VALENCIA (II)
¿No os pasa que en una noche de amor y sexo, tras el ímpetu y la apresurada pasión de la primera vez, al repetir al poco una segunda pasión mas pausada pero igual de intensa, es verdaderamente cuando más disfrutáis del momento?
Algo parecido nos pasó con los conciertos de Madonna. Ya sabíamos como era el espectáculo. Habíamos bailado, cantado, aullado, aplaudido y vitoreado con la ambición rubia el martes desde las gradas del Estadio Olímpico sevillano plenamente satisfechos con la estupenda organización de Doctor Music. Su tour nos había desvirgado.
Pero el jueves, allí en Cheste, a pesar del mal sabor de boca e incomodidades de la nula organización de Music Community, el espectáculo en sí, el vernos tan cerca de ella, en medio de la abrumadora sucesión de luces, efectos, videos, bailes, música, rayos laser, gritos, voces, ... es como si formáramos parte del espectáculo, y se nos pasaron las dos horas de concierto casi sin darnos cuenta. Disfrutando como esa adolescente que, según Orlando, siempre seré. Pero él no se quedó atrás, aunque ya dejara de ser el gitanito de por la tarde para convertirse -mas tapadito- en el entusiasmado fan que siempre fue. Solo me podría imaginar qué sentía verdaderamente si en mis años de primera juventud hubiera conseguido asistir a un concierto de Mecano. Pero seguro que me acerco, porque yo sin ser tan ferviente seguidor, me lo pasé de escándalo. Ojalá se pueda repetir.
Cuando las letras del Game Over pusieron fin al show, me entró un poco de cosilla. Acabó todo. Desde julio pendientes de ello, organizando, ilusionados con la espera y las vísperas, pendientes de cuantas noticias surgían sobre la gira y los conciertos de Sevilla y Valencia... y en apenas un par de días todo había pasado.
Cansados pero felices nos dispusimos a marchar. El desalojo fue tan desorganizado como la entrada. Vimos el cielo abierto cuando apareció ante nosotros Chequebo con dos bocadillos de jamón (privilegios de tener buenos contactos con los encargados del avituallamiento) que nos vino como anillo al dedo, pues el hambre a esa hora de la noche ya era considerable, y temíamos no encontrar nada abierto al volver a la capital.
Tras despedirnos de él y sus amigos, a punto de abandonar aquel descampado lleno de restos, nos encontramos de vuelta a la estación (¡que casualidad!) con las bollitos de Albacete, con un par de fans de Alicante que coincidieron con nosotros en la zona de prefente, y con Verónica Electrónica, la "doble oficial" de Madonna, una rubia sevillana muy simpática con la que coincidimos en el vuelo de venida y a la que enganchamos rápidamente para hacernos una divertida foto. Que frikis somos.
Afortunadamente no tuvimos problemas para volver en el tren, incluso fuimos sentados, aunque sin la misma suerte en el metro. De todas formas el regreso no se hizo demasiado largo. Fue lo único bien organizado del concierto. Eso sí, íbamos derrotados. Demasiadas emociones y unos cuerpos castigados de todo el día nos hicieron abandonar la idea de acudir a la fiesta que Divina Madonna organizaba en la terraza l´umbracle, como ya hicimos en Sevilla. Y eso que también para la de Valencia teníamos entradas gratis. Pero era impensable. No podíamos con nuestras almas. De modo que preferimos volver al hotel y descansar para el día siguiente.
El viernes fue otro día de aúpa. A pesar del cansancio no conseguimos dormir hasta muy tarde pues la tempranera limpieza del hotel era muy escandalosa. De modo que a mediodía ya pateábamos el centro. Aprovechamos para recorrer varias calles, visitar los monumentos cercanos, y hacernos fotos en la Plaza de la Virgen, en la Plaza de la Reina, el Miguelete, la Plaza de la Almaina, los alrededores de la catedral, y las Torres de Serrano.
