NOTA DE LA CONCIENCIA PERSONAL SOBRE LAS ELECCIONES GENERALES DE 2008
Los españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo.
Aunque este blog ya estaba abierto en otras ocasiones semejantes, es la primera vez que ofrezco a los asiduos al mismo y a todos los que deseen leerlo algunas consideraciones que estimulen el ejercicio responsable del voto.
Hablo como persona libre y racional, adulta y responsable, formado e informado, cercano a la gente sencilla y alejado del mando de las jerarquías que se creen en la obligación y el derecho de orientar el discernimiento moral, innecesario cuando se es suficientemente autónomo ante la toma de decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común.
Con tal finalidad pienso que es éste un momento apropiado para leer en nuestro interior y meditar de nuevo, alejándonos de la manía que tienen ciertas personas por insistir en guiar a los demás solo por los caminos que ellos deciden y admiten, sin dar alternativa a otras rutas ni aceptar otras opciones.
Reclamo respeto de verdad, y no de boquilla como otros, a quienes ven las cosas de otra manera. Y pido libertad y respeto para proponer libremente mi manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni mi intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás.
Deseo colaborar sinceramente en el fortalecimiento democrático de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible del espíritu de una verdadera paz.
Aunque puedo apoyar partidos diferentes y hasta militar en ellos (aunque no soy yo mucho de ello), también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con mi conciencia y las exigencias de una persona comprometida con el futuro en progreso y libertad, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los hombres honestos debemos promover en la vida pública.
Todos los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, cualquiera que sea la religión e ideología que profesen, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida.
La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas.
No se debe olvidar la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado ante la insistencia de algunos por vincular la moral con una sola visión obligada y subjetiva.
Al decir esto comprendo que los gobernantes deben someterse a los criterios de su propia moral, expuesta a los ciudadanos con sinceridad y honestidad para que ellos, sin intromisiones, se muestren o no dispuestos a compartirla, fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo y que nadie está legitimado para obligar a los demás a aceptar su visión particular de la moral.
Es preciso afrontar con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que, sumándose a valores confesionales o religiosos radicales y excluyentes, contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos propios de la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la capacidad del hombre para tener una vida digna en toda su grandeza, desde la concepción hasta la muerte, y a la promoción de la convivencia fundada en la afectividad de las uniones de los seres humanos, evitando la exclusión en el ordenamiento público de variadas formas de unión que contribuirían a estabilizar la vida emocional de los ciudadanos, dando color con su carácter múltiple y variado y su insustituible función social.
La legislación debe proteger el matrimonio entre personas que se quieran, independientemente del género que las una, empezando por reconocerlo en su ser natural abierto y común, y permitir que cariño cuidados sean volcados en los menores necesitados de él.
No es injusto tratar de construir, con naturalidad, una vida pública sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna, pues su sentido está en los templos y en el corazón de los creyentes que quieran exponerla con libertad y nunca imponerla por la fuerza.
En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada "Educación para la ciudadanía" que fortalece el derecho de los jóvenes - y de la escuela en colaboración con ellos - a mejorar como ciudadanos de acuerdo con las conductas de civismo que tanto sus padres como el resto de los españoles, e inmigrantes que llegan al país, deben respetar y compartir, independientemente de su religión o costumbres.
Es necesario aceptar la capacidad del Estado para establecer la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos, sin excluir la religión como opción evaluable cuando lo soliciten los padres de los alumnos pero sin otorgarle un caracter obligatorio.
El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo.
Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político. Tampoco puede demonizar a quien se esfuerza por dialogar con el fin de mejorar las cosas y evitar mas muertes, ni aceptar la utilización política de las víctimas.
Instituciones como la Iglesia tampoco debe aceptar que miembros destacados de la misma, obispos y sacerdotes, jueguen a la ambigüedad o den su respaldo a esas posiciones éticamente insostenibles de forma pública.
La población debe reconocer, por principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España, superando decididamente las tendencias corporativas y los peligros del separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada por parte de todos. Y a la inversa.
Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas de cualquier sentido.
En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Me parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda, sin mas contratos que acatar las leyes y respetar las costumbres locales.
Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, los jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución o las sectas, las mujeres y hombres humillados y amenazados por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones, y abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse.
Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común que aporta la naturaleza y la historia de los pueblos.
En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos y el mantenimiento de la paz.
Que se ilumine y fortalezca, con todas nuestras fuerzas, la cabeza y el corazón de todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad.
Aunque este blog ya estaba abierto en otras ocasiones semejantes, es la primera vez que ofrezco a los asiduos al mismo y a todos los que deseen leerlo algunas consideraciones que estimulen el ejercicio responsable del voto.
Hablo como persona libre y racional, adulta y responsable, formado e informado, cercano a la gente sencilla y alejado del mando de las jerarquías que se creen en la obligación y el derecho de orientar el discernimiento moral, innecesario cuando se es suficientemente autónomo ante la toma de decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común.
Con tal finalidad pienso que es éste un momento apropiado para leer en nuestro interior y meditar de nuevo, alejándonos de la manía que tienen ciertas personas por insistir en guiar a los demás solo por los caminos que ellos deciden y admiten, sin dar alternativa a otras rutas ni aceptar otras opciones.
Reclamo respeto de verdad, y no de boquilla como otros, a quienes ven las cosas de otra manera. Y pido libertad y respeto para proponer libremente mi manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni mi intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás.
Deseo colaborar sinceramente en el fortalecimiento democrático de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible del espíritu de una verdadera paz.
Aunque puedo apoyar partidos diferentes y hasta militar en ellos (aunque no soy yo mucho de ello), también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con mi conciencia y las exigencias de una persona comprometida con el futuro en progreso y libertad, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los hombres honestos debemos promover en la vida pública.
Todos los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, cualquiera que sea la religión e ideología que profesen, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida.
La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas.
No se debe olvidar la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado ante la insistencia de algunos por vincular la moral con una sola visión obligada y subjetiva.
Al decir esto comprendo que los gobernantes deben someterse a los criterios de su propia moral, expuesta a los ciudadanos con sinceridad y honestidad para que ellos, sin intromisiones, se muestren o no dispuestos a compartirla, fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo y que nadie está legitimado para obligar a los demás a aceptar su visión particular de la moral.
Es preciso afrontar con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que, sumándose a valores confesionales o religiosos radicales y excluyentes, contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos propios de la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la capacidad del hombre para tener una vida digna en toda su grandeza, desde la concepción hasta la muerte, y a la promoción de la convivencia fundada en la afectividad de las uniones de los seres humanos, evitando la exclusión en el ordenamiento público de variadas formas de unión que contribuirían a estabilizar la vida emocional de los ciudadanos, dando color con su carácter múltiple y variado y su insustituible función social.
La legislación debe proteger el matrimonio entre personas que se quieran, independientemente del género que las una, empezando por reconocerlo en su ser natural abierto y común, y permitir que cariño cuidados sean volcados en los menores necesitados de él.
