12 MESES 12 CAUSAS... DE ENIS
Pasó este año.
Doce meses con vivencias que causaron en mi un proceso de cambio personal.
Podría resumirlo así:
ENERO
No estaba bien conmigo mismo. No estaba bien con mi novia. Insatisfacción, infelicidad, sensación generalizada de tristeza, rozando la depresión... empiezo a perder peso, corto una relación consolidada desde hacía años y vivo por primera vez en mi vida solo. Caigo en picado.
Enero causó en mi... la DECISIÓN de hacer realidad un cambio, aunque me hizo caer a un pozo del que no sabía como iba a salir.
FEBRERO
Caído en el abismo de la desazón, de los miedos, de la soledad, del sinsabor, de la amargura, de la tristeza, de la pena, de la desgana... Y sin embargo escalando lentamente posiciones para salir de ese agujero negro, con la tranquilidad de saberse querido por la familia, respaldado por los amigos que se preocupaban por verme así, y convencido que hice lo mejor al cortar con mi novia.
Febrero causó en mi... el CONVENCIMIENTO de que las cosas aunque iban mal podían ir mejor poco a poco.
MARZO
Empiezo a volver a salir con los amigos de siempre, tras semanas de reclusión en casa. Descubro los blogs. Decido crear este Diario indiscreto y titularlo El Armario Entreabierto pasando meses después a ser un Armario Abierto. Empiezo a comentar y a ser comentado. Nunca imaginé lo que iba a suponer para mi. Conozco a un chico de Sevilla, uno de mis comentaristas, con el que empiezo a hablar por MSN y teléfono. Nos conocemos. Me gusta. Mi primera vez con un chico. Ahora lo entendía todo.
Marzo causó en mi... un DESCUBRIMIENTO. Un nuevo territorio personal en el que me aventuré y que desde entonces me dispuse a conquistar.
ABRIL
Me fue difícil saber si el mundo que vivía era sueño o realidad. Subí la escalera del amor. Al poco, ocurrió lo que mas temía, que se acabó la gasolina, y caí escaleras abajo Y me morí. Me morí sin conocerle. Y sufrí.
Abril causó en mi... una REVOLUCIÓN personal y sexual. Me encomplicé, primero, me enamoré después. Fui mas “tan así” que nunca.
MAYO
Descubrí que los deseos de Año Nuevo solo son factibles con las uvas de las campanadas en directo. Suspiré. Cerraron para mi las puertas del Hotel Existencia. Hice propósitos de enmienda y de desecho. Y me decidí a salir poco a poco del armario.
Mayo causó en mi... un ENCUENTRO con Pedro, y a través suyo, con otra realidad de la que participar sin miedo.
JUNIO
Descubrí el orgullo, de ser como soy y el valor de conocer a quienes son como son. Crecí como persona. Y tomé la decisión de aventurarme aún mas.
Junio causó en mi... el COMPROMISO de no salvarme.
JULIO
Conviví unos días inolvidables con Edu en Madrid. Compartí. Me abrió los ojos. Conocí Chueca. Disfruté de un tiempo y una compañía maravillosos. Me dejé llevar por Córdoba. Sufrí discriminación.
Julio causó en mi... profunda IMPRESIÓN.
AGOSTO
Volví a Madrid. Conocí a Juanjo. Fui visible. Me divertí como hacia tiempo no lo hacía. No me sentí solo. Llegaron a mi Jose, Mario, Jorge, Raul y los demás chicos senderistas de la COGAM. Así como David y Paco, que se convirtieron en buenos amigos. Apareció Tato en mi vida. Tuve mi primer contacto cercano con lesbianas. Descubrí Chueca. Me “desahogué” en el gym. Me compré un piso.
Agosto causó en mi... SATISFACCIÓN. Por la decisión, el convencimiento, el descubrimiento, la revolución, los encuentros, el compromiso y la impresión de meses anteriores. Y que fueron incrementándose en los posteriores.
SEPTIEMBRE
La primera quedada. Visibilidad en Sevilla. Conocí a gente fantástica. Quijote, Shiquillo, Gaby, Luigi y Mikgel se convertirían con el tiempo en buenos amigos. Cumplí los seis meses de blog.
Septiembre causó en mi... EMOCIÓN. La emoción de compartir sensaciones y emociones con gente muy especial.
OCTUBRE
La visita a Sevilla de Tato nos sirvió a los blogueros de aquí como excusa para vernos. Afianzamos empatías, aficiones, cariño y amistad.
Octubre causó en mi...CERCANÍA con los que venían de fuera y los que estaban al lado.
NOVIEMBRE
Fui cicerone. La visita a Sevilla de Tato nos sirvió de nueva quedada a los de aquí. Pasamos buenísimo ratos con el burgalés. Conocí a un nuevo bloguero, Carlitos Sublime. Fui aún mas visible. Me convertí en Gustavo, el reportero mas dicharachero. Eché de menos a mi madre. Me vi envuelto en un jaleo... Vinieron David y Paco.
Noviembre causo en mi... CONTRASTE entre el mal de la ausencia, de la pérdida, y el bien de lo que encuentras y cultivas.
DICIEMBRE
Quise homenajear a muchos creando un blogbelén. Luego se montó un belén con mis ironías mal entendidas. Cumplí años. Hice balance. Participé en una quedada en Madrid que acabó por ser un hermoso encuentro. Conocí a gente estupenda. Y me lo pasé en grande. Por fin desvelé rostros y descubrí voces. Me acerqué a muchos, roce a unos pocos, y me fundí con algunos. Encontré y reencontré. Demasiados nombres para ponerlos todos. Pero no puedo evitar nombrar especialmente a Carlos, Luis, Richi, Luis, Alfredo y Aitor.
Llegan las uvas. Y con las campanadas pienso que esta noche, ante mi ojos empañados algo en lágrimas por la emoción, pesaran las ausencias pero también notaré el peso de lo bueno que he compartido. Y pasaran estos 12 meses y lo que causaron en mi. Y desearé otros 12 en los que mejorar y crecer como persona. Y que causen en mi lo mejor, como este año que fue...
Inicié el blog con un “Comienzo”, reflejo de “Nueva Etapa” y al poco “Ese algo Melancólico”... y acaba con “El corazón contento”.
Entre un extremo y otro mucho que contar y compartir. Buenos y malos momentos. La vida, en suma...
De entre los contenidos diversos y variados de los posts de este blog, mas o menos ocurrentes, mas o menos comentados, mas o menos recordables, hay uno en el que me gustaría detenerme, el que enumeraba una serie de propósitos, allá por el mes de mayo, y que con el tiempo trajeron lo siguiente...
Llamé a los amigos de siempre mas a menudo.
Salí mucho mas, y lo pase en grande, sobre todo con los nuevos.
Hice mas ejercicio. Empecé a entrenar con un preparador físico personal.
Perdí peso. Recuperé ropa que hacia mucho no me ponía.
No pisé la playa, pero la piscina del gimnasio me dio algo de color.
Me compré zapatos y ropa nueva.
No fui al psicólogo.
Salí del armario haciéndome cada vez mas visible con amigos en Madrid y Sevilla.
Conocí a Pedro. Cené con él. Fui con él a la ópera.
Conocí a otros buenos amigos. Participé en quedadas.
Sigo en contacto conn Toni, esperando darle un día la sorpresa.
Dejé de leer a Paul Auster. Me duele hacerlo.
Fui al cine. Y al teatro. Y de copas. Y a Madrid...
Me reí mucho más.
Bailé y bebí en las bodas. Y fuera de ellas.
Disfruté de Madrid en vacaciones.
No pude viajar a Canarias para ver al Niño y su novio. Pero los conocí en Madrid.
Quedé con Edu. Compartí con él.
Disfruté del momento, de muchos momentos.
Hasta aquí puedo leer...
Pero confieso que me agobié.
Intenté desechar:
La tristeza. Pero siguió acompañándome.
Los enfados. Aunque hubo alguno que otro.
Los suspiros. Pero fue una cruzada inviable.
La caña. Que solo continuó de coña.
El quedarme en casa por si llama. Por lo que salí mas.
El dejar de hacer planes. Y los hice.
Las lágrimas. Aunque surgieron.
La ansiedad. Aunque no del todo
Las preocupaciones por el trabajo. Pero esas no hay formas de quitármelas.
Los posts “depres” del blog. Pero duran, y duran...
El agobiarme por mi ex. Y cada vez fue a menos.
Así como los miedos. Y cada vez fueron a menos.
La impaciencia. Pero es mi naturaleza...
La pena de no oir "cielo..." referido a ti. Sin embargo, hay cosas que nunca dejan de apenarte.
El temer perder lo que quieres. Sin embargo, no hay quien pueda con eso.
Las ganas de sexo. Pero ya anuncié que sería complicado.
Y a final de año recopilo nombres, y flipo.
Nunca había conocido tantas personas en tan poco tiempo. No dejos de dar gracias por ello.
Vosotros que encarnasteis a mis figuritas del portal de bloglén. Vosotros que disteis forma a mi árbol de Navidad. Vosotros que compartisteis conmigo buenos ratos en Sevilla y Madrid. Que me hicisteis compañía por Messenger. Que me disteis conversación por teléfono. Que mandasteis mensajitos al móvil. Generosos en ánimos, consejos, apoyo y aliento. Que me escribisteis correos. Que me sorprendisteis y hasta me emocionasteis. Vosotros que me habéis cogido cariño o simpatía. Aquellos que merecíais la pena conocer y tuve la suerte de conseguirlo. Vosotros mis contactos, mis blogueros, mis enamorados, mis amigos...
Gracias.
A todos vosotros.
Y a los que me comentan.
Y a los que me leen...
... y especialmente a ti, mi amor, donde quiera que estés, cuando quieras estar, conmigo...
FELIZ AÑO NUEVO
Y FELIZ 2007
Pero no te agaches mucho que va y te la mete, que va y te la mete.... o sí.
TENGO EL CORAZÓN CONTENTO
Cuando quise darme cuenta apenas tuve tiempo para montarme en el taxi de vuelta a casa. Estabamos los tres en la esquina de la Puerta Osario y Vulcano, tan alto él, vio venir la luz verde al fondo, y me avisó.
Apareció ante mi a gran velocidad y apenas tuve tiempo de agitar el brazo, volverme, darle un par de besos a cada uno de ellos y acelerar el paso hacia el coche que se había parado en el semáforo.
Me hubiera gustado darles un abrazo mas prolongado y sentido. Quien sabe lo que tardaré en volver a verlos.
Los conocí en verano, aquel viaje en pos de Juanjo, donde me hice visible por primera vez en las calles de Madrid, donde me divertí muchísimo durante las fiestas de La Latina, y en vez de sentirme solo -como me temía- conocí a muchísima gente.
Vulcano y su novio estaban entre ellos. Me resultaron entonces encantadores. Y con el tiempo y a base de encontrarnos y vernos la sensación de buen rollo que siempre nos embauca ha ido dando paso a la de amistad.
Ya le dije en un comentario a su último post que me gustaba mas el Vulcano real, aunque me encantara como escribe el Vulcano bloguero. Me divierte que su novio también tenga un blog tan distinto al suyo, mas petardo. Y me siento tan a gustitiiiiiitooo cuando salimos de marcha con ellos...
La quedada sevillana navideña se prolongó en el tiempo. Tras el martes, ya narrado, volvimos a vernos el miércoles. Ese día la cita fue ya tarde. Yo di una vuelta con mis amigos homófobos -a los que conocerán Shiquillo y su churri en Fin de Año- e hice tiempo hasta la hora de cenar. Quedamos en casa de Pcj, donde aproveche para calentarme un poquito al calor de su estufa con el sonido ambiente habitual en él, osea opera. Y es que la hora y pico que estuve de pie de cervecitas en El Salvador pasó factura en mis pobres orejillas congeladas.
Una vez llegados David y Paco bajamos y decidimos ir a cenar a un restaurante italiano muy cercano donde los platos están deliciosos, la Tagliatella. Mas visibilidad. Hasta el punto que en medio de la conversación Pcj y Vulcano coinciden en afirmar que yo ya estaba fuera del armario.
La frase venía al hilo de una conversación en la que se comentaba como algunos gays no es que estuvieran en el armario sino que estaban en la cripta, es decir, mas metidos todavía. Puesto que todos ellos han superado todo eso, yo debería sentirme entre la cripta y el armario entrebierto, pero llegaron a la conclusión que yo ya estaba fuera si salía con otros gays y actuaba con la naturalidad que lo hago en situaciones como las que estaba viviendo. En un restaurante que no está en la zona de ambiente, habitual de los pijos sevillanos, donde suele cenar a menudo mi jefe con su familia, y rodeados de evidentes parejas y grupos de heteros, nosotros íbamos a lo nuestro, hablando en voz alta y sin tapujos de nuestras cosas, manteniendo una conversación variopinta y divertida, archiagradable, y con sus dosis de mariconeo y marujeo cachondo, en ocasiones.
Participar de eso no es estar en el armario. Otra cosa es que mi familia, amigos o compañeros de trabajo lo sepan. Aunque a este paso se van a acabar enterando. Ya sabemos como son las leyes de los seis grados de separación, aunque David dice que con esto de Internet esa ley a quedado reducida a dos grados.
Tras los exquisitos postres del restaurante italiano -¡¡¡que tiramisú, madre mía!!!- se incorporó Luigi, quien no pudo aguantar en casa sabiendo que estábamos por ahí de quedada, y tomamos una copa en el Café Trajano. Por fin Paco pudo tomarse un café entre semana en Sevilla después de cenar. Ya sabemos donde ir para eso a esas horas.
