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DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
El armario abierto muestra las CONFESIONES A UN DIARIO INDISCRETO
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El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Sois ya los que os pasais por aqui... Web Site Counter
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VACACIONES EN SEPTIEMBRE
Tras varias semanas en las que fue absolutamente imposible acceder a los blogs de Chueca y de Ya.com, con impotencia y desesperación, sobre todo por no poder despedir este espacio y dejar de leer algunos otros, resulta que esto vuelve a funcionar. Pero yo ya me he decidido a mudarme para evitar situaciones como las que se han dado mas de una vez en esta plataforma a la que siempre guardaré cariño por lo que supuso desde sus inicios.
Mientras haya capacidad y tenga oportunidad publicaré también por aquí, aunque os comunico que el armario abrió de nuevo sus puertas en esta nueva dirección:

http://www.lacoctelera.com/elarmarioabierto

Estáis todos invitados.
Así que podríamos decir que, tanto por aquí y como por allí compartiremos... nueva temporada.

Para comenzar este nuevo caminar por los blogs... un recuerdo a mis segundas y aún recientes vacaciones.
Una semana llena de emociones, mi primer viaje en avión, mi primer concierto de Madonna, un reencuentro como siempre muy especial con Orlando, y un primer encuentro con cierto valenciano por aquí enlazado...
Han sido unos días fantásticos. De los que siempre va a recordar uno. Una pasada...
Con mucha vista, reservé una semana de septiembre (del 15 al 21) tras disfrutar del grueso de las vacaciones en julio disfrutadas en tierras de Madrid, durante la Semana del Orgullo, y Zaragoza, con su Expo del Agua.
Como aperitivo el miércoles anterior me fui solito a la Plaza de San Francisco donde tenía lugar la inauguración de la Bienal de Flamenco, un espectáculo gratuito con el impresionante toque de guitarra de Manolo Sanlucar, acompañado de orquesta, un coro de voces muy originales de mujeres búlgaras, el baile de Cristina Hoyos, Israel Galván, Juan de Juan, voces flamenquitas y mucho arte.
Lo cierto es que, a pesar de vivir en Sevilla y de tantos años ya de Bienal, nunca había asistido a nada similar. Y me gustó bastante. Además me sirvió de ensayo para las siguientes citas musicales, con bastantes horas de pie.
El sábado siguiente acudí con Mikgel al concierto que finalmente no pude disfrutar en la Expo por culpa del mal tiempo, que obligó allí a su suspensión, con Dulce Pontes y Estrella Morente.
Sencillamente delicioso. Dulce Estrella cerraba su gira de verano en el auditorio de Sevilla donde 6.000 personas disfrutamos con unas voces increíbles. Aún recuerdo como se me pusieron los vellos de punta, que voces... que mujeres...que sensibilidad... que fuerza... cómo me emocioné...
Fue como si empezarán a calentar motores.
A partir de entonces un no parar.
Orlando llegó el domingo, día que dediqué a limpiar un poquito la casa en previsión de que se quedara a dormir como así ocurrió.
El lunes, desde medio día, estuvimos juntos por ahí dando vueltas sin parar hasta las tantas. Desayunamos en el Modernist, fuimos de compras, hicimos un poquito de turismo, tapeamos por la Alameda, tuvimos tiempo hasta de ir a la pelu a que se retocara un poco la melenita. Ya a las tantas lo dejé con su hermano y volví a casa para preparar la maleta.
El martes, nerviosito perdido, esperé a que me recogieran en coche para dirigirnos al concierto de Madonna en el Estadio Olímpico.
Aún recuerdo la que armamos en pleno verano para conseguir las entradas. Mejor me lo reservo porque fue una odisea flipante, rozando el frikismo, pero muy divertida.
Como aficionado a todo tipo de música, yo a Madonna la conozco desde siempre. Me crié con sus inicios y he sido testigo de su evolución. Cualquiera que pase de los 30 es inevitable que recuerde alguna que otra canción de ella. Pero nunca me consideré fan acérrimo o loco seguidor de la divina. Hasta ahora.
Conservaba algún que otro disco de ella en casa, guardaba muchas canciones en la memoria, y tenía curiosidad por ver alguno de sus conciertos, aunque no imaginaba que me fuera a ver tan implicado en esta auténtica locura desatada con su visita a España.
La culpa la tiene Orlando, fan de toda la vida, quien me fue poco a poco metiendo el venenillo este de la ambición rubia en el cuerpo.