En ese punto nos recogió Chequebo con su coche. El plan era acercarnos a la playa para comer a la orillita del Mediterráneo. Y el lugar elegido la arroseria de L´Estibador en la Playa del Pinedo donde Chequebo tuvo la amabilidad y el detallazo de invitarnos.
El sitio nos encantó, con sus excelentes vistas, decoración marinera, un ambiente tan agradable y una clientela muy variada: hombres de negocios, reuniones de amigos, parejitas, gays maduritos y otros algo más jóvenes, algunas señoras, y nosotros tres... Fue muy curioso degustar allí su riquísimo arroz con mariscos, una fuente de chipirones, algo de ensalada y postre de chocolate, en un ambiente acogedor y de muy buen gusto, mientras sus grandes ventanales abiertos a la playa dejaban ver a los bañistas practicando nudismo y disfrutando del sol y la brisa de la tarde.
Y mas curioso resultó que a los pocos metros resultara estar cierta fábrica frecuentada por los aficionados al cruising, en la que por supuesto no entramos -camino del mirador de la playa- pero en la que era evidente cierta actividad. Sucedió lo mismo entre las dunas de la playa, entre las que divagaban algunos chicos sin ropa.
Tras andar un ratillo por su paseo y hacernos unas fotos en el mirador desde el que se veía una bonita vista de la zona lejana del puerto y el Mediterráneo, regresamos a Valencia con el propósito de visitar la Ciudad del las Artes y las Ciencias. Pero nadie nos advirtió que cerraban las taquillas a las 5 de la tarde, a pesar de haberlas reservado convenientemente. De modo que pudimos hacernos fotos en ese enclave tan visualmente atractivo y ver una peli sobre fondos marinos en el Imax de l´hemisferic (en la que casi acabamos sobando), pero nos quedamos con las ganas de disfrutar de l´oceanografic. Un disgustazo debido a la incompetencia de los responsables de la venta de entradas que no informaron bien.
Tras perder el tiempo en intentar solucionarlo, infructuosamente, al final se nos echó el tiempo encima y tampoco pude darle un toque a Alexander para ver si podíamos al menos tomar un café. Me supo mal. Quizás una próxima vez.
Por la noche, aproveché que Orlando fue a comprar unos detallitos para sus compañeros de curro para descansar brevemente en el hotel. Tras arreglarnos, nos propusimos corresponder a la invitación de Chequebo con otra para cenar en algún italiano chulo. Pero las indicaciones de un amigo suyo no fueron muy acertadas y acabamos en La Vita e bella, una pizzería muy céntrica pero mas dirigida a comida rápida de turistas que a otra cosa. No era el concepto que teníamos, ya que buscábamos algo mas chic, pero bueno, disfrutamos juntos de la animada cena que era lo importante, aunque a mi ya me rondaba la manuregla.
Decidimos buscar un postre de mejor calidad en la Chocolatería Valor, donde nos dejamos llevar por sus riquísimas mousses (¿Pero por qué aquí en Sevilla no hay Valor, por queeeeeeeeeeeeeeeeeeé.....?) y los personajes frikis que por alli pululaban.
Una vez bien cenados y chocolateados, iniciamos nuestra noche de marcha por el ambiente, donde reconocí a uno de los protagonistas de Lo que surja. Orlando se marchaba para Madrid a primera hora de la mañana, de modo que la intención era aguantar toda la noche fuera, ir de copas y luego de discoteca. De modo que, para empezar, nos dirigimos al ADN. Allí se me empezaron a subir las coronitas y la manuregla.
El sitio no estaba mal pero esa noche estaba demasiado empetado de gente, con una variada fauna homosexual en su interior, entre ellos un intento de drag tipo pelocho que nos dio flyers para Deseo 54. Hasta allí nos dirigimos tras un buen rato, aunque yo iba con cierto miedo a lo que me iba a encontrar, pues ya Chequebo me había comentado que el local era muy frecuentado por jovencitos la noche de los viernes.