De nuevo muchas risas, ocurrencias, y buen rollo. De nuevo sensación de muy a gusto con todos ellos. De nuevo contigo, contigo, contigo, me siento feliiiiiizzzz.
El jueves Vulcano y su novio marcharon a Cádiz a ver a unas amigas, así que no salimos. Pero el viernes había que despedirlos como merecían, de modo que nos dispusimos de nuevo a vernos por la noche. Se excusó Carlitos sublime, de nuevo, y ni Mikgel ni Luigi pudieron tampoco.
Shiquillo vino sin su churri. Encantador, como siempre, sí que se notó que padecía un día empanado de los suyos, si acaso mas acentuado. David y Paco aparecieron tras acudir al concierto del Maestranza. Por su parte, Pcj se sumó mas tarde en compañía de su amiga y casi hermana, la encantadora Marta.
Como el novio de Vulcano prefería comida mas local decidí llevarlos al Góngora, donde ponen muy buenas tapas. Allí degustamos las consabidas raciones de ortiguillas, puntillitas, tortillitas de bacalao y montaditos de pringá, regados con cerveza Cruzcampo. ¿Hay algo mas local? Pues sí, las cosas de Antonia y Maricarmen.
Después nos pasamos por la cercana Cervecería Internacional donde Shiquillo se aventuró con una rojiza que sabía a fresa. Le hizo foto y todo para enviársela a al pobre Gaby, quien estaba currando. A mi me hace eso y lo mato.
Vulcano y yo coincidimos en una blanca belga. A mi no es que me vaya mucho esto de las cervezas, pero se dejó beber.
No recuerdo que tomaron los demás. Pero sí que Vulcano tiró media jarra encima de la cazadora de Pcj. Directa a la tintorería. Ains, “que patoso”, se lamentó...
Sobre lo manazas que somos todos empezamos a hablar. Y sobre correrías sexuales acabamos. Las carcajadas con las historias de David y Paco llegaron a Ciudad Real, o a Jaén, vete tú a saber.
Avanzó la noche. Y poco a poco se fueron marchando todos. Hasta que solo quedamos Vulcano, su churri y yo. ¿La última...?
Vale
De nuevo Café Trajano, muy distinto al ambiente de entre semana, con mas público a hora tan tardía, y música alta. Pero sin café. Y como el benjamín de cava no estaba frío... al final un Baylys, licor de guinda y licor de manzana. Muy mariquita, vaya.
Momento de confidencias breve porque el churri se dormía. Y paseo hacia la ronda para coger el taxi y despedirlos.
Hoy podría notar cierto bajón, pero no me va a dar tiempo. Mikgel me ha confirmado que se viene al concierto de esta tarde en el Maestranza. Además, mañana es Nochevieja y Shiquillo y su churri, tras las uvas, lo pasaran conmigo.
Aunque, eso sí, estos días eché de menos ver a Victor, a Carlos, a Luis, a Tato, a los bilbaínos, al otro Luis, a Richi...
Y ya noto la ausencia de Vulcano y su novio...
Ains, este mes de diciembre lo recordaré siempre.
Me trajo mucha gente y buena de golpe...
Me trajo buenos momentos...
Me trajo...
Tengo el corazón contento, estos días. Gracias, chicos.
Dedicado a Paco.
UNA VOZ QUE NO ME CANSO DE ESCUCHAR
Preparo estos últimos días de 2006, un post que titularé “12 meses 12 causas de Enis” a manera de balance para publicar el próximo día 31.
No pensaba postear ninguna broma en este pasado 28 de diciembre, que para eso ya están Shiquillo y su jefe acosador. Ni escribir nada mas hasta fin de año, donde hacer algo de balance (que original) y desear a todos lo mejor para el 2007. La rima de este año ya me la metió Quijote el otro día cuando me llamó.
Sin embargo, y precisamente sobre llamadas, quiero hoy deciros algo. El motivo es una conversación telefónica establecida hace pocos minutos con alguien muy especial.
Lo comentaba recientemente con esa persona, a la que quiero mucho, cuando me preguntaba si yo era de los que se llevaban todo el día hablando por teléfono. Y así era, de siempre, desde mi época de estudiante de bachillerato, y sobre todo de mi paso por la Universidad. Y sobre todo con tías.
Sin embargo, ahora me he dado cuenta de que mi teléfono ya no suena como antes. O debía decir mis teléfonos, porque tengo dos números fijos en casa y otros dos números de móvil.
Confieso -algunos lo habéis padecido- que soy muy loro, parlanchín por naturaleza, pico de oro embaucador con las niñas (ains, con el éxito que siempre tuve con ellas, por cierto, y el poco que tengo ahora con los tíos, joooo, para una vez que me decido...). Bueno lo que decía, que siempre he sido un ocurrente orador,... una cotorra, vamos. Será por eso que me va tanto todo lo oral. Es decir, cotillear entre amigos, tertuliar a la hora del café, platicar entre amigos, hacer de presentador, no parar en las comidas, dar discursos, pregonar excelencias, coger un micrófono y creerme Jesús Vázquez, cantar en plan karaoke o en la ducha, dar consejos tras escuchar a los amigos, hacerme la Maricarmen en parodia con las Antonias de turno, y todo lo oral mas que se os ocurra...
Y con todo lo que uso la lengua, de siempre, resulta que desde hace tiempo esta se ha ido retirando de su vieja costumbre de hablar por teléfono. Algo que nunca pensé pasaría. Pero ha pasado, aunque reconozco que poco a poco voy recuperando.
De hecho pago poquísimo de teléfono fijo y se encarece algo mas la factura del móvil pero sin alcanzar cifras destacables. De modo que salgo barato. Y mira que no soy de los que dan un toque para que los llames...
La explicación es sencilla. Por motivos que alguna vez ya expuse, me recluí en casa durante varios años y eso hizo que apenas tuviera contacto con el exterior y prácticamente mis salidas se convirtieran en algo esporádico. Los amigos poco a poco se fueron acostumbrando a dejar de llamar tras mis sucesivas e inevitables negativas a quedar. Cansancio, atonía, depresión, imposibilidad, etc, fueron haciendo mella. Y yo también dejé de llamar. Me refugié en Internet.
Una vez pasado ese periodo (salvo los pocos días de mis conversaciones con el quitasueños –de las que no puedo volver a hablar por promesa- pero ya narrados hace meses), cuando ya podría volver a recibir llamadas, éstas ya no se producen. Y si surgen son las necesarias para un “como estás y a ver si quedamos”, para un breve saludar, y para un citarse. Poco mas. El resto nos lo decimos en persona.
Hay algún bloguero o comentarista que amablemente ha reestabecido esa antigua costumbre de hablar por teléfono conmigo, como Luis M, Ruben, Richi, Super Tato, Jose... y con los que he pasado agradables ratos. Motivada, en gran parte, por la distancia en kilómetros que nos separa.
Con los de Sevilla, sin embargo, y como los veo en persona, me pasa igual. Incluso con Pcj, con quien mantuve larguísimas conversaciones en la época de mis indecisiones de abril y mayo, al vernos ahora mas a menudo in person, ya apenas hablo por teléfono.
Recuperaría el uso de este aparato manteniendo todas las charlas del mundo mundial diciéndole cositas a un churri, cosa que echo mucho de menos. Mas, a estas alturas y visto lo visto, es ciertamente algo improbable que ocurra.
Sería mas fácil conseguir el teléfono de Dani de Operación Triunfo, a quien por cierto no me cansaría nunca de llamar, pues a parte de mi favorito por como canta es el mejor representante de “mi chico ideal” para tener a mi lado for ever and ever. Que me gusta ese niño, por Diossss...
Tampoco va a pasar, evidentemente.
Peeeero... no me quejo.
Una voz cálida me está acompañando últimamente muuuucho tiempo por teléfono. Nos reímos, compartimos confidencias, se me hace cada vez mas cercano, enormemente tierno y entrañable, adorable y sugerente. De esas personas con las que, como antes, me llevaría todo el tiempo del mundo hablando sin cansarme, navegando en un mar de palabras y entonaciones, entre olas de seriedad y espuma divertida, sin resaca, a pleno sol o a la luz de la luna, en mitad de la impertinente tristeza o de la relajante alegría. Hablando sobre todo y sobre todos. De todo y de nada en concreto. Disfrutando de la conversación y hasta de los silencios. Alguien a quien contar. Alguien a quien escuchar. Alguien que merece la pena. Y se merece lo mejor.
Un buen amigo. Un sueño de niño.
Una voz que no me canso de escuchar.
Así que como dije antes, no me quejo. A pesar de ser yo una de esas personas incapaces para hacer algo posible.
...CONTIGO, CONTIGO, CONTIGO, ME SIENTO FELIZ...
Tras los sinsabores de los momentazos antimariquitas de mi querida y homofóbica familia en Nochebuena y Navidad, necesitaba el respaldo de un buen encuentro de queens bloguers, y nada mejor que la reunión convocada con mis amigos de Sevilla y de Madrid, unidos por la causa, en mi ayuda.
Aunque Vulcano llegara el pasado viernes, y ya pasara tiempo (juerga y charla) con Luigi, Azul, Pedro y Mikgel, aún no habíamos tenido ocasión de vernos por un malentendido de quien tenía que llamar a quien.
Al final me pase el finde en casa, sin salir (ya sabéis mi estado emocional de estos días), y rechazando quedar con mi grupo de amigos homófobos, pues no me apetecía nada andar con tonterías.
Finalmente Vulcano me llamó el domingo, antes de partir para Málaga donde pasaría la Nochebuena. Quedamos en vernos a su vuelta, el martes. Pero tampoco ese día hubo oportunidad. Y me vino bien no quedar, la verdad, dado el estado de ánimo que me dejaron los momentos referidos en el post anterior.
El caso es que, ya de vuelta al curro este martes, cuando me mandó un mensaje por la mañana sobre el tema de vernos, me salió del alma enviarle otro diciéndole que a este paso al final iba a tener que ser en Madrid, porque entre una cosa y otra, no había forma de coincidir.
“Que exagerada eres, Mari Carmen” -me contestó- y decidimos vernos para un café, aprovechando que ya estaba en Sevilla su novio.
Aclaro que lo de Mari Carmen es un divertido y cómplice jueguecito que nos traemos los dos -él es Antonia- y que sería largo de explicar. Pero seguro que alguno que otro implicado en nuestras correrías, o testigo de mis andanzas por Madrid, lo entenderá convenientemente. Al juego se ha sumado encantado Pcj, que es otra Antonia que no veas...)
El caso es que una vez confirmada la cita, me dispuse a reclutar participantes. Pcj se sumó enseguida, Carlitos Sublime y su Chema fueron invitados pero por motivos de trabajo declinaron la invitación, Shiquillo y Gaby me llamaron para sumarse y Luigi y Azul se agregaron posteriormente. Podríamos, pues, definirla finalmente como quedada navideña sevillana.
El café Trajano era el punto de encuentro original. Me dispuse a recoger antes a Pcj en su privilegiada y céntrica casa para lo que me recorrí toda la Avenida de la Constitución -aún en obras- camino de la remozada Plaza Nueva que luce espléndida.
Durante el recorrido me encuentro gente por todas partes, un cuarteto de carnavales actuando junto al Ayuntamiento, un coro de campanilleros junto a las estatuas de Igor Mitoraj que tan buena acogida han tenido, castañeros varios (que solo venden castañas y no batatas como en Madrid) y un mercadillo de belenes con numeroso público.
Llevo algo de retraso. Subo por Tetuán hacia La Campana. Mucha mas gente. Se hace complicado ir a ritmo rápido. Me desespera la lentitud de algunos, y sobre todo que se monte un corrillo en torno a un espacio donde cabe el Circo Mundial para ver a dos haciendo de figuras humana que se mueven de forma ciertamente poco original cuando les echan dinero. Y encima en la parte mas estrecha de la calle. Me encanta la novelería de mis vecinos.
En la misma calle abundan los indecisos en las puertas de los comercios con sus “para donde tiramos...”, varios vendedores ambulantes del top manta, grupitos de niñas pijas todas vistiendo igual, compradores compulsivos, el clásico papa empujando carrito con crío dormido, familias con niños atados a sus globos, docenas de parejas de novios acaramelados, mucha niña mona, pero muy pocas solas, luces de colores, me lo paso bien... porque veo mucho tío bueno, montones de guapos, y hasta alguno que te retiene la mirada.
Recojo a Pcj y nos vamos para el punto de encuentro que es el café Trajano pero su ambiente cargado de humo y la mucha gente que había nos hizo cambiar de sitio. Acabamos en una cafetería que él denomina “de las bolleras”. Primera vez que entró y eso que está al ladito de La Campana (lo que viene a ser en Sevilla la Puerta del sol de Madrid, pero como dijo Paco “en pequeñito”).
El y Vulcano aparecen tan guapos como siempre, y sonrientes. Momento visibilidad con besada de bienvenida. A continuación, “análisis psicochristmas” y primeras carcajadas. Durante las reuniones familiares en casa de uno la conversación principal giró en torno a mas comida, en la de otro hubo roces familiares, en la de un tercero se habló de todo.
Y me toca el turno de comentar. Evidentemente no han leído mi post:
-“...¿y de que hablasteis en la tuya, Enis...?
- “¿En la mía...?
Hago una pausa intencionada para crear expectación. Que cómica es esta Mari Carmen...
Y contesto, al fin:
-“De mariquitas...”
