¡¡¡España Una!!!
12/10/2004
España es un lugar especial. Dentro de Europa, al sur de los Pirineos, se extiende la Península Ibérica, compuesta por Portugal y España. Sí, España es especial, y cuando digo especial me refiero a que es diferente al resto de los países a los que se iguala en características. Cuantas veces habremos dicho eso de que es típicamente español, muchas, seguro; las cañas, las tapas, los toros, cierto grado de cutrerío (hay que reconocer que en España las cosas se hacen de aquella manera...). Los turistas vienen aquí por varias cosas: el tiempo (el sol, que no es nuestro, es lo mejor que tenemos), los bajos precios (claro, bajos para ellos que cobran el doble que nosotros), la belleza de nuestras ciudades y pueblos (belleza rural de la que deberíamos sentirnos ciertamente orgullosos). Está bien, sí, lo está; los turistas vienen a España a beber mientras toman el sol y ven a morenazas andaluzas haciendo top-less; así es España.
Un dato a tener en cuenta; España cuenta con la mayor pinacoteca del mundo (por su calidad y cantidad, a la par que por la linealidad de sus obras), el Museo del prado, por sus salas el 75% de las personas que pasan al año son extranjeras (venga vale que me he pasado, no todos los turistas viene a emborracharse y ver a las españolitas enseñando cacho). Igualmente en número es una cantidad baja comparada con el turismo de sol y playa que arrastra el país. (Sólo quiero decir que el turismo cultural de España es muy bajo).
En otro tiempo, allá por el segundo cuarto del s. XIX, España era el gran desconocido y se descubría ante los ojos de Europa como un país de casta pura, con cierto orientalismo y mucho misterio; pasaba a ser el lugar romántico por excelencia. Se veía este nuestro país como un lugar con cierto grado de libertad donde la superstición, el pasado musulmán y las tradiciones antiguas (y macabras como los ya mencionados toros) conformaban un marco ideal para todas las ideas románticas que por aquellos años tan en boga estaban. Nada más lejos de la realidad España era un país con fuerte conservadurismo tanto por parte de las instituciones políticas y aristócratas como por parte del pueblo El liberalismo se perseguía y la iglesia bloqueaba el avance del país. Pero España era un lugar especial.

Y seguimos siendo especiales en conjunto, pero no tanto como por separado. Yo no vivo en otro país y no sé si en Francia los parisinos se meten con los de Marsella y se consideran diferentes, pero aquí, en el país donde vivimos, la pluralidad regional y cultural es impresionante. no descubro nada si hablo de chistes de catalanes, vascos, gallegos, andaluces o madrileños; o si os cuento los partidos políticos regionalistas, pero quiero ir un poco más allá. En el fondo no somos tan distintos, pero tampoco lo somos de los franceses de los ingleses (sí de los yankees), pero sí que nos separan tradiciones distintas y diferentes formas de ver la vida. En España hay grandes ciudades (digamos que las que tienen metro) donde el ritmo de vida es distinto, donde por su densa demografía el contacto de la gente con sus iguales es más frío; pero ni siquiera entre ellas hay grandes similitudes (qué más diferente y a la vez igual que Madrid y Barcelona, pero también de Madrid y Londres). No obstante, hay lugares en Extremadura donde la densidad de población es 70 veces más baja que en estas dos ciudades antes mencionadas; o, por ejemplo, fijémonos en un pueblo pesquero de la costa cantábrica; ¿Qué me decís de la gracia andaluza? Allí vas a un bar y desde que te atiende el camarero hasta que te pone lo que ha pedido (sin contar el tiempo que ha tardado en atenderte) pasa una eternidad, o no, solamente si lo comparas con Madrid, donde el ritmo de vida es más frío y calculador y la gente carece del humor y la cercanía andaluza.
Los desórdenes regionales hacen, a mi parecer, que la unidad de este país sea una pequeña utopía, y que las únicas cosas que nos unan de verdad estén lejos de hitos culturales (tampoco son iguales las iglesias de Castilla que las de Granada); sin embargo creo que esta pluralidad embellece el paisaje, y que si bien es cierto que, por el carácter poblacional, estamos cerca de un tipo de estado federal, sí somos un pueblo con carácter y pasado (en cierto modo) bastante común, que no unitario.