Confieso que, aunque me siento superbien rodeado de gente mas joven que yo, e incluso manteniendo una relación sentimental con alguien mucho más joven, no puedo evitar sentirme incómodo y como fuera de lugar si estoy sin pareja entre tanto jovencito desconocido. Nuse, es como si creyera que todos me ven como una especie de viejo verde o algo así. De modo que cuando en el camino nos cruzamos con una pareja de jovencitos que en voz alta decía algo así como: "a partir de los 30 ya son viejos..." me sentí un poco mal.
Cuando llegamos a Deseo 54 aún se podía uno mover algo por allí, pero se puso enseguida hasta las trancas. Nada mas entrar nos encontramos con un fotocool en el que nos invitaron a posar. No, no es que seamos gente de la farándula o el famoseo, aunque tengamos ciertos contactos, por profesión o amistad. Simplemente invitaban a todos los que llegaban a posar. Y es que esa noche se celebraba la elección de Chulo Zero Valencia, un evento organizado por la revista Zero. De ahí el fotocool, el fotógrafo del interior y la grabación del video. Ni que decir tiene que procuramos huir de todo ello, sin escondernos. Aunque hubiera tenido gracia vernos luego en las fotos de la publicación, lo confieso.
La elección de chulazo fue divertida. Enseguida adiviné quien sería el elegido entre los que se presentaban, coincidiendo conmigo Orlando. Llegué a la conclusión de que seríamos un buen jurado. Chequebo, por su parte, se dejó llevar más por su naturaleza y votó por otro que le molaba más para él.
La divertida amalgama de musculocos, pasivas extremas, cuasi aún adolescentes, tímidos, listillos, inmigrantes del este, paquetones, culazos, monillos, y guapos, hicieron su papel como pudieron alentados por un presentador picarón y un público entregado. El momentazo de la noche fue la indisimulada erección de uno de los participantes, ¡vaya tranca!.
La música no estuvo mal, el ambiente tranquilo salvo por los comprensibles empujones de la tantísima gente al moverse y dos bollos pesadas -y pasadas de todo- insoportables dando el coñazo, algún que otro fan de Madonna aún con la camiseta puesta y una performance muy curiosa de varios go gos entre los que destacaba un personaje fascinante tipo travello poniendo caritas y de caracterización fascinante.
El momento grande vino cuando Orlando regresó del servicio con una sonrisa de oreja a oreja y me pone delante de los ojos su móvil donde aparecía en una foto con mi adorada Maria Amparo de Supermodelo. No me lo podía creer. Se la encontró al salir del baño y la reconoció aunque se había teñido el pelo, y le faltó tiempo para pedirle que posara con él, claro. Con lo que a mi me gusta una foto de esas... lo odio, lo odio...
Era lo que me faltaba a esas horas ya de la noche, con la manuregla por las nubes, viendo que se acercaba el momento de despedirnos... Sí, me puse tristón. Lo notó incluso Chequebo, que aguantó como un jabato. Aunque al final todos estábamos ya cansados y antes de clarear nos marchamos.
Orlando marchó temprano para la estación. Fue como siempre duro separarme de él. Me regaló una piruleta y una tabletita de chocolate como despedida, quizás como intento de dejarme mejor sabor de boca. Como si le hiciera falta...
Tras su marcha, apenas pude dormir algo. Entre el zumbido de la cabeza motivado por la noche de discomarcha, el poco tiempo que quedaba para la hora de abandonar el hotel, y el mucho pensar en aquellos días... casi no dormí.
Mientras esperaba que Chequebo regresara al mundo de los vivos, dejé las maletas en consigna, di una vuelta por una calle comercial, y me compré una camisa en Zara y unos detallitos para la family. Tras aparecer, al fin, me llevó a su estupenda casa donde, amablemente, me acogió aquella última noche.