Caras de estupefacción, risas, y comentarios varios tras mi pormenorizada recreación.
Me relajo. Me hacía falta.
La socarronería de Pcj, la originalidad de Vulcano, el humor de Paco, me sientan tan bien tras los posteados momentos 1 y 2 de Nochebuena y Navidad...
Nos vamos a Plaza de Armas. A la Fábrica de cervezas. Vivo uno de mis “momentos camarero”.
Ellos piden cerveza. Y yo...
-“ Un moscatel”.
- “¿Eso es vino dulce? -me espeta el mesero- ¿no?”.
Ahora soy yo quien miro con estupor. Y no puedo disimular una sonrisa patosa mientras miro a David.
- “Va a ser que sí...”
Llegan Shiquillo y su churri. Muy guapos los dos. Gaby empieza a ganarle la batalla de originalidad en los chalecos a su novio. Hablamos de hacer algo juntos en Fin de Año. Igual se vienen con mis amigos homófobos al Sitio. No quiero pensar en esa mezcla...
Pcj nos lleva a uno de sus sitios preferidos, casi al lado. El Boreas. Muy majos los camareros, muy original y suculenta la comida, pero pequeño de espacio.
Momento roce de piernas ora con Pedro ora con Gaby.
Los comentarios durante la cena muy divertida. Confidencias varias. Repaso bloguero. Repaso quedada madrileña. E intento infructuoso de sacarme información sobre mis aventuras madrileñas y enamoramientos... Hablar con ellos cinco con naturalidad, con complicidad, con cariño, con buen humor, con picardía, con libertad me hace sentir bien.
Son mis amigooooos.... que canta Amaral.
Tras la cena, Shiquillo y churri se marchan. Los demás buscamos un sitio para tomar café. Llegamos a la conclusión de que Sevilla, al menos entre semana, tiene aún mucho que aprender de las grandes ciudades. No puede ser que a las 23’15 no puedas tomarte un café en el centro. Fue patético. El Starbucks ya había cerrado. Y ni el Boreas ni el Alfalfa 10 servían ya café.
A pesar de todo, en este último sitio esperamos la llegada de Luigi y Azul. Al primero se le nota los excesos de días atrás en la “no voz”. Indecisión sobre donde ir. Acabamos en el Cabo loco. Mientras se dejaban secudir por el queipiriña de ron miel jugueteamos con el Bluetooh e intercambiamos sintonías para el móvil. Pcj me proporciona sexo en Nueva York. Luigi me muestra un monólogo de Antonia San Juan y el Campanera de Joselito. Me quedo con la que me manda Vulcano.
Estoy deseando que me llame mañana alguien al trabajo. Cambié el divertido sonido de Austin Power por el mas kitch de Marisol y su “Soñando contigo, contigo, contigo, contigo, me siento feliiiizzzzz”.
Es tan Mari Carmen...
Aunque Vulcano llegara el pasado viernes, y ya pasara tiempo (juerga y charla) con Luigi, Azul, Pedro y Mikgel, aún no habíamos tenido ocasión de vernos por un malentendido de quien tenía que llamar a quien.
Al final me pase el finde en casa, sin salir (ya sabéis mi estado emocional de estos días), y rechazando quedar con mi grupo de amigos homófobos, pues no me apetecía nada andar con tonterías.
Finalmente Vulcano me llamó el domingo, antes de partir para Málaga donde pasaría la Nochebuena. Quedamos en vernos a su vuelta, el martes. Pero tampoco ese día hubo oportunidad. Y me vino bien no quedar, la verdad, dado el estado de ánimo que me dejaron los momentos referidos en el post anterior.
El caso es que, ya de vuelta al curro este martes, cuando me mandó un mensaje por la mañana sobre el tema de vernos, me salió del alma enviarle otro diciéndole que a este paso al final iba a tener que ser en Madrid, porque entre una cosa y otra, no había forma de coincidir.
“Que exagerada eres, Mari Carmen” -me contestó- y decidimos vernos para un café, aprovechando que ya estaba en Sevilla su novio.
Aclaro que lo de Mari Carmen es un divertido y cómplice jueguecito que nos traemos los dos -él es Antonia- y que sería largo de explicar. Pero seguro que alguno que otro implicado en nuestras correrías, o testigo de mis andanzas por Madrid, lo entenderá convenientemente. Al juego se ha sumado encantado Pcj, que es otra Antonia que no veas...)
El caso es que una vez confirmada la cita, me dispuse a reclutar participantes. Pcj se sumó enseguida, Carlitos Sublime y su Chema fueron invitados pero por motivos de trabajo declinaron la invitación, Shiquillo y Gaby me llamaron para sumarse y Luigi y Azul se agregaron posteriormente. Podríamos, pues, definirla finalmente como quedada navideña sevillana.
El café Trajano era el punto de encuentro original. Me dispuse a recoger antes a Pcj en su privilegiada y céntrica casa para lo que me recorrí toda la Avenida de la Constitución -aún en obras- camino de la remozada Plaza Nueva que luce espléndida.
Durante el recorrido me encuentro gente por todas partes, un cuarteto de carnavales actuando junto al Ayuntamiento, un coro de campanilleros junto a las estatuas de Igor Mitoraj que tan buena acogida han tenido, castañeros varios (que solo venden castañas y no batatas como en Madrid) y un mercadillo de belenes con numeroso público.
Llevo algo de retraso. Subo por Tetuán hacia La Campana. Mucha mas gente. Se hace complicado ir a ritmo rápido. Me desespera la lentitud de algunos, y sobre todo que se monte un corrillo en torno a un espacio donde cabe el Circo Mundial para ver a dos haciendo de figuras humana que se mueven de forma ciertamente poco original cuando les echan dinero. Y encima en la parte mas estrecha de la calle. Me encanta la novelería de mis vecinos.
En la misma calle abundan los indecisos en las puertas de los comercios con sus “para donde tiramos...”, varios vendedores ambulantes del top manta, grupitos de niñas pijas todas vistiendo igual, compradores compulsivos, el clásico papa empujando carrito con crío dormido, familias con niños atados a sus globos, docenas de parejas de novios acaramelados, mucha niña mona, pero muy pocas solas, luces de colores, me lo paso bien... porque veo mucho tío bueno, montones de guapos, y hasta alguno que te retiene la mirada.
Recojo a Pcj y nos vamos para el punto de encuentro que es el café Trajano pero su ambiente cargado de humo y la mucha gente que había nos hizo cambiar de sitio. Acabamos en una cafetería que él denomina “de las bolleras”. Primera vez que entró y eso que está al ladito de La Campana (lo que viene a ser en Sevilla la Puerta del sol de Madrid, pero como dijo Paco “en pequeñito”).
El y Vulcano aparecen tan guapos como siempre, y sonrientes. Momento visibilidad con besada de bienvenida. A continuación, “análisis psicochristmas” y primeras carcajadas. Durante las reuniones familiares en casa de uno la conversación principal giró en torno a mas comida, en la de otro hubo roces familiares, en la de un tercero se habló de todo.
Y me toca el turno de comentar. Evidentemente no han leído mi post:
-“...¿y de que hablasteis en la tuya, Enis...?
- “¿En la mía...?
Hago una pausa intencionada para crear expectación. Que cómica es esta Mari Carmen...
Y contesto, al fin:
-“De mariquitas...”
Caras de estupefacción, risas, y comentarios varios tras mi pormenorizada recreación.
Me relajo. Me hacía falta.
La socarronería de Pcj, la originalidad de Vulcano, el humor de Paco, me sientan tan bien tras los posteados momentos 1 y 2 de Nochebuena y Navidad...
Nos vamos a Plaza de Armas. A la Fábrica de cervezas. Vivo uno de mis “momentos camarero”.
Ellos piden cerveza. Y yo...
-“ Un moscatel”.
- “¿Eso es vino dulce? -me espeta el mesero- ¿no?”.
Ahora soy yo quien miro con estupor. Y no puedo disimular una sonrisa patosa mientras miro a David.
- “Va a ser que sí...”
Llegan Shiquillo y su churri. Muy guapos los dos. Gaby empieza a ganarle la batalla de originalidad en los chalecos a su novio. Hablamos de hacer algo juntos en Fin de Año. Igual se vienen con mis amigos homófobos al Sitio. No quiero pensar en esa mezcla...
Pcj nos lleva a uno de sus sitios preferidos, casi al lado. El Boreas. Muy majos los camareros, muy original y suculenta la comida, pero pequeño de espacio.
Momento roce de piernas ora con Pedro ora con Gaby.
Los comentarios durante la cena muy divertida. Confidencias varias. Repaso bloguero. Repaso quedada madrileña. E intento infructuoso de sacarme información sobre mis aventuras madrileñas y enamoramientos... Hablar con ellos cinco con naturalidad, con complicidad, con cariño, con buen humor, con picardía, con libertad me hace sentir bien.
Son mis amigooooos.... que canta Amaral.
Tras la cena, Shiquillo y churri se marchan. Los demás buscamos un sitio para tomar café. Llegamos a la conclusión de que Sevilla, al menos entre semana, tiene aún mucho que aprender de las grandes ciudades. No puede ser que a las 23’15 no puedas tomarte un café en el centro. Fue patético. El Starbucks ya había cerrado. Y ni el Boreas ni el Alfalfa 10 servían ya café.
A pesar de todo, en este último sitio esperamos la llegada de Luigi y Azul. Al primero se le nota los excesos de días atrás en la “no voz”. Indecisión sobre donde ir. Acabamos en el Cabo loco. Mientras se dejaban secudir por el queipiriña de ron miel jugueteamos con el Bluetooh e intercambiamos sintonías para el móvil. Pcj me proporciona sexo en Nueva York. Luigi me muestra un monólogo de Antonia San Juan y el Campanera de Joselito. Me quedo con la que me manda Vulcano.
Estoy deseando que me llame mañana alguien al trabajo. Cambié el divertido sonido de Austin Power por el mas kitch de Marisol y su “Soñando contigo, contigo, contigo, contigo, me siento feliiiizzzzz”.
Es tan Mari Carmen...
LA SOLEDAD o EL ENIS DE LAS NAVIDADES PRESENTES
Desde niño, siempre tuve muy alto el índice de masa navideña en sangre. Sorteoloterista, belenista, nocheviejista, santosinocentista, turroncista, bomboncista, reymagista...
Eran otros tiempos.
Ahora el Enis de las Navidades presentes no tiene muchas ganas de fiesta, como C, como V, como J, como tantos otros.
Y las pocas que tenía se me han ido quitando.
Ha contribuido a ello que el recuerdo de las ausencias se ha incrementado. Que no siento este año ningún espíritu de celebración. Que la familia está algo disgregada. Y que no tengo pareja que me haga sentirme ilusionado por compartir con ella estas fechas como me pasó años atrás.
Así que no estoy muy alegre estos días.
Para colmo me he sentido bastante mal en los dos encuentros familiares que he celebrado en Nochebuena y Navidad. No surgió la inevitable pregunta tipo “¿no te arreglas con tu novia? o ¿no te echas novia?, que ya tienes una edad...” pero sufrí momentos que las superaron, con creces. Y volví a sentirme solo.
Ocurrió en diversos momentos a lo largo de varias horas.
Momento 1. Nochebuena:
Ayudando a preparar los platos de entrantes en casa de un familiar.
- “...y resulta que esta noche cena con dos mariquitas...”
- “....¿jajaja, y eso?...
- “ ...porque resulta... (cuenta la historia)... así que cenará con ellos, los que casó el alcalde...”
- “...pues que tenga cuidado que entre la crema de cara y su look metrosexual, a ver si se van a pensar otra cosa....”
Mas jajaja a mi alrededor.
No se percatan de que me mantengo callado y serio. Tras un incomodísimo silencio hago un esfuerzo por hablar, el tono de mi voz es apagado. Cambio de conversación. Una vez mas intento hacer como que no pasa nada... que no me pasa nada...
Momento 2. Navidad:
- “.... fuimos al sitio que me dijiste, menudo tio...”
- “Ah. Sí es todo un personaje. Muy divertido...”
- “Menudo maricón. Que loca, casi patino con el aceite...” (Ya te podías haber resbalado, caído y partido la cara, cabrón... No debería pensar eso, es un familiar muy cercano. Pero no puedo evitarlo.)
Me quedo blanco.
Miro hacia el infinito. De nuevo el silencio y el rostro serio. Ni se inmutan.
- “... y esas miradas que te suelta, esa pluma, esos movimientos... (haciendo muecas y gestos muy expresivos)... es que es tremendo, o tremenda...”
Mas jajajas. Es tan divertido... (Comentario irónico. Esto lo digo por Luis M y otros que no acaban de entenderme cuando escribo)
Al poco:
- “...no salen mariquitas en Tv, no, que va...”
- “A todas horas.”
- “Menuda invasión...”
Y sigue la cosa.
- "...es que ya no hay tantos mariquitas como los de antes, que eran tan graciosos. Antes los veías venir y te lo pasabas muy bien con ellos. Ahora los ves por todas partes, pero son de los finos, homosexuales de esos..."
Nadie se ha fijado que tengo los ojos empañados. Pensarán que es de la mezcla de cervezas y vinos.
Mi mirada sigue perdida. Y el corazón se me sube a la garganta, casi en un grito interior que no se como no se hace voz.
¿Esto no acabará nunca?
¿Y si me levanto y lo suelto?
¿Y si desaparezco para siempre de sus vidas?
¿Y si simplemente desaparezco?
Aún quedaba algo mas por oír.
- “ ... pos yo creo que X es, ¿no?...”
