorporarse como nuevos suscriptores que me escriban a: inventivasocial@yahoo.com.ar<br/> <br/>Saludos afectuosos.<br/> <br/>*Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com<br/> <br/> <br/> <br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/> <br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/> <br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/> <br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/> <br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/> <br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/> <br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/> <br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[SEREMOS LO QUE HAGAMOS JUNTOS...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_24.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Decime no*<br/><br/> <br/><br/>Decime no   decime basta<br/><br/>Tenés que cerrar la puerta con candado<br/>Y pedirme las llaves.<br/><br/>Reclámame las fotos<br/><br/>Róbame las cartas los regalos<br/><br/>Amontona los libros afuera<br/>En la basura<br/><br/>                       Arranca de raíz <br/>Mi jazminero<br/><br/>Llévate mi vestido de tul<br/><br/>Decime no    más fuerte<br/>                        <br/>Grítame que no hay nada que hacer<br/>Que ya te fuiste<br/>                               Que no sos vos <br/>Este silencioso que me mira<br/>Con la cara de un muerto<br/><br/>                                Necesito ese no<br/><br/>De sopapo final<br/>Tu portazo sin vueltas<br/>Sin lugar a dudas<br/> <br/>                          Y sin poesía<br/> <br/><br/><br/>*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com<br/> <br/><br/><br/><br/><br/><br/>SEREMOS LO QUE HAGAMOS JUNTOS...<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Para siempre*<br/><br/>    <br/>Me gustaría poder decirte que me gusta mucho estar contigo, que te necesito y que acepto todas tus manías, debilidades y defectos. Casi puedo asegurarte que algunos de ellos me gustan. Estoy tan a gusto contigo que los paseos me parecen cortos y cuando vamos a la playa, los dos solos, es el mejor regalo que me haces porque puedo compartir el mar, el cielo y la arena contigo.<br/><br/>A pesar de que a veces estás indiferente o absorto en tus cosas estoy a gusto y quisiera que supieras que estaré toda la vida a tu lado, no importa lo que pase ni el lugar. Nunca me separaré de ti.<br/><br/>También me gustan tus silencios y velarte cuando duermes, pero lo que más me gusta son tus caricias y esa risa tuya encantadora. Quisiera decirte todo esto y muchas más cosas pero tendré que conformarme con mirarte, dar un par de ladridos y mover la cola.<br/><br/><br/><br/>*Joan Mateu. joan@cimat.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>La historia de un gran amor en tiempos desérticos*<br/><br/> <br/><br/>*Por Marcelo A. Moreno  mmoreno@clarin.com<br/><br/><br/>Mientras tratamos de digerir los ponzoñosos efectos de la historia del monstruo austríaco que sometió y secuestró a su hija durante 24 años, llegando a tener siete vástagos-nietos con la desdichada, algún efecto acaso terapéutico quizá pueda operar conocer la historia de otro austríaco, el filósofo y periodista André Gorz, quien -en vez de internarse por los degradantes meandros del Mal- protagonizó una historia de amor incomparable.<br/>Acaba de publicarse la traducción de Carta a D., recuento de esa historia que duró casi seis décadas y que terminó en septiembre del año pasado con el suicidio de ambos; él, de 84 años y ella, de 82. ¿El motivo de la decisión? Dorine sufría desde hacía décadas de una enfermedad degenerativa irreversible e incurable que progresivamente le ocasionaba los peores dolores. Y, como escribe André Gorz en su carta, "a ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos".<br/>Nacido en Viena en un hogar judío, Gorz logró escapar de la tiniebla nazi a alto costo: renunció a su lengua madre -no volvió a hablar alemán hasta 1984- y a su nombre -Gerard Horst-, adoptando la cultura francesa. Después de la guerra fue parte del grupo editor de la revista Les Temps Modernes, <br/>junto a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Y en 1964, con Jean Daniel, fundó la revista Le Nouvel Observateur, referente ineludible del periodismo y el pensamiento de izquierda franceses.<br/>Al mismo tiempo, Gorz fue erigiendo una obra filosófica que constituye, en su mayor parte, una despiadada crítica del sistema capitalista y a sus desarrollos más recientes. Precursor de la ecológica política, postula que la producción no está al servicio del hombre sino que ocurre lo contrario, <br/>entre otras ideas.<br/>Durante toda su carrera como periodista, economista y filósofo, Gorz contó con la consecuente e invalorable ayuda de Dorine, conscientes ambos que los unía "un vínculo invisible". Por eso, cuando se le detectó a la mujer la terrible enfermedad, el pensador dejó su puesto en Le Nouvel Observateur para <br/>cuidarla. Así, durante más de dos décadas continuó con su producción intelectual, pero centró sus energías en atenderla. "Seremos lo que hagamos juntos", escribió.<br/>Y, también: "Recién acabas de cumplir 82 años. Y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de ti una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío ".<br/>En tiempos filosos y helados de pura tecnología, comunicación invasiva y contactos vía Internet, este amor conmueve por su calidez radiante, como una música a punto de ser olvidada o el rumor del río que apenas susurra.<br/><br/><br/><br/>*Fuente: Clarín<br/>http://www.clarin.com/diario/2008/05/04/sociedad/s-1664440.htm <br/> <br/><br/><br/>  <br/><br/><br/><br/><br/>LA OCTAVA MARAVILLA*<br/><br/><br/><br/>*De Vlady Kociancich.<br/><br/><br/><br/><br/>7<br/><br/><br/>Poco antes de recibirme empezaron las pesadillas.<br/>Para alguien que siempre ha dormido bien o tiene sueños agradables, despertarse en mitad de la noche sudando frío, pasarse la otra mitad tratando de interpretar un sueño tan absurdo como aterrador, es un sufrimiento que puede cambiarle la vida. Y cambió la mía.<br/>Una de aquellas noches, impulsivamente, salí al patio, trepé la escalera a la terraza. Pleno invierno, yo en piyama, con una manta escocesa como abrigo, sujetándola alrededor del cuello, subiendo esa escalera. No sabía para qué ni por qué. Pero ahí estaba, en la proa del balcón, aterido, cacheteado por el viento, bajo una llovizna de hielo.<br/>Miraba el barrio que dormía cuando sucedió. La pesadilla que me había echado de la cama apareció ante mis ojos bien abiertos.<br/>Casas y árboles oscilaban con el leve temblor de una película sumergida en el líquido que la revela. Las pocas luces encendidas (un farol, una ventana abierta), se apagaron y prendieron en posiciones diferentes. La calle abajo zigzagueó, se derramó de su cauce, volcó a la izquierda, pasó el bulto cuadrado de la esquina y desembocó en una gran avenida iluminada que no era Nazca. El retumbar de un trueno me aturdió. No había tormenta. Sólo viento y agua. El trueno era el paso de un tren por un puente de hierro, sobre mi cabeza. Pensé, aterrado: "La estación está lejos, qué puente, dónde, por qué arriba". El silencio que siguió a esa ráfaga de estruendo se ahondó en nuevas convulsiones del barrio. Desgajado y hostil, no era Villa del Parque.<br/>Bajo la lluvia, algunos trazos se afirmaban. Sentí tanto miedo como fascinación y me incliné aún más, aplastada la cintura por el parapeto de cemento del balcón, para ver bien la imagen que brotaba en aquella inesperada fotografía.<br/>Negro, gris, trémulo, ajeno, vi otro barrio. Una calle, una puerta en una casa, un cartel con letras rojas que no pude leer, un baldío o tal vez un gran patio desierto, y entre las sombras, el círculo de un faro remoto que me buscaba en la noche y en la lluvia, que aumentaba velozmente de tamaño a medida que se acercaba a mí. Primero fue una luz amarilla, luego un remolino de colores intensos, y por fin la cara de un hombre que movía los labios silenciosamente. La visión se estremeció de pronto. Villa del Parque y aquel negativo que no concluyó de revelarse, desaparecieron borrados por algo tibio que me cubría los ojos.<br/>Eran lágrimas.<br/><br/><br/><br/><br/><br/>La encontré el viernes y hoy es lunes. Se irá a las nueve, dijo.<br/>Todavía era noche cuando me escurrí de la cama. Cerré la puerta del dormitorio, cerré la puerta del estudio, puse un mantel doblado bajo la máquina para atenuar el ruido de las teclas, y seguí escribiendo.<br/>Llegué, como han leído, hasta la pesadilla en la terraza. Ahí me detuve. No lo hice a propósito. La sorpresa de recordarme en esa situación ridícula (en piyama, bajo la lluvia y además llorando), me impidió continuar. No me reconozco, no puedo creer que la escena pertenezca a ese pasado que intento recuperar y explicarme. Una pieza de otro juego, una de las comunes trampas de la memoria.<br/>La chica de la estación de Villa del Parque duerme todavía, pero falta poco para que suene el despertador. Idea de ella.<br/>-Es un lindo reloj -había dicho, tomándolo con esas manos delicadas como si el despertador fuera una cosa viva.<br/>le dio cuerda, observó la posición de las agujas antes de colocarlo en la mesa de luz, entre la lámpara y el cenicero de ónix que me regaló Victoria para el último cumpleaños celebrado en pareja.<br/>Tan absorto la miraba que tuvo que repetir la pregunta:<br/>-¿Me acompañarás?<br/>-Sí, si -contesté.<br/>-Sos muy bueno.<br/>Y sonrió. Yo sabía que iba a sonreír. Todo en esta muchacha es tan lento.<br/>En el gris de los ojos, por detrás de una corola de pétalos dorados, se alza una tenue luz que inunda progresivamente la mirada hasta convertirla en un único brillo de metal. Pero, independientemente de los ojos, durante dos, tres segundos, no demasiado tiempo, el suficiente para que yo lo advierta y me asombre, el rostro continúa suspendido en la expresión previa: grave, concentrado o vacío. Luego se desprende del labio, la bella boca de dibujo grueso, con el finísimo vello de las mujeres nórdicas, comienza a distenderse hacia las comisuras y, entre dos paréntesis y dos puntos de hoyuelos, aparece entera, de pie, la sonrisa.<br/>No es extraño que me distraiga en la contemplación de estos singulares procesos. Sólo cuando agregó que tomaría el tren de las ocho y veintiséis -el único defecto que le descubro es un maniático respeto por el reloj-, entendí que no me preguntaba si la acompañaría en el amor o la felicidad. Quería que la llevara a la estación Retiro.<br/>Si al describirla doy la impresión de que la juzgo estúpida, aclaro que no soy el tipo de hombre que confunde velocidad de movimiento con inteligencia. Más rápida que Victoria no hubo otra y sin embargo, con todo lo que la quería, nunca fui ciego a las pruebas de su estupidez.<br/>A propósito de Victoria: esta muchacha es tan diferente a ella, que a cada rato la comparo. No necesito mirar la fotografía de mi mujer que, en parte por pereza y en parte porque sentí que las dos o tres cosas que podía hacer con el retrato -romperlo, quemarlo, esconderlo en un cajón- implicaban una venganza repugnante, sigue encima de la cómoda, donde siempre estuvo.<br/>A Victoria le gustaba mucho esa fotografia. Lograba adularla más que el espejo. Y le disgustaba la mía, que hacía juego, porque según su opinión, la cámara, la luz y el fotógrafo, me habían inventado un fuego en los ojos, una sonrisa divertida en los labios, una expresión de curiosidad apasionada, rasgos que ni por asomo pertenecían al hombre frío, aburrido e indiferente que vivía con ella. A mí, para decir verdad, me parecía ridículo tener fotos nuestras como si estuviéramos ausentes o muertos, pero Victoria se enojó tanto cuando protesté, que no volví a tocar el tema.<br/>El día en que Victoria se fue de casa, destruí mi fotografía. Tuve que romper el vidrio para sacarla del marquito. Me costó, de puro torpe, una cortadura en el dedo. Pero ni loco me arriesgaba a que el portero le contase a todos los vecinos que había hallado mi sonrisa imbécil en el tacho de la basura.<br/><br/><br/><br/><br/>(CONTINUARÁ)<br/><br/>-La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Pelear la dignidad en cada esquina*<br/><br/> <br/><br/>*Por Beatriz Sarlo   bsarlo@viva.clarin.com.ar<br/><br/><br/><br/>Pobre, pero honrado", "pobreza no es vileza" son dos refranes viejísimos. El segundo ha desaparecido de circulación en la Argentina, si es que alguna vez la tuvo, pero el primero sigue repitiéndose. Paso por una barrera donde los cartoneros acumulan día y noche lo que han recogido. Un grupo de mujeres está sentado a pocos metros, sobre el pilón de cemento de un puente, tomando mate. Son las diez de la mañana y estarán allí hasta el atardecer, mientras conversan y, en este momento, comen facturas que sacan de una bolsa de plástico. Hoy hace buen tiempo y está fresco, pero si lloviera, deberían meterse debajo del puente que, como está todo agujereado, chorrearía sobre ellas unas gotas ennegrecidas por el hollín y la grasa. Son mujeres pobres y están custodiando una pila gigantesca de basura que les pertenece y que han acopiado con métodos honrados. Lo que es un misterio es por qué son "pobres, pero honradas", me digo. Gente que se considera honrada hace un sinfín de trapisondas cotidianas, pequeños actos inconfesables, vivezas de las que incluso alguien puede jactarse mientras no sea descubierto. Pero ellas <br/>cuidan la basura que han recogido por dos razones básicas, que no tienen un orden de prioridad. Primero, saben por experiencia que hay cierto peligro en salir a robar y colocarse decididamente a las puertas de una cárcel que a los damnificados por un delito siempre les parece que es de corta duración o de puertas demasiado abiertas, y que los posibles presos experimentan como un lugar horrendo al que no se quiere llegar ni, mucho menos, volver. O sea que la honradez es, como la mayoría de nuestras conductas, el resultado de una amenaza mayor que las ventajas que pueden obtenerse si se decide no practicarla. Esa amenaza domina los instintos, se internalizacomo cultura y se convierte en reglas morales. Por otro lado, existe algo así como un principio de dignidad: voy a resistir aunque mi condición sea de las peores, voy a resistir porque no me van a torcer el brazo. Ese aspecto interesa profundamente porque cuanto más adversas sean las condiciones, tanto más débil es la posibilidad de enfrentarlas. ¿Hasta cuándo se aferra un principio de dignidad? ¿Cuánta tensión moral demuestra atenerse a él? <br/>Quienes vivimos libres de la imperiosa necesidad con que la pobreza describe un círculo de hierro alrededor de millones de individuos no podemos imaginar la tozudez que se necesita para atenerse a la fórmula "pobre pero honrado". <br/>No voy a referirme a algo evidentemente trivial: hay banqueros, profesionales o empresarios, políticos, celebridades que delinquen. Cuando me refiero a la tozudez del "pobre pero honrado" no lo hago en comparación con las transgresiones morales de quienes no son pobres. Pienso, más bien, en cómo soportan un mundo donde el dispendio es tan evidente que son ellos mismos los encargados de recoger la basura producida por un gasto, que no puede compararse sin sentir vergüenza con lo que se consume en el mundo de la pobreza.