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DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
El armario abierto muestra las CONFESIONES A UN DIARIO INDISCRETO
Acerca de
El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Sois ya los que os pasais por aqui... Web Site Counter
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RESUMEN BALANCE DEL AÑO QUE FUE


Comencé el año hundido.
Amigos como Sergio o Alberto me animaban a volver a enfrentarme a este diario. Lo consiguieron.
Hacía poco que Orlando había decidido que era mejor dejar la relación de pareja.
Intenté reconducir, como buenamente pude, la nueva situación. Ya imaginaba que pocos serían capaz de comprende mis necesidades por mantener un estatus de cercanía con quien amaba sin que me amara.
Por lo que nos queríamos intentábamos seguir formando parte del presente de cada uno, aunque ya no fuera de la misma manera.
A partir de ese momento, a lo largo de todo el año, la lucha fue cómo conseguirlo. Cómo dejar de estar enamorado...
Entré en el 2008 brindando con Shiquillo y Gaby, y preguntándome si sería capaz de seguir escribiendo, de volver a la normalidad, y hacer que el corazón latiera de nuevo, aunque ya no sonará con el mismo ritmo feliz de meses anteriores.
Intenté apoyarme en los deseos de mucha positividad que me deseó Oliver. Y confiando en que fuera un buen año para todos.
Esperaba que las corrientes de la mar de acontecimientos y vivencias que hubieran de suceder, nos hicieran navegar hacia buen puerto y nos llevaran a un lugar cálido y acogedor, donde se cumplieran los sueños, donde el corazón te lleve...
Cambié el nombre del blog por ese deseo. Desmantelé el armario.
Dejé de ser Enis. Y me desvelé Manu.
En febrero me sentí muy solo.
Los teléfonos no sonaban como antes. Yo tampoco llamaba. No había mensajes. Ni correos. Pasaba demasiados días en casa.
Volvieron las crisis de ansiedad. Ya casi las había olvidado. Se repitieron varias veces a lo largo del año. Con demasiada frecuencia.
Seguí sin apetito, lo que unido al ejercicio del gym me hizo perder algo de peso y recuperar el uso de ropa que hacía siglos que no me entraba. Además, decidí hacerme un corte de pelo algo mas moderno, con el cabello largo y desrizado.
Fui incapaz de recuperar el hábito de estudio. Hacía demasiados años que no ejercitaba mi memoria. Y el estado de ánimo no ayudaba. Terminé por aceptar que no iba a conseguir un nivel aceptable para las oposiciones. Con suerte podría haber conseguido aprobar sin plaza, pero eso me iba a suponer un problema añadido. Arrojé la toalla.
Tampoco me mostraba muy entusiasmado por usar el Messsenger. Al menos no como antes. Y duró todo el año. Salvo breves ratos en los que saludar. Preferí escribir correos.
Con Orlando continué un –necesario y sano- contacto mas esporádico en el tiempo. Intenté alejarme todo lo posible esperando un cambio en mis sentimientos, para que se reconvirtieran en un cariño similar al suyo. Sin embargo no conseguía despegarme de esas sensaciones que me impregnaban al pensar en él. Algo que se manifestó especialmente cuando nos vimos por primera vez en Sevilla tras la post-ruptura navideña de Madrid.
Alberto llegó a pensar que tras su visita podíamos volver a estar juntos. Pero era algo que yo ya sabía imposible.
Duele comprobar que “la química” que hace a alguien fijar su atención, compartir su corazón y entregar su cuerpo a otro, pueda de repente desaparecer tal como apareció. Como un truco de magia. Una magia inexplicable que ocasiona impotencia, desconcierto, desasosiego e infelicidad. Pero ocurre. Y sin explicación lógica.
Me vio triste. Y creyó oportuno hablar sobre ello. Insistió en que nada hubo en mi que provocara su decisión. No fallé, no dejé de hacer ni hice algo que no debiera. Simplemente pasó. Sin mas. Y no era fácil teniendo en cuenta como sentía mi amor por él.
La conversación me ayudó también a comprender su malestar. Se esforzó por hacerme entender su posición, honesta y sincera, aunque también dolorosa.
Desde entonces, aprendí lo que es el amor incondicional, a querer sin esperar nada a cambio.
Pasamos unos días agradables juntos. La química en ese caso no había desaparecido. Se despidió invitándome a ir a Madrid cuando yo quisiera.
Marzo me trajo un correo muy amable del valenciano Alexander. Me alegró ver que le iba tan bien.
Me trajo también un nuevo, repentino y angustioso despertar taquicárdico motivado por la ansiedad. Esa sensación incómoda en la que parece que te ahogas y que interpretas como parecida a un ataque al corazón.
Me suele ocurrir en tiempos de caos interno, con estrés, depresión, inestabilidad, etc. No me preocuparía demasiado si no fuera porque se han sucedido demasiado en el tiempo.
A principios de mes se celebraron elecciones. Y por primera vez me comprometí públicamente en la defensa de unas ideas. Tuve claro a quien no había que votar.
