Werther ante el Mar de Niebla
A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado.
Senderos sinuosos habían guiado mis pasos durante las últimas tres horas. Caminé entre la maleza verde esquivando, una y otra vez, los ramajes que se interponían en mi camino. La naturaleza se desarrollaba en plena libertad en aquel tenebroso paraje; la luna, llena ya de tanta noche, se oscurecía a ratos por el inoportuno paso de una nube de humo gris, el viento comenzó a azotar los árboles que se erguían ante mí como inmensos cíclopes. -¡Oh! Cómo las sombras se proyectaban desde mi corazón; sentimiento horrible de la naturaleza eres tú desamor. ¿Por qué nuestro sino se empeñaba en separarnos? ¿Por qué no poder fundirlos en uno solo?-
La luna alcanzaba su punto más alto y proyectaba su reflejo sobre mi camino; guiado me encontraba pues por la diosa de la noche, musa de la oscuridad, en el crepúsculo de mi vida, del bosque.
Bajé por un sendero pedregoso que parecía llevar ante un río o una cascada; el sonido del torrente, que violento se enfrentaba a la dureza de las rocas con la furia de las Erinias, era inequívoco. Todo ello se mezclaba con la ira de Eolo que zarandeaba todo mi entorno con un simple soplido, mezclando el verde de las hojas con el rojo tétrico del cielo, el sonido de las espoleadas ramas con el del agua angustiada. Cierto frescor empapaba mi triste semblante.
Hacía horas que caminaba con el único rumbo que imponía mi corazón sobre la naturaleza; dolorosa es la vida de quien como yo es capaz de encontrar el alimento del fuego de su corazón, pero le es imposible poseer su propia pira, extinguiéndose la llama de su vida. ¡No! ya no podía continuar así; no podía llevarla por los senderos de mi destino, ella ya había elegido, ¡no!, no ella, solo una promesa hecha en el último hálito de una vida, una vida que desapareció llevándose consigo mi amor, mi amor por la razón, razón que me arrebató aquella dulce mirada, dulce contradanza que en maldita hora pude disfrutar. Si el baile es el lenguaje del alma aquel día el amor se explicó a sí mismo por medio de los movimientos del cuerpo; nunca poesía y baile estuvieron tan cerca. Pero es inútil pretender gozar de los bienes que no están a nuestro alcance, y el amor se alejó de mi el mismo día que él apareció.
El cielo se volvió de un rojo más intenso y un rayo de luna iluminó lo que ante mi se encontraba; era el destino. Ya un rato llevaban mis sentidos inmersos en el mayor poder de la naturaleza, sumidos en un cierto temor por la insignificancia que supone nuestra existencia frente a la del resto de los seres vivos e inertes que componen nuestro entorno natural. El destino era un barranco cuyo fondo se encontraba oscurecido por la fuerza de una cascada cercana; solo podía oírla porque los vapores me impedían ver lo que los originaba a sí mismos. El agua me impedía ver la cascada como el amor me impedía ver la vida; la cascada de agua, la vida de amor.
Aproveché el despiste de una nube para asomarme al volcán de agua cuyo cráter se iluminó por el rielar de la luna. Subíme a una roca, apoyé mi bastón sobre ella y mientras el vapor convertido en neblina se enredaba en mis piernas y mi cuerpo dejé que Bóreas acariciara mi rostro y estirase mi ondulada cabellera. Me encontraba en total libertad, mi corazón latía con tal fuerza que apenas podía oír nada más; tenía que hacerlo, después de haber llegado a aquel lugar tenía que celebrar el triunfo de la naturaleza sobre el hombre, del rostro sobre la máscara, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el destino.

“Rojo cielo, luna llena que sobre el destino riela; vapor de agua, tormenta de niebla; terrible torrente que muere y renace a cada meandro y furiosa cascada que como un tornado de sentimientos nace en lo más alto para morir en lo más bajo, como yo. El viento azota mis ropajes mientras estiro tan solo un último segundo sobre la cima del mundo; un último segundo antes de enfrentarme a mi destino. Una mirada al cielo y otra al cieno me bastan para darme cuenta de que no, el amor no está hecho a mi medida porque es superior en todos los aspectos; más fuerte que la cascada y oscuro que la niebla, telón opaco de todos los sentidos que ciega al vidente y permite distinguir un arco iris al propio Homero;- amor que no me has amado yo te he vencido pues hasta donde nadie ha llegado, aquí a la cima de tu hogar donde nadie osó jamás poner pie, aquí planto yo mi semilla con una lágrima conquistando mi corazón una vez más, embriagado de tu sudor. Encuentro en tus terribles formas el más fuerte aliado de los sentimientos; la naturaleza que es tu madre y a la vez tu hija. ¡Aquí me postro ante ti para mostrarte que es cierto que te he vencido!-“
Solo un paso hacia delante completaría mi triunfo ante la más dichosa de las pasiones, un salto al vacío y al olvido me transportaría a un mundo extraño de ilusión donde poder dominar mis sentidos en libertad; sí, esa es la liberación.
