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The piano - The promise
J.S.Bach
Michael Hedges
Jueves, 19 Agosto 2004 13:10
El garaje y la lluvia (I de II).
(Un cuento antiguo, borrador de otra cosa y casi en absoluto autobiográfico. Creo que la mejor manera de exorcizar demonios es ponerse manos a la obra. Gracias a todos... de veras).
El garaje y la lluvia.
El último tramo del trayecto a casa podría hacerlo cualquier día con los ojos cerrados. Clac-clac. Con puntualidad suiza pasan los mismos vehículos por las mismas calles y rotondas, y como en la pantalla de un comecocos, podría predecir el tráfico en esa urbanización según la hora. Clac-clac. Nada que ver con la crónica y caótica trombosis circulatoria de la ciudad. Pero esa tarde Tristán apenas aminora la velocidad en los cedas, y al llegar a su calle vira indolente a la derecha con una sola mano. Clac-clac. Se detiene ante la puerta del garaje, con el motor en marcha, como si de repente hubieran instalado el primer semáforo en todo el barrio, precisamente sobre la puerta de su garaje. Clac-clac. Apaga la voz clónica del locutor que estropeaba el final de una canción en la radio, gira la llave de contacto, y permanece unos segundos inerte, sin despegar aún la mano del volante. El movimiento del limpiaparabrisas se congela, cesa el "clac-clac". Llueve, sabe que ha estado lloviendo todo el día, pero ahora se da cuenta de veras. Llueve.
La puerta del garaje es automática y un gruñido metálico anuncia que va a abrirse. Pero Tristán no repara en ello. Se hunde en el respaldo y cierra los ojos para escuchar el sonido de la lluvia sobre el capó, sobre el parabrisas, golpeando el techo, despertando la memoria. La lluvia siempre le recuerda a Ariadna y a su dulce sonrisa irreverente cuando ella le tomaba el pelo llamándole "Tantán". Ella decía que así su nombre no sonaba tan marchito, y lo cambiaba por algo casi musical, divertido.
Ha estado diluviando el día entero, desde antes de salir de casa a las siete. Cada mañana de lunes a viernes no siente que empieza de verdad la jornada hasta que sale del garaje, y aún lo duda, hasta que no asoma del todo el sol. Cuando llueve tanto no puede evitar volar hasta esos paisajes cantábricos que compartió con Ariadna. Especialmente los de su último viaje, hace ya dos meses. Seguía arreciando el aguacero al mediodía, cuando en la babélica oficina ha habido un momento que casi despereza los recuerdos dormidos, pero el murmullo de teléfonos, faxes y teclados no lo ha permitido del todo. Al mirar por el ventanal de la sala de juntas del decimoquinto piso, casi se ha acordado de aquél balcón sobre el vasto azul, de aquél alféizar verde, el acantilado del que bajaba una rudimentaria escalinata hasta la playa. Casi se acuerda del día que allí se despidieron, del día que ella bajó del coche y no sonrió como siempre cuando él la llamó "Ari" una vez más, ni consintió que le acercara al pueblo, ni volvió la cabeza una sola vez mientras se alejaba cruzada de brazos, sorteando charcos.
De camino a casa, ha apagado el móvil y lo ha desterrado malhumorado al asiento trasero, después de dos llamadas que aún tiraban de él hacia el trabajo como dos lastres en los bolsillos de un náufrago. También ha estado a punto en el coche de destapar el tarro de la evocación, y empacharse de todo lo vivido con Ariadna, ese espíritu libre que camina según sus propias reglas, esa ninfa despeinada que no pegaba con un trajeado ejecutivo, excepto cuando Tristán vuelvía a ser "Tantán" y aprendía a exprimir cada segundo de su tiempo con "Ari"... pero el atasco y sus demonios, a las riendas de utilitarios estresados, berlinas artilleras, deportivos despectivos, furgonetas apuradas, motos sorpresa, taxis anarquistas y autobuses proletarios, se lo han impedido. Sólo al tomar el desvío hacia la acomodada isla de ladrillos en la que viven casi todos los directivos de su empresa, y que él también escogió para mantener los codos en forma y el mentón en alto, ha comenzado tímidamente a liberar de interferencias el canal que su voz interior utiliza algunas veces para reprenderle.
Hace dos meses, en aquél acantilado, un chaparrón repentino les sorprendió cuando ya ascendían desde la playa; corrieron entre risas y "Ari" y "Tantán" subieron al coche, felices y empapados. Ella le enseñó a escuchar la melodía del agua y la tierra al abrazarse, le miró con esos ojos llenos de mar, y se besaron con el mismo ímpetu con el que la tormenta rugía sobre sus cabezas. Su boca sabía a todo lo que él amaba del mundo, a lo poco que él amaba del mundo, porque casi se había olvidado de conjugar ese verbo hasta que la conoció a ella, tan diferente. Alguien que nunca subió a ese descabellado tren en el que Tristán llevaba más tiempo del que podía recordar. O acaso alguien como él, pero que nunca sacrificó su autenticidad por ningún tren.
---------------------------
Dejaron su huella:
Sinceramente, no tengo palabras para comentar esta primera parte. Me ha gustado el estilo de tu prosa, cómo podemos acercarnos al personaje, y vivir esas sensaciones.
Voy ya a leer la segunda parte.
Un beso!
Marta Domingo, 22 Agosto 2004 12:27
Le diría a is-land que el que no arriesga difícilmente gana...
Sergi me ha encantado este párrafo:
" Ella le enseñó a escuchar la melodía del agua y la tierra al abrazarse, le miró con esos ojos llenos de mar, y se besaron con el mismo ímpetu con el que la tormenta rugía sobre sus cabezas. Su boca sabía a todo lo que él amaba del mundo, a lo poco que él amaba del mundo, porque casi se había olvidado de conjugar ese verbo hasta que la conoció a ella, tan diferente."
volveré para leer la continuación...
Abrazo al corazón
la hechicera de la luna Viernes, 20 Agosto 2004 01:47
De entre todo, me toca la semilla que sembrara ese beso, ese instante. No sólo hacer recordar lo que se ama 8mucho o poco), traducirlo, llevarlo al sabor de un beso. El aprender a escuchar la lluvia, su relación con la tierra, con nosotros, con lo que toca... Aprender a saberse y sentirse vivo... Si subimos al tren o no, serán las circunstancias y lo que nos mueva en el momento, no?
Besos, del otro lado del océano.
Paty Jueves, 19 Agosto 2004 20:15 (Web)
Ah! y que estoy de acuerdo con mad, es cierto, siempre se puede saltar del tren. Tomarlo es un riesgo como otro cualquiera, ¿quién nos dice que los riesgos han de llevarnos siempre a puerto feliz?
Is-Land Jueves, 19 Agosto 2004 17:47
Hola, te he "conocido" en el Divario de Shangay Lily y me ha gustado mucho una frase, aquella que dice que "las etiquetas no son más que una grosería del prójimo" (no es literal).
Y acabo de leer tu cuento y bueno, está bien, sobre todo la parte en que se besan "con el mismo ímpetu con el que la tormenta rugía sobre sus cabezas". Muy gráfico. Y nada, sólo saludarte :)
Is-Land Jueves, 19 Agosto 2004 17:45 (Web)
He de reconocer que no he leído el >em>post>/em> de hoy porque decidí esperar a que esté el cuento completo. Mi impaciencia animal me aconseja no comenzar a recorrer esas palabras sin tener al alcance de mi vista el final. Volveré mañana, tal vez.
kaveri Jueves, 19 Agosto 2004 15:40
No sé, no sé... que siempre se puede saltar del tren (sola o acompañada)... ¿porqué no subirse entonces?
