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DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
El armario abierto muestra las CONFESIONES A UN DIARIO INDISCRETO
Acerca de
El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Sois ya los que os pasais por aqui... Web Site Counter
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INOCENCIA


LA MIRADA DEL CORAZÓN...



"Cada hombre sobre la faz de la Tierra tiene un tesoro que le está esperando", dijo su corazón.

“Nosotros, los corazones, acostumbramos a hablar poco de estos tesoros, porque los hombres ya no quieren encontrarlos. Sólo hablamos a los niños. Después, dejamos que la vida encamine a cada uno en dirección a su destino. Pero, desgraciadamente, pocos siguen el camino que les ha sido trazado y que es el de la Historia Personal, y de la felicidad. Les parece que el mundo es una cosa amenazadora, y por esto el mundo se convierte en una cosa amenazadora. Entonces nosotros, los corazones, vamos hablando cada vez más bajito pero no nos callamos nunca.

Y procuramos que nuestras palabras no sean oídas: no queremos que los hombres sufran porque no siguieron a su corazón".

¿Por qué los corazones no les dicen a los hombres que deben continuar siguiendo sus sueños?-Preguntó el muchacho al Alquimista.

-Porque, en este caso, el corazón es el que sufre más. Y a los corazones no les gusta sufrir.

El muchacho entendió a su corazón a partir de aquel día. Pidió que nunca más lo dejase. Pidió que, cuando estuviese lejos de sus sueños, el corazón se le apretase en el pecho y diese la señal de alarma. El muchacho juró también que siempre que escuchase esta señal, la seguiría."


(De El Alquimista)


LA MIRADA DE JACK...


Ennis sonrió mientras ponía sus brazos alrededor de Jack y su boca buscaba los labios de su compañero.

- Entonces si?

- Jack, prométeme que siempre vendrás, que siempre volverás…

- Ennis, te lo juro…

(De Brokeback Mountain)

LO QUE DICEN ESOS OJOS...



ESTA VEZ ES ENIS...



"...Dice una antigua leyenda que el ser humano es como una vela, el cuerpo se va derritiendo mientras el alma brilla siempre. Y cuando el cuerpo se acaba por consumir del todo, el alma lo abandona para unirse a la luz celestial..."
(....) Y observé el día a través de los tablones mientras las velas se extinguían, no por mis lágrimas, sino por el tiempo, el único que no tiene respeto ni preferencias..."

(De El Viaje de Marcos)

ES ENIS...

ERA.

FUE.

SOY.

LA MIRADA DE MANU...



TAN MAYOR Y TAN SHIIICO...

Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de andar por los caminos
mirando a la derecha y a la izquierda
y de vez en cuando mirando para atrás…

Y lo que veo a cada instante
es lo que nunca había visto antes,
y me doy buena cuenta de ello.
Sé sentir el asombro esencial
que tiene un niño si, al nacer,
de veras reparase en que nacía…

Me siento nacido a cada instante
a la eterna novedad del mundo...
Creo en el mundo como en una margarita,
porque lo veo. Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender…
El Mundo no se ha hecho para pensar en él
(pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para mirarlo y estar de acuerdo…

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es,
sino porque la amo, y la amo por eso,
porque quien ama nunca sabe lo que ama,
ni sabe por qué ama, ni qué es amar…

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar…

(De Fernando Pessoa)

ESTA VEZ ES MANU...

"... porque como te dije en los versos... (...)
Por eso lo paro,
para que su sentir no vuele a ciegas,
sin rumbo,
sin sentido de existir.
Y así, algún día..."


(De El viaje de Marcos)

ESTA VEZ...