- “...sí, creo que X es mariquita...”
Me resultó casi ridículo.
Es que el asunto tiene miga. Veréis.
No conozco a X, pero si a Z.
Y es amigo de los mismos que hablaban de la supuesta homosexualidad de X.
Yo no se si X lo es. Pero sí se que lo es Z, pues me enrollé con él hace mucho, aquellas historias mías del gym...
Evidentemente ni se lo imaginan. Vaya un ojo que tienen.
No me ven a mi que me tienen delante y entiendo de toda la vida.
Ni a su amigo Z, que le cabe un barco.
Peeeero, creen identificar a X como un gay.
Flipo.
No se pueden imaginar que Z lo sea. Que yo lo pueda ser. Que los sepamos el uno del otro porque nos metiéramos mano bajo la ducha hace mucho tiempo. Que él y yo nos conociéramos en esas circunstancias y no cuando nos presentaron ellos tiempo después...
El calla. Yo también.
Yo sufro. Imagino que él también.
Y... X, si es que lo es, callará (aunque parece que a él se le nota mas).
Por su parte, Z, no se si sufrirá o no, pero con amigos así yo sufriría. Lo se porque mis amigos son así.
Y si encima son tu propia familia... ya me contaréis.
Ay, Juanjo, no he dejado de pensar en ti toda la tarde...
Me resultó casi esperpéntico. Pero me reafirmo en el convencimiento de que ninguno de mis familiares directos puede pensar ni remotamente que me vayan los tíos. Y
está visto que cada vez que me planteo la posibilidad de ir abriendo mas las puertas del armario me dan un portazo o un empujón fuerte hacia adentro.
Pero desde la profundidades voy a surgir. Aviso.
Yo, Enis.
Sigo pensando que lo tendré que decir tarde o temprano. De momento es duro porque cargo con ello yo solo, sin nadie en quien apoyarme o que me ayude a sobrellevar lo que tenga que venir, que con momentos como estos no quiero pensar cómo será... y lo necesito, pero es lo que hay.
Hoy me he sentido mas solo que nunca, en medio de esos momentos...
Me pregunto como será el Enis de las Navidades futuras...
HOLA, SOY ENIS, FELIZ NAVIDAD
Ya conté, cuando el fantasma de las Navidades pasadas rondaba a Enis, que desde la pérdida de la figura paterna en casa no se celebraba la Nochebuena, permaneciendo junto a mi madre en vez de irme con mis hermanos para no dejarla sola, y que era para el almuerzo del día de Navidad cuando se reunía la familia en el piso de mis padres que ahora me pertenece.
Mi propósito es mantener esa tradición.
De modo que hoy, como el próximo Día de Reyes, me esmeraré en tener la casa como los chorros del oro y perfumada; preparar unos entrantes suculentos; decorar la mesa y ponerla en plan Preysler con todos sus avíos de vajilla, cristalería, centro, velitas y caminos de mesa correspondientes; dar forma original a los turrones y bombones variados en vistosas fuentes; enfriar el cava; calentar el frío salón, ejercer de perfecto anfitrión y no dejar de sonreír y hacer bromas en el culmen de la felicidad familiar aunque por dentro mi latido sea mas bien un fado.
Y no porque no quiera a mi familia o no esté a gusto con ellos, sino por las ausencias tan hondamente marcadas estos días en mi interior y el estado de insatisfacción personal o infelicidad que aún me ronda. Debo estar haciéndome mayor.
Será por eso que me emociono tanto últimamente.
Estos días me ha pasado con los que han contestado a mis saludos navideños, abanderados por el “Hola, soy Enis, Feliz Navidad...”, y sobre todo con aquellos que han llamado por teléfono, o enviado mensajes al móvil, o me han escrito algún correo electrónico.
Vuestras muestras de cariño hacia mi y los deseos de felicidad en estas fiestas, que sabéis son compartidos, me han llegado muy adentro. Probablemente porque los necesitaba.
Me sorprendió una llamada temprana que no esperaba. Y sobre todo enterarme luego que la misma llegaba un poco tarde, cuando hacía días que podía haberla hecho, como la hizo a otros, pero en fín...
Me encontré con varios comunicando y llamadas perdidas.
Me emocionó un mensaje que no esperaba, de alguien a quien no le quise enviar yo antes nada porque pensé que no le iban estas cosas.
Me preocupó toda la noche uno que no sabía si enviar o no. Y sigue preocupándome sobre la oportunidad de hacerlo o no. Y no lo hice. Volveré a sentirme así en fin de año, lo se...
Me dolió otro -no es de un bloguero- que evidentemente contestó por pura educación. Y que me lo esperaba algo más cálido. Pero, no. Fue frío, frío...
Me encantó especialmente cierta y larguíiiiisima conversación con cierto bloguero con quien he cruzado una apuesta. ¿Cómo se le puede coger cariño a alguien en tan poco tiempo? Me pregunto. Y cuanto mas se de él, y mas hablamos, y mas me cuenta, mas se incrementa ese sentimiento.
Sobre él me hablo otro bloguero, preguntándome sobre su “relación”. Y llegando a la misma conclusión de la buena pareja que hacen los dos. Esperamos acontecimientos.
Y es que estos días de felicidad, paz y amor, son días también de estar “tontos”. Yo me pongo muy tonto, lo reconozco. Que no es lo mismo que serlo. O hacérselo. Esto último a veces me resulta ciertamente cómodo, y lo anterior muy probable, dado como me van ciertas cosas.
Me pongo, pues, “tonto” y me ablando con las dulces historias de amor surgidas en las últimas semanas y como se desarrollan en el tiempo de la Navidad. Y por otras que deberían surgir.
Yo voto por ello. Que se desparrame el amor navideño en virus amoroso por doquier, que nos contagie a todos. ya sabéis lo que me gusta enamorarme...
Me pongo “tontín” y escribo mensajitos chorras, super pastelosos, auténticos tsunamis de miel, para demostrar mi cariño, admiración, o cercanía hacia alguien. Según mi “eñoñamiento” hacia esa persona el contenido sube en grados de azucar. Pero si me gusta de verdad, me hago el reservado, el distante y soy un niño bueno. Por si me lo traen los Reyes.
Ains...
He dicho tonto y digo bien, está visto.
E incluso debiera añadir... iluso.
En un próximo post analizaremos el Enis de las Navidades presentes. ¿Cómo creéis que las estoy pasando?
¿Bien. Regular. Mal. Para morirse...?
No hay que pensar mucho para darse cuenta.
Mi propósito es mantener esa tradición.
De modo que hoy, como el próximo Día de Reyes, me esmeraré en tener la casa como los chorros del oro y perfumada; preparar unos entrantes suculentos; decorar la mesa y ponerla en plan Preysler con todos sus avíos de vajilla, cristalería, centro, velitas y caminos de mesa correspondientes; dar forma original a los turrones y bombones variados en vistosas fuentes; enfriar el cava; calentar el frío salón, ejercer de perfecto anfitrión y no dejar de sonreír y hacer bromas en el culmen de la felicidad familiar aunque por dentro mi latido sea mas bien un fado.
Y no porque no quiera a mi familia o no esté a gusto con ellos, sino por las ausencias tan hondamente marcadas estos días en mi interior y el estado de insatisfacción personal o infelicidad que aún me ronda. Debo estar haciéndome mayor.
Será por eso que me emociono tanto últimamente.
Estos días me ha pasado con los que han contestado a mis saludos navideños, abanderados por el “Hola, soy Enis, Feliz Navidad...”, y sobre todo con aquellos que han llamado por teléfono, o enviado mensajes al móvil, o me han escrito algún correo electrónico.
Vuestras muestras de cariño hacia mi y los deseos de felicidad en estas fiestas, que sabéis son compartidos, me han llegado muy adentro. Probablemente porque los necesitaba.
Me sorprendió una llamada temprana que no esperaba. Y sobre todo enterarme luego que la misma llegaba un poco tarde, cuando hacía días que podía haberla hecho, como la hizo a otros, pero en fín...
Me encontré con varios comunicando y llamadas perdidas.
Me emocionó un mensaje que no esperaba, de alguien a quien no le quise enviar yo antes nada porque pensé que no le iban estas cosas.
Me preocupó toda la noche uno que no sabía si enviar o no. Y sigue preocupándome sobre la oportunidad de hacerlo o no. Y no lo hice. Volveré a sentirme así en fin de año, lo se...
Me dolió otro -no es de un bloguero- que evidentemente contestó por pura educación. Y que me lo esperaba algo más cálido. Pero, no. Fue frío, frío...
Me encantó especialmente cierta y larguíiiiisima conversación con cierto bloguero con quien he cruzado una apuesta. ¿Cómo se le puede coger cariño a alguien en tan poco tiempo? Me pregunto. Y cuanto mas se de él, y mas hablamos, y mas me cuenta, mas se incrementa ese sentimiento.
Sobre él me hablo otro bloguero, preguntándome sobre su “relación”. Y llegando a la misma conclusión de la buena pareja que hacen los dos. Esperamos acontecimientos.
Y es que estos días de felicidad, paz y amor, son días también de estar “tontos”. Yo me pongo muy tonto, lo reconozco. Que no es lo mismo que serlo. O hacérselo. Esto último a veces me resulta ciertamente cómodo, y lo anterior muy probable, dado como me van ciertas cosas.
Me pongo, pues, “tonto” y me ablando con las dulces historias de amor surgidas en las últimas semanas y como se desarrollan en el tiempo de la Navidad. Y por otras que deberían surgir.
Yo voto por ello. Que se desparrame el amor navideño en virus amoroso por doquier, que nos contagie a todos. ya sabéis lo que me gusta enamorarme...
Me pongo “tontín” y escribo mensajitos chorras, super pastelosos, auténticos tsunamis de miel, para demostrar mi cariño, admiración, o cercanía hacia alguien. Según mi “eñoñamiento” hacia esa persona el contenido sube en grados de azucar. Pero si me gusta de verdad, me hago el reservado, el distante y soy un niño bueno. Por si me lo traen los Reyes.
Ains...
He dicho tonto y digo bien, está visto.
E incluso debiera añadir... iluso.
En un próximo post analizaremos el Enis de las Navidades presentes. ¿Cómo creéis que las estoy pasando?
¿Bien. Regular. Mal. Para morirse...?
No hay que pensar mucho para darse cuenta.
ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA...
...Ande, ande, ande...
Cada Nochebuena me asomo a la ventana y veo como la calle auxiliar de la parte de atrás de la casa se encuentra absolutamente repleta de vehículos a lo largo de toda ella, cuando normalmente suele estar vacía.
Cada momento tiene su horario. Hay un instante de la tarde en la que la circulación es tremendamente intensa. Al poco, el volumen de tráfico va decayendo para mas tarde, en plena noche, mostrarse casi simbólico, hasta que el letargo despierta brusco pasada la medianoche.
...La marimorena...
El bullicio en las viviendas es similar. Los recibimientos se hacen poco a poco. La preparación de la mesa o la tarea en la cocina se va animando conforme pasan las horas. El jaleo es mas notable según haya niños o no en la vivienda, con sus risotadas y sus gritos. La conversación adulta, por su parte, ameniza la velada hasta tapar normalmente el sonido del televisor, que como uno mas de la familia, permanece encendido, aunque apenas se le haga caso.
Es buena la noche... con sus cuñados y sus suegros. Con primos y amigos íntimos. Con toda la peluquería del mundo en lo alto y vestidos de encajitos y brillantes. Con mucha gomina y mucho tabaco.
Es buena la noche.... de excesos y recesos. De chistes y cotilleos. De puesta al día y hacer planes. De llantos y carcajadas. De cosas de críos y cosillas entre adultos. De historias de los abuelos y secretos adolescentes. De sonrisas y malas caras. De bullicio y soledad.
De Noche y de buena.
Ande, ande, ande...
Los vinos dulces, finos o cerveza, aperturan de pie los canapés y demás entrantes, mientras al poco se sientan alrededor de la mesa productos mas sólidos y primeros platos junto a los lambruscos y blancos. El segundo plato suele hacerse de rogar, regado con un buen rioja o similar. Los platos mas originales con los que sorprender se disponen junto a los clásicos de toda la vida. Y todo envuelto en un pasón de gastos y delicatessen.
Que es la Nochebuena...
Cuando ya crees que no puedes mas aún queda sitio para el postre, los espumosos, los turrones y polvorones, bombones y otras delicias de chocolate y hasta frutos secos que acompañan anises, licores o un buen café.
No se ha perdido su aroma y sabor cuando se repiten los dulces y surgen los cubalibres. La mezcla de alcohol y la alegría contagiada -que despierta cada año del interior de cada uno de forma casi mecánica- se desparrama en voces que cantan villancicos, canciones populares y lo que haga falta.
Ande, ande, ande...
Exaltación de la amistad o de la gran familia.
Mas villancicos. Mas voces. Mas charla.
Mas ruido para desesperación de la pobre anciana que vive sola en el piso de abajo.
Y mas alcohol hasta altas horas de la madrugada.
Sería mejor no coger el coche. Pero la gente insensata lo hace.
Hay quien acude, a pesar del frío a la parroquia cercana, o incluso mas lejos, para asistir a la Misa del Gallo. Aunque luego no pise la iglesia en todo el año.
La marimorena...
Otros quedan en familia. O hacen conga de casa en casa, en una interminable bacanal de dulces y alcohol. O se reúnen con los amigos en fiestas privadas. Y algunos se van de marcha.
