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El Arte de Vivir
Si duermo es por soñar contigo Que sino seguir viviendo Sería más de lo mismo.
Acerca de
EL LENGUAJE DEL ALMA Si del alma la Poesía Lengua ser podría, Sirvan estos versos Para decir lo que siento. En el fondo de mi alma La pasión ha tatuado El nombre de mi ama Con letras en dorado Que gracias a esta rima El sentimiento se ha expresado, El oro de tu nombre Las estrellas me han contado. Que te llamas Poesía Tú que me has guiado Por el camino de la vida Y el sendero enamorado. El sentimiento superior Por tu medio se ha narrado Con aroma de frescor Y la luz ha iluminado. Un verso sin Amor Como un jardín sin flor; Poesía, ser no sería De un poeta sin valor. Que las rimas son los versos Que canta el corazón, Por eso yo soy preso En la cárcel del Amor.
Sindicación
 
El Jardín de las Delicias
Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras campestres y los reptiles de la tierra.”

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Vio Dios que esto estaba bien
Llamó Adán a su creación, y éste aceptó su nombre.
Adán puso nombre a todos los animales creados por el Señor Dios, ya que Él mismo se lo concedió. Así puso vaca a la vaca, cerdo al cerdo, caballo al caballo y a todos los seres vivos que poblaban el cielo, la tierra y el mar.

El hombre pasaba el día paseando por el jardín del Edén, tan pronto visitaba la zona rica en oro, llamada Pisón, como se acercaba a la orilla del Éufrates. Adán estaba dotado de razón, y por ello aprendía cada día algo nuevo; la vegetación crecía gracias al gran astro que gobernaba el día y las lluvias que concedía el Señor Dios. Los animales se alimentaban de estos vegetales algunos, y otros se alimentaban de otros animales. Él decidió que como Dios le había ordenado que dominase a todas las fieras, debía alimentarse de todas ellas, así comió animales, vegetales y toda clase de alimentos, pero sabedor de que se necesitaban entre ellos para seguir existiendo nunca hacía uso abusivo de ningún alimento. Y así es como Adán pasaba el día hasta que al atardecer Dios le visitaba junto al árbol de la ciencia del bien y del mal de cuyo fruto Dios le había prohibido comer. Adán, que era consciente de la gran sabiduría de su Hacedor, no osaba probar del fruto de ese árbol. Dios le preguntaba todos los días en que había ocupado su tiempo, y el hombre respondía siempre con que había aprendido una nueva cosa: el color de las flores, hábitos de los animales, flotar en el agua… pero llegó un día en que Adán no supo que contestar.
- ¿En que has ocupado hoy tu tiempo, Adán?
- Señor Dios,- respondió- hoy he paseado por este hermoso jardín, he visto a las vacas alimentarse, a los peces saltar en la crecida del río, he visto parir a un cerdo, pero no he visto nada que no haya visto cualquier otro día.- Adán no se sentía defraudado ni humillado, no se sentía de ninguna forma porque pese a todo el aprendizaje que había llevado en el jardín no había aprendido a tener sentimientos, era incapaz de sentir algo, no se divertía pero tampoco se aburría, se limitaba a vagar por el jardín y a alimentarse instintivamente. Dios era consciente de que no había dotado a se creación de sentimiento, simplemente le había dado la razón, pero con ello no bastaba.
Sumió Dios a Adán en un profundo sueño, le arrancó una costilla y de ella creó a la mujer pensando que seguramente con ella lograse distraerse un poco.

Al despertar el hombre y ver a la hembra tuvo su primer sentimiento, la alegría, y vio Dios que eso estaba bien.

Adán nombró a la hembra Eva, pues ella sería la madre de todos los hombres. Podríase pensar que Dios hizo esta última creación para divertimento del hombre, pero no fue así, pues al salir de la costilla de hombre que fue creado a imagen y semejanza del Señor, ella también fue una igual.