Acabé por bajarme sus canciones, aprenderme las letras, descargarme el DVD de su última gira, empaparme bien de su trayectoria y hacerme habitual de foros sobre ella.
Todo ello ante el rumor preveraniego de que su nueva gira, el Sticky and Sweet Tour, podía pasar por España.
Ante el hueco evidente que se hacía entre las fechas de Lisboa y Paris, reservé -como comenté antes- días de permiso en torno a las fechas que probablemente acogieran un concierto en Madrid o Barcelona (donde hasta ahora siempre se celebraban estos conciertazos), con la esperanza de que finalmente viniera. En caso contrario, la alternativa era aprovechar estos días para ir a Madrid al concierto de Mónica Naranjo.
La sorpresa fue que se confirmara la llegada de Madonna, pero a Valencia, el 18 de septiembre. Acerté en coger esa semana de vacaciones.
Rápidamente empecé el operativo reservando hotel céntrico, billetes de tren, y avisando al bueno de Chequebo de que iba para su tierra. En un principio iban a acompañarnos unos familiares de él y una amiga a los que finalmente les fue imposible. Tampoco se animaron Koeps o Alberto.
Toda una odisea fue el capítulo de lograr entradas. Me di un madrugón de impresión en la cola de la Fnac para ser de los primeros en acceder a la compra el día que se pusieron a la venta (menos mal que me pilló de permiso), mientras Orlando lo intentaba a través del teléfono y el PC, luchando por unas preferentes que finalmente conseguí yo.
Cuando creíamos que ya estaba todo solucionado recibimos el notición de que actuaría dos días antes, el 16 de septiembre, pero no en Madrid como se había anunciado (y a donde me disponía a ir yo para salir juntos hacia Valencia) sino ¡¡¡en Sevilla!!!. Y claro, si viene aquí ¿no vas a ir?...
De modo que oooooootra vez operativo en marcha: anular mi billete de AVE (ahora era él quien bajaría para ir al concierto y salir juntos desde aquí hacia Valencia), cambiar los de tren por los de avión para ganar tiempo el día posterior en dirección a levante, y luchar de nuevo por entradas. Esta vez de grada en donde nos acompañarían unos familiares suyos.
Un jaleo. Rozando lo friki. Pero fue bonito. Y muy divertido.
La ilusión de las vísperas, de preparar, de organizar, los nervios, la espera... conlleva un estado de expectación que aporta mucha satisfacción.
Me sentí como un quinceañero todo este tiempo. Pero nada comparable a los días de concierto.
Como os comenté antes, llegó el martes señalado y tras dejar el coche en un parking nos subimos al autobús lanzadera que nos llevó en menos de cinco minutos al estadio.
Tremendo el ambiente, impresionante el aspecto del estadio, magnífica la organización, sin problemas para ir al servicio, con tiempo para beber algo e incluso comernos un par de hamburguesas que te calentaban en microondas, hacernos fotos, bailotear con la telonera Robin y su canción del “tiky, tiky”, escuchar al dj Wally Lopez, hacerle fotos al guapo de Aitor Trigos mientras pedía en el bar situado a nuestros pies, posar con algún que otro friki disfrazado, e inmortalizar a algún que otro famoso cercano a nuestro asiento como Boris Izaguirre, Lucía Bosé o Vicky Martín Berrocal, sorprendentemente entremezclados en las mismas gradas que nosotros y no en una zona VIP.
La presencia del famoseo se debió a la presentación en Sevilla a los pocos días de la revista Vanity Fair, con un fiestorro en la Casa de Pilatos, donde vivió Nati Abascal muchos años por su matrimonio con el Duque de Medina, y a la que acudieron muchos otros famosos. Entre ellos, curiosamente, el auténtico Orlando Bloom. Que cosas, oye...
Y tras un breve retraso, se apagaron las luces del estadio. Y comenzó el show.
Sencillamente IMPRESIONANTE.
Jamás pensé que me pusiera gustar tanto.
Canté, bailé, grité, di saltos, casi me quedo afónico, y disfruté como una quinceañera abrazada a su carpetita con las fotos de sus ídolos (entre ellos Madonna y Orlando Bloom, claro, jajajaja).
El caso es que me dejé llevar por una efervescencia generalizada y una histeria colectiva disparada desde el primer momento que se la vio aparecer. Un delirio inusitado hacia una mujer de 50 años pero con una capacidad física que ya quisieran muchos veinteañeros y un espectáculo increíble de luces, sonido, imágenes, baile y puesta en escena.
Algo que difícilmente voy a poder olvidar.
Y aún quedaba el segundo concierto... y Valencia... y Chequebo...


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