REINAS
Ayyyyyy.... Sofía.
Con lo en alta estima que te tenía.
Yo siempre he entendido y defendido tanto tu figura como tu "trabajo", lo que representas, tu papel de garante consorte durante el fin del franquismo, durante la transición y en la construcción de la nueva democracia española...
Eras, como le gustaba decir al Rey, taaaannnnn "profesional". Y la verdad es que lo has hecho bien. Hasta ahora.
Pero... mujer, ¿cómo me sales con esto?
Que gran torpeza. Que error. Que pena.
No esperaba mucho del nuevo libro sobre su figura escrito por la destacada miembro del Opus Dei y periodista Pilar Urbano. El anterior me entretuvo y aún lo conservo en mi biblioteca de casa. El nuevo no lo pienso leer y mucho menos comprar.
El motivo no es otro que la higiene mental.
Procuro evitar los pensamientos e idearios nocivos contra la dignidad del ser humano. Y me temo que las ideas confesas de Su Majestad -preocupantemente coincidentes, por cierto, con los sectores mas retrógrados y conservadores del lobby ultracatólico: la Iglesia, el PP, la COPE, La Razón, ABC, el semanario Alba, o el Grupo Intereconomía, por poner unos pocos ejemplos- no solo no son de mi agrado, sino que las considero inoportunas, impertinentes, anacrónicas, y muy muy peligrosas.
La Reina se nos ha destapado, pero en vez de salir en la portada de Interview (que alivio, han preferido la madurez de Silvia Tortosa), se nos abre de mente y confiesa su opinión personal sobre las costumbres del colectivo gay.
Con gran falta de tacto hacia un importante porcentaje de la población (homosexuales, bisexuales, transexuales, los familiares y amigos de éstos, y las personas simpatizantes o partidarias de la equiparidad de derechos independientemente del sexo de las personas) se nos muestra tal como es. La reina que nunca vimos.
Menudo disgusto me he llevado.
Para resumir, la esposa del jefe del estado español opina sobre los homosexuales que:
"Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios, casarse, pueden estar en su derecho, o no según las leyes de su país; pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles; contrato social, contrato de unión...".
Y no contenta con eso suelta esta otra perla, como las de los collares que usaba la anterior, Doña Carmen Polo de Franco:
"Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Que se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación... colapsaríamos el tráfico".
¡¡¡Ahí queda eso!!!
No voy a caer en la osadía de llamar a Su Majestad homófoba. Aunque sería interesante detenernos un momento en esta cuestión.
El término homofobia se refiere a la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, bisexuales, transexuales, personas "con pluma" e incluso metrosexuales.
Algunas personas llaman homofóbico a todo aquel que no apoye o no esté de acuerdo con la homosexualidad o sus ideales, sin embargo, esta definición -dicen- no es correcta. El término señala al sujeto discriminador, el cual rechaza, odia, persigue o inferioriza a los homosexuales.
Estoy casi convencido de que la Reina no siente aversión por los homosexuales, mucho menos odio. No puedo saber si miedo, pero tengo mis dudas si con esa opinión que expresa en el nuevo libro de la "opusina" no roza presuntamente el prejuicio e incluso la discriminación contra los que no son heterosexuales y se sienten orgullosos de ello, lo reivindican, hacen una fiesta de protesta contra los que precisamente no los aceptan en toda su plenitud y quieren gozar de los mismos derechos que los heterosexuales (incluido el matrimonio) sin que se les discrimine -aunque sea lingüísticamente- por ello.
Respecto a esto de la semántica, quiero recomendar un interesantísimo artículo de Rubén López Rodríguez sobre García Márquez, la Real Academia y los Diccionarios, publicado en la revista Oxigen y que encontré en Internet. Cuenta el autor una historia sobre la niñez del escritor y como se aficionó en el uso del diccionario tras despertar el interés por las palabras, que son las herramientas del escritor.