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A VER SI HAY SUERTE
Estoy contento, Orlando llegó hoy a Sevilla. El finde se promete interesante e intenso, aunque apenas podremos compartirlo pues buena parte de los amigos están de viaje.
Pero lo importante es estar juntos.
Por eso y haciendo un esfuerzo, ya tengo los billetes para el puente de diciembre y para el día de Navidad. A ver si al final consiguen los amigos del norte casa para coincidir en Madrid durante el primero y el maño se apunta a las Navidades (espero que lo de tu madre no sea nada, guapo).
Sigo dándole vueltas a lo de celebrar mi cumpleaños. A ver que se me ocurre.
Me hizo gracia un comentario de Devaneos sobre no medir a los amigos por los que acuden contigo a celebrarlo, pues hay mucho geta que lo hace por la comida...
Cuanta razón tiene. Pero afortunadamente, y a estas alturas de mi vida, ya celebro solo con los cabales...
Sin embargo me ha hecho pensar que efectivamente son constantes, en la trayectoria personal de cada uno de nosotros, las apariciones (y posteriores desapariciones) de personas que se acercan a ti por interés: meterse en tu círculo de amigos, un préstamo de dinero, mejorar en el trabajo, que les invites, que los lleves en el coche, que les hagas reír o entretenerse, solucionarle problemas, hacerles favores, etc.
Cuando ya te han utilizado, no pueden sacar mas provecho de ti, les cansas, se aburren, les puedes dedicar menos tiempo, no respondes como ellos quisieran, o simplemente ven que otra persona les son mas útiles, pues te abandonan y se van a saco a por ella o ellas.
Los hay mas o menos disimulados, auténticos actorazos (es muy habitual que encandilen), quienes suelen aparecer solos y quienes se integran en una manada.
Pero siempre hacen daño.
Donnuttz titulaba hace poco un post con esta pregunta: ¿Porqué hay tanta gente enfadada con el mundo?
Me encantaría saberlo.
Y entender, también, porque hay tanta gente enfadada en el mundo. Eso sobre todo.
Por qué muchos insisten en vomitar sobre otro lo que le viene en gana. Sin medir las consecuencias, sin venir a cuento, sin calibrar las palabras. Crear mal rollo. Insistir en ello. Agredir. Herir.
Por qué se cabrean tanto, o se pone bordes, o ridiculizan, incluso insultan, o pegan, o agreden... ¿es que se siente superiores?.
Y esa manía de ver mal por todas partes. O empeñarse en interpretar a su libre albedrío -siempre por el camino equivocado- las palabras o acciones de otro. Acusar de juzgar cuando juzgan. Crear cizaña. Malmeter. Criticar. Una y otra vez.
¿Porque hay quien se empeña en seguir haciendo daño? ¿Hay que estar pendiente de la vida de los demás (trabajo, amigos, familia, condición sexual, raza, ideas políticas, relaciones, blogs...) para dibujar la suya? Y además con trazos gruesos negros en un cuadro tenebrista de mirada dirigida hacia quien no le gusta tanto como otros, no le ríe las gracias, se mantiene alejado de cualquier etiqueta, o acepta sus postulados.
Esa violencia de la TV, por la calle, esos grupos extremos, esa incontinencia verbal, los golpes, los empujones, las altas voces, las críticas, burlarse...
Desde lo ajeno a ti, hasta lo mas cercano.
Demasiado a nuestro alrededor respira mal rollo.
Intento mantenerme alejado de todo eso. Pero a veces te salpica. En ese caso me defiendo. Si tras sacudirme y seguir con lo mío (confiando se calmen las aguas, y que se olviden de mi. Haciendo uno su vida, alejándose cuanto puede de mas daño gratuito) siguen insistiendo, pues miras para otro lado a ver si se cansan.
De todas formas ya no es algo que dependa de uno. Es como el alumno agredido del colegio. Qué puede hacer el pobre...
Ojalá hubiera forma de acabar con todo eso.
Ojalá no se enfadaran tanto. Ni se dijeran tantas cosas malas. Ni se hiciera tanto daño.
Ojalá...
Y por lo que me toca, a ver si hay suerte.

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ES QUE SOY MUY SHIIIICO...

