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DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
El armario abierto muestra las CONFESIONES A UN DIARIO INDISCRETO
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El ejemplo de algunos me han hecho ver que otra vida es posible. Aunque me resulte difícil encontrarla continúo mi búsqueda con la esperanza de llegar a ser algún día tan feliz como ellos. Para empezar nada mejor que dejarnos llevar hacia donde el corazón nos lleve. Sois ya los que os pasais por aqui... Web Site Counter
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LEGADO
Me ha impresionado la noticia.
Un joven tenista italiano de 28 años ha fallecido recientemente a consecuencia de una leucemia fulminante.
Una persistente fiebre le llevó a ingresar en el hospital. Al principio se pensó que podría ser una gripe o una bronconeumonia, pero tras los pertinentes estudios médicos, se le diagnosticó que padecía leucemia.
En apenas una semana... y una leucemia fulminante acabó con su vida.
Una leucemia, un accidente de coche, motocicleta, o avión, un ataque al corazón, un atentado, un crimen, una catástrofe natural, un accidente laboral, un derrame cerebral, por sobredosis, con ahogo, el cáncer... demasiadas posibilidades. Y en esta desgraciada lotería hay quien tiene las de ganar.
Quizás cuando la enfermedad es dura y larga sea distinto, pero cuando es tan fulminante... cuando la tragedia ronda y de forma precipitada rompe las esperanzas de una vida más larga... cuando un día estás y al poco dejas de estar... es tan difícil de aceptar.
No digo que la rapidez no sea reparador en cuanto a capacidad de evitar el dolor o el sufrimiento.
Pero se lleva consigo toda la capacidad de decir adiós, de prepararte de alguna manera ante lo inevitable, de arreglar las cosas pendientes, cerrar heridas o intentar aliviarlas, hacer las paces, confesar, ceder, olvidar, rezar, meditar, consumar, olvidar, legar...
¿Debemos esperar que suceda algo tan dramático para ello?
Nunca he pensado en un epitafio. Pero sí en un testamento. Apenas tengo nada material que dejar. Lo poco que pueda tener de valor es mas bien sentimental, aunque se trata de algo personal, y por lo tanto no tiene porque ser compartido en su misma medida por otros.
Así pues, aparte de cierto legado inmobiliario y de unos pocos ahorros transmitidos a las personas mas cercanas, la única y auténtica herencia que puedo dejar no sería más que la poca o mucha huella que hubiera podido dejar en los demás. Lo que perdure mi recuerdo.
¿Cómo será esa huella?
El otro día le comentaba a cierto ávido lector, sencillo y solitario, que su paso por la ciudad del río grande posiblemente no fuera tan leve como pudiera creer.
Y es que, incluso sin saberlo la mayoría de las veces, solemos dejar impronta en lo que hacemos, en lo que decimos, en lo que compartimos.
La cuestión es si la huella se conforma profunda o superficial. Si la marca se muestra ligera o indeleble. Si el sello se hace resistente o quebradizo.
¿Cómo será esa marca? A fuego... de agua....
Tu forma de ser, tu comportamiento, los detalles que tengas, las acogidas que hagas, los desprendimientos, los consejos, tu entrega, tu presencia, tu esencia... Todo es traspasado a los demás. Tal vez, con generosidad. O con interés mutuo, quizás. Depende de la condición de cada cual. Y en función de ello, probablemente, radique lo que permanezca.
¿Cómo lacrará ese sello? En redonda perfección... con lágrimas...
No se cuanto tiempo querría que me recordaran, o que tipo de recuerdo me gustaría dejar.
Sí se a quien recuerdo y porqué. Si pudiera parecerme un poquito solo, al menos...

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Comentario:
Y te preguntas en serio si dejas huella? Ay querido Enis, qué melodrámatico te pones de tanto en tanto... tu huella, al menos en mi, y creo que también en la gente del norte que has conocido, es indeleble. Siempre te recordamos con cariño, y contamos el tiempo que queda hasta el siguiente encuentro... que en esta ocasión es poco más de un mes!
No