"El diccionario es un cementerio donde yacen las palabras muertas. ( ) García Márquez mantuvo la curiosidad por los vocablos hasta la adultez, cuando pelea a trompadas con las palabras y por lo general son ellas las que salen ganando. Esta guerra cotidiana no respeta límites. ( ) La guerra es más desigual aún si el idioma en que se escribe es el castellano, cuyas palabras cambian de sentido cada cien leguas, y tienen que pasar cien años en el purgatorio del uso común antes de que la Real Academia les dé permiso para ser enterradas en el mausoleo de su diccionario.
Las palabras las crea la gente en la calle. No los académicos. Los autores de los diccionarios las embalsaman por orden alfabético, luego de capturarlas casi siempre con mucha tardía.
( ) De ahí que García Márquez siente una gran admiración por María Moliner, que con su Diccionario de uso del español trabajó para él sin saberlo. Esta mujer española elaboró un diccionario de uso ( ) con el método infinito de agarrar al vuelo las palabras desde que nacían y las escribía en fichas en la comodidad de su casa; en especial las que hallaba en los periódicos «porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad», dijo en una entrevista.
Los diccionarios de uso tienen la ventaja de que intentan atrapar algo esencial para la buena escritura: el significado subjetivo de las palabras. Además de plasmar lo que significa cada palabra, también señala cómo se usa y se incluyen otras que la pueden sustituir.
( ) María Moliner se dedicó a escribir su diccionario en 1951 y lo dio por terminado en 1967; no obstante esos dieciséis años de mística labor, continuó haciendo fichas a la espera de que las nuevas palabras fueran incluidas en futuras ediciones.
García Márquez se refiere al diccionario de la RAE en los términos despectivos de «terrible esperpento represivo».
( ) Es una afición suya encontrar imbecilidades de los diccionarios y percatarse que a veces se dan cuenta de que han hecho el ridículo y lo corrigen en una edición posterior. Esto le pasó al de la Real Academia Española con la definición de perro: «Mamífero doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelajes muy diversos, según las razas, pero siempre con la cola de menor longitud que las patas posteriores, una de las cuales levanta el macho para orinar». Una precisión excesiva que se prestó para muchas burlas.
( ) Con el tiempo García Márquez terminó por adherirse más a las leyes infalibles del sentido común, al instinto del idioma según se escucha en la calle. En su entender el mejor idioma es el más impuro, el más vivo, no el más puro".
Pues eso.
A esperar que la gente de la calle haga sabio uso del lenguaje, y como ya va ocurriendo al final obliguen a que los académicos acepten, mantengan y fomenten las palabras que definen a dos hombres casados entre si como marido el uno del otro, y si es una pareja del sexo femenino que hablen la una de la otra como su mujer.
Que se llame pues a esa unión matrimonio y que tras el purgatorio conservador llegue al cielo de la oficialidad gracias a los ángeles que recogen el lenguaje de entre lo cotidiano.
Sigamos pues repitiendo las veces que haga falta la palabra matrimonio y usémosla para referirnos al casamiento de dos personas, independientemente de su sexo, y esperemos que algún día quede plasmado así en el diccionario.
Será señal de que la razón se impone por encima de todo, hasta de la moral caduca de reinas, obispos y demas representantes del conservadurismo mas extremo.
Y, sobre todo, será señal de que el lenguaje oficial se acerca al lenguaje auténtico de la calle.
Hablando de cercanía... el libro que ha dado origen a este post se titula "La reina muy de cerca"... Esta claro que hoy, con la polémica suscitada, Su Majestad se ha alejado de buena parte de sus súbditos. Y hasta yo mismo empiezo a plantearme las ventajas del republicanismo.
Por supuesto, me comprometo a seguir participando de esa gran fiesta de reivindicación y protesta que es el Orgullo, en esa manifestación que también le molesta tanto a la reina y en la que tantas otras reinas participan la mar de a gusto. Y para reinas... ellas.
¡Qué coño! Para reina... yo.
Porque no tendré tanta estirpe, tanta sangre azul, y tanta "profesionalidad", pero mi corona... está mucho mas despejada de prejuicios.
Pd: Letizia, Princesa, espero mas de ti.