Y esto no se hace... no vale dejarlo a medias...
Millones de besos con sal
mad Jueves, 19 Agosto 2004 14:13
Cuántos momentos vuelven figurando lluvía y mar, ventanas empañadas, rumor en el aire...
Recuerdos que giran como peonzas en una cabeza en sequía.
Gracias. Feliz día :-)
UnChicoNormal Jueves, 19 Agosto 2004 13:39
(Un cuento antiguo, borrador de otra cosa y casi en absoluto autobiográfico. Creo que la mejor manera de exorcizar demonios es ponerse manos a la obra. Gracias a todos... de veras).
El garaje y la lluvia.
El último tramo del trayecto a casa podría hacerlo cualquier día con los ojos cerrados. Clac-clac. Con puntualidad suiza pasan los mismos vehículos por las mismas calles y rotondas, y como en la pantalla de un comecocos, podría predecir el tráfico en esa urbanización según la hora. Clac-clac. Nada que ver con la crónica y caótica trombosis circulatoria de la ciudad. Pero esa tarde Tristán apenas aminora la velocidad en los cedas, y al llegar a su calle vira indolente a la derecha con una sola mano. Clac-clac. Se detiene ante la puerta del garaje, con el motor en marcha, como si de repente hubieran instalado el primer semáforo en todo el barrio, precisamente sobre la puerta de su garaje. Clac-clac. Apaga la voz clónica del locutor que estropeaba el final de una canción en la radio, gira la llave de contacto, y permanece unos segundos inerte, sin despegar aún la mano del volante. El movimiento del limpiaparabrisas se congela, cesa el "clac-clac". Llueve, sabe que ha estado lloviendo todo el día, pero ahora se da cuenta de veras. Llueve.
La puerta del garaje es automática y un gruñido metálico anuncia que va a abrirse. Pero Tristán no repara en ello. Se hunde en el respaldo y cierra los ojos para escuchar el sonido de la lluvia sobre el capó, sobre el parabrisas, golpeando el techo, despertando la memoria. La lluvia siempre le recuerda a Ariadna y a su dulce sonrisa irreverente cuando ella le tomaba el pelo llamándole "Tantán". Ella decía que así su nombre no sonaba tan marchito, y lo cambiaba por algo casi musical, divertido.
Ha estado diluviando el día entero, desde antes de salir de casa a las siete. Cada mañana de lunes a viernes no siente que empieza de verdad la jornada hasta que sale del garaje, y aún lo duda, hasta que no asoma del todo el sol. Cuando llueve tanto no puede evitar volar hasta esos paisajes cantábricos que compartió con Ariadna. Especialmente los de su último viaje, hace ya dos meses. Seguía arreciando el aguacero al mediodía, cuando en la babélica oficina ha habido un momento que casi despereza los recuerdos dormidos, pero el murmullo de teléfonos, faxes y teclados no lo ha permitido del todo. Al mirar por el ventanal de la sala de juntas del decimoquinto piso, casi se ha acordado de aquél balcón sobre el vasto azul, de aquél alféizar verde, el acantilado del que bajaba una rudimentaria escalinata hasta la playa. Casi se acuerda del día que allí se despidieron, del día que ella bajó del coche y no sonrió como siempre cuando él la llamó "Ari" una vez más, ni consintió que le acercara al pueblo, ni volvió la cabeza una sola vez mientras se alejaba cruzada de brazos, sorteando charcos.
De camino a casa, ha apagado el móvil y lo ha desterrado malhumorado al asiento trasero, después de dos llamadas que aún tiraban de él hacia el trabajo como dos lastres en los bolsillos de un náufrago. También ha estado a punto en el coche de destapar el tarro de la evocación, y empacharse de todo lo vivido con Ariadna, ese espíritu libre que camina según sus propias reglas, esa ninfa despeinada que no pegaba con un trajeado ejecutivo, excepto cuando Tristán vuelvía a ser "Tantán" y aprendía a exprimir cada segundo de su tiempo con "Ari"... pero el atasco y sus demonios, a las riendas de utilitarios estresados, berlinas artilleras, deportivos despectivos, furgonetas apuradas, motos sorpresa, taxis anarquistas y autobuses proletarios, se lo han impedido. Sólo al tomar el desvío hacia la acomodada isla de ladrillos en la que viven casi todos los directivos de su empresa, y que él también escogió para mantener los codos en forma y el mentón en alto, ha comenzado tímidamente a liberar de interferencias el canal que su voz interior utiliza algunas veces para reprenderle.
Hace dos meses, en aquél acantilado, un chaparrón repentino les sorprendió cuando ya ascendían desde la playa; corrieron entre risas y "Ari" y "Tantán" subieron al coche, felices y empapados. Ella le enseñó a escuchar la melodía del agua y la tierra al abrazarse, le miró con esos ojos llenos de mar, y se besaron con el mismo ímpetu con el que la tormenta rugía sobre sus cabezas. Su boca sabía a todo lo que él amaba del mundo, a lo poco que él amaba del mundo, porque casi se había olvidado de conjugar ese verbo hasta que la conoció a ella, tan diferente. Alguien que nunca subió a ese descabellado tren en el que Tristán llevaba más tiempo del que podía recordar. O acaso alguien como él, pero que nunca sacrificó su autenticidad por ningún tren.
Dejaron su huella:
Sinceramente, no tengo palabras para comentar esta primera parte. Me ha gustado el estilo de tu prosa, cómo podemos acercarnos al personaje, y vivir esas sensaciones.
Voy ya a leer la segunda parte.
Un beso!
Marta Domingo, 22 Agosto 2004 12:27
Le diría a is-land que el que no arriesga difícilmente gana...
Sergi me ha encantado este párrafo:
" Ella le enseñó a escuchar la melodía del agua y la tierra al abrazarse, le miró con esos ojos llenos de mar, y se besaron con el mismo ímpetu con el que la tormenta rugía sobre sus cabezas. Su boca sabía a todo lo que él amaba del mundo, a lo poco que él amaba del mundo, porque casi se había olvidado de conjugar ese verbo hasta que la conoció a ella, tan diferente."
volveré para leer la continuación...
Abrazo al corazón
la hechicera de la luna Viernes, 20 Agosto 2004 01:47
De entre todo, me toca la semilla que sembrara ese beso, ese instante. No sólo hacer recordar lo que se ama 8mucho o poco), traducirlo, llevarlo al sabor de un beso. El aprender a escuchar la lluvia, su relación con la tierra, con nosotros, con lo que toca... Aprender a saberse y sentirse vivo... Si subimos al tren o no, serán las circunstancias y lo que nos mueva en el momento, no?
Besos, del otro lado del océano.
Paty Jueves, 19 Agosto 2004 20:15 (Web)
Ah! y que estoy de acuerdo con mad, es cierto, siempre se puede saltar del tren. Tomarlo es un riesgo como otro cualquiera, ¿quién nos dice que los riesgos han de llevarnos siempre a puerto feliz?
Is-Land Jueves, 19 Agosto 2004 17:47
Hola, te he "conocido" en el Divario de Shangay Lily y me ha gustado mucho una frase, aquella que dice que "las etiquetas no son más que una grosería del prójimo" (no es literal).