Comimos en un bar cercano donde mantuvimos una sincera e intima conversación sobre nuestros respectivos sentimientos, inquietudes, experiencias... Fue agradable, muy agradable. Y especialmente satisfactorio cuando me hablo tan bien sobre Orlando, alabó mi buen gusto, comprendió mi compromiso personal en seguir en contacto con él y sobre todo, advirtió esa complicidad que aún después de terminar la relación aún mantenemos. Solo con mirarnos nos basta para entendernos. Cómo dejar de mirar esos ojos...
Después de una breve siesta, tuvimos una noche muy hetero. Tras una rápida cervecita con su grupo de amigos (interesadísimos por todo lo que rodea a los gayers que rodean a su amigo de siempre, recién salido del armario) y cena tranquila en un Gambrinus acompañado por el que se me antojó mas apañao de ellos (uuf, esa carne a la piedra, que ricaaaaaaa.... ) y una copa por la zona de Canovas, regresamos a casa.
Al día siguiente me acompañó a la estación. Desayunamos juntos en la última conversación mirándonos a lo ojos en quien sabe cuánto tiempo. Al poco, lo despedí con cierta penilla esperando se animara a venir por el sur algún día y monté en el tren camino de Sevilla. Me esperaban muchas horas para recordar cada minuto de esos magníficos días y un largo itinerario con muchas paradas en la ruta: Albacete, Andujar... que me impedían dejar de pensar en personas, momentos, situaciones, ausencias, esencias, deseos, pasiones, sueños...
Una mascletà de pensamientos y emociones en mi mente y en mi corazón que no me abandonan.
Como esta canción. Me hizo llorar la primera vez que la oí. Me emocionó en Sevilla. Y en Valencia. La sigo escuchando. Y pienso en la gente que quiero. La gente que debo querer.
Os quiero.
Algo parecido nos pasó con los conciertos de Madonna. Ya sabíamos como era el espectáculo. Habíamos bailado, cantado, aullado, aplaudido y vitoreado con la ambición rubia el martes desde las gradas del Estadio Olímpico sevillano plenamente satisfechos con la estupenda organización de Doctor Music. Su tour nos había desvirgado.
Pero el jueves, allí en Cheste, a pesar del mal sabor de boca e incomodidades de la nula organización de Music Community, el espectáculo en sí, el vernos tan cerca de ella, en medio de la abrumadora sucesión de luces, efectos, videos, bailes, música, rayos laser, gritos, voces, ... es como si formáramos parte del espectáculo, y se nos pasaron las dos horas de concierto casi sin darnos cuenta. Disfrutando como esa adolescente que, según Orlando, siempre seré. Pero él no se quedó atrás, aunque ya dejara de ser el gitanito de por la tarde para convertirse -mas tapadito- en el entusiasmado fan que siempre fue. Solo me podría imaginar qué sentía verdaderamente si en mis años de primera juventud hubiera conseguido asistir a un concierto de Mecano. Pero seguro que me acerco, porque yo sin ser tan ferviente seguidor, me lo pasé de escándalo. Ojalá se pueda repetir.
Cuando las letras del Game Over pusieron fin al show, me entró un poco de cosilla. Acabó todo. Desde julio pendientes de ello, organizando, ilusionados con la espera y las vísperas, pendientes de cuantas noticias surgían sobre la gira y los conciertos de Sevilla y Valencia... y en apenas un par de días todo había pasado.
Cansados pero felices nos dispusimos a marchar. El desalojo fue tan desorganizado como la entrada. Vimos el cielo abierto cuando apareció ante nosotros Chequebo con dos bocadillos de jamón (privilegios de tener buenos contactos con los encargados del avituallamiento) que nos vino como anillo al dedo, pues el hambre a esa hora de la noche ya era considerable, y temíamos no encontrar nada abierto al volver a la capital.