<br/> A pocos metros de las mujeres, del otro lado de la vía, un grupo de adolescentes ha establecido su campamento. Aprovechan las barreras bajas para ofrecer la limpieza del parabrisas a los autos que quedan allí detenidos. Cada uno tiene una botella de gaseosa llena de detergente, un escurridor y un trapo. Nunca abandonan ese lugar, de modo que probablemente pernocten allí. Ven pasar chicos con sus zapatillas, sus jeans y sus camperas de marca. Los que limpian parabrisas visten como cirujas y ninguno <br/>de ellos parece tener en propiedad algo que haya sido producto de algún "arrebato" u otra forma de incautamiento semiviolento de la propiedad ajena. <br/>Perseveran en la limpieza de parabrisas, por el momento. Porque, de nuevo, es difícil no preguntarse si no llegará el día en que decidan que les conviene más arrebatarle la cartera a alguna vieja cuando salga de un banco y pasar un fin de semana de bonanza. ¿Cuántas semanas habría pasado yo limpiando parabrisas o repartiendo estampitas a los quince años? Muy pocas. <br/>Enseguida me habría convencido de que era mejor arriesgarse a otra cosa, salvo que el miedo me hubiera detenido. Los que no tomamos mate al lado de la vía, ni limpiamos parabrisas, vivimos en un mundo que es posible porque esas mujeres y esos chicos decidieron quedarse allí y no seguir el impulso de la furia o del deseo más elemental y más insatisfecho. El principio de dignidad y la amenaza de castigo (que se han combinado durante siglos) funcionan para ellos con una eficacia admirable, que hace posible que, a su <br/>vez, las sociedades injustas no se vuelvan ineludible e instantáneamente violentas. Pero, de todos modos, cuando los veo, pienso que me están perdonando la vida. Ellos saben que vivimos en casas, tomamos mate sentados a la mesa y, si tenemos que limpiar un vidrio, lo consideramos una tarea extra, pesada y tediosa. Ellos ven nuestros zapatos y nuestra ropa, le pasan el trapo a los parabrisas de nuestros autos. Su honradez es más alta y más difícil que cualquier otra. Viven en condiciones de excepción pero no ejercen, por dignidad y por miedo, lo que esas condiciones aconsejan.<br/><br/><br/><br/>*Fuente: Clarín<br/>http://www.clarin.com/diario/2008/05/04/sociedad/s-01664201.htm <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN<br/>XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“<br/><br/><br/><br/><br/>BASES DEL CONCURSO:<br/> <br/>ÁREAS:<br/>a.   Composición para piano solo<br/>b.   Composición para piano y electrónica<br/>c.   Composición para piano y trío de cuerdas<br/> <br/>v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. <br/>v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición. <br/>INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. <br/>TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. <br/>DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. <br/>ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.<br/> <br/>ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.<br/> <br/>Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.<br/> <br/>Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.<br/>Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.<br/><br/>PREMIOS: <br/>1. PREMIO: 1.500 Euros<br/>2. PREMIO: 1.000 Euros<br/>3. PREMIO:    500 Euros<br/> <br/>* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.<br/> <br/>* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).<br/> <br/>Remitir las copias y anexos solicitados a:<br/>CONCURSO XICóATL<br/>Schießstattstr. 44/9<br/>A-5020 SALZBURG<br/>- AUSTRIA –<br/>o a:  euroyage@yahoo.de<br/> <br/>más informaciones encontrará en: www.euroyage.com <br/> <br/>EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:<br/>KLAUS AGER (AUSTRIA)<br/>JORGE ANTUNES (BRASIL)<br/>ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)<br/>ROLANDO CORI (CHILE)<br/>ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)<br/> <br/>El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:<br/>v      El Gobierno del Estado de Salzburgo<br/>v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo<br/>v      La Asociación Música en el Museo (MiM)<br/>v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE<br/> <br/><br/>*<br/><br/><br/>Queridas amigas, apreciados amigos:<br/><br/><br/>El domingo 4 de mayo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor peruano José de Orejón y Aparicio. Las poesías que leeremos pertenecen a Yamil Díaz Gómez (Cuba) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición! <br/><br/><br/>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at <br/>(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! <br/><br/><br/>REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!<br/>Cordial saludo! <br/><br/><br/><br/>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br/>www.euroyage.com <br/><br/>Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA<br/>Tel. + Fax: 0043 662 825067 <br/><br/><br/><br/><br/><br/>ESPACIO PARA SOCIOS:<br/><br/><br/>-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@yahoo.com.ar<br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[LA OTRA MITAD DE AMANECER...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_23.htm]]></link><description><![CDATA[Tu imagen*<br/><br/> <br/>*Silvio Rodríguez<br/><br/><br/> <br/>Tu imagen me llegó<br/>a las seis menos diez<br/>y no pude dormir<br/>ni un instante después.<br/>Te confundías con mis sábanas,<br/>te me enredabas en la sien.<br/><br/>Lucías tan real<br/>que casi fui feliz.<br/>Pero a las seis y diez<br/>me comprendí sin ti.<br/>Eran mis solitarias sábanas<br/>y una habitual mañana gris.<br/><br/>Y tú eras mi viento, mas no a favor.<br/>Eras mi barca en el pedregal,<br/>eras mi puerta sin tirador,<br/>eras mi beso buscando hogar.<br/><br/>Y tú eras un parto de antigüedad,<br/>maña de un diablo despertador.<br/>Eras espuma de soledad,<br/>carne con llagas de desamor.<br/><br/>Y así fuiste la otra mitad<br/>de amanecer<br/>que no alumbró jamás.<br/><br/>(1978)<br/> <br/> <br/> <br/>-Enviado para compartir por Maria Bar. mariabarleiva@yahoo.es<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>LA OTRA MITAD DE AMANECER...<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>JUAN Y MAYRA MIRAN FOTOS VIEJAS*<br/>Crónicas del Hombre Alto (nº 39)<br/><br/> <br/> <br/>     Desde que a principios del 2002 se fueron a vivir a España, Juan y Mayra no habían vuelto a la Argentina. Tenerlos de visita en mi casa, entonces, no sólo constituye un verdadero acontecimiento, sino que me enfrenta a uno de esos consabidos conflictos cronológico-emocionales en los que me cuesta aceptar que las personas que tengo ante mí son las mismas que dejé de ver hace tanto tiempo. Claro que aquí esa disociación se profundiza en virtud de las edades que cargan los personajes involucrados: Juan tiene 15 años; Mayra 8. Y a ello hay que añadirle, todavía, la extrañeza colateral que causa escucharlos decir "vale" y hablar con acento español.<br/>       Juan es ahora un adolescente pelilargo al que le gusta mirar noticieros y estar informado. Dice que quiere ser periodista o reportero gráfico. Escucha rock pesado y sigue siendo hincha de Colón, pero ha sumado a sus afectos futboleros la afición por el Real Madrid. A Mayra le encantan las pastas y los animales. Se muestra reservada con los adultos, pero es fácil intuir que, detrás de esa timidez inicial, se esconde una gran charlatana. Según sus palabras, le gustaría "ser guardia en el zoo". <br/>      Juan tiene recuerdos de la Argentina; Mayra no. Cabe inferir, por lo tanto, que este fugaz regreso al país no guarda idéntico significado para ambos. La gira vertiginosa que han emprendido con su madre por casas de familiares y amigos representa para Juan la posibilidad de revivir la primera mitad de su infancia. Para Mayra, en cambio, equivale a conocer aquello de lo que tanto le han hablado, transformar ese territorio fantasmal en un sitio poblado por seres de carne y hueso, por lugares con olores y colores concretos. Para Juan, el viaje es un reencuentro; para Mayra, todo un descubrimiento.<br/>       Ahora estamos sentados en torno a la mesa, mirando fotos viejas. Ahí está Mayra con dos añitos, cómicamente instalada en un fuentón lleno de agua. Ahí está Juan, gateando. Ahí está mi hijo, chiquito, llevando a Juan de la mano, ayudándolo a dar sus primeros pasos. Ahí está Mayra, invisible, abultando el vientre de su mamá. Ahí estamos todos, adultos y niños, brindando sonrientes durante un asado en Rincón...<br/>       Juan y Mayra revisan las fotos con genuina curiosidad. Es natural: se trata de fragmentos de su propia historia, retazos dispersos de un pasado que el océano partió en dos. Examino sus reacciones ante tal o cual imagen y, melancólicamente, siento que esas fotos los ayudan a reconstruir el rompecabezas siempre complejo de la identidad exiliada. Lo sé, es imposible saber en realidad cómo habrán de procesar ellos la experiencia del viaje, es imposible adivinar qué cosas se acomodarán en sus cabecitas y cuáles habrán de desajustarse. La mía es, por ende, una especulación estrictamente adulta. O tal vez sea sólo una expresión de deseos. <br/>      "Mira, ese es mi padre", exclama Mayra de pronto, maravillada ante la visión de un joven veinteañero y melenudo que sonríe a cámara. "Pues yo soy más guapo", se burla Juan. Se ríen. Se ríen los dos. Nos reímos todos.<br/>      Sí, pienso, algo bueno está sucediendo aquí.<br/>      Algo bueno y necesario. <br/><br/><br/> <br/>*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>La mujer de Liñares*<br/> <br/> <br/> <br/> <br/>*De Vlady Kociancich<br/><br/><br/> <br/> <br/>de Cuando leas esta carta<br/><br/> <br/> <br/> <br/>Daisy A. de Liñares despertó una noche de junio para no dormirse nunca más. <br/>La muerte del sueño llegaría tarde a su conciencia, día tras día, hora tras hora, por negros pasadizos de angustia, pero ocurrió esa noche, como la voladura de un puente: primero la explosión, luego el humo, finalmente el vacío.<br/>Se encontró sentada en la cama, sin aire y temblando de estupor. <br/>Instintivamente había puesto una mano sobre la espalda de Liñares. La retiró con una brusquedad no menos instintiva. Espantada, comprendió que el primer movimiento en busca del cuerpo de Liñares pertenecía al pasado y al amor, el segundo a la repugnancia. Y se sintió caer en esa leve raya trazada por la fatalidad como en una grieta cuya hondura alcanzaba el centro de la tierra.<br/>Cuando pudo salir, vio que ya había prendido el velador, ya se deslizaba fuera de la cama, del dormitorio, hacia la sala, apretando llaves de luz, tiritando de frío en un camisón demasiado liviano, rogando que Liñares no se despertara.<br/>Estaban en Berlín y era junio. Se dio cuenta de que repetía en voz baja Berlín y junio como mensajes que le ordenaban transmitir y que temía olvidar. Pensó en la sonrisa divertida de Liñares si pudiera escucharla, en la tutela afectuosa de Liñares sobre los tropiezos que daba, en la gracia con que Liñares narraría a los amigos otra anécdota más, otro párrafo para la antología titulada Mi mujer, edición de autor que circulaba adherida a los libros de Enrique Liñares, el famoso escritor, y también pensó, <br/>inconsecuentemente, en su terrible vergüenza de una tarde, cuando Liñares dijo en público, riendo, mientras la abrazaba:<br/>-Me llama Liñares, como una señora de barrio.<br/>La mujer de Liñares tenía treinta y dos años, aparentaba poco más de veinte. <br/>Las hijas sorprendían como hermanas menores de aquella chica rubia, baja, menuda.<br/>    No era hermosa. Era apenas bonita y sabía, sin entristecerse, que el contraste de los grandes ojos castaños con ese pelo de oro, la regularidad de los rasgos, la buena figura, sólo llamaban la atención un momento, como las flores que adornan una mesa antes de la comida.<br/>No era inteligente. Le había costado mucho aprender algo de inglés, algo de francés, para desenvolverse sola en las ciudades donde años atrás acampaban con Liñares (sofás prestados, departamentos provisoriamente vacíos, hospedajes misérrimos) y donde ahora residían, con holgura, hasta con una <br/>moderada exhibición de lujo.<br/>No era culta. Aunque le gustaba leer y lo había hecho, a saltos, afirmada en la robusta erudición de Liñares, se perdía en cierto humor, cierta ironía, cierto lenguaje, como una polilla golpeándose las alas contra los filamentos de la lámpara. Pero podía jactarse de su buena salud.