Y acabo de leer tu cuento y bueno, está bien, sobre todo la parte en que se besan "con el mismo ímpetu con el que la tormenta rugía sobre sus cabezas". Muy gráfico. Y nada, sólo saludarte :)
Is-Land Jueves, 19 Agosto 2004 17:45 (Web)
He de reconocer que no he leído el >em>post>/em> de hoy porque decidí esperar a que esté el cuento completo. Mi impaciencia animal me aconseja no comenzar a recorrer esas palabras sin tener al alcance de mi vista el final. Volveré mañana, tal vez.
kaveri Jueves, 19 Agosto 2004 15:40
No sé, no sé... que siempre se puede saltar del tren (sola o acompañada)... ¿porqué no subirse entonces?
Y esto no se hace... no vale dejarlo a medias...
Millones de besos con sal
mad Jueves, 19 Agosto 2004 14:13
Cuántos momentos vuelven figurando lluvía y mar, ventanas empañadas, rumor en el aire...
Recuerdos que giran como peonzas en una cabeza en sequía.
Gracias. Feliz día :-)
UnChicoNormal Jueves, 19 Agosto 2004 13:39
Viernes, 20 Agosto 2004 12:53
El garaje y la lluvia (II de II).
Llevaban un rato en el coche, ella había tomado el rostro de él entre sus manos bailarinas, y vertido su corazón en ese cuenco. Pero él no se atrevió a envidar, cuando ella le dijo que viajar no era cambiar de paisaje, sino de mirada. Ella sí lo apostaba todo a un número. Él no sabía jugar sin reservar ganancias, sin calibrar costes. Y a "Ari" se le apagó la voz, y "Tantán" tuvo que despedirse por los dos. Y Ariadna se bajó. Y se quedó Tristán. Sin apuesta, sin ganancia. Sólo pérdida.
Y ahora, bajo la lluvia, aparcado sin aparcar, estancado ante su garaje, se deshace de la corbata y exhala largamente algo más que aliento. Cuando llueve así, tantas horas, reguerillos de agua se cuelan donde no deben, y las paredes del garaje huelen igual que el barracón de aquél agobiante paréntesis de inutilidad que fue la mili; huelen, piensa, a hormigón húmedo y uniforme gastado. Hay algo poderoso que le impide arrancar el coche de nuevo y entrar ahí. Ahí dentro no llueve nunca, si miras arriba sólo ves un techo mortecino y un tubo de luz enlatada. Y justo ante ese lugar, en ese mismo instante, se cerciora de lo absurdo de su rutina, de la inercia implacable que le empuja.
La puerta mecánica se repliega despacio, como las tenazas de una mantis, abre lentamente sus oscuras fauces dispuesta a tragarse a Tristán como a una mosca, para regurgitarlo al día siguiente, eternizando un lóbrego círculo. Entrar ahora sería como no necesitar celador para aceptar la celda. Como conducir un vagón de carga a una vía muerta, como empujar un carrito en la morgue, depósitos asegurados para la siguiente mercancía, más toneladas de días grises. Tristán sabe que si cruza hoy ese sombrío umbral, la ventana que se ha abierto en su mente y su pecho se cerrará, y al tiempo el silencio ahogará el ambiente entre esas cuatro paredes, sin lluvia, sin música, sin sueños, rubricando una rendición que tal vez con los años se difumine en lo cotidiano, disfrazada de sentido común.
La lluvia va pasando poco a poco de vehemente redoble a delicada pulsación, ahora el capó no es una tamborrada de Calanda, sino más bien un xilófono cadencioso. Y él sabe que esa lluvia le está dando un plazo, y que cuando desaparezca, no habrá vuelta atrás. Que si deja que se diluya la canción, aceptará ser carnaza para el garaje, ese tenebroso pez abisal que le observa con la boca abierta desde hace rato. Las manos de Tristán, que languidecían sobre las rodillas, reaccionan y aprietan el volante con rabia, como para comenzar una carrera, concentradas en una hipotética parrilla de salida, en una meta más allá de los muros. Su dueño piensa en aquella frase, viajar no es cambiar de paisaje, sino de mirada, y tras un fogonazo casi en trance en el que cabe toda una vida, perdida la vista en la nada, se da cuenta de todo, decide cambiar de mirada sobre todas las cosas, sobre lo mucho que le importa lo poco que le importa.
Cuando Tristán baja del coche, aún caen algunas gotas. Bajo el cielo abierto vuelve a sentirlas dentro de sí. Rescata el móvil y lo enciende, piensa hacer una llamada, la única que puede hacer ahora mismo, mientras camina hacia los árboles de la calle. La puerta del garaje, después del intervalo usual, va cerrándose ruidosamente, chirriando, como vencida. Él ya no se preocupará de arreglarla, piensa vender la casa, el coche, dejar todo eso atrás. Tendría suficiente para arreglar su vida, más rota que la puerta del garaje, más absurda que el coche abandonado frente a ella. Entonces vibra entre sus dedos la tierra entera y le sorprende un mensaje, un buzón de voz:
"Hola... soy Ari... buff, no puedo con tu contestador, ¿eh? ¿para qué tienes un móvil? esos cacharros... bueno... ya ves, estoy en la cabina... ¿sabes? aquí está lloviendo que ni te imaginas ahora, estoy calada, mira, te acerco el teléfono a la puerta, escucha... ¿lo oíste? Bueno... oye... no sé cuanto dura esto, espero que no se corte, sólo quería decirte que... que... ya lo sé, ha pasado tiempo, pero me
gustaría hablar contigo.... saber si Tantán aún está vivo debajo de ese pingüino encorbatado, jajaja, no te enfades, bueno... en serio... oye, que se corta, no tengo más monedas... pues eso, que me estaba acordando de ti... y nada... me gustaría que habláramos y eso... chao, un be..."
--------------------------------
Dejaron su huella:
Creo que como a Tristán el cielo se te ha despejado.
¡Me alegro Sergi!
Besos, te sigo leyendo, para oler a tierra mojada...
Dead for you Lunes, 23 Agosto 2004 12:21
A veces en la vida hay que cambiar de mirada para poder resurgir.
Esto no siempre es fácil,pero hay que intentarlo, aunque sólo sea por ver si el cuento acaba bien.
STARBUCKS Lunes, 23 Agosto 2004 11:27
Y es que ante una misma circustancia la realidad se "ve" según el corazón que la traduzca, mira con ojos y siente aún más dentro lo que ves, hasta poder ir más allá, creo que no se trata de ver más o mejor sino de quitarnos nuestras gafas de invidentes y cambiarlas por gafas de estrellas esas que te hacen ver el firmamento en un suspiro...
Gracias por el enlace Sergi,yo también te hice un lugar en uno de mis crateres lunares...
beso con chispitas
la hechicera de la luna Lunes, 23 Agosto 2004 09:08
Un final feliz , que refresca mi concepto del amor y la pareja, gracias Sergi!!! una rafaga de mar y lluvia, la lectura de tu texto. Gracias ademas por los comentarios en mi pagina, tu casa, sea usted bienvenido cuando guste.
Beso calido de mi tierra caliente
Claudia Contreras Lunes, 23 Agosto 2004 03:05 (Web)
Me ha gustado mucho el cuento, a pesar del final, o a lo mejor por él. Enhorabuena, porque es muy difícil emocionar en tan pocas líneas.