Tras despedirnos de él y sus amigos, a punto de abandonar aquel descampado lleno de restos, nos encontramos de vuelta a la estación (¡que casualidad!) con las bollitos de Albacete, con un par de fans de Alicante que coincidieron con nosotros en la zona de prefente, y con Verónica Electrónica, la "doble oficial" de Madonna, una rubia sevillana muy simpática con la que coincidimos en el vuelo de venida y a la que enganchamos rápidamente para hacernos una divertida foto. Que frikis somos.
Afortunadamente no tuvimos problemas para volver en el tren, incluso fuimos sentados, aunque sin la misma suerte en el metro. De todas formas el regreso no se hizo demasiado largo. Fue lo único bien organizado del concierto. Eso sí, íbamos derrotados. Demasiadas emociones y unos cuerpos castigados de todo el día nos hicieron abandonar la idea de acudir a la fiesta que Divina Madonna organizaba en la terraza l´umbracle, como ya hicimos en Sevilla. Y eso que también para la de Valencia teníamos entradas gratis. Pero era impensable. No podíamos con nuestras almas. De modo que preferimos volver al hotel y descansar para el día siguiente.
El viernes fue otro día de aúpa. A pesar del cansancio no conseguimos dormir hasta muy tarde pues la tempranera limpieza del hotel era muy escandalosa. De modo que a mediodía ya pateábamos el centro. Aprovechamos para recorrer varias calles, visitar los monumentos cercanos, y hacernos fotos en la Plaza de la Virgen, en la Plaza de la Reina, el Miguelete, la Plaza de la Almaina, los alrededores de la catedral, y las Torres de Serrano.
En ese punto nos recogió Chequebo con su coche. El plan era acercarnos a la playa para comer a la orillita del Mediterráneo. Y el lugar elegido la arroseria de L´Estibador en la Playa del Pinedo donde Chequebo tuvo la amabilidad y el detallazo de invitarnos.
El sitio nos encantó, con sus excelentes vistas, decoración marinera, un ambiente tan agradable y una clientela muy variada: hombres de negocios, reuniones de amigos, parejitas, gays maduritos y otros algo más jóvenes, algunas señoras, y nosotros tres... Fue muy curioso degustar allí su riquísimo arroz con mariscos, una fuente de chipirones, algo de ensalada y postre de chocolate, en un ambiente acogedor y de muy buen gusto, mientras sus grandes ventanales abiertos a la playa dejaban ver a los bañistas practicando nudismo y disfrutando del sol y la brisa de la tarde.
Y mas curioso resultó que a los pocos metros resultara estar cierta fábrica frecuentada por los aficionados al cruising, en la que por supuesto no entramos -camino del mirador de la playa- pero en la que era evidente cierta actividad. Sucedió lo mismo entre las dunas de la playa, entre las que divagaban algunos chicos sin ropa.
Tras andar un ratillo por su paseo y hacernos unas fotos en el mirador desde el que se veía una bonita vista de la zona lejana del puerto y el Mediterráneo, regresamos a Valencia con el propósito de visitar la Ciudad del las Artes y las Ciencias. Pero nadie nos advirtió que cerraban las taquillas a las 5 de la tarde, a pesar de haberlas reservado convenientemente. De modo que pudimos hacernos fotos en ese enclave tan visualmente atractivo y ver una peli sobre fondos marinos en el Imax de l´hemisferic (en la que casi acabamos sobando), pero nos quedamos con las ganas de disfrutar de l´oceanografic. Un disgustazo debido a la incompetencia de los responsables de la venta de entradas que no informaron bien.
Tras perder el tiempo en intentar solucionarlo, infructuosamente, al final se nos echó el tiempo encima y tampoco pude darle un toque a Alexander para ver si podíamos al menos tomar un café. Me supo mal. Quizás una próxima vez.
Por la noche, aproveché que Orlando fue a comprar unos detallitos para sus compañeros de curro para descansar brevemente en el hotel. Tras arreglarnos, nos propusimos corresponder a la invitación de Chequebo con otra para cenar en algún italiano chulo. Pero las indicaciones de un amigo suyo no fueron muy acertadas y acabamos en La Vita e bella, una pizzería muy céntrica pero mas dirigida a comida rápida de turistas que a otra cosa. No era el concepto que teníamos, ya que buscábamos algo mas chic, pero bueno, disfrutamos juntos de la animada cena que era lo importante, aunque a mi ya me rondaba la manuregla.