Preparado me encontraba para el último paso de mi pasión y dispuesto a entregarme al gran mar de niebla; nada podría interponerse entre mi destino y yo, lejos quedaba ya la selva oscura y la ruta extraviada; el sendero sinuoso con ramajes vivos y secos y verdes y tiesos en su propio ser; incluso lejos parecía la luna que se despedía de mi ensombreciéndose súbitamente, letalmente se desvanecía tras una oscura nube en el crepúsculo de la noche que parecía anunciar mi propio fin.-¡Oh, poderoso destino, aquí me tienes por encima de los elementos, yo que te reto y te venzo! Un solo paso.
La nube que se interponía entre la Luna y yo comenzaba a llorar fuertemente sobre el bosque de álamos del monte que tras de mi, bajo la roca que sostenía mis pies se hallaba, y pude sentir sus lágrimas caer sobre mis manos y mi cabeza; un relámpago rasgó el cielo partiéndolo en dos; uno rojo y otro blanco. Un tremendo ronquido del cielo acompañó al rayo, ese fue el único sonido capaz de competir con el latir de mi corazón que me golpeaba el pecho de forma atroz abalanzándose al precipicio de mi sino.
Caí de rodillas como alguien que quisiese implorar a Dios, pero Dios no se encontraba en aquel paraje, no se oía su respuesta a mis súplicas. Mis lágrimas se fundieron con las del cielo que quiso ser plañidera de mi entierro. Agaché la cabeza, patético, ante la inmensidad abrumadora a la que hacía solo un momento retaba con gran valor. Mis lágrimas sabían a derrota, era el triunfal destino el que empujaba a las nubes para permitir a la luna alumbrar su triste victoria. La pasión me derrotó una vez más, aunque logré llegar muy lejos.
De súbito las nubes se alejaron y el frescor del alba acarició mis rosadas mejillas; levanté la mirada y pude ver a través de una lágrima una gota del rocío de la mañana que caía o pretendía hacerlo del vértice de una hoja verde de un árbol; alcé aún más mis ojos y observé a la imperiosa luna mirarme con alegría, llena de esplendor iluminando mi destino. Solo un paso hacia delante y se recuperaría la belleza del orden natural.
Di un paso y de nuevo el cielo tronó, pero ya no me importaba, había vencido al amor de la única forma que se puede hacer.
Senderos sinuosos habían guiado mis pasos durante las últimas tres horas. Caminé entre la maleza verde esquivando, una y otra vez, los ramajes que se interponían en mi camino. La naturaleza se desarrollaba en plena libertad en aquel tenebroso paraje; la luna, llena ya de tanta noche, se oscurecía a ratos por el inoportuno paso de una nube de humo gris, el viento comenzó a azotar los árboles que se erguían ante mí como inmensos cíclopes. -¡Oh! Cómo las sombras se proyectaban desde mi corazón; sentimiento horrible de la naturaleza eres tú desamor. ¿Por qué nuestro sino se empeñaba en separarnos? ¿Por qué no poder fundirlos en uno solo?-
La luna alcanzaba su punto más alto y proyectaba su reflejo sobre mi camino; guiado me encontraba pues por la diosa de la noche, musa de la oscuridad, en el crepúsculo de mi vida, del bosque.
Bajé por un sendero pedregoso que parecía llevar ante un río o una cascada; el sonido del torrente, que violento se enfrentaba a la dureza de las rocas con la furia de las Erinias, era inequívoco. Todo ello se mezclaba con la ira de Eolo que zarandeaba todo mi entorno con un simple soplido, mezclando el verde de las hojas con el rojo tétrico del cielo, el sonido de las espoleadas ramas con el del agua angustiada. Cierto frescor empapaba mi triste semblante.
Hacía horas que caminaba con el único rumbo que imponía mi corazón sobre la naturaleza; dolorosa es la vida de quien como yo es capaz de encontrar el alimento del fuego de su corazón, pero le es imposible poseer su propia pira, extinguiéndose la llama de su vida. ¡No! ya no podía continuar así; no podía llevarla por los senderos de mi destino, ella ya había elegido, ¡no!, no ella, solo una promesa hecha en el último hálito de una vida, una vida que desapareció llevándose consigo mi amor, mi amor por la razón, razón que me arrebató aquella dulce mirada, dulce contradanza que en maldita hora pude disfrutar. Si el baile es el lenguaje del alma aquel día el amor se explicó a sí mismo por medio de los movimientos del cuerpo; nunca poesía y baile estuvieron tan cerca. Pero es inútil pretender gozar de los bienes que no están a nuestro alcance, y el amor se alejó de mi el mismo día que él apareció.
