Cualquier tiempo pasado pudo ser mejor
30/9/2004
Un buen amigo mío tiene varias verdades totales en su vida. Es un pesimista, lo sé, y normalmente él me acusa a mí de optimista, sin embargo yo no tengo esa concepción sobre mí, pues creo, que el optimismo es empeñarse en que todo va bien cuando todo es horroroso: sinceramente supongo que en el medio estará la virtud, no lo sé, no conozco a esa tal virtud.
Como decía mi amigo tiene algunas leyes o axiomas en la vida:
Verdad número uno: Nunca nadie hará nada por ti, así que no lo esperes jamás.
Verdad número dos: Si haces algo por alguien no esperes nada a cambio; no lo obtendrás.
Verdad número tres: Cualquier tiempo pasado fue mejor. Suponiendo que las dos primeras sean reales (algo que me permito el lujo de dudar día sí, día también) voy a centrarme en la tercera.
A menudo recordamos juntos aquellos momentos en lo que éramos pequeños (que jóvenes aún somos) y todo iba divinamente; es decir, nuestra única preocupación era quien iba más rápido con la bici, o quien jugaba mejor al fútbol; también, voy a ser sincero, nos regodeamos recordando aquellas gamberradas que nos divertían tanto y por las que casi todos los días brindamos. Sí, cualquier tiempo pasado fue mejor, ¿O no?
¿Qué es mejor y qué es peor? En aquel momento, la verdad, es que nos aburríamos un montón, nunca sabíamos qué hacer y teníamos un montón de tiempo para hacer exactamente nada (bendito el día que no tenga nada que hacer) pero nosotros no queríamos eso, deseábamos hacer cosas; muchas de ellas estaban a nuestro alcance y las dejamos pasar, a cambio de poner un petardo o entrar en por la noche en el colegio del pueblo. Sí, son esas cosas las que pudieron hacer del pasado mejor que el presente, no me refiero al petardo ni al colegio, me refiero a las cosas que no hacíamos mientras hacíamos esas; me explico, ahora, a mi edad, contemplo mi pasado con una amplia sonrisa, pero también con cierta decepción. No soy de los que dicen que no se arrepienten de nada, de hecho no suelo fiarme de las personas que dicen eso (son unos hipócritas), cambiaría muchas cosas de mi vida si volviera al pasado, es lógico cualquiera lo haría. Solo una vez nos es imposible alcanzar ciertas cosas las valoramos en su justa medida, por ello, una vez miras a tu pasado encuentras muchas cosas que no hiciste o otras que sí, y que te han llevado a construir la persona que eres ahora. Es bueno arrepentirse y confundirse, de todo ello se aprende el arte de vivir, pero cuán gozoso sería poder aprovechar todas esas oportunidades que no nos dimos cuenta cuando sucedieron, o que no las valoramos como se merecían.
Por eso le digo a mi amigo que cualquier tiempo pasado pudo ser mejor, porque ahora vemos claramente todos aquellos errores que tuvimos y que si los hubiésemos tenido en cuenta podríamos habernos evitado, y también a la gente que nos rodea, muchas preocupaciones; pero son esas equivocaciones las que nos llevan a la persona que somos ahora. Por todo esto le digo a mi amigo que es ley de vida, esta sí que creo que es cierta, que de todo se aprende, que es necesario equivocarse para no volver a tropezar y que una vez nos es imposible gozar de algo esto se vuelve imprescindible
Un buen amigo mío tiene varias verdades totales en su vida. Es un pesimista, lo sé, y normalmente él me acusa a mí de optimista, sin embargo yo no tengo esa concepción sobre mí, pues creo, que el optimismo es empeñarse en que todo va bien cuando todo es horroroso: sinceramente supongo que en el medio estará la virtud, no lo sé, no conozco a esa tal virtud.
Como decía mi amigo tiene algunas leyes o axiomas en la vida:
Verdad número uno: Nunca nadie hará nada por ti, así que no lo esperes jamás.
Verdad número dos: Si haces algo por alguien no esperes nada a cambio; no lo obtendrás.
Verdad número tres: Cualquier tiempo pasado fue mejor. Suponiendo que las dos primeras sean reales (algo que me permito el lujo de dudar día sí, día también) voy a centrarme en la tercera.
A menudo recordamos juntos aquellos momentos en lo que éramos pequeños (que jóvenes aún somos) y todo iba divinamente; es decir, nuestra única preocupación era quien iba más rápido con la bici, o quien jugaba mejor al fútbol; también, voy a ser sincero, nos regodeamos recordando aquellas gamberradas que nos divertían tanto y por las que casi todos los días brindamos. Sí, cualquier tiempo pasado fue mejor, ¿O no?
¿Qué es mejor y qué es peor? En aquel momento, la verdad, es que nos aburríamos un montón, nunca sabíamos qué hacer y teníamos un montón de tiempo para hacer exactamente nada (bendito el día que no tenga nada que hacer) pero nosotros no queríamos eso, deseábamos hacer cosas; muchas de ellas estaban a nuestro alcance y las dejamos pasar, a cambio de poner un petardo o entrar en por la noche en el colegio del pueblo. Sí, son esas cosas las que pudieron hacer del pasado mejor que el presente, no me refiero al petardo ni al colegio, me refiero a las cosas que no hacíamos mientras hacíamos esas; me explico, ahora, a mi edad, contemplo mi pasado con una amplia sonrisa, pero también con cierta decepción. No soy de los que dicen que no se arrepienten de nada, de hecho no suelo fiarme de las personas que dicen eso (son unos hipócritas), cambiaría muchas cosas de mi vida si volviera al pasado, es lógico cualquiera lo haría. Solo una vez nos es imposible alcanzar ciertas cosas las valoramos en su justa medida, por ello, una vez miras a tu pasado encuentras muchas cosas que no hiciste o otras que sí, y que te han llevado a construir la persona que eres ahora. Es bueno arrepentirse y confundirse, de todo ello se aprende el arte de vivir, pero cuán gozoso sería poder aprovechar todas esas oportunidades que no nos dimos cuenta cuando sucedieron, o que no las valoramos como se merecían.
Por eso le digo a mi amigo que cualquier tiempo pasado pudo ser mejor, porque ahora vemos claramente todos aquellos errores que tuvimos y que si los hubiésemos tenido en cuenta podríamos habernos evitado, y también a la gente que nos rodea, muchas preocupaciones; pero son esas equivocaciones las que nos llevan a la persona que somos ahora. Por todo esto le digo a mi amigo que es ley de vida, esta sí que creo que es cierta, que de todo se aprende, que es necesario equivocarse para no volver a tropezar y que una vez nos es imposible gozar de algo esto se vuelve imprescindible