Con lo en alta estima que te tenía.
Yo siempre he entendido y defendido tanto tu figura como tu "trabajo", lo que representas, tu papel de garante consorte durante el fin del franquismo, durante la transición y en la construcción de la nueva democracia española...
Eras, como le gustaba decir al Rey, taaaannnnn "profesional". Y la verdad es que lo has hecho bien. Hasta ahora.
Pero... mujer, ¿cómo me sales con esto?
Que gran torpeza. Que error. Que pena.
No esperaba mucho del nuevo libro sobre su figura escrito por la destacada miembro del Opus Dei y periodista Pilar Urbano. El anterior me entretuvo y aún lo conservo en mi biblioteca de casa. El nuevo no lo pienso leer y mucho menos comprar.
El motivo no es otro que la higiene mental.
Procuro evitar los pensamientos e idearios nocivos contra la dignidad del ser humano. Y me temo que las ideas confesas de Su Majestad -preocupantemente coincidentes, por cierto, con los sectores mas retrógrados y conservadores del lobby ultracatólico: la Iglesia, el PP, la COPE, La Razón, ABC, el semanario Alba, o el Grupo Intereconomía, por poner unos pocos ejemplos- no solo no son de mi agrado, sino que las considero inoportunas, impertinentes, anacrónicas, y muy muy peligrosas.
La Reina se nos ha destapado, pero en vez de salir en la portada de Interview (que alivio, han preferido la madurez de Silvia Tortosa), se nos abre de mente y confiesa su opinión personal sobre las costumbres del colectivo gay.
Con gran falta de tacto hacia un importante porcentaje de la población (homosexuales, bisexuales, transexuales, los familiares y amigos de éstos, y las personas simpatizantes o partidarias de la equiparidad de derechos independientemente del sexo de las personas) se nos muestra tal como es. La reina que nunca vimos.
Menudo disgusto me he llevado.
Para resumir, la esposa del jefe del estado español opina sobre los homosexuales que:
"Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios, casarse, pueden estar en su derecho, o no según las leyes de su país; pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles; contrato social, contrato de unión...".
Y no contenta con eso suelta esta otra perla, como las de los collares que usaba la anterior, Doña Carmen Polo de Franco:
"Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Que se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación... colapsaríamos el tráfico".
¡¡¡Ahí queda eso!!!
No voy a caer en la osadía de llamar a Su Majestad homófoba. Aunque sería interesante detenernos un momento en esta cuestión.
El término homofobia se refiere a la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, bisexuales, transexuales, personas "con pluma" e incluso metrosexuales.
Algunas personas llaman homofóbico a todo aquel que no apoye o no esté de acuerdo con la homosexualidad o sus ideales, sin embargo, esta definición -dicen- no es correcta. El término señala al sujeto discriminador, el cual rechaza, odia, persigue o inferioriza a los homosexuales.
Estoy casi convencido de que la Reina no siente aversión por los homosexuales, mucho menos odio. No puedo saber si miedo, pero tengo mis dudas si con esa opinión que expresa en el nuevo libro de la "opusina" no roza presuntamente el prejuicio e incluso la discriminación contra los que no son heterosexuales y se sienten orgullosos de ello, lo reivindican, hacen una fiesta de protesta contra los que precisamente no los aceptan en toda su plenitud y quieren gozar de los mismos derechos que los heterosexuales (incluido el matrimonio) sin que se les discrimine -aunque sea lingüísticamente- por ello.
Respecto a esto de la semántica, quiero recomendar un interesantísimo artículo de Rubén López Rodríguez sobre García Márquez, la Real Academia y los Diccionarios, publicado en la revista Oxigen y que encontré en Internet. Cuenta el autor una historia sobre la niñez del escritor y como se aficionó en el uso del diccionario tras despertar el interés por las palabras, que son las herramientas del escritor.