Poco a poco los sentimientos fueron poblando el jardín, a la alegría le siguió el amor, al amor la pasión y la amistad…

Los dos hombres paseaban juntos por el jardín mostrando su felicidad a cuantos animales y seres se encontraban, y aunque ellos no eran capaces de comprender porque sentían aquello, no se les ocurría preguntárselo a su Creador.

Como cada atardecer Dios visitaba a Adán y a Eva a la orilla del río, al lado del árbol prohibido, uno de los lugares más bellos del Edén. Dios habló con ellos como cada día y les preguntó si habían visto o aprendido algo nuevo aquel día y fue entonces cuando Eva hizo uso de un nuevo sentimiento, la curiosidad.

– Señor Dios, ¿Y este árbol cuya sombra nos cobija, y cuyo fruto es el más bello de todos los que pueblan nuestro hermoso jardín, porque nos esta vedado al hombre y a mi?- Ciertamente Eva no preguntaba con picardía, simplemente respondió a la respuesta de Dios. El Señor comenzaba a darse cuenta de que su creación era de una gran perfección porque era capaz de aprender diversas sensaciones por sí solo y contestó que si probaban su fruto ciertamente morirían, a lo que ni Adán ni Eva replicaron, no por miedo, pues no sabían que era la muerte porque no habían visto morir nada, sino porque si su Maestro no les permitía tomar ese fruto ellos no lo harían por sí solos.
En esto que un día se encontraban los dos, desnudos como siempre, bajo la sombra de un árbol observando el cielo.

- ¡Que grandeza nos ha regalado nuestro Señor! Tenemos todo lo que podemos querer, yo te tengo a ti y tú a mí, tenemos alimentos, día, noche, el sol y la luna, agua que corre, flores bellas, rocas brillantes y hermosas, animales bellos y todo es perfecto. ¿Qué más podemos necesitar, Eva?- Oyó Dios hasta este punto y vio que estaba bien, pero cuando ya no estaba apareció el más bello de los animales y sacando la lengua respondió a Adán.
- Gran belleza la que nos rodea, aquí, en el jardín de Dios todo es bello y perfecto no existe el bien ni el mal, pues Dios separó el caos y la tiniebla de la luz.
- Serpiente, dijo Adán ¿Qué significado tienen esas palabras que profesas, mal, caos… pues no conozco de ellas nada más que lo que tu dices?
-La serpiente rápidamente contestó- ¿No os ha contado Dios su significado? ¿Quizá tema que os hagáis tan sabios como él? ¿Quizá tema que si probáis del fruto prohibido podáis ser vosotros también dioses y creéis otro jardín como este para vosotros dos dejando a Dios en soledad?- Y escondiendo su lengua desapareció cruzando el río.