España es un lugar especial. Dentro de Europa, al sur de los Pirineos, se extiende la Península Ibérica, compuesta por Portugal y España. Sí, España es especial, y cuando digo especial me refiero a que es diferente al resto de los países a los que se iguala en características. Cuantas veces habremos dicho eso de que es típicamente español, muchas, seguro; las cañas, las tapas, los toros, cierto grado de cutrerío (hay que reconocer que en España las cosas se hacen de aquella manera...). Los turistas vienen aquí por varias cosas: el tiempo (el sol, que no es nuestro, es lo mejor que tenemos), los bajos precios (claro, bajos para ellos que cobran el doble que nosotros), la belleza de nuestras ciudades y pueblos (belleza rural de la que deberíamos sentirnos ciertamente orgullosos). Está bien, sí, lo está; los turistas vienen a España a beber mientras toman el sol y ven a morenazas andaluzas haciendo top-less; así es España.
Un dato a tener en cuenta; España cuenta con la mayor pinacoteca del mundo (por su calidad y cantidad, a la par que por la linealidad de sus obras), el Museo del prado, por sus salas el 75% de las personas que pasan al año son extranjeras (venga vale que me he pasado, no todos los turistas viene a emborracharse y ver a las españolitas enseñando cacho). Igualmente en número es una cantidad baja comparada con el turismo de sol y playa que arrastra el país. (Sólo quiero decir que el turismo cultural de España es muy bajo).
En otro tiempo, allá por el segundo cuarto del s. XIX, España era el gran desconocido y se descubría ante los ojos de Europa como un país de casta pura, con cierto orientalismo y mucho misterio; pasaba a ser el lugar romántico por excelencia. Se veía este nuestro país como un lugar con cierto grado de libertad donde la superstición, el pasado musulmán y las tradiciones antiguas (y macabras como los ya mencionados toros) conformaban un marco ideal para todas las ideas románticas que por aquellos años tan en boga estaban. Nada más lejos de la realidad España era un país con fuerte conservadurismo tanto por parte de las instituciones políticas y aristócratas como por parte del pueblo El liberalismo se perseguía y la iglesia bloqueaba el avance del país. Pero España era un lugar especial.

Y seguimos siendo especiales en conjunto, pero no tanto como por separado. Yo no vivo en otro país y no sé si en Francia los parisinos se meten con los de Marsella y se consideran diferentes, pero aquí, en el país donde vivimos, la pluralidad regional y cultural es impresionante. no descubro nada si hablo de chistes de catalanes, vascos, gallegos, andaluces o madrileños; o si os cuento los partidos políticos regionalistas, pero quiero ir un poco más allá. En el fondo no somos tan distintos, pero tampoco lo somos de los franceses de los ingleses (sí de los yankees), pero sí que nos separan tradiciones distintas y diferentes formas de ver la vida. En España hay grandes ciudades (digamos que las que tienen metro) donde el ritmo de vida es distinto, donde por su densa demografía el contacto de la gente con sus iguales es más frío; pero ni siquiera entre ellas hay grandes similitudes (qué más diferente y a la vez igual que Madrid y Barcelona, pero también de Madrid y Londres). No obstante, hay lugares en Extremadura donde la densidad de población es 70 veces más baja que en estas dos ciudades antes mencionadas; o, por ejemplo, fijémonos en un pueblo pesquero de la costa cantábrica; ¿Qué me decís de la gracia andaluza? Allí vas a un bar y desde que te atiende el camarero hasta que te pone lo que ha pedido (sin contar el tiempo que ha tardado en atenderte) pasa una eternidad, o no, solamente si lo comparas con Madrid, donde el ritmo de vida es más frío y calculador y la gente carece del humor y la cercanía andaluza.
Los desórdenes regionales hacen, a mi parecer, que la unidad de este país sea una pequeña utopía, y que las únicas cosas que nos unan de verdad estén lejos de hitos culturales (tampoco son iguales las iglesias de Castilla que las de Granada); sin embargo creo que esta pluralidad embellece el paisaje, y que si bien es cierto que, por el carácter poblacional, estamos cerca de un tipo de estado federal, sí somos un pueblo con carácter y pasado (en cierto modo) bastante común, que no unitario.





