Blogs.ya.com Quitar publicidad
DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
El armario abierto muestra las CONFESIONES A UN DIARIO INDISCRETO
Acerca de
El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Sois ya los que os pasais por aqui... Web Site Counter
Free Counter
Sindicación
 
VALENCIA (II)
¿No os pasa que en una noche de amor y sexo, tras el ímpetu y la apresurada pasión de la primera vez, al repetir al poco una segunda pasión mas pausada pero igual de intensa, es verdaderamente cuando más disfrutáis del momento?
Algo parecido nos pasó con los conciertos de Madonna. Ya sabíamos como era el espectáculo. Habíamos bailado, cantado, aullado, aplaudido y vitoreado con la ambición rubia el martes desde las gradas del Estadio Olímpico sevillano plenamente satisfechos con la estupenda organización de Doctor Music. Su tour nos había desvirgado.
Pero el jueves, allí en Cheste, a pesar del mal sabor de boca e incomodidades de la nula organización de Music Community, el espectáculo en sí, el vernos tan cerca de ella, en medio de la abrumadora sucesión de luces, efectos, videos, bailes, música, rayos laser, gritos, voces, ... es como si formáramos parte del espectáculo, y se nos pasaron las dos horas de concierto casi sin darnos cuenta. Disfrutando como esa adolescente que, según Orlando, siempre seré. Pero él no se quedó atrás, aunque ya dejara de ser el gitanito de por la tarde para convertirse -mas tapadito- en el entusiasmado fan que siempre fue. Solo me podría imaginar qué sentía verdaderamente si en mis años de primera juventud hubiera conseguido asistir a un concierto de Mecano. Pero seguro que me acerco, porque yo sin ser tan ferviente seguidor, me lo pasé de escándalo. Ojalá se pueda repetir.
Cuando las letras del Game Over pusieron fin al show, me entró un poco de cosilla. Acabó todo. Desde julio pendientes de ello, organizando, ilusionados con la espera y las vísperas, pendientes de cuantas noticias surgían sobre la gira y los conciertos de Sevilla y Valencia... y en apenas un par de días todo había pasado.
Cansados pero felices nos dispusimos a marchar. El desalojo fue tan desorganizado como la entrada. Vimos el cielo abierto cuando apareció ante nosotros Chequebo con dos bocadillos de jamón (privilegios de tener buenos contactos con los encargados del avituallamiento) que nos vino como anillo al dedo, pues el hambre a esa hora de la noche ya era considerable, y temíamos no encontrar nada abierto al volver a la capital.
Tras despedirnos de él y sus amigos, a punto de abandonar aquel descampado lleno de restos, nos encontramos de vuelta a la estación (¡que casualidad!) con las bollitos de Albacete, con un par de fans de Alicante que coincidieron con nosotros en la zona de prefente, y con Verónica Electrónica, la "doble oficial" de Madonna, una rubia sevillana muy simpática con la que coincidimos en el vuelo de venida y a la que enganchamos rápidamente para hacernos una divertida foto. Que frikis somos.
Afortunadamente no tuvimos problemas para volver en el tren, incluso fuimos sentados, aunque sin la misma suerte en el metro. De todas formas el regreso no se hizo demasiado largo. Fue lo único bien organizado del concierto. Eso sí, íbamos derrotados. Demasiadas emociones y unos cuerpos castigados de todo el día nos hicieron abandonar la idea de acudir a la fiesta que Divina Madonna organizaba en la terraza l´umbracle, como ya hicimos en Sevilla. Y eso que también para la de Valencia teníamos entradas gratis. Pero era impensable. No podíamos con nuestras almas. De modo que preferimos volver al hotel y descansar para el día siguiente.
El viernes fue otro día de aúpa. A pesar del cansancio no conseguimos dormir hasta muy tarde pues la tempranera limpieza del hotel era muy escandalosa. De modo que a mediodía ya pateábamos el centro. Aprovechamos para recorrer varias calles, visitar los monumentos cercanos, y hacernos fotos en la Plaza de la Virgen, en la Plaza de la Reina, el Miguelete, la Plaza de la Almaina, los alrededores de la catedral, y las Torres de Serrano.
