Bienvenido a Efímero
Literatura efímera, perecedera, fugaz, breve.
Microrrelatos fantásticos, macabros, terroríficos, nostálgicos y melancólicos escritos por
Santiago Eximeno.
Banners
Sindicación
 
VISITANTES
(Eterno alimento)

Nuestras estatocolectoras llegaron al sistema tras eones viajando a través del universo. Hallamos un
planeta rico en minerales, el tercero más cercano a su estrella. Tras determinar que no existían componentes nocivos en el aire y comprobar que no existía signo alguno de vida sobre la superficie, descendimos con nuestras naves auxiliares olvidando las
precauciones.
Cometimos un error.
Al abandonar nuestros vehículos e internarnos en la noche miles de seres se abalanzaron sobre nosotros con ansia asesina.
No entendíamos como nuestros escáners habían sido incapaces de detectarlos.
Después, cuando clavaron sus largos colmillos en nuestros cuellos y bebieron nuestra sangre, ya nada tuvo importancia.

 
FEEDBACK
(Eterno feedback)

Empecé, cuando apenas contaba siete años, comiéndome las uñas.
Los profesores lo achacaron a los nervios, a mis malas notas, a los compañeros que me pegaban y se burlaban de mí.
Después, a los trece, ataqué los padrastros.
Me compré un set de manicura y me dediqué a recortar pequeños trozos de carne alrededor de la uña, que después me llevaba a la boca y devoraba con deleite.
Mis padres, mis amigos, mis novios, mis conocidos. Todos ellos me dijeron que debía dejarlo, exhibiendo sus ideas peregrinas como si de una exposición de arte moderno se tratara: afea tus dedos, te hace parecer infantil, demuestra tu estado de nervios.
A los veintidós me cercené la primera falange del dedo meñique, la freí con una cucharada de aceite de oliva y me la comí con patatas fritas.
Dejé un huesecillo mondo y lirondo, quebrado allí donde mis dientes habían sucumbido a mi voracidad.
He pensado mucho en todo esto. He leído libros acerca de razas que devoran a sus enemigos y se apropia de su alma, de caníbales que consumen carne humana como un vegetariano ensaladas de apio.
Yo no soy como ellos.
No siento interés alguno en la carne de los demás, ni siquiera en el aspecto sexual. Yo soy mi mejor alimento, el más completo y sabroso.
Hoy es mi cumpleaños. Prepararé un plato suculento con mi pie izquierdo, si puedo controlar la hemorragia.

 
CÁMARAS
(Eterno control)

He instalado un completo sistema de cámaras de vigilancia en mi casa. Monitorizo desde la puerta de entrada hasta el cuarto de baño. Treinta y dos cámaras colocadas con la precisión de un relojero, siempre en movimiento, siempre grabando.
Vuelco todas las grabaciones, después las veo. Mientras lo hago, las cámaras siguen grabando.
Ayer volví a ver al otro hombre junto a mi cama, de pie, en una de las cintas. No puedo ver su rostro, a pesar de que he tomado imágenes desde varios ángulos. ¿Por qué sólo aparece en las cintas? ¿Por qué no puedo verlo?
Ignoro quién es, pero necesito saberlo.
Y pronto.
Hoy le he descubierto sentado junto a mí en el sofá al revisar la película de la cámara del salón. Y ha pasado su brazo por mi espalda mientras veíamos las cintas.

 
OJITO CON EL NIÑO
(Eterna violencia)

-Oye, me marcho un momento -dijo el hombre, dirigíendose a la mujer-. Échale un ojo al niño.
La mujer movió la cabeza, intentó gritar, pero la mordaza que cubría su boca no se lo permitió.
El niño se acercó hasta ella con la cuchara en la mano, mientras el hombre sonreía.
-Está bien, está bien, olvídalo -dijo el hombre, mientras la mujer se debatía bajo las cuerdas que la sujetaban a la mesa-. Ya se sirve él solito.