Y hablando de miradas y viajeros, en una novela de Lorenzo Silva leí: "Al final es la mirada del viajero la que construye el mundo, y no sirve tanto conocer el mundo como conocer la mirada"·
manuel h Domingo, 22 Agosto 2004 18:20 (Web)
Hay gente que trata de encontrar otros caminos, pensando que el que ahora mismo tienen no les llena lo suficiente, o que simplemente, que deciden arriesgar -a perder, o a ganar (según se mire)- para vivir.
Otros que se quedan tal y como están, porque ya tienen todo lo que desean. Es el encuentro entre ambos tipos de personas, cuando parece que todo se desequilibra, y cambian los roles.
El mensaje de la chica, tan real como la vida misma.
Besos!
P.S: Por cierto, que me ha gustado esta historia, para cuando más?
Marta Domingo, 22 Agosto 2004 12:48 (Web)
Y la lágrima que corre aora por mi mejilla no sé si es mía, o es la lluvia resbalando por la mejilla del Tantán que llevo dentro y que tú has sacado a la luz.
kaveri Sábado, 21 Agosto 2004 20:08 (Web)
tengo el alma adolorida... si queda hoy un poco de ella... me hicieron pedazos...
me regalaste una risa... de esas q extraño... y todo con un buen final... de los q yo espero (no solo en un post)...
besos! gracias x tu visita...
sigo leyendo_te...
ultra_titania Sábado, 21 Agosto 2004 03:41 (Web)
Yo también me quedo con eso de cambiar de mirada... quizá sea una solución cobarde... quizá sea sólo para la gente alada...
Un abrazote.
UnChicoNormal Viernes, 20 Agosto 2004 18:37 (Web)
Bueno, bueno... ha valido la pena esperar hasta volver a casa esta tarde para leer ésto.
Me ha gustado muchísimo que sepan encontrarse los dos: "Viajar no es cambiar de paisaje, sino de mirada"... Creo que es el quid de la mayoría de los amores...
Molts i molts petons
mad Viernes, 20 Agosto 2004 15:37 (Web)
Llevaban un rato en el coche, ella había tomado el rostro de él entre sus manos bailarinas, y vertido su corazón en ese cuenco. Pero él no se atrevió a envidar, cuando ella le dijo que viajar no era cambiar de paisaje, sino de mirada. Ella sí lo apostaba todo a un número. Él no sabía jugar sin reservar ganancias, sin calibrar costes. Y a "Ari" se le apagó la voz, y "Tantán" tuvo que despedirse por los dos. Y Ariadna se bajó. Y se quedó Tristán. Sin apuesta, sin ganancia. Sólo pérdida.
Y ahora, bajo la lluvia, aparcado sin aparcar, estancado ante su garaje, se deshace de la corbata y exhala largamente algo más que aliento. Cuando llueve así, tantas horas, reguerillos de agua se cuelan donde no deben, y las paredes del garaje huelen igual que el barracón de aquél agobiante paréntesis de inutilidad que fue la mili; huelen, piensa, a hormigón húmedo y uniforme gastado. Hay algo poderoso que le impide arrancar el coche de nuevo y entrar ahí. Ahí dentro no llueve nunca, si miras arriba sólo ves un techo mortecino y un tubo de luz enlatada. Y justo ante ese lugar, en ese mismo instante, se cerciora de lo absurdo de su rutina, de la inercia implacable que le empuja.
La puerta mecánica se repliega despacio, como las tenazas de una mantis, abre lentamente sus oscuras fauces dispuesta a tragarse a Tristán como a una mosca, para regurgitarlo al día siguiente, eternizando un lóbrego círculo. Entrar ahora sería como no necesitar celador para aceptar la celda. Como conducir un vagón de carga a una vía muerta, como empujar un carrito en la morgue, depósitos asegurados para la siguiente mercancía, más toneladas de días grises. Tristán sabe que si cruza hoy ese sombrío umbral, la ventana que se ha abierto en su mente y su pecho se cerrará, y al tiempo el silencio ahogará el ambiente entre esas cuatro paredes, sin lluvia, sin música, sin sueños, rubricando una rendición que tal vez con los años se difumine en lo cotidiano, disfrazada de sentido común.
La lluvia va pasando poco a poco de vehemente redoble a delicada pulsación, ahora el capó no es una tamborrada de Calanda, sino más bien un xilófono cadencioso. Y él sabe que esa lluvia le está dando un plazo, y que cuando desaparezca, no habrá vuelta atrás. Que si deja que se diluya la canción, aceptará ser carnaza para el garaje, ese tenebroso pez abisal que le observa con la boca abierta desde hace rato. Las manos de Tristán, que languidecían sobre las rodillas, reaccionan y aprietan el volante con rabia, como para comenzar una carrera, concentradas en una hipotética parrilla de salida, en una meta más allá de los muros. Su dueño piensa en aquella frase, viajar no es cambiar de paisaje, sino de mirada, y tras un fogonazo casi en trance en el que cabe toda una vida, perdida la vista en la nada, se da cuenta de todo, decide cambiar de mirada sobre todas las cosas, sobre lo mucho que le importa lo poco que le importa.
Cuando Tristán baja del coche, aún caen algunas gotas. Bajo el cielo abierto vuelve a sentirlas dentro de sí. Rescata el móvil y lo enciende, piensa hacer una llamada, la única que puede hacer ahora mismo, mientras camina hacia los árboles de la calle. La puerta del garaje, después del intervalo usual, va cerrándose ruidosamente, chirriando, como vencida. Él ya no se preocupará de arreglarla, piensa vender la casa, el coche, dejar todo eso atrás. Tendría suficiente para arreglar su vida, más rota que la puerta del garaje, más absurda que el coche abandonado frente a ella. Entonces vibra entre sus dedos la tierra entera y le sorprende un mensaje, un buzón de voz:
"Hola... soy Ari... buff, no puedo con tu contestador, ¿eh? ¿para qué tienes un móvil? esos cacharros... bueno... ya ves, estoy en la cabina... ¿sabes? aquí está lloviendo que ni te imaginas ahora, estoy calada, mira, te acerco el teléfono a la puerta, escucha... ¿lo oíste? Bueno... oye... no sé cuanto dura esto, espero que no se corte, sólo quería decirte que... que... ya lo sé, ha pasado tiempo, pero me
gustaría hablar contigo.... saber si Tantán aún está vivo debajo de ese pingüino encorbatado, jajaja, no te enfades, bueno... en serio... oye, que se corta, no tengo más monedas... pues eso, que me estaba acordando de ti... y nada... me gustaría que habláramos y eso... chao, un be..."
Dejaron su huella:
Creo que como a Tristán el cielo se te ha despejado.
¡Me alegro Sergi!
Besos, te sigo leyendo, para oler a tierra mojada...
Dead for you Lunes, 23 Agosto 2004 12:21
A veces en la vida hay que cambiar de mirada para poder resurgir.
Esto no siempre es fácil,pero hay que intentarlo, aunque sólo sea por ver si el cuento acaba bien.
STARBUCKS Lunes, 23 Agosto 2004 11:27
Y es que ante una misma circustancia la realidad se "ve" según el corazón que la traduzca, mira con ojos y siente aún más dentro lo que ves, hasta poder ir más allá, creo que no se trata de ver más o mejor sino de quitarnos nuestras gafas de invidentes y cambiarlas por gafas de estrellas esas que te hacen ver el firmamento en un suspiro...