Por eso no tuve pudor de criticar abiertamente, en un post, la intolerancia de personajes como Antonio Burgos, que en pleno Pregón de la Semana Santa se despachó a gusto, en su habitual homofobia, contra los matrimonios homosexuales.
Me reafirmé en los principios del amor frente al odio de los demás. Contra los hipócritas y fariseos, los homófobos y aquellos que se niegan a ver el valor de las muestras de afecto y amor mas allá de su burdas creencias, ancladas en el inmovilismo, la falta de generosidad y respeto, escudados en la ley natural de un matrimonio convencional que solo ve las leyes que el hombre impuso como las del Ser Supremo, sin aceptar las de la diversidad de una auténtica Naturaleza y probablemente las que en esencia determinaría el propio Dios.
Quizás por eso me enorgullecí aún más de poder llamar a Porvos y felicitarlo por su boda con Ra.
En marzo, Shiquillo y Gaby me invitaron al cumpleaños de este último. Aproveché para regarles unos peluches de Epi y Blas que les van como anillo al dedo.
En Semana Santa disfruté algo del buen ambiente que se vive esos días en casa de Pcj, y sobre todo de la visita de Alberto y su novio, que junto con otros amigos de Zaragoza, venían a conocer la Semana Santa de Sevilla. Fue agradable volver a tener gente en casa y sobre todo disfrutar de los amigos a los que los kilómetros me impiden tener cerca.
Orlando se empeñaba, por teléfono, en que debía hacer algo más por conocer gente, y coincidía con Alberto en que debía salir de casa, aunque fuera solo. Lo intenté. Fui al cine a ver pelis como Lo mejor de mi y 10.000.
El mes terminó con un encuentro con Shiquillo y unos amigos suyos, a los que se sumaron Carlitos y Chema. Carlitos fue muy amable al interesarse por cómo me encontraba tras lo de Orlando, quien, por cierto, sufrió una desafortunada y dolorosa caída. Llevaba tantos percances en su vida últimamente que no pudo evitar preguntarme (de guasa) si no le habría echado alguna maldición. Por la de cosillas malas que le pasaban desde que decidió cortar. Que ocurrencia.
En abril estuve enganchadísimo a OT y Fama. Me vuelve loco Adrián Herrero, el ayudante de Marbelis.
También vi mucha serie (La juez Amy, Betty, Embrujadas, Entre fantasmas, Will & Grace, Mujeres Desesperadas, House, la nueva del Plus con Glen Close...). Cualquier cosa con tal de no pensar...
Continué el plan de ahorro, de cara a las gastosas vacaciones de verano. A ello contribuyó, lamentablemente, que seguí pasando muchos sábados por la noche solo en casa. Pero me animé a volver a ir solo al cine a ver Seda, Los falsificadores y La familia Savage.
Apenas pisé la Feria de Abril. Solo visité un día la caseta de una amiga a la que no veía desde hacía tiempo, intima amiga de mi ex novia, y me obligué a quedarme para charlar con ella un poquito. Fue un rato agradable.
Aproveché que Mikgel es enemigo acérrimo de la Feria para no verme arrastrado de nuevo hasta ella. Con él vi Fuera de carta.
Otro día quedé con un amigo del Gaydar, David, al que ya no veo desde que se echó novio en verano. Llegó acompañado de otro chico muy mono profesor universitario, calladito pero majísimo, que no volvió a aparecer por mas que le llamamos. Por mi parte invité a un chico también majete, Antonio, que me presentó la cuñada de Shiquillo. Con él compartí unos cuantos cafés el resto del año, con esfuerzo, porque no es de mucho salir.
Y luego me dicen que he de conocer gente. En fin...
En abril, llamé a Tato para felicitarlo por su cumpleaños, crucé unas pocas palabras, por Messenger, con Canalla, Diego del Mar, y Alejandro´s, y hablé algo mas con Fernando, pero sobre todo con Castigador, al que intenté animar. También tuve muy presente a Chequebó y su salida del armario.
En el puente de mayo aproveché para acercarme hasta la Feria del Libro. Allí me encontré con Mikgel, a quien me hubiera gustado poder acompañar al teatro, con lo que según él me iba el título de la obra “Mejorcita de lo mío”...
Precisamente, Oliver me llamó para interesarse por mi salud, no andaba muy buena por esas fechas. Me hicieron diversas pruebas, pero no salió nada serio, afortunadamente. El malestar es anímico.
El mes continuó como los otros, con aquello que cantaba Paulina: ni uuuuuna sola llamadaaaaaa....ni gestos ni miradaaaaas...
Osea, mucho aburrimiento, algo de gym, su poquito de TV (me enganché a Supermodelo), su mucho de Internet, y bastantes pelis de mi colección de DVDs o emitidas por el Plus.
En Pentecostés disfruté con Mikgel de una exposición de Botero y luego vimos la peli china Mil años de oración.