Decidimos buscar un postre de mejor calidad en la Chocolatería Valor, donde nos dejamos llevar por sus riquísimas mousses (¿Pero por qué aquí en Sevilla no hay Valor, por queeeeeeeeeeeeeeeeeeé.....?) y los personajes frikis que por alli pululaban.
Una vez bien cenados y chocolateados, iniciamos nuestra noche de marcha por el ambiente, donde reconocí a uno de los protagonistas de Lo que surja. Orlando se marchaba para Madrid a primera hora de la mañana, de modo que la intención era aguantar toda la noche fuera, ir de copas y luego de discoteca. De modo que, para empezar, nos dirigimos al ADN. Allí se me empezaron a subir las coronitas y la manuregla.
El sitio no estaba mal pero esa noche estaba demasiado empetado de gente, con una variada fauna homosexual en su interior, entre ellos un intento de drag tipo pelocho que nos dio flyers para Deseo 54. Hasta allí nos dirigimos tras un buen rato, aunque yo iba con cierto miedo a lo que me iba a encontrar, pues ya Chequebo me había comentado que el local era muy frecuentado por jovencitos la noche de los viernes.
Confieso que, aunque me siento superbien rodeado de gente mas joven que yo, e incluso manteniendo una relación sentimental con alguien mucho más joven, no puedo evitar sentirme incómodo y como fuera de lugar si estoy sin pareja entre tanto jovencito desconocido. Nuse, es como si creyera que todos me ven como una especie de viejo verde o algo así. De modo que cuando en el camino nos cruzamos con una pareja de jovencitos que en voz alta decía algo así como: "a partir de los 30 ya son viejos..." me sentí un poco mal.
Cuando llegamos a Deseo 54 aún se podía uno mover algo por allí, pero se puso enseguida hasta las trancas. Nada mas entrar nos encontramos con un fotocool en el que nos invitaron a posar. No, no es que seamos gente de la farándula o el famoseo, aunque tengamos ciertos contactos, por profesión o amistad. Simplemente invitaban a todos los que llegaban a posar. Y es que esa noche se celebraba la elección de Chulo Zero Valencia, un evento organizado por la revista Zero. De ahí el fotocool, el fotógrafo del interior y la grabación del video. Ni que decir tiene que procuramos huir de todo ello, sin escondernos. Aunque hubiera tenido gracia vernos luego en las fotos de la publicación, lo confieso.
La elección de chulazo fue divertida. Enseguida adiviné quien sería el elegido entre los que se presentaban, coincidiendo conmigo Orlando. Llegué a la conclusión de que seríamos un buen jurado. Chequebo, por su parte, se dejó llevar más por su naturaleza y votó por otro que le molaba más para él.
La divertida amalgama de musculocos, pasivas extremas, cuasi aún adolescentes, tímidos, listillos, inmigrantes del este, paquetones, culazos, monillos, y guapos, hicieron su papel como pudieron alentados por un presentador picarón y un público entregado. El momentazo de la noche fue la indisimulada erección de uno de los participantes, ¡vaya tranca!.
La música no estuvo mal, el ambiente tranquilo salvo por los comprensibles empujones de la tantísima gente al moverse y dos bollos pesadas -y pasadas de todo- insoportables dando el coñazo, algún que otro fan de Madonna aún con la camiseta puesta y una performance muy curiosa de varios go gos entre los que destacaba un personaje fascinante tipo travello poniendo caritas y de caracterización fascinante.