Gracias por el enlace Sergi,yo también te hice un lugar en uno de mis crateres lunares...
beso con chispitas
la hechicera de la luna Lunes, 23 Agosto 2004 09:08
Un final feliz , que refresca mi concepto del amor y la pareja, gracias Sergi!!! una rafaga de mar y lluvia, la lectura de tu texto. Gracias ademas por los comentarios en mi pagina, tu casa, sea usted bienvenido cuando guste.
Beso calido de mi tierra caliente
Claudia Contreras Lunes, 23 Agosto 2004 03:05 (Web)
Me ha gustado mucho el cuento, a pesar del final, o a lo mejor por él. Enhorabuena, porque es muy difícil emocionar en tan pocas líneas.
Y hablando de miradas y viajeros, en una novela de Lorenzo Silva leí: "Al final es la mirada del viajero la que construye el mundo, y no sirve tanto conocer el mundo como conocer la mirada"·
manuel h Domingo, 22 Agosto 2004 18:20 (Web)
Hay gente que trata de encontrar otros caminos, pensando que el que ahora mismo tienen no les llena lo suficiente, o que simplemente, que deciden arriesgar -a perder, o a ganar (según se mire)- para vivir.
Otros que se quedan tal y como están, porque ya tienen todo lo que desean. Es el encuentro entre ambos tipos de personas, cuando parece que todo se desequilibra, y cambian los roles.
El mensaje de la chica, tan real como la vida misma.
Besos!
P.S: Por cierto, que me ha gustado esta historia, para cuando más?
Marta Domingo, 22 Agosto 2004 12:48 (Web)
Y la lágrima que corre aora por mi mejilla no sé si es mía, o es la lluvia resbalando por la mejilla del Tantán que llevo dentro y que tú has sacado a la luz.
kaveri Sábado, 21 Agosto 2004 20:08 (Web)
tengo el alma adolorida... si queda hoy un poco de ella... me hicieron pedazos...
me regalaste una risa... de esas q extraño... y todo con un buen final... de los q yo espero (no solo en un post)...
besos! gracias x tu visita...
sigo leyendo_te...
ultra_titania Sábado, 21 Agosto 2004 03:41 (Web)
Yo también me quedo con eso de cambiar de mirada... quizá sea una solución cobarde... quizá sea sólo para la gente alada...
Un abrazote.
UnChicoNormal Viernes, 20 Agosto 2004 18:37 (Web)
Bueno, bueno... ha valido la pena esperar hasta volver a casa esta tarde para leer ésto.
Me ha gustado muchísimo que sepan encontrarse los dos: "Viajar no es cambiar de paisaje, sino de mirada"... Creo que es el quid de la mayoría de los amores...
Molts i molts petons
mad Viernes, 20 Agosto 2004 15:37 (Web)
Jueves, 12 Agosto 2004 14:28h
Para Lehahiah.
(Quiero que lo sepa todo el mundo, por eso hoy te lo digo también aquí. Que sepa todo el mundo que una persona me provoca aprecio desde una pantalla... -extraño, ¿no?- y que una historia me enciende la chispa para un libro. Es como si acudiérais en directo a la concepción de un impulso creativo... Como si entrárais en la mente del escritor.
A vosotros, los que me leéis, os dejo un sendero para que la visitéis a ella, a Lehahiah. Por alguna razón que no sé explicar, me llena de sonrisas cuando acudo a su espacio personal y comparte con todos nosotros ese corazón grande que la habita y que guarda en él a su adorado tormento -su afortunado chico- y mil cosas más...).
No es la primera vez que mi piel reacciona hacia dentro leyendo un blog. Pero sí es la primera que también responde hacia fuera y se eriza el vello...
Yo pasé una Navidad en Punta Arenas... y el día de San Esteban Isabel y yo desayunamos confitura de ruibarbo y jugamos una "polla" (lotería en Chile... ;-P ). Es electrizante pensar que habré pisado las mismas aceras venteadas que tus abuelos, Lehahiah...
No creo que, si es que cuando consiga toda la información aceptaran mi petición, etc., vaya a Berlín, o a otro país, si es el caso, hasta dentro de unos cuantos meses, así que... simplemente, me parece que tú y yo tenemos que hablar, Lehahiah.
Te voy a escribir un correo. Me gustaría conocerte, y también por algo que casi nunca me pasa, casi nunca una historia "desde fuera" me llama para ser escrita, pero la historia de tus abuelos me cautiva, me lo dice una voz interior, para que yo la ponga en papel y escriba un libro, con tu aprobación y ayuda. Son demasiados ingredientes irresistibles, Neruda, la guerra civil, el Winnipeg, Chile, la magia, la época, y sobre todo, el Amor, su Amor. Como sucedió con la historia de "De amor y de sombras", que Isabel Allende tomó de la realidad y necesitó contarla. Tus abuelos merecen que la gente sepa que amores como el suyo existen, o no, es al revés, LA GENTE NECESITA SABER QUE AMORES COMO EL SUYO EXISTEN.
Pensaba que te envidiaba a ti, solete, pero tus abuelos te ganan en mi repertorio de envidias bellas.
No me des las gracias, sólo espera mi correo.
Por cierto, en la Patagonia, entrando en el parque de Torres del Paine, comí de las bayas del calafate, así que ya sabes lo que eso significa, ¿verdad? Que regresaré... y además de un viaje, un libro sería otro motivo perfecto.
Gracias a ti, por todo.
----------------------------
Dejaron su huella:
Me ha gustado tu pequeño/gran homenaje. Gracias por tu visita que me ha permitido bucear en tus letras, vólveré.
Besote al corazón
la hechicera de la luna Sábado, 14 Agosto 2004 20:44
Bueno, yo puedo decir que a través de este mundo paralelo he llegado a gente que ya considero amigos, con los que he hablado, y a los que pienso conocer en persona. Al fin y al cabo, por aquí, no nos andamos con lo políticamente correcto,ni hablamos del clima. Hablamos del alma, con lo cual en seguida conectamos(nunca mejor dicho) con las que sentimos afines) hasta el punto de erizarse la piel, de sentir pena, de reir e incluso de llorar.Claro que sí.
maRia Viernes, 13 Agosto 2004 20:10
Gracias a todos desde aquí también. No sé qué decir...
lehahiah Viernes, 13 Agosto 2004 11:53 (Web)
Sería una delicia, con una historia así y como tú escribes...Ufff!.Bicos!!
Isadora Jueves, 12 Agosto 2004 20:22 (Web)
Sergi, te superas...
Yo le había dejado esta mañana un post a nuestra niña comentándole lo sorprendida que estaba ante su "chilenez" (¡que sólo llevo por aquí una semana!)
Yo también estuve en Chile y también supe que volvería -como supe que ya había estado- alguna vez... Y volví y sé que volveré a ir... con Él...
Y la historia de sus abuelos es la historia que yo hubiese querido para los míos...
Besos, muchos besos...
Y a lehahiah, también
mad Jueves, 12 Agosto 2004 20:02 (Web)
No te daré las gracias, ya que así me lo pides, pero te regaló la lágrima que ha rodado por mi mejilla al leerte.
A mi me emociona especialmente la historia de mis abuelos, pero es que por algo son mis abuelos. Saber que cala tanto a otra persona, me provoca un sentimiento aún más hondo.