<br/>Aquel cuerpo de escaso tamaño, femenino hasta el borde de la caricatura, tenía una resistencia de leñador. Había soportado inviernos de Madrid en piezas sin calefacción cuando el hielo destrozaba las cañerías, ella y su hija mayor, entonces la única, abrazadas en la cama bajo mantas y un viejo tapado de piel, mientras Liñares, que no podía escribir, buscaba calor y consuelo emborrachándose en las tascas. Contactos, le explicaba Liñares, y ella pensaba que lo hacía por ella. No los libros espléndidos sino la caza nocturna de amigos influyentes. No la obra sino el aprendizaje de una guerra resumida en la palabra abstracta, contactos, que los pondría de pie en el mundo, que los puso, y que luego se borró de la conversación de los dos como una palabra obsoleta.<br/>La mujer de Liñares era simple y alegre. Liñares no se cansaba de elogiar su risa fácil, las pobres cosas que la divertían, la rapidez para olvidar las bromas esquivas, las alusiones en voz baja o voz alta, según el grado de confianza o de histeria, al lastre conyugal de Liñares, que Liñares y sus amistades, hombres y mujeres de psicología muy compleja, sin pudor, sin mala voluntad, repetían en monótona sucesión, cambiando de papel, de idioma, de escenario, pero nunca de tema (el misterio de que un escritor como Liñares soportara una mujer tan tonta) en el transcurso de los años que llevaban juntos.<br/>Sin ese carácter, o ese don, como lo llamaba Liñares, ¿qué hubiera sido del amor de jóvenes que unió un verano de Buenos Aires a la chica preciosa, ignorante empleada de comercio, genes de ama de casa, y al muchacho alto, apuesto como un príncipe de novela y también furiosamente intelectual, ya desdichado, ya escritor, incipiente promesa y colaborando en revistas que morían en el segundo número?<br/>Ella nunca dudó de que serían felices en España, aunque lloró en brazos de la madre cuando debió anunciarle el viaje y soportó la hosca acusación del padre porque se iban sin casarse, aunque la aterraba lo que vendría y vino. <br/>Los trabajos mal pagos, las deudas que Liñares contrajo en seguida, la desesperación de Liñares, las semanas enteras con Liñares tirado en la cama, hundido en los vapores de su abatimiento, insultando ebrio, suplicando lúcido, amándola a rachas, tal como escribía, por inspiración, por extravío, porque simplemente le daba la gana, mientras ella limpiaba, lavaba, cocinaba y ganaba el sustento de los dos favorecida por una cabeza sin enredo, una tenacidad que no caía bajo el embate de las imaginaciones y la ayudaba a tomar el ómnibus todas las mañanas a Madrid, todas las noches de vuelta a El Escorial, abriendo y cerrando el tosco círculo de ocho horas de recepcionista con sueldo en negro.<br/>No era celosa. Si alguna admiración despertaba en los amigos de Liñares, la debía a esa virtud tan rara en las mujeres. Más que tolerar aceptaba, con una sabiduría a la que se mezclaba la inocencia, que un hombre inteligente, buen mozo y célebre, atrajera a otras más inteligentes, más hermosas y célebres que ella. Por otra parte, Liñares se aplicaba en no ofenderla.<br/>Salvo cuando bebía demasiado o no podía escribir, ocultaba generosamente sus amores y ella había tardado (ya no) en descubrirlos o que se los descubrieran, como las nostálgicas, muy detalladas cartas de la estudiante del curso que dictó Liñares en Ohio, la voz en el teléfono del hotel de Colonia que llorando le rogó que dejara en paz a Liñares, la progresiva traducción de compromisos nocturnos, viajes y ausencias de Liñares a cuerpos abrazados. Un cuerpo era el del hombre que irremediablemente, amorosamente, volvía a ella. Del otro cuerpo Daisy apartaba la vista.<br/>Era una madre cariñosa. Las chicas la hubieran comprendido sin esos cambios de un país a otro, de una casa a otra casa, y si Liñares no creyera a pie firme que consintiendo los caprichos de las hijas ganaba un punto de favor sobre los torpes desvelos de la madre, si en nombre de la libertad no estimulara las rebeliones infantiles hasta convertirlas en estallidos de odio contra la carcelera, motines combinados con el sometimiento y el desprecio.<br/>Liñares adoraba a las chicas, insólito en Liñares, que todavía era como un niño y no podía ocuparse de otros niños, nunca se había ocupado, pero era tan bueno en los juegos, en los mimos, en la adhesión casi física a esas miniaturas de ella, como solía describirlas, al punto de jurarle una noche, durante una pelea, que si lo abandonaba tendría que irse sola.<br/>La mujer de Liñares era agradecida. Siempre creyó en el talento de Liñares, creyó que cuando al reconocimiento público se sumara la prosperidad, él se haría cargo con largueza del bienestar de ambos. Liñares cumplió y ella lo agradecía.<br/>Liñares tenía ingenio, además de buen gusto, para hacerle regalos, se acordaba de fechas absurdas, la sorprendía con una caja enorme y una diminuta alhaja adentro o imposibles ramos de rosas. También agradeció la autoridad que empleó Liñares en ayudarla a vestirse mejor, a expresarse mejor, a no humillarlo ante las nuevas relaciones que les impuso la consagración de Liñares. Le agradeció el cambio de su trato, Liñares era más blando ahora, de los furores irracionales de antes apenas conservaba la <br/>mirada rápida, iracunda, la frase desdeñosa si había gente con ellos, y algún estallido de violencia doméstica, un jarrón destrozado, un par de copas, un insulto procaz, cuando quedaban solos. Frecuentemente le decía:<br/>-Nunca amé a otra mujer en mi vida, Daisy A. de Liñares.<br/>Ella tampoco había amado a otro hombre, aunque hacía tanto que él no la quería. Lo había amado con la naturalidad animal con que dormía, acomodándose en el amor como se acomodaba en su lado de la cama, confiada en el amor que sentía por Liñares como confiaba en el sueño que la bajaba suavemente a la almohada para borrar del cuerpo, noche a noche, todas las cicatrices de fatiga.<br/>Hasta esta noche.<br/>Era junio y estaban en Berlín. Débilmente, casi con timidez, murmuró:<br/>-Es junio y estamos en Berlín.<br/>Se acercó a la ventana, descorrió la cortina, miró la calle. No había nadie a esa hora, las dos o las tres de la mañana.<br/>Fue entonces cuando Daisy A. de Liñares, abrumada por el peso de la verdad, dejó caer la cabeza entre los brazos ateridos y lloró silenciosamente, para no despertar a Liñares, la muerte del amor, anunciada por la muerte del sueño.<br/>Una muerte que veló en secreto durante largos meses a partir de esta noche, dejándose engañar de tanto en tanto por un reflejo de ternura, por unos minutos de sopor, hasta el día en que sobrepuesta del duelo, tomó sin escandalizarse la ya cotidiana pastilla, la valija, el pasaporte, el avión de regreso a Buenos Aires. El asombro, el dolor y las hijas, quedaron con Liñares.<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>*Vlady Kociancich nace en Buenos Aires en 1941. Estudió Letras e inglés antiguo junto a Jorge Luis Borges. Se desempeñó como periodista, crítica literaria y traductora. Como prosista, Kociancich se ha dedicado con igual talento a la escritura de novelas y a la exploración minuciosa y precisa del cuento. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas.<br/>Entre su obra figuran las novelas La octava maravilla (1982), Últimos días de William Shakespeare (1984), Abisinia (1985), Los Bajos del Temor (1992, Premio Sigfrido Radaelli), El templo de las mujeres (1996, finalista del Premio Rómulo Gallegos), y los libros de cuentos Coraje (1971) Todos los caminos (1990, Premio Gonzalo Torrente Ballester, España) y cuando leas esta carta (1998). En 1988 obtuvo el Premio Jorge Luis Borges, otorgado por el Fondo Nacional de las Artes.<br/> <br/> <br/> <br/>*FUENTE: http://www.abanico.org.ar/2007/07/kociancich.mujer.html <br/><br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>EN BUSCA DE UN SUEÑO*<br/><br/><br/> <br/> <br/>*Silvio Rodríguez<br/> <br/> <br/> <br/>En busca de un sueño<br/>se acerca este joven<br/>En busca de un sueño<br/>van generaciones<br/><br/>En busca de un sueño<br/>hermoso y rebelde<br/>En busca de un sueño<br/>que gana y que pierde<br/><br/>En busca de un sueño<br/>de bella locura<br/>En busca de un sueño<br/>que mata y que cura<br/><br/>En busca de un sueño<br/>desatan ciclones<br/>En busca de un sueño<br/>cuántas ilusiones<br/><br/>En busca de un sueño<br/>transcurren los ríos<br/>En busca de un sueño<br/>se salta al vacío<br/><br/>En busca de un sueño<br/>abrasa el amante<br/>En busca de un sueño<br/>simula el tunante<br/><br/>En busca de un sueño<br/>tallaron la piedra<br/>En busca de un sueño<br/>Dios vino a la tierra<br/><br/>En busca de un sueño<br/>partí con mi día<br/>En busca de un sueño<br/>que no hay todavía.<br/> <br/> <br/> <br/>-Enviado para compartir por Maria Bar. mariabarleiva@yahoo.es<br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/> <br/>*<br/> <br/>Queridas amigas, apreciados amigos:<br/> <br/> <br/> <br/>El domingo 13 de abril del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor español Antonio Soler, en el piano Elena Riu (Venezuela). Las poesías que leeremos pertenecen a Manoel Alves Calixto  (Brasil) y la música de fondo será de Perumanta (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!<br/><br/> <br/>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at <br/>(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!<br/><br/> <br/>REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!<br/>Cordial saludo!<br/><br/> <br/>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br/>www.euroyage.com<br/><br/> <br/>Schießstattstr. 44    A-5020 Salzburg   AUSTRIA<br/>Tel. + Fax: 0043 662 825067 <br/><br/><br/><br/> <br/> <br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/> <br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/> <br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/> <br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/> <br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/> <br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/> <br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/> <br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.<br/><br/>Es gratuito publicar ?<br/>En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[EN EL NOMBRE DE DIOS Y DE LA PATRIA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_22.htm]]></link><description><![CDATA[El rifle*<br/><br/><br/><br/><br/>Después de pasar por una dictadura en la que estaba prohibido tener cualquier arma y en la que estuve a punto de tener un serio disgusto por llevar una navaja multiusos en el bolsillo el día aquel de la manifestación, siempre había tenido la necesidad irracional de tener un rifle.<br/>Me sorprendían periódicamente las informaciones que llegaban de Estados Unidos en las que un loco armado se apostaba en una escuela, en un parque o en una estación y con un fusil (a mi me gusta más "rifle"), que había acabado de comprar en una tienda de armas (que era legal allá) se había dedicado a disparar contra todo lo que se movía causando multitud de muertos y otros tantos heridos. El tirador acababa siempre abatido por la policía.<br/><br/>Estoy seguro de que eso ocurría porque los americanos están locos y mal educados, ya que el hecho de tener un rifle no hace perder la cabeza a nadie. Estoy seguro de que si me viera en esta situación sabría perfectamente dominar la ansiedad de disparar.<br/><br/>Parece que haya pasado una eternidad y tan solo fue ayer que llegué a Estados Unidos. Hace mucho calor en lo alto de éste campanario. Las manos me sudan de tanto apretar la culata del rifle que me compré por la mañana. Hay cuerpos en el suelo a lo largo de la calle. Parecía que podría resistirme a disparar, pero tener el poder en mis manos... Ahora me encuentro en el ultimo paso: Ser abatido por la policía.<br/><br/><br/><br/>*de Joan.  joan@cimat.es<br/><br/><br/><br/><br/><br/>EN EL NOMBRE DE DIOS Y DE LA PATRIA...<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Viernes, 04 de Abril de 2008<br/><br/>Armagedón Inc.*<br/><br/><br/><br/>*Por Rodrigo Fresán<br/>Desde Barcelona<br/><br/><br/>UNO<br/><br/>Afuera, en la ciudad, todos miran al cielo y rezan porque caiga la lluvia y que Barcelona se moje para así poner fin a la sequía más grave en medio siglo. Ya han entrado en vigencia normas que establecen multas para el que lave el auto, el que llene la piscina y, dentro de poco, para el que transpire de más. Se viene un verano literalmente ardiente. Los vecinos no quieren que se trasvasen sus ríos para prestar agua y ya se acercan desde el horizonte barcos cisterna cargados con "el precioso y líquido elemento" o "el oro transparente" o lo que prefieran. En un futuro más cercano de lo que creemos, las batallas ya no se librarán en nombre de ese jarabe oscuro que hace correr a los autos y andar a las máquinas sino por el H2O que mueve a los hombres. Literal sed de guerra. "Si el agua hubiera sido inventada después de la Coca-Cola tendría un éxito bárbaro", teorizó alguna vez Bioy Casares, nativo de otro lugar, de otro afuera, del alguna vez llamado "granero del mundo" donde, por estos días, bueno, ya saben...<br/><br/><br/>DOS<br/><br/>Mientras tanto, refiriéndose a un afuera todavía más afuera, George W. Bush insiste en que todo va todo lo bien que cabía esperarse y yo leo un libro sobre el asunto. Un ensayo de esos que lo cuentan todo y que juran decir la verdad y nada más que la verdad y, de golpe y sin anestesia, nos enfrentan <br/>al hecho de que la realidad cada vez es menos realista y cada vez se parece más a una película de los Hermanos Marx. El libro se llama Vida imperial en la Ciudad Esmeralda, está firmado por Rajiv Chandrasekaran y es una de las cosas más graciosas (por todas las razones incorrectas) que he leído en los últimos tiempos. Porque lo que cuenta Chandrasekaran es el modo en que los norteamericanos, luego de la caída de la capital de Irak, fundaron y organizaron lo que se conoce como "Zona Verde": el supuestamente seguro oasis made in USA donde intentan reproducirse absurda, automática y compulsivamente los rasgos más distintivos del american way of life para mantener el buen ánimo de los soldados y para que los hijos de los amigos de Cheney & Rumsfeld & Co. (jóvenes destinados allí para realizar tareas para las que no suelen estar capacitados) no extrañasen las bondades de la patria <br/>durante la catastrófica gestión del virrey L. Paul Bremmer III. Un lugar demencial cruza de Disneylandia con la Freedonia de Sopa de ganso que muy pronto comenzó a ser conocida con un nombre que se refería a otro clásico del cine: Ciudad Esmeralda, aquel lugar donde moraba el supuestamente <br/>todopoderoso pero finalmente insignificante Mago de Oz.