Se acerca esa fatídica fecha en la que uno cumple años y empieza a darle vueltas a las cosas (¿yo?, que raro....) una y otra vez, a modo de inevitable balance cumplefindeañero, buscándole las cosquillas a lo pretérito, jugueteando con los entrañables recuerdos, buceando en la memoria de otros cumpleaños y bañándome en la nostalgia de quienes estuvieron.
Pero al tiempo, viviendo intensamente el presente, cada vez mas cerca de los que están, y quieren estar, regocijándome en las emociones mas recientes y vislumbrando nuevos horizontes.
Apenas quince días y soplaré de nuevo las velas imaginarias.
Mejor así o podría provocar un incendio. Normal con tanta cera (con su mecha) y tanta llama... Y es que son demasiadas.
La última vez que utilicé el mechero fue con los 30. Ahí dejé de soplar. Aunque degustar una rica tarta en buena compañía es algo que sí me gusta mantener. Como la costumbre de invitar a los amigos, a la gente que me quiere. Y son muchos.
A ver cómo me las arreglo para continuar con esa sana costumbre y compaginarla con el plan de ahorro en el que me veo inmerso y que poquito a poco va dando sus frutos.
Dándole vueltas a ese asunto, y lamentándome de no poder compartir el momento como me gustaría ni con personas muy importantes para mi que están lejos, me preguntaba el otro día Orlando si no le daba demasiada importancia a eso de cumplir años. Y ciertamente se la doy (aunque matizada lógicamente por el tiempo y la madurez, tras varias décadas) inmerso en la misma infantil ilusión de ser “tan así”, o como dirían los ojos mas bonitos del mundo “porque es que él es mu shiiiico”...
Supongo que sí, que conservo ese espíritu que me hace ser muchas veces como un niño, a veces un niño bueno, a veces uno travieso: juguetón, ocurrente, mosqueón, caprichoso, hiriente, egoísta, miedoso, sensible, cariñoso, crédulo, inocente, demasiado sincero...
Pero revestido, sin embargo, de la madurez que da el paso del tiempo, y compensándolo con seriedad, lógica, dialogo, conformismo, respeto, generosidad, valentía, raciocinio, indiferencia, duda, picaresca, diplomacia...
A veces mejor persona, otras no tanto, somos humanos... pero prefiero ser así, a tener doble personalidad, convertirme en actor profesional, parecer un extraterrestre, creerme una diva o en permanente posesión de la verdad, hacer daño por impulso, sentirme por encima de todo el mundo, malmeter por costumbre, o ser un maleducado, una mala persona de esas que van envenenando por ahí, o un hijo de puta, por poner solo algunos ejemplos de lo que tengo claro no quiero ser. Que los hay, y muchos. ¿Quién no se ha encontrado con alguno?
Eso sí, uno puede seguir siendo “mu shico”, pero en el proceso de aprendizaje la evaluación es continua, y me encanta que me digan muy diversas personas (de las que siguen a tu vera, y te aceptan con tus cosas malas y buenas, a pesar de todo) que me recuerdan con cariño, que me echan de menos, que necesitan verme, que les gusta como soy o me comporto con ellos, o cómo se me nota cambiado desde hace unos meses, o lo importante de mi evolución personal, y sobre todo, que agradezcan mi amistad o mi amor.
Me hacen sentir que logro una buena nota en el examen de la vida, cosa que los típicos compañeros coñazos de aula -repetidores, agresores, incapaces o ignorantes- no me consiguen ya amargar. A esos mejor los dejó en su recreo mental permanente, que yo me voy con los de diversificación, mas sanos en su problemática. ¿Quien no tiene problemas hoy día? Y a mi me gusta siempre tender una mano. Otra cosa es que muchos ni siquieran sean capaces de tomarla, pero la vida es así...
Por eso, una cosa tengo clara a estas alturas. Algo a lo que todos tarde o temprano llegan. Y es que aunque siga siendo “tan shico” o “tan así”, afortunadamente he aprendido a no dejarme comer el terreno y ser capaz de poner pie en pared, tener claras las cosas (aunque tarde a veces en darme cuenta de mas de una), sin dejarme llevar como antes, sin consentir manipulaciones, firme frente a la adversidad, aprendiendo de cada mal momento, enfrentándome a los retos mas insospechados, alejándome de las malas personas, huyendo de la doblez y la falsedad....
A la vez, disfrutando de cada buena experiencia, teniendo cerca a los que merecen la pena, seguro de mi mismo (a pesar de las montañas rusas y las inevitables inseguridades emocionales) y de las decisiones que se toman, y del camino emprendido, del aprendido, del aún por aprender...
Orgulloso de ser, de estar, de sentir, de vivir, de compartir, de cómo fui, de cómo me hicieron así, de como soy, de cómo me hacen ser, y de todo lo que me rodea. Que es mucho y bueno, porque lo que no vale la pena quedó en el camino, y ya no soy tan niño como para perder el tiempo en mirar atrás para ver nada que no quiera ver mas allá de su propia mirada, ya sea solitaria o gregaria.
Mira tú por donde me acabo de enterar que pertenezco a la llamada “Generación del Príncipe” compuesta de “jóvenes” treinteañeros y cuarentones nacidos en la década de los 60 como Don Felipe.
Yo hace ya mucho que dejé de ser -sin dejar de serlo- “el rey de la casa”... y sin embargo ahora me siento como un príncipe. Ya entenderéis porqué. Pero no me preguntéis por mi Leticia, que ya sabéis no puedo hablar de ello. En eso sí soy muy niño, lo guardo en mi cajita de tesoros.



