¿CUÁNTO CUESTA TU CEREBRO?
25/9/2004
Vivimos en una sociedad en la que todo tiene un precio, bueno, varios según se mire, claro. Y cuando digo todo, por desgracia, me refiero a todo. Es ya muy conocido eso del “bussines class” o el “turist class”, los pobres a un lado, sin ningún tipo de lujo ni de comodidad; los que tienen mayor poder adquisitivo segregados del pueblo llano, con todo lo que se merecen; azafatas personales, barra libre, comida de verdad (no como la que ponen en la clase turista) música personalizada, ordenador de a bordo… e infinidad de comodidades más. Esto es solo un ejemplo; para que luego digan que no hay clases.
Pero este tipo de cosas se repiten en todos los ámbitos de la vida, cuánto más tienes más puedes conseguir, en cambio sino tienes nada difícilmente podrás adquirir algo. Sino tienes, no vales. Otro ejemplo: en el archiconocido parque de la Warner de nuestro queridísimo Madrid, hay dos colas; una lenta y eterna que a pesar de ser tremendamente cara para lo que ofrecen es más barata que la otra, la cuál es mucho más rápida (y más corta claro) y más cara. De nuevo los de mayor poder adquisitivo tienen privilegios. Alguien dirá que son empresas privadas que pueden hacer lo que quieran con sus tarifas y con sus servicios, lo acepto; pero yo no quiero participar en la segregación de la sociedad.
El dinero no solo sirve para comprar objetos, servicios, comida, ropa y demás cosas, no; el dinero, también por desgracia, es comúnmente utilizad para comprar personas. No hablo del esclavismo histórico tal y como lo conocemos, que al menos en nuestro país, legalmente ha desaparecido; me refiero a otro tipo de esclavismo, ese que hace que las personas dejen de ser humanas para conseguir dinero. Rebajarse a la altura del dinero perder la dignidad; ¿Qué es la dignidad? Bueno pues es perder todo lo que te pueda quedar de persona. Por supuesto no aludo a esas personas que necesitan sacar a su familia adelante y por ello no dudan en trabajar 14 horas diarias, chupar los culos que sean necesarios o bajarse los pantalones ante el primer pez gordo que se les pase por delante; ¡Ole su valentía! Yo, supongo, que si me viese en esas lo haría de igual modo (no olvidemos que hay muchas personas en este país que se encuentran en ese estado). Quiero referirme a todas esas personas, por llamarlas de algún modo, que a diario venden su pensamiento al más rico. Es muy sencillo sobornar las mentes corruptas para que, como marionetas hagan lo que se les mande, sin pensar, sin cuestionar, sin dudar. El que nada duda, nada sabe; y el que nada sabe no puede pensar por sí mismo.

El dinero mueve a las masas, las dirige hacia donde su dueño quiere, las despista de asuntos más importantes, las engaña y juega con ellas. No apuesto por la individualización, pero sí por el pensamiento propio y la autosuficiencia moral. Sé que es complicado, todos nos hemos visto tentados por el dinero y sus secuaces: el poder, la soberbia, la prepotencia, el aplastar a los demás por ocupar un lugar mejor en la sociedad (separado de ella, o al menos de sus capas más bajas)… pero si nuestra mente es débil al menos hay una cosa que jamás podrán adquirir por medio del dinero y del poder, es el corazón; somos dueños de lo que pensamos, por eso lo podemos vender, pero lo que sentimos no nos pertenece, solo lo sentimos, así pues, ni con todo el oro del Sultán de Brunei, con todas las bodas reales, todo el petróleo del oriente medio y del más lejano, con toda la hipocresía americana y el dinero del Burger King, Mtv y de Britney Spears, jamás podrán comprar nuestros corazones. ¿Cuánto vale tu cerebro? Seguro que mucho, pero tiene un valor. ¿Cuánto vale un sentimiento? Nadie lo puede comprar. Por eso la Libertad, la Igualdad, la Tolerancia y la Solidaridad son valores incorruptibles y puros que nunca se verán empañados por la ponzoña y la basura del dinero y del poder.