<br/><br/><br/>TRES<br/><br/><br/>Y las páginas de la crónica de Chandrasekaran pasaban a varias risas heladas por minuto y en la televisión pasaron No End in Sight, documental de Charles Ferguson cuyo título en español sería Sin final a la vista. Otra de norteamericanos en la Zona Verde. Entrevistas puras y duras a personas que, <br/>en principio, pensaban que estaban haciendo lo correcto pero... Miradas fijas y vacilantes a cámara y palabras que, en ocasiones, cuestan oír por lo que se dice y porque se dice en voz baja y trata más de The War on Error que de The War on Terror. "Sabíamos que había dos o tres maneras de hacer las <br/>cosas bien y unas quinientas maneras de hacerlo mal. Lo que no podíamos imaginar es que iban a ponerse en práctica todas y cada una de esas quinientas maneras", dice allí alguien con el impecable humor negro de ciertos escritores.<br/><br/><br/>CUATRO<br/><br/>Y, sí, mientras yo leía Vida imperial en la Ciudad Esmeralda todo el tiempo se me aparecían los fantasmas de dos de los escritores que mejor narraron la guerra porque supieron ver en ella la posibilidad de contar armoniosamente un caos que desbordaba de posibilidades anecdóticas. Me refiero a Joseph "Catch-22" Heller y a Kurt "Matadero-Cinco" Vonnegut. Heller y Vonnegut marcharon y volaron y fueron bombardeados durante la Segunda Guerra Mundial, esa guerra que marcó a fuego el inconsciente colectivo de los Estados Unidos, una guerra donde fueron buenos indiscutidos e indiscutibles y aquélla en cuya memoria, de tanto en tanto, salen despedidos para caer en sucesivos y cada vez más esperpénticos desastres. La Segunda Guerra Mundial fue la guerra que les tocó sobrevivir para contarla a Heller y a Vonnegut pero -leyendo sus dos novelas más justamente célebres- está claro que tanto uno como otro ya están anticipando y poniendo por escrito a Vietnam y a todo lo que vino y vendrá después. Vietnam es la guerra/estigma/maldición que todavía no ha terminado. Vietnam es la puerta que ya nunca va a cerrarse. <br/>Vietnam queda en el Atlántico Sur, en el País Vasco, en la selva colombiana y en la Zona Verde de Bagdad donde sólo se sirven cereales norteamericanos para así elevar la moral de las tropas.<br/><br/><br/>CINCO<br/><br/>Y no hay mal (la muerte de un genio) que por bien no venga (la publicación de un libro del genio que probablemente el genio no habría publicado nunca). <br/>Y así acaba de salir a la venta Armaggedon In Retrospect: recopilación de textos dispersos, cuentos primerizos, cartas, apuntes (y un apocalíptico último discurso que no llegó a pronunciar) de Kurt Vonnegut sobre su rol en el frente y en la destrucción de Dresde. Y hasta la lista de la compra de <br/>Vonnegut es importante y digna de ser leída; pero lo especialmente interesante de este volumen póstumo es que muestra cómo el escritor decidió no seguir el rumbo natural y reflejo de otros colegas soldados -como James Jones, William Styron, Norman Mailer y, antes, el fundante Ernest Hemingway- para optar por hacer con la materia de la guerra algo muy diferente. Así, cuando alguna vez le preguntaron a Vonnegut por qué no había escrito nada autobiográfico sobre su experiencia como prisionero de guerra, respondió: "Es que fue una experiencia definitivamente pasiva... Mierda, yo no hice nada. Fue a mí a quien le hicieron todo. Así que no es algo acerca de lo que te guste hablar". Cuando, años más tarde, Vonnegut decidió "hablar" al respecto en una novela, bueno, como apuntó un crítico, "le salió algo un <br/>poco raro". Eso "un poco raro" fue Matadero-Cinco.<br/><br/><br/>SEIS<br/><br/>¿Y qué fue lo que hizo a Vonnegut un escritor diferente? Sencillo y complejo: el darse cuenta de la imposibilidad de escribir sobre la Segunda Guerra Mundial (la auténtica "madre de todas las batallas") como si se tratase de una "guerra buena". Lo intentó pero no le salía. Sobre esa "imposibilidad" trata Human Smoke, el polémico y reciente libro de Nicholson Baker subtitulado "Los comienzos de la Segunda Guerra Mundial y el final de la civilización". La tesis del obsesivo y revulsivo Baker -recordar libros como La mezanina o Vox- es, apoyado en fragmentos de información recortada de la época, que entonces hubo malos muy malos (los nazis) y buenos no tan buenos (Roosevelt y Churchill). Y Human Smoke ya ha sido atacado desde varios flancos así como defendido por críticos y lectores que no pueden creer lo que están leyendo porque, por fin, comprenden que toda guerra es básicamente increíble y, aun así, por desgracia, hay tantos graciosos que -en el nombre de Dios y de la Patria- siguen creyendo en ella. El resto, nosotros, aquellos a los que les hacen todo, somos los prisioneros de guerra.<br/><br/><br/><br/>*Fuente: Página/12<br/>http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101812-2008-04-04.html <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>El pánico de la huida considerada ataca de nuevo (un milagro)*<br/><br/><br/><br/><br/>*Rodrigo Fresán<br/><br/><br/><br/> La idea -me explicó ella pocos días después de su llegada- era aprenderse de memoria todos esos lugares del libro de Hopper co­mo si se trataran de oraciones en un libro. Como cuentos cortos. A ella los cuadros de Hopper siempre le habían parecido cuentos. Miraba esas figuras fundidas en sus reposeras, apoyadas contra la horizontal de bares, detenidas en un camino en busca de una ca­sa, buscando una salida o una entrada desde la ventana de una oficina. Aprendía esas paredes blancas y esa insinuación de los océanos creciendo junto a las puertas entreabiertas.<br/>No, no son cuadros, son historias, se decía a sí misma. Puedo leerlas y lo que más me gusta es que no se conforman con ser ape­nas un instante en la inmensidad del tiempo. Ya sé: los cuadros de Hopper es como si tuvieran un antes y un después. Como cuentos, como historias.<br/>Y se reía.<br/>Por eso se prometió no ser "un instante en la inmensidad del tiempo". A veces ella se avergonzaba de las palabras grandilocuen­tes que usaba para pensar, tan diferentes de los monosílabos a los que condenaba toda conversación. A veces decía en voz alta sus pensamientos y algo cambiaba en la perspectiva de la tarde. Por eso hoy está aquí y mañana allá y cualquier foto de ella debería resignarse a salir movida. Por eso sólo Hopper podría hacerle ple­na justicia a su rostro.<br/>Me gusta -para empezar- no decir su nombre, no revelar su identidad.<br/>Prefiero pensarla así, como una leyenda desconocida, como un strannik de la Rusia medieval, un peregrino que se ha suscrip­to de por vida al método hesychat de plegaria que nos es enseña­do en la Philokalia. Así puedo oírla: orando sin cesar en algún lu­gar de la carretera desierta. Señor Jesucristo, <br/>ten piedad de mí, una y otra vez, sin siquiera mover los labios -cinta de Moebius, monó­logo de contestador telefónico- mientras cabalga una Harley Da­vidson con su pelo rubio flameando como una bandera que ha conocido muchas batallas y ha ganado algunas. El walkman car­gado con casetes de Roy <br/>Orbison, el cantante preferido de su pa­dre por razones obvias. El cromo y el acero que atrapa entre sus piernas en franca colisión con el aire que respira.<br/>En serio.<br/>Nunca he visto una mujer más hermosa.<br/><br/>El día en que le regalé la reproducción de Hopper (Rooms by the Sea, 1951) y la colgamos sobre la cama, en la habitación que jamás supuse se convertiría en la habitación de huéspedes. Ese día fue cuando me confesó por qué se movía todo el tiempo, por qué no se quedaba más que unas semanas en cada lugar, por qué volvía a cerrar su mochila y salía disparada como un espejismo ruidoso.<br/>Si me mantengo en movimiento, dijo ella, La Cosa no va a en­contrar un lugar de dónde agarrarse y tal vez así pueda ganar al­go de tiempo y derrotarla.<br/>Nunca la había escuchado decir tantas palabras seguidas. De­bo confesar que el asombro pudo más que la curiosidad y me pa­reció de mal gusto preguntar de qué era "La Cosa" y de dónde iba a "agarrarse".<br/>Enseguida, como si se diera cuenta que había hablado dema­siado, se cubrió hasta las cejas con la frazada y cerró los ojos y di­jo: "Papá siempre viajaba todo el tiempo y a mí se me debe haber pegado... Aunque nos perseguían cosas diferentes".<br/>Y yo apagué la luz y salí del cuarto.<br/><br/>Ayer me dijo que una de las evidencias incontrovertibles de que el mundo estaba llegando a su fin era que en su Penguin Dic­tionary English-Spanish / Spanish-English figuraba la palabra "reloco".<br/>Lo sacó de su mochila -ese lugar que parece no tener fondo o por lo menos contar con una docena de pasadizos secretos- y me lo mostró. Edición de bolsillo muy usada. Página 425. Reloco: crazy, crackers, bananas, bonkers.<br/>Le dije que no veía la conexión.<br/>Me explicó con un suspiro resignado, me explicó pensando en voz alta que "una cultura que se resigna no sólo a buscar una pa­labra para la demencia sino que, además, se preocupa por aumen­tar la intensidad de su poderío, bueno, ha perdido toda esperan­za en el futuro".<br/>Le dije que sí, que ahora entendía. Lo que no me quedaba del todo claro era por qué insistía en mantenerse en movimien­to si todo estaba perdido, por qué no quedarse a esperar el fin de todos los días en un lugar agradable o, por lo menos, conocido.<br/>No hay nada más trágico que resignarse a esa idea: que el ina­pelable destino de toda la humanidad deba ser el mismo que el de una insignificante persona, me respondió ella con la más tris­te y sabia de las sonrisas.<br/><br/>Llegó hace tres días. Detuvo su motocicleta frente a la cabaña y me pidió si podía darse un baño. Ofreció pagar. Le dije que no hacía falta. Se metió en el baño con su mochila milagrosa y, casi dos horas más tarde, salió en un vestido de lino blanco. Que no tuviera una sola arruga se debía, sin duda, a <br/>las propiedades má­gicas de su mochila.<br/>Me dijo que le gustaba mi casa, que el paisaje era limpio y que uno se acostumbraba enseguida al silencio del lugar. Por eso se había quedado tanto tiempo en la bañadera. Me pidió que la dis­culpara por eso, pero que hacía mucho se había resignado a du­chas apresuradas en terminales de ómnibus y estaciones de tren; que la visión de una bañadera grande y rebosante de agua calien­te le pareció una tentación imposible de rechazar.<br/>Le dije que la entendía a la perfección.<br/>Me gusta mi bañadera. Es uno de esos piletones de loza anti­gua, apoyado sobre las garras de un dragón benigno. Uno de esos valles blancos que parecen haber sido diseñados con mucha más sabiduría que cualquiera de los valles de este mundo.<br/>Ella salió a la galería que rodea la casa, estiró los brazos, hizo crujir sus dedos por encima de su cabeza y sonrió. Igual, casi igual, dijo. Y sin darme tiempo a preguntarle a qué se refería fue hasta su mochila y sacó un libro con reproducciones de un pin­tor norteamericano llamado Edward Hopper.<br/>Buscó un cuadro para mostrarme. Tenía razón; el paisaje y mi casa dentro del paisaje eran casi iguales a ese cuadro del libro. Sólo que no pasa ningún tren junto a mi casa, me excusé. Mejor todavía, dijo ella.<br/>Me invadió una rara forma de felicidad. O tal vez era una felicidad perfectamente normal y lo que descubría era que, bueno, hacía tanto tiempo que no era feliz.<br/>Soy feliz porque creo que ella va a quedarse, pensé entonces.<br/><br/>Nos movíamos por la casa sin entrometemos nunca en el ca­mino del otro, sin superponer nuestras voces. Cuando uno habla­ba, el otro se sentía encantado de escuchar. Y todas y cada una de nuestras actividades -que en un principio parecían completamen­te imposibles de conciliar- pronto parecieron reconocer una coreografía común y una correspondencia secreta por la que nos de­jábamos llevar con el mismo placer que otros se entregan al abrazo imprevisto de una ola o al vértigo anticipado de una mon­taña rusa.<br/>No tardé en descubrir que la interrupción de una rutina por una forma diferente de rutina puede ser una de las tantas versio­nes del paraíso.<br/>No había libros, ni radio, ni televisión y el pueblo más cerca­no -desde donde me traían provisiones una vez cada quince días-­ quedaba a cincuenta kilómetros.<br/>Me disculpé por eso como si fuera mi culpa.<br/>A ella le pareció perfecto, la situación ideal.<br/>Necesitaba separarse un poco del mundo antes de volver al mundo, me explicó.<br/>En algún momento me sugirió que nos contáramos partes de nuestras vidas o mentiras que funcionaran como recuerdos de esas vidas.<br/>Fui el primero en mentir: le dije que mi vida no había sido in­teresante pero que lo interesante era que yo me había propuesto que así lo fuera. Por lo tanto, continué, he tenido la más intere­sante de las vidas para mí y la más estúpida de las existencias pa­ra los demás.<br/>Se rió como si no me creyera demasiado pero con la conside­ración que merecía semejante respuesta. No quiso saber más; en cambio, pareció pensar cuáles episodios dispersos ofrecerme de su biografía.<br/>Me va a venir bien pasar las cosas en limpio, dijo. Lo bueno de contar historias es que se gana tiempo, continuó; de una ma­nera u otra siempre se cuentan historias para ganar tiempo.