This Is The New Shit
Oleadas de productos nos llegan desde el otro lado del mundo: “Compre nuestro coche, es más rápido y mejor que el que usted jamás será capaz de hacer, imbécil”. “Aquí tenemos lo último en televisores, más grande, con más colores, pantalla plana de plasma… le durará un año, luego tendrá que comprarnos otro, más moderno y más caro”, “Compre idiota, compre; aquí lo tenemos todo, y si no pues nos lo inventamos, porque somos más inteligentes que usted”. Si todas estas fórmulas, que de verdad parece que a veces las usan, no tienen un resultado satisfactorio siempre les quedará el típico tópico: piernas largas, lencería de encaje, escote exageradamente exagerado, pelo rubio largo y labios pintados como fofito… y ya está producto lanzado y vendido.
Y es que parece que nos dejemos engañar por los anuncios, por la publicidad. Desde que un señor con bigote y unos aires de grandeza similares a los del mismo Luzbel, nos enseñara el secreto de la propaganda (antes de asesinar a seis millones de judío claro), nuestra sociedad no ha dejado de bombardearse con distintos mensajes, muchote ellos ocultos, para convencernos bien sea de comprar algo que no necesitamos, bien sea de hacer algo que no queremos. Pero es que parece que en los últimos años esto ha sobrepasado los límites de lo lógico. Las mentes de los ciudadanos del s. XXI son tan abiertas y a la vez tan deformadas que todo es válido para ellas, todo tiene cabida; ¿Qué hay que hacer para sorprenderte? ¿Qué haces tú para sorprenderte a ti mismo? La vanguardia ha destruido al ser humano, o al menos a parte de su mente, corrupta ya por el asedio propagandístico de todo lo conocido.
Es difícil querer comprar un paquete de tabaco sin que te ofrezcan, sin que tu lo pidas, más de diez marcas desde tu casa hasta el estanco; y lo mismo, pasa con los refrescos, las cervezas… pero no solo con los productos de ocio, sino también con la leche, el pan, la carne, los coches, las casas, la música, el arte… Vivimos en una sociedad consumista, no porque lo diga yo ni porque esté configurada económica y socialmente así, sino porque nos han hecho creer que es así. El secreto de la publicidad no está en hacernos creer que el producto es mejor o más barato que otro, eso era antes; ahora solo con asegurarnos que el resto de la gente, o al menos la que ellos consideran más importante, compra y consume ese producto les vale para que lo compremos. Así podemos ver a actores anunciando wishky, a futbolistas haciendo anuncios de natillas… y demás grutescos que no vienen al caso.
Creo que estoy en posición de afirmar que la publicidad pretende pensar por nosotros, y no debemos permitir que esto pase, el día que publicidad piense por mí, el dinero pensará por mí, y el día que esto suceda ya no seré un hombre, seré una máquina. Aún así podemos entender que la propiedad privada tenga la necesidad de transmitirse y darse a conocer de alguna manera, símbolos del capitalismo, pero es que los productos que nos ofrecen las grandes empresas son cada vez más patéticos; son pequeños, o malos, o nocivos, o inútiles (en la mayoría de los casos), o caros o infinidad de cosas más, ¿Ni siquiera piensan que nos merezcamos algo mejor? Yo creo que no, quieren que tengamos lo peor, no pueden darnos lo mejor porque cuando nos quejemos ya no tendrían que darnos, así que, nos dan algo malo o inútil y cuando alguien levanta la voz siempre pueden darnos algo mejor y más barato.
Es triste la verdad, lo sé, pero podemos hacer dos cosas; ignorarla y seguir entendiendo nuestra propia verdad como única e inigualable, confiar en la televisión que nos vende cualquier cosa a cualquier precio y entonces entrar en su juego o darnos cuenta de que se puede encontrar algo mejor que una música hecha para que no tengamos que pensar nosotros, sino donde ya esté todo pensado, un arte en el que haya que pensar tanto que al final te tengan que explicar qué es, sin dejar hueco a la interpretación y la imaginación, un cine propagandístico, unos electrodomésticos que con fecha de caducidad o restaurantes cuya comida caduco hace tiempo; si eliges esta realidad es una mala suerte, pues el camino de desenmascararla es duro y largo, en cambio si vas a aceptar lo que te ofrecen sin cuestionarlo solo puedo decirte una cosa que escribió Brian Warner: “Ésta es la nueva mierda”.