No es injusto tratar de construir, con naturalidad, una vida pública sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna, pues su sentido está en los templos y en el corazón de los creyentes que quieran exponerla con libertad y nunca imponerla por la fuerza.
En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada "Educación para la ciudadanía" que fortalece el derecho de los jóvenes - y de la escuela en colaboración con ellos - a mejorar como ciudadanos de acuerdo con las conductas de civismo que tanto sus padres como el resto de los españoles, e inmigrantes que llegan al país, deben respetar y compartir, independientemente de su religión o costumbres.
Es necesario aceptar la capacidad del Estado para establecer la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos, sin excluir la religión como opción evaluable cuando lo soliciten los padres de los alumnos pero sin otorgarle un caracter obligatorio.
El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo.
Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político. Tampoco puede demonizar a quien se esfuerza por dialogar con el fin de mejorar las cosas y evitar mas muertes, ni aceptar la utilización política de las víctimas.
Instituciones como la Iglesia tampoco debe aceptar que miembros destacados de la misma, obispos y sacerdotes, jueguen a la ambigüedad o den su respaldo a esas posiciones éticamente insostenibles de forma pública.
La población debe reconocer, por principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España, superando decididamente las tendencias corporativas y los peligros del separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada por parte de todos. Y a la inversa.
Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas de cualquier sentido.
En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Me parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda, sin mas contratos que acatar las leyes y respetar las costumbres locales.
Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, los jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución o las sectas, las mujeres y hombres humillados y amenazados por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones, y abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse.
Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común que aporta la naturaleza y la historia de los pueblos.
En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos y el mantenimiento de la paz.
Que se ilumine y fortalezca, con todas nuestras fuerzas, la cabeza y el corazón de todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad.
CON TODAS MIS FUERZAS
Fui uno de esos niños “Cuentame” que vivieron el final de la dictadura franquista y los comienzos de la democracia con mirada absorbente, aunque cargada de lógica inocencia.
Mi juventud se debatió entre las turbulencias políticas de un país que crecía en democracia como mi propio ser aumentaba en emociones hasta entonces desconocidas, con mirada inquieta, aunque cargada de lógica curiosidad.
Alcancé la madurez intelectual suficiente con el paso de los años, navegando entre ejemplos conservadores y marejadas progresistas de la mano de distintos familiares y amigos, con mirada de expectación, aunque cargada lógicamente de profunda apreciación personal.
Con el paso del tiempo, me considero alguien centrado, muy liberal en ciertos aspectos, defensor de las tradiciones en ocasiones, partidario de los avances siempre, tolerante y respetuoso con el contrario en ideas, partidario de un eficaz dialogo y entendimiento por encima de todo, atento a la necesidad de cierto rigor conveniente pero nada exagerado (mas bien ligado a la sensación de seguridad que a veces todos experimentamos como fallida), y una persona con mirada de futuro, aunque cargada lógicamente de ciertas precauciones.
Si miro dentro de mi e interiorizo mi trayectoria personal, conforme he avanzado en la vida, me doy cuenta de que no pensaba igual con quince años, que con veinticinco, que con treinta y dos, que con cuarenta... y creo que es algo enriquecedor. Todos los que ganen en edad lo irán comprobando. Y conforme avancen en años mas mirarán atrás para apreciar las diferencias.
Nuestro yo empieza, incluso, antes de que nazcamos. Venimos de donde venimos y no surgimos solos. Nos acompañan los rastros indelebles de una carga genética y de un latente componente histórico emocional, mamado a base de historias personales, a veces duras, a veces más fáciles, transmitidos por “sensibilidades”de padres a hijos. Y somos, además, fruto de lo que nos rodea. Desde que nacemos un hilo se teje en torno nuestro, como un ovillo, formando ideas.
Unas ideas que hay que saber defender, respetando siempre las de los demás, aunque no las compartamos.
Desciendo de dos abuelos muy distintos, uno obrero republicano y otro militar del bando de Franco, y de dos abuela muy diferentes, una obrera de fábrica y otra esposa abnegada de alto mando militar. Ambos vivieron los oscuros años de una España que poco se parece a la de ahora, aunque confieso que ninguno de mis antepasados sufrió represión por parte de ningún bando de los de entonces enfrentados.
Los sucesos de los años 30 del pasado siglo y la desgraciada Guerra Civil que sufrió el país, la conocí por lo que me contaron mis padres, que vivieron aquellos años desde su visión infantil, y desde la perspectiva de mis hermanos mayores conocí la posguerra y las décadas de los 50 y 60.
Empecé en los 70, por mi mismo, a ser protagonista de unos tiempos de cambios que los jóvenes de ahora no alcanzan a entender ni a valorar. Como por aquel entonces de mi tierna infancia, yo tampoco supe apreciarlo en su justa medida.
Pasado el tiempo, a los largo de los 80, los 90, y la ya actual década del 2000, ejercitada mi capacidad de estudio y análisis, como licenciado universitario, por mi trayectoria profesional, con mi interés constante por saber y conocer, por escuchar, gracias a mi afición a la lectura y mi interés en los medios de comunicación, con capacidad de crítica y hasta autocrítica, por mi compromiso personal... confieso que me siento satisfecho de ser capaz de dirigir mis pensamientos, con sensatez, hacia orillas distintas en un mar de ideologías sin convertirme en prisionero de galera partidista alguna. Solo soy esclavo de mi mismo.
Me gusta sentirme un hombre de alta mar, de nave centrista, alejado de extremos peligrosos y anclas inamovibles, que aborda puertos de un lugar u otro del océano ideológico, sin vergüenzas, firmemente convencido de que a estas alturas de la existencia del hombre está claro que no existen solo los colores blancos y negros, sino todo un rico y útil arco iris multicolor de posibilidades, opciones y propuestas.
Por eso mismo, porque en las elecciones deposito mi voto en función de la confianza que me den los candidatos y sus programas, tras reflexionar sobre lo que han hecho o dejado de hacer, soy partidario de mantener o cambiar la orientación del mismo sin problemas y con absoluta confianza en hacer algo no solo lícito sino saludable.
Cuento esto porque me siento comprometido con el momento histórico que vivimos, con el país en el que sigo avanzando en edad y experiencia(s) y en el que me siento muy a gusto.
Como me siento comprometido con la gente que me rodea. Y con aquellos que vendrán en el futuro.
Desde los 18 años he votado a partidos de centro, de izquierda, andalucistas, al PSOE, y hasta al PP, en las diferentes convocatorias municipales, generales, autonómicas o europeas de las que he sido testigo.
Lo hice en busca de cambios, como premio, como castigo, ante lo inaceptable, contento, asustado, con firme convicción, ilusión o esperanza, según el caso. Y me siento orgulloso de ello.
Puede que me haya arrepentido luego, porque mi decisión ayudara a que las cosas no fueran precisamente por donde me hubieran gustado que fueran, pero tengo claro que si no votara, luego no tendría catadura moral para protestar, ni capacidad para aprender de los errores o aciertos.