También disfruté de otro encuentro con Carlitos Sublime, Chema, Shiquillo, y Gaby. Además, descubrí con Antonio un nuevo café al ladito de La Alameda que me gustó, el Egoísta, con asientos superoriginales, y donde un día me encontré con Zuhor.
Pcj, a quien le lloré un poquito por tenerme abandonadito, me llamó para ver con Crazy la última peli del Indiana Jones. En mitad de la proyección me mandó un mensajito Orlando de que estaba en Sevilla. Al día siguiente me despertó Vulcano para decirme lo mismo.
Con Orlando pasé la mañana-tarde de un sabádo en el que disfrutamos de nuestra habitual ronda por tiendas de firmas, la exposición de Sorolla en el Bellas Artes , y una nueva visita al Ocumare. La noche tuve ocasión de disfrutarla con Mikgel, Vulcano, Luigi y su churri. Acabé cansadísimo, y al día siguiente aún tuve salida con Orlando por todo el Parque de María Luisa, el paseo del río Guadalquivir, Triana, y ¡¡¡la Expo!!!... Acabé, como decían en OT, ¡mueeeerrrrtaaaa! y enterrá.
O mas bien mueeeeerrrrtaaaaa y resucitá. Porque esto de las visitas, y que me saquen, y me lleven pa arriba y pa abajo....a mi me da vida.
En junio dejé de ser Supermelenas 2008. El nuevo corte de pelo decían que me rejuvenecía aún mas de lo habitual. Mandé fotito a Orlando que me vio muy guapo y me soltó: “serás una eterna adolescente como Mariah Carey”. Y a Alberto, coincidiendo con Orlando en lo de guapo. Así que me lo tomé bien.
Mugalari también estuvo de visita en Sevilla y fue uno de los primeros en verme con el nuevo look. Compartimos una noche con él, Carlitos, Chema y Quijote. Aprovechamos para llamar a Ekiots y felicitarle por su cumpleaños, a quien se le echó de menos en la cena.
Lo que es la vida... semanas enteras sin apenas salir, sin el contacto que desearía con estas personas, y en cinco días se revoluciona el calendario de visitas para traerme a la gente que quiero a la vez. Ains...
Con Quijote coincidí de nuevo en el cumple de Pcj. Tuvimos suerte y acertamos con los regalos que buscamos junto a Mikgel.
La fiesta en casa de Pcj fue tranquila y simpática, aunque lo mejor fueron los divertidos juegos de la wii.
Después de esos intensos días volvieron la monotonía, los silencios y la soledad. Todo me aburría y me cansaba. A pesar de todo intenté no dejar de lado cosas importantes como felicitar a Castigador, Diego del mar o Quijote por sus cumpleaños. Y me alegró ver a Dik, a quien hacía mucho que no veía y me hizo una visita sorpresa al trabajo.
Laménté no poder ir al concierto de Kylie Minogue en Madrid, pero cayó entre semana. Al menos disfruté con algo de teatro. Me divertí muchísimo con Los Ullem y su Cum laude, que vi con Antonio. Y me sorprendió La cena de Els Joglars, que vi con Mikgel.
El mes transcurrió con las habituales horas ante el televisor, viendo Supermodelo, Embrujadas, Betty, Mujeres desesperadas, Entre fantasmas, a Cantizano.... Y se despidió coincidiendo en el gym con Ángel de Fama, viendo en el cine El incidente o Sexo en Nueva York, recibiendo la tradicional felicitación de Porvos con motivo del Orgullo, y teniendo un sueño erótico. Que cosas...
En julio disfruté de mis vacaciones.
Primero pasé por Madrid. De nuevo me alojé en residencial Orlando. Aunque las circunstancias no habían variado, se me hizo menos incómodo que los dos anteriores viajes mas recientes al fin de la relación, donde la tensión era lógica.
Lo pasamos bien, con nuestras cenitas, de compras, etc. Además, tuve la ocasión de ver el primer show room de mi vida, el de la firma The 2nd Skin gracias a su encantador y genial diseñador y copropietario, y ver la exposición del 2 de mayo en Arte Canal. Estuvo bien.
Lo más importante, tuve la suerte de conocer a Fernando, y sobre todo de volver a ver a Juanjo y Marcos, reencontrarme con Alberto, Antonio, Koeps, Fran, Ekiots, Mugalari y sus amigos vasquitos, y David y Paco.
Fui testigo del divertido pregón de Eva Hache y Hugo Silva, en la Plaza de Chueca, y la ridícula Carrera de Tacones en Pelayo.Y disfrutamos con la cabalgata. Fueron unos días geniales.
A la semana del Orgullo en Madrid le siguió otra en Zaragoza, donde pude disfrutar de la Expo del Agua y de la compañía de mis maños preferidos.
No estuvieron mal las vacaciones. No me puedo quejar.
En agosto estuve con depreblog. Me costaba comentar, y actualizar, aunque aún sin perder interés por leer lo que escribían mis enlaces favoritos, mis amigos, y algún que otro bloguero mas.
En septiembre decidí adquirir un nuevo armario. La madera de Chueca.com, y mas tarde la de Ya.com. resultaron maderas de no muy buena calidad.
