<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/rss20.xml"><title><![CDATA[Efímero]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Literatura efímera para mentes perecederas]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_126.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_125.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_124.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_123.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_122.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_121.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_120.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_119.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_118.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/efimero/c_117.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_126.htm"><title><![CDATA[Todo es Efímero]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_126.htm]]></link><description><![CDATA[Así es. Sin duda alguna, todo es efímero.<br/>Antes o después, todo termina.<br/>Y quizá este sea el mejor momento, o el peor, quién sabe, pero <b>Efímeros</b>, tras más de dos años de andadura, llega a su fin.<br/>Ha sido un viaje divertido, más que divertido, y durante todo este tiempo he aprendido muchas cosas, unas buenas y otras malas, pero es de justicia reconocer que la experiencia ha merecido la pena.<br/>Empezamos hermanados con otro blog, <b>Eterno</b>, escrito por Francisco Ruiz Fernández (conocido en su círculo de íntimos como <a href="http://www.txisko.com" target=_blank>Txisko</a>), en una serie encadenada de microrrelatos que quedó truncada cuando <b>Eterno</b> pasó a mejor vida. Tardé en advertirlo, pues transcurrió un mes de silencio desde el último relato hasta la emotiva despedida, en diciembre de 2004, pero cuando <b>Eterno</b> nos abandonó, comprendí que la vida de un proyecto carece por completo de relación con su nombre.<br/>Mientras tanto, de forma paralela, <a href="http://www.edicionesefimeras.com" target=_blank>Ediciones Efímeras</a> crecía, y pasaba de editar un humilde ezine llamado, cómo no, <b>Efímero</b>, a preparar ediciones de relatos ilustrados y antologías en PDF. Así surgió <a href="http://69.57.128.94/~admin13/efimero/canope.html" target=_blank>Canope</a>, una antología de microrrelatos que reunía un centenar de los publicados por Francisco Ruiz Fernández y Santiago Eximeno en sus respectivos blogs, acompañados por increíbles ilustraciones de Ferrán Clavero y un prólogo que amablemente nos escribió Alberto García-Teresa. Tras esta antología y el cierre de <b>Eterno</b>, todo parecía visto para sentencia.<br/>Sin embargo, <b>Efímeros</b> desafió a su propio nombre y continuó.<br/>Continuó porque como experiencia me embriagaba. Siempre he adorado los microrrelatos -como lector, como escritor-, y cerrar el blog en un momento creativo tan explosivo (al menos así me sentía)  no me parecía de recibo. Así que continué escribiendo microrrelatos, y las cosas funcionaron. De pronto empecé a ver varios de ellos publicados aquí y allá, en revistas y antologías (<a href="http://www.revistagalaxia.com" target=blank> Galaxia</a>, <a href="http://www.aefcft.com" target=_blank>Fabricantes de Sueños</a>, Vórtice en línea, Necronomicón, ScifiWorld Magazine), y descubrí que había un espacio para los microrrelatos en las publicaciones habituales, y que <b>Efímeros</b>, al fin y al cabo, había servido para mucho más de lo que inicialmente había pensado.<br/>No quiero olvidar tampoco los comentarios. El formato blog me permitió una interactividad con los lectores (la más llamativa, sin duda, la de David Jasso) que no esperaba, y me encantó. De hecho, creo que el mejor recuerdo de esta experiencia son sin duda los comentarios recibidos.<br/>Poco más queda por añadir. El viaje no ha terminado (continúa, por ejemplo, en <a href="http://www.cruciforme.com" target=_blank>¿Quién es el Cruciforme?</a>), y el género del microrrelato es algo que no abandonaré (creo que me atrae demasiado).<br/>En fin, esto es un hasta luego más que un adiós, así que... nos leemos.<br/>Santi Eximeno.<br/>P.D. Si te estás preguntando: "¿Y por qué cierra precisamente ahora?", bueno, yo también me lo pregunto.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_125.htm"><title><![CDATA[Día de la madre]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_125.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><b>—F</b><i>elicidades, madre —dijo Norman.<br/>—Gracias, hijo —respondió Norman, y sonrió.<br/></i></p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_124.htm"><title><![CDATA[SIN COMENTARIOS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_124.