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DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
El armario abierto muestra las CONFESIONES A UN DIARIO INDISCRETO
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El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Sois ya los que os pasais por aqui... Web Site Counter
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FELIZ (Y NARANJA) 2009
Me gusta despedir el año viejo y dar la bienvenida al nuevo con gestos.
Algunos son costumbres que repito cada 31 de diciembre, como encender todas las luces de la casa, dejar el piso limpio antes de salir para cenar y tomar las uvas con la familia, encender una vela que ilumine unos minutos de agradecimientos y propósitos, o besar la foto de mis padres fallecidos.
Otros son rituales de cada Nochevieja, como tomar las uvas vistiendo la tradicional ropa interior roja, con algo de dinero y oro en una de las manos, o empezar el año con el pie derecho.
De cara al año nuevo, esta vez quise simbolizar la fortaleza (que necesito) con mi última sesión de musculación en el gym, al que debió seguir la de resistencia en la piscina, pero desaparecieron misteriosamente las gafas de nadar, así que sustituí el momento resistencia (ya resistí bastante todo el 2008) por el de serenidad (que no me falte), disfrutando del jacuzzi, el baño de vapor y la sauna.
Salí con las pilas cargadas. Y con buen ánimo. A ello contribuyó una colorida propuesta. Y es que me revestí del espíritu del color naranja, que me dispongo a adoptar como el color de 2009. Y va a ser un buen color...
Ocurre que encontré por casualidad, durante una tarde de compras, un gel de ducha de Ágata Ruiz de la Prada que -a modo de colorterapia- proponía el naranja como el color del optimismo. Al parecer aporta vitalidad y energía para afrontar las cosas con un punto de vista positivo. Y como es algo que consideré importante en mi vida me dio por comprarlo. Decidí dejarlo reservado para estrenarlo y empezar a usarlo un día como este.
Además, antes de la ducha, procedí a una limpieza de células muertas e impurezas con un gel exfoliante corporal que curiosamente también era de color naranja. Y el champú y el acondicionador para el cabello también eran naranjas, con extractos de mandarina, lemongrass y aloe vera. De modo que, evidentemente, el naranja se convertía en el color ideal para despedir lo viejo y recibir lo nuevo que el año ofrece.
Así de anaranjado dejé mi casa para despedir el año. Aunque ya no estén conmigo mis padres, los hermanos y sobrinos seguimos reuniéndonos para celebrar las Fiestas. En una noche como esta me acogen para cenar y tomar las uvas en casa de alguno de ellos, y suelo vivir una salida y entrada de año tranquila y familiar, con el habitual brindis con cava cargado de buenos deseos para los próximos meses.
Ya puestos podría haber vestido en tonos naranjas para tal ocasión. Pero tampoco hay que exagerar. Preferí un elegante conjunto gris y negro de Zara. Aunque la bufand sí que llevaba algún toque de color naranja. Y hasta las sábanas que puse limpias en mi cama para la primera noche del año resultaron ser naranja. Que friki.
Como la fiesta del día 1 de enero coincide con mi onomástica, recibo además algún que otro regalito, con lo que siempre empiezo bien el año. En esta ocasión una bufanda y el libro de Ruiz Zafón La sombra del viento. Guay.
El momento divertido llega cuando empezamos a leer los mensajes que nos llegan al móvil de amigos o conocidos (la mayoría de estos que se mandan en cadena), mas o menos cachondos, para felicitar el año. Que si "año de nones, muchos montones...", que si "propongo un brindis por...", que si "con motivo de la crisis aprovecho este mensaje para desearte ya Feliz 2010...", etc. Los mas curiosos o simpáticos lo compartimos, en plena cena, con todos los presentes en cuanto llegan.
Y a mi me llegó uno de Orlando: "¿Cuándo vas a salir del armario, esta noche?. Te propongo dos minutos antes de las uvas como mejor momento...". Casi lo leo en voz alta. Ni que decir tiene que me entró la risa floja.
Si llego a hacerlo a mas de uno se le hubieran atragantado las uvas. De todas formas es algo que tengo pendiente en mi lista del año.
De normal, tras las campanadas, uno suele celebrar la llegada del nuevo año con algunos amigos de copas por el centro, en alguna fiesta o cotillón, o acudiendo a casa de alguien. Pero este año no hubo nadie que me hiciera propuesta o invitación alguna, de forma que tras las uvas, me volví solito a casa bien temprano, me puse el pijama e intenté dormir en cuanto me dejaron los petardos de la calle y los vecinos de arriba, que vaya ruidazo rociero que estaban metiendo.
Lo conseguí al fin, pero no dormí mucho. Desperté temprano. A pesar de intentarlo no conseguí conciliar de nuevo el sueño, de modo que decidí vestirme y perderme entre calles desiertas camino de un local donde comprar un chocolate con churros para tomar en casa de desayuno. Un capricho.
Me lo tomé viendo Titanic.
Lloré.
Para compensar me puse otro DVD, esta vez de Martes y 13.
Reí.
Avanzó el día. Siempre se me hace un día raro...
Con tan contundente desayuno no tuve apetito para almorzar. Tampoco cené mucho. Se me pasaron las horas en el sofá. Estirando algo las piernas, de vez en cuando, pero volviendo al sofá.
Perreo, perreo.
La tarde se puso plomiza. Llovió. No fui capaz de concentrarme en la lectura. Practiqué mando. Acabé por ver una peli de Tele Cinco sobre una chica china, decidida y luchadora... recordé que unos días antes un chino se llevaba de Alcampo 100 cajitas de Flan Chino Mandarín, probablemente para un restaurante chino. No suelo ir mucho, pero lo recordararé si vuelvo a alguno y me dicen que es flan chino de la casa.
La tarde trasncurrió con algo de TV... iniciando un diario alternativo a éste tan indiscreto y digital (el diario de un secreto que ya comentaré otro día)... con un poquito de ordenador... recibiendo y enviando algún mensajito retardón... y atendiendo dos llamadas telefónicas de Orlando y Chequebo que se acordaron de felicitarme. Dos largas conversaciones que agradecí mucho, como la de la tarde anterior con Alberto.
Orlando, que es muy suyo, lo primero que hizo tras las consabidas felicitaciones por mi santo y el Año Nuevo, es preguntarme si al final salí del armario. Encima, horas después de haber hablado esa noche, le dio por enviarme otro mensaje como el de Fin de Año. Y es que de pronto tuvo la ocurrencia -ya de madrugada- de que "es mejor que lo cuente comiendo el rosco de Reyes, antes de que salga la sorpresa...".
Anda que no tiene guasa el niño... Es mas malo que Carmen Orozco. Pero me hace gracia. Siempre estamos así.
Y así pasaron las últimas y las primeras horas.
Así pasaron el último y el primer día.
Espero que en todos cuantos les siguen, ahora y hasta llegar de nuevo al tiempo de los gestos y los ritos, no me falte... no nos falte... el color naranja.

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