Como tengo claro que mi única arma en democracia para mantener o hacer cambiar las cosas, y/o avanzar, es la simple pero poderosa capacidad que tenemos todos de echar un sobre en una urna. Un sencillo acto cargado de enorme trascendencia.
Por eso voy a votar el próximo 9 de marzo.
¿Qué vas a hacer tú?
Si no te decides... déjate llevar por lo entrañable y real de este anuncio. No te quedes con quien lo firma ni lo que te pide, sino el valor de lo que representa...
Esa misma escena la viví muchos años, la fui repitiendo una y otra vez, mientras yo iba creciendo y ella envejecía, a veces coincidiendo en el voto, otras no...
Tantos años...
Mi madre ya no está conmigo. Ya no puedo acompañarla para ejercer su derecho a decidir y a elegir, votáramos o no lo mismo.
Me toca seguir haciéndolo, aunque ya vaya yo solo, con todas mis fuerzas...
Pd: Tengo claro a quien voy a votar esta vez. Ya te contaré...
EL TIEMPO TIENE LA RESPUESTA
Le di un beso muy sentido.
Él me dio dos.
Nos abrazamos. Yo casi sin rozarle.
Y salí apresuradamente del automóvil.
Apenas le dejé que me invitará a volver a Madrid cuando yo quisiera. Dirigí hacia sus ojos los míos casi sin mantener la mirada. Le pedí que tuviera cuidado con la carretera, me bajé presuroso y asomándome un poco a la ventana le solté un “ya hablamos” que me costó horrores saliera de las cuerdas vocales. E intenté sonreír.
No fue una despedida tan cálida como debiera. Probablemente él se sorprendiera y esperara algo mas duradero, menos distante, o mas cómplice.
Pero tenía que salir del coche y alejarme como fuera. Antes de que la emoción me jugara una mala pasada.
Eché a andar hacia casa. Con la mirada baja y el corazón desbocado.
Y mientras la primera lágrima bajaba por mi mejilla tuve al fin el valor de mirar atrás y ver como se alejaba su coche. El mismo en el que la noche antes habíamos terminado una larguísima y necesaria conversación nacida unas horas antes al calor de una vela. Y que vi aparecer ilusionado en la puerta de casa después de tanto tiempo, unos días antes.
No nos veíamos desde diciembre.
En todo este tiempo el contacto se había hecho muy esporádico. Atendí sus llamadas y estuve para cuanto necesitó de mi en la distancia. Pero intenté alejarme todo lo posible esperando un cambio en mis sentimientos, para que se reconvirtieran en un cariño similar al suyo.
Sin embargo no fue así.
Sigo enamorado.
He de confesarlo en un día como el de hoy. Que remedio.
Intenté cambiarlo, ocultarlo, lograrlo...
Recé por ello todo este tiempo. Confié en el paso del tiempo, en la distancia, en el peso del dolor, en la lucha lógica por la supervivencia emocional.
Mas fue inútil. No fui capaz.
Seguí enamorado, en la distancia, y en silencio.
Por eso cuando me dijo que venía a Sevilla...
Imaginad lo que sentí al verle, ¡¡¡por fin!!! tras tanto tiempo sin perderme en la inmensidad del verde de sus ojos o en el paisaje de sus rasgos, acunando mi oído en su voz y respirando de nuevo su aroma.
Mi amigo Alberto llegó a pensar que tras su visita podíamos volver a estar juntos. Pero era algo que yo ya sabía imposible. Le conozco, mas de lo que él cree. Y no era algo que yo esperara, lo confieso.
Es curioso como dos personas que se quieren, que se entienden, y se llevan bien, pueden tener visiones completamente diferentes y hasta enfrentadas de sucesos ocurridos o palabras dichas. Y que importante es hablarlo todo. Aunque sea a destiempo.
Uno aprende hasta de estos momentos. Aunque la enseñanza no sea precisamente la de la asignatura que queremos.
Es hiriente comprobar que “la química” que hace a alguien fijar su atención, compartir su corazón y entregar su cuerpo a otro, pueda de repente desaparecer tal como apareció. Como un truco de magia. Una magia inexplicable que ocasiona impotencia, desconcierto, desasosiego e infelicidad.
Pero ocurre. Y sin explicación lógica.
Lo hemos hablado. Cuando ya hacerlo no duele tanto.
Insiste en que nada hubo en mi que provocara eso. No fallé, no dejé de hacer ni hice algo que no debiera. Simplemente pasó. No hay mas.
Me olvidé de mi impotencia y mi sufrimiento por la pérdida de un amor. Y me puse en su lugar. Forma parte del ser “tan así...”
Es triste, muy triste, no ser capaz de sentirse unido a quien tan unido se muestra a ti, que te mima y te cuida, que se desvive por ti.
Debe ser muy difícil sobrellevar esa impotencia. Pero solo desde la honestidad se puede hacer menos dolorosa y cargada de sinceridad.
Entendí su malestar. El mismo que se esforzó por hacerme entender. Y le vi con otros ojos, pero igual de enamorado. Y si alguien (porque no es correspondido) le quiere llamar obsesión, que diga lo que quiera. Yo le diría que sabe mucho de psicología y muy poco de amor.
Sí, sigo enamorado de Orlando. No se por cuánto tiempo, cuándo pasara -si pasará- y cómo ser capaz de superarlo.
Pero es solo el paso del tiempo quien tiene la respuesta.
Para él es mas fácil, dentro de lo que cabe. Para mi es algo que aún me hace sentir mal.
No es que no valoré lo que tuvimos, el tiempo que pasamos juntos, lo maravilloso que fue. ¡¡¡Claro que eso significa quedarme con algo bueno que me hace feliz!!! Pero lo que me pone triste es precisamente no poder continuar sintiendo y experimentando eso.
Si a alguien que muchos años disfrutó del chocolate le diagnostican diabetes, y le prohíben volver a comerlo, no deja de valorar lo bueno que fue disfrutar de él mientras pudo precisamente porque ya no podrá volver a comerlo. Lo que realmente le crea insatisfacción es no poder seguir disfrutando de él.
Y a mi me han dejado sin el chocolate mas rico que probé nunca, y cuando mas disfrutaba de él.
Supongo que inevitablemente ello me hace estar triste, apenado, apagado.
Así me ha visto Orlando estos días. Triste. Esperaba verme mejor que en la pasada Navidad y sin embargo no ha sido así, a pesar de mis esfuerzos por aparentar y por intentar que lo pasara bien estos días de estancia en Sevilla.
Sí, llegó el viernes y nos hemos visto todos los días hasta la despedida que narré al inicio de este post.
Apareció guapísimo, y con un detallito, como suele ser habitual entre nosotros. Me regaló el cómic Huevos de oro de Ralph Köenig, para mi colección, y una enorme piruleta de plástico en forma de corazón con un montón de piruletas Fiesta de fresa en su interior. Como soy “mu shhhico...”