En ese punto nos recogió Chequebo con su coche. El plan era acercarnos a la playa para comer a la orillita del Mediterráneo. Y el lugar elegido la arroseria de L´Estibador en la Playa del Pinedo donde Chequebo tuvo la amabilidad y el detallazo de invitarnos.
El sitio nos encantó, con sus excelentes vistas, decoración marinera, un ambiente tan agradable y una clientela muy variada: hombres de negocios, reuniones de amigos, parejitas, gays maduritos y otros algo más jóvenes, algunas señoras, y nosotros tres... Fue muy curioso degustar allí su riquísimo arroz con mariscos, una fuente de chipirones, algo de ensalada y postre de chocolate, en un ambiente acogedor y de muy buen gusto, mientras sus grandes ventanales abiertos a la playa dejaban ver a los bañistas practicando nudismo y disfrutando del sol y la brisa de la tarde.
Y mas curioso resultó que a los pocos metros resultara estar cierta fábrica frecuentada por los aficionados al cruising, en la que por supuesto no entramos -camino del mirador de la playa- pero en la que era evidente cierta actividad. Sucedió lo mismo entre las dunas de la playa, entre las que divagaban algunos chicos sin ropa.
Tras andar un ratillo por su paseo y hacernos unas fotos en el mirador desde el que se veía una bonita vista de la zona lejana del puerto y el Mediterráneo, regresamos a Valencia con el propósito de visitar la Ciudad del las Artes y las Ciencias. Pero nadie nos advirtió que cerraban las taquillas a las 5 de la tarde, a pesar de haberlas reservado convenientemente. De modo que pudimos hacernos fotos en ese enclave tan visualmente atractivo y ver una peli sobre fondos marinos en el Imax de l´hemisferic (en la que casi acabamos sobando), pero nos quedamos con las ganas de disfrutar de l´oceanografic. Un disgustazo debido a la incompetencia de los responsables de la venta de entradas que no informaron bien.
Tras perder el tiempo en intentar solucionarlo, infructuosamente, al final se nos echó el tiempo encima y tampoco pude darle un toque a Alexander para ver si podíamos al menos tomar un café. Me supo mal. Quizás una próxima vez.
Por la noche, aproveché que Orlando fue a comprar unos detallitos para sus compañeros de curro para descansar brevemente en el hotel. Tras arreglarnos, nos propusimos corresponder a la invitación de Chequebo con otra para cenar en algún italiano chulo. Pero las indicaciones de un amigo suyo no fueron muy acertadas y acabamos en La Vita e bella, una pizzería muy céntrica pero mas dirigida a comida rápida de turistas que a otra cosa. No era el concepto que teníamos, ya que buscábamos algo mas chic, pero bueno, disfrutamos juntos de la animada cena que era lo importante, aunque a mi ya me rondaba la manuregla.
Decidimos buscar un postre de mejor calidad en la Chocolatería Valor, donde nos dejamos llevar por sus riquísimas mousses (¿Pero por qué aquí en Sevilla no hay Valor, por queeeeeeeeeeeeeeeeeeé.....?) y los personajes frikis que por alli pululaban.
Una vez bien cenados y chocolateados, iniciamos nuestra noche de marcha por el ambiente, donde reconocí a uno de los protagonistas de Lo que surja. Orlando se marchaba para Madrid a primera hora de la mañana, de modo que la intención era aguantar toda la noche fuera, ir de copas y luego de discoteca. De modo que, para empezar, nos dirigimos al ADN. Allí se me empezaron a subir las coronitas y la manuregla.
El sitio no estaba mal pero esa noche estaba demasiado empetado de gente, con una variada fauna homosexual en su interior, entre ellos un intento de drag tipo pelocho que nos dio flyers para Deseo 54. Hasta allí nos dirigimos tras un buen rato, aunque yo iba con cierto miedo a lo que me iba a encontrar, pues ya Chequebo me había comentado que el local era muy frecuentado por jovencitos la noche de los viernes.