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/>Por motivos ajenos a nuestra voluntad, los comentarios han sido, por el momento, desconectados. Esperamos poder subsanar en breve este problema.</p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_123.htm"><title><![CDATA[AMPUTEE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_123.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><b>S</b><i>e amputó la mano izquierda. Decidió hacer lo mismo con la derecha. No supo cómo hacerlo.<br/></i></p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_122.htm"><title><![CDATA[¿QUÉ CRIATURA ES ÉSTA?]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_122.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><b>—¡P</b><i>or el amor de! —grité, horrorizado— ¿Qué... qué aberración... qué criatura es ésta?<br/>Aquella monstruosidad me miraba con sus ojos inyectados en sangre, abriendo y cerrando las mandíbulas, mostrándome sus dientes amarillos, desiguales, en gesto de amenaza. Su rostro parcialmente cubierto de un vello hirsuto, desagradable, se retorcía en muecas imposibles mientras alzaba sus extremidades superiores y gesticulaba con ellas.<br/>—¿Qué es, qué es? —imploré, apoyándome en el hombro de mi amigo.<br/>—Un humano —dijo él—. Un embajador humano, para ser exactos.<br/>La criatura abrió su boca y emitió un gruñido entrecortado, llevándose las zarpas al vientre. Temblé, más que por la incomprensión que me provocaba su actitud por la humillación de haber perdido los nervios frente al embajador recién llegado.<br/>—¡Podías haberme avisado! —respondí, ya más tranquilo.<br/>Y es que nosotros, los chomos, a veces somos demasiado apasionados.<br/></i></p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_121.htm"><title><![CDATA[ODISEA A LAS CINCO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_121.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><b>—¡C</b><i>ortad ese cabo! —grité, más mi voz pereció devorada por el aullido de la tormenta.<br/>Los marineros se afanaban en sobrevivir, azotados por el embate de las lágrimas celestiales. Sentí la madera crujir, alzada hacia un firmamento rasgado por la ira de Zeus.  En aquel instante caí de rodillas y supliqué por mi vida, empapado y ardiendo, sabiendo que pereceríamos en aquel mar dorado que hervía como el mismísimo Hades. <br/>Y sentí desfallecer cuando el rostro de Poseidón se alzó por el horizonte y, con gesto terrible, exhaló su aliento, hundiéndonos en las profundidades de aquel océano contenido en una taza de cerámica.<br/></i></p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_120.htm"><title><![CDATA[DE VIAJE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_120.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><b>S</b><i>ara bajó la mirada, no quería que su marido le viera llorar. Podía soportar en silencio la humillación a la que se veía sometida, pero no permitiría que aquel muro de hielo, aquel ser insensible en el que se había transformado el hombre al que amaba, viera las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.<br/>—Me marcho —dijo su marido, recogiendo la maleta que había dejado sobre el suelo enmoquetado.<br/>Sara asintió con un movimiento de cabeza. Sostenía entre sus dedos un pañuelo arrugado, y se lo llevó al rostro al oír cómo la puerta se cerraba con un chasquido. Cinco años juntos, y se marchaba sin mirar atrás, sin explicaciones, sin un beso de despedida.<br/>—¿Mamá? ¿Dónde va papá? —preguntó una voz a su espalda.<br/>Sara se volvió y sus ojos enrojecidos se encontraron con los de su hijo, de pie junto a la entrada. Sara trató de controlar el llanto y se acuclilló hasta que su rostro quedó frente al del niño.<br/>—De viaje, se va de viaje —dijo Sara.<br/>—¿Y cuándo volverá? —preguntó el niño.<br/>Sara miró al techo, suspiró. Las manos le temblaban, no soportaba aquella situación. ¿Qué se suponía que una madre debía responder en un caso como aquel? ¿Qué se suponía que debía decir?<br/>—Siempre dices que un viaje no acaba hasta que no vuelves a casa —dijo el niño.<br/>Sara acarició el cabello de su hijo y esbozó una mueca que pretendía ser una sonrisa.<br/>—Entonces volverá pronto, entonces volverá pronto —dijo Sara, y el niño comenzó a llorar.<br/></i></p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_119.htm"><title><![CDATA[PERDONA...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_119.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><i>Para Juanma Santiago, por la idea</i><br/><br/><b>—P</b><i>erdona... —dije, y ella levantó la mirada de su batido y me miró.<br/>Se llamaba Julia, y tenía el rostro repleto de pecas, como si su cara fuera el firmamento y las estrellas brillaran en suaves tonos naranjas. Ella se pasó una mano por su pelo borgoña y sonrió.