Tras profunda reflexión sobre si merecía la pena adquirir uno nuevo o era mejor sustituir su espacio por otros contenedores distintos, sucumbí a la tentación de construir un armario nuevo hecho con madera de un árbol acogedor llamado coctelera. Y recuperar el título de El armario abierto. Esperando, eso sí, que continuara dirigiéndome hacia donde el corazón te lleve...
En septiembre disfruté de una semana llena de emociones, mi primer viaje en avión, mi primer concierto de Madonna, un reencuentro como siempre muy especial con Orlando, y un primer encuentro con Chequebo. Fueron unos días fantásticos. De los que siempre va a recordar uno. Una pasada...
Como aperitivo, disfruté solito de la inauguración de la Bienal de Flamenco, y luego con Mikgel del concierto de Dulce Pontes y Estrella Morente, suspendido en la Expo por culpa del mal tiempo.
Con Orlando, su hermano y su cuñada, asistí al concierto de Madonna en el Estadio Olímpico. Aún recuerdo la que armamos en pleno verano para conseguir las entradas, una flipante y divertida odisea, que rozaba el frikismo.
El concierto fue sencillamente impresionante. Jamás pensé que me pusiera gustar tanto. Canté, bailé, grité, di saltos, casi me quedo afónico. Y repetimos en Valencia.
Para llegar allí superé mi primer viaje en avión. Y pasé allí unos días estupendos. La ciudad me encantó, y disfruté del segundo concierto de Madonna al lado del escenario.
Pero sobre todo lo mejor fue conocer en persona a Chequebó, un ser cálido y entrañable, muy buena gente, desprendido y simpático. Tuve la sensación de estar con alguien que conociera de toda la vida. Y encima hizo buenas migas con Orlando que, con su carácter aparentemente serio, no siempre es bien entendido de primeras. Al final hicimos un buen trío (sin sexo) recorriendo las calles de Valencia durante los días de nuestra estancia por aquellos lares.
En octubre, no tuve mas remedio que posicionarme en contra de las declaraciones de la reina Sofía contra los matrimonios gays. Comprobar que no es la reina de todos fue una gran decepción...
Además, celebramos con Pcj, Quijote y Shiquillo el cumpleaños de Mikgel, con quien he compartido este año bastantes ratos de actividad cultural, como la interactiva, divertida e interesante visita a la Bienal de Arte Contemporáneo en La Cartuja.
Por lo demás, el mes ofreció mas de lo habitual: rutina, monotonía, mucho curro, algo de gym, ninguna novedad.. Poca TV, poco PC, poco de los demás, poco de mi...
Fui de mala gana a la boda de una amiga. Quise beber y no olvidar.
De nuevo noches de ansiedad. El corazón siguió alterado. Sigue así.
Llevaba días sin saber de él, cuando un simple y literal "toc, toc" en forma de mensaje a mi teléfono móvil supuso una visita sorpresa de Orlando. Con esta inesperada aparición, disfruté de su compañía un buen y agradable rato, breve para lo que me hubiera gustado, pero como siempre intenso.
Algo que debe estar relacionado con esa complicidad y esa simbiosis de pensamientos, coincidencias y afinidades que Chequebo pudo observar en primera persona durante nuestra visita a Valencia.
Este mes quise aprovechar el blog para agradecer las cosas sencillas, simples momentos, inesperados instantes, detalles sin importancia que lo hacen más fácil. A los que hay que sumar actuaciones, costumbres o usos habituales que, cargados de sencillez, son también capaces de convertir algunos ratitos de nuestro cada día en auténticos oasis de microfelicidad.
Porque las cosas sencillas son las que dan sentido a nuestras vidas. Las complicadas... las que lo restan.
El año pasó rápido. Cuando quise darme cuenta llegó noviembre.
Un año sin rozar otra piel...
No, no necesito sexo, sino besos.
No echo de menos penetrar, sino entrar.
No ansío amar, sino que me amen.
Quizás por eso noviembre me deprimió aún mas que otros años. Se me desgarra el alma cada día 9. Y ahora, también, encima, me la araña cada día 25.
En los primeros días, noviembre me dejó huérfano y se llevó a mi madre. Años después, me rompió el corazón y se llevó el amor de Orlando, dejando vivo solo el mío.
Ha sido un tiempo en el que me costaba escribir. O decir. Hay cosas que ni siquiera soy capaz de explicar.
Ya no creo. Solo siento.
No pude ser mas optimista. Siento no confiar en mi. Siento decepcionar.
Sentía que se alejaban mis mocedades. Haber pasado mi vida como un naufrago. Pasaron las mañanas. Pasaron mis ventanas. Pasaron los besos. Me sentía.... me siento inseguro...
Tal vez por eso me dio por analizar lo peor de mi... lo mejor de mi... lo de humano que hay en mi...
Orlando me avisó de que estaría por Sevilla unos días, por cuestiones familiares, pero no podríamos vernos. Esta vez no hubo toc toc. Sí lo dieron entre semana los Pedros, para una hamburguesa rápida y un cine. Me gustó Women.