Confieso que, aunque me siento superbien rodeado de gente mas joven que yo, e incluso manteniendo una relación sentimental con alguien mucho más joven, no puedo evitar sentirme incómodo y como fuera de lugar si estoy sin pareja entre tanto jovencito desconocido. Nuse, es como si creyera que todos me ven como una especie de viejo verde o algo así. De modo que cuando en el camino nos cruzamos con una pareja de jovencitos que en voz alta decía algo así como: "a partir de los 30 ya son viejos..." me sentí un poco mal.
Cuando llegamos a Deseo 54 aún se podía uno mover algo por allí, pero se puso enseguida hasta las trancas. Nada mas entrar nos encontramos con un fotocool en el que nos invitaron a posar. No, no es que seamos gente de la farándula o el famoseo, aunque tengamos ciertos contactos, por profesión o amistad. Simplemente invitaban a todos los que llegaban a posar. Y es que esa noche se celebraba la elección de Chulo Zero Valencia, un evento organizado por la revista Zero. De ahí el fotocool, el fotógrafo del interior y la grabación del video. Ni que decir tiene que procuramos huir de todo ello, sin escondernos. Aunque hubiera tenido gracia vernos luego en las fotos de la publicación, lo confieso.
La elección de chulazo fue divertida. Enseguida adiviné quien sería el elegido entre los que se presentaban, coincidiendo conmigo Orlando. Llegué a la conclusión de que seríamos un buen jurado. Chequebo, por su parte, se dejó llevar más por su naturaleza y votó por otro que le molaba más para él.
La divertida amalgama de musculocos, pasivas extremas, cuasi aún adolescentes, tímidos, listillos, inmigrantes del este, paquetones, culazos, monillos, y guapos, hicieron su papel como pudieron alentados por un presentador picarón y un público entregado. El momentazo de la noche fue la indisimulada erección de uno de los participantes, ¡vaya tranca!.
La música no estuvo mal, el ambiente tranquilo salvo por los comprensibles empujones de la tantísima gente al moverse y dos bollos pesadas -y pasadas de todo- insoportables dando el coñazo, algún que otro fan de Madonna aún con la camiseta puesta y una performance muy curiosa de varios go gos entre los que destacaba un personaje fascinante tipo travello poniendo caritas y de caracterización fascinante.
El momento grande vino cuando Orlando regresó del servicio con una sonrisa de oreja a oreja y me pone delante de los ojos su móvil donde aparecía en una foto con mi adorada Maria Amparo de Supermodelo. No me lo podía creer. Se la encontró al salir del baño y la reconoció aunque se había teñido el pelo, y le faltó tiempo para pedirle que posara con él, claro. Con lo que a mi me gusta una foto de esas... lo odio, lo odio...
Era lo que me faltaba a esas horas ya de la noche, con la manuregla por las nubes, viendo que se acercaba el momento de despedirnos... Sí, me puse tristón. Lo notó incluso Chequebo, que aguantó como un jabato. Aunque al final todos estábamos ya cansados y antes de clarear nos marchamos.
Orlando marchó temprano para la estación. Fue como siempre duro separarme de él. Me regaló una piruleta y una tabletita de chocolate como despedida, quizás como intento de dejarme mejor sabor de boca. Como si le hiciera falta...
Tras su marcha, apenas pude dormir algo. Entre el zumbido de la cabeza motivado por la noche de discomarcha, el poco tiempo que quedaba para la hora de abandonar el hotel, y el mucho pensar en aquellos días... casi no dormí.
Mientras esperaba que Chequebo regresara al mundo de los vivos, dejé las maletas en consigna, di una vuelta por una calle comercial, y me compré una camisa en Zara y unos detallitos para la family. Tras aparecer, al fin, me llevó a su estupenda casa donde, amablemente, me acogió aquella última noche.
Comimos en un bar cercano donde mantuvimos una sincera e intima conversación sobre nuestros respectivos sentimientos, inquietudes, experiencias... Fue agradable, muy agradable. Y especialmente satisfactorio cuando me hablo tan bien sobre Orlando, alabó mi buen gusto, comprendió mi compromiso personal en seguir en contacto con él y sobre todo, advirtió esa complicidad que aún después de terminar la relación aún mantenemos. Solo con mirarnos nos basta para entendernos. Cómo dejar de mirar esos ojos...