Un beso, quien quiera que haya escrito estas palabras, Bellver o Sergi
lehahiah Jueves, 12 Agosto 2004 14:55
(Quiero que lo sepa todo el mundo, por eso hoy te lo digo también aquí. Que sepa todo el mundo que una persona me provoca aprecio desde una pantalla... -extraño, ¿no?- y que una historia me enciende la chispa para un libro. Es como si acudiérais en directo a la concepción de un impulso creativo... Como si entrárais en la mente del escritor.
A vosotros, los que me leéis, os dejo un sendero para que la visitéis a ella, a Lehahiah. Por alguna razón que no sé explicar, me llena de sonrisas cuando acudo a su espacio personal y comparte con todos nosotros ese corazón grande que la habita y que guarda en él a su adorado tormento -su afortunado chico- y mil cosas más...).
No es la primera vez que mi piel reacciona hacia dentro leyendo un blog. Pero sí es la primera que también responde hacia fuera y se eriza el vello...
Yo pasé una Navidad en Punta Arenas... y el día de San Esteban Isabel y yo desayunamos confitura de ruibarbo y jugamos una "polla" (lotería en Chile... ;-P ). Es electrizante pensar que habré pisado las mismas aceras venteadas que tus abuelos, Lehahiah...
No creo que, si es que cuando consiga toda la información aceptaran mi petición, etc., vaya a Berlín, o a otro país, si es el caso, hasta dentro de unos cuantos meses, así que... simplemente, me parece que tú y yo tenemos que hablar, Lehahiah.
Te voy a escribir un correo. Me gustaría conocerte, y también por algo que casi nunca me pasa, casi nunca una historia "desde fuera" me llama para ser escrita, pero la historia de tus abuelos me cautiva, me lo dice una voz interior, para que yo la ponga en papel y escriba un libro, con tu aprobación y ayuda. Son demasiados ingredientes irresistibles, Neruda, la guerra civil, el Winnipeg, Chile, la magia, la época, y sobre todo, el Amor, su Amor. Como sucedió con la historia de "De amor y de sombras", que Isabel Allende tomó de la realidad y necesitó contarla. Tus abuelos merecen que la gente sepa que amores como el suyo existen, o no, es al revés, LA GENTE NECESITA SABER QUE AMORES COMO EL SUYO EXISTEN.
Pensaba que te envidiaba a ti, solete, pero tus abuelos te ganan en mi repertorio de envidias bellas.
No me des las gracias, sólo espera mi correo.
Por cierto, en la Patagonia, entrando en el parque de Torres del Paine, comí de las bayas del calafate, así que ya sabes lo que eso significa, ¿verdad? Que regresaré... y además de un viaje, un libro sería otro motivo perfecto.
Gracias a ti, por todo.
Dejaron su huella:
Me ha gustado tu pequeño/gran homenaje. Gracias por tu visita que me ha permitido bucear en tus letras, vólveré.
Besote al corazón
la hechicera de la luna Sábado, 14 Agosto 2004 20:44
Bueno, yo puedo decir que a través de este mundo paralelo he llegado a gente que ya considero amigos, con los que he hablado, y a los que pienso conocer en persona. Al fin y al cabo, por aquí, no nos andamos con lo políticamente correcto,ni hablamos del clima. Hablamos del alma, con lo cual en seguida conectamos(nunca mejor dicho) con las que sentimos afines) hasta el punto de erizarse la piel, de sentir pena, de reir e incluso de llorar.Claro que sí.
maRia Viernes, 13 Agosto 2004 20:10
Gracias a todos desde aquí también. No sé qué decir...
lehahiah Viernes, 13 Agosto 2004 11:53 (Web)
Sería una delicia, con una historia así y como tú escribes...Ufff!.Bicos!!
Isadora Jueves, 12 Agosto 2004 20:22 (Web)
Sergi, te superas...
Yo le había dejado esta mañana un post a nuestra niña comentándole lo sorprendida que estaba ante su "chilenez" (¡que sólo llevo por aquí una semana!)
Yo también estuve en Chile y también supe que volvería -como supe que ya había estado- alguna vez... Y volví y sé que volveré a ir... con Él...
Y la historia de sus abuelos es la historia que yo hubiese querido para los míos...
Besos, muchos besos...
Y a lehahiah, también
mad Jueves, 12 Agosto 2004 20:02 (Web)
No te daré las gracias, ya que así me lo pides, pero te regaló la lágrima que ha rodado por mi mejilla al leerte.
A mi me emociona especialmente la historia de mis abuelos, pero es que por algo son mis abuelos. Saber que cala tanto a otra persona, me provoca un sentimiento aún más hondo.
Un beso, quien quiera que haya escrito estas palabras, Bellver o Sergi
lehahiah Jueves, 12 Agosto 2004 14:55
Miércoles, 4 Agosto 2004 15:14
Puedo escribir los "post" más tontos esta tarde...
...escribir "las estrellas te irritan, y están lejos..."
(Disculpen el sacrilegio los incondicionales de mi admirado Pablo Neruda, pero me empeño incoscientemente en ir cayendo cada vez más bajo).
Puedo escribir el post que iba a escribir, algo así como:
Nunca he sido mitómano. Nunca colgué en la pared de mi habitación "posters" de las ¿"sex symbol"? de la época. Nunca forré mi carpeta con las caras que se repetían en todas las demás. Siempre levanto la ceja a lo Sobera cuando leo eso de los "ranking" de las mujeres más sexys del planeta...
Jennifer López, sí, es mona de cara, pero la típica latina de poco pecho y grandes caderas, deberíais haberla visto en sus comienzos, una chica muy normal. Britney Spears pasaría desapercibida entre una manada de turistas inglesas alcoholizadas en sus "ghetos" de Ibiza. Pamela Anderson, tan natural como bajar a la playa con tacones de aguja y tomarse un helado de hamburguesa ¿...? Claudia Schiffer, sí, otra muy mona de cara, pero no me pone su aspecto de muñeca aria, y estaba mucho más guapa antes de pasar por el aro y adelgazar hasta entrar en el corsé de los modistos y su ideal absurdo de mujer andrógina y castigada. Esther Cañadas... ¡¿¿Esther Cañadas??! ¡¡Que nos invaden los aliens!! Diosss, qué susto... En fin, no os aburro con la lista.
A mí siempre me han llamado la atención musas anónimas, diosas de las que seguramente nunca conozca sus ojeras a las ocho de la mañana, sus miserias, sus días grises, su complejidad y su sencillez, aunque me encantaría, aún a riesgo de llevarme un chasco, pero al menos la aventura del descubrimiento sería todo un reto. Siempre están ahí, en un pequeño anuncio perdido en una revista, en un catálogo, en un cartel del metro... con sus cuellos de gacela llamándome a gritos para que los devore como león ardiente (de peluche a veces, pero león); con sus cabellos llamándome como sirenas para que naufragara en ellos y no quisiera ser rescatado jamás.
Musas como aquella chica que bailaba en un anuncio de la tele, 100% "xxxxxx", monovolumen alemán, sin perder la sonrisa. O la que me deshace en la parada del autobús con su rostro envuelto en azabache como una Pocahontas del siglo XXI desde la esquina superior derecha de un grupo de cinco o seis chicas, todas de blanquito, vendiendo... ¿ropa interior?, no recuerdo. O la que desde otra parada de autobús (son un peligro para los conductores...) me hace segregar saliva con sus ojitos castaños y sus hombros perfectos, con ese lacito en el escote, como si fuera un regalito... anunciando lencería (ahora sí me acuerdo) muy pero que muy íntima, vamos, intimisisisíma. O aquella que en un reportaje sobre Thailandia...