<br/><br/>Hace tanto que no veo a mis padres, dijo después; mi madre desapareció en una fiesta el 31 de diciembre de 1999. Siglo nue­vo, vida nueva. Era hermosa mi madre, pero estaba un poco loca. En eso debo haber salido a ella. El otro día leí en algún lado un proverbio swahili: "Las hijas de los leones son leones también". Acá tengo una foto de ella. Mi padre... nunca se recuperó del gol­pe. Se habían juntado y separado varias veces. Pero creo que, es­tén donde estén, todavía se aman, a su manera. Como leones. A mi padre hace mucho que no lo veo. Un día dejó todo y se fue a vivir a la finca de la familia. Acá tengo una foto.<br/>Es una foto vieja: un padre antes de siquiera pensar en ser pa­dre, vestido de soldado, mirando a cámara, como se mira a un pe­lotón de fusilamiento, como se mira la última página de un libro que no se quiere terminar.<br/>Durante un tiempo viví con un científico, me dijo otra noche. Un tipo que quería aislar a Dios. Decía que Dios era un virus. O una célula. O una neurona. O una enfermedad. O un cromosoma. No sé; algo por el estilo. Decía que los que creían en Dios tenían abundancia de eso en la sangre. O en los huesos. O en el cerebro. O en algún lado. Y los que no creían eran inmunes al virus, o ca­recían de ese cromosoma, y no podían ser contagiados. Estaba se­guro de eso. Lo que le interesaba era aislar a Dios e inyectárselo a <br/>personas que no creyeran para ver qué pasaba. Quería ver en qué mutaba un agnóstico terminal al ser inyectado. Quería ver si una dosis masiva de Dios capacitaba a alguien para hacer milagros. Ca­minar sobre las aguas y esas cosas. Quería ver si un Dios inyecta­ble era el remedio para todos los males <br/>de este mundo. Un día tu­ve la pésima idea de contarle que, cuando yo era chica, pensaba que Dios era una gran tortuga y que nosotros vivíamos en su ca­parazón y que Dios asomaba su cabeza de vez en cuando. Enton­ces me preguntó si yo creía en Dios. Le contesté que a veces sí y que a veces no. <br/>Nos separamos a los pocos días.<br/><br/>Estamos entrando en la temporada de las lluvias, y con las llu­vias mi humor cambia. Ahora que está ella, descubro que estos cambios se me notan.<br/>Ella me pregunta qué me pasa, por qué estoy distinto.<br/>La lluvia; me pone nervioso, le contesto. El agua en movi­miento me pone nervioso.<br/>Me pregunta por qué.<br/>Cuando era chico casi me ahogué, le miento.<br/><br/>Alguna vez leí que Jesucristo había aparecido en forma de ár­bol, dijo ella varias noches más tarde. En un sic amaro en la pla­za central de un pueblo llamado Canciones Tristes.<br/>Fue hasta su mochila, sacó el recorte y me lo mostró. Un dia­rio local de hace un par de años.<br/>Fue en la época esa que Jesucristo aparecía por todos lados y todo el mundo veía a Jesucristo, dijo. Fue durante los primeros días del siglo XXI. <br/>Jesucristo estaba de moda y las mejores fiestas eran aquellas donde Jesucristo decidía aparecer. Había agencias que alquilaban Jesucristos. Rent A Jesus. Actores sin trabajo. O tal vez fueran los mismos que hacían de Santa Claus en Navidad. Se ponían a dieta y volvían a engordar cuando llegaba diciembre. Bueno, dijo, la cuestión es que yo había estado en Canciones Tris­tes cuando era chica. Así que me subí a la moto, viajé dos días, y ahí estaba el árbol. Rodeado de personas que decían "ah" y "oh" y "tiene los brazos extendidos" y "parece estar llorando" y "yo me lo imaginaba con la nariz más chica". Todo el mundo veía a Jesu­cristo en el árbol, pero nadie parecía tener ganas de preguntarse por qué Jesucristo iba a querer aparecer en un árbol. Pensé que, tal vez, mi científico tenía razón: Dios era un virus, después de to­do. Había una epidemia en Canciones Tristes: gente rezando a los pies del árbol y velas encendidas y ofrendas. <br/>Un chico me dijo que la primera en verlo había sido una nena ciega. La nena iba ca­minando de la mano de su padre y de golpe señaló el árbol sin verlo y exclamó: "iPapi! iPapi! ¡Veo a Jesús!". De verdad era raro, le dije. Un árbol aparece en medio de la noche donde antes no había nada y es descubierto por una nena ciega. El chico me dijo entonces que no, que el árbol siempre había estado ahí. Ah, le di­je yo, pero antes tenía otra forma. No, el árbol siempre había si­do igual. Le dije que no entendía. Me dijo que la gran diferencia era que el árbol ahora era Jesucristo. Fui a buscar un teléfono pú­blico para llamar a mi científico. Me atendió una mujer. Corté sin decir nada, mientras me preguntaba si ella creería todo el <br/>tiempo en Dios.<br/><br/>Ayer no se levantó en todo el día. La puerta de su cuarto esta­ba cerrada con llave. Le pregunté si se sentía bien. Me dijo que sí pero que necesitaba pensar, estar sola, que por favor pusiera su motocicleta a cubierto si empezaba a llover.<br/>Le dije que no se preocupara: Dios protege a todas las moto­cicletas.<br/><br/>A la mañana siguiente se levantó antes que yo. La oí cantar mientras preparaba el desayuno en la cocina. No quise interrum­pirla. Me quedé en la cama, intentando atrapar las palabras que de tanto en tanto se desprendían de la melodía.<br/>Cuando entré en la cocina la encontré ligeramente cambiada. Tan parecida a él. Sí, ya me había mostrado la foto. Pero fue re­cién entonces cuando supe que era ella. Que las casualidades no son -como miente el diccionario- "combinaciones de circunstancias imprevistas o azarosas".<br/>No, las casualidades son un idioma que no se enseña y que unos pocos aprenden en el momento menos pensado. Yesos po­cos a quienes se les revela el secreto de este lenguaje quedan pri­sioneros de él para siempre. Fue entonces cuando toda mi vida pasó frente a mis ojos y descubrí que nada había sido casual, que todo era parte de un plan preestablecido que me había conduci­do a este momento y a esta mujer.<br/>Por un momento me mareé y me apoyé en el respaldo de una silla.<br/>      ¿Qué te pasa?, me preguntó ella.<br/>      Debe ser la edad, respondí yo.<br/>¿Cuántos años?, quiso saber.<br/>Depende del día y de la hora del día, le contesté.<br/>Nos reímos los dos.<br/>Y, fingiendo a la perfección que disfrutaba una taza de café, me senté a esperar instrucciones o casualidades que, estaba segu­ro, no tardarían en enviarme desde algún lado.<br/><br/>Cuando me fui de Canciones Tristes, continuó ella como si se tratara de otra escena de una misma película, me detuve para llevar a un tipo que hacía dedo sentado en un banco de la plaza. No sé por qué paré, nunca llevo a nadie. Bah, sí sé. El tipo era igual a Jesucristo. Podría haberse hecho millonario <br/>como un Je­sucristo de alquiler. O no. Era demasiado creíble; quiero decir, no era un Jesús perfecto como el de las estatuas y el de las igle­sias. Era bajito. Sí, ya sé. Todos los estudiosos dicen que Jesucris­to era bajo, pero el problema de este Jesús era que parecía dema­siado... demasiado... terrestre. Creo que el tipo se daba cuenta y por eso trataba de parecerse lo menos posible a Jesús. Estaba ves­tido con una de esas camperas de esquiador, tenía el pelo recogi­do en una trenza y usaba anteojos negros. <br/>Dijo que iba cerca, a un hotel con un nombre largo. Algo de los Santos. <br/>Tenía que ir a retirar una valija que había guardado en el depósito. Ahora que lo pienso, tal vez lo llevé porque me divirtió toda esa gente co­mo hipnotizada por un árbol donde veían a Jesús mientras, a po­cos metros, tenían un tipo mucho más parecido a Jesús que cual­quier árbol, ¿no? Lo más gracioso es que llegamos a este hotel rarísimo y enorme justo en el momento en que se estaba incen­diando y un tipo salía gritando algo sobre la comida del hotel. Le dije al hombre parecido a Jesús que mejor no entrara. Me dijo que no había problema, que estaba acostumbrado a estas cosas y que estaba dispuesto a pagarme con la respuesta a cualquier pre­gunta, que le preguntara lo que quisiera. Le pregunté si Dios exis­tía. Me contestó que lo importante no es que Dios exista sino que es un gran personaje. Le dije que eso no era una respuesta. Me contestó que lo mío, si lo pensaba un poco, tampoco era una pregunta.<br/>Ayer por la noche ella se desmayó mientras desarmaba el mo­tor de su motocicleta. La llevé a la cama. Cuando abrió los ojos me dijo que se alegraba de verme, que en el momento en que se desmayaba pensó que no iba a verme más.<br/>Le pregunté si ya le había pasado antes.<br/>Me dijo que no, pero que tal vez Dios la haya contagiado fi­nalmente. O tal vez fuera hora de ir empezando a creer, por las dudas. Que tal vez hubiera algo del otro lado.<br/><br/>Hoy ella me contó la historia más corta de todas.<br/>Jesús se le apareció a papá y le dijo que esa noche hiciera el amor con mi mamá y así fui concebida, me dijo.<br/>Me quedé esperando el resto de la historia y ella me gritó que qué esperaba, que eso era todo, que dejara de mirarla así. Y se le­vantó y salió a la galería a fumar un cigarrillo.<br/>Después me pidió disculpas sin demasiada convicción, del mismo modo en que uno se disculpa cuando pisa a su pareja du­rante un baile.<br/>Le pregunté por qué todas las historias de su vida tenían que ver con Dios y Jesucristo.<br/>Sin darse vuelta me contestó que esa era una pregunta muy es­túpida y que ella no era un Rent A Jesus.<br/>Hay mujeres, pensé entonces, a las que recién se las conoce del todo cuando se las oye llorar de espaldas por primera vez.<br/><br/>Sueño que ella es una heroína en medio de la tormenta atada al mástil de un barco fuera de control. Truenos y rayos y marine­ros entregándose a la desesperación de un naufragio sin tierra a la vista y ella atada al mástil. <br/>Atada al mástil, la pálida heroína as­ciende a los cielos.<br/><br/>Me despierto y sé exactamente lo que debo hacer. Alguien me dicta en voz baja todos y cada uno de mis movimientos. Alguien a quien no puedo ver pero escucho claramente.<br/>Nunca desconfíes de lo invisible.<br/>Su mochila es una prueba irrefutable de que hay otras dimen­siones que, de vez en cuando, interceptan con la nuestra. Lo que quiero decir es que no pueden entrar tantas cosas en tan poco es­pacio. Esta noche descubro algo que las otras noches, estoy casi seguro, nunca estuvo allí y que ahora se ha materializado como por arte de magia: un corto cilindro de plástico negro.<br/>Lo abro y extraigo un rollo de radiografías con una etiqueta y el nombre de ella escrito a máquina. Las miro a contraluz y ahí está la respuesta. Ahí está "La Cosa" que la mantiene en constan­te movimiento para no ofrecer un lugar "de donde agarrarse".<br/>Lo más extraño de todo es que lo que veo no deja de ser her­moso. Porque algo me permite ver más allá de lo que muestran las fotografías. Algo me permite ver ahora dentro de ella durmien­do en la habitación de al lado: los finos trazos de la metástasis es­cribiendo su organismo con la más elegante de las caligrafías, la sorpresa de sus médicos cuando descubrieron que había huido del hospital, la fecha de vencimiento al final del camino.<br/>Oigo un ruido a mis espaldas y me doy vuelta y ahí está la mu­jer más hermosa que vi en mi vida, desnuda, y con el rostro cu­bierto por una extraña máscara que, seguramente, escondía en al­guno de los pliegues <br/>espacio-temporales de su mochila.<br/>A pesar de no verle los ojos, nada me cuesta adivinar que es­tá llorando y que no está mal que así sea.<br/>No me sacaba nunca esta máscara. Cuando era chica. Es una tortuga. Una de las cuatro Tortugas Ninja. Donatello. Todavía me la pongo. De vez en cuando. <br/>Cuando me ataca, como decía mi padre, el Pánico de la Huida Considerada.<br/>Esto es lo que dice Selene.<br/><br/>Un día, tanto tiempo atrás, cuando yo tenía ocho años de edad, mi tía Ana me llevó a ver una película de dibujos animados llamada Fantasía.<br/>Escobas fuera de control.<br/>El aprendiz de brujo.<br/>Vi una y otra vez El aprendiz de brujo (el resto de la película nunca me interesó demasiado) y seguro que se han encontrado más de una vez con un amigo íntimo o un perfecto desconocido que les habrá dicho que cierta película "me cambió la vida, en serio".<br/>No les crean a ellos. Exageran. Tengan en cambio -aunque apenas me conozcan desde un par de días atrás o quizá desde al­gún tiempo- la infinita gentileza de creerme a mí.<br/>Porque ese episodio de una película llamada Fantasía cambió mi vida y -de algún modo y sin siquiera proponérmelo- las vidas de todos aquellos que me rodeaban.<br/>Antes de desaparecer -de hacerme invisible para todos aque­llos que me habían conocido- supe que era demasiado podero­so... o diferente... o que no encajaba en el esquema general de las cosas. Supe que podía llegar a ser peligroso. Supe que lo me­jor era esfumarme sin aviso alguno, sin motivo aparente, como por -sí- arte de magia.<br/>No creo haber solucionado nada.<br/>Simplemente desaparecí.<br/>No hubo nuevas fotos mías y así, con los años, acabé siendo tan sólo esas viejas fotos.<br/>Cuando esas fotos perdieron sus colores o, sencillamente, se perdieron, conocí el raro privilegio de dejar de ser incluso ese recuerdo para empezar a ser corregido de maneras siempre dife­rentes.<br/>Hasta las locuras que habían convertido mi juventud en leyen­da dejaron de ser verosímiles y pronto fueron rumores de viento sobre cuya verdad nadie se atrevería a jurar ni siquiera por un pe­rro llamado Fido. Pronto fui perfecto en la memoria de los otros.<br/>Nadie que me conoció entonces podría reconocerme ahora. He cambiado y está bien que así sea.<br/>Lo extraño es que, de proponérmelo, yo podría reconocer hoy a todos aquellos que poblaron mi pasado, por más que sus rostros hayan cambiado tanto como el mío.<br/>Un par de años atrás, sin que él se diera cuenta, compartí el camarote de un tren con mi hermano menor Alejo. Me pidió ocupar la cama de abajo. "Siempre me caigo de la de arriba...", me explicó.<br/>Hablamos toda la noche -Alejo parecía haber extraviado en algún momento o lugar la definición de la palabra sueño-, conver­samos apenas iluminados por el resplandor intermitente de esta­ciones cuyos nombres ignorábamos y de trenes cuyos destinos no nos interesaban. Me mintió que era feliz, que su <br/>esposa lo amaba más que a nadie en el mundo y que su hija era una exitosa abo­gada. No habló de su hermano mayor. Ni siquiera para mentir otro poco. <br/>Entonces comprendí que era mejor no revelarle mi identidad. Cuando las personas desesperadas ni siquiera te inclu­yen en sus mentiras significa que nada desean más en la vida que el olvido o tu inexistencia.