Después de una breve siesta, tuvimos una noche muy hetero. Tras una rápida cervecita con su grupo de amigos (interesadísimos por todo lo que rodea a los gayers que rodean a su amigo de siempre, recién salido del armario) y cena tranquila en un Gambrinus acompañado por el que se me antojó mas apañao de ellos (uuf, esa carne a la piedra, que ricaaaaaaa.... ) y una copa por la zona de Canovas, regresamos a casa.
Al día siguiente me acompañó a la estación. Desayunamos juntos en la última conversación mirándonos a lo ojos en quien sabe cuánto tiempo. Al poco, lo despedí con cierta penilla esperando se animara a venir por el sur algún día y monté en el tren camino de Sevilla. Me esperaban muchas horas para recordar cada minuto de esos magníficos días y un largo itinerario con muchas paradas en la ruta: Albacete, Andujar... que me impedían dejar de pensar en personas, momentos, situaciones, ausencias, esencias, deseos, pasiones, sueños...
Una mascletà de pensamientos y emociones en mi mente y en mi corazón que no me abandonan.



Como esta canción. Me hizo llorar la primera vez que la oí. Me emocionó en Sevilla. Y en Valencia. La sigo escuchando. Y pienso en la gente que quiero. La gente que debo querer.
Os quiero.

Etiquetas:       
 
VALENCIA (I)
Tras el concierto de Madonna en el Estadio Olímpico, Orlando y yo nos fuimos a tomar unas cervecitas al Antique, una disco muy pija de Sevilla, de esas con mucha cola para acceder y en la que no te dejan entrar si llevas deportivas o no le caes bien al gorila-portero de turno.
No tuvimos que pagar nada gracias a los flyers del foro de Divina Madonna, quizás de las páginas mas visitadas por ambos durante todo el mes de julio. Llegamos prontito y nos encontramos poco ambiente gay, aunque se fue animando conforme avanzaba la noche. Acabó por llenarse. Y eso que de fiesta de Madonna tenía poco. Poco después de ver las maniobras acuáticas de un gogo-sireno de cuerpazo 10 decidimos marchar a casa para descansar, pues al día siguiente volábamos hacia Valencia a mediodía.
El vuelo fue agradable, a pesar de los nervios lógicos teniendo en cuenta lo reciente del accidente de Spanair en Barajas y que era mi primer vuelo. Lo peor fue el despegue, con mi corazón a galope. Pero estar en el aire, las vistas, y la rapidez y comodidad del avión de Vueling estuvieron chulos y apenas me percaté del aterrizaje.
De modo que una vez superado el trance -tras años de trauma- creo que repetiré. Ya no tengo excusa para ir a ver a Juanjo a Canarias. Eso sí, agradecería un compañero de viaje, pués aún no estoy seguro de ser capaz de envalentonarme yo solito. Por lo menos que si hay turbulencias tenga a quien agarrarme, ¿no?.
Llegados a la capital del Turia (río que no vi en ningún momento con eso de haber desviado su cauce por el tema de las riadas) nos trasladamos hasta el centro en metro. Y aún no se cómo lo conseguimos porque no he visto un metro mas raro en mi vida. Eso de que por una misma vía haya mas de una línea, cada una de un color, y no sepas si un tren pasa por una estación u otra, vamos, es que no hay por donde cogerlo. Menos mal que el metro que estrenamos en Sevilla el próximo 20 de diciembre es como el de Madrid, por el que mas o menos te puedes mover sin mucho lío. Bueno, por lo visto, va a ser hasta mas moderno, como el de Londres o París, con sistemas de puertas de seguridad al andén y todo. Que pijos somos...