En fin... puedo colgar hoy este post que venía pensando, y decir que como en todo hay excepciones, y que alguna de esas mujeres que copan las portadas de revistas, que deslumbran en las alfombras rojas y a la luz de los flashes (porque lo harían igual en la cola del supermercado, porque esas "algunas" lo llevan dentro como un sol, y no es un parche añadido por la "fama"), algunas de esas mujeres sí me mueven cosas por dentro. A alguna de esa minoría, me encantaría descubrirla alguna tarde en vaqueros y escondida tras unas gafas oscuras mientras intenta sentirse "normal".
Alguna como Mónica Bellucci (sobre todo con el pelo suelto...) o como Halle Berry (sobre todo con el pelo cortito)... sencillamente Belleza envuelta en piel y brillando en los ojos.
Sí, puedo colgar este post, superándome y escribiendo algo más tontito todavía que lo del lunes, con permiso de algun@s bloguer@s que me leen. Puedo... y mejor voy a hacerlo, porque si colgara lo que de verdad tengo ganas de escribir ahora, sería mucho más triste, mucho menos frívolo, mucho más palpable...
Porque escribiría que es hiriente cerciorarse una vez más, aunque ya lo supiera, de que ella, una mujer de carne y hueso, una en concreto, una noble amiga, nunca va a enamorarse de mi. Ni siquiera sentirse atraída. Ya lo sabía, pero cada vez lo tengo más claro. Será que cada vez lo tengo más fácil, porque así desterraré el más mínimo atisbo de esperanza y podré concentrarme únicamente en ser su amigo. Pero de momento sigue doliendo, aunque ella no lo sepa. Menos mal que la amistad que siento no es conformista, sino real, independiente de lo que sintiera en otros colores.
A las lectoras de este extraño blog, echadme una mano con una duda: ¿alguna mujer se ha enamorado con el tiempo de aquél amigo en el que no vió nada más, en un principio, que no fuese un buen tipo y un buen amigo? ¿Pasan esas cosas? ¿O el flechazo o su ausencia en el primer instante siguen dictando todo lo que va y no va a pasar a continuación...?
Sí, mejor cuelgo el post que tenía pensado y nos reímos un poco.
Así que añado otra tontería, y es que hasta un poeta y escritor en ciernes cae alguna vez en las arenas movedizas del zapping, ya véis... y otra de esas musas para mí, casi casi anónimas, es la ex y amiga de un hijo de la difuntísima de la prensa rosa. Se llama Blanca Romero, creo. Lindísima.
En fin, os dejo, que hoy estoy muy pero que muy tontito.
---------------------------
Dejaron su huella:
A mi también siempre me llamaron la atención las "musas anónimas", mucho que las musas oficiales. Me has hecho sonreir jodío.
Sobre lo otro, pues ya ves, te han dicho de todo. En mi caso, por si te sirve de algo, he vivido las dos situaciones, las del amigo que siempre fue un amigo, y la del amigo-que-nunca-sería-otra-cosa-que-un-buen-amigo-por-que-era-un-buen-tipo y al final llegó a ser el-amor-de-su-vida.
Pero sabes, en el primer caso siempre me quedé con la duda... ¿y si hubiera dado un paso más...?
Si, podría haber perdido esa amistad... amistad que al final no perdí, pero que ya no existe por que el tiempo y la distancia son implacables.
..y luego dicen que los humanos somos seres racionales.
Que te sea leve Sergi.
Miguel Domingo, 8 Agosto 2004 10:19 (Web)
Al leer tus palabras ayer quise contarte mi historia con mi mejor amigo y ahora lo hago:
No se decirte el momento en el que todo empezó , fue muy sutíl, pero si cuando me di cuenta.Y derrepente el caos se desató. El estar a su lado era una dulce tortura, y poco a poco me dolía estar con él, no era yo misma.Él no tenía la culpa de que le esquivara, y entonces una madrugada me enfrente conmigo, fue duro pero lo hice; recurrí a mi arma más poderosa, con la me siento segura ''las palabras'', escribir.Ha sido la carta más dura, quizas puedas verlo como un acto cobarde ,pero cada palabra cada frase fue escrita y reescrita, hasta que me encontre con mi alma,mis sentimientos en papel y la mandé.Fueron los 15 días más angustiosos de mi vida ¿porque la había mandado?, pero yo lo sabía.No me gusta ilusionarme, la autotortura se me da bien pero no queria que me pasara con él.Ha estado en momentos muy importantes en mi vida, hemos compartido sueños, inquietudes... le queria, le quiero. Él me respondio con las palabras más dulces, un canto al amor más puro y desinteresado, la amistad. Y mientras leía una sonrisa se instaló en mi rostro,tal como él me pidio.La leí y me sentí liberada y tube ''una revelación'' Había terminado una etapa en nuestras vidas ,y temía que ese apoyo se fuera, miedo a no verle, ¡si miedo! y creé una visión distorsionada pero en esencia cierta ,le quiero , pero no como pareja sentimental como novio, si no como parte de mi vida, mi compañero en paranoias,en ilusiones.Me agradezco a mi misma dar ese paso(me quiero mucho ) porque hubiera estado confundida y no hubiera conocido quien era él ylo que significaba para mi.
Este no es tu caso ,pero es importante que seamos fieles a nuestros sentimientos , que nos enfrentemos a ellos, se que es fácil hablar, pero solo tenemos una vida que sepamos ,aunque suene a tópico te animo al caos que da la sinceridad pero que lleva consigo la libertad, un sentimiento que no se describirte , la paz de no callar , de intentar
:-)
Besotes Sergi, aquí tienes a la anónima Joana, que te lee y que te ofece su mano,su oreja,su tiempo para volar con esas alas de Albatros si necesitas ''lo que sea''.
JAB Viernes, 6 Agosto 2004 13:22 (Web)
Soy más animal, me refiero más de instintos básicos, una cazadora y en ese sentido nunca me he comido una presa que ya conociera de hacía tiempo, sería como comerse una mascota, un animal de compañía y eso despierta la ternura y el cariño pero no la química.
Yo conocí a mi pareja hace 21 años y sólo hace 3 que he comprendido que le amo. Es como si lo hubiera vomitado de mi boca y así, entero, hubiera empezado a respetarle y a amarle porque quererle ya le quería por eso le cacé.
Diría que primero tuvo que ser mi amigo para después poder amarle. Pero claro en tu caso Sergi, ¿qué hay de la famosa y jodida química?
¿Has probado a decirle que estás por sus huesitos? ¿Porqué no le robas un beso?
MaryJoe Jueves, 5 Agosto 2004 11:20 (Correo)
Sergi,
El dolor del amor es duro, yo he encontrado consuelo sólo en la estetización de estas experiencias. O sea, escribiendo. Tal vez sea radical plantear el objetivo "terapéutico" por encima del estético. ¿Qué opinas?
Gracias por la visita a mi weblog.
Karras Miércoles, 4 Agosto 2004 20:35 (Web)
El cuerpo de la mujer es un recipiente de placer que nunca se acaba. No importa cuantas veces lo derrames, ni con que lo mezcles. siempre es fresco y delicioso.
La piel de la mujer es especial, y en general vibra y muta. No solo referenciando el tema sexual. Todo.
Eres un hombre, sabes lo que es tener una mujer entre tus manos, y ver que en ellas vive.