Adán y Eva estuvieron mucho tiempo pensando sobre aquellas palabras, pero no consiguieron saber nada sobre todo aquello, pues no veían nada que no fuese bello o bueno. Así pues un día que se hallaban bajo el árbol de la ciencia esperando a Dios para su vista diaria decidió Eva coger un fruto del árbol.- En verdad que es bello este fruto- dijo suspirando, y Adán al ver el deseo en los ojos de Eva lo cogió y mordió, y después dio a probar a la mujer. Al morder los dos el fruto se pudrió, y supieron lo que era la muerte, el cielo se cerró sobre ellos en una gran tormenta y conocieron lo que era la tiniebla y el caos, un rayo partió el árbol que les cobijaba de la lluvia y supieron lo que era la destrucción; al oír Dios tales estruendos corrió a buscarles y los encontró escondidos entre unos matorrales, habían tapado sus genitales con hojas de parra y avergonzados se ocultaban de Dios y de ellos mismos. Dios montó en cólera y supieron lo que era el poder. De esta manera Dios abandonó a su suerte al hombre, pues quiso aprender las cosas por sí solo y no dejó a su creador enseñárselas. Adán y Eva habían aprendido muchas nuevas sensaciones y ahora no tendrían la sabiduría del Señor para ayudarles. Tejieron unas túnicas para taparse pues conocieron el frío. Construyeron una pequeña casa de paja para poder refugiarse de las tormentas y lluvias que poblaban el maravilloso jardín. Salían a pasear como todos los días, comían frutos de los árboles y animales, como siempre. Pero pronto Adán se dio cuenta de que las manzanas estaban más ricas, a su gusto, que las peras y comió hasta saciarse dejando el árbol de las manzanas sin ningún fruto. Contento por haber comido hasta saciarse, mucho más de lo que hubiese necesitado para alimentarse, durmió a la sombra del árbol que le acababa de servir de festín pero cuando se levantó vio como sus ramas estaban vacías y se entristeció. Volvió a casa pero la pequeña cabaña había sido destruida, así que tuvo que construir otra. Al día siguiente sintió ganas de comer manzanas pero el árbol ya no daba más su fruto; y así fue todos los días durante varias primaveras sin que el árbol le concediese una sola manzana más. Finalmente, enfurecido, Adán golpeó el árbol y se dio cuenta de su dureza, así que decidió cortarlo y hacerse una vivienda más dura que las cabañas de paja que reconstruía cada poco tiempo. Al ver su construcción se sintió feliz, y también Eva se sintió igual y le dijo que construyera otra más grande para poder estar más cómodos, y Adán cortó otro árbol y otro y otro, hasta que ya no quedaron árboles frutales, pero la casa de los hombres era maravillosa y aunque deseaban seguir tomando fruta les satisfacía mucho más ser capaces de construir su propia casa para ellos.

Y al cabo de un tiempo se dieron cuenta de que la carne de vaca era más rica que la del cerdo y comieron solamente vaca durante un tiempo. También se dieron cuenta de que era más limpió el suelo de tierra que el de hierba, que debían regar todos los días y con las lluvias se estropeaba y enfangaba, así que decidieron levantar toda la hierba.

Poco después ya no había vacas porque se habían comido la mayoría de ellas y las demás habían muerto de hambre, pero Adán y Eva dijeron, “si no hay más vacas pues, no comeremos más vacas, ya encontraremos algún otro alimento que nos satisfaga.”
Pronto tuvieron hijos, pues es instinto y deber del hombre procrear, los dos primeros se llamaron Caín y Abel.



Adán y Eva se dieron cuenta de que habían hecho un uso abusivo de los bienes que les concedía el Señor al ver que a penas podían alimentar a sus hijos pues habías matado a la mayoría del ganado y arrancado la mayoría de los árboles, así que a Adán le tocó trabajar con el sudor de su frente, pues Eva había parido con gran dolor y no se encontraba en situación de trabajar.

Cuando los hijos se hicieron mayores se les encomendó trabajar la tierra y el ganado. Abel era ganadero, y Caín agricultor; trabajaban alegremente la tierra del Señor y eran buenos hermanos, pero un día decidieron hacer una ofrenda al Creador. Dios vio con buenos ojos la ofrenda de Abel pero no así la de Caín quien sintió envidia. Llamó a su hermano al campo y allí mismo lo asesinó. Dios contempló el mayor de los pecados y expulsó a Caín condenándole a errar por la tierra en la que había sido creado.

Y vio Dios que esto no estaba bien, en verdad vio Dios que nada estaba realmente bien, la libertad del hombre se le antojaba una necesidad de su creación, pero el poco respeto que mostraba éste por el resto de creaciones hacíale pensar que quizá no debiera haber concebido al hombre como dominador de la naturaleza, pues era en sí ésta su creación de máxima perfección, ya que sin saber era sabia, sin sentir era comprensiva, y nuca traicionaba ni pecaba. Así el Señor Dios tuvo a bien dejar a ésta la misión de controlar al hombre, de cuidarle y ser su guarda. Desde entonces la Naturaleza, símbolo de la perfección y la belleza, se convirtió en todo lo que necesitó el hombre: Adán volvió a tener manzanas para comer y la hierba volvió a brotar en los campos tornándolos verdes en su máxima expresión, volvieron a renacer todas las especies que el hombre había extinguido a base de opulencia. Y vio Adán que esto estaba bien, y comprendió que el hombre no debe abusar de la Naturaleza, pues es Ella en sí más sabia que el propio hombre sin saber nada y más comprensiva que el hombre sin sentir nada; y tuvo a bien Adán enseñar esto a sus descendientes, pues ya a su larga edad se había convertido en un sabio aprendiendo de sus propios errores.