Llegamos al hotel Venecia, en plena Plaza del Ayuntamiento, donde hacen la famosa mascletá, y tras dejar las maletas e inspeccionar la habitación triple y el baño -que nos pareció bastante bien para el precio que tenía- salimos en busca de un lugar para comer, cerca ya de las 5 de la tarde. Los amables recepcionistas del hotel nos indicaron la situación de un VIPS en una calle cercana. Allí degustamos platos de su rica y socorrida carta regados con cervecitas, y sin olvidar nuestro habitual e inevitable postre de chocolate.
Tras la comida dimos una vueltecita por el centro de Valencia y nos encantó. Sus calles nos recordaron mucho a Sevilla, el ambiente y temperatura era agradable, y se notaba la presencia de mucho turista y bastantes compañeros de gremio venidos al concierto.
Tras un breve descanso en el hotel para ducharnos y cambiarnos de ropa quedé en las puertas del hotel con Chequebo. La verdad es que tenía una enorme curiosidad por verle en persona.
Casi desde el principio de nuestras respectivas aventuras blogueras nos habíamos interesado por lo que contábamos en nuestras respectivas bitácoras dejando el consabido comentario. Como es habitual acabamos intercambiando direcciones de Messenger, y con el tiempo, números de teléfono móvil e incluso los de casa. Al final, hemos acabado hablando periódicamente. Afortunadamente no ha sido de los que les abres tu corazón y luego desaparecen.
En la distancia compartimos inquietudes, buenos ratos, malos momentos, preocupaciones, su salida del armario, mi estado de ánimo durante todo el tiempo que duró la relación con Orlando, mi depresión posterior cuando está terminó, sus correrías, su enamorarse... en fin, lo normal entre buenos amigos, aunque sea en la distancia. Es tan importante no solo poder contar sino también saber escuchar... y es tan difícil dar con alguien que te escuche y a quien contar, con quien tener empatía, complicidad y entendimiento sin que acabe por darte la espalda... que una persona así es de agradecer encontrar.
Temía que en persona fuera distinto, pero ese temor no tenía razón. Chequebo resultó ser un ser cálido y entrañable, muy buena gente, desprendido y simpático. Tuve la sensación de estar con alguien que conociera de toda la vida. Y encima hizo buenas migas con Orlando que, con su carácter aparentemente serio, no siempre es bien entendido de primeras. Al final hicimos un buen trío (sin sexo) recorriendo las calles de Valencia durante los días de nuestra estancia por aquellos lares.
Tras las presentaciones de rigor, y tomar un refresquito, dimos un paseo por lo mas céntrico de la capital y anduvimos por El Carmen, para echar una primera vista al barrio mas alternativo y gay por donde repetiríamos mas veces.
Cenamos unos ricos y originales bocadillo en La Xirgu, con mas cervecitas y de nuevo postre de chocolate, intentamos una copita por la zona pero nos apetecía sentarnos y estaba todo bastante lleno. Tras un pequeño incidente con un antipático camarero del Café de la Seu, al que me empeñe en ir pues había oído hablar de ese local, y que no nos permitió sentarnos (evidentemente me negué ya a volver al susodicho, vaya decepción), acabamos en una terraza bastante maja, el Trapezzio. Me resultó curioso coincidir con unos chicos que entraron en el VIPS poco antes de salir nosotros y luego vimos por las calles del Carmen. Si es que la cabra tira al monte...
Era bien entrada la noche y, de vuelta al hotel, la Plaza de la Reina presentaba una animación tremenda, con las calles de alrededor muy concurridas para ser miércoles. Aún nos preguntamos si sería fruto de la llegada de madonnianos como nosotros.
Al día siguiente intentamos descansar bastante antes de levantarnos, pero me desperté antes de lo previsto debido al excesivo ruido que hacía el personal de limpieza y mantenimiento en el pasillo del hotel, que perdió muchos puntos.
A mediodía dimos una vueltecita por la Plaza de Toros, la Estació del Nord y la Plaza de España, antes de comer de menú en un bar de la zona y pillar luego el metro y el cercanías que nos llevaría hasta Cheste. La verdad es que fue lo único a resaltar de buena organización en toda la jornada, un 10 para RENFE y Metro Valencia. Fuimos sentados en todos los trayectos y sin problemas para ir o regresar (cosa que me preocupaba).