Este post lo quiero dedicar a Juanjo, a Alberto, a la chupipandi de Sevilla, a los amigos de Madrid, a esos amigos de otras partes de España que saben muy bien quien son, y a los que permanecen...
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YA SOLO QUEDA LA MEMORIA


El vaho de su ausencia, en este mes de noviembre de duros recuerdos, de rostro sombrío y hasta escalofríos, de pena y llanto,
ha quedado matizado este aniversario por el rocío de la imagen de Orlando, y el bálsamo reparador de su voz, aún en la distancia.
Pero era imposible que esas otras imágenes no brotaran finalmente, a modo de riada, sobre un mapa de intermitentes recuerdos, sorteando el malestar y el sinsabor ante una corriente cálida de cariño y sentimiento profundo.
Hubo lágrimas. Era inevitable. Matizadas por el paso del tiempo. Dos años ya. Pero igual de sentidas. Como los suspiros. Como la moviola de escenas que se repiten periódicamente, cuando menos uno espera, ahondando en la herida de la pérdida.
Ante su foto de nuevo las flores.
Sobre la almohada un cerco húmedo.
El alma a ratos encogida.
Y el silencio de la casa vacía atronando en mi mente repleta de vivencias rememoradas y el latir acelerado lleno de emociones contenidas.
Tras una fecha de profunda huella que pasó, por cuestiones de trabajo y vida social, ciertamente de puntillas sobre el corazón herido, el día siguiente se grabó a fuego con la marca de la soledad.
Los espacios vacíos de dentro y fuera, cuando coinciden, detonan un extraño elemento de angustia vital que despierta un cierto sentido infantil de alma desvalida, necesitada de oídos, de abrazos que calmen, de palabras que conforten, de caricias, de simple compañía.
Pero aquella noche Orlando trabajaba. Muchos se divertían. Y nadie hubo que llamara. Uno de esos días...
Divagué cuanto pude, retrasando lo inevitable.
Era solo cuestión de tiempo.
El pellizco surgiría cuando menos lo esperara, por el gesto mas simple. Y este vino de la mano de una sencilla acción: guardar algo en un cajón, en el que de pronto apareció una de sus pertenencias.
Intenté recuperar su olor, durante mucho tiempo impregnado. Pero había desparecido con el hondo pisar de lo ausente, el paso inexorable de los días, y el doloroso peso del desuso.
Mi corazón se desgarró, otra vez, dos años después. Cuando menos lo esperaba.
Por mucho que se prepare uno...
Aquella noche perdí su esencia, la que quedaba en su ropa, en su cepillo, en sus cosas... Ese característico aroma que la identificaba, mezcla de su perfume y aliento vital, unión de vivir y ser, de sentir y parecer. Y que hasta entonces, a veces, había podido encontrar de forma inesperada.
Ahora se esfumó. Para no volver.
Mi oído ya se mostraba perezoso para recordar su timbre de voz. Y ahora perdía la posibilidad de recordar -sintiéndolo- como olía ella.
Lo mismo me pasó con mi padre. Y con mi abuela. Y con tantos otros que ya no están.
Como ocurrió en las anteriores ocasiones, mis sentidos se negaban a aceptar que ya no estaba. No solo en los sueños, también en la realidad, a veces me parecía recibir una bofetada de su aroma personal, casi como si estuviera presente, y hasta oír su voz, su risa, su carraspeo, sus estornudos, su respiración mientras dormía...
Pero los sentidos, inseguros y algo débiles para mantener firme los recuerdos, se dejan llevar por la inercia del tiempo. Y se agotan.
Pronto. Demasiado pronto.
Ya solo queda el homenaje de la memoria, la caja fuerte de los recuerdos. Imborrables, permanentes. Guardados como un auténtico tesoro.
Con la cifra adecuada somos capaces de abrirla de par en par en un océano de sensaciones, que casi son capaces de hacer revivir a los sentidos, aunque solo sean espejismos de breve estampa.
Sin embargo, valen tanto la pena...
Debe ser horrible perder también los recuerdos.
Al final el sábado llamé yo. Y tuve una conversación larga y reconfortante, con una vieja amiga. Estuvo allí. Y estuvo bien.
Como cuando no hace mucho me emocionaba Orlando, mientras hablábamos de estas cosas, y me comentó como actuaría si se viera en la necesidad de cuidar de sus padres enfermos. Como tuve que hacer yo. Y, claro, se vidriaron mis ojos.
Me pasa a menudo con él. Cuando menos me lo espero hace o dice algo que me emociona de tal modo que no lo puedo evitar. Sensiblón que es uno. Tan así...
Momentos como ese me sirven para asumir que la vida continúa, aunque ya no huela igual...
Estos días he visto fotos. He recordado. He cerrado los ojos. He sentido una punzada en el corazón y en la garganta. Me he sentido mal. Me he disgustado, y entristecido. Me he sentido desvalido. Como “mu shico”. Mi mama ya no está. Mi mami se fue. Otra vez.
La vida ya no huele igual...
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NO SE QUE HARIA...