Agradecí a Tato su llamada (hacia siglos que no hablábamos) y el gran favor que me ha hecho Chequebo con el problema de las entradas de Valencia, la tarde-noche con Mikgel (mmmmm que rica la tarta de Il Forno) y la carta de Jagg. ¿Por qué me sentiré tan cercano a él si ni siquiera nos hemos visto nunca en persona?
Para que veáis que también resalto lo positivo, que evidentemente sois vosotros.
Si noviembre se me hizo un agreste, largo y triste camino marcado por ausencias y abandonos... diciembre se hizo laberinto de emociones encontradas por aniversarios, reencuentros y celebraciones...
Nuevo cumpleaños. Agradecí a todos los que se acordaron sus felicitaciones, en persona, por correo o mensaje. Especialmente a a Pcj, Crazy, Mikgel, Carlitos y Chema agradecí su compañía en Sevilla y sus regalos. Al igual que a Oliver, Alberto y Antonio, con quienes lo celebré en Madrid. Allí disfruté también de la compañía de Ekiots y Mugalari.
Un buen puente, a pesar del catarro y el mal tiempo, con muchas cenas, tiendas, y reencuentros. Además pude disfrutar de una noche de teatro en el Alcazar, donde representaban Un Dios salvaje, y de la exposición de Star Wars en Arte Canal.
Y al poco una Navidad tranquila y en familia, enganchado a Herederos por Internet, y a Gran Hermano. Asín de claro... una Navidad de poco salir salvo para hacer compras, y disfrutar de un reciente y agradable encuentro por el ambiente de Sevilla con David, Carlitos, Chema, Tomás y su novio. Poco mas.
Salvo propósitos.
Pero eso es cosa ya de un nuevo post, en un nuevo año.
En este último del 2008 tocaba hacer balance-resumen.
Así fue el año. Así me fue.
Hubo buenos y malos momentos.
Fueron mas los ratos de soledad, pero intensos los de compañía. Doy gracias por ello. Os doy las gracias.
A todos cuanto de alguna manera compartisteis mi vida. leísteis retazos de ella, la comentasteis... gracias.
A todos cuantos compartisteis conmigo la vuestra... gracias.
A todos, por cuanto compartimos este año.... muchas gracias.


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FELIZ NAVIDAD
Esta noche es Nochebuenaaaa... y mañana es Navidadaaad...
Ains, cuantas veces habré cantado eso de niño. Cuanto hace de aquel niño...
Yo fui un niño del Cuéntame.
De una época en la que el respeto por los mayores y por los profesores te venía de serie. Y no era raro vivir en vecindad. Cuando los niños sabíamos lo que era un “no”. Y se podía llegar a ser un gamberro pero raramente un vándalo.
Unos años en los que soñábamos con algo que nunca llegaba, aunque no por eso perdíamos la ilusión. Y sin tantas cosas a nuestro alrededor, pero donde todo era mas sencillo.
Un niño de los que tardaban en romper su inocencia. Un niño feliz hasta que la enfermedad y la muerte te hieren por dentro y hace que ya no vuelvas a ser el mismo.
Hasta entonces, la Navidad que recuerdo se plasma como gran celebración en familia, con mis padres, mi abuela, mis hermanos, sus parejas...
Villancicos coreados, visitas a los titos para pedirles el aguinaldo, vacaciones, comidas que no eran habituales el resto del año, torbellino de mantecados y turrones, disfraces, gorritos, risas, felicidad...
A algunos, esa inocencia infantil se nos queda dentro. Y aunque las circunstancias cambien, el espíritu de aquel tiempo brota como una invisible sudoración navideña que te hace sentir como el niño de aquel entonces.
Aunque ya sea todo distinto.
Aunque ya no haya nadie a quien pedir el aguinaldo, ni se sepa hoy que era eso.
Aunque ya no haya voces que sumar a la pandereta y la zambomba.
Aunque las vacaciones en la oficina no sean como las de colegio.
Aunque ya no estén tus padres, tu abuela, los titos...
La Navidad se va haciendo distinta conforme vas creciendo en edad. No la ves igual con 6 años que con 13, o con 17, o 24, u 32, que con 40...
De “normal”, cuando formas tu propia familia y tienes descendencia, revives aquellos momentos a través de tus propios hijos. Si no procreas, lo haces en parte gracias a los sobrinos o los hijos de los amigos. Y cuando éstos crecen... y sin la posibilidad de vivir la experiencia de los nietos... la Navidad quedará ya para siempre ausente de la inocencia mas infantil. Tan solo sobrevivirá en la poquita que quede dentro de uno mismo. Y la de los recuerdos.
La Navidad en pareja, aunque sea sin prole, heterosexual o gay, conlleva al menos compañía. Quizás se haga de un espíritu viajero, y probablemente se haga algo consumista, pero en todo caso será una Navidad de recuerdos compartidos, y en unión. El amor, la pasión, y el cariño se hacen esos días particular cuento de Navidad.
