Carta de un Náufrago
2...yo, por mi cuenta, no voy mal del todo; bueno, imagínate, ahora sumido en el largo y estrecho, cuál pasillo de una pirámide, mes de febrero repleto de exámenes y días de sol refrescante con los codos sobre la mesa de un sucio ordenador que huele más a café de antes de ayer que a megabyte calcinado por una amalgama de neuronas enloquecidas en busca de un minuto, un segundo o tal vez sólamente un instante, por ínfimo que sea, en el que ver con claridad ALGO, quizá ese único suspiro sirva para aclarar las dieas que a cada folio se desvanecen en las sombras de los días de lluvia en lo que no fui a clase, las tardes húmedas en las que, junto al helado radiador del aula, contaba los segundos que le queban a las siete de la tarde para expirar en un agudo timbre que me rompa el tímpano y que se convierta en un autobús rojo de camino a casa. Es tan efímera la vida del estudiante como fascinante y llena de anécdotas que al final, digamos lo que digamos, es el resumen de toda una vida.
Dicho ésto quiero que sepas (aunque seguramente ya te habrás dado cuenta) que no me encuentro en plenas facultades mentales pues es tanta la información que en estos aciagos días pretendo meterme en la cabeza, que todo lo que no sean cuadros de Tiziano, chistes de Baudelaire o poemas de Maiakovski parece perteneciente a un plano de realidad distinto; vivo en un museo en el que el hilo musical es la historia de la humanidad, la historia que hizo grandes a pequeños hombres (Napoleón entre otros) e ignoró a otros tantos de gran espíritu que a fuerza de una hoz unos, de un martillo otros, elevaron la condición humana al más alto de los escalones para que entonces su caída fuese estrepitosa y tras la destrucción, la calma. Cuán sencillo es resumir la Historia en un par de frases y presumir que los sueños de miles de años acaben en un nuevo inicio en el que re-crear todo lo destruido, imaginar todo lo olvidado, en eso consiste la Historia, en almacenar los recuerdos de los hombres para una vez cada cien años ver que seguimos tropezando en las mismas piedras, que seguimos trepando los mismos muros una y otra vez abocados a un final fatal.
Pero así es la vida, como dijeron tantos otros, y así es como hay que vivirla."
Dicho ésto quiero que sepas (aunque seguramente ya te habrás dado cuenta) que no me encuentro en plenas facultades mentales pues es tanta la información que en estos aciagos días pretendo meterme en la cabeza, que todo lo que no sean cuadros de Tiziano, chistes de Baudelaire o poemas de Maiakovski parece perteneciente a un plano de realidad distinto; vivo en un museo en el que el hilo musical es la historia de la humanidad, la historia que hizo grandes a pequeños hombres (Napoleón entre otros) e ignoró a otros tantos de gran espíritu que a fuerza de una hoz unos, de un martillo otros, elevaron la condición humana al más alto de los escalones para que entonces su caída fuese estrepitosa y tras la destrucción, la calma. Cuán sencillo es resumir la Historia en un par de frases y presumir que los sueños de miles de años acaben en un nuevo inicio en el que re-crear todo lo destruido, imaginar todo lo olvidado, en eso consiste la Historia, en almacenar los recuerdos de los hombres para una vez cada cien años ver que seguimos tropezando en las mismas piedras, que seguimos trepando los mismos muros una y otra vez abocados a un final fatal.
Pero así es la vida, como dijeron tantos otros, y así es como hay que vivirla."