No se que haría sin su “vaya tela...”, sin su brazo cortándome a cachitos, sin su “Manuuuuu”, sin su esfuerzo por decir -sin llegar a decir, en realidad, pero diciendo- lo que necesito oír...

No se que haría sin su llamada diaria, sin sus “claaaaaro”, sin sus “mosqueos”, sin su apoyo continuo, sin la complicidad que nos une desde el principio...

No se que haría sin los amigos cercanos, sin los que se acuerdan de ti, sin los que te dan sorpresas agradables, sin los que se preocupan por ti , sin los que no dejan de estar...

No se que haría sin la comprensión de los buenos amigos, aún en la distancia, sin la permanente respuesta de los que merecen la pena, sin el apoyo de quienes no le fallan a uno...

No se que haría sin memoria, sin vivencias cargadas de emoción, sin historia, sin nuevos horizontes, sin esperanza, sin ilusión, sin confianza, sin comprensión...

No se que haría sin heridas, sin cicatrices, sin lecciones aprendidas, sin curas de espanto...

No se que haría sin espiritu de superación, sin capacidad de enmendar, sin aprender de los errores, sin abrir los ojos...

No se que haría sin su ejemplo, sin su herencia, sin su recuerdo, sin su protección...

No se que haría sin ser “tan así”, sin sentirme así...

No se que haría si...



Días extraños. Mezcla de emocione.s
Ta vez sea capaz de contarlo...