Dedicamos la tarde a pasear junto al río, y por el barrio de Triana, donde tomamos un cafetito con tarta. Poco después le acerqué hasta la Capilla de la Esperanza de Triana, donde compartimos unos minutos de espiritualidad que terminaron con una vela ofrecida, Dios sabe acompañada de qué oraciones por su parte. Las mías apenas tiene razón ya...
Volvimos a pasear por la ciudad en la que nos conocimos y en la que discurrieron los primeros meses de relación, aquellas semanas de verano en las que nos veíamos todos los días, y en las que compartimos tantas cosas.
Solo que ya no era lo mismo.
Y sin embargo estamos bien juntos. ¿Cómo dejar de querernos tanto?
Le monté en el tranvía. Vimos escaparates. Fuimos de tiendas. Y acabamos en El Corte Ingles, donde me regaló un conmovedor libro que hacía tiempo quería leer: El niño con el pijama de rayas.
Tras una cervecita con su tapa, él debía volver con su familia y me llevó a casa. Nos despedimos para el día siguiente.
Pero al poco recibí un mensaje suyo: “¿Te hace mucho daño vernos?”.
Una pregunta que no se atrevió a hacerme personalmente.
Al leerla un escalofrío recorrió mi cuerpo y se acurrucó en el alma. Tarde en decidir qué responderle. Al fín, le contesté que le quería tanto que me haría mas daño no verle. Y que no se preocupara por mi.
Ya sabéis como soy.
No quise hablarlo hasta dos días después. El sábado lo dedicó a su familia y apenas salimos a cenar un ratillo. Lo vi cansado y no me pareció oportuno sacar el tema. Pero sí lo hice el domingo.
Fue curioso ese día. Nada mas aparcar, caminábamos por la Alameda cuando, de repente, aparece ante nosotros un individuo que se dirige a nosotros diciendo: ¡¡¡ olé, que me gusta ver las parejas guapas!!! O algo así. Como dando por hecho que estábamos juntos.
A parte del desconcierto lógico, no pude evitar pensar en si se nos notaba algo cuando estabamos el uno junto al otro.
Tras una copa en El República, cenamos en La Tagliatella, donde se lamentó de verme tan triste. Fue el inicio de una conversación que teníamos pendiente, de la que ya he adelantado algo. Y que nos vino muy bien.
Y el lunes, desde que salí de trabajar, estuvimos juntos. Almorzamos en el San Marcos del barrio de Santa Cruz (donde por cierto parece alguno de los platos le provocó una incómoda indigestión), le llevé por buena parte de la ciudad que hasta entonces no había visitado. Y terminamos en la Basílica de la Esperanza Macarena.
De la Esperanza de su llegada a la Esperanza de su marcha. Aunque yo no tuviera ya ninguna en recuperar su amor. No deja de ser paradójico.
Mas paseo por la ciudad, risas, bromas, complicidad, nos hicimos fotos, otra vez montamos en el tranvía, le acerqué a conocer el Vía Crucis de Cuaresma, y la confitería La Campana con su peculiar escaparate lleno de nazarenitos de chocolate y caramelo, a comprar dulces para llevar a casa, a la Fnac, y a una necesaria parada de descanso para tomar un refresco, antes de despedirnos, en la puerta de casa.
Como contaba al principio:
...le di un beso muy sentido... él me dio dos...
... nos abrazamos. Yo casi sin rozarle...
...Y salí apresuradamente...
Estoy aprendiendo lo que es el amor incondicional, a querer sin esperar nada a cambio.
Es curioso, me siento menos triste.
LA SOLEDAD
El fin de semana se fue -como me imaginaba- tan vació de vivencias como llegó.
Tan solo resaltar las llamadas que recibí de Oliver (me sentó bien hacerle reír con mis ocurrencias, aunque me echó la bronca para que me pusiera las pilas y saliera de este estado de ánimo que me tiene secuestrado) y Juanjo (quien dejó un momentillo el Carnaval para enviarme también ánimos), así como alguna que otra conversación de Messenger con Alberto (me anunció una posible visita por Semana Santa), Fernando (el chico majo que se esfuerza también en animarme) o Judah (con quien hacía mucho que no hablaba y me contó ciertas novedades).
Todos demasiado lejos.
Menos mal que Orlando viene a Sevilla el próximo finde. Algo es algo.
Entre las escasas posibilidades de hacer algo hoy se encontraba el ir al cine. Quería ver Monstruoso.
Sí, vale, lo confieso, soy de los que le gustan las pelis de catástrofes además de otro tipo de cine menos comercial. Así soy yo.
El caso es que al final me quedé en casa. Eso de ir solo ya me echaba un poco para atrás, pero como hacía mal tiempo acabé por desistir.
Preferí ver el resumen del programa Fama, ¡a bailar! en Cuatro y revisar Desayuno con diamantes (que gay me quedó eso) en el DVD. Me sirvió de antesala a la celebración de la 22 edición de los Premios Goya del cine español que vi por la TV.
Me sigue pareciendo una gala pobre (acaba de coincidir conmigo en eso Diego del mar por el MSN). Tan pobre como la presentación de Corbacho.
Teniendo en cuenta que el cine es puro espectáculo para entretener (aparte de otras consideraciones mas profundas que se le puedan/quieran dar) “la noche del cine español” carece de todo espectáculo, su glamour se me antoja descafeinado, y la emoción mas ausente que el interés de los españoles por el cine que aquí se hace.
Viendo cómo celebran “su fiesta” se entiende todo.
La directora de la Academia, Ángeles González Sinde, non contó un cuento. Pero se ha olvidado de que ya nadie se los cree desde que murió Borges.
Además que se dejen ya de tantas historias y nos hagan ¡¡¡un buen cine!!!, que para un par de filmes destacables hay 70 para olvidar.
Volviendo a la directora... que horrorosa era la cosa esa que llevaba al cuello. Eso sí, como lo vea Mª Teresa de la Vogue se encapricha de ello. Con lo que le gustan...
¡Cuanto eché de menos el modelito de todos los años de Carmen Calvo! Aunque los trajecitos del Corbacho no le quedan atrás en llamar la atención. En fin...
El cine ha sido una de mis pasiones, desde pequeño. Y no le hago ascos a ningún estilo cinematográfico Por supuesto, el cine español me gusta cuando me puede gustar. No soy como Pcj (me tienes abandonadísimo, Antonia), que recela de la factura española. De hecho me encantan los actores de nuestro país, y algunos de sus directores. Pero se me antoja que aquí los guionistas escasean en su talento (salvo honrosas excepciones). ¿Tendrá algo que ver el bajísimo nivel de lectura del país?
De la gala de este año que emitió TVE, solo me quedo como siempre con esos minutos de reconocimiento a los que se han ido. Me sobrecoge leer nombres que han formado parte de mi historia visual y me recuerdan que el tiempo pasa inexorable para todos en esta larguísima película titulada Vida en la que no cesan de sucederse las historias y aparecer y desaparecer personajes.