Lo malo vendría después. Cheste fue lo peor. No hubo organización. Pero yo iba ilusionada como una quinceañera, estaba feliz por la compañía, y muy a gusto y cómodo con la experiencia. Nunca había vivido un concierto así, de esas dimensiones. El de Sevilla fue bien distinto, más cómodo, con asiento reservado. El de Cheste suponía estar a pie de pista y luchar por una buena situación dentro del que llaman golden circle. Y verme en aquella situación me hacía gracia. Desde luego si no es por Orlando jamás lo habría experimentado. Fue increíble.
Tras un rato de cola al sol conseguimos pasar un primer control y nos dirigimos a una zona donde intuíamos que podía estar el acceso de las entradas preferentes. Allí acabamos sentados en el suelo charlando con una chicas (nos pareció una pareja de bollitos) de Albacete, donde nos encontró Chequebo con sus amigos que iban a la parte de general y se fueron de cervecitas mientras nosotros aguantábamos la espera para pillar buen sitio.
Se hizo pesado y algo agobiante, hacinados entre tanta gente y con mucho calor. Orlando se me descubrió con una faceta de gitanito que me dejó sin habla, descamisado, con todo su pelito al aire, y haciendo de chico-anuncio echándose botellas de agua por la cabeza. Confieso que, mas que excitarme o remover los rescoldos del fuego del amor y el deseo nunca apagado, me dejó con las bragas en el suelo, con lo fino que es él... Pero era eso o lipotimia, así que a refrescarse tocan. Y yo no lo hice porque soy una señora mayor, pero me faltó el canto de un euro.
Los peores momentos llegaron cuando se abrieron las puertas y se produjo una avalancha. Acabamos apretujados para acceder al recinto, ni miraron la entrada, y tras lograrlo echamos a correr de la mano entre una estampida de similares.
En pleno sprint oigo decir a un típico graciosillo homófobo “mira como corren las máricas para coger sitio” sin percatarse que aquello era un maremágnum de personas de toda condición. Fue curioso encontrarnos, en plena carrera, con Chequebo (finalmente consiguió entrar antes que nosotros y es que estaba tan mal organizado y con una ausencia tal de indicaciones, que acabamos en la misma zona) quien se convirtió en nuestro ángel de la guardia y nos señaló por donde tirar para acceder a la zona preferente. Mas carreras y llegamos justo a tiempo de coger un sitio de privilegio, muy cerca del escenario y en una parte concreta bastante buena aconsejados por las chicas de Albacete. Aún nos preguntamos como consiguieron, entrado un segundo antes que nosotros, llegar tan pronto como para ponerse en primera fila. Tras saludarlas, nos dispusimos a esperar de nuevo un buen tiempo hasta que llegara la hora de empezar.
Tuvimos suerte también con los que nos rodeaban, el buen rollo imperaba por todas partes, se compartía agua, comentarios... Pude salir con mi pulserita verde para ir al baño, pero había tan pocos servicios que tarde en volver con los red bulls y agua para aguantar. Lo malo es que no llevábamos nada de comer.
Pasó el tiempo y por fin salió la telonera Robyn. Cuando quisimos darnos cuenta se había hecho la noche... se apagaron las luces... todo se hizo expectación... estábamos a escasos metros de la pasarela, muy cerca del escenario... y empezó el juego...


Etiquetas:   
 
VACACIONES EN SEPTIEMBRE
Tras varias semanas en las que fue absolutamente imposible acceder a los blogs de Chueca y de Ya.com, con impotencia y desesperación, sobre todo por no poder despedir este espacio y dejar de leer algunos otros, resulta que esto vuelve a funcionar. Pero yo ya me he decidido a mudarme para evitar situaciones como las que se han dado mas de una vez en esta plataforma a la que siempre guardaré cariño por lo que supuso desde sus inicios.
Mientras haya capacidad y tenga oportunidad publicaré también por aquí, aunque os comunico que el armario abrió de nuevo sus puertas en esta nueva dirección:

http://www.lacoctelera.com/elarmarioabierto

Estáis todos invitados.
Así que podríamos decir que, tanto por aquí y como por allí compartiremos... nueva temporada.

