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El Arte de Vivir
Si duermo es por soñar contigo Que sino seguir viviendo Sería más de lo mismo.
Acerca de
EL LENGUAJE DEL ALMA Si del alma la Poesía Lengua ser podría, Sirvan estos versos Para decir lo que siento. En el fondo de mi alma La pasión ha tatuado El nombre de mi ama Con letras en dorado Que gracias a esta rima El sentimiento se ha expresado, El oro de tu nombre Las estrellas me han contado. Que te llamas Poesía Tú que me has guiado Por el camino de la vida Y el sendero enamorado. El sentimiento superior Por tu medio se ha narrado Con aroma de frescor Y la luz ha iluminado. Un verso sin Amor Como un jardín sin flor; Poesía, ser no sería De un poeta sin valor. Que las rimas son los versos Que canta el corazón, Por eso yo soy preso En la cárcel del Amor.
Sindicación
 
Paul Gauguin y las niñas
Sábado por la tarde; Madrid se viste de sol y primavera en pleno Octubre para iluminar el Paseo del Arte: en el Prado el retrato español, en el Thyssen, Gauguin, y en el Reina Sofía, los años ochenta. Un poco más arriba los Prerrafaelitas, y aún más al norte de la ciudad la pintura francesa del XIX, de Ingres a Toulouse Lautrec. Madrid es un bullicio efervescente de diferentes culturas entrecruzadas, en medio ¿qué nos queda?, la vida, eso es lo que deja Madrid de sobrante en las tardes de sábado soleado.

En el jardín previo a la entrada del Museo Thyssen la gente espera con impaciencia, con sus gafas de sol y sus vestidos de domingo como en un cuadro de Manet; ataviados de la modernidad que proporciona ir a ver una exposición de arte como ésta. Se refriegan unos a otros su superioridad; intelectual, económica y social; suciedad y ponzoña se da cita en un lugar tan bello como puede ser un arca atemporal como es un museo de arte.

Pero la visión del público parece distraída, solo yo me fijo en este, los demás ni en el arte ni en la prepotencia; dos niñas en plena pubertad se divierten pintándose todo el cuerpo con un rotulador: cejas, pelo, piernas, pecho, cintura, pantalones, camiseta… se hacen fotos como si fuesen ellas mismas una obra de arte. Ríen, gritan, gimen, hablan… están vivas, son un cuadro picasiano en directo; una reproducción teatral a la par que veraz de la vida.



La soberbia de las clases altas, con sus pieles, sus cueros y sus relojes y sombreros, se ven ensombrecidas por la belleza natural de la realidad viva. El coqueteo de estos retazos de vida pintados a trazos de rotulador forma parte de un curioso juego de miradas despistadas de los mayores que observan, como quien mira a una obra de arte, a estas niñas graciosas.

Finalmente las niñas parecen formar parte de una composición cerrada; aparecen sus padres y las miradas de los distraídos transeúntes que en su afán de ver arte miraron la vida vuelven a sus catálogos y sus abrigos de visón. Tranquilos, ahora sí que vais a ver artes, un arte que es mejor que la vida, que fue creado por la necesidad de una realidad que no tenemos, que no está viva. Abróchese el cinturón señor juez, entre en el museo a ver lo que puedo existir y no lo hizo, porque ya ha visto usted lo que pudo ser y no fue.
No