El reconocimiento a Alfredo Landa (ojalá esté yo equivocado, pero me pareció que este hombre no se encontraba bien) me parece estupendo. Toda mi vida viéndole en tantísimos personajes... que es como de la familia.
El premio al mejor director novel fue a parar a Juan Antonio Bayona por el Orfanato, película que me gustó mucho cuando la vi con Orlando en Madrid el pasado otoño.
Merecidísimo el Goya a Maribel Verdú, como mejor actriz. Que mona va siempre esta chica.
El mejor actor resultó ser Alberto San Juan. Tengo que confesar que no compartí la patochada que él y sus compañeros de Animalario montaron en aquella comentadísima gala en contra de la guerra de Irak de hace años. No vi apropiado el momento ni el lugar por muy loable que resultara su intención de protesta. Suponía que este 2008 se dejaría caer con alguna cosita. Y no me equivoqué. Le tocó a “la cosa esa llamada conferencia episcopal”, que según él debería disolverse. Tampoco era el lugar ni el momento, pero es que estos obispos se lo están buscando... De hecho el comentario fue recibido entre aplausos.
Todo un acierto los premios a José Manuel Cervino y Amparo Baró como actores de reparto (lo que siempre fue el actor secundario, algo en lo que el cine español siempre ha sido mas que rico).
Y en cuanto a la música... (Alberto Iglesias ¿tiene pluma, o solo se la veo yo? Porque Oscar seguro que va a tener...) os cuento que siempre me encantaron las BSO. De hecho hago colección. Por eso me interesó especialmente el Goya a Roque Baños por la BSO de Las 13 rosas.
En cuanto a la canción original, fue a parar -merecidamente- al fado de saudade de la película Fados de Carlos Saura . Y no lo digo porque en mi melancolía habitual sea de lo que mas escucho estos tiempos.
Después de todo lo visto y en la agenda de “pendientes” tengo que anotar: visionar REC (a ver esa revelación llamada Manuela Velasco), Las 13 rosas (me dijo Alberto que estaba muy bien) y ¿cómo no? La soledad (nada mejor para acompañar mi actual estado de ánimo), premiada como mejor película y al mejor director.
Esta noche volveré a dormir... en soledad.
Al menos, soñaré con Hugo Silva y Alejo Sauras. Después de ver como Corbacho se besuqueaba con ellos... el año que viene me apunto a presentar la gala de los Goya.
Tan solo resaltar las llamadas que recibí de Oliver (me sentó bien hacerle reír con mis ocurrencias, aunque me echó la bronca para que me pusiera las pilas y saliera de este estado de ánimo que me tiene secuestrado) y Juanjo (quien dejó un momentillo el Carnaval para enviarme también ánimos), así como alguna que otra conversación de Messenger con Alberto (me anunció una posible visita por Semana Santa), Fernando (el chico majo que se esfuerza también en animarme) o Judah (con quien hacía mucho que no hablaba y me contó ciertas novedades).
Todos demasiado lejos.
Menos mal que Orlando viene a Sevilla el próximo finde. Algo es algo.
Entre las escasas posibilidades de hacer algo hoy se encontraba el ir al cine. Quería ver Monstruoso.
Sí, vale, lo confieso, soy de los que le gustan las pelis de catástrofes además de otro tipo de cine menos comercial. Así soy yo.
El caso es que al final me quedé en casa. Eso de ir solo ya me echaba un poco para atrás, pero como hacía mal tiempo acabé por desistir.
Preferí ver el resumen del programa Fama, ¡a bailar! en Cuatro y revisar Desayuno con diamantes (que gay me quedó eso) en el DVD. Me sirvió de antesala a la celebración de la 22 edición de los Premios Goya del cine español que vi por la TV.
Me sigue pareciendo una gala pobre (acaba de coincidir conmigo en eso Diego del mar por el MSN). Tan pobre como la presentación de Corbacho.
Teniendo en cuenta que el cine es puro espectáculo para entretener (aparte de otras consideraciones mas profundas que se le puedan/quieran dar) “la noche del cine español” carece de todo espectáculo, su glamour se me antoja descafeinado, y la emoción mas ausente que el interés de los españoles por el cine que aquí se hace.
Viendo cómo celebran “su fiesta” se entiende todo.
La directora de la Academia, Ángeles González Sinde, non contó un cuento. Pero se ha olvidado de que ya nadie se los cree desde que murió Borges.
Además que se dejen ya de tantas historias y nos hagan ¡¡¡un buen cine!!!, que para un par de filmes destacables hay 70 para olvidar.
Volviendo a la directora... que horrorosa era la cosa esa que llevaba al cuello. Eso sí, como lo vea Mª Teresa de la Vogue se encapricha de ello. Con lo que le gustan...
¡Cuanto eché de menos el modelito de todos los años de Carmen Calvo! Aunque los trajecitos del Corbacho no le quedan atrás en llamar la atención. En fin...
El cine ha sido una de mis pasiones, desde pequeño. Y no le hago ascos a ningún estilo cinematográfico Por supuesto, el cine español me gusta cuando me puede gustar. No soy como Pcj (me tienes abandonadísimo, Antonia), que recela de la factura española. De hecho me encantan los actores de nuestro país, y algunos de sus directores. Pero se me antoja que aquí los guionistas escasean en su talento (salvo honrosas excepciones). ¿Tendrá algo que ver el bajísimo nivel de lectura del país?
De la gala de este año que emitió TVE, solo me quedo como siempre con esos minutos de reconocimiento a los que se han ido. Me sobrecoge leer nombres que han formado parte de mi historia visual y me recuerdan que el tiempo pasa inexorable para todos en esta larguísima película titulada Vida en la que no cesan de sucederse las historias y aparecer y desaparecer personajes.
El reconocimiento a Alfredo Landa (ojalá esté yo equivocado, pero me pareció que este hombre no se encontraba bien) me parece estupendo. Toda mi vida viéndole en tantísimos personajes... que es como de la familia.
El premio al mejor director novel fue a parar a Juan Antonio Bayona por el Orfanato, película que me gustó mucho cuando la vi con Orlando en Madrid el pasado otoño.
Merecidísimo el Goya a Maribel Verdú, como mejor actriz. Que mona va siempre esta chica.
El mejor actor resultó ser Alberto San Juan. Tengo que confesar que no compartí la patochada que él y sus compañeros de Animalario montaron en aquella comentadísima gala en contra de la guerra de Irak de hace años. No vi apropiado el momento ni el lugar por muy loable que resultara su intención de protesta. Suponía que este 2008 se dejaría caer con alguna cosita. Y no me equivoqué. Le tocó a “la cosa esa llamada conferencia episcopal”, que según él debería disolverse. Tampoco era el lugar ni el momento, pero es que estos obispos se lo están buscando... De hecho el comentario fue recibido entre aplausos.
Todo un acierto los premios a José Manuel Cervino y Amparo Baró como actores de reparto (lo que siempre fue el actor secundario, algo en lo que el cine español siempre ha sido mas que rico).
Y en cuanto a la música... (Alberto Iglesias ¿tiene pluma, o solo se la veo yo? Porque Oscar seguro que va a tener...) os cuento que siempre me encantaron las BSO. De hecho hago colección. Por eso me interesó especialmente el Goya a Roque Baños por la BSO de Las 13 rosas.
En cuanto a la canción original, fue a parar -merecidamente- al fado de saudade de la película Fados de Carlos Saura . Y no lo digo porque en mi melancolía habitual sea de lo que mas escucho estos tiempos.
Después de todo lo visto y en la agenda de “pendientes” tengo que anotar: visionar REC (a ver esa revelación llamada Manuela Velasco), Las 13 rosas (me dijo Alberto que estaba muy bien) y ¿cómo no? La soledad (nada mejor para acompañar mi actual estado de ánimo), premiada como mejor película y al mejor director.
Esta noche volveré a dormir... en soledad.
Al menos, soñaré con Hugo Silva y Alejo Sauras. Después de ver como Corbacho se besuqueaba con ellos... el año que viene me apunto a presentar la gala de los Goya.
OS SIGO CONTANDO
Me llama la atención mucho que con frecuencia la gente busque a otra o se defina a si misma como personas con las ideas claras.
Hoy en TeleMadrid escuché decir a un chico, con el que me identifiqué inmediatamente, “Yo mas que las ideas claras prefiero tener las emociones claras”. Abunda tan poco eso...
Mis emociones están demasiado claras. Y eso, a veces... resulta contraproducente.
Os sigo contando.
Ya que estamos en época de Carnaval, me revisto de la peluca rubia de Lola Montero y me sitúo ante el mapa-mano de mi presente para analizarlo.

Las líneas del corazón, de la vida, de la cabeza, del destino, están demasiado juntas. En estos momentos, mi corazón está... soportando una profunda ola de frío, tras la anterior de calor. Imaginaos lo que eso supone de contraste térmico.
Mi cabeza está... entre nieblas. Mi salud... con bajas presiones. Mi estado de ánimo.... con acusado descenso de temperaturas.
¿Cuándo pasará este frente?
Necesito sol.
Y ya que me falta ese sol que me deslumbró durante seis meses... al menos estaría bien recibir los rayos de otro mas naranja y grandote, y que brilla la mar de mono en todas partes pero luce especialmente en las islas afortunadas. A ver si así cogía color.

Es una pena que mi amigo Juanjo aún no se haya podido independizar. Me hubiera venido bien tirar para Las Palmas de Gran Canaria y que me acogiera estos días. Y no solo por el sol, sino por disfrutar de su Carnaval, y de su compañía.
Me siento muy solo estos días.
Es viernes por la noche. Los teléfonos no suenan desde hace tiempo. Yo tampoco llamo. No hay mensajes. Ni correos.
Un día mas en casa.
En vez de disfrazarme de otra cosa y andar por tierras canarias o gaditanas dando botes y soltando carcajadas, me tengo que conformar con el de “solo en casa”, pero me río algo y hasta me muevo un poquito gracias a la TV.
Pongo el satélite para ver la Gala Drag Queen del Carnaval de Gran Canaria, ejemplo de espectáculo y tolerancia universal.
Es uno de los principales atractivos del Carnaval de Las Palmas y uno de sus actos mas señalados desde 1997. Ya hablé de ello el año pasado.
Me distrae, me encanta el colorido que tiene, la música actual con la que desfilan, la música petarda, discotequera, bailable, de los 70, de los 80, que nunca falta.
Además, todo buen gay que se precie tiene que verlo ¿no?. Es como Eurovisión, Operación Triunfo, Fama... si no lo has visto, no entiendes, del todo.
Además, y especialmente, me gusta verlo porque me trae recuerdos de Juanjo. Nos conocemos desde hace años, y es el único que por mucho tiempo que pase sin hablar, no deja de despedirse siempre en sus frecuentes mensajes, conversaciones o e-mails, con un “te quiero mucho”. Y aunque tenga novio no se olvida de mi.

Este año el Parque de Santa Catalina se convirtió en el Parnaso de la creatividad, con arquitectura Olimpo Drag para enmarcar la gala. La presentación corrió a cargo de la Terremoto de Alcorcón (que cantó su Libérate y hasta se atrevió con una entrada tipo musical de Broadway) y el divertidísimo y ocurrente Jorge Cadaval “Píooooo, Píooooo” (memorable su chiste de entrada sobre el esperma gay que ganó al resto de machotes al ser concebido) además ya sé, gracias a él, que un gay sin GPS es... un maricón perdío. Que tío...
Encima se trajo a la Antonia (la hija de Omaita) y nos cantó el “pluma, pluma gay”, ya sabéis, el celebre “maricaaaaaa túuuu, maricaaaaa yoooooo” a ritmo de Dragostea, en versión Moranco. Desde que salió del armario, y sobre todo desde que se echó novio (se casó no hace mucho), se le ve pletórico.
En el jurado, que presidió el diseñador Modesto Lomba, estuvieron entre otros, Deborah Ombres, el director de Shangay, Alfonso Llopart, y algún que otro gay evidente, además de Miss Las Palmas, Rita Suarez (guapísima, por cierto).

Como digo, veo todos los años este espectáculo. Me llama mucho la atención la creatividad e imaginación en la actuación de las 16 drags, con sus coreografías (que se me antoja todo un antecedente de lo que ahora inspira el concurso Fama emitido por Cuatro, tan de moda...), su descaro sobre las plataformas y sus imposibles movimientos de pelvis y cadera a ritmo de tecno-dance.
Me hubiera encantado bailar allí con los muyayos y muyayas al ritmo de las Seventies con su criminal versión “andalúnglish” de Blame it on the boogy (hay que oírlo), las Ladys (que horror de modelitos) y su noa-noa, los Vengaboys con su Boom, Boom, Boom y su I will like the party.

Y mientras deliberaba el jurado, actuaron la drag internacional Ru Paul, Salitre (la drag ganadora del año pasado), y una espectacular Gloria Trevi que cantó varios temas entre ellos el imprescindible “Todos me miran” .
Es uno de esos espectáculos que merecería la pena ver/bailar en compañía de otro/s gay/s. Hay tanto que comentar...
Enhorabuena a la drag ganadora: Orion. Que mona ella...
¡¡¡Fuera las tragedias... hoy es carnaval!!! cantaban hoy en las Palmas. La frase me hizo recordar que hace años trabajaba yo en una empresa que hizo regulación de personal. Me despidieron junto a otros muchos, precisamente, por esas fechas. Y nada mas firmar el finiquito viví mi primer Carnaval en un pueblo cercano a Sevilla que tiene tradición. Me disfracé de pirata.
Fue una experiencia curiosa. La entonces aparente “tragedia” (no fue tal, finalmente, pues al poco me reincorporaron) quedó con la fiesta olvidada.
Me hubiera venido mas que bien vivir este año algo parecido. Realmente lo necesitaba.
Los días se me suceden azules pero planos. Plomizos sin nubes. Apagados. Ausentes de luz.
No quiero contar dramas, ni aparecer como triste (podría ser objeto de insensible burla), tan solo confesaros como van las cosas. Por si os interesa.
Os sigo contando.
La otra noche sufrí una crisis de ansiedad, en plena madrugada. Ya casi las había olvidado. Menudo susto.

Tengo poco apetito, lo que unido al ejercicio del gym me ha hecho perder algo de peso. Igual mas de uno pensará que me vendrá hasta bien. Sin embargo el otro día me dijeron que tenía mal aspecto, que debería afeitarme. Lo cierto es que la desgana me hace incluso evitar el rasurado en toda la semana. Aún no se cómo no me llaman la atención en el trabajo, con lo que son para estas cosas... Eso sí, me estoy poniendo ropa que hacía siglos que no me entraba. Claro que a costa de una mala cara...
No hace mucho me pasé por la peluquería, digo... por el estilista. Que modenno. Los pelos que fueron creciendo (desde el verano no me lo cortaba) estaban ya llamando a gritos a cualquier Rupert medianamente atinado con las tijeras. Un toque por aquí y otro por allá. Y... ¡e voilà!. Un corte algo mas moderno, con el cabello largo y desrizado, pero sin exagerar ni atreverme con modernidades extremas. Claro que aunque me dicen que estoy bien... sigo sin verme. Yo en mi línea.
Soy incapaz de plantearme siquiera el tema de recuperar el hábito de estudio. Y avanzan las semanas sin éxito... creo que es una batalla perdida. Pero sigo luchando. Moriré con la mochila puesta.
Un amable lector anónimo de este blog se aventuró no hace mucho a hacer un comentario. Resultó ser un chico muy majo Fernando y acabamos charlando por el Messsenger. Pero también ésta costumbre la tengo algo aparcada. Y no tengo explicación para ello, solo sé que me cuesta conectarme. He optado por escribir correos, entre ellos uno a Tato, interesándome por su padre. Estoy muy sensibilizado con esas cosas.
También estoy preocupado. No puedo evitar las comparaciones respecto a Orlando cuando veo a alguien que pudiera resultar interesante. Hace mas de un mes que no le veo, cada vez tenemos un –necesario y sano- contacto mas distanciado en el tiempo, y sin embargo no consigo despegarme de esas sensaciones que me impregnan al pensar en él. Nada mejor que lo que dice esta canción para plasmarlo:
Volveré a verlo la semana que viene, pues pasará aquí unos días. Me vendrá bien al menos para poder salir. Es algo que también necesito. La monotonía de los días se hacen difíciles de llevar, pero absolutamente insoportables los fines de semana.
Desde el corto rato de café con Shiquillo y Gaby -en compañía de Dik- ya hace tanto que ni me acuerdo, no he vuelto a verlos. Al menos Mikgel me recogió de la caída en picado una noche de sábado. Y Pcj me invitó a cenar un viernes en su casa, pero estaba en plan familiar y no me apetecía mucho ese ambiente por mi estado de ánimo. Mi propuesta de quedar otro día no obtuvo respuesta.
De hecho el teléfono solo ha recibido en semanas dos llamadas: una de Oliver y otra de Alberto. Y yo me animé a hacer una que debía desde hace mucho, a Koeps.
Ya sé, ya sé... debería llamar mas, pero... tampoco me sale.
Agradecí enormemente a Chequebo la referencia que hizo en su blog. Por cierto, he descubierto alguno que otro interesante. He de añadir links y suprimir otros, actualizar y corregir. Pero hasta eso se me hace un mundo.

Y encima aparece muerto Heath Ledger, el actor que encarnó a mi inspirador Ennis... y se nos muere “El Tomate” de Jorge Javier Vázquez y Carme Alcaide.
Así cómo va a levantar cabeza uno...
Lamento la ausencia de pensamientos positivos
Sigo lacerándome.
A este paso, al final me veo con disfraz leather...
Hoy en TeleMadrid escuché decir a un chico, con el que me identifiqué inmediatamente, “Yo mas que las ideas claras prefiero tener las emociones claras”. Abunda tan poco eso...
Mis emociones están demasiado claras. Y eso, a veces... resulta contraproducente.
Os sigo contando.
Ya que estamos en época de Carnaval, me revisto de la peluca rubia de Lola Montero y me sitúo ante el mapa-mano de mi presente para analizarlo.

Las líneas del corazón, de la vida, de la cabeza, del destino, están demasiado juntas. En estos momentos, mi corazón está... soportando una profunda ola de frío, tras la anterior de calor. Imaginaos lo que eso supone de contraste térmico.
Mi cabeza está... entre nieblas. Mi salud... con bajas presiones. Mi estado de ánimo.... con acusado descenso de temperaturas.
¿Cuándo pasará este frente?
Necesito sol.
Y ya que me falta ese sol que me deslumbró durante seis meses... al menos estaría bien recibir los rayos de otro mas naranja y grandote, y que brilla la mar de mono en todas partes pero luce especialmente en las islas afortunadas. A ver si así cogía color.

Es una pena que mi amigo Juanjo aún no se haya podido independizar. Me hubiera venido bien tirar para Las Palmas de Gran Canaria y que me acogiera estos días. Y no solo por el sol, sino por disfrutar de su Carnaval, y de su compañía.
Me siento muy solo estos días.
Es viernes por la noche. Los teléfonos no suenan desde hace tiempo. Yo tampoco llamo. No hay mensajes. Ni correos.
Un día mas en casa.
En vez de disfrazarme de otra cosa y andar por tierras canarias o gaditanas dando botes y soltando carcajadas, me tengo que conformar con el de “solo en casa”, pero me río algo y hasta me muevo un poquito gracias a la TV.
Pongo el satélite para ver la Gala Drag Queen del Carnaval de Gran Canaria, ejemplo de espectáculo y tolerancia universal.
Es uno de los principales atractivos del Carnaval de Las Palmas y uno de sus actos mas señalados desde 1997. Ya hablé de ello el año pasado.
Me distrae, me encanta el colorido que tiene, la música actual con la que desfilan, la música petarda, discotequera, bailable, de los 70, de los 80, que nunca falta.
Además, todo buen gay que se precie tiene que verlo ¿no?. Es como Eurovisión, Operación Triunfo, Fama... si no lo has visto, no entiendes, del todo.
Además, y especialmente, me gusta verlo porque me trae recuerdos de Juanjo. Nos conocemos desde hace años, y es el único que por mucho tiempo que pase sin hablar, no deja de despedirse siempre en sus frecuentes mensajes, conversaciones o e-mails, con un “te quiero mucho”. Y aunque tenga novio no se olvida de mi.

Este año el Parque de Santa Catalina se convirtió en el Parnaso de la creatividad, con arquitectura Olimpo Drag para enmarcar la gala. La presentación corrió a cargo de la Terremoto de Alcorcón (que cantó su Libérate y hasta se atrevió con una entrada tipo musical de Broadway) y el divertidísimo y ocurrente Jorge Cadaval “Píooooo, Píooooo” (memorable su chiste de entrada sobre el esperma gay que ganó al resto de machotes al ser concebido) además ya sé, gracias a él, que un gay sin GPS es... un maricón perdío. Que tío...
Encima se trajo a la Antonia (la hija de Omaita) y nos cantó el “pluma, pluma gay”, ya sabéis, el celebre “maricaaaaaa túuuu, maricaaaaa yoooooo” a ritmo de Dragostea, en versión Moranco. Desde que salió del armario, y sobre todo desde que se echó novio (se casó no hace mucho), se le ve pletórico.
En el jurado, que presidió el diseñador Modesto Lomba, estuvieron entre otros, Deborah Ombres, el director de Shangay, Alfonso Llopart, y algún que otro gay evidente, además de Miss Las Palmas, Rita Suarez (guapísima, por cierto).

Como digo, veo todos los años este espectáculo. Me llama mucho la atención la creatividad e imaginación en la actuación de las 16 drags, con sus coreografías (que se me antoja todo un antecedente de lo que ahora inspira el concurso Fama emitido por Cuatro, tan de moda...), su descaro sobre las plataformas y sus imposibles movimientos de pelvis y cadera a ritmo de tecno-dance.
Me hubiera encantado bailar allí con los muyayos y muyayas al ritmo de las Seventies con su criminal versión “andalúnglish” de Blame it on the boogy (hay que oírlo), las Ladys (que horror de modelitos) y su noa-noa, los Vengaboys con su Boom, Boom, Boom y su I will like the party.

Y mientras deliberaba el jurado, actuaron la drag internacional Ru Paul, Salitre (la drag ganadora del año pasado), y una espectacular Gloria Trevi que cantó varios temas entre ellos el imprescindible “Todos me miran” .
Es uno de esos espectáculos que merecería la pena ver/bailar en compañía de otro/s gay/s. Hay tanto que comentar...
Enhorabuena a la drag ganadora: Orion. Que mona ella...
¡¡¡Fuera las tragedias... hoy es carnaval!!! cantaban hoy en las Palmas. La frase me hizo recordar que hace años trabajaba yo en una empresa que hizo regulación de personal. Me despidieron junto a otros muchos, precisamente, por esas fechas. Y nada mas firmar el finiquito viví mi primer Carnaval en un pueblo cercano a Sevilla que tiene tradición. Me disfracé de pirata.
Fue una experiencia curiosa. La entonces aparente “tragedia” (no fue tal, finalmente, pues al poco me reincorporaron) quedó con la fiesta olvidada.
Me hubiera venido mas que bien vivir este año algo parecido. Realmente lo necesitaba.
Los días se me suceden azules pero planos. Plomizos sin nubes. Apagados. Ausentes de luz.
No quiero contar dramas, ni aparecer como triste (podría ser objeto de insensible burla), tan solo confesaros como van las cosas. Por si os interesa.
Os sigo contando.
La otra noche sufrí una crisis de ansiedad, en plena madrugada. Ya casi las había olvidado. Menudo susto.

Tengo poco apetito, lo que unido al ejercicio del gym me ha hecho perder algo de peso. Igual mas de uno pensará que me vendrá hasta bien. Sin embargo el otro día me dijeron que tenía mal aspecto, que debería afeitarme. Lo cierto es que la desgana me hace incluso evitar el rasurado en toda la semana. Aún no se cómo no me llaman la atención en el trabajo, con lo que son para estas cosas... Eso sí, me estoy poniendo ropa que hacía siglos que no me entraba. Claro que a costa de una mala cara...
No hace mucho me pasé por la peluquería, digo... por el estilista. Que modenno. Los pelos que fueron creciendo (desde el verano no me lo cortaba) estaban ya llamando a gritos a cualquier Rupert medianamente atinado con las tijeras. Un toque por aquí y otro por allá. Y... ¡e voilà!. Un corte algo mas moderno, con el cabello largo y desrizado, pero sin exagerar ni atreverme con modernidades extremas. Claro que aunque me dicen que estoy bien... sigo sin verme. Yo en mi línea.
Soy incapaz de plantearme siquiera el tema de recuperar el hábito de estudio. Y avanzan las semanas sin éxito... creo que es una batalla perdida. Pero sigo luchando. Moriré con la mochila puesta.
Un amable lector anónimo de este blog se aventuró no hace mucho a hacer un comentario. Resultó ser un chico muy majo Fernando y acabamos charlando por el Messsenger. Pero también ésta costumbre la tengo algo aparcada. Y no tengo explicación para ello, solo sé que me cuesta conectarme. He optado por escribir correos, entre ellos uno a Tato, interesándome por su padre. Estoy muy sensibilizado con esas cosas.
También estoy preocupado. No puedo evitar las comparaciones respecto a Orlando cuando veo a alguien que pudiera resultar interesante. Hace mas de un mes que no le veo, cada vez tenemos un –necesario y sano- contacto mas distanciado en el tiempo, y sin embargo no consigo despegarme de esas sensaciones que me impregnan al pensar en él. Nada mejor que lo que dice esta canción para plasmarlo:
Volveré a verlo la semana que viene, pues pasará aquí unos días. Me vendrá bien al menos para poder salir. Es algo que también necesito. La monotonía de los días se hacen difíciles de llevar, pero absolutamente insoportables los fines de semana.
Desde el corto rato de café con Shiquillo y Gaby -en compañía de Dik- ya hace tanto que ni me acuerdo, no he vuelto a verlos. Al menos Mikgel me recogió de la caída en picado una noche de sábado. Y Pcj me invitó a cenar un viernes en su casa, pero estaba en plan familiar y no me apetecía mucho ese ambiente por mi estado de ánimo. Mi propuesta de quedar otro día no obtuvo respuesta.
De hecho el teléfono solo ha recibido en semanas dos llamadas: una de Oliver y otra de Alberto. Y yo me animé a hacer una que debía desde hace mucho, a Koeps.
Ya sé, ya sé... debería llamar mas, pero... tampoco me sale.
Agradecí enormemente a Chequebo la referencia que hizo en su blog. Por cierto, he descubierto alguno que otro interesante. He de añadir links y suprimir otros, actualizar y corregir. Pero hasta eso se me hace un mundo.

Y encima aparece muerto Heath Ledger, el actor que encarnó a mi inspirador Ennis... y se nos muere “El Tomate” de Jorge Javier Vázquez y Carme Alcaide.
Así cómo va a levantar cabeza uno...
Lamento la ausencia de pensamientos positivos
Sigo lacerándome.
A este paso, al final me veo con disfraz leather...
Etiquetas: gay