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El Arte de Vivir
Si duermo es por soñar contigo Que sino seguir viviendo Sería más de lo mismo.
Acerca de
EL LENGUAJE DEL ALMA Si del alma la Poesía Lengua ser podría, Sirvan estos versos Para decir lo que siento. En el fondo de mi alma La pasión ha tatuado El nombre de mi ama Con letras en dorado Que gracias a esta rima El sentimiento se ha expresado, El oro de tu nombre Las estrellas me han contado. Que te llamas Poesía Tú que me has guiado Por el camino de la vida Y el sendero enamorado. El sentimiento superior Por tu medio se ha narrado Con aroma de frescor Y la luz ha iluminado. Un verso sin Amor Como un jardín sin flor; Poesía, ser no sería De un poeta sin valor. Que las rimas son los versos Que canta el corazón, Por eso yo soy preso En la cárcel del Amor.
Sindicación
 
"Sol de Invierno"
"La ciudad, libre de miedo, multiplicaba sus puertas" mientras la gente apuraba sus horas de ocio en noches de bruma fina, de luna a capa y espada de esas que rielan sobre los árboles del Retiro como si de un mar de abedules se tratara. La luz de gas de los carteles, esas farolas desamparadas que buscan el tibio abrazo de un borracho en plena noche de invierno y hasta la X de un solitario cine de una calle pura de Madrid, se desvanecían entre las sombras anunciando la Roma de Nerón.



Una princesa tocaba el cielo en ropa interior sobre la pista de una discoteca y con su mirada derretía el hielo de la boca del más pinta, una esfera de brillos dorados reflejaba la barra de lo que ayer era un café, hoy un pub y mañana tal vez nada, o quizá un poco de todo, nunca se sabe, que con el desarrollo y la evolución solo juegan los que más trampas saben hacer; siempre la humildad tuvo un precio y ese es el de quedarse al margen, el de perder la partida antes de empezar, el de querer y no poder por miedo a perder la honra, a quedarse en el esqueleto. Eso fue lo que pasó, así sucedió en pleno centro de Madrid. Una noche cualquiera de un sábado cualquiera luce la oscuridad al amparo de los semáforos, los neones de los bares de paga y goza, la tarifa 2 de un taxi, Santa María de Correos que baja de la Cibeles, diosa urbana, hasta el Palace, el Prado, Atocha y su Ronda que sube y contempla la vida de las gentes en sus balcones de candil, en sus calles alumbradas por un cigarro, de la vida que vive sin techo y que se calienta al FUEGO de unos cartones… Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal… ¿dónde queda un corazón que yo pueda encontrar? Bullicio, barullo, gentío, desperdicios, muchedumbre… todo se da cita en el centro de la ciudad en plena noche. La oscuridad es esa capa de fina negrura que se extiende por las Tierras de Castilla cuando el sol se ha cansado ya y la Luna, ansiosa, se encarama a una nube y observa, dichosa, los recortes en Su cielo que hicieron Le Corbusier y otros tantos dibujando edificios de acero reticulado que cinco mi años antes hubieran sido Pirámides de piedras reticuladas; al fin y al cabo el mundo no ha cambiado tanto.



El parque de Barceló, Pachá, San Bernardo, Quevedo e Iglesia son testigos mudos de la noche madrileña, de la movida globalizada para niños y para mayores, para chicos y para chicas, para los guapos, para los feos, para los cojos y los atletas, para zumos y para anfetas, todos quieren estar y que se note, que se sepa; pero ninguno es capaz de irradiar la luz necesaria para destacar, esta ciudad no perdona y machaca a todos por igual, sin embargo también premia a todos por igual.
Dicen que todos los caminos llevan a Roma pero yo se de cuatro que el otro día abocaban a Madrid, a una conocida glorieta… o no, o yo era Nerón y aquello era Roma o tal vez Atenas y todos íbamos con túnicas y la antorcha olímpica del no sé cuantos ..12 ardía antes de tiempo, en una noche de ocio de esas en la que los participantes de la ciudad se hayan viendo luces y colores en los cines y en los bares de alterne. Uno de esos caminos de los que hablo, llegó tarde el carnaval y se disfrazó de agosto, porque el infierno no tiene invierno más que en algunos lugares donde la yerma tierra niega su fruto y mata de hambre a quien osa rozarle los cabellos. Allí, entre las llamas del sol de invierno, toda suerte de espectadores leían la Biblia en la parte en la que se narra la destrucción de Sodoma, la puta Babilonia y las siete plagas de Egipto. La Luna, asustada, pretendía escamotearle al día unas horas y huía de la ciudad que le da cobijo todas las noches sin pedir más a cambio que una sonrisa y una rayo suyo que alumbre los corazones de los madrileños, pero aquella noche nadie necesitaba lumbre, ni luz, ni calor, ni ganas de salir a la calle para gozar de una fría noche de sábado donde la normalidad de las salas de fiesta de a tres mil la entrada y garrafón de primera, donde las quinceañeras se remangan las faldas del uniforme de un colegio de mojas y Steve Macqueen se pone gafas de sol del rastro, gomina a lo John Travolta y calza patillas de Curro romero, pantalones ajustados como los de James Dean y piense que su Edén particular se encuentra bajo la falda de esa quinceañera de trenzas revenidas y pecas de chochona.
Nada de esto sucedió el pasado sábado porque no era una noche normal. Ahora solo nos queda pensar cuándo volverá la tranquilidad, cuándo podremos volver a hacer las cosas que hacíamos antes… cuándo el tráfico será tan horrible como antes, no tan desesperante como ahora… yo pienso que para el 2012 las aguas habrán vuelto a su cauce… habrán vuelto para regresar a sodoma y a Nerón con Roma…


 
Comentario:
Joder, vaya manera de expresar la noche madrileña, mejor dicho la pasada noche madrileña. Todo vuele a su sitio, pero ¿cual es su sitio realmente? supongo que el que cada uno quire que sea. Yo no soy de madrid pero me gustaria saberlo. Besicos.
No