El momento grande vino cuando Orlando regresó del servicio con una sonrisa de oreja a oreja y me pone delante de los ojos su móvil donde aparecía en una foto con mi adorada Maria Amparo de Supermodelo. No me lo podía creer. Se la encontró al salir del baño y la reconoció aunque se había teñido el pelo, y le faltó tiempo para pedirle que posara con él, claro. Con lo que a mi me gusta una foto de esas... lo odio, lo odio...
Era lo que me faltaba a esas horas ya de la noche, con la manuregla por las nubes, viendo que se acercaba el momento de despedirnos... Sí, me puse tristón. Lo notó incluso Chequebo, que aguantó como un jabato. Aunque al final todos estábamos ya cansados y antes de clarear nos marchamos.
Orlando marchó temprano para la estación. Fue como siempre duro separarme de él. Me regaló una piruleta y una tabletita de chocolate como despedida, quizás como intento de dejarme mejor sabor de boca. Como si le hiciera falta...
Tras su marcha, apenas pude dormir algo. Entre el zumbido de la cabeza motivado por la noche de discomarcha, el poco tiempo que quedaba para la hora de abandonar el hotel, y el mucho pensar en aquellos días... casi no dormí.
Mientras esperaba que Chequebo regresara al mundo de los vivos, dejé las maletas en consigna, di una vuelta por una calle comercial, y me compré una camisa en Zara y unos detallitos para la family. Tras aparecer, al fin, me llevó a su estupenda casa donde, amablemente, me acogió aquella última noche.
Comimos en un bar cercano donde mantuvimos una sincera e intima conversación sobre nuestros respectivos sentimientos, inquietudes, experiencias... Fue agradable, muy agradable. Y especialmente satisfactorio cuando me hablo tan bien sobre Orlando, alabó mi buen gusto, comprendió mi compromiso personal en seguir en contacto con él y sobre todo, advirtió esa complicidad que aún después de terminar la relación aún mantenemos. Solo con mirarnos nos basta para entendernos. Cómo dejar de mirar esos ojos...
Después de una breve siesta, tuvimos una noche muy hetero. Tras una rápida cervecita con su grupo de amigos (interesadísimos por todo lo que rodea a los gayers que rodean a su amigo de siempre, recién salido del armario) y cena tranquila en un Gambrinus acompañado por el que se me antojó mas apañao de ellos (uuf, esa carne a la piedra, que ricaaaaaaa.... ) y una copa por la zona de Canovas, regresamos a casa.
Al día siguiente me acompañó a la estación. Desayunamos juntos en la última conversación mirándonos a lo ojos en quien sabe cuánto tiempo. Al poco, lo despedí con cierta penilla esperando se animara a venir por el sur algún día y monté en el tren camino de Sevilla. Me esperaban muchas horas para recordar cada minuto de esos magníficos días y un largo itinerario con muchas paradas en la ruta: Albacete, Andujar... que me impedían dejar de pensar en personas, momentos, situaciones, ausencias, esencias, deseos, pasiones, sueños...
Una mascletà de pensamientos y emociones en mi mente y en mi corazón que no me abandonan.
Como esta canción. Me hizo llorar la primera vez que la oí. Me emocionó en Sevilla. Y en Valencia. La sigo escuchando. Y pienso en la gente que quiero. La gente que debo querer.
Os quiero.
Comentario:
Oyeee!!! q este xico cuenta la verdad siempreeeee!!!
La verdad, se me ponen los pelos como escarpias al leer las líneas.
Ya tengo ganas de volver a coincidir un fin de semana.
Gracias a ti, a vosotros.
P.d.: Ya vamos aprendiendo Valenciano, así me gusta.
P.d.: ¿Plaza Almaina? no será P. Almoina. Digooooooooo :)
La verdad, se me ponen los pelos como escarpias al leer las líneas.
Ya tengo ganas de volver a coincidir un fin de semana.
Gracias a ti, a vosotros.
P.d.: Ya vamos aprendiendo Valenciano, así me gusta.
P.d.: ¿Plaza Almaina? no será P. Almoina. Digooooooooo :)