El cielo se volvió de un rojo más intenso y un rayo de luna iluminó lo que ante mi se encontraba; era el destino. Ya un rato llevaban mis sentidos inmersos en el mayor poder de la naturaleza, sumidos en un cierto temor por la insignificancia que supone nuestra existencia frente a la del resto de los seres vivos e inertes que componen nuestro entorno natural. El destino era un barranco cuyo fondo se encontraba oscurecido por la fuerza de una cascada cercana; solo podía oírla porque los vapores me impedían ver lo que los originaba a sí mismos. El agua me impedía ver la cascada como el amor me impedía ver la vida; la cascada de agua, la vida de amor.
Aproveché el despiste de una nube para asomarme al volcán de agua cuyo cráter se iluminó por el rielar de la luna. Subíme a una roca, apoyé mi bastón sobre ella y mientras el vapor convertido en neblina se enredaba en mis piernas y mi cuerpo dejé que Bóreas acariciara mi rostro y estirase mi ondulada cabellera. Me encontraba en total libertad, mi corazón latía con tal fuerza que apenas podía oír nada más; tenía que hacerlo, después de haber llegado a aquel lugar tenía que celebrar el triunfo de la naturaleza sobre el hombre, del rostro sobre la máscara, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el destino.

“Rojo cielo, luna llena que sobre el destino riela; vapor de agua, tormenta de niebla; terrible torrente que muere y renace a cada meandro y furiosa cascada que como un tornado de sentimientos nace en lo más alto para morir en lo más bajo, como yo. El viento azota mis ropajes mientras estiro tan solo un último segundo sobre la cima del mundo; un último segundo antes de enfrentarme a mi destino. Una mirada al cielo y otra al cieno me bastan para darme cuenta de que no, el amor no está hecho a mi medida porque es superior en todos los aspectos; más fuerte que la cascada y oscuro que la niebla, telón opaco de todos los sentidos que ciega al vidente y permite distinguir un arco iris al propio Homero;- amor que no me has amado yo te he vencido pues hasta donde nadie ha llegado, aquí a la cima de tu hogar donde nadie osó jamás poner pie, aquí planto yo mi semilla con una lágrima conquistando mi corazón una vez más, embriagado de tu sudor. Encuentro en tus terribles formas el más fuerte aliado de los sentimientos; la naturaleza que es tu madre y a la vez tu hija. ¡Aquí me postro ante ti para mostrarte que es cierto que te he vencido!-“
Solo un paso hacia delante completaría mi triunfo ante la más dichosa de las pasiones, un salto al vacío y al olvido me transportaría a un mundo extraño de ilusión donde poder dominar mis sentidos en libertad; sí, esa es la liberación.
Preparado me encontraba para el último paso de mi pasión y dispuesto a entregarme al gran mar de niebla; nada podría interponerse entre mi destino y yo, lejos quedaba ya la selva oscura y la ruta extraviada; el sendero sinuoso con ramajes vivos y secos y verdes y tiesos en su propio ser; incluso lejos parecía la luna que se despedía de mi ensombreciéndose súbitamente, letalmente se desvanecía tras una oscura nube en el crepúsculo de la noche que parecía anunciar mi propio fin.-¡Oh, poderoso destino, aquí me tienes por encima de los elementos, yo que te reto y te venzo! Un solo paso.
La nube que se interponía entre la Luna y yo comenzaba a llorar fuertemente sobre el bosque de álamos del monte que tras de mi, bajo la roca que sostenía mis pies se hallaba, y pude sentir sus lágrimas caer sobre mis manos y mi cabeza; un relámpago rasgó el cielo partiéndolo en dos; uno rojo y otro blanco. Un tremendo ronquido del cielo acompañó al rayo, ese fue el único sonido capaz de competir con el latir de mi corazón que me golpeaba el pecho de forma atroz abalanzándose al precipicio de mi sino.
Caí de rodillas como alguien que quisiese implorar a Dios, pero Dios no se encontraba en aquel paraje, no se oía su respuesta a mis súplicas. Mis lágrimas se fundieron con las del cielo que quiso ser plañidera de mi entierro. Agaché la cabeza, patético, ante la inmensidad abrumadora a la que hacía solo un momento retaba con gran valor. Mis lágrimas sabían a derrota, era el triunfal destino el que empujaba a las nubes para permitir a la luna alumbrar su triste victoria. La pasión me derrotó una vez más, aunque logré llegar muy lejos.
De súbito las nubes se alejaron y el frescor del alba acarició mis rosadas mejillas; levanté la mirada y pude ver a través de una lágrima una gota del rocío de la mañana que caía o pretendía hacerlo del vértice de una hoja verde de un árbol; alcé aún más mis ojos y observé a la imperiosa luna mirarme con alegría, llena de esplendor iluminando mi destino. Solo un paso hacia delante y se recuperaría la belleza del orden natural.
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Comentario:
hola.. es para mi un Honor que me agregues dentro de tus enlaces favoritos.. yo tb lo haré pronto cuando comience a ajustar mis nuevos blogs favoritos.. gracias por escribirme y aceptar mis sugerencias para un mejor provecho de tu blogs.. cuando gustes y necesites mi ayuda puedes contar conmigo.. un abrazo a la distancia desde Chile.