<br/>—¿Si? —preguntó, y yo acerqué una silla y me senté a su lado.<br/>Estaba sola, sola en aquella cafetería donde brotaban por doquier seres humanos de las sillas y las mesas.<br/>—Perdona, pero tu hígado era de mi novia. Lo sé. No me preguntes cómo, pero lo sé —dije, dejando que las palabras escaparan de mi boca como pequeños peces asfixiados huyendo de las redes de un barco pesquero.<br/>Ella soltó una carcajada nerviosa, me miró, parpadeó.<br/>Hablamos mucho después de aquello; comimos juntos, pasamos la tarde juntos. No paramos de hablar, de contarnos cosas, de compartir nuestras vidas. Julia había recibido el transplante de hígado un par de meses atrás, su vida había cambiado por completo. <br/>La mía también, poco antes había perdido a mi otra mitad, a su donante.<br/>Hablamos y lloramos, incluso llegamos a abrazarnos.<br/>Insistí en invitarla a mi casa, en compartir aquello en la intimidad. Julia sonrió, aceptó. El hígado había germinado en su alma y de ella brotaba valor, decisión. Nunca hubiera aceptado antes, me dijo, nunca me hubiera ido a la casa de un desconocido.<br/>—Me alegro tanto de conocerte —dije, y ella sonrió y volvimos en taxi a mi casa.<br/>Una vez dentro serví un par de copas de vino. Ella tomó un sorbo de la suya, me miró con ojos encendidos.<br/>—¿Te recuerdo a... ella? —dijo Julia.<br/>Yo sonreí mientras ella tomaba otro trago de la copa.<br/>—Claro. Por eso  te he traído a casa. Como a las otras.<br/>Ella sonrió, bebió otro trago. Entonces frunció el ceño.<br/>—¿Las otras? —balbuceó.<br/>Comprendí que el narcótico ya empezaba a hacer su efecto cuando trató de levantarse y cayó sobre la moqueta.<br/>—Los pulmones, el páncreas, el corazón, los ojos. Las otras —dije, acercándome a Julia, que se arrastraba por el suelo, apartándose de mí—. Las otras piezas. Todavía faltan algunas, claro, pero estoy muy cerca de terminar el puzzle.<br/>En el fondo aquellos instantes previos me agradaban, así que dejé que gateara hasta el cuarto. Allí, sobre la mesa, descansaba el rompecabezas a medio terminar. Julia tuvo un atisbo del cuerpo abierto, del olor a sangre. Quiso gritar, pero yo ya estaba sobre ella con mi material de trabajo. Tras el primer corte, el que desgarró su garganta y empapó mis manos de sangre, tuve que apresurarme.<br/>Algo imprescindible en este puzzle es trabajar con las piezas aún calientes.<br/></i></p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_118.htm"><title><![CDATA[FELIZ SEMANA DEL TRAJE DE GORILA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_118.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><b>—N</b><i>o creerás en serio que voy a ponerme eso, ¿verdad? —dijo Maribel.<br/>Yo sostenía entre mis manos el traje de gorila y la careta. Desde donde ella se encontraba la imagen de un hombre grande y fuerte sosteniendo lo que parecía el cadáver despellejado de un pobre animal no debía de resultar muy atractiva.<br/>—Joder, Marcos, en serio... —dijo Maribel.<br/>Su cuerpo desnudo vibraba con cada una de sus palabras. Sonreí, me acerqué hasta ella.<br/>—Vamos, no es más que... —dije, pero ella me interrumpió con un gesto.<br/>—Ya sé lo que es —dijo, y cogió el traje.<br/>Tardó apenas un par de minutos en vestirse, lo mismo que yo invertí en bajarme los pantalones para liberar mi erección.<br/>—¿Y ahora? —dijo ella, su rostro oculto tras la máscara de mono.<br/>Yo me llevé un dedo a los labios para indicarle que no hablara.<br/>—Sssshhh, gorila malo, gorila malo. Si te portas mal, no te dejaré pelar este plátano. Anda, ven, dame un abracito.<br/></i></p>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/efimero/c_117.htm"><title><![CDATA[EN MI MEMORIA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/efimero/c_117.htm]]></link><description><![CDATA[<p align="justify"><br/><b>L</b><i>a superación del dolor exige que éste sea concreto, tangible, medible. Cuando permitimos que el tiempo convierta el dolor en algo abstracto, indefinible, la superación, y con ella la reconciliación entre verdugo y víctima, se convierte en un imposible.<br/>Por eso motivo he utilizado el cuchillo de cocina para amputarle el dedo meñique a tu hija después de violarla. Así, cuando crezca, recordará, y vendrá a buscarme. Sé que lo hará.<br/>Rezaré a Dios durante años para que rehaga su vida, se case con un hombre joven y atractivo, tenga descendencia.<br/>Y cuando venga a buscarme para culminar su venganza, cuando me encuentre, la degollaré tal y como he hecho hoy contigo y con tu marido, y después comprobaré si el sabor de la entrepierna de su hija, de tu nieta, es similar al que permanece grabado a fuego en mi memoria.<br/></i></p>]]></description></item></rdf:RDF>