La Navidad solo, aunque haya algo de familia en la que refugiarse, se hace más difícil conforme avanzas en edad. Y se hace extremo en la ancianidad, cuando el peso de los recuerdos de las Navidades pasadas y la soledad imperante del presente se hace mirada de ojos cansados y vidriosos, de brillo apagado, en torno a un escenario de arrugas y agotamiento.
Todos pasamos por la primera de las Navidades. La cargada de inocencia y sencilla felicidad infantil. Incluso por la pandillera y juvenil de copas y grupos, de fiestas y enamoramientos.
Algunos en su madurez se hacen padres. Otros se hacen solo pareja. Y viven una Navidad de amores compartidos.
Hay quien se hace mayor en familia. Y quien ronda solitario. Con Navidades cargadas de recuerdos.
Se puede celebrar una Navidad sencilla y humilde, o marcada por el consumismo y la exageración. Se puede vivir una Navidad ultracristiana y hasta una Navidad laica. Intentar huir de ella o dejarse llevar.
Lo importante es que, se esté viviendo la Navidad que se esté viviendo, se haga de corazón.
A todos los que leáis esto... FELIZ NAVIDAD.


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TOCA
Tras comentar las vicisitudes vividas el pasado puente con motivo de mi cumpleaños, y tras varios días de pereza bloguera, aunque no tenga mucho que contar, ya llegado el invierno, en puertas de la Navidad y a punto de despedir el año, me decido a comenzar a escribir este post a las 9’20 de esta noche. El 22 de diciembre siempre ha sido un día especial para mi. Otros años lo he comentado en las páginas de este diario. Este también.
Escribo...
Un día como hoy la televisión nos muestra lágrimas de alegría y emoción en barrios obreros de ciudades y pueblos de distintos puntos de España. Personas que ven como la Lotería solventa problemas, aleja angustias, alivia preocupaciones, provoca entusiasmo y hace posible los sueños. La ilusión se hace realidad en ellos. Incluso si la cantidad que toca es poca, la alegría es inmensa.
Los premios están muy repartido. Me gusta eso. Que la fortuna se desparrame generosa, que abarque a muchos. Que llegue allí donde menos te lo esperas. Allí donde el destino hace sonreír la suerte.
Al menos una vez al año muchos españoles celebran a la vez que les pasea algo bueno. Abrazos y besos. Saltos. Descorche de cava. Sonrisas, asombros, emociones desatadas... y a mi, un año más, se me empañan los ojitos. Aunque no tenga la suerte de ser uno de ellos, me alegro y me emociono.
La probabilidad es de 1 entre 15 millones. Parece que no va a tocar nunca. Pero toca. Seguiremos con la esperanza de que llegue el momento en que sea a nosotros. O no.
Me acuerdo de seres queridos que ya no están y soñaban con lo mismo. Se fueron sin disfrutarlo. Sin lograrlo. Puede que sea mi caso. O no.
Celebremos que al menos hay buena salud.

Y entonces... dejo de escribir.
Aquí me detuve en la redacción del post.
De pronto recordé que en pocos minutos empezaban los dos capítulos que el Canal Plus ofrece los lunes de la serie Los Tudor y me dispongo a verlos.
Me detengo en el post para continuar mas tarde.
Olvido el móvil en otra habitación.
Me parece que suena.
Apenas suena últimamente. Ni siquiera para mensajitos. Me parece raro. ¿Quién podrá ser? Y en lunes...
Lo compruebo.
¡Anda! Una llamada pérdida de...
Le llamo.
Charlamos.
Me cuenta dos o tres cosas con absoluta normalidad de su devenir diario. Cosas que ha hecho. Cosas por hacer...
Y de pronto me lo suelta. Le ha tocado la lotería.
Me alegro por él.
Siguió el rito de comprar un décimo. Y tiene suerte.
Me hace ilusión.
No es un dineral, pero viene bien el pellizco. A mi me vendría que ni os cuento...
Me percato. Ya es oficial. Conozco a alguien que le ha tocado.
Toca.
Quien sabe si un día llamaré yo para dar la alegre noticia. O no.
Mientras tanto, continuaré viviendo un día como el de hoy. Y me seguiré alegrando y emocionando. Sobre todo si suena el móvil y una voz cercana te cuenta que ha sido afortunada...


 
CUMPLEAÑOS DE PUENTE
Tenía ganas de Madrid. La echaba de menos. Y pasar allí el puente y mi cumple se han convertido en toda una tradición.
El viernes salí de trabajar con el tiempo justo de pasar por casa para comer algo, recoger la maleta y tirar para la estación.
Nada mas llegar a Atocha en el Altaria -mucho mas barato y con solo un poquito mas de duración en el viaje- me apresuro para pillar el metro y dejar la maleta en casa de Orlando (a quien agradecí su hospitalidad y sobre todo el esfuerzo de salir a cenar después de tantas horas de guardia con un detallito de Hugo Boss que hallé por casualidad a muy buen precio). Le encontré tan guapo como siempre.