<br/>La tarde en que desaparecí -la tarde en que dejé de existir pa­ra casi todos menos para Alejo-, recuerdo que llovía como en la Biblia y el mundo me pareció, de improviso, repleto de infinitas posibilidades. Me rendí ante su fuerza, había voces en esa lluvia, me dejé llevar por un torrente de palabras en el agua. Órdenes que se superponían impidiéndome discernir la perfección y la se­guridad de un mensaje claro, de un mandato digno de ser ejecu­tado. Semanas atrás me había ocurrido lo mismo en Londres, en un <br/>restaurante.<br/>Con el correr del tiempo sólo volví a sentir lo mismo apenas dos o tres veces. No me pidan que explique cómo se siente. Diga­mos que es lo más parecido a tener una lamparita encendida flo­tando dentro de un globo por encima de la cabeza. Como en las historietas.<br/>Tuvieron que pasar todos estos años, tuve que intentar desci­frar en vano la verdad bailando bajo tantas lluvias -monzones en el Pacífico, huracanes en el Golfo, tempestades en las montañas- ­para encontrarme con esta mujer llamada Selene y con esta lluvia que ahora entiendo hasta en la más secreta de sus inflexiones con una sabiduría que trasciende por encima de la frontera de unos pocos minutos dorados.<br/>Dios no es un árbol. Dios no es un virus. Lo único que im­porta es que, exista o no, Dios es un gran personaje. Un persona­je digno de ser imitado.<br/><br/>Ahora llueve, llueve y salgo y camino bajo la lluvia y Selene duerme.<br/>Miro al cielo y abro la boca para que entren en mí todas esas palabras que no son tantas pero se repiten una y otra vez como si no estuvieran del todo seguras, como si quisieran cerciorarse de que me las he aprendido de memoria, que las llevaré tatuadas en mí hasta el día que me muera y que no me moriré hasta po­der llevar a cabo su piadoso designio. Porque al final de una lar­ga espera se me ha honrado con la posibilidad cierta de un mi­lagro.<br/>Miro a los cielos, muestro los dientes, alzo mi puño y grito: "¡Sí, voy a curarla!".<br/>Y juro una y otra vez, aunque no sea necesario, por el solo placer de jurar hacer algo de lo que me sé capaz. La lluvia me cree y comienza a amainar y ahora la bofetada del diluvio cambia a ca­ricia de llovizna.<br/>Comprendo que -después de tanto tiempo y de tantos paisa­jes- he conseguido detener la infernal danza de todas esas esco­bas por mis propios medios, sin ayuda alguna.<br/>Recuerdo las palabras que había leído en un libro mucho tiempo atrás: "No hay coincidencias. Ese término es sólo utiliza­do por gente ignorante. Todo en el mundo está hecho de electri­cidad. Y, si son lo suficientemente poderosos, los pensamientos de un hombre pueden cambiar al mundo que lo rodea".<br/>Ahora pienso en mí como el fantasma de esa electricidad, el cable conductor, la poderosa máquina de donde brotan todos los relámpagos.<br/>Por eso me quedo ahí, bajo la lluvia. En el lugar exacto que -de ser posible el trazado de un mapa con tal fin- resultaría ser el centro mismo del universo. Consciente por primera vez de que nunca les dije mi nombre, que nunca les describí mi rostro o les revelé mi color preferido.<br/>Creo que no es importante y ya es hora de dormir.<br/>Léanme como a un cuadro de Hopper. Como a alguien que siempre tuvo un antes y que ahora descubre la posibilidad de un después.<br/>No me pidan mucho más que esto.<br/>Confórmense entonces con el modo en que se me describe por estos lados.<br/>Cuéntenle a sus amigos que yo soy "ese tipo que sonríe todo el tiempo... ese que camina como si flotara a un centímetro del suelo".<br/><br/><br/><br/><br/>*Rodrigo Fresán nació en Buenos Aires, Argentina, en 1963. Ha ejercido el periodismo en numerosos medios, escribiendo sobre gastronomía, música, crítica literaria y cine.<br/>Su primer libro, Historia Argentina, fue elegido por la crítica como la revelación narrativa de 1991, y publicado en España y Francia. Varios cuentos de ese libro aparecieron en diversas antologías en Argentina, España, Inglaterra, México y Venezuela.<br/>La velocidad de las cosas fue una de las mejor novelas argentinas publicadas en 1998. Y su última novela, Jardines de Kensington  ha cosechado encendidos elogios.<br/>Actualmente reside en Barcelona. Entre sus obras podemos citar: Historia argentina, 1991; Vidas de santos, 1993; Trabajos manuales, 1994; Esperanto, 1995; La velocidad de las cosas, 1998; Apuntes para una teoría del lector; Mantra,2001; Jardines de Kengsington, 2004.<br/><br/>*Fuente: http://www.abanico.org.ar/2007/03/fresan.panico.html<br/><br/><br/> <br/><br/><br/>Cazador*<br/><br/><br/><br/>Disparador de mis sueños<br/>Catalizador de mis angustias<br/>Escultor de mis deseos<br/>Descifrador de enigmas<br/>Creador de la sensualidad<br/>Más íntima, inimaginable...<br/><br/><br/>Disfraces de la vida<br/>Que encubre miles<br/>De sensaciones<br/>De sentidos profundos,<br/>Intensos, <br/>Que se dibujan<br/>Al desnudo de <br/>Nuestros encuentros,-<br/><br/>                                   <br/><br/>*de Azul.  azulaki@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>*<br/><br/><br/>Queridas amigas, apreciados amigos:<br/><br/><br/>El domingo 6 de abril del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Alcyr Guimaraes. Las poesías que leeremos pertenecen a Christiano Whitaker (Brasil) y la música de fondo será de Bandolas de Venezuela (Venezuela). ¡Les deseamos una feliz audición! <br/><br/><br/>ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at <br/>(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! <br/><br/><br/>REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!<br/>Cordial saludo! <br/><br/><br/>YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.<br/>www.euroyage.com <br/><br/>Schießstattstr. 44     A-5020 Salzburg    AUSTRIA<br/>Tel. + Fax: 0043 662 825067 <br/><br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.<br/><br/>Es gratuito publicar ?<br/>En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item><item><title><![CDATA[EDICIÓN MARZO...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/eduardocoiro/c_21.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>INVENTIVASocial <br/>Edición MARZO 2008<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/><br/><br/><br/><br/>El sobreviviente*<br/><br/><br/><br/>Ellas marcharon por última vez<br/>secaron espinas de sus pies llenos de Plaza<br/>maratón impostergable de los jueves<br/>lo buscado aún no regresa<br/>tal vez se encuentre bajo tierra o al fondo del mar<br/>tal vez no existe solaz ni cielo<br/>sólo una tregua<br/>pañuelo blanco desplegado<br/>bandera de mi país<br/>alumbrando el grito silencioso<br/>la búsqueda del retoño<br/>la palabra sin mordaza<br/>sin capucha comenzó a gatear la justicia<br/>probando equilibrio nos pusimos de pie.<br/>Con unas Madres desconocidas y locas<br/>aprendimos cómo se camina desde la Plaza de Mayo.<br/>Jamás importó el frío la lluvia ni el miedo<br/>el desafío era no olvidar.<br/>Y está ileso.<br/><br/><br/><br/><br/>*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar<br/><br/> <br/><br/><br/><br/><br/><br/>TRÍPTICO III*<br/><br/><br/><br/>Sostiene a mi barca ósea una mar de sueños*<br/><br/><br/>Ahondo la mirada tras las señales.<br/>No me quedo en ellas.<br/><br/>Voy hacia lo que las produce.<br/>Hacia lo oculto.<br/><br/>Mis sensaciones se asombran cautelosas.<br/>Es una mar de sueños.<br/><br/>Cauteloso, voy navegando con mi barca ósea.<br/>Voy cruzando el día.<br/><br/>Navego sueños posibles, sueños no soñados<br/>Sueños de olvidos y de regresos.<br/><br/>Es la mar de los sueños del mundo.<br/>Es la mar donde navego<br/>Donde el día permanece<br/>Donde lo cruzo.<br/><br/>Sostiene a mi barca ósea una mar de sueños.<br/><br/><br/><br/><br/>Luna no conquistada*<br/><br/><br/><br/>El idiota que burbujea palabras<br/>o el inventor del invento,<br/>el que abre sus manos con aves flamígeras<br/>o el decorador de horizontes no dibujados,<br/>el que mata por derecho o por matar,<br/>el suicida<br/>el bien informado<br/>el enfermo de sol y arena<br/>el que simula vuelos que no tiene<br/>el que al cerrar los ojos no los cierra.<br/>Todo hombre sin importar rango,<br/>color, genética, continente, lengua,<br/>océanos atravesados, guerras hechas y por hacer,<br/>lunas conquistadas, colonias sometidas,<br/>sueños devorados, palabras inconclusas,<br/>gestos alucinados...<br/>Todo hombre, alto, flaco, bajo, gordo,<br/>atlético, deforme, sedentario.<br/>Todo hombre es una señal habitable,<br/>es un cosmos, es dios en su seno,<br/>es la terrible soledad de saberlo,<br/>es la libertad invernando,<br/>es la duda que mora en la respuesta,<br/>es la verdad inconclusa,<br/>es un cielo a dibujar, es una luna no conquistada.<br/><br/><br/><br/><br/>Poema sin ton ni son*<br/><br/><br/>Subiré las escaleras para encontrar mi rostro.<br/>¡Rascacielos! ¡Rascacielos! Gritaré<br/>y la honda cicatriz del desparpajo<br/>            se abrirá.<br/><br/>Carcajada de loco embriagará las palabras<br/>El descalabro del alfabeto será inminente.<br/><br/>Nada impedirá que me trepe a una nube<br/>            a su azotea<br/>y salude a los ángeles diseminados<br/>como fáciles remiendos de la mística.<br/><br/>Treparé por los pies de una mujer<br/>            poro a poro<br/>para hundirme en su boca<br/>y cuando encuentre el espejo que me anida<br/>            gritaré<br/>gritaré hasta el cansancio<br/>            hasta la agonía misma.<br/><br/>Recién allí, cuidadosamente demente<br/>extenderé mis manos imitando pájaros<br/>            y anudaré el silencio.<br/><br/><br/><br/>*de OSCAR A. AGÚ cachoagu@yahoo.com.ar<br/>Con un abrazo, desde Santa Fe -Argentina-<br/>  <br/><br/><br/><br/>*<br/><br/>Vértigo:<br/>Como en una <br/>“vuelta al mundo”<br/>de un parque antiguo de diversiones<br/>en los que te dejaban un rato<br/>allí arriba<br/>y la silla se bamboleaba<br/>y el estomago se subía a la garganta,<br/>cuando me asomo al BALCON<br/>buscándote, esperándote<br/>aún tengo la misma sensación<br/>es como un ir y un venir<br/>un llamarte y un llamado misterioso<br/>entre el miedo y la aventura<br/>la espera y la desesperación<br/>no puedo estar más de –creo-<br/>un solo minuto<br/>porque  el estremecimiento <br/>embriaga y atormenta<br/>esa poderosa atracción<br/>que arrastra  tocar el vacío<br/><br/>*de Azul. azulaki@hotmail.com<br/><br/><br/><br/><br/>POEMAS DE Gerold SCHODTERER<br/><br/> <br/><br/>¿PODEMOS SER VERANO SIEMPRE?[1]<br/> <br/><br/><br/>Primero un soplo, después siempre más recio<br/>amarillo, rosa, verde, blanco, rojo, azul, violeta.<br/>Cantos de aves después del silencio.<br/> <br/>Primavera.<br/> <br/>Los primeros capullos aparecen.<br/>Ha llegado el tiempo de mirar alrededor.<br/>Posibilidades insospechadas.<br/>Tiempo para el arranque.<br/>Tiempo de desarrollarse.<br/>Comenzar cosas nuevas planeadas desde antes.<br/> <br/>Prosperidad abundante.<br/>Calor.<br/>Torrente de vida que se regala.<br/>El olor a heno.<br/>Susurros de viento en las coronas de hojas poderosas.<br/>Cortina brumosa, sofocante<br/>delante de las líneas dentadas de las cimas.<br/> <br/>Verano.<br/> <br/>Fuerza única desbordante, pulsante tiempo de madurez.<br/>Tiempo para los quehaceres.<br/>Tiempo para realizaciones y crecimientos.<br/>Tiempo para el concierto de los grillos.<br/> <br/>Los primeros hilos invisible en el rostro.<br/>Noches frías – hileras de niebla.<br/>Colores fuertes de la madurez.<br/>Colores solemnes, impresionantes de lo que se va muriendo<br/>como un signo del ciclo eterno, discretos,<br/>los capullos ya preparados para el nuevo comienzo. <br/> <br/>Otoño.<br/> <br/>Tiempo de la cosecha.<br/>Tiempo de almacenar reservas.<br/>Tiempo de invertir para el futuro.<br/>Tiempo de paladear las frutas.<br/>Tiempo para un agradecimiento con ojos eleveados.<br/>Tiempo de prepararse para el silencio.<br/> <br/>Silbidos helados a través de la maraña extravagante de ramas<br/>De gigantes coronados de negro.<br/>Ruidos como graznidos,<br/>seguidos de trémolos negros.<br/>Hálito visible, frescor helado delante de los ojos.<br/>Edredón que protege el sueño.<br/> <br/>Invierno.<br/> <br/>Tiempo para el descanso.<br/>Tiempo para econtrarse, para meditar.<br/>Tiempo para dejar madurar ideas y planes.<br/>Tiempo de vaciarse para lo nuevo.<br/><br/> <br/> <br/><br/><br/>EL SER INTERIOR[2]<br/> <br/><br/><br/><br/>Ser libre comienza en el interior<br/>bien adentro,<br/>donde todas las voces afinan,<br/>donde existe claridad, sabiduría, verdad,<br/>donde fluye el río de la unidad.<br/>Donde nuestro ser,<br/>que llamamos también fuerza primigenea,<br/>espera a que,<br/>nosotros la reconozcamos.<br/><br/> <br/> <br/><br/><br/>JUNTOS[3]<br/><br/> <br/><br/>Es el fuego<br/>en las tinieblas de la noche<br/>la luz,<br/>que colocado sobre toda oscuridad<br/>que a nosotros con su calor,<br/>su brillo custodia<br/>y nuestro camino<br/>hasta el horizonte ilumina.<br/> <br/> <br/>Están en nosotros las tinieblas,<br/>el fuego y la luz<br/>y nuestro libre albedrío<br/>nos deja espacio para jugar,<br/>si ambos fuegos en nosotros<br/>rompen la oscuridad,<br/>estamos entonces preparados,<br/>para sentir la brasa del amor.<br/> <br/> <br/><br/><br/><br/>AGRADECIMIENTO<br/> <br/><br/><br/>Padre, te agradezco,<br/>que me has educado.<br/> <br/>Padre, te agradezco,<br/>que un hogar me has construido.<br/> <br/>Padre, te agradezco,<br/>que no me has mentido.<br/> <br/>Padre, te agradezco,<br/>que siempre en mí has confiado.<br/> <br/>Padre, te agradezco,<br/>Que mi vida has modelado.<br/> <br/>Padre, te agradezco,<br/>que como un hijo me has tratado.<br/> <br/>Padre, te agradezco,<br/>que la libertad me has regalado.<br/> <br/>Padre, te amo,<br/>ahora en la vida andar puedo.<br/> <br/> <br/><br/><br/><br/>E-LIMINAR<br/> <br/><br/><br/><br/>Soltar<br/>significa dejar salir<br/>mediante sufrimientos,<br/>lo estancado<br/>en nuestro corazón.