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NU SE...
Hace un ratillo que volví de dar una vueltecilla con Shiquillo. Con su Gaby trabajando y mi Orlando con sus guardias en Madrid, ambos estábamos que nos arañábamos por salir un poquito de casa en un puente en el que no podemos disfrutar de lo que mas queremos.
Intentamos reunir a mas miembros de la chupipandi, pero fue imposible. Quijote aparecía incomunicado, Dik tenía planes, Mikgel fastidiado con la espalda en su pueblo, Carlitos Sublime de puente por Salamanca, y Pcj y CRAZY en “los madriles” por un recital de la Bartoli y poniendo rumbo al día siguiente para Barcelona a escuchar los mismos gorgoritos 24 horas después, cosa que sigo sin poder entender.
Total que finalmente solo pudimos quedar los dos solitos.
Ha sido agradable volver a verlo, que últimamente apenas tenemos tiempo para coincidir. No pude asistir a la celebración del cumpleaños de Mikgel, ni al de Carlitos, por causa mayor (osea, ir a Madrid para estar con Orlando) y uno se resiente de esas cosas siendo “tan así”.
Ha sido divertido recuperar su llamativo jersey y sus historias curiosas. Y ha sido bonito compartir confidencias, escuchar sus experiencias sobre relaciones, o descubrir como Gaby y él se preocupan por mi, diciéndole a Orlando (sin que yo lo supiera) algo sobre no hacerme daño, muy parecido a lo que Vulcano le soltó el otro día en referencia a mi: “cuídamelo...”.
Me emociona enterarme de cosas así.
Pero pueden estar tranquilos, Orlando se porta bien conmigo.
Han sido varias horas con Shiquillo, pero se me pasó volando.
La tarde se nos fue en tomar el solete junto al río, comprobar que Sevilla ha sido tomada por los visitantes y guiris en estos días de puente, disfrutar de un cafelito en amable charla, comprar chuches, ir de compras, interactuar con una vendedora de perfumes, y bichear en el Corte Inglés y la Casa del Libro.
Aproveché mientras él miraba unos DVDs para llamar a Orlando (ya sabéis que si le llamo así por aquí es debido a que, precisamente Shiquillo, le sacó cierto parecido con el famoso actor de El Señor de los Anillos o Piratas del Caribe). Quería desearle buena guardia, y simplemente oír su voz. Lo necesitaba.
border="0" De hecho llevo unos días que necesito mimos. Se lo confesaba a Alberto por teléfono, hace unos minutos, nada mas bajarme del nuevo tranvía que ya funciona en Sevilla y me trajo recuerdos de Bilbao.
Se me hace duro que la gente que quiero esté lejos.
O que se alejen o distancien, por diversas circunstancias.
Hay quien te decepciona. Quien te hace daño. O te pone triste.
Y quien cada vez quieres mas, y le necesitas, pero está fuera de tu alcance inmediato.
Pero es lo que hay... la vida es así... hay que acostumbrarse...
Ya.
Y en eso me hallo.
Pero, hay veces que se me hace mas difícil. Como estos días.
Nu se...
Supongo que me hubiera gustado poder aprovechar el puente. O recibir en casa la visita agradable de algún amigo cercano. Pero no fue posible.
Con un poco de suerte, Orlando tendrá vacaciones después del 16 de este mes y vendrá para acá unos días.
Ya estoy ideando propuestas para hacer cosas, sitios donde ir (a ver si andamos bien de dinero para el Ocumare, Alejandro), gente a la que ver, y ratos que compartir. Procuraré contarlo.
Aunque he de aclarar que me ha pedido que no comente cosas personales, como las que en el último post puse sobre cómo me hace sentir y lo que me aporta. Aunque sean positivas.
Y es que las considera muy íntimas.
A ver si soy capaz de guardar ese delicado equilibrio que supone exponer sentimientos y vivencias en este diario indiscreto sin entrar en conflicto con su deseo y opinión.
Mi obligación es respetarlos.
No se si es el biorritmo del otoño, el cambio de la hora, la falta de ejercicio obligada por prescripción médica, el plan de ahorro obligado, que apenas salgo ahora ¡con el verano que llevé!, el cercano aniversario del fallecimiento de mi madre, o la proximidad de mi cumpleaños (aggggggggggggg), pero me está costando horrores enfrentarme de nuevo a los estudios, y ando algo apático.
Cosa que me confesaba Shiquillo le estaba pasando también a él.
De todas formas, estoy seguro que buena parte del estado de ánimo se debe a estar lejos de Orlando.
Menos mal que la semana pasada pasamos el finde juntos. Ya conozco su casa. Muy a su medida, algo alejada del centro, pero me gustó. Como volver a ver a Alberto y Antonio.
Compartimos una cervecita el viernes y cenamos los cuatro en el VIPS de Gran Vía el sábado. Mas tarde quedamos con Vulcano y Gatchan para tomar una copa por Chueca.
border="0" Estuvimos primero en el Liquid, y tras la marcha de Alberto y su novio, en el Polana, donde bailamos hasta las seis de la mañana.
Al día siguiente no teníamos cuerpo mas que para perrear.
Y por la noche fuimos a ver la peli de El orfanato. Nos encantó.
Al día siguiente, aproveché que pasé la mañana solito, para comprar a Orlando una bufanda en el H&M. Mi detallito con que le sorprendo todos los días 22 de cada mes.
Tras comer por el centro, tomamos un cafecito con Koeps. Espero que pase de esta mala racha pronto. Me gustó verlo, pero no tan apagadillo. Ojalá le vayan las cosas mejor.
Por la noche casi pierdo el tren.
Me cuesta separarme de los ojos mas bonitos del mundo.

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