Sin cambiarnos, metro de nuevo hasta el Wok de Plaza España donde me cité con Alberto y su novio a los que no veía desde la Expo de Zaragoza. Muy guapos también con sus nuevos cortes de pelo.
Como me encanta regalar los sorprendí con unos detallitos navideños. Ya que este año no podríamos estar juntos como el anterior, por esas fechas, me resigné a dárselos con tanta antelación: el disco de Diana Navarro y unos ricos pestiñitos de chocolate, azúcar y miel de mi tierra para la parejita y una entrada de la obra de teatro Un Dios salvaje para Orlando.
El encuentro fue breve pero agradable. Me hacen sentir bien. Conversación entretenida, buena compañía, buen servicio, y la comida no estuvo mal. Lo mejor, sin duda, el envoltorio de mis detallitos: unas divertidas bolsitas de regalo que encontré con mariquitas que se abrían para escribir el nombre de la persona a la que va dirigida, el momento “¿cómo puedes saber quién es Chiqui de Gran Hermano y no saber quién es Obama?, pero sobre todo la anécdota de la parturienta que en la TV relató como su hijo, al nacer, “le comió el coño” (cuando en realidad quería decir que el bebe tragó mecomio).
La cena sirvió de frontera entre una cifra y otra en mi edad oficial, porque la aparente me siguen diciendo que es otra (aunque cada vez ésta también vaya subiendo).
Gracias por las felicitaciones de cuantos se acordaron de mi cumpleaños: Castigador y Cartier por Facebook; Pcj, Tato y Koeps, por teléfono; Juanse, Quijote, Judah y Juanjo por mensajitos, y Ekiots y Mugalari, en persona. A parte de la familia y alguno de mis ya mencionados amigos homófobos del sur. Muchas gracias a todos.
Y.... esto.... a quien no se acordó el sábado... pero llamó el lunes...ejem... que te voy a decir, Chequebo, chato, jajaja, que no pasa nada, hombre. Si yo también me despisto con estas cosas. Lo importante es que tuvieras el detalle de acordarte, aunque fuera tarde, y llamar para felicitarme. Muchas gracias.
Y gracias a los maños por sus regalos, una chaqueta gris de punto con camisa a juego de cuadros (es tendencia) de Zara que me encantaron.
Orlando por su parte, me sorprendió con tres cosméticos de la gama de Jean Paul Galtier monsieur y un jersey rojo de Purificación García que me encantó pero hube de descambiar porque mi decadente cuerpo no acepta, lamentablemente, ciertas prendas tan ajustadas. Lo sustituimos por otro mas holgado que me encantó aún mas que el anterior.
Entre eso y un pequeño percance con las llaves de casa, al final terminé por invitar a almorzar a Orlando en el Vips de Gran Vía a las 5 de la tarde tras varios intentos fallidos en locales de Chueca donde -ya nos enteramos para otra vez- las cocinas cierran a las 4.
Orlando tenía, de nuevo, que trabajar esa noche, así que aproveché para dejarle descansar algo y me cité en el Baires de Chueca con Alfredo y Aitor quienes, con un amigo, habían llegado días atrás a Madrid para pasar el puente. Que alegría verlos de nuevo.
Tras un cafelito y callejear algo por el Triball, acabamos tomando un refresco en el Eleven de Vázquez de Mella, donde un pianista ofrecía un popurrí de temas interpretados en un piano sobre el que se apoyaban -pululaban- dos petardas borrachas y un señor mayor algo beodo. Tras la experiencia, una cervecita rápida en el Stop Madrid mientras esperábamos a Alberto y su novio.
Aunque yo aún tenía un chivito de la pampa del almuerzo en Vips asomando junto a una de mis amígdalas, me resigné a comer de nuevo en el Modern Dining Room, local que aún no había conocido y me encantó. Lo recomiendo encarecidamente.
Cenamos estupendamente, el ambiente era inmejorable, y encima nos atendió un camarero monísimo que me encandiló (de los que me gustan, bajito, con orejas, guapito) y muy divertido, que tuvo la amabilidad de invitarnos a una botella de cava cuando los vasquitos le comentaron que celebrábamos mi cumpleaños. Botella por cierto, que en gran parte me bebí yo y que me temo con la media borrachera no agradecí con propina suficiente. Habrá que volver.
Mientras los vasquitos, con su compañero de correrías oseznas, aprovechaban la noche de bears y se iban de marcha, los maños se volvieron a su céntrica casita, y yo corrí para pillar el último metro hasta Pensión Orlando. Pasé la noche solito y aunque no hube de pelear por un trozo de manta y edredón con el que taparme tardé en dormirme por un repentino enfriamiento que me dejó tocado el resto del puente. Hasta el punto de no poder acudir a desayunar con Ekiots al Cacao Sampaca. De hecho no volví a salir hasta por la noche, tras varios Frenadol.