Antes la Nochebuena era solo familiar. Ahora lo es a medias. Una gran parte de jóvenes -y no tan jóvenes- está deseando que termine la cena para disponerse a ir de bares a seguir bebiendo, con los amigos, o marcharse incluso de baile a las discotecas.
Ande, ande, ande...
Existen incluso los “cotillones” de Nochebuena, fiestas expresamente organizadas para pasar esa noche, con el consiguiente resacón del día siguiente. Menos mal que es festivo y no hay que trabajar (si no eres de los que curras en trabajos con impertinentes turnos especiales).
Con un poco de suerte, unos y otros, no beberán tanto si han de conducir luego.
Que es la Nochebuena...
Muchos terminarán con chocolate y churros. Otros con vómitos y mal cuerpo. Casi todos con dolor de cabeza y resaca.
A cada cual lo suyo y cada suyo con cada cual.
Lo peor de todo es que aún quedan el Día de Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes.
¿Sobreviviremos?
Sabemos que sí. Todos los años uno sobrevive.
Ande, ande, ande,
la marimorena,
ande, ande, ande,
que es la Nochebuena.
Pasadlo bien.
Feliz Navidad.
Uy, se me olvidaba.
¿Os he confesado que no me mola nada, nada, Papa Noel? Soy el talibán de los Reyes Magos. El sicario de sus majestades.
No sabéis porqué, claro.
Lo mejor será aclarároslo. Es una larga historia, todo comenzó por una carta...
... te los metes donde te quepan....
Así terminaba.
Ay, como recuerdo aquella carta.
En fin. Como Nano, digooooo, como Gustavo que soy, aproveché que Peggy está loca por mi, y la convencí para que me presentara a unos amigos.
Lo hemos hecho tan, tan, bien... que ni los del CSI serían capaces de darse cuenta.
Lo siento por los papanoelistas.
Peeeeero, es lo que hay.
De nada, Melchor, Gaspar y Baltasar.
Yaaaaaa vieneeeeen los Reyeeeeees...
Y mientras llegan...
En estos días, se tú el mejor regalo.
Para mi ya lo eres.
FELIZ NOCHEBUENA A TODOS.
Cada Nochebuena me asomo a la ventana y veo como la calle auxiliar de la parte de atrás de la casa se encuentra absolutamente repleta de vehículos a lo largo de toda ella, cuando normalmente suele estar vacía.
Cada momento tiene su horario. Hay un instante de la tarde en la que la circulación es tremendamente intensa. Al poco, el volumen de tráfico va decayendo para mas tarde, en plena noche, mostrarse casi simbólico, hasta que el letargo despierta brusco pasada la medianoche.
...La marimorena...
El bullicio en las viviendas es similar. Los recibimientos se hacen poco a poco. La preparación de la mesa o la tarea en la cocina se va animando conforme pasan las horas. El jaleo es mas notable según haya niños o no en la vivienda, con sus risotadas y sus gritos. La conversación adulta, por su parte, ameniza la velada hasta tapar normalmente el sonido del televisor, que como uno mas de la familia, permanece encendido, aunque apenas se le haga caso.
Es buena la noche... con sus cuñados y sus suegros. Con primos y amigos íntimos. Con toda la peluquería del mundo en lo alto y vestidos de encajitos y brillantes. Con mucha gomina y mucho tabaco.
Es buena la noche.... de excesos y recesos. De chistes y cotilleos. De puesta al día y hacer planes. De llantos y carcajadas. De cosas de críos y cosillas entre adultos. De historias de los abuelos y secretos adolescentes. De sonrisas y malas caras. De bullicio y soledad.
De Noche y de buena.
Ande, ande, ande...
Los vinos dulces, finos o cerveza, aperturan de pie los canapés y demás entrantes, mientras al poco se sientan alrededor de la mesa productos mas sólidos y primeros platos junto a los lambruscos y blancos. El segundo plato suele hacerse de rogar, regado con un buen rioja o similar. Los platos mas originales con los que sorprender se disponen junto a los clásicos de toda la vida. Y todo envuelto en un pasón de gastos y delicatessen.
Que es la Nochebuena...
Cuando ya crees que no puedes mas aún queda sitio para el postre, los espumosos, los turrones y polvorones, bombones y otras delicias de chocolate y hasta frutos secos que acompañan anises, licores o un buen café.
No se ha perdido su aroma y sabor cuando se repiten los dulces y surgen los cubalibres. La mezcla de alcohol y la alegría contagiada -que despierta cada año del interior de cada uno de forma casi mecánica- se desparrama en voces que cantan villancicos, canciones populares y lo que haga falta.
Ande, ande, ande...
Exaltación de la amistad o de la gran familia.
Mas villancicos. Mas voces. Mas charla.
Mas ruido para desesperación de la pobre anciana que vive sola en el piso de abajo.
Y mas alcohol hasta altas horas de la madrugada.
Sería mejor no coger el coche. Pero la gente insensata lo hace.
Hay quien acude, a pesar del frío a la parroquia cercana, o incluso mas lejos, para asistir a la Misa del Gallo. Aunque luego no pise la iglesia en todo el año.
La marimorena...
Otros quedan en familia. O hacen conga de casa en casa, en una interminable bacanal de dulces y alcohol. O se reúnen con los amigos en fiestas privadas. Y algunos se van de marcha.
Antes la Nochebuena era solo familiar. Ahora lo es a medias. Una gran parte de jóvenes -y no tan jóvenes- está deseando que termine la cena para disponerse a ir de bares a seguir bebiendo, con los amigos, o marcharse incluso de baile a las discotecas.
Ande, ande, ande...
Existen incluso los “cotillones” de Nochebuena, fiestas expresamente organizadas para pasar esa noche, con el consiguiente resacón del día siguiente. Menos mal que es festivo y no hay que trabajar (si no eres de los que curras en trabajos con impertinentes turnos especiales).
Con un poco de suerte, unos y otros, no beberán tanto si han de conducir luego.
Que es la Nochebuena...
Muchos terminarán con chocolate y churros. Otros con vómitos y mal cuerpo. Casi todos con dolor de cabeza y resaca.
A cada cual lo suyo y cada suyo con cada cual.
Lo peor de todo es que aún quedan el Día de Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes.
¿Sobreviviremos?
Sabemos que sí. Todos los años uno sobrevive.
Ande, ande, ande,
la marimorena,
ande, ande, ande,
que es la Nochebuena.
Pasadlo bien.
Feliz Navidad.
Uy, se me olvidaba.
¿Os he confesado que no me mola nada, nada, Papa Noel? Soy el talibán de los Reyes Magos. El sicario de sus majestades.
No sabéis porqué, claro.
Lo mejor será aclarároslo. Es una larga historia, todo comenzó por una carta...
... te los metes donde te quepan....
Así terminaba.
Ay, como recuerdo aquella carta.
En fin. Como Nano, digooooo, como Gustavo que soy, aproveché que Peggy está loca por mi, y la convencí para que me presentara a unos amigos.
Lo hemos hecho tan, tan, bien... que ni los del CSI serían capaces de darse cuenta.
Lo siento por los papanoelistas.
Peeeeero, es lo que hay.
De nada, Melchor, Gaspar y Baltasar.
Yaaaaaa vieneeeeen los Reyeeeeees...
Y mientras llegan...
En estos días, se tú el mejor regalo.
Para mi ya lo eres.
FELIZ NOCHEBUENA A TODOS.
EL ENIS DE LAS NAVIDADES PASADAS
Siempre que llegan las tres de la tarde, cada 22 de diciembre, me pongo ante el televisor y no me preguntéis porqué pero al poner el Telediario, se me empañan los ojos al ver la alegría que embarga a muchos porque la fortuna se acordó de ellos.
El Sorteo Extraordinario de Lotería Nacional me gusta porque suele expandir ese momento de saltos, sonrisas, abrazos, cava descorchado y lágrimas de satisfacción entre muchos y en muy dispares sitios. Además de repartido, el premio suele ir acompañado de historias tiernas y personas necesitadas, y sobre todo es muy compartido. Y eso me gusta.
Lo se, soy un pasteloso.
Y un ludopata, que me llamó una vez Edu por empeñarme en echar una primitiva durante mi primer viaje a Madrid para -si tocaba- compartir el premio. Lo peor es que tiene razón, al menos en esto del sorteo de Navidad.
No quiero pensar la cantidad de euros que un año mas he gastado en el sueño de ser partícipe de eso que tanto me emociona cada 22 de diciembre. Como soñaron mis abuelos, que ya no están. Y mis padres, que tampoco me acompañan ya en la vida.
Me consuela pensar que suelo gastarlo en la lotería que desde años siempre se compra en casa. Es una costumbre que mantengo, una forma de perpetuar su memoria, hacer aquello que solían hacer cuando estaban conmigo.
Por eso compro la lotería que vende la Hermandad, la de la parroquia, y la de alguna que otra asociación cultural o juvenil u ong, y que sale más cara por el donativo que incrementa su precio final, pero sabiendo positivamente que se dedica a caridad o a acción social.
A parte, cómo no, de la lotería habitual del trabajo, la comunidad, el grupo de amigos, los comercios donde compro a diario, y demás compromisos varios. Afortunadamente no todo son décimos, en realidad la mayoría son participaciones, y reconozco que siempre pillo algún pellizco. (Este año 35 euros, que no están mal, aunque el año pasado fuese mejor. En fin, que le vamos a hacer. Pero me temo que no va a ser por eso de que desgraciado en el juego, fortuna en amores...)
Este año, además, compré lotería cuando estuve en Madrid. Ya pasada la vorágine de las quedadas, el día que me vi solo paseando por el centro, me dio por pararme en una administración de esas que son un kiosko. Pero no en el de Sol, donde se dejó caer la suerte este 2006, y junto al que pasé por cierto, sino en el que vi después y llaman la Chata, en Gran Vía.
Carambolas de la vida. Si me hubiera parado a comprar en el primer kiosko en vez del segundo, tal vez el post discurriera por otros derroteros. Y ni os cuento si hubiera comprado en ese kiosko pero otro número. Para tirarse de los pelos, vamos...
Así pues, un año mas tendremos que consolarnos con tener al menos buena salud (qué harán los que no tengan ni suerte ni buena salud, me pregunto...). No queda sino lamentar que un año mas no pudo ser, y como otros muchos, mi familia y yo mismo pondremos las nuevas esperanzas en el Sorteo del Niño.
Un Niño Dios, que se ha posado durante décadas en la mesilla de noche del dormitorio principal, y al que se le nota ya el paso de los años. Un Niño Dios al que me acercaré cada 24 de diciembre, mientras pueda, para seguir besando su desnudo piesecillo a las 12 de la noche si me pilla en casa, o la vuelta si es que salgo, como hago desde que era niño, cuando aparecía solemne mi madre con él entre sus manos y nos lo acercaba a todos para recibirlo en la Nochebuena .
Ya no está ella. Ya son dos las Navidades que no me ve preparar como siempre las fuentes de dulces navideños, durante el discurso del Rey, ni preparar los platos de canapés mientras esperábamos la llegada de mis hermanos y sus hijos el día 25. Ya no la ayudaré a poner la mesa con la vajilla especial, ni a freír los roscos de anís espolvoreados de azucar, ni enmelar los pestiños, ni a abrirle el bote de mayonesa cuando sus cansadas manos apenas tenían fuerza ya para ello. Ni nos acurrucaremos entre el frío ambiente de los bancos de la iglesia para la Misa de Navidad. Ni la oiré decir eso de “a ver si el año que viene estoy aquí...”.
Es el segundo año que ya no lo dice. La pasada Navidad su muerte estaba demasiado reciente y su ausencia tan dura y cercana como para sentirla siquiera. Fueron días extraños. Este año, sin embargo, su ausencia la estoy sintiendo mas hondo, mas dolorosa, mas fuerte.
Como la que sufrí cuando faltó mi abuela, a la que tanto quería. O la provocada tras el fallecimiento de mi padre, siendo yo muy niño.
Desde entonces, la Nochebuena se hizo distinta en casa. Ya no hubo mas grandes cenas, ni villancicos, ni brindis, ni disfraces, ni jarana. El gran belén iluminado que yo me encargaba de montar siguiendo las costumbres de mi padre (ese que este año apenas ha quedado reducido a una esquina) y el abeto lleno de brillantes bolas y llamativo espumillón eran testigos del silencio que se hacía en la casa desde que atardecía el día 24.
Mis hermanos lo pasaban con sus suegros, y yo me quedaba con mi madre. Los dos solos. Aunque ella insistía en que me fuera con alguno de ellos, nunca quise dejarla sola esa noche. Una noche normal, que no lo era. Ella no se arreglaba ni preparaba nada extraordinario de comer. Yo procuraba hacerle alguna cosita especial para sorprenderla, y mas tarde le servía una copita de anís, con unas gotas de agua (una palomita, lo llamaba, quizás por el color que tomaba la copa) que tanto le gustaba.
Veíamos los programas especiales que emitía TVE, y en los últimos tiempos Farmacia de Guardia en Antena 3. Cuando ya no lo echaban yo le ponía alguno de los capítulos navideños grabados de años atrás. Por mas visto que estuviera volvíamos a disfrutarlo como el primer día. Y así transcurría la noche. Hasta que empezaba la Misa del Gallo, con el Papa. Momento en el que se levantaba, mientras pudo, en pos de su Niño Jesús. Los últimos años era yo quien se lo traía para que no se tuviera que levantar del sillón.
Y allí se quedaba el Niño sobre la mesa, a modo de pesebre, mientras discurría la retransmisión desde el Vaticano. Entonces la dejaba sola, con sus oraciones. Con sus pensamientos.