"El diccionario es un cementerio donde yacen las palabras muertas. ( ) García Márquez mantuvo la curiosidad por los vocablos hasta la adultez, cuando pelea a trompadas con las palabras y por lo general son ellas las que salen ganando. Esta guerra cotidiana no respeta límites. ( ) La guerra es más desigual aún si el idioma en que se escribe es el castellano, cuyas palabras cambian de sentido cada cien leguas, y tienen que pasar cien años en el purgatorio del uso común antes de que la Real Academia les dé permiso para ser enterradas en el mausoleo de su diccionario.
Las palabras las crea la gente en la calle. No los académicos. Los autores de los diccionarios las embalsaman por orden alfabético, luego de capturarlas casi siempre con mucha tardía.
( ) De ahí que García Márquez siente una gran admiración por María Moliner, que con su Diccionario de uso del español trabajó para él sin saberlo. Esta mujer española elaboró un diccionario de uso ( ) con el método infinito de agarrar al vuelo las palabras desde que nacían y las escribía en fichas en la comodidad de su casa; en especial las que hallaba en los periódicos «porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad», dijo en una entrevista.
Los diccionarios de uso tienen la ventaja de que intentan atrapar algo esencial para la buena escritura: el significado subjetivo de las palabras. Además de plasmar lo que significa cada palabra, también señala cómo se usa y se incluyen otras que la pueden sustituir.
( ) María Moliner se dedicó a escribir su diccionario en 1951 y lo dio por terminado en 1967; no obstante esos dieciséis años de mística labor, continuó haciendo fichas a la espera de que las nuevas palabras fueran incluidas en futuras ediciones.
García Márquez se refiere al diccionario de la RAE en los términos despectivos de «terrible esperpento represivo».
( ) Es una afición suya encontrar imbecilidades de los diccionarios y percatarse que a veces se dan cuenta de que han hecho el ridículo y lo corrigen en una edición posterior. Esto le pasó al de la Real Academia Española con la definición de perro: «Mamífero doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelajes muy diversos, según las razas, pero siempre con la cola de menor longitud que las patas posteriores, una de las cuales levanta el macho para orinar». Una precisión excesiva que se prestó para muchas burlas.
( ) Con el tiempo García Márquez terminó por adherirse más a las leyes infalibles del sentido común, al instinto del idioma según se escucha en la calle. En su entender el mejor idioma es el más impuro, el más vivo, no el más puro".
Pues eso.
A esperar que la gente de la calle haga sabio uso del lenguaje, y como ya va ocurriendo al final obliguen a que los académicos acepten, mantengan y fomenten las palabras que definen a dos hombres casados entre si como marido el uno del otro, y si es una pareja del sexo femenino que hablen la una de la otra como su mujer.
Que se llame pues a esa unión matrimonio y que tras el purgatorio conservador llegue al cielo de la oficialidad gracias a los ángeles que recogen el lenguaje de entre lo cotidiano.
Sigamos pues repitiendo las veces que haga falta la palabra matrimonio y usémosla para referirnos al casamiento de dos personas, independientemente de su sexo, y esperemos que algún día quede plasmado así en el diccionario.
Será señal de que la razón se impone por encima de todo, hasta de la moral caduca de reinas, obispos y demas representantes del conservadurismo mas extremo.
Y, sobre todo, será señal de que el lenguaje oficial se acerca al lenguaje auténtico de la calle.
Hablando de cercanía... el libro que ha dado origen a este post se titula "La reina muy de cerca"... Esta claro que hoy, con la polémica suscitada, Su Majestad se ha alejado de buena parte de sus súbditos. Y hasta yo mismo empiezo a plantearme las ventajas del republicanismo.
Por supuesto, me comprometo a seguir participando de esa gran fiesta de reivindicación y protesta que es el Orgullo, en esa manifestación que también le molesta tanto a la reina y en la que tantas otras reinas participan la mar de a gusto. Y para reinas... ellas.
¡Qué coño! Para reina... yo.
Porque no tendré tanta estirpe, tanta sangre azul, y tanta "profesionalidad", pero mi corona... está mucho mas despejada de prejuicios.
Pd: Letizia, Princesa, espero mas de ti.