Para comenzar este nuevo caminar por los blogs... un recuerdo a mis segundas y aún recientes vacaciones.
Una semana llena de emociones, mi primer viaje en avión, mi primer concierto de Madonna, un reencuentro como siempre muy especial con Orlando, y un primer encuentro con cierto valenciano por aquí enlazado...
Han sido unos días fantásticos. De los que siempre va a recordar uno. Una pasada...
Con mucha vista, reservé una semana de septiembre (del 15 al 21) tras disfrutar del grueso de las vacaciones en julio disfrutadas en tierras de Madrid, durante la Semana del Orgullo, y Zaragoza, con su Expo del Agua.
Como aperitivo el miércoles anterior me fui solito a la Plaza de San Francisco donde tenía lugar la inauguración de la Bienal de Flamenco, un espectáculo gratuito con el impresionante toque de guitarra de Manolo Sanlucar, acompañado de orquesta, un coro de voces muy originales de mujeres búlgaras, el baile de Cristina Hoyos, Israel Galván, Juan de Juan, voces flamenquitas y mucho arte.
Lo cierto es que, a pesar de vivir en Sevilla y de tantos años ya de Bienal, nunca había asistido a nada similar. Y me gustó bastante. Además me sirvió de ensayo para las siguientes citas musicales, con bastantes horas de pie.
El sábado siguiente acudí con Mikgel al concierto que finalmente no pude disfrutar en la Expo por culpa del mal tiempo, que obligó allí a su suspensión, con Dulce Pontes y Estrella Morente.
Sencillamente delicioso. Dulce Estrella cerraba su gira de verano en el auditorio de Sevilla donde 6.000 personas disfrutamos con unas voces increíbles. Aún recuerdo como se me pusieron los vellos de punta, que voces... que mujeres...que sensibilidad... que fuerza... cómo me emocioné...
Fue como si empezarán a calentar motores.
A partir de entonces un no parar.
Orlando llegó el domingo, día que dediqué a limpiar un poquito la casa en previsión de que se quedara a dormir como así ocurrió.
El lunes, desde medio día, estuvimos juntos por ahí dando vueltas sin parar hasta las tantas. Desayunamos en el Modernist, fuimos de compras, hicimos un poquito de turismo, tapeamos por la Alameda, tuvimos tiempo hasta de ir a la pelu a que se retocara un poco la melenita. Ya a las tantas lo dejé con su hermano y volví a casa para preparar la maleta.
El martes, nerviosito perdido, esperé a que me recogieran en coche para dirigirnos al concierto de Madonna en el Estadio Olímpico.
Aún recuerdo la que armamos en pleno verano para conseguir las entradas. Mejor me lo reservo porque fue una odisea flipante, rozando el frikismo, pero muy divertida.
Como aficionado a todo tipo de música, yo a Madonna la conozco desde siempre. Me crié con sus inicios y he sido testigo de su evolución. Cualquiera que pase de los 30 es inevitable que recuerde alguna que otra canción de ella. Pero nunca me consideré fan acérrimo o loco seguidor de la divina. Hasta ahora.
Conservaba algún que otro disco de ella en casa, guardaba muchas canciones en la memoria, y tenía curiosidad por ver alguno de sus conciertos, aunque no imaginaba que me fuera a ver tan implicado en esta auténtica locura desatada con su visita a España.
La culpa la tiene Orlando, fan de toda la vida, quien me fue poco a poco metiendo el venenillo este de la ambición rubia en el cuerpo.
Acabé por bajarme sus canciones, aprenderme las letras, descargarme el DVD de su última gira, empaparme bien de su trayectoria y hacerme habitual de foros sobre ella.
Todo ello ante el rumor preveraniego de que su nueva gira, el Sticky and Sweet Tour, podía pasar por España.
Ante el hueco evidente que se hacía entre las fechas de Lisboa y Paris, reservé -como comenté antes- días de permiso en torno a las fechas que probablemente acogieran un concierto en Madrid o Barcelona (donde hasta ahora siempre se celebraban estos conciertazos), con la esperanza de que finalmente viniera. En caso contrario, la alternativa era aprovechar estos días para ir a Madrid al concierto de Mónica Naranjo.