Yo marchaba hacia el salón, parándome ante el belén, con los míos. Y al poco me echaba sobre la cama de mi dormitorio hundiendo la cara entre la almohada para que no oyera mis sollozos. Año tras año. Nochebuena tras Nochebuena. Un desahogo que fue disminuyendo en intensidad y duración, pero nunca en emoción.
Creo que mi madre se fue sin saber -como tantas otras cosas sobre mi yo auténtico- de esos marcados momentos míos de cada Nochebuena. Los nuevos momentos similares vendrán, ahora precisamente, de la mano su recuerdo.
Como los que tengo de otros familiares, amigos y compañeros de trabajo que también se han ido. De los buenos recuerdos de las Navidades pasadas...
De los días de vacaciones escolares. De incontenida ilusión infantil. De visitar los belenes del centro. De entregar la carta y hacerme una foto con el Rey Mago. De disfrazarme en el colegio de pastorcillo. De ir de compras en estos días en medio del gentío. De ver anuncios de juguetes y soltar un “me lo pido”. De saborear polvorones y turrones de apenas tres o cuatro sabores. De una decoración de calles y casas menos espléndida, mas “cutre” pero mas tierna. De sonidos acompasados con pandereta y zambomba, y otros estridentes con el matasuegras. De ir a casa de los titos o los abuelos a que me dieran el aguinaldo. De contar a mi abuela ya ciega como estaban las calles de Sevilla de luces. De las muecas de mi padre para hacerme reír. De una montaña de regalos a los pies de mi cama. De ambiente cercano y cálido entre los vecinos y en el mercado de abastos. De sombreritos de cartón y papel brillante de colores. De escribir y enviar los christmas. De envolver regalos. De mazapán y peladillas. De las voces de los niños de San Ildefonso y sus peeeeeseeeeetaaaas....
Y de la voz de mi madre, cantando, con ojos apagados y vivarachos a un tiempo, hasta no hace mucho, un triste villancico que dice “La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos mas...”
Salvo en mis recuerdos.
Los dulces y amargos recuerdos -a un tiempo- de las Navidades pasadas... esas que se hacen tan presentes en un día alegre para muchos afortunados como el de hoy.
El Sorteo Extraordinario de Lotería Nacional me gusta porque suele expandir ese momento de saltos, sonrisas, abrazos, cava descorchado y lágrimas de satisfacción entre muchos y en muy dispares sitios. Además de repartido, el premio suele ir acompañado de historias tiernas y personas necesitadas, y sobre todo es muy compartido. Y eso me gusta.
Lo se, soy un pasteloso.
Y un ludopata, que me llamó una vez Edu por empeñarme en echar una primitiva durante mi primer viaje a Madrid para -si tocaba- compartir el premio. Lo peor es que tiene razón, al menos en esto del sorteo de Navidad.
No quiero pensar la cantidad de euros que un año mas he gastado en el sueño de ser partícipe de eso que tanto me emociona cada 22 de diciembre. Como soñaron mis abuelos, que ya no están. Y mis padres, que tampoco me acompañan ya en la vida.
Me consuela pensar que suelo gastarlo en la lotería que desde años siempre se compra en casa. Es una costumbre que mantengo, una forma de perpetuar su memoria, hacer aquello que solían hacer cuando estaban conmigo.
Por eso compro la lotería que vende la Hermandad, la de la parroquia, y la de alguna que otra asociación cultural o juvenil u ong, y que sale más cara por el donativo que incrementa su precio final, pero sabiendo positivamente que se dedica a caridad o a acción social.
A parte, cómo no, de la lotería habitual del trabajo, la comunidad, el grupo de amigos, los comercios donde compro a diario, y demás compromisos varios. Afortunadamente no todo son décimos, en realidad la mayoría son participaciones, y reconozco que siempre pillo algún pellizco. (Este año 35 euros, que no están mal, aunque el año pasado fuese mejor. En fin, que le vamos a hacer. Pero me temo que no va a ser por eso de que desgraciado en el juego, fortuna en amores...)
Este año, además, compré lotería cuando estuve en Madrid. Ya pasada la vorágine de las quedadas, el día que me vi solo paseando por el centro, me dio por pararme en una administración de esas que son un kiosko. Pero no en el de Sol, donde se dejó caer la suerte este 2006, y junto al que pasé por cierto, sino en el que vi después y llaman la Chata, en Gran Vía.
Carambolas de la vida. Si me hubiera parado a comprar en el primer kiosko en vez del segundo, tal vez el post discurriera por otros derroteros. Y ni os cuento si hubiera comprado en ese kiosko pero otro número. Para tirarse de los pelos, vamos...
Así pues, un año mas tendremos que consolarnos con tener al menos buena salud (qué harán los que no tengan ni suerte ni buena salud, me pregunto...). No queda sino lamentar que un año mas no pudo ser, y como otros muchos, mi familia y yo mismo pondremos las nuevas esperanzas en el Sorteo del Niño.
Un Niño Dios, que se ha posado durante décadas en la mesilla de noche del dormitorio principal, y al que se le nota ya el paso de los años. Un Niño Dios al que me acercaré cada 24 de diciembre, mientras pueda, para seguir besando su desnudo piesecillo a las 12 de la noche si me pilla en casa, o la vuelta si es que salgo, como hago desde que era niño, cuando aparecía solemne mi madre con él entre sus manos y nos lo acercaba a todos para recibirlo en la Nochebuena .
Ya no está ella. Ya son dos las Navidades que no me ve preparar como siempre las fuentes de dulces navideños, durante el discurso del Rey, ni preparar los platos de canapés mientras esperábamos la llegada de mis hermanos y sus hijos el día 25. Ya no la ayudaré a poner la mesa con la vajilla especial, ni a freír los roscos de anís espolvoreados de azucar, ni enmelar los pestiños, ni a abrirle el bote de mayonesa cuando sus cansadas manos apenas tenían fuerza ya para ello. Ni nos acurrucaremos entre el frío ambiente de los bancos de la iglesia para la Misa de Navidad. Ni la oiré decir eso de “a ver si el año que viene estoy aquí...”.
Es el segundo año que ya no lo dice. La pasada Navidad su muerte estaba demasiado reciente y su ausencia tan dura y cercana como para sentirla siquiera. Fueron días extraños. Este año, sin embargo, su ausencia la estoy sintiendo mas hondo, mas dolorosa, mas fuerte.
Como la que sufrí cuando faltó mi abuela, a la que tanto quería. O la provocada tras el fallecimiento de mi padre, siendo yo muy niño.
Desde entonces, la Nochebuena se hizo distinta en casa. Ya no hubo mas grandes cenas, ni villancicos, ni brindis, ni disfraces, ni jarana. El gran belén iluminado que yo me encargaba de montar siguiendo las costumbres de mi padre (ese que este año apenas ha quedado reducido a una esquina) y el abeto lleno de brillantes bolas y llamativo espumillón eran testigos del silencio que se hacía en la casa desde que atardecía el día 24.
Mis hermanos lo pasaban con sus suegros, y yo me quedaba con mi madre. Los dos solos. Aunque ella insistía en que me fuera con alguno de ellos, nunca quise dejarla sola esa noche. Una noche normal, que no lo era. Ella no se arreglaba ni preparaba nada extraordinario de comer. Yo procuraba hacerle alguna cosita especial para sorprenderla, y mas tarde le servía una copita de anís, con unas gotas de agua (una palomita, lo llamaba, quizás por el color que tomaba la copa) que tanto le gustaba.
Veíamos los programas especiales que emitía TVE, y en los últimos tiempos Farmacia de Guardia en Antena 3. Cuando ya no lo echaban yo le ponía alguno de los capítulos navideños grabados de años atrás. Por mas visto que estuviera volvíamos a disfrutarlo como el primer día. Y así transcurría la noche. Hasta que empezaba la Misa del Gallo, con el Papa. Momento en el que se levantaba, mientras pudo, en pos de su Niño Jesús. Los últimos años era yo quien se lo traía para que no se tuviera que levantar del sillón.
Y allí se quedaba el Niño sobre la mesa, a modo de pesebre, mientras discurría la retransmisión desde el Vaticano. Entonces la dejaba sola, con sus oraciones. Con sus pensamientos.
Yo marchaba hacia el salón, parándome ante el belén, con los míos. Y al poco me echaba sobre la cama de mi dormitorio hundiendo la cara entre la almohada para que no oyera mis sollozos. Año tras año. Nochebuena tras Nochebuena. Un desahogo que fue disminuyendo en intensidad y duración, pero nunca en emoción.
Creo que mi madre se fue sin saber -como tantas otras cosas sobre mi yo auténtico- de esos marcados momentos míos de cada Nochebuena. Los nuevos momentos similares vendrán, ahora precisamente, de la mano su recuerdo.
Como los que tengo de otros familiares, amigos y compañeros de trabajo que también se han ido. De los buenos recuerdos de las Navidades pasadas...
De los días de vacaciones escolares. De incontenida ilusión infantil. De visitar los belenes del centro. De entregar la carta y hacerme una foto con el Rey Mago. De disfrazarme en el colegio de pastorcillo. De ir de compras en estos días en medio del gentío. De ver anuncios de juguetes y soltar un “me lo pido”. De saborear polvorones y turrones de apenas tres o cuatro sabores. De una decoración de calles y casas menos espléndida, mas “cutre” pero mas tierna. De sonidos acompasados con pandereta y zambomba, y otros estridentes con el matasuegras. De ir a casa de los titos o los abuelos a que me dieran el aguinaldo. De contar a mi abuela ya ciega como estaban las calles de Sevilla de luces. De las muecas de mi padre para hacerme reír. De una montaña de regalos a los pies de mi cama. De ambiente cercano y cálido entre los vecinos y en el mercado de abastos. De sombreritos de cartón y papel brillante de colores. De escribir y enviar los christmas. De envolver regalos. De mazapán y peladillas. De las voces de los niños de San Ildefonso y sus peeeeeseeeeetaaaas....
Y de la voz de mi madre, cantando, con ojos apagados y vivarachos a un tiempo, hasta no hace mucho, un triste villancico que dice “La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos mas...”
Salvo en mis recuerdos.
Los dulces y amargos recuerdos -a un tiempo- de las Navidades pasadas... esas que se hacen tan presentes en un día alegre para muchos afortunados como el de hoy.
HOY QUIERO CONFESAR
Estoy enamorado, y aunque prometí no volver a hablar de él, tenía que confesarlo. Estoy enamorado de su voz y de las cosas que me decía, de las pocas cosas que hicimos juntos y que tanto aprecié, de las primeras cosas que aprendí y experimenté con él...
Estoy enamorado de Juanjo, de su paciencia, de su eterna sonrisa, de lo guapo que es, del acento de su voz, de nuestras noches de chat, de aquellos momentos de cam, de cuanto hemos compartido, de su cariño permanente a pesar del tiempo y la distancia, de su valor, de su calor, de nuestro encuentro...
Estoy enamorado de Marcos, de su buen gusto, de su forma de ser, de los amigos que tiene, de los ratos que pasamos juntos, de nuestras borracheras por Madrid...
Estoy enamorado de Pedro, de lo que me ayudó en los momentos de confusión, de su empeño en que huyera de tantas dudas y temores, de sus llamadas de teléfono hasta altas horas de la madrugada, de su guasa y su marujeo, de su compañía, de sus momentos frikis, de su casa, de su gran corazón, de su “Antonia”, de sus notecabena...
Estoy enamorado de Edu, de su cariñoterapia, de lo superguapo que es, de su sentido de la fiesta, de sus minis azules, de sus momentos tranquilos, de su capacidad para emocionarme, de su gata, de su casa siempre abierta, de su cama rota, de su libertad, de su confianza, de su transparencia, de sus cosas claras, de sus abrazos, de su calor, de su estar sin estar...
Estoy enamorado de Victor, de su no mirar viéndolo todo y sin dejar de verte, de su sonrisa socarrona, de su sentido del humor, de sus monosílabos telefónicos, de su sencillez, de su sentido de la amistad, de su buena disposición, de su curioso despertar...
Estoy enamorado de Ismael, de su cachonda sonrisa y cejas malévolas, de su buen corazón, de su valentía, de sus momentos empanados, de sus graciosas peleillas con el novio, de su coche, de sus jerseys originales y llamativas camisas, de su forma de ser...
Estoy enamorado de Gaby, de sus besos rotundos, de sus malas digestiones, de sus horarios intempestivos, de su forma de pensar, de cómo siempre cae bien a todos, de su franqueza, de en lo mucho que coincidimos, de la buena pareja que hace...
Estoy enamorado de Miguel, de su universo, de su mirada, de su simpatía, de su cercanía, de su voz, de que me cuente cosas tan íntimas, de sus interrupciones, de sus pies enarenados, de lo bien que huele, de lo a gusto que me hace sentir estar a su lado...
Estoy enamorado de David, de su enorme corazón, de su altura, de su sentido de la vida, de sus divertidos juegos de palabras, de sus historias literarias, de las cosas que tiene su madre, de sus vueltas a casa, de su casa de allí, de que me lleve a sitios increíbles, de su “Mari Carmen”...
Estoy enamorado de Paco, de su humor tan especial, de su capacidad de escuchar, de su aspecto de bonachón cuando luego es un fiestero, de sus resacas, de sus camisetas, de su sonrisa, de su sentido de la fidelidad, de su casa, de su té de Navidad, de su mitad petarda...