<br/> <br/> <br/>Lo retenido<br/>parirlo como a un niño.<br/>La represa<br/>interior vaciarla.<br/> <br/> <br/>Para llenarla con fuentes frescas,<br/>ser transparente,<br/>saciado por Dios.<br/> <br/> <br/><br/><br/><br/>INTROSPECCIÓN<br/> <br/><br/><br/>Si estás en el camino de la búsqueda,<br/>puedes entonces encontrar,<br/>puedes más y más<br/>de los pesamientos rígidos<br/>liberarte,<br/>aprendes a ser transparente,<br/>a abrir tu espíritu,<br/>hasta que encuentres el centro,<br/>que te de la libertad.<br/> <br/> <br/><br/><br/><br/>DES-LIGAR<br/> <br/><br/><br/>Soltar significa vivir el ahora.<br/>A lo pasado no dar cabida.<br/>el dolor de la pérdida a la raíz engarzar.<br/>¡ En la vida a lo nuevo dar la bienvenida!<br/> <br/><br/><br/><br/>*Gerold SCHODTERER<br/>Bad Ischl – AUSTRIA<br/>Traducción: Walkala<br/> <br/>Gerold Schodterer nació el 12 de Agosto de 1956 en Bad Ischl, Austria. Ha publicado hasta la fecha los libros de poesía “Naturgedanken” (1998), “Spuren” (2001) y el cd doble titulado “Erdenweg” (1999) con poemas suyos musicalizados. Además de poeta Gerold Schodterer es escultor y orfebre. <br/>Correo elect.: GuK@schodterer.at <br/> <br/>[1] Tomado del libro: "Naturgedanken. Vom Wachsen, Blühen, Reifen und Ernten", Schodterer Gerold, Bad Ischl, 1998.<br/>[2] Tomado del cd doble: "Erdenweg", Schodterer Gerold, Bad Ischl, 1999.<br/>[3] Tomado del libro: "Spuren", Schodterer Gerold, Bad Ischl, 2001.<br/><br/><br/><br/><br/><br/>Caídas*<br/><br/><br/><br/>Mi padre tuvo tantas caídas que al final no recordaba la primera. lo vi despeñarse con una motoneta camino de Plaza Huincul y años más tarde se dio vuelta con el Gordini, cerca de Cañuelas. Mi madre me contó que una vez, cuando yo era muy chico, se cayó sin mayores daños de un poste de teléfonos y que como era bastante distraído solía tropezarse con los juguetes que yo dejaba tirados en el suelo.<br/>Una tarde de diciembre de 1960 alguien vino a avisarme que lo había atropellado un auto. Llegué sin aliento en una bicicleta prestada y lo encontré estirado en la calle. Estaba un poco despeinado, con los ojos abiertos y la cara muy blanca. Sobre el asfalto había un poco de sangre manchada por las huellas de unos zapatos. La gente se apartó para dejarme pasar y un tipo me dijo que ya estaba por venir la ambulancia. Alguien que le había puesto un pulóver bajo la nuca me alcanzó los anteojos que se habían roto con la caída.<br/>Nadie hablaba y yo no sabía qué decir. Me arrodillé a su lado y le hablé al oído tratando de que la voz no me saliera muy asustada. Le pregunté si podía escucharme y alguna tontería más, pero no abrió la boca. Entonces fui a pedir que me ayudaran a llevarlo al hospital pero me dijeron que no convenía moverlo porque debía estar muy estropeado. El paisano de sombrero negro que lo había atropellado estaba llorando dentro del coche y tampoco me hizo caso. Volví a sentarme en la vereda y le tomé una mano. Estaba fría y blanda como la panza de un pescado. No llevaba más que el anillo de casamiento y el omega con la correa de cuero. Me pregunté qué hacía allí, en la otra punta del pueblo, cruzando la calle como un chico atolondrado. En esos días había cumplido los cincuenta y recién ahora me doy cuenta de que corría contra el tiempo. No había hecho nada que le sirviera a él y la única vez que salió en los diarios fue después del accidente, entre un cuatrero detenido en General Roca y un incendio en la usina de Arroyito.<br/>Con los primeros calores de aquel verano había tomado la decisión de abandonar Obras sanitarias y montar un taller de tornería. Mi madre se oponía porque no creía en su suerte. Entonces me llamó a su escritorio para que le dijera con toda sinceridad si yo le veía futuro en los negocios. De verdad, visto como lo vi entonces, con el chaleco de lana gastado y el pantalón lustroso, no me animé a apostar por él. Me convidó un cigarrillo, dejó que le explicara un complicado asunto de polleras y ya pasada la medianoche, en voz muy baja, me explicó que estaba cansado de esperar, de correr de un desierto a otro mientras se le iban los años y se le arrugaban los cueros.<br/>Dijo no estar arrepentido de nada pero se le leía la culpa en los ojos. ¿Culpa de qué? Nunca lo sabré. Aquella noche intentó darme otro de sus consejos, pero no servía para eso. palabras más o menos, me dijo: "Por mejor que uno se explique y justifique, nada cambia. Siempre se cometen los mismos errores. Una caída dibuja la próxima y por eso creemos en un Dios, en alguien que haya aprendido a no quemarse dos veces con la misma leche". Cosas así eran las que solía recitarme a la medianoche mientras limpiaba compases y tiralíneas frente al tablero de dibujo.<br/>Le dije que no se calentara, que cualquiera hacía plata si eso era lo único que se proponía y que él estaba para otra cosa. lo suyo era correr por ahí, andar a la deriva para no llegar a ninguna parte. A él y a mí nos daba lo mismo un lugar u otro siempre que tuviera una estación y algunas leguas por delante.<br/>Ese día salimos a caminar por los andurriales, yo estornudando por el polen y él tosiendo su tabaco. Me hablaba de lo que haría cuando tuviera un taller con seis tornos y no sé cuántas máquinas para fabricar herramientas. De a ratos lo situaba en Córdoba y después lo ponía en Mendoza para abastecer también a los chilenos. sin darnos cuenta llegamos al río y de pronto se jactó de haber sido muy buen nadador en su juventud, allá en Campana. Señalo la isla bajo el puente y me desafió a ganarle a contracorriente. Cambié de conversación porque el Limay es profundo y temí que se ahogara. Yo tenía menos de veinte años y me parecía imposible que mi padre pudiera ganarme en algo. Insistió y puse como excusa una contractura del fútbol o algo parecido. No me oyó o no quiso oírme y empezó a quitarse la ropa ahí mismo, abajo de la luna, hasta que sólo se quedó con unos ridículos calzoncillos celestes que le llegaban hasta las rodillas. bravuconeaba, supongo. Tenía todo el pelo blanco pero ahora estaba de nuevo en el delta junto a sus amigos y con toda la vida por delante. No sé qué pensé mientras lo miraba alejarse tirando brazadas. Creo que me daba pena verlo pelear contra su propia sombra. Me toreaba a mí pero la bronca, como el agua, venía de lejos y nos mojaba a los dos.  En un momento lo perdí de vista hasta que al rato me gritó desde la isla. Yo no quería seguirle el juego. Tampoco estaba seguro de animarme a atravesar el río. Le contesté que se dejara de joder, que volviera, y me senté a esperarlo. Calculé que no iba a tardar porque no podía estar mucho tiempo sin fumar. Pero también esa vez me equivoqué. Me pidió que escondiera su ropa y que me fuera a casa porque tenía ganas de dar un paseo por la isla. A dos pasos había un muelle con botes pero ninguno de los dos quería ridiculizarse. Llamé al barquero y le di la poca plata que tenía para que le alcanzara el paquete de cigarrillos e intentara traerlo de vuelta. Pero no volvió. Se quedó pitando en silencio en la otra orilla hasta que me cansé de su juego y me fui a dormir.<br/>Creo que fue ese episodio el que lo alejó por un tiempo de mí y del taller de tornería. La tarde en que lo encontré tirado en la calle temí que se muriera con la impresión de que yo lo había abandonado. La ambulancia tardó siglos en llegar y lo llevó a un hospital donde me dijeron que tenía el cráneo roto. Mi madre se quedaba a su lado durante la mañana y a la tarde iba yo. Cuando pudo mover los labios me dijo que se había gastado el aguinaldo completo en la primera cuota del torno y no se animaba a decírselo a mi madre.<br/>Era otro de sus juguetes tardíos pero todavía no estaba seguro de poder disfrutarlo. "¿Me voy a morir?", me preguntó cuando se dio cuenta de que tenía una bolsa de hielo sobre la cabeza. Le dije que no, aunque no era seguro, y le pregunté dónde estaba su famoso torno. "Llega de Buenos Aires en el tren de la semana que viene; es una hermosura, no te imaginás", me contestó muy serio. Una enfermera había puesto las cosas que llevaba sobre la mesa de luz. El pañuelo, el encendedor, la billetera vacía, unas monedas y el folleto del torno que era italiano y parecía una nave espacial. "¿Te duele?", dije y me senté cerca de la ventana a mirar a las chicas que atravesaban el jardín. "Sí, desde hace mucho", murmuró. "¿Qué me pasó ahora?" Le conté que lo había agarrado un auto y se había golpeado la cabeza contra el pavimento. Pareció sorprenderse, como si le dijera que se había caído de la calesita: "Y a tu madre, ¿qué le vamos a decir?". Se refería al aguinaldo y a todo lo que otra vez no podríamos comprar. Cerró los ojos y se durmió. O tal vez en su confusión de huesos rotos y sesos desbaratados pensaba en lo buena que hubiera sido su vida sin mi madre y sin mí. Me incliné para decirle al oído que no siempre se puede ganar, que a veces hay que saber quedarse de este lado de la orilla. Hizo una mueca de disgusto y entornó los párpados: "Eso es de cobardes; los ríos están para que uno los cruce". Como siempre, del infortunio sacaba alguna lección que lo disculpaba ante los demás.<br/>Después de hablar con el médico tuve miedo de que aquella fuera su última metáfora. A mi madre le dije que la plata del aguinaldo se la habían robado en la calle mientras estaba caído y que de todos modos para nosotros no habría fiestas ese fin de año. Antes de Navidad lo trasladaron a casa, flaco y vendado como un faquir. Ocultaba el folleto del torno abajo de la almohada. No sé si mi madre se creyó el cuento del aguinaldo robado, pero en Nochebuena no tuvimos festejos ni palabras bonitas. Mi padre pasaba las horas inmóvil, con la mirada puesta en el techo. Un día me hizo una seña para que me inclinara a escucharlo: "Vendelo", susurró, "cuando llegue vendelo por lo que te den". Me pareció que contenía un lagrimón y le dije que no, que ahora estaba en medio de la corriente y tenía que nadar. Después de todo, eso era lo que había querido enseñarme. Hizo un gesto de alivio, me pasó un brazo alrededor del cuello, y dijo: "Está bien, pero no te olvides de mandarme un bote con los cigarrillos".<br/><br/><br/><br/>*de Osvaldo Soriano, <br/>"Cuentos de los años felices" Editorial Sudamericana. Buenos Aires. edición de 1993.<br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Noche de Animas*<br/><br/><br/><br/>Las sombras de nuestros cuerpos bailaban sobre las paredes encaladas de la cocina, jugueteando bajo los caprichos de la luz de carburo que, con su azulada claridad, daba un aire misterioso al ambiente, trasladando al aire esa sensación de ultratumba que requería el momento.<br/>Mi abuela, con su moño blanco y el blanco delantal sobre la negra falda, blandía un enorme cuchillo con una hoja ancha y larga que emitía destellos a cada tajo. De no ser porque veíamos la sonrisa en su rostro limpio y sereno desde el otro lado de la mesa, mis tres amigas y yo hubiéramos pensado que intentaba realizar un conjuro o un sacrificio. <br/>Aquella tarde, espoleados por la tradición del día uno de noviembre y por seguir estas cosas tan atractivas para los niños como son todas aquellas relacionadas con el más allá y la parte de secretos y misterios que conllevan, habíamos ido saltando y corriendo a los campos de la parte norte del pueblo, donde habitualmente se sembraban calabazas, a buscar las más idóneas para la Noche de Ánimas.<br/>Escogimos las que nos parecieron mejores, dando brincos entre los surcos de los sembrados, contrastando la de Neus, llena de chorretones verdes y completamente lisa, con las de Juanita y Adela, que prefirieron unas más grandes, con un rabo largo y muchos granos. Yo elegí una muy ancha y chata con la intención de poder poner más de una vela dentro y que fuera la que diera más luz.<br/>Los propietarios de los campos sabían que cada primero de noviembre tenían que pagar un diezmo en calabazas debido a la tradición de las ánimas y no vigilaban sus sembrados este día, así que volvimos al pueblo cargados con el producto de aquel robo consentido, planeando las estrategias a seguir en la noche.<br/>La tradición se remontaba más allá del recuerdo:  justo después del crepúsculo, los niños del pueblo con sus calabazas convertidas en calaveras por obra y gracia de unos agujeros estratégicamente distribuidos por su rugosa piel y, después de vaciadas, -guardando las pepitas para secar al sol y comer en los días siguientes- se dirigían al cementerio, se escondían en los lindes del camino, detrás de los árboles, en las cunetas o entre los zarzales y allí esperaban agazapados y juntos (el miedo rondaba con las ánimas sueltas) a que los mayores se dirigieran al cementerio.<br/>Una vez cerca, se encendían las velas colocadas en el interior de las calabazas vacías y profiriendo murmullos de ultratumba y gritos desgarradores, aparecían ante los familiares que debían asustarse y correr despavoridos al verlos.<br/>El camino, desde los campos al pueblo, estaba jalonado de planes de lugares, ensayos de gritos y cuentos de muertos y aparecidos que en la noche de las ánimas tenían más posibilidad de ser verdad que en las demás noches del año.<br/>Una vez en la cocina, con las cuatro calabazas sobre la mesa, comprobamos con desolación que hacerles un agujero era una tarea más difícil de lo que habíamos imaginado. Neus, la mayor de la banda, lo intentó haciendo mucha fuerza y no consiguió más que clavar el cuchillo, pero no lo desplazó ni un centímetro. Probamos todos, uno detrás de otro sin conseguir nada... La noche iba llegando y no habíamos podido preparar ninguna de las calabazas. Llegaba la noche y si no conseguíamos transformarlas, no estaríamos a tiempo en el camino del cementerio para asustar a los mayores.<br/>A la vista de esto, claudicamos y me fui a buscar a mi abuela, completamente convencido de que ella sabría cómo convertir las calabazas en calaveras - mi abuela sabía de todo -y guardaría el secreto ante el resto de la familia para que así el susto nocturno no perdiera la sorpresa.