La sorpresa fue que se confirmara la llegada de Madonna, pero a Valencia, el 18 de septiembre. Acerté en coger esa semana de vacaciones.
Rápidamente empecé el operativo reservando hotel céntrico, billetes de tren, y avisando al bueno de Chequebo de que iba para su tierra. En un principio iban a acompañarnos unos familiares de él y una amiga a los que finalmente les fue imposible. Tampoco se animaron Koeps o Alberto.
Toda una odisea fue el capítulo de lograr entradas. Me di un madrugón de impresión en la cola de la Fnac para ser de los primeros en acceder a la compra el día que se pusieron a la venta (menos mal que me pilló de permiso), mientras Orlando lo intentaba a través del teléfono y el PC, luchando por unas preferentes que finalmente conseguí yo.
Cuando creíamos que ya estaba todo solucionado recibimos el notición de que actuaría dos días antes, el 16 de septiembre, pero no en Madrid como se había anunciado (y a donde me disponía a ir yo para salir juntos hacia Valencia) sino ¡¡¡en Sevilla!!!. Y claro, si viene aquí ¿no vas a ir?...
De modo que oooooootra vez operativo en marcha: anular mi billete de AVE (ahora era él quien bajaría para ir al concierto y salir juntos desde aquí hacia Valencia), cambiar los de tren por los de avión para ganar tiempo el día posterior en dirección a levante, y luchar de nuevo por entradas. Esta vez de grada en donde nos acompañarían unos familiares suyos.
Un jaleo. Rozando lo friki. Pero fue bonito. Y muy divertido.
La ilusión de las vísperas, de preparar, de organizar, los nervios, la espera... conlleva un estado de expectación que aporta mucha satisfacción.
Me sentí como un quinceañero todo este tiempo. Pero nada comparable a los días de concierto.
Como os comenté antes, llegó el martes señalado y tras dejar el coche en un parking nos subimos al autobús lanzadera que nos llevó en menos de cinco minutos al estadio.
Tremendo el ambiente, impresionante el aspecto del estadio, magnífica la organización, sin problemas para ir al servicio, con tiempo para beber algo e incluso comernos un par de hamburguesas que te calentaban en microondas, hacernos fotos, bailotear con la telonera Robin y su canción del “tiky, tiky”, escuchar al dj Wally Lopez, hacerle fotos al guapo de Aitor Trigos mientras pedía en el bar situado a nuestros pies, posar con algún que otro friki disfrazado, e inmortalizar a algún que otro famoso cercano a nuestro asiento como Boris Izaguirre, Lucía Bosé o Vicky Martín Berrocal, sorprendentemente entremezclados en las mismas gradas que nosotros y no en una zona VIP.
La presencia del famoseo se debió a la presentación en Sevilla a los pocos días de la revista Vanity Fair, con un fiestorro en la Casa de Pilatos, donde vivió Nati Abascal muchos años por su matrimonio con el Duque de Medina, y a la que acudieron muchos otros famosos. Entre ellos, curiosamente, el auténtico Orlando Bloom. Que cosas, oye...
Y tras un breve retraso, se apagaron las luces del estadio. Y comenzó el show.
Sencillamente IMPRESIONANTE.
Jamás pensé que me pusiera gustar tanto.
Canté, bailé, grité, di saltos, casi me quedo afónico, y disfruté como una quinceañera abrazada a su carpetita con las fotos de sus ídolos (entre ellos Madonna y Orlando Bloom, claro, jajajaja).
El caso es que me dejé llevar por una efervescencia generalizada y una histeria colectiva disparada desde el primer momento que se la vio aparecer. Un delirio inusitado hacia una mujer de 50 años pero con una capacidad física que ya quisieran muchos veinteañeros y un espectáculo increíble de luces, sonido, imágenes, baile y puesta en escena.
Algo que difícilmente voy a poder olvidar.
Y aún quedaba el segundo concierto... y Valencia... y Chequebo...


Etiquetas: