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DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
El armario abierto muestra las CONFESIONES A UN DIARIO INDISCRETO
Acerca de
El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Sois ya los que os pasais por aqui... Web Site Counter
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Sindicación
 
REINAS
Ayyyyyy.... Sofía.

Con lo en alta estima que te tenía.

Yo siempre he entendido y defendido tanto tu figura como tu "trabajo", lo que representas, tu papel de garante consorte durante el fin del franquismo, durante la transición y en la construcción de la nueva democracia española...

Eras, como le gustaba decir al Rey, taaaannnnn "profesional". Y la verdad es que lo has hecho bien. Hasta ahora.

Pero... mujer, ¿cómo me sales con esto?

Que gran torpeza. Que error. Que pena.

No esperaba mucho del nuevo libro sobre su figura escrito por la destacada miembro del Opus Dei y periodista Pilar Urbano. El anterior me entretuvo y aún lo conservo en mi biblioteca de casa. El nuevo no lo pienso leer y mucho menos comprar.

El motivo no es otro que la higiene mental.

Procuro evitar los pensamientos e idearios nocivos contra la dignidad del ser humano. Y me temo que las ideas confesas de Su Majestad -preocupantemente coincidentes, por cierto, con los sectores mas retrógrados y conservadores del lobby ultracatólico: la Iglesia, el PP, la COPE, La Razón, ABC, el semanario Alba, o el Grupo Intereconomía, por poner unos pocos ejemplos- no solo no son de mi agrado, sino que las considero inoportunas, impertinentes, anacrónicas, y muy muy peligrosas.

La Reina se nos ha destapado, pero en vez de salir en la portada de Interview (que alivio, han preferido la madurez de Silvia Tortosa), se nos abre de mente y confiesa su opinión personal sobre las costumbres del colectivo gay.

Con gran falta de tacto hacia un importante porcentaje de la población (homosexuales, bisexuales, transexuales, los familiares y amigos de éstos, y las personas simpatizantes o partidarias de la equiparidad de derechos independientemente del sexo de las personas) se nos muestra tal como es. La reina que nunca vimos.

Menudo disgusto me he llevado.

Para resumir, la esposa del jefe del estado español opina sobre los homosexuales que:

"Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios, casarse, pueden estar en su derecho, o no según las leyes de su país; pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles; contrato social, contrato de unión...".

Y no contenta con eso suelta esta otra perla, como las de los collares que usaba la anterior, Doña Carmen Polo de Franco:

"Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Que se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación... colapsaríamos el tráfico".

¡¡¡Ahí queda eso!!!

No voy a caer en la osadía de llamar a Su Majestad homófoba. Aunque sería interesante detenernos un momento en esta cuestión.

El término homofobia se refiere a la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, bisexuales, transexuales, personas "con pluma" e incluso metrosexuales.

Algunas personas llaman homofóbico a todo aquel que no apoye o no esté de acuerdo con la homosexualidad o sus ideales, sin embargo, esta definición -dicen- no es correcta. El término señala al sujeto discriminador, el cual rechaza, odia, persigue o inferioriza a los homosexuales.

Estoy casi convencido de que la Reina no siente aversión por los homosexuales, mucho menos odio. No puedo saber si miedo, pero tengo mis dudas si con esa opinión que expresa en el nuevo libro de la "opusina" no roza presuntamente el prejuicio e incluso la discriminación contra los que no son heterosexuales y se sienten orgullosos de ello, lo reivindican, hacen una fiesta de protesta contra los que precisamente no los aceptan en toda su plenitud y quieren gozar de los mismos derechos que los heterosexuales (incluido el matrimonio) sin que se les discrimine -aunque sea lingüísticamente- por ello.

Respecto a esto de la semántica, quiero recomendar un interesantísimo artículo de Rubén López Rodríguez sobre García Márquez, la Real Academia y los Diccionarios, publicado en la revista Oxigen y que encontré en Internet. Cuenta el autor una historia sobre la niñez del escritor y como se aficionó en el uso del diccionario tras despertar el interés por las palabras, que son las herramientas del escritor.

"El diccionario es un cementerio donde yacen las palabras muertas. ( ) García Márquez mantuvo la curiosidad por los vocablos hasta la adultez, cuando pelea a trompadas con las palabras y por lo general son ellas las que salen ganando. Esta guerra cotidiana no respeta límites. ( ) La guerra es más desigual aún si el idioma en que se escribe es el castellano, cuyas palabras cambian de sentido cada cien leguas, y tienen que pasar cien años en el purgatorio del uso común antes de que la Real Academia les dé permiso para ser enterradas en el mausoleo de su diccionario.

Las palabras las crea la gente en la calle. No los académicos. Los autores de los diccionarios las embalsaman por orden alfabético, luego de capturarlas casi siempre con mucha tardía.

( ) De ahí que García Márquez siente una gran admiración por María Moliner, que con su Diccionario de uso del español trabajó para él sin saberlo. Esta mujer española elaboró un diccionario de uso ( ) con el método infinito de agarrar al vuelo las palabras desde que nacían y las escribía en fichas en la comodidad de su casa; en especial las que hallaba en los periódicos «porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad», dijo en una entrevista.

Los diccionarios de uso tienen la ventaja de que intentan atrapar algo esencial para la buena escritura: el significado subjetivo de las palabras. Además de plasmar lo que significa cada palabra, también señala cómo se usa y se incluyen otras que la pueden sustituir.

( ) María Moliner se dedicó a escribir su diccionario en 1951 y lo dio por terminado en 1967; no obstante esos dieciséis años de mística labor, continuó haciendo fichas a la espera de que las nuevas palabras fueran incluidas en futuras ediciones.

García Márquez se refiere al diccionario de la RAE en los términos despectivos de «terrible esperpento represivo».

( ) Es una afición suya encontrar imbecilidades de los diccionarios y percatarse que a veces se dan cuenta de que han hecho el ridículo y lo corrigen en una edición posterior. Esto le pasó al de la Real Academia Española con la definición de perro: «Mamífero doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelajes muy diversos, según las razas, pero siempre con la cola de menor longitud que las patas posteriores, una de las cuales levanta el macho para orinar». Una precisión excesiva que se prestó para muchas burlas.

( ) Con el tiempo García Márquez terminó por adherirse más a las leyes infalibles del sentido común, al instinto del idioma según se escucha en la calle. En su entender el mejor idioma es el más impuro, el más vivo, no el más puro".

Pues eso.

A esperar que la gente de la calle haga sabio uso del lenguaje, y como ya va ocurriendo al final obliguen a que los académicos acepten, mantengan y fomenten las palabras que definen a dos hombres casados entre si como marido el uno del otro, y si es una pareja del sexo femenino que hablen la una de la otra como su mujer.

Que se llame pues a esa unión matrimonio y que tras el purgatorio conservador llegue al cielo de la oficialidad gracias a los ángeles que recogen el lenguaje de entre lo cotidiano.

Sigamos pues repitiendo las veces que haga falta la palabra matrimonio y usémosla para referirnos al casamiento de dos personas, independientemente de su sexo, y esperemos que algún día quede plasmado así en el diccionario.

Será señal de que la razón se impone por encima de todo, hasta de la moral caduca de reinas, obispos y demas representantes del conservadurismo mas extremo.

Y, sobre todo, será señal de que el lenguaje oficial se acerca al lenguaje auténtico de la calle.

Hablando de cercanía... el libro que ha dado origen a este post se titula "La reina muy de cerca"... Esta claro que hoy, con la polémica suscitada, Su Majestad se ha alejado de buena parte de sus súbditos. Y hasta yo mismo empiezo a plantearme las ventajas del republicanismo.

Por supuesto, me comprometo a seguir participando de esa gran fiesta de reivindicación y protesta que es el Orgullo, en esa manifestación que también le molesta tanto a la reina y en la que tantas otras reinas participan la mar de a gusto. Y para reinas... ellas.

¡Qué coño! Para reina... yo.

Porque no tendré tanta estirpe, tanta sangre azul, y tanta "profesionalidad", pero mi corona... está mucho mas despejada de prejuicios.

Pd: Letizia, Princesa, espero mas de ti.


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ALHUCEMA CONTRA LOS MALOS OLORES
No se qué me molesta más, si la hipocresía, la cobardía o la estupidez.

Por encima de todo odio descubrirlas en mi.

¿Por qué no decirlo? Inevitablemente todos hemos sido en algún momento de nuestra vida algo hipócritas, un poquito cobardes, o hemos caído en la estupidez.

Y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

No creo que haya nadie dispuesto a autonombrarse libres de todas ellas. Y probablemente, si fuera tan osado, sería el más hipócrita, el más cobarde y el más estúpido de todos.

La clave está en darte cuenta de ello. Y en procurar evitarlo. Aprender de los errores y esforzarte por no volver a caer en esa hipocresía puntual, ese espíritu cobarde, o esa tentación de estupidez.

Lo primero es mas fácil. Ser hipócrita tiene que ver con la condición y el carácter de cada uno. Si no lo eres sino que caes en ello por que te dejas llevar se puede solventar fácilmente.

La cobardía es menos nociva para los demás, pero mas peligrosa para ti mismo. También se relaciona con la condición y el carácter, pero es mas duro librarse de ella.

Lo dice alguien con muchos miedos.

Pero tener miedos no demuestra necesariamente ser cobarde, sino vulnerable e inseguro. Simplemente humano. Después de todo hay valentías que rozan la estupidez y razonables precauciones que son mas valientes que algunas aventuras precipitadas.

Lo verdaderamente preocupante es la cobardía dañina capaz de hacer prospección en los corazones, de quienes disfrutan haciendo surgir sangre. La que mueve a hacer mal a los demás, la que impide ir de frente o ser sinceros, y que se esconde en una doble cara. La de quien se siente superior o mejor y se esfuerza en diferenciarse de los demás por ello.

No deja de ser curioso comprobar lo fácil que es descubrirlos. Aunque se escondan en aparentes buenas formas o actuaciones de Oscar. Aunque se enmascaren tras caras bonachonas y sonrisas de Hamelin. Aunque se oculten tras ojitos de abuela o labios de sirena.

Tarde o temprano se desborda su mala leche y se descubren en toda su autentica falsedad.

Son los mismos que te quieren engañar con bonitas palabras mientras afilan sus cuchillos.

Este tipo de cobardes, se creen que no se les ve venir, que no se les descubre, que no se les huele. Pero les pasa como a la basura, que acaba por amontonarse y la ves. Y huele. Encima tienen a su alrededor los bichos que comen de ella. Total, que no necesitas ser del CSI para percatarse del tema.

Si te das de cara con ello, lo mejor es tras el primer engaño, y una vez descubierta la verdad, intentar alejarse sin mas, intentando ir en paz, cada uno por su lado, esperando no volver a mancharte y lograr respirar mejor.

Pero a pesar de todo te puede salpicar y no deja de oler. Ocurre que, aunque te alejes, descubres que el ventilador de su falsedad, con el aspa de la hipocresía y el aspa de la cobardía siguen girando hacia tu misma dirección, y mientras apoyadas por el aspa de la estupidez, revolucionan en toda su potencia. Como si no hubiera otros caminos que seguir, leñe.

No se que da mas pena, si un hipócrita que no es capaz de dejar de serlo, un cobarde que no puede evitar serlo o un estúpido incapaz de serlo (aparte del troll que encierre dentro de sí el trío de "cualidades", que haberlos los hay).

Sí se lo que da mas asco. Descubrirlo en alguien cercano.

Como ya he pasado por la experiencia y no me mola volver a tener cerca el tufillo de la mala gente... voy a ver si me compro un amuleto en la Feria de las Naciones, a ver si así consigo que por mucha luz que gasten el ventilador nunca mas me de alcance, aunque haya quien se empeñe.

Además con el frío que hace ayuda encender la copa y echarle alhucema.

Mmmmm que bien huele.

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LEGADO
Me ha impresionado la noticia.
Un joven tenista italiano de 28 años ha fallecido recientemente a consecuencia de una leucemia fulminante.
Una persistente fiebre le llevó a ingresar en el hospital. Al principio se pensó que podría ser una gripe o una bronconeumonia, pero tras los pertinentes estudios médicos, se le diagnosticó que padecía leucemia.
En apenas una semana... y una leucemia fulminante acabó con su vida.
Una leucemia, un accidente de coche, motocicleta, o avión, un ataque al corazón, un atentado, un crimen, una catástrofe natural, un accidente laboral, un derrame cerebral, por sobredosis, con ahogo, el cáncer... demasiadas posibilidades. Y en esta desgraciada lotería hay quien tiene las de ganar.
Quizás cuando la enfermedad es dura y larga sea distinto, pero cuando es tan fulminante... cuando la tragedia ronda y de forma precipitada rompe las esperanzas de una vida más larga... cuando un día estás y al poco dejas de estar... es tan difícil de aceptar.
No digo que la rapidez no sea reparador en cuanto a capacidad de evitar el dolor o el sufrimiento.
Pero se lleva consigo toda la capacidad de decir adiós, de prepararte de alguna manera ante lo inevitable, de arreglar las cosas pendientes, cerrar heridas o intentar aliviarlas, hacer las paces, confesar, ceder, olvidar, rezar, meditar, consumar, olvidar, legar...
¿Debemos esperar que suceda algo tan dramático para ello?
Nunca he pensado en un epitafio. Pero sí en un testamento. Apenas tengo nada material que dejar. Lo poco que pueda tener de valor es mas bien sentimental, aunque se trata de algo personal, y por lo tanto no tiene porque ser compartido en su misma medida por otros.
Así pues, aparte de cierto legado inmobiliario y de unos pocos ahorros transmitidos a las personas mas cercanas, la única y auténtica herencia que puedo dejar no sería más que la poca o mucha huella que hubiera podido dejar en los demás. Lo que perdure mi recuerdo.
¿Cómo será esa huella?
El otro día le comentaba a cierto ávido lector, sencillo y solitario, que su paso por la ciudad del río grande posiblemente no fuera tan leve como pudiera creer.
Y es que, incluso sin saberlo la mayoría de las veces, solemos dejar impronta en lo que hacemos, en lo que decimos, en lo que compartimos.
La cuestión es si la huella se conforma profunda o superficial. Si la marca se muestra ligera o indeleble. Si el sello se hace resistente o quebradizo.
¿Cómo será esa marca? A fuego... de agua....
Tu forma de ser, tu comportamiento, los detalles que tengas, las acogidas que hagas, los desprendimientos, los consejos, tu entrega, tu presencia, tu esencia... Todo es traspasado a los demás. Tal vez, con generosidad. O con interés mutuo, quizás. Depende de la condición de cada cual. Y en función de ello, probablemente, radique lo que permanezca.
¿Cómo lacrará ese sello? En redonda perfección... con lágrimas...
No se cuanto tiempo querría que me recordaran, o que tipo de recuerdo me gustaría dejar.
Sí se a quien recuerdo y porqué. Si pudiera parecerme un poquito solo, al menos...

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COSAS SENCILLAS
Cualquier lector que lleve tiempo interesado en asomarse entre las ropas de este armario sabe que me gusta hurgar en el cajón las palabras, jugar con los títulos de los posts, y trastear entre presente, pasado y futuro.
También sabe que suelo bañarme desnudo en el bravo mar de las confesiones, tomar el sol en la acogedora terraza de la nostalgia, y envolverme con la niebla de la melancolía, que le contaba a Jagg el otro día.
Me aficioné a cocinar las historias y recuerdos de este diario indiscreto, saboreando las esencias de lo narrado, y utilizando interesantes ingredientes vivenciales.
Por eso, para entender una flor del otoño que se marchita hubiera de tener presente su florecimiento anterior hace un año por estas fechas.
A veces, las prendas del armario son perfectamente reconocidas por quien le echa un ojo. Otras, les cuesta identificar la marca, la talla o incluso el color. Sin embargo, si se acercaran lo suficiente probablemente reconocieran el aroma personal que las impregna. (Al escribir esto no puedo evitar preguntarme si a alguien me recuerda por como huelo... ¿habrá quien piense ¡uy!, huele a Manu? A mi me pasa con otros...)
El caso es que, a modo de "contrastes", me empeñaba en el anterior post en reflejar algo que me sucede con mucha frecuencia, y es lo fácilmente que podemos pasar de un estado de actividad o animación considerable a otro no menos intenso de inactividad o depresión. Algo que se me antoja demasiado brusco, la mayoría de las ocasiones, y que no deja de horadar mi -de por sí- delicado estado de ánimo natural.
La vida... supongo.
Mi vida... seguro.
Bien es verdad que la vida... mi vida.... te da sorpresas. Unas agradables, otras no tanto...
La última fue de las primeras. Llegó cuando menos lo esperaba. Y esta vez sí cuando mas lo necesitaba y no como tantas otras veces que por mucho que lo necesites no acaba de producirse ese milagro de calma en medio de la intempestiva tormenta emocional.
De este modo, surgió la oportunidad de salir del oscuro final de un puente -apagado y triste- de la mano de quien menos lo podría imaginar. No porque no esté dispuesto a hacerlo siempre que puede, sino por la distancia en kilómetros que nos separa.
Lo cierto es que no podía imaginar que un simple y literal "toc, toc" en forma de mensaje a mi teléfono móvil supusiera una visita sorpresa de Orlando.
Ya conté que llevaba días sin saber de él. Y le hacía por Madrid, ocupado, con sus interminables guardias, su particular cadencia de hacer las cosas, y disfrutando de la gran oferta de ocio que la capital ofrece al tiempo libre de quien quiera aprovecharla.
Pero por cuestiones familiares -que no vienen al caso- se nos vino otra vez al sur, y aunque no tenía previsto pasar de nuevo y tan pronto por Sevilla (no había pasado ni un mes desde el concierto de Madonna), al final se vio obligado a acercarse.
Y claro, su "toc toc" no me cogió de sorpresa, pero que me lo enviará desde Sevilla, sí. De modo que, con esta inesperada aparición, disfruté de su compañía un buen y agradable rato -breve para lo que me hubiera gustado, pero como siempre intenso- compartiendo una cenita en el VIPS del lado de casa. Esto me permitió mitigar algo la carga de soledad del puente.
Está claro que su compañía me sirve de batería, para recargar las pilas, por muy pequeño que sea el espacio de tiempo que estamos juntos. Creo que está relacionado con esa complicidad y esa simbiosis de pensamientos, coincidencias y afinidades que Chequebo pudo observar en primera persona durante nuestra visita a Valencia.
La sorpresa de su visita, de su presencia, no dejó de ser un sencillo acto que alivió la pesada carga de un puente solitario. Uno mas de los que se suceden a lo largo de la historia personal de cada uno.
Por eso agradezco los sencillos momentos que me rodean, como un "toc toc" a tiempo, o un "no hay problema para quedarte en casa", una inesperada llamada de Alberto mientras va en el bus camino de su ensayo, o un "ven cuando quieras, no tengo que invitarte", o un mensaje de Koeps a altas horas de la noche para ver como lo paso en una boda, o la referencia a mi próximo cumpleaños en el blog de Mugalari cuando aún falta tanto, o un correo de Carlitos Sublime invitándome a su cumpleaños, o el ofrecimiento de Chequebo por solucionarme cierto problemilla surgido en su tierra, o las palabras de amables de otros blogueros o comentaristas capaces de captar la esencia de lo que intento decir por aquí, o una felicitación de mi jefe por el trabajo hecho, o que me inviten a una boda y la novia se empeñara en que me quedara mas tiempo con ella, con la de invitados que había... por citar solo algunos de los pequeños detalles de la última semana que permiten saborear lo bueno que nos viene.
Son cosas sencillas, simples momentos, inesperados instantes, detalles sin importancia que lo hacen más fácil. A los que habrá que sumar actuaciones, costumbres o usos habituales (un día de estos haré referencia a ello) que, cargados de sencillez, son también capaces de convertir algunos ratitos de nuestro cada día en auténticos oásis de microfelicidad.
Porque las cosas sencillas son las que dan sentido a nuestras vidas. Las complicadas... las que lo restan


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SE MARCHITA

La Luz del sábado pasado, con cielos despejados y mucho sol, acompañó la celebración del cumpleaños de Mikgel. Tras hacer un par de compras para llenar algo el frigorífico, salí corriendo -con apenas un sándwich en el estómago- hacia la FNAC, donde junto a Pcj elegimos unos regalillos para entregarle mas tarde al treintaydosañero.
Fue algo complicado pero nos decidimos por el libro La elegancia del erizo de Muriel Barbery, que me había llamado la atención en mis socorridas vueltas por Beta, y un DVD que sabía le gustaría, Pequeña Miss Sunchine.
Desde allí me apresuré a llegar puntual al Monasterio de la Cartuja donde quedé con Mikgel para disfrutar de una interactiva, divertida e interesante Bienal de Arte Contemporáneo, aprovechando la jornada de puertas abiertas. Contenidos interesantes, sin duda, pero sobre todo poca gente y chicos monísimos, lo cual siempre es de agradecer.
Tras recorrerla llegó el momento de la entrega de regalos en el Trajano, a la que solo asistió Pcj, y en donde Mikgel tuvo la amabilidad de invitarnos a un café con tarta de chocolate.
Después paseo por el centro, donde nos sorprendió un impresionante geiser de agua en plena Campana causado por una rotura de cañería y vueltecita por Zara, donde me probé una cazadora gris de cuadros que me llamó la atención pero no tengo claro si le sentaba bien a mi decadente cuerpo.
“Me dio la picá” y le incité a entrar en el sex shop de Sierpes, para ver si veía alguna cosa simpática para futuros regalos o detallitos. Allí una chica, algo feucha y bastante entrada en carnes, casi nos acosa. Vaya ojo.
Lo mejor el momentazo al salir. Se pone a nuestra altura y pregunta ¿qué hora tienes? Y no me dio tiempo de levantar los ojos del reloj para contestarle cuando oigo a mi lado la voz de Mikgel diciendo 32. La cara que puso él cuando se dio cuenta de que no le preguntaba ¿qué edad tienes? sino la hora, no tiene precio... era.... ¡ay!, no tengo palabras, que gran momento...
Nos encontramos con Antonio, que venía de comprar unos DVDs en la FNAC, pero una vez mas se disculpó para no quedar. Quien si se animó a dejarse ver fue Quijote, quien participó de nuestro regalo, y también Shiquillo -quien le trajo al cumpleañero unos higos para comer (chiste solo para entendidos)- acompañado de un par de amigas, una de ellas muy simpática de origen italiano.
Tras tapear en Casa Paco en La Alameda, cruzamos enfrente para saborear un cri cri (helado de nata con cobertura de chocolate riquísimo) en la heladería Frescura. Después, propuse tomar algo en El Bosque (para que luego digan que no voy a sitios de ambiente) pero decidieron tirar mejor hacia el Central, lugar al que acudió el churry de Shiquillo y donde Quijote, Mikgel y servidor decidimos retirarnos, en espera de una nueva ocasión de vernos.
A saber cuanto tiempo pasará...
Hasta el siguiente finde lo habitual: rutina, monotonía, mucho curro, algo de gym, ninguna novedad..
Poca TV, poco PC, pocos CDs, poco de los demás, poco de mi...
Fuertes vientos, nubes grises y ambiente desapacible para comenzar el puente.
Ya imaginaba que no iba a ser diferente a otros.
Ni una sola mirada. Ni gestos, ni miradas.
Ni una sola llamada al móvil, ni un solo mensaje.
Ni un solo correo electrónico. No hay ninguna carta.
Sin propuestas. Sin proposiciones.
Nadie posó conmigo en foto alguna. Después de todo, el paisaje a inmortalizar era como el caótico resultado del paso del vendaval de viento de la mañana del sábado: ramas caídas, zonas inundadas. Desazón.
No he puesto nada de música. Apenas he visto TV. El ordenador me aburre. No consigo ver las descargas de Heroes.
Me agoto a mi mismo.
Silencio en toda la casa. Silencio y sensación de vacío.
No hace frío, tampoco calor. Atmósfera 0. Sin gravitación.
Me cansa hacer lo mismo una y otra vez en el gym, pero sigo acudiendo, no se muy bien por qué. Menos mal que abre incluso en festivo.
Intento leer, pero tras acabar La bodega, que me regalaron por mi cumple el año pasado, ahora me siento incapaz de avanzar en la lectura de Olvidado Rey Guru, de Ana María Matute. Debería cesar en el intento, quizás regalárselo a alguien que pudiera sacarle provecho. Por ejemplo a Jagg, uno de los descubrimientos bloguericos mas interesantes de los últimos meses, que se suma a los mas recientes de Arandano, Mariliendre o la vuelta de Canalla.
Tengo poco apetito. No como casi nada. Estoy perdiendo peso. No solo lo noto en la ropa, si me encuentro con algún conocido por la calle al que hace tiempo que no veo me suelta un ¡estás mucho más delgado!. Va a ser verdad.
El traje de chaqueta me baila. Se me quitan las ganas de la boda del próximo sábado, pero tendré que ir a la fuerza. Quiero beber y no olvidar.
Chequebo sigue sin actualizar. Los Pedros andan por Londres con sus amigos. Ya ni me leen. Por lo visto no tienen tiempo.
Y yo... yo le tengo miedo al tiempo. Pero sigo leyendo.
Leo hasta aquello que no me atrevo a escribir.
Madrid no hace puente. Mañana llamaré a Koeps, a ver que tal el finde. Supongo que Alberto llamará cuando regrese al trabajo (estos días disfruta de las fiestas del Pilar).
Respecto a Orlando... ya hace mas de 15 días que no se de él. Llamará un día de estos, supongo.
Ya compré billetes para pasar mi cumple en Madrid en el puente de diciembre, pero no se si podré quedarme en su casa. Hay pocas opciones si no puedo, la situación monetaria no está para pensiones. Igual tengo que anularlos...
Vienen a mi memoria esas otras llamadas que no se devuelven. No me coge de sorpresa. Mas anulaciones.
Vienen a mi recuerdo esos otros nombres que volvieron su espalda. Me sigue doliendo. Sigo anulado.
Era cierto que la falta de pareja queda reflejado fielmente en la factura del teléfono. La última que me ha llegado es ridícula si la comparamos con la del año pasado. Definitivamente, el nivel de soledad lo refleja el gasto telefónico.
Soy un bicho raro. Llevo casi un año sin rozar otra piel.
No, os lo ruego, no insistáis. No necesito sexo, sino besos. No echo de menos penetrar, sino entrar.
No ansío amar, sino que me amen.
Desvarío...
A veces me falta el aire. Se suceden las noches de ansiedad. El corazón sigue alterado.
No dejo de darle vueltas esta canción.



Debería ser capaz de hacer como en el video, una fiesta...
Pero soy yo, Manu, "tan así..." ¿Será por eso que no cesan las ganas de llorar?
Será que me pone triste ver como la última flor del otoño se marchita...


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VALENCIA (II)
¿No os pasa que en una noche de amor y sexo, tras el ímpetu y la apresurada pasión de la primera vez, al repetir al poco una segunda pasión mas pausada pero igual de intensa, es verdaderamente cuando más disfrutáis del momento?
Algo parecido nos pasó con los conciertos de Madonna. Ya sabíamos como era el espectáculo. Habíamos bailado, cantado, aullado, aplaudido y vitoreado con la ambición rubia el martes desde las gradas del Estadio Olímpico sevillano plenamente satisfechos con la estupenda organización de Doctor Music. Su tour nos había desvirgado.
Pero el jueves, allí en Cheste, a pesar del mal sabor de boca e incomodidades de la nula organización de Music Community, el espectáculo en sí, el vernos tan cerca de ella, en medio de la abrumadora sucesión de luces, efectos, videos, bailes, música, rayos laser, gritos, voces, ... es como si formáramos parte del espectáculo, y se nos pasaron las dos horas de concierto casi sin darnos cuenta. Disfrutando como esa adolescente que, según Orlando, siempre seré. Pero él no se quedó atrás, aunque ya dejara de ser el gitanito de por la tarde para convertirse -mas tapadito- en el entusiasmado fan que siempre fue. Solo me podría imaginar qué sentía verdaderamente si en mis años de primera juventud hubiera conseguido asistir a un concierto de Mecano. Pero seguro que me acerco, porque yo sin ser tan ferviente seguidor, me lo pasé de escándalo. Ojalá se pueda repetir.
Cuando las letras del Game Over pusieron fin al show, me entró un poco de cosilla. Acabó todo. Desde julio pendientes de ello, organizando, ilusionados con la espera y las vísperas, pendientes de cuantas noticias surgían sobre la gira y los conciertos de Sevilla y Valencia... y en apenas un par de días todo había pasado.
Cansados pero felices nos dispusimos a marchar. El desalojo fue tan desorganizado como la entrada. Vimos el cielo abierto cuando apareció ante nosotros Chequebo con dos bocadillos de jamón (privilegios de tener buenos contactos con los encargados del avituallamiento) que nos vino como anillo al dedo, pues el hambre a esa hora de la noche ya era considerable, y temíamos no encontrar nada abierto al volver a la capital.
Tras despedirnos de él y sus amigos, a punto de abandonar aquel descampado lleno de restos, nos encontramos de vuelta a la estación (¡que casualidad!) con las bollitos de Albacete, con un par de fans de Alicante que coincidieron con nosotros en la zona de prefente, y con Verónica Electrónica, la "doble oficial" de Madonna, una rubia sevillana muy simpática con la que coincidimos en el vuelo de venida y a la que enganchamos rápidamente para hacernos una divertida foto. Que frikis somos.
Afortunadamente no tuvimos problemas para volver en el tren, incluso fuimos sentados, aunque sin la misma suerte en el metro. De todas formas el regreso no se hizo demasiado largo. Fue lo único bien organizado del concierto. Eso sí, íbamos derrotados. Demasiadas emociones y unos cuerpos castigados de todo el día nos hicieron abandonar la idea de acudir a la fiesta que Divina Madonna organizaba en la terraza l´umbracle, como ya hicimos en Sevilla. Y eso que también para la de Valencia teníamos entradas gratis. Pero era impensable. No podíamos con nuestras almas. De modo que preferimos volver al hotel y descansar para el día siguiente.
El viernes fue otro día de aúpa. A pesar del cansancio no conseguimos dormir hasta muy tarde pues la tempranera limpieza del hotel era muy escandalosa. De modo que a mediodía ya pateábamos el centro. Aprovechamos para recorrer varias calles, visitar los monumentos cercanos, y hacernos fotos en la Plaza de la Virgen, en la Plaza de la Reina, el Miguelete, la Plaza de la Almaina, los alrededores de la catedral, y las Torres de Serrano.
En ese punto nos recogió Chequebo con su coche. El plan era acercarnos a la playa para comer a la orillita del Mediterráneo. Y el lugar elegido la arroseria de L´Estibador en la Playa del Pinedo donde Chequebo tuvo la amabilidad y el detallazo de invitarnos.
El sitio nos encantó, con sus excelentes vistas, decoración marinera, un ambiente tan agradable y una clientela muy variada: hombres de negocios, reuniones de amigos, parejitas, gays maduritos y otros algo más jóvenes, algunas señoras, y nosotros tres... Fue muy curioso degustar allí su riquísimo arroz con mariscos, una fuente de chipirones, algo de ensalada y postre de chocolate, en un ambiente acogedor y de muy buen gusto, mientras sus grandes ventanales abiertos a la playa dejaban ver a los bañistas practicando nudismo y disfrutando del sol y la brisa de la tarde.
Y mas curioso resultó que a los pocos metros resultara estar cierta fábrica frecuentada por los aficionados al cruising, en la que por supuesto no entramos -camino del mirador de la playa- pero en la que era evidente cierta actividad. Sucedió lo mismo entre las dunas de la playa, entre las que divagaban algunos chicos sin ropa.
Tras andar un ratillo por su paseo y hacernos unas fotos en el mirador desde el que se veía una bonita vista de la zona lejana del puerto y el Mediterráneo, regresamos a Valencia con el propósito de visitar la Ciudad del las Artes y las Ciencias. Pero nadie nos advirtió que cerraban las taquillas a las 5 de la tarde, a pesar de haberlas reservado convenientemente. De modo que pudimos hacernos fotos en ese enclave tan visualmente atractivo y ver una peli sobre fondos marinos en el Imax de l´hemisferic (en la que casi acabamos sobando), pero nos quedamos con las ganas de disfrutar de l´oceanografic. Un disgustazo debido a la incompetencia de los responsables de la venta de entradas que no informaron bien.
Tras perder el tiempo en intentar solucionarlo, infructuosamente, al final se nos echó el tiempo encima y tampoco pude darle un toque a Alexander para ver si podíamos al menos tomar un café. Me supo mal. Quizás una próxima vez.
Por la noche, aproveché que Orlando fue a comprar unos detallitos para sus compañeros de curro para descansar brevemente en el hotel. Tras arreglarnos, nos propusimos corresponder a la invitación de Chequebo con otra para cenar en algún italiano chulo. Pero las indicaciones de un amigo suyo no fueron muy acertadas y acabamos en La Vita e bella, una pizzería muy céntrica pero mas dirigida a comida rápida de turistas que a otra cosa. No era el concepto que teníamos, ya que buscábamos algo mas chic, pero bueno, disfrutamos juntos de la animada cena que era lo importante, aunque a mi ya me rondaba la manuregla.
Decidimos buscar un postre de mejor calidad en la Chocolatería Valor, donde nos dejamos llevar por sus riquísimas mousses (¿Pero por qué aquí en Sevilla no hay Valor, por queeeeeeeeeeeeeeeeeeé.....?) y los personajes frikis que por alli pululaban.
Una vez bien cenados y chocolateados, iniciamos nuestra noche de marcha por el ambiente, donde reconocí a uno de los protagonistas de Lo que surja. Orlando se marchaba para Madrid a primera hora de la mañana, de modo que la intención era aguantar toda la noche fuera, ir de copas y luego de discoteca. De modo que, para empezar, nos dirigimos al ADN. Allí se me empezaron a subir las coronitas y la manuregla.
El sitio no estaba mal pero esa noche estaba demasiado empetado de gente, con una variada fauna homosexual en su interior, entre ellos un intento de drag tipo pelocho que nos dio flyers para Deseo 54. Hasta allí nos dirigimos tras un buen rato, aunque yo iba con cierto miedo a lo que me iba a encontrar, pues ya Chequebo me había comentado que el local era muy frecuentado por jovencitos la noche de los viernes.
Confieso que, aunque me siento superbien rodeado de gente mas joven que yo, e incluso manteniendo una relación sentimental con alguien mucho más joven, no puedo evitar sentirme incómodo y como fuera de lugar si estoy sin pareja entre tanto jovencito desconocido. Nuse, es como si creyera que todos me ven como una especie de viejo verde o algo así. De modo que cuando en el camino nos cruzamos con una pareja de jovencitos que en voz alta decía algo así como: "a partir de los 30 ya son viejos..." me sentí un poco mal.
Cuando llegamos a Deseo 54 aún se podía uno mover algo por allí, pero se puso enseguida hasta las trancas. Nada mas entrar nos encontramos con un fotocool en el que nos invitaron a posar. No, no es que seamos gente de la farándula o el famoseo, aunque tengamos ciertos contactos, por profesión o amistad. Simplemente invitaban a todos los que llegaban a posar. Y es que esa noche se celebraba la elección de Chulo Zero Valencia, un evento organizado por la revista Zero. De ahí el fotocool, el fotógrafo del interior y la grabación del video. Ni que decir tiene que procuramos huir de todo ello, sin escondernos. Aunque hubiera tenido gracia vernos luego en las fotos de la publicación, lo confieso.
La elección de chulazo fue divertida. Enseguida adiviné quien sería el elegido entre los que se presentaban, coincidiendo conmigo Orlando. Llegué a la conclusión de que seríamos un buen jurado. Chequebo, por su parte, se dejó llevar más por su naturaleza y votó por otro que le molaba más para él.
La divertida amalgama de musculocos, pasivas extremas, cuasi aún adolescentes, tímidos, listillos, inmigrantes del este, paquetones, culazos, monillos, y guapos, hicieron su papel como pudieron alentados por un presentador picarón y un público entregado. El momentazo de la noche fue la indisimulada erección de uno de los participantes, ¡vaya tranca!.
La música no estuvo mal, el ambiente tranquilo salvo por los comprensibles empujones de la tantísima gente al moverse y dos bollos pesadas -y pasadas de todo- insoportables dando el coñazo, algún que otro fan de Madonna aún con la camiseta puesta y una performance muy curiosa de varios go gos entre los que destacaba un personaje fascinante tipo travello poniendo caritas y de caracterización fascinante.
El momento grande vino cuando Orlando regresó del servicio con una sonrisa de oreja a oreja y me pone delante de los ojos su móvil donde aparecía en una foto con mi adorada Maria Amparo de Supermodelo. No me lo podía creer. Se la encontró al salir del baño y la reconoció aunque se había teñido el pelo, y le faltó tiempo para pedirle que posara con él, claro. Con lo que a mi me gusta una foto de esas... lo odio, lo odio...
Era lo que me faltaba a esas horas ya de la noche, con la manuregla por las nubes, viendo que se acercaba el momento de despedirnos... Sí, me puse tristón. Lo notó incluso Chequebo, que aguantó como un jabato. Aunque al final todos estábamos ya cansados y antes de clarear nos marchamos.
Orlando marchó temprano para la estación. Fue como siempre duro separarme de él. Me regaló una piruleta y una tabletita de chocolate como despedida, quizás como intento de dejarme mejor sabor de boca. Como si le hiciera falta...
Tras su marcha, apenas pude dormir algo. Entre el zumbido de la cabeza motivado por la noche de discomarcha, el poco tiempo que quedaba para la hora de abandonar el hotel, y el mucho pensar en aquellos días... casi no dormí.
Mientras esperaba que Chequebo regresara al mundo de los vivos, dejé las maletas en consigna, di una vuelta por una calle comercial, y me compré una camisa en Zara y unos detallitos para la family. Tras aparecer, al fin, me llevó a su estupenda casa donde, amablemente, me acogió aquella última noche.
Comimos en un bar cercano donde mantuvimos una sincera e intima conversación sobre nuestros respectivos sentimientos, inquietudes, experiencias... Fue agradable, muy agradable. Y especialmente satisfactorio cuando me hablo tan bien sobre Orlando, alabó mi buen gusto, comprendió mi compromiso personal en seguir en contacto con él y sobre todo, advirtió esa complicidad que aún después de terminar la relación aún mantenemos. Solo con mirarnos nos basta para entendernos. Cómo dejar de mirar esos ojos...
Después de una breve siesta, tuvimos una noche muy hetero. Tras una rápida cervecita con su grupo de amigos (interesadísimos por todo lo que rodea a los gayers que rodean a su amigo de siempre, recién salido del armario) y cena tranquila en un Gambrinus acompañado por el que se me antojó mas apañao de ellos (uuf, esa carne a la piedra, que ricaaaaaaa.... ) y una copa por la zona de Canovas, regresamos a casa.
Al día siguiente me acompañó a la estación. Desayunamos juntos en la última conversación mirándonos a lo ojos en quien sabe cuánto tiempo. Al poco, lo despedí con cierta penilla esperando se animara a venir por el sur algún día y monté en el tren camino de Sevilla. Me esperaban muchas horas para recordar cada minuto de esos magníficos días y un largo itinerario con muchas paradas en la ruta: Albacete, Andujar... que me impedían dejar de pensar en personas, momentos, situaciones, ausencias, esencias, deseos, pasiones, sueños...
Una mascletà de pensamientos y emociones en mi mente y en mi corazón que no me abandonan.



Como esta canción. Me hizo llorar la primera vez que la oí. Me emocionó en Sevilla. Y en Valencia. La sigo escuchando. Y pienso en la gente que quiero. La gente que debo querer.
Os quiero.

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VALENCIA (I)
Tras el concierto de Madonna en el Estadio Olímpico, Orlando y yo nos fuimos a tomar unas cervecitas al Antique, una disco muy pija de Sevilla, de esas con mucha cola para acceder y en la que no te dejan entrar si llevas deportivas o no le caes bien al gorila-portero de turno.
No tuvimos que pagar nada gracias a los flyers del foro de Divina Madonna, quizás de las páginas mas visitadas por ambos durante todo el mes de julio. Llegamos prontito y nos encontramos poco ambiente gay, aunque se fue animando conforme avanzaba la noche. Acabó por llenarse. Y eso que de fiesta de Madonna tenía poco. Poco después de ver las maniobras acuáticas de un gogo-sireno de cuerpazo 10 decidimos marchar a casa para descansar, pues al día siguiente volábamos hacia Valencia a mediodía.
El vuelo fue agradable, a pesar de los nervios lógicos teniendo en cuenta lo reciente del accidente de Spanair en Barajas y que era mi primer vuelo. Lo peor fue el despegue, con mi corazón a galope. Pero estar en el aire, las vistas, y la rapidez y comodidad del avión de Vueling estuvieron chulos y apenas me percaté del aterrizaje.
De modo que una vez superado el trance -tras años de trauma- creo que repetiré. Ya no tengo excusa para ir a ver a Juanjo a Canarias. Eso sí, agradecería un compañero de viaje, pués aún no estoy seguro de ser capaz de envalentonarme yo solito. Por lo menos que si hay turbulencias tenga a quien agarrarme, ¿no?.
Llegados a la capital del Turia (río que no vi en ningún momento con eso de haber desviado su cauce por el tema de las riadas) nos trasladamos hasta el centro en metro. Y aún no se cómo lo conseguimos porque no he visto un metro mas raro en mi vida. Eso de que por una misma vía haya mas de una línea, cada una de un color, y no sepas si un tren pasa por una estación u otra, vamos, es que no hay por donde cogerlo. Menos mal que el metro que estrenamos en Sevilla el próximo 20 de diciembre es como el de Madrid, por el que mas o menos te puedes mover sin mucho lío. Bueno, por lo visto, va a ser hasta mas moderno, como el de Londres o París, con sistemas de puertas de seguridad al andén y todo. Que pijos somos...
Llegamos al hotel Venecia, en plena Plaza del Ayuntamiento, donde hacen la famosa mascletá, y tras dejar las maletas e inspeccionar la habitación triple y el baño -que nos pareció bastante bien para el precio que tenía- salimos en busca de un lugar para comer, cerca ya de las 5 de la tarde. Los amables recepcionistas del hotel nos indicaron la situación de un VIPS en una calle cercana. Allí degustamos platos de su rica y socorrida carta regados con cervecitas, y sin olvidar nuestro habitual e inevitable postre de chocolate.
Tras la comida dimos una vueltecita por el centro de Valencia y nos encantó. Sus calles nos recordaron mucho a Sevilla, el ambiente y temperatura era agradable, y se notaba la presencia de mucho turista y bastantes compañeros de gremio venidos al concierto.
Tras un breve descanso en el hotel para ducharnos y cambiarnos de ropa quedé en las puertas del hotel con Chequebo. La verdad es que tenía una enorme curiosidad por verle en persona.
Casi desde el principio de nuestras respectivas aventuras blogueras nos habíamos interesado por lo que contábamos en nuestras respectivas bitácoras dejando el consabido comentario. Como es habitual acabamos intercambiando direcciones de Messenger, y con el tiempo, números de teléfono móvil e incluso los de casa. Al final, hemos acabado hablando periódicamente. Afortunadamente no ha sido de los que les abres tu corazón y luego desaparecen.
En la distancia compartimos inquietudes, buenos ratos, malos momentos, preocupaciones, su salida del armario, mi estado de ánimo durante todo el tiempo que duró la relación con Orlando, mi depresión posterior cuando está terminó, sus correrías, su enamorarse... en fin, lo normal entre buenos amigos, aunque sea en la distancia. Es tan importante no solo poder contar sino también saber escuchar... y es tan difícil dar con alguien que te escuche y a quien contar, con quien tener empatía, complicidad y entendimiento sin que acabe por darte la espalda... que una persona así es de agradecer encontrar.
Temía que en persona fuera distinto, pero ese temor no tenía razón. Chequebo resultó ser un ser cálido y entrañable, muy buena gente, desprendido y simpático. Tuve la sensación de estar con alguien que conociera de toda la vida. Y encima hizo buenas migas con Orlando que, con su carácter aparentemente serio, no siempre es bien entendido de primeras. Al final hicimos un buen trío (sin sexo) recorriendo las calles de Valencia durante los días de nuestra estancia por aquellos lares.
Tras las presentaciones de rigor, y tomar un refresquito, dimos un paseo por lo mas céntrico de la capital y anduvimos por El Carmen, para echar una primera vista al barrio mas alternativo y gay por donde repetiríamos mas veces.
Cenamos unos ricos y originales bocadillo en La Xirgu, con mas cervecitas y de nuevo postre de chocolate, intentamos una copita por la zona pero nos apetecía sentarnos y estaba todo bastante lleno. Tras un pequeño incidente con un antipático camarero del Café de la Seu, al que me empeñe en ir pues había oído hablar de ese local, y que no nos permitió sentarnos (evidentemente me negué ya a volver al susodicho, vaya decepción), acabamos en una terraza bastante maja, el Trapezzio. Me resultó curioso coincidir con unos chicos que entraron en el VIPS poco antes de salir nosotros y luego vimos por las calles del Carmen. Si es que la cabra tira al monte...
Era bien entrada la noche y, de vuelta al hotel, la Plaza de la Reina presentaba una animación tremenda, con las calles de alrededor muy concurridas para ser miércoles. Aún nos preguntamos si sería fruto de la llegada de madonnianos como nosotros.
Al día siguiente intentamos descansar bastante antes de levantarnos, pero me desperté antes de lo previsto debido al excesivo ruido que hacía el personal de limpieza y mantenimiento en el pasillo del hotel, que perdió muchos puntos.
A mediodía dimos una vueltecita por la Plaza de Toros, la Estació del Nord y la Plaza de España, antes de comer de menú en un bar de la zona y pillar luego el metro y el cercanías que nos llevaría hasta Cheste. La verdad es que fue lo único a resaltar de buena organización en toda la jornada, un 10 para RENFE y Metro Valencia. Fuimos sentados en todos los trayectos y sin problemas para ir o regresar (cosa que me preocupaba).
Lo malo vendría después. Cheste fue lo peor. No hubo organización. Pero yo iba ilusionada como una quinceañera, estaba feliz por la compañía, y muy a gusto y cómodo con la experiencia. Nunca había vivido un concierto así, de esas dimensiones. El de Sevilla fue bien distinto, más cómodo, con asiento reservado. El de Cheste suponía estar a pie de pista y luchar por una buena situación dentro del que llaman golden circle. Y verme en aquella situación me hacía gracia. Desde luego si no es por Orlando jamás lo habría experimentado. Fue increíble.
Tras un rato de cola al sol conseguimos pasar un primer control y nos dirigimos a una zona donde intuíamos que podía estar el acceso de las entradas preferentes. Allí acabamos sentados en el suelo charlando con una chicas (nos pareció una pareja de bollitos) de Albacete, donde nos encontró Chequebo con sus amigos que iban a la parte de general y se fueron de cervecitas mientras nosotros aguantábamos la espera para pillar buen sitio.
Se hizo pesado y algo agobiante, hacinados entre tanta gente y con mucho calor. Orlando se me descubrió con una faceta de gitanito que me dejó sin habla, descamisado, con todo su pelito al aire, y haciendo de chico-anuncio echándose botellas de agua por la cabeza. Confieso que, mas que excitarme o remover los rescoldos del fuego del amor y el deseo nunca apagado, me dejó con las bragas en el suelo, con lo fino que es él... Pero era eso o lipotimia, así que a refrescarse tocan. Y yo no lo hice porque soy una señora mayor, pero me faltó el canto de un euro.
Los peores momentos llegaron cuando se abrieron las puertas y se produjo una avalancha. Acabamos apretujados para acceder al recinto, ni miraron la entrada, y tras lograrlo echamos a correr de la mano entre una estampida de similares.
En pleno sprint oigo decir a un típico graciosillo homófobo “mira como corren las máricas para coger sitio” sin percatarse que aquello era un maremágnum de personas de toda condición. Fue curioso encontrarnos, en plena carrera, con Chequebo (finalmente consiguió entrar antes que nosotros y es que estaba tan mal organizado y con una ausencia tal de indicaciones, que acabamos en la misma zona) quien se convirtió en nuestro ángel de la guardia y nos señaló por donde tirar para acceder a la zona preferente. Mas carreras y llegamos justo a tiempo de coger un sitio de privilegio, muy cerca del escenario y en una parte concreta bastante buena aconsejados por las chicas de Albacete. Aún nos preguntamos como consiguieron, entrado un segundo antes que nosotros, llegar tan pronto como para ponerse en primera fila. Tras saludarlas, nos dispusimos a esperar de nuevo un buen tiempo hasta que llegara la hora de empezar.
Tuvimos suerte también con los que nos rodeaban, el buen rollo imperaba por todas partes, se compartía agua, comentarios... Pude salir con mi pulserita verde para ir al baño, pero había tan pocos servicios que tarde en volver con los red bulls y agua para aguantar. Lo malo es que no llevábamos nada de comer.
Pasó el tiempo y por fin salió la telonera Robyn. Cuando quisimos darnos cuenta se había hecho la noche... se apagaron las luces... todo se hizo expectación... estábamos a escasos metros de la pasarela, muy cerca del escenario... y empezó el juego...


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VACACIONES EN SEPTIEMBRE
Tras varias semanas en las que fue absolutamente imposible acceder a los blogs de Chueca y de Ya.com, con impotencia y desesperación, sobre todo por no poder despedir este espacio y dejar de leer algunos otros, resulta que esto vuelve a funcionar. Pero yo ya me he decidido a mudarme para evitar situaciones como las que se han dado mas de una vez en esta plataforma a la que siempre guardaré cariño por lo que supuso desde sus inicios.
Mientras haya capacidad y tenga oportunidad publicaré también por aquí, aunque os comunico que el armario abrió de nuevo sus puertas en esta nueva dirección:

http://www.lacoctelera.com/elarmarioabierto

Estáis todos invitados.
Así que podríamos decir que, tanto por aquí y como por allí compartiremos... nueva temporada.

Para comenzar este nuevo caminar por los blogs... un recuerdo a mis segundas y aún recientes vacaciones.
Una semana llena de emociones, mi primer viaje en avión, mi primer concierto de Madonna, un reencuentro como siempre muy especial con Orlando, y un primer encuentro con cierto valenciano por aquí enlazado...
Han sido unos días fantásticos. De los que siempre va a recordar uno. Una pasada...
Con mucha vista, reservé una semana de septiembre (del 15 al 21) tras disfrutar del grueso de las vacaciones en julio disfrutadas en tierras de Madrid, durante la Semana del Orgullo, y Zaragoza, con su Expo del Agua.
Como aperitivo el miércoles anterior me fui solito a la Plaza de San Francisco donde tenía lugar la inauguración de la Bienal de Flamenco, un espectáculo gratuito con el impresionante toque de guitarra de Manolo Sanlucar, acompañado de orquesta, un coro de voces muy originales de mujeres búlgaras, el baile de Cristina Hoyos, Israel Galván, Juan de Juan, voces flamenquitas y mucho arte.
Lo cierto es que, a pesar de vivir en Sevilla y de tantos años ya de Bienal, nunca había asistido a nada similar. Y me gustó bastante. Además me sirvió de ensayo para las siguientes citas musicales, con bastantes horas de pie.
El sábado siguiente acudí con Mikgel al concierto que finalmente no pude disfrutar en la Expo por culpa del mal tiempo, que obligó allí a su suspensión, con Dulce Pontes y Estrella Morente.
Sencillamente delicioso. Dulce Estrella cerraba su gira de verano en el auditorio de Sevilla donde 6.000 personas disfrutamos con unas voces increíbles. Aún recuerdo como se me pusieron los vellos de punta, que voces... que mujeres...que sensibilidad... que fuerza... cómo me emocioné...
Fue como si empezarán a calentar motores.
A partir de entonces un no parar.
Orlando llegó el domingo, día que dediqué a limpiar un poquito la casa en previsión de que se quedara a dormir como así ocurrió.
El lunes, desde medio día, estuvimos juntos por ahí dando vueltas sin parar hasta las tantas. Desayunamos en el Modernist, fuimos de compras, hicimos un poquito de turismo, tapeamos por la Alameda, tuvimos tiempo hasta de ir a la pelu a que se retocara un poco la melenita. Ya a las tantas lo dejé con su hermano y volví a casa para preparar la maleta.
El martes, nerviosito perdido, esperé a que me recogieran en coche para dirigirnos al concierto de Madonna en el Estadio Olímpico.
Aún recuerdo la que armamos en pleno verano para conseguir las entradas. Mejor me lo reservo porque fue una odisea flipante, rozando el frikismo, pero muy divertida.
Como aficionado a todo tipo de música, yo a Madonna la conozco desde siempre. Me crié con sus inicios y he sido testigo de su evolución. Cualquiera que pase de los 30 es inevitable que recuerde alguna que otra canción de ella. Pero nunca me consideré fan acérrimo o loco seguidor de la divina. Hasta ahora.
Conservaba algún que otro disco de ella en casa, guardaba muchas canciones en la memoria, y tenía curiosidad por ver alguno de sus conciertos, aunque no imaginaba que me fuera a ver tan implicado en esta auténtica locura desatada con su visita a España.
La culpa la tiene Orlando, fan de toda la vida, quien me fue poco a poco metiendo el venenillo este de la ambición rubia en el cuerpo.
Acabé por bajarme sus canciones, aprenderme las letras, descargarme el DVD de su última gira, empaparme bien de su trayectoria y hacerme habitual de foros sobre ella.
Todo ello ante el rumor preveraniego de que su nueva gira, el Sticky and Sweet Tour, podía pasar por España.
Ante el hueco evidente que se hacía entre las fechas de Lisboa y Paris, reservé -como comenté antes- días de permiso en torno a las fechas que probablemente acogieran un concierto en Madrid o Barcelona (donde hasta ahora siempre se celebraban estos conciertazos), con la esperanza de que finalmente viniera. En caso contrario, la alternativa era aprovechar estos días para ir a Madrid al concierto de Mónica Naranjo.
La sorpresa fue que se confirmara la llegada de Madonna, pero a Valencia, el 18 de septiembre. Acerté en coger esa semana de vacaciones.
Rápidamente empecé el operativo reservando hotel céntrico, billetes de tren, y avisando al bueno de Chequebo de que iba para su tierra. En un principio iban a acompañarnos unos familiares de él y una amiga a los que finalmente les fue imposible. Tampoco se animaron Koeps o Alberto.
Toda una odisea fue el capítulo de lograr entradas. Me di un madrugón de impresión en la cola de la Fnac para ser de los primeros en acceder a la compra el día que se pusieron a la venta (menos mal que me pilló de permiso), mientras Orlando lo intentaba a través del teléfono y el PC, luchando por unas preferentes que finalmente conseguí yo.
Cuando creíamos que ya estaba todo solucionado recibimos el notición de que actuaría dos días antes, el 16 de septiembre, pero no en Madrid como se había anunciado (y a donde me disponía a ir yo para salir juntos hacia Valencia) sino ¡¡¡en Sevilla!!!. Y claro, si viene aquí ¿no vas a ir?...
De modo que oooooootra vez operativo en marcha: anular mi billete de AVE (ahora era él quien bajaría para ir al concierto y salir juntos desde aquí hacia Valencia), cambiar los de tren por los de avión para ganar tiempo el día posterior en dirección a levante, y luchar de nuevo por entradas. Esta vez de grada en donde nos acompañarían unos familiares suyos.
Un jaleo. Rozando lo friki. Pero fue bonito. Y muy divertido.
La ilusión de las vísperas, de preparar, de organizar, los nervios, la espera... conlleva un estado de expectación que aporta mucha satisfacción.
Me sentí como un quinceañero todo este tiempo. Pero nada comparable a los días de concierto.
Como os comenté antes, llegó el martes señalado y tras dejar el coche en un parking nos subimos al autobús lanzadera que nos llevó en menos de cinco minutos al estadio.
Tremendo el ambiente, impresionante el aspecto del estadio, magnífica la organización, sin problemas para ir al servicio, con tiempo para beber algo e incluso comernos un par de hamburguesas que te calentaban en microondas, hacernos fotos, bailotear con la telonera Robin y su canción del “tiky, tiky”, escuchar al dj Wally Lopez, hacerle fotos al guapo de Aitor Trigos mientras pedía en el bar situado a nuestros pies, posar con algún que otro friki disfrazado, e inmortalizar a algún que otro famoso cercano a nuestro asiento como Boris Izaguirre, Lucía Bosé o Vicky Martín Berrocal, sorprendentemente entremezclados en las mismas gradas que nosotros y no en una zona VIP.
La presencia del famoseo se debió a la presentación en Sevilla a los pocos días de la revista Vanity Fair, con un fiestorro en la Casa de Pilatos, donde vivió Nati Abascal muchos años por su matrimonio con el Duque de Medina, y a la que acudieron muchos otros famosos. Entre ellos, curiosamente, el auténtico Orlando Bloom. Que cosas, oye...
Y tras un breve retraso, se apagaron las luces del estadio. Y comenzó el show.
Sencillamente IMPRESIONANTE.
Jamás pensé que me pusiera gustar tanto.
Canté, bailé, grité, di saltos, casi me quedo afónico, y disfruté como una quinceañera abrazada a su carpetita con las fotos de sus ídolos (entre ellos Madonna y Orlando Bloom, claro, jajajaja).
El caso es que me dejé llevar por una efervescencia generalizada y una histeria colectiva disparada desde el primer momento que se la vio aparecer. Un delirio inusitado hacia una mujer de 50 años pero con una capacidad física que ya quisieran muchos veinteañeros y un espectáculo increíble de luces, sonido, imágenes, baile y puesta en escena.
Algo que difícilmente voy a poder olvidar.
Y aún quedaba el segundo concierto... y Valencia... y Chequebo...


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