A causa de la lluvia decidimos no deambular por ahí y refugiarnos en la Fnac de Callao, para luego cenar en el cercano Public junto a Antonio y Alberto, que no lo conocían, y en el que coincidimos con el actor Paco León. Ya es todo un clásico nuestra caza del famoso. Al protagonista a Aida, este año sumamos Santi Millán y Juan Diego Botto.
Después del Public, intentamos tomar algo el Mama Inés, pero no había mesa. Terminamos tomando una copita en el XXX, en el que tampoco había estado antes. Y de nuevo vuelta a casa antes del último metro.
Los maños no son mucho de trasnochar, y al final no tuve noticias de Luis, junto al que nos habría apetecido pasar una noche en Boite. Total que... pa casa.
Al día siguiente un poquito de Ana Rosa... un poquito de Gran Hermano... un poquito de Fama... y un poquito de Vulcano. Es que mi vida está llena de contrastes.
Como el día anterior no se animó quedamos con los vasquitos y él para un café por la Plaza de Santa Ana, en una de esas cafeterías llenas de señoras mayores que le encantaría a Pcj. Solo un rato, pues teníamos representación de teatro por la tarde. Consuela saber que vendrá por Sevilla para Navidad.
La obra del Alcazar, Un Dios salvaje, estuvo genial por las interpretaciones de Maribel Verdú, Aitana Sánchez Gijón, Pere Ponce y Antonio Molero, aunque me la esperaba mas divertida. Pero bueno, no estuvo mal.
Después de un paseo por la Plaza Mayor y las calles del centro para ver las luces de Navidad (que se me han antojado este año mas pobres) cenamos en El Original de Chueca donde el baño me encantó, la decoración me pareció interesante, pero la comida no me dijo nada. No creo que vuelva.
El martes me sentí culpable por contagiarle el resfriado a Orlando quien se mostró muy callado todo el día, cosa que me hace sentir inseguro por si le incomodo. Esta vez no fui yo el de la “manuregla”.
Como el día se presentó desapacible acabamos dando vueltas en el centro comercial La Vaguada y el Corte Ingles de Nuevos Ministerios (o el reino de las firmas...). Allí decidí dejarle descansar un rato de mi compañía y aproveché para comprar por Fuencarral algunos regalos de Reyes, algo de “material marica” en City (un par de libros de Odisea que escasean en Sevilla) y despedirme de Alberto y su novio en el Encuentros de Chueca, donde habían quedado con unos amigos.
Me volví tristón a casa de Orlando quien siguió muy callado el resto de la noche. Nos despedimos antes de dormir, pues él trabajaba temprano y ya no lo iba a ver al salir yo de su casa. Al día siguiente apenas me dio tiempo para ver la exposición de Star Wars en Arte Canal y poco mas.
Salí a primera hora de la tarde en el Altaria, con la habitual sensación de emociones encontradas, dando las gracias por volver a estar con la gente que quiero, por disfrutar de su compañía en esos días -tranquilos y sin excesos festivos, pero agradables- y pensando en aquellos que finalmente no pude ver.
Avanzaba el tren y desde la ventana veía alejarse, entre emociones y recuerdos, el paisaje de la gran ciudad y con él otros paisajes interiores.
Es un momento familiar. Se empañan algo mis ojos y un nudo se acomoda en la garganta.
Pienso cuando será la próxima vez que se repitan los días y los paisajes.


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LLEGA DICIEMBRE

Llegó diciembre.
Si noviembre se me hace un agreste, largo y triste camino marcado por ausencias y abandonos... el nuevo mes se hace laberinto de emociones encontradas por aniversarios, reencuentros y celebraciones...
Poco he de decir en este diario sobre mis últimos tiempos. He muerto un poco mas en todos estos días, sobreviví en algunos, y reviví en otros.
Nuevo cumpleaños. Mas que celebración es un simple recuerdo que gusto de pasar con los que no dejan del todo de estar ahí.
Gracias a Pcj, Crazy, Mikgel, Carlitos y Chema por compartir dulces y batidos en casa la otra tarde. Gracias por la peli de Sexo en Nueva York, el libro de El canalla sentimental, de Jaime Bailey, y El Blog del inquisidor de Lorenzo Silva. Me autoregalé algo de ropa.
Gracias por pasaros por casa, por el tapeo en La sopa boba de Pl. Europa, por la cena en Il Forno y las copas en el Café Alameda.
El día antes estuvo por aquí Orlando. Como siempre recargué pilas almorzando en Boreas, cafeteando en el London de Trajano (flipamos con el aparente cuarto oscuro iluminado), y de compras.
No estuvo mal el finde, después de tantos encerrado.
Ahora me espera un puente en Madrid que espero sea agradable. Necesito distraerme. Me esperan Orlando, Alberto y su chico, Vulcanito y el suyo (aunque sea un ratito) y algún que otro bloguero, espero.
Su compañía y... espectáculos, exposiciones, algo de familia, frío, comiditas, luces de Navidad, ambiente, brindar en pleno cumple...
Echaré de menos a otros, como a Chequebo.
Ya os contaré.

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