Estoy enamorado de Tomás, de su excelente humor, de su capacidad de amar, de sus seis grados de separación, de su pelo que le cae sobre la frente, de sus divertidas salidas, de las historias de su familia, de lo que le gusta una juerga, de sus amigos, de sus tiernos ojos...
Estoy enamorado de Bea, de la dulzura de su voz, de su amistad de siempre, de sus conversaciones trasatlánticas, de sus cartas, de su sencillez, de su acogida y naturalidad...
Estoy enamorado de Carlos, de su mirada otoñal, de sus ojos que llaman tanto la atención a todos, de su hermosa sonrisa, de sus bromas y teatrillos, de su creatividad, de su no quererse, de sus amigas, de su etiqueta, de su buen gusto para los chicos, de cómo se hace querer, de su aspecto de ser adorable y encantador, de la sensación que da de ser tan tierno, de verlo en ocasiones...
Estoy enamorado de Richi, de su sonrisa, de su belleza interior y exterior, de sus labios, de sus nervios, de su tener claras las cosas con lo complicado que a veces es lo que nos rodea, de sus confidencias, de su capacidad para hacerme sentir bien, de su acertada opinión de los demás, de su facilidad para ligarse a los mas guapos, de su apariencia heterosexual, de sus radicales comentarios, de sus abrazos sinceros...
Estoy enamorado de Luis, de su manera de hacerte sentir bien, de sus ratos de Messenger, de su atractivo físico, de su confianza en mi cuando me cuenta cosas de su familia, de su blog yanqui, de su valor, de su capacidad de trabajo, de los perfiles que me enseña, de su interés por mi...
Estoy enamorado de Sergio, de su capacidad de seguir adelante, de ser fuente de mi inspiración, de sus ratos de metro londinense leyéndome, de sus impresionantes ojos, de su paciente espera, de que no pierda su ilusión...
Estoy enamorado de Juan, de lo bien que le va con su niño, de lo guapa que es su amiga la que me gusta, de su nueva vida, de las historias con sus grupos de amigos, de su nunca tengo tiempo...
Estoy enamorado de Jose, de sus chapas, de su estilismo, de su sonrisa, de su modo de encarar la vida, de sus creaciones, de su timidez, de ser tan joven y a la vez tan profundo, de sus gafas...
Estoy enamorado de Juan, de su incapacidad para hacerme cambiar de opinión sobre él, de su mirada lasciva tras mucho alcohol, de su barrita de cacao, de cómo se sube los pantalones cuando se le caen, de su sentido de la vida, de su añoranza familiar, de su atractivo...
Estoy enamorado de Joan, de su sonrisa, de su aspecto de buena persona, de sus momentos de nervios compartidos, de su valiente decisión, de su cariñoso tono de voz...
Estoy enamorado de Alfredo, de su sinceridad, de su llaneza, de su compañía inmejorable, de su acogedor espíritu, de sus rodillas delicadas, de sus amigas, de nuestra común pasión por el chocolate...
Estoy enamorado de Aitor, de su cariño para todos, de su sentido de la vida, de su caprichoso gusto por los ositos, de sus divertidos comentarios, de su estar ahí de cerca a pesar de la distancia...
Estoy enamorado de Juanse, de su alegría desbordante, de su look, de su empatía, de su simpatía, de su exquisito gusto en echarse novio, de su confianza al contarme ciertas intimidades, de su verme capaz de ligar con cualquiera de sus amigos guapos, de su sentido de la ironía, de su manera de calarme...
Estoy enamorado de Fran, de lo inteligente que es por encontrar esa pareja que tiene, de su atractivo personal, de cómo sabe responder ante las miradas de lujuria, de su forma de ser tan abierta, de su ojos francos...
Estoy enamorado de Toni, de su capacidad de seguir adelante por mas que la vida se lo haga difícil, de su visión optimista de las cosas, de su sonrisa siempre presente, de su paciencia ante la adversidad, de sus ilusiones intactas, de sus ganas de conocer gente y pasarlo bien, de sus llamadas de vez en cuando, de sus charlas didácticas...
Estoy enamorado de Sergio, de sus ojos de mirada otoñal, de su perilla, de su desparpajo al chatear, de su timidez en persona, de sus fotos en la competencia, de sus versos, de sus brazos cruzados mientras espera, de suave pelo, de su sonrisa fresca...
Estoy enamorado de Luis, de sus rarezas, de sus secretos, de su vozarrón, de su asombro, de su curiosidad, de su compartir, de su salir del propio armario, de su segunda fase, de sus que te pasa...
Estoy enamorado de Salva, de sus cuadros, de su sencillez, de sus silencios, de su conversación, de su naturalidad, de su mirar la vida pasar, de sus consejos para los demás, de su buen gusto musical, de sus diferencias de ser con su chico y sin embargo llevarse tan bien...
Estoy enamorado de LuisM, de que no me entienda a veces, de estar siempre dispuesto, de su extremada sinceridad, de su blog hetero, de sus detallazos, de sus locuras...
Estoy enamorado de Rubén, de su locura, de sus ocurrencias, de sus llamadas a mi móvil, de su capacidad de amar, de su excelente gusto a la hora de buscar pareja, de sus gatos, de su compromiso con lo que quiere, de sus botellonas, de su cariño por Tato...
Estoy enamorado de Pau, de su belleza, de sus lindos ojos, de su sonrisa de príncipe, de su naturalidad, de sus pantalones mojados, de su buen gusto al elegir chico, de sus divertidas historias, de sus muecas en las fotos, de su trio...
Estoy enamorado de Rubén, de su sonrisa, de su fotogenia, de sus señales amatorias, de su ilusión por conocer, de su visión de la quedada, de su lógica confusión tras lo vivido pero con prometedor final, de su abrir armarios...
Estoy enamorado de Alex, de su espontaneidad, de sus ojos tiernos, de su media legua, de sus locuras de juventud, de su capacidad de aprender, de su sonrisa abierta, de su elegir pareja, de su sinceridad abrumadora...
Estoy enamorado de Santos, de su comprensión, de su paciencia, de su aceptar, de su serenidad, de su cariñosa respuesta ante las encrucijadas de la vida, de su amor incondicional, de su mirada auténtica...
Estoy enamorado de Libertad, de su simpatía arrolladora, de sus ojazos, de su sonrisa, de su capacidad para encandilar a todos, de su excelente pluma, de sus desayunos, de su forma de ser tan natural, de lo que esconde en su interior...
Estoy enamorado de Marga, de sus hermosos ojos, de su dulce voz, de su encantadora compañía, de su sentido artístico, de su comandita... Y hasta de Eva, aunque no tenga el placer de conocerla en persona.
Estoy enamorado de Rocío, de lo encantadora que es y encima lo parece. Y de Igor, de su facilidad de hacerse cercano. Y de Carlos, de su campechana proximidad. Y de Chema, de su agradable compañía.
Estoy enamorado de Diego, aunque aún no lo conozca en persona, de ver con él OT, de nuestra pasión común por Dani, de la suya por Risto, de ayudarle en sus trabajos de clase, de sus ojos claros, de su madre tan moderna, de su forma de ser tan especial...
Estoy enamorado de mis senderistas favoritos. De Raul, de su nuevo look con barba. Y de Jorge, de cómo te dice las cosas. Y de Mario, de su explosión vital. Y de Jose, de su esfuerzo por quedar.
Estoy enamorado de Moisés. Nada mas verlo.
Estoy enamorado de Jaime, de su calidez, de su siempre entrañable presencia, de su buena compañía, de su excelente carácter, de su todo él.
Y en el capítulo de confesiones...
solo decir que me enamoro con mucha facilidad,
que he estado enamorado de verdad y mucho de alguno que otro de los que “estoy enamorado”,
que podría enamorarme de verdad de mas de uno de los que “estoy enamorado”,
y que estoy enamorado de ti, no se si lo sabes...
Aprovechando que Pedro me hizo descubrir anoche esta interesante cantante, y al venir como anillo al dedo de la declaración de amor, ahí os lo dejo.
Espero que os guste.
Espero que mi hombre invisible se haga pronto realidad.
Estoy enamorado de Juanjo, de su paciencia, de su eterna sonrisa, de lo guapo que es, del acento de su voz, de nuestras noches de chat, de aquellos momentos de cam, de cuanto hemos compartido, de su cariño permanente a pesar del tiempo y la distancia, de su valor, de su calor, de nuestro encuentro...
Estoy enamorado de Marcos, de su buen gusto, de su forma de ser, de los amigos que tiene, de los ratos que pasamos juntos, de nuestras borracheras por Madrid...
Estoy enamorado de Pedro, de lo que me ayudó en los momentos de confusión, de su empeño en que huyera de tantas dudas y temores, de sus llamadas de teléfono hasta altas horas de la madrugada, de su guasa y su marujeo, de su compañía, de sus momentos frikis, de su casa, de su gran corazón, de su “Antonia”, de sus notecabena...
Estoy enamorado de Edu, de su cariñoterapia, de lo superguapo que es, de su sentido de la fiesta, de sus minis azules, de sus momentos tranquilos, de su capacidad para emocionarme, de su gata, de su casa siempre abierta, de su cama rota, de su libertad, de su confianza, de su transparencia, de sus cosas claras, de sus abrazos, de su calor, de su estar sin estar...
Estoy enamorado de Victor, de su no mirar viéndolo todo y sin dejar de verte, de su sonrisa socarrona, de su sentido del humor, de sus monosílabos telefónicos, de su sencillez, de su sentido de la amistad, de su buena disposición, de su curioso despertar...
Estoy enamorado de Ismael, de su cachonda sonrisa y cejas malévolas, de su buen corazón, de su valentía, de sus momentos empanados, de sus graciosas peleillas con el novio, de su coche, de sus jerseys originales y llamativas camisas, de su forma de ser...
Estoy enamorado de Gaby, de sus besos rotundos, de sus malas digestiones, de sus horarios intempestivos, de su forma de pensar, de cómo siempre cae bien a todos, de su franqueza, de en lo mucho que coincidimos, de la buena pareja que hace...
Estoy enamorado de Miguel, de su universo, de su mirada, de su simpatía, de su cercanía, de su voz, de que me cuente cosas tan íntimas, de sus interrupciones, de sus pies enarenados, de lo bien que huele, de lo a gusto que me hace sentir estar a su lado...
Estoy enamorado de David, de su enorme corazón, de su altura, de su sentido de la vida, de sus divertidos juegos de palabras, de sus historias literarias, de las cosas que tiene su madre, de sus vueltas a casa, de su casa de allí, de que me lleve a sitios increíbles, de su “Mari Carmen”...
Estoy enamorado de Paco, de su humor tan especial, de su capacidad de escuchar, de su aspecto de bonachón cuando luego es un fiestero, de sus resacas, de sus camisetas, de su sonrisa, de su sentido de la fidelidad, de su casa, de su té de Navidad, de su mitad petarda...
Estoy enamorado de Tomás, de su excelente humor, de su capacidad de amar, de sus seis grados de separación, de su pelo que le cae sobre la frente, de sus divertidas salidas, de las historias de su familia, de lo que le gusta una juerga, de sus amigos, de sus tiernos ojos...
Estoy enamorado de Bea, de la dulzura de su voz, de su amistad de siempre, de sus conversaciones trasatlánticas, de sus cartas, de su sencillez, de su acogida y naturalidad...
Estoy enamorado de Carlos, de su mirada otoñal, de sus ojos que llaman tanto la atención a todos, de su hermosa sonrisa, de sus bromas y teatrillos, de su creatividad, de su no quererse, de sus amigas, de su etiqueta, de su buen gusto para los chicos, de cómo se hace querer, de su aspecto de ser adorable y encantador, de la sensación que da de ser tan tierno, de verlo en ocasiones...
Estoy enamorado de Richi, de su sonrisa, de su belleza interior y exterior, de sus labios, de sus nervios, de su tener claras las cosas con lo complicado que a veces es lo que nos rodea, de sus confidencias, de su capacidad para hacerme sentir bien, de su acertada opinión de los demás, de su facilidad para ligarse a los mas guapos, de su apariencia heterosexual, de sus radicales comentarios, de sus abrazos sinceros...
Estoy enamorado de Luis, de su manera de hacerte sentir bien, de sus ratos de Messenger, de su atractivo físico, de su confianza en mi cuando me cuenta cosas de su familia, de su blog yanqui, de su valor, de su capacidad de trabajo, de los perfiles que me enseña, de su interés por mi...
Estoy enamorado de Sergio, de su capacidad de seguir adelante, de ser fuente de mi inspiración, de sus ratos de metro londinense leyéndome, de sus impresionantes ojos, de su paciente espera, de que no pierda su ilusión...
Estoy enamorado de Juan, de lo bien que le va con su niño, de lo guapa que es su amiga la que me gusta, de su nueva vida, de las historias con sus grupos de amigos, de su nunca tengo tiempo...
Estoy enamorado de Jose, de sus chapas, de su estilismo, de su sonrisa, de su modo de encarar la vida, de sus creaciones, de su timidez, de ser tan joven y a la vez tan profundo, de sus gafas...
Estoy enamorado de Juan, de su incapacidad para hacerme cambiar de opinión sobre él, de su mirada lasciva tras mucho alcohol, de su barrita de cacao, de cómo se sube los pantalones cuando se le caen, de su sentido de la vida, de su añoranza familiar, de su atractivo...
Estoy enamorado de Joan, de su sonrisa, de su aspecto de buena persona, de sus momentos de nervios compartidos, de su valiente decisión, de su cariñoso tono de voz...