Los descendientes de Adán comprendieron a la perfección las ideas que les inculcó su padre, pero a su muerte pareció que olvidaron todo lo que los errores de Adán habían logrado enseñar a éste, y éste a éstos mismos. El hombre se volvió a convertir en la criatura opulenta y destructora que ya había sido antes, y de nuevo atacó, esta vez con más fuerza, a la sabia Naturaleza. Quiso el hombre igualarse a ésta y construir un Ziqquratu que llegase al cielo; la Luna y el Sol, los astros y las estrellas. Pero la Naturaleza también había aprendido como era el hombre y, con el poder que le había otorgado el creador, decidió castigar al hombre por querer engendrar algo más bello que la Naturaleza y decidió llorar y llorar hasta que los campos se inundasen, hasta que la Tierra se tornara del color del agua y solo concedió a un macho y una hembra de cada especie la posibilidad de la vida. Y fue de esta manera como la sabia Naturaleza, sin saber nada, castigó al hombre por su avaricia y arrogancia.

Y el hombre aprendió que había que respetar a la Naturaleza, y que ésta era la más bella y perfecta de todas las creaciones y como tal había que venerarla; y de su imitación nació el arte, y del arte la poesía, y de la poesía la belleza se convirtió en el don más preciado.
Pero el hombre fue olvidando a su padre, y para explicar ciertas cosas decidió crear sus propios dioses, inimaginables e inauditos; así logró explicar porqué la Naturaleza era más sabia que él mismo, señor y dominador de todo. Pensó que estos dioses controlaban a los hombres por medio de la Naturaleza y entonces el hombre creo las religiones. Y vio la sabia Naturaleza que esto no estaba bien y decidió interponerse en los intereses del hombre y le sacudió con siete plagas y a partir de ahí el caos se desató y las sequías y las borrascas se sucedieron destrozando así las cosechas del hombre, y de esta manera hacíale pasar hambrunas y duras enfermedades.
El hombre se había expandido por gran parte de la Tierra y no entonos los lugares se comportaba de la misma manera. De esta expansión nacieron las relaciones entre distintas regiones y las distintas costumbres y tradiciones. Pero como el hombre es avaro y codicioso, su orgullo le llevó a intentar conquistar, para beneficio propio, otras zonas que pudiera explotar a su antojo, y de esta manera aparecieron las guerras y el colonialismo. El hombre fue enriqueciéndose de tal modo que llegó a pensar que no necesitaba de la Naturaleza, y vio ésta que todo estaba mal. Y para contabilizar sus riquezas creó el hombre el dinero, falso profeta fruto de la arrogancia y la codicia humana; y vio la Naturaleza que esto tampoco estaba bien. Y las relaciones entre los hombres se fueron enfriando, ya que a lo largo de toda la Historia de la humanidad había ido aprendiendo y destruyendo todo lo que se ponía a su alcance, y lo que no llegó a aprender por no comprenderlo, lo volvió a crear a su antojo o creó algo que pudiera explicarlo de alguna manera, y de nuevo vio la Naturaleza que esto no estaba bien, porque el hombre no puede crear sino inventar, y todos los inventos del hombre habían traído grandes desgracias para la Naturaleza, su protectora y máxima expresión de belleza y perfección; y entonces decidió interceder entre el hombre y la destrucción, pero los hombres crearon las armas y lograron imitar aspectos de la Naturaleza por medio de elementos químicos, tornando la vida en muerte, matando con la vida, destruyendo lo bello y necesario, cometiendo el más duro de los pecados, la muerte de un hermano; y vio el hombre que esto estaba mal.

No