<br/>Ahora, alrededor de la mesa y ya casi anocheciendo en el exterior, nos venían las urgencias mientras observábamos a mi abuela que, sin ningún esfuerzo aparente, iba insertando el cuchillo creando un ojo aquí, una boca con dientes allá, una nariz triangular, otra redonda... Con cara de asco íbamos vaciando con la mano el amasijo de pepitas sobre un papel de periódico, incrédulos de que cupieran tantas en cada calabaza. Ella daba el visto bueno: "No, hay que limpiarlo mejor", "mira, aún quedan en la parte del fondo", "hay que quitar los hilos también, que después podrían encenderse con la vela..."<br/>Cuando acabó la operación y las cuatro cabalazas estaban encima de la mesa y las pepitas en un enorme montón a su lado sobre el periódico, nos preguntó: <br/>- ¿Tenéis los clavos?<br/>- ¿Clavos? ¿Qué clavos? -Dije yo.<br/>- Necesitamos clavos para poder atravesar el fondo y que sirvan de soporte a la vela. Así podréis correr con la calabaza levantada sin temor a que la vela se caiga.<br/>- Y así asusta más, ¿no? -Dijo Adela. <br/>Adela era toda espontaneidad y sus ojos, redondos y grandes, hablaban casi más que su boca.<br/>- Sí, -respondió mi abuela sonriendo por el comentario de Adela- así es como más se asusta.<br/>Corrimos en tropel -de hecho siempre corríamos todos juntos empujándonos- y buscamos cuatro clavos que llevamos, también corriendo, a mi abuela.<br/>- Pero, aquí sólo hay cuatro clavos...<br/>- Sí, uno por calabaza...<br/>- Pero entonces... ¿Sólo tenéis cuatro calabazas?<br/>- Sí, claro, una para cada uno...<br/>El rostro de mi abuela se ensombreció. Algo grave estaba pasando y al ver ese cambio de actitud nos quedamos sorprendidos y expectantes. ¿Qué sería lo que habíamos hecho mal? ¿Habíamos olvidado algún conjuro? ¿Habíamos escogido mal las calabazas? Quedamos todos quietos y pendientes de aquella mujer que nos miraba desde su altura, ahora completamente seria.<br/>- Ay no, no es así... Dejadme que os cuente...-Dijo mientras acercaba una silla baja y se acomodaba al lado del fuego.- Sentaos, sentaos y escuchad...<br/>Con un ademán distraído bajó un poco la intensidad de la luz de carburo. La noche ya asomaba por la ventana de la cocina pero ante lo que iba a contarnos se pasaron las prisas y nos sentamos a su alrededor. Mi abuela contaba cosas increíbles y sabía de los secretos como nadie.<br/>Mirábamos fijamente su cara dulce, enmarcada en aquellos cabellos blancos rematados en moño, que ahora estaba iluminada por el azul del carburo y el rojo de las brasas. Aun así era tranquilo, apacible... <br/>Despacio, muy despacio y mirándonos a cada uno a los ojos, empezó a contar:<br/>"Hace muchos años, a varios días al norte del pueblo, en una noche como la de hoy, un caballero regresaba a su casa después de un largo viaje. La noche era negra como una cueva y el viento cantaba una trémula canción al acariciarse con las ramas de los árboles. La luna estaba escondida detrás de unas nubes gruesas y oscuras.<br/>El viajero empezó a ascender por un camino que tenía bastantes piedras sueltas, por lo que aminoró el paso de su caballo y aupándose sobre él, intentó reconocer la edificación que se encontraba en lo alto de la loma. <br/>El camino iba serpenteando sobre sí mismo y subía bruscamente de forma que para poder remontar la pendiente, muchas veces, tras una curva muy cerrada, volvía sobre sus pasos un poco más arriba. <br/>En una de las curvas y aprovechando la aparición de la luna vio con claridad el edificio. Las rejas en la puerta, las paredes sin ventanas, los altos cipreses que asomaban por arriba y el pequeño campanario... Era un cementerio.<br/>El viajero no se asustó en absoluto, ya que era un hombre poco temeroso de la muerte y solamente se preguntó cuánto tardaría en llegar arriba. <br/>En esto estaba cuando le pareció ver movimiento en las puertas del cementerio y, entrecerrando los ojos para ver más claramente, se apercibió de que por la puerta, que se había abierto sin que él se diera cuenta, salían dos filas de sombras, una a cada lado del camino, que empezaban a descender hacia donde él se encontraba.<br/>Su movimiento cadencioso hacía que avanzaran lentamente y más que caminar daba la sensación de que se deslizaban sobre el suelo. A medida que se acercaban pudo ver que las figuras estaban cubiertas por lienzos oscuros o por trozos y jirones de ropajes, incluso algunas de ellas traían la cabeza cubierta con una capucha. <br/>En la primera curva del camino cada una de las sombras encendió un farol en forma de calavera y lo puso delante, pegado al vientre.<br/>En silencio. En un completo y sobrecogedor silencio.<br/>El viento se detuvo y la quietud de la noche fue mayor aún. Las siluetas, enmarcadas ahora por el resplandor de las calaveras encendidas, parecían balancearse mientras avanzaban. No producían ningún ruido a pesar de ser más de un centenar.<br/>El caballero, a la vista de tan fantasmal procesión salió del camino resguardándose entre los árboles y dando paso franco a la comitiva, que fue desfilando por delante del lugar donde se hallaba ignorando su presencia o haciendo caso omiso de la misma. A medida que iban pasando, descubrió que la luz procedía de una especie de farol hecho con una calabaza en la que se habían taladrado agujeros que formaban ojos, nariz y boca por los que salía la luz.<br/>Se mantuvo apartado a medida que la larga fila de sombras pasaba ante él, preguntándose el motivo de tan siniestra procesión, pero manteniéndose medio oculto. A pesar de no sentir temor, algo en su interior lo mantenía apartado de las miradas de aquellos rostros sin ojos.<br/>Al final de la comitiva vislumbró una sombra que la cerraba. Iba caminando por el centro del camino y no traía calavera de luz. Salió de su refugio como en un impulso y se dirigió hacia esa sombra, pasando por entre las últimas de la procesión. Al atravesar el cortejo sintió un frío intenso y pensó: "es el frío de la muerte". Pero siguió avanzando sin saber exactamente por qué lo hacía.<br/>La última figura se detuvo a su lado en el momento que en se iban a cruzar y pareció esperar a que preguntara.<br/>- ¿Puedes decirme el motivo de esta procesión? -Dijo el viajero.<br/>- Es la Procesión de las Ánimas, que se realiza cada día primero de noviembre, en el Día de Todos los Santos y antes del Día de Difuntos- respondió una voz susurrante que a pesar de hablar en un tono muy grave le sonó conocida.<br/>- Y... ¿Todo el pueblo viene a esta hora tan tardía a la procesión?<br/>- No, los habitantes del pueblo no se atreven a venir. Sólo las ánimas participan en esta procesión...<br/>La sorpresa del viajero fue enorme. Notó que se le erizaban los cabellos y que una mano helada le recorría la columna vertebral, pero manteniendo su compostura quiso estar seguro de lo que pensaba.<br/>- Entonces... ¿Todos los componentes son muertos?<br/>- No exactamente, la procesión la componen las Ánimas de los muertos.<br/>- ¿Tú también estás muerto? -dijo dándose cuenta de que no sentía ya ningún miedo. Era como si estuviera entre conocidos.<br/>- Sí, yo estoy muerta -musitó la sombra.<br/>- ¿Y por qué no llevas luz?<br/>- Yo soy el ánima de tu esposa, a la que nunca fuiste rezar al cementerio y a quien jamás le llevaste luz..."<br/>La cara de Adela asomaba por detrás de la mesa mirando a mi abuela con los ojos más grandes que nunca veré. Neus apretaba mi mano tan fuerte que tenía un dolor intenso en los dedos y el silencio se apoderó de la cocina tras las últimas palabras.<br/>Nos miró despacio, lentamente, uno a uno, y dijo en un susurro:<br/>"Nadie sabe qué pasó con el viajero, ni a quién contó lo que había visto, ni qué hizo, pero desde entonces, en todas las casas, en la Noche de Ánimas, siempre se hacen un par de faroles de más con calabazas, por aquellas a las que nadie rezó y por aquellas a las que nadie llevó luz..."<br/>Aquella noche, en el camino del cementerio, ocultos tras los zarzales y esperando con las calaveras-calabazas en el regazo, preparadas para ser encendidas y asustar a los familiares, había tensión. Miedo y tensión. Los cuatro, pegados los unos contra los otros, esperamos ver aparecer una sombra sin farol e imaginando las excusas que podríamos darle por no tener uno de más para ella.<br/><br/>Aquella noche fue larga. Tan larga que ha durado hasta hoy, en que mis dos hijos preparan cuatro calabazas en el día de las ánimas, porque su bisabuela me contó a tiempo que a las ánimas hay que rezarles y sobre todo, hay que llevarles la luz.<br/> <br/><br/><br/> *de Joan. joan@cimat.es <br/> <br/> <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>Fueguito*<br/> <br/><br/><br/>Es una noche cualquiera. Usted esta en un lugar cualquiera, un bosque, la costa de un río, el jardín de la casa de algún amigo. junta hojas y ramas secas, hace una buena pila. se arrodilla sobre la tierra, acerca un fósforo a las hojas y espera. su figura -rápidamente lo descubre- tiene la reverente actitud de alguien que aguarda un milagro. tal vez se trate de una vieja ceremonia a la que esta acostumbrado, y le baste forzar un poco la memoria para descubrir un vasto mapa de de fogatas a lo largo de su historia. pero esta noche -siempre suele ser así- vuelve a sorprenderlo y a exaltarlo igual que la primera vez.  ante el crepitar de la llama, usted se siente extrañamente en casa. es como volver de una larga ausencia. un reencuentro en el que, con el concurso de la noche y el silencio, se va desanudando un lenguaje al mismo tiempo familiar y secreto, alimentado de certeza y plenitudes breves.  el fuego crece y mantiene un monologo en el que usted encuentra una correspondencia exacta. el fuego es puro movimiento y usted no es más que sus ojos y el calor de su piel. rodeados por la oscuridad, protegidos, suspendidos, están en el centro del mundo. usted siente que nada puede tocarlo. escucha su mente desbrozar trabajosamente una idea: no soy el que fui ni soy el que seré. Simultáneamente toma conciencia de la banalidad de todo pensamiento. <br/>A esta altura, usted es una sola cosa con el fuego, un presente inevitable. se entrega, se abandona. sin embargo, cree comprender que de esa comunión se desprende un sentimiento más amplio, que trasciende esta hora. a través del trabajo del fuego parece surgir una medida de orden. los ojos fijos, subyugado, sin cambiar de posición, usted piensa que, detrás de su persistencia, el fuego es fundamentalmente inocencia, un regreso a la limpidez del origen, al remoto albergue de toda posibilidad. y comienza a percibirse usted mismo inocente, como una hoja en blanco donde todo puede ser escrito, donde todo esta por ser iniciado. y acá es donde vuelve a reconocerse. Y a reconocer los términos que han marcado sus pasos a través de los días, los meses y los años: permanecer desposeído, abierto a lo imprevisto, alerta, en permanente sospecha. son principios de una doctrina que se ha ido forjando y cuyo sentido ahora el fuego le devuelve.  comprende que también en usted ha ardido siempre parte de ese fuego. que esa es una llama de consumación. una llama donde usted se ha sacrificado siempre a si mismo, ha sacrificado su vida, las posibilidades de su vida, los accidentes de su vida, tal vez con el único fin de deshacerse de su historia o de construir una historia diferente.  es posible que oiga voces a través del aire nocturno, sin saber si se trata de amigos que vienen a buscarlo o si son llamados que llegan desde otros años, desde otros ámbitos, suscitados por otros fuegos. acomoda algunas ramas y piensa que cuando todo esta dicho es bueno regresar al fuego, al origen.<br/>Que es bueno, muy bueno, volver a arrodillarse ante su voracidad, estudiar su movimiento y el núcleo cambiante de su centro. que es bueno para sus alegrías y para sus dudas. que ahí, libre de toda esperanza, puede limitarse a mirar y a no pensar.  y en esa llama sin tiempo ve arder también el ciclo que termina precisamente esta noche, el ciclo que comienza, los muchos que vendrán con sus cargas de confusiones y riquezas, lo que ha sido, lo que será, y todo cuanto alberga la oscura, invencible memoria o nostalgia de la sangre.<br/> <br/><br/>*de Antonio Dal Masetto. <br/> <br/><br/><br/> <br/><br/><br/><br/>InventivaSocial <br/>"Un invento argentino que se utiliza para escribir"<br/>Plaza virtual de escritura<br/><br/>Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar<br/>-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-<br/>Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.<br/><br/>Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/<br/><br/>Edición Mensual de Inventiva.<br/>Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a:    inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>INVENTREN<br/>Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.<br/>Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar<br/><br/>Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.<br/>Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.<br/>La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión las colaboraciones literarias que cada autor desea compartir.<br/>Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.<br/><br/>Respuesta a preguntas frecuentes<br/><br/>Que es Inventiva Social ?<br/>Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.<br/><br/>Cuales son sus contenidos ?<br/>Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.<br/><br/>Cuales son los ejes de la propuesta?<br/>Proponer el intercambio sensible desde la literatura.<br/>Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.<br/><br/>Es gratuito publicar ?<br/>En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato. <br/><br/>Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?<br/>Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.<br/><br/>Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?<br/>Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(educoiro)]]></author></item></channel></rss>