Y es que parece que nos dejemos engañar por los anuncios, por la publicidad. Desde que un señor con bigote y unos aires de grandeza similares a los del mismo Luzbel, nos enseñara el secreto de la propaganda (antes de asesinar a seis millones de judío claro), nuestra sociedad no ha dejado de bombardearse con distintos mensajes, muchote ellos ocultos, para convencernos bien sea de comprar algo que no necesitamos, bien sea de hacer algo que no queremos. Pero es que parece que en los últimos años esto ha sobrepasado los límites de lo lógico. Las mentes de los ciudadanos del s. XXI son tan abiertas y a la vez tan deformadas que todo es válido para ellas, todo tiene cabida; ¿Qué hay que hacer para sorprenderte? ¿Qué haces tú para sorprenderte a ti mismo? La vanguardia ha destruido al ser humano, o al menos a parte de su mente, corrupta ya por el asedio propagandístico de todo lo conocido.
Es difícil querer comprar un paquete de tabaco sin que te ofrezcan, sin que tu lo pidas, más de diez marcas desde tu casa hasta el estanco; y lo mismo, pasa con los refrescos, las cervezas… pero no solo con los productos de ocio, sino también con la leche, el pan, la carne, los coches, las casas, la música, el arte… Vivimos en una sociedad consumista, no porque lo diga yo ni porque esté configurada económica y socialmente así, sino porque nos han hecho creer que es así. El secreto de la publicidad no está en hacernos creer que el producto es mejor o más barato que otro, eso era antes; ahora solo con asegurarnos que el resto de la gente, o al menos la que ellos consideran más importante, compra y consume ese producto les vale para que lo compremos. Así podemos ver a actores anunciando wishky, a futbolistas haciendo anuncios de natillas… y demás grutescos que no vienen al caso.
Creo que estoy en posición de afirmar que la publicidad pretende pensar por nosotros, y no debemos permitir que esto pase, el día que publicidad piense por mí, el dinero pensará por mí, y el día que esto suceda ya no seré un hombre, seré una máquina. Aún así podemos entender que la propiedad privada tenga la necesidad de transmitirse y darse a conocer de alguna manera, símbolos del capitalismo, pero es que los productos que nos ofrecen las grandes empresas son cada vez más patéticos; son pequeños, o malos, o nocivos, o inútiles (en la mayoría de los casos), o caros o infinidad de cosas más, ¿Ni siquiera piensan que nos merezcamos algo mejor? Yo creo que no, quieren que tengamos lo peor, no pueden darnos lo mejor porque cuando nos quejemos ya no tendrían que darnos, así que, nos dan algo malo o inútil y cuando alguien levanta la voz siempre pueden darnos algo mejor y más barato.
Es triste la verdad, lo sé, pero podemos hacer dos cosas; ignorarla y seguir entendiendo nuestra propia verdad como única e inigualable, confiar en la televisión que nos vende cualquier cosa a cualquier precio y entonces entrar en su juego o darnos cuenta de que se puede encontrar algo mejor que una música hecha para que no tengamos que pensar nosotros, sino donde ya esté todo pensado, un arte en el que haya que pensar tanto que al final te tengan que explicar qué es, sin dejar hueco a la interpretación y la imaginación, un cine propagandístico, unos electrodomésticos que con fecha de caducidad o restaurantes cuya comida caduco hace tiempo; si eliges esta realidad es una mala suerte, pues el camino de desenmascararla es duro y largo, en cambio si vas a aceptar lo que te ofrecen sin cuestionarlo solo puedo decirte una cosa que escribió Brian Warner: “Ésta es la nueva mierda”.
Comentario:
Jajaja, es cierto, te doy toda la razo, vende mas el decir: "este producto lo compra mucha gente" o "este lo usa algun famoso como David Beckham, el reloj de Julio Iglesias o cualquier otro" para comprarlo y decir luego quien lo tiene, que el decir que el decir que es bueno simplemente (cuando en realidad no sabemmos hasta que punto), ademas de que la mayoria de las cosas electronicas como moviles, televisiones, etc,tienen vida al los dos años a comprar uno nuevo y si lo llevas donde lo compraste te dice que saldria mas barato comprar otro. En esta vida no se regala nada. Saludos.