Estoy enamorado de Alfredo, de su sinceridad, de su llaneza, de su compañía inmejorable, de su acogedor espíritu, de sus rodillas delicadas, de sus amigas, de nuestra común pasión por el chocolate...
Estoy enamorado de Aitor, de su cariño para todos, de su sentido de la vida, de su caprichoso gusto por los ositos, de sus divertidos comentarios, de su estar ahí de cerca a pesar de la distancia...
Estoy enamorado de Juanse, de su alegría desbordante, de su look, de su empatía, de su simpatía, de su exquisito gusto en echarse novio, de su confianza al contarme ciertas intimidades, de su verme capaz de ligar con cualquiera de sus amigos guapos, de su sentido de la ironía, de su manera de calarme...
Estoy enamorado de Fran, de lo inteligente que es por encontrar esa pareja que tiene, de su atractivo personal, de cómo sabe responder ante las miradas de lujuria, de su forma de ser tan abierta, de su ojos francos...
Estoy enamorado de Toni, de su capacidad de seguir adelante por mas que la vida se lo haga difícil, de su visión optimista de las cosas, de su sonrisa siempre presente, de su paciencia ante la adversidad, de sus ilusiones intactas, de sus ganas de conocer gente y pasarlo bien, de sus llamadas de vez en cuando, de sus charlas didácticas...
Estoy enamorado de Sergio, de sus ojos de mirada otoñal, de su perilla, de su desparpajo al chatear, de su timidez en persona, de sus fotos en la competencia, de sus versos, de sus brazos cruzados mientras espera, de suave pelo, de su sonrisa fresca...
Estoy enamorado de Luis, de sus rarezas, de sus secretos, de su vozarrón, de su asombro, de su curiosidad, de su compartir, de su salir del propio armario, de su segunda fase, de sus que te pasa...
Estoy enamorado de Salva, de sus cuadros, de su sencillez, de sus silencios, de su conversación, de su naturalidad, de su mirar la vida pasar, de sus consejos para los demás, de su buen gusto musical, de sus diferencias de ser con su chico y sin embargo llevarse tan bien...
Estoy enamorado de LuisM, de que no me entienda a veces, de estar siempre dispuesto, de su extremada sinceridad, de su blog hetero, de sus detallazos, de sus locuras...
Estoy enamorado de Rubén, de su locura, de sus ocurrencias, de sus llamadas a mi móvil, de su capacidad de amar, de su excelente gusto a la hora de buscar pareja, de sus gatos, de su compromiso con lo que quiere, de sus botellonas, de su cariño por Tato...
Estoy enamorado de Pau, de su belleza, de sus lindos ojos, de su sonrisa de príncipe, de su naturalidad, de sus pantalones mojados, de su buen gusto al elegir chico, de sus divertidas historias, de sus muecas en las fotos, de su trio...
Estoy enamorado de Rubén, de su sonrisa, de su fotogenia, de sus señales amatorias, de su ilusión por conocer, de su visión de la quedada, de su lógica confusión tras lo vivido pero con prometedor final, de su abrir armarios...
Estoy enamorado de Alex, de su espontaneidad, de sus ojos tiernos, de su media legua, de sus locuras de juventud, de su capacidad de aprender, de su sonrisa abierta, de su elegir pareja, de su sinceridad abrumadora...
Estoy enamorado de Santos, de su comprensión, de su paciencia, de su aceptar, de su serenidad, de su cariñosa respuesta ante las encrucijadas de la vida, de su amor incondicional, de su mirada auténtica...
Estoy enamorado de Libertad, de su simpatía arrolladora, de sus ojazos, de su sonrisa, de su capacidad para encandilar a todos, de su excelente pluma, de sus desayunos, de su forma de ser tan natural, de lo que esconde en su interior...
Estoy enamorado de Marga, de sus hermosos ojos, de su dulce voz, de su encantadora compañía, de su sentido artístico, de su comandita... Y hasta de Eva, aunque no tenga el placer de conocerla en persona.
Estoy enamorado de Rocío, de lo encantadora que es y encima lo parece. Y de Igor, de su facilidad de hacerse cercano. Y de Carlos, de su campechana proximidad. Y de Chema, de su agradable compañía.
Estoy enamorado de Diego, aunque aún no lo conozca en persona, de ver con él OT, de nuestra pasión común por Dani, de la suya por Risto, de ayudarle en sus trabajos de clase, de sus ojos claros, de su madre tan moderna, de su forma de ser tan especial...
Estoy enamorado de mis senderistas favoritos. De Raul, de su nuevo look con barba. Y de Jorge, de cómo te dice las cosas. Y de Mario, de su explosión vital. Y de Jose, de su esfuerzo por quedar.
Estoy enamorado de Moisés. Nada mas verlo.
Estoy enamorado de Jaime, de su calidez, de su siempre entrañable presencia, de su buena compañía, de su excelente carácter, de su todo él.
Y en el capítulo de confesiones...
solo decir que me enamoro con mucha facilidad,
que he estado enamorado de verdad y mucho de alguno que otro de los que “estoy enamorado”,
que podría enamorarme de verdad de mas de uno de los que “estoy enamorado”,
y que estoy enamorado de ti, no se si lo sabes...
Aprovechando que Pedro me hizo descubrir anoche esta interesante cantante, y al venir como anillo al dedo de la declaración de amor, ahí os lo dejo.
Espero que os guste.
Espero que mi hombre invisible se haga pronto realidad.
MI REGALO DE NAVIDAD
Y aqui estoy.
El armario volvió a cerrar sus puertas.
Como ya pasó con el primer blog, el segundo ha expirado sin avisar. Murió con reencuentros, y creo que no tuvo mejor final.
Aunque lamento no poder darle un The End como correspondía, y un aviso de donde me encuentro ahora para seguir buscando palabras que compartir con todos, supongo que los fieles seguidores y los amigos de Enis harán correr el rumor de que ahora estoy por aqui, en el mismo sitio, aunque simplemente con un 2 detrás, es fácil.
Como prometí no abandono.
Me complacería dar gusto a Lallamada y otros que insisten en que me mude de Chueca, pero le tengo cariño al sitio, y ya sabéis lo sentimental que soy para estas cosas. Eso y que soy demasiado torpe para aprender un nuevo sistema de publicación.
Empiezo la campaña de avisos y recordatorios.
Este es el nuevo armario. Y ofrece sus puertas muy abiertas.
El primero las entreabría, y el segundo las abrió.
En este quizás acabe por quitarlas del todo. ¿Quén sabe?
Y nada mejor que organizar una fiesta de bienvenida.
Y para ello quiero ofreceros un presente. Que propio para estas fiestas ¿no?
Este es mi regalo de Navidad para todos los que alguna vez se han asomado a este armario. Para cuantos han querido compartir conmigo unos minutos de su tiempo. Y sobre todo para los que en estos meses han ido ocupando un lugar en mi corazón, que son muchos.
Este es, pues mi regalo para todos vosotros.
Os quiero tanto...
Sobre todo a ti.
Sí, estoy enamorado. De todos. De ti.
Aquí os dejo mi regalo. A todos. A ti.
Es un árbol de Navidad. Hecho con vuestros nombres.
Podéis jugar a dónde está Wally con él, en su versión donde está el bloguero o comentarista según el caso.
Si alguien se busca y no aparece no es porque me haya olvidado, simplemente no encontré más hueco, pues ya se desvanecía la figura del árbol. Pero estás ahí. Eres una de las luces que lo iluminan.

Y ahora...
Pienso. Y estarás de acuerdo conmigo.
Sí, me dirijo a ti que me lees en este momento. Solo o acompañado.
Es increíble como pasa el tiempo.
Ya están a aquí las Navidades.
Se que es una época complicada, llena de contrastes emocionales para todos. Alegrías y tristeza que se entremezclan. Se confunde la ilusión y la esperanza con la desesperación y la melancolía. Pesan demasiado las ausencias. Y la soledad.
Desde mi corazón algo encogido, y para cuantos se acerquen a este armario donde guardo tantas cosas a la vista de todos, os pido que pulséis dos veces Play.
Y que escuchéis mientras leéis esto que os dedico.
Esta es mi tarjeta de felicitación. Mi christmas particular para cada uno de vosotros.
Con todo mi cariño...
Para quien se asome a este armario.
Para quien me lee a diario o de vez en cuando.
Para quien dejó su comentario.
Para quien simplemente se pasó por aquí.
Para quien se dejó acompañar.
Para quien me quiso conocer.
Para quien serví de consuelo.
Para quien se emocionó.
Para quien se sorprendió.
Para quien se viera reflejado.
Para quien haya disfrutado.
Para quien encontró una sonrisa.
Para quien se confió.
Para quien descubrió un amigo.
Para quien hizo confidencias.
Para quien se siente cómplice.
Para quien estuvo y retuvo.
Para quien vino y se fue.
Para quien no quiso quedarse.
Para quien ya no puede estar.
Para quien ha de llegar.
Para quien me comprendió.
Para quienes no me entendieron.
Para los que hice pensar.
Para los que hice sentir.
Para los que viven.
Para quienes lloran
Para quienes ríen.
Para quien busca la paz.
Para quien espera y halla.
Para quien encuentra y comparte.
Para quien abre las puertas.
Para quien es feliz.
Y sobre todo para los que no lo son.
Para quien no se salve.
Para quien también es tan así...
Para quienes aman.
Para los que quieren amar.
Para todos. Estéis o esperéis.
Para ti. Allí donde estés.
Para mi. Que sigo esperándote.
De todo corazón.
FELIZ NAVIDAD.
El armario volvió a cerrar sus puertas.
Como ya pasó con el primer blog, el segundo ha expirado sin avisar. Murió con reencuentros, y creo que no tuvo mejor final.
Aunque lamento no poder darle un The End como correspondía, y un aviso de donde me encuentro ahora para seguir buscando palabras que compartir con todos, supongo que los fieles seguidores y los amigos de Enis harán correr el rumor de que ahora estoy por aqui, en el mismo sitio, aunque simplemente con un 2 detrás, es fácil.
Como prometí no abandono.
Me complacería dar gusto a Lallamada y otros que insisten en que me mude de Chueca, pero le tengo cariño al sitio, y ya sabéis lo sentimental que soy para estas cosas. Eso y que soy demasiado torpe para aprender un nuevo sistema de publicación.
Empiezo la campaña de avisos y recordatorios.
Este es el nuevo armario. Y ofrece sus puertas muy abiertas.
El primero las entreabría, y el segundo las abrió.
En este quizás acabe por quitarlas del todo. ¿Quén sabe?
Y nada mejor que organizar una fiesta de bienvenida.
Y para ello quiero ofreceros un presente. Que propio para estas fiestas ¿no?
Este es mi regalo de Navidad para todos los que alguna vez se han asomado a este armario. Para cuantos han querido compartir conmigo unos minutos de su tiempo. Y sobre todo para los que en estos meses han ido ocupando un lugar en mi corazón, que son muchos.
Este es, pues mi regalo para todos vosotros.
Os quiero tanto...
Sobre todo a ti.
Sí, estoy enamorado. De todos. De ti.
Aquí os dejo mi regalo. A todos. A ti.
Es un árbol de Navidad. Hecho con vuestros nombres.
Podéis jugar a dónde está Wally con él, en su versión donde está el bloguero o comentarista según el caso.
Si alguien se busca y no aparece no es porque me haya olvidado, simplemente no encontré más hueco, pues ya se desvanecía la figura del árbol. Pero estás ahí. Eres una de las luces que lo iluminan.

Y ahora...
Pienso. Y estarás de acuerdo conmigo.
Sí, me dirijo a ti que me lees en este momento. Solo o acompañado.
Es increíble como pasa el tiempo.
Ya están a aquí las Navidades.
Se que es una época complicada, llena de contrastes emocionales para todos. Alegrías y tristeza que se entremezclan. Se confunde la ilusión y la esperanza con la desesperación y la melancolía. Pesan demasiado las ausencias. Y la soledad.
Desde mi corazón algo encogido, y para cuantos se acerquen a este armario donde guardo tantas cosas a la vista de todos, os pido que pulséis dos veces Play.
Y que escuchéis mientras leéis esto que os dedico.
Esta es mi tarjeta de felicitación. Mi christmas particular para cada uno de vosotros.
Con todo mi cariño...
Para quien se asome a este armario.
Para quien me lee a diario o de vez en cuando.
Para quien dejó su comentario.
Para quien simplemente se pasó por aquí.
Para quien se dejó acompañar.
Para quien me quiso conocer.
Para quien serví de consuelo.
Para quien se emocionó.
Para quien se sorprendió.
Para quien se viera reflejado.
Para quien haya disfrutado.
Para quien encontró una sonrisa.
Para quien se confió.
Para quien descubrió un amigo.
Para quien hizo confidencias.
Para quien se siente cómplice.
Para quien estuvo y retuvo.
Para quien vino y se fue.
Para quien no quiso quedarse.
Para quien ya no puede estar.
Para quien ha de llegar.
Para quien me comprendió.
Para quienes no me entendieron.
Para los que hice pensar.
Para los que hice sentir.
Para los que viven.
Para quienes lloran
Para quienes ríen.
Para quien busca la paz.
Para quien espera y halla.
Para quien encuentra y comparte.
Para quien abre las puertas.
Para quien es feliz.
Y sobre todo para los que no lo son.
Para quien no se salve.
Para quien también es tan así...
Para quienes aman.
Para los que quieren amar.
Para todos. Estéis o esperéis.
Para ti. Allí donde estés.
Para mi. Que sigo esperándote.
De todo corazón.
FELIZ NAVIDAD.