Vivimos en una sociedad en la que todo tiene un precio, bueno, varios según se mire, claro. Y cuando digo todo, por desgracia, me refiero a todo. Es ya muy conocido eso del “bussines class” o el “turist class”, los pobres a un lado, sin ningún tipo de lujo ni de comodidad; los que tienen mayor poder adquisitivo segregados del pueblo llano, con todo lo que se merecen; azafatas personales, barra libre, comida de verdad (no como la que ponen en la clase turista) música personalizada, ordenador de a bordo… e infinidad de comodidades más. Esto es solo un ejemplo; para que luego digan que no hay clases.
Pero este tipo de cosas se repiten en todos los ámbitos de la vida, cuánto más tienes más puedes conseguir, en cambio sino tienes nada difícilmente podrás adquirir algo. Sino tienes, no vales. Otro ejemplo: en el archiconocido parque de la Warner de nuestro queridísimo Madrid, hay dos colas; una lenta y eterna que a pesar de ser tremendamente cara para lo que ofrecen es más barata que la otra, la cuál es mucho más rápida (y más corta claro) y más cara. De nuevo los de mayor poder adquisitivo tienen privilegios. Alguien dirá que son empresas privadas que pueden hacer lo que quieran con sus tarifas y con sus servicios, lo acepto; pero yo no quiero participar en la segregación de la sociedad.
El dinero no solo sirve para comprar objetos, servicios, comida, ropa y demás cosas, no; el dinero, también por desgracia, es comúnmente utilizad para comprar personas. No hablo del esclavismo histórico tal y como lo conocemos, que al menos en nuestro país, legalmente ha desaparecido; me refiero a otro tipo de esclavismo, ese que hace que las personas dejen de ser humanas para conseguir dinero. Rebajarse a la altura del dinero perder la dignidad; ¿Qué es la dignidad? Bueno pues es perder todo lo que te pueda quedar de persona. Por supuesto no aludo a esas personas que necesitan sacar a su familia adelante y por ello no dudan en trabajar 14 horas diarias, chupar los culos que sean necesarios o bajarse los pantalones ante el primer pez gordo que se les pase por delante; ¡Ole su valentía! Yo, supongo, que si me viese en esas lo haría de igual modo (no olvidemos que hay muchas personas en este país que se encuentran en ese estado). Quiero referirme a todas esas personas, por llamarlas de algún modo, que a diario venden su pensamiento al más rico. Es muy sencillo sobornar las mentes corruptas para que, como marionetas hagan lo que se les mande, sin pensar, sin cuestionar, sin dudar. El que nada duda, nada sabe; y el que nada sabe no puede pensar por sí mismo.

El dinero mueve a las masas, las dirige hacia donde su dueño quiere, las despista de asuntos más importantes, las engaña y juega con ellas. No apuesto por la individualización, pero sí por el pensamiento propio y la autosuficiencia moral. Sé que es complicado, todos nos hemos visto tentados por el dinero y sus secuaces: el poder, la soberbia, la prepotencia, el aplastar a los demás por ocupar un lugar mejor en la sociedad (separado de ella, o al menos de sus capas más bajas)… pero si nuestra mente es débil al menos hay una cosa que jamás podrán adquirir por medio del dinero y del poder, es el corazón; somos dueños de lo que pensamos, por eso lo podemos vender, pero lo que sentimos no nos pertenece, solo lo sentimos, así pues, ni con todo el oro del Sultán de Brunei, con todas las bodas reales, todo el petróleo del oriente medio y del más lejano, con toda la hipocresía americana y el dinero del Burger King, Mtv y de Britney Spears, jamás podrán comprar nuestros corazones. ¿Cuánto vale tu cerebro? Seguro que mucho, pero tiene un valor. ¿Cuánto vale un sentimiento? Nadie lo puede comprar. Por eso la Libertad, la Igualdad, la Tolerancia y la Solidaridad son valores incorruptibles y puros que nunca se verán empañados por la ponzoña y la basura del dinero y del poder.