Hay mujeres hermosas,(las hay tambien que no lo son tanto) y mujeres con bellezas distintas para cada par de ojos.
Sonia Miércoles, 4 Agosto 2004 19:52 (Web)
Hay un personaje de Shakespeare, el bufón del Rey Lear, que es el tonto, el que dice bobadas, a quien nadie escucha -le oyen, sí, no lo escuchan-... Y es el que dice las cosas más profundas.
Y nada, como dicen Bo y lehahiah, pues manos a la obra y dile lo que sientes. Hay que dejar atrás ese mito de "es que se puede dañar la amistad". Si la amistad es fuerte, pues lo aguanta todo.
JoseV Miércoles, 4 Agosto 2004 19:28 (Web)
Sin duda que ocurre. Así que si te gusta: manos a la obra (y nunca mejor dicho). Ah! y nunca he tenido un amigo con el que antes o después (normalmente antes) no me haya ido a la cama.
Bo Peep Miércoles, 4 Agosto 2004 17:57 (Web)
Segunda excepción, Lehahiah, lo mereces:
Enamorado aún no (y ya no será, por cierto pragmatismo emocional que me sostiene), pero sólo con haber entreabierto un poco la puerta hubiera entrado mi vendaval para poner su casa patas arriba, y limpiarla de telarañas.
El sexo sin amor puede ser a veces algo bello. Otras algo aburrido. Pero aquello tuyo era (gracias por la confianza) sexo con algún gérmen de un sentimiento que luego explotó, como sucede en ocasiones en el desierto de Atacama(ya que me viene Chile a la mente siempre contigo): que florece desbordante y maravilloso. ¿Verdad? Tú lo has dicho, "él te gustaba". El tema con mi Amiga es que ella siente un gran cariño de amiga hacia mí, pero ni siquiera le gusto (como hombre, etc.). Así que no hay nada desde lo que construir desiertos floridos...
A mí me cuesta mucho que me guste alguien, pero me sucede. Por gustarme he acabado queriendo a personas que no son mi pareja: Alexa, Dheniss, Fran, Olga, Elizabeth, Sonia, y alguna otra que no olvido. Tendrán mi amistad incondicional para siempre. Llegué al cariño profundo y la amistad desde otro lugar. Pero me cuesta demasiado enamorarme, sólo lo he estado de veras una vez. Fue mi pareja y ahora también es mi amiga.
Cuando alguien me gusta arrollo. Cuando me enamoro doy la vida.
En fin, Lehahiah, gracias. No sigo, que si no esto sería todo un post ;-)
Al menos, estoy vivo, eso lo noto.
Sergi Miércoles, 4 Agosto 2004 16:54 (Web)
Bellver, te voy a dar mi opinión personal respecto a lo que preguntas, porque a mi me cuesta muchísimo enamorarme. Quiero decir, que nunca he tenido un flechazo y soy de esas personas que necesitan conocer a la otra persona en todos sus aspectos, en lo bueno, y en lo peor, para enamorarme de él. Necesito enamorarme de lo bueno y de lo malo. Por lo que mi respuesta a tu pregunta es: sí, yo me he enamorado de mi mejor amigo.
Una confesión "íntima": he tenido relaciones de todo tipo, y, con "mi adorado tormento" me acosté el segundo día que nos vimos. Para mi existe el sexo sin amor. Hemos pasado de todo juntos, ha pasado de todo entre nosotros, hemos sido los mejores amigos en los peores momentos, y fue hace unos tres o cuatro meses cuando me di cuenta de que me había enamorado de él. La gente me decía antes que lo estaba, y mi respuesta siempre fue rotunda: me gusta, pero no estoy enamorada de él, yo me conozco. Necesito tiempo para hacer esa afirmación. Y si esto ocurrió un Viernes, el Lunes le dije: "Creo que es necesario que sepas algo que te atañe: me he enamorado de ti, y creo que es justo que tú lo sepas".
No quiero verte desanimado, de acuerdo?? y si necesitas "hablar", chasquea los dedos y acudiré.
Un besazo
lehahiah Miércoles, 4 Agosto 2004 16:40 (Web)
Casi nunca contesto en mi blog, por no hacer un "chat" de los comentarios, pero haré una excepción:
No es el caso, Dead for you, Absolutamente confirmado. A veces pasa, encuentras a alguien que te llenaría, con lo que cuesta sentir que has encontrado a ese alguien, y resulta que la otra persona no te ve igual. La famosa y jodida química. A veces pasa. No usaría a nadie para dar celos, pero es que además, sería penoso, porque no tendría más efecto que un "me alegro por ti". A veces pasa. Y ya sé que puedo consolarme con "si no está por ti es que no era para ti, y otra te espera y bla, bla, bla...", pero eso no me hace sentir mejor. Porque me cuesta mucho sentir que alguien me gusta de verdad.
Por otro lado, sí siento aparte verdadera amistad, y no es un eco de otro sentimiento, es sólo amistad, porque es una persona noble, así que eso es lo que tendremos. Algo es algo.
En fin, hoy soy yo el que está bajo de ánimos. Me alegra si te animé un poco con mi otro post.
Petons.
Sergi Miércoles, 4 Agosto 2004 16:13 (Web)
Sergi, me haces un montón de grácia hoy,estás "Mimosín".
Es super mono lo que cuentas sobre todas estas chicas. Es verdad que tienen un cuerpo espectacular (la base está pero viven para y por él)pero solo unas pocas son verdaderos bombones, la mayoría si las vieras sin arreglar...
En cuanto a tu pregunta, te diré que en lo que a mi respecta, mi pareja es la excepción que confirma la regla. No tuve flechazo ni nada, lo encontré mono y buena persona sin más. Pero poco a poco, al conocerlo me fuí dando cuenta de que me estaba enamorando...
Si con esta chica hace mucho tiempo que tenéis una buena amistad y no pasa nada que haga que la situación cambie... nunca se sabe pero si solo te ve como un amigo, un hermano y no como a un hombre, una posible pareja...
¿Has probado ha darle celos? ¿Te ha visto con alguna otra chica muy enamorado? ¿Le has hablado de todo el amor que sientes por otra persona?
A veces al ver que estamos perdiendo algo que "creemos" nuestro hace que se nos caiga la venda de los ojos...
Dead for you Miércoles, 4 Agosto 2004 15:52 (Correo)
...escribir "las estrellas te irritan, y están lejos..."
(Disculpen el sacrilegio los incondicionales de mi admirado Pablo Neruda, pero me empeño incoscientemente en ir cayendo cada vez más bajo).
Puedo escribir el post que iba a escribir, algo así como:
Nunca he sido mitómano. Nunca colgué en la pared de mi habitación "posters" de las ¿"sex symbol"? de la época. Nunca forré mi carpeta con las caras que se repetían en todas las demás. Siempre levanto la ceja a lo Sobera cuando leo eso de los "ranking" de las mujeres más sexys del planeta...
Jennifer López, sí, es mona de cara, pero la típica latina de poco pecho y grandes caderas, deberíais haberla visto en sus comienzos, una chica muy normal. Britney Spears pasaría desapercibida entre una manada de turistas inglesas alcoholizadas en sus "ghetos" de Ibiza. Pamela Anderson, tan natural como bajar a la playa con tacones de aguja y tomarse un helado de hamburguesa ¿...? Claudia Schiffer, sí, otra muy mona de cara, pero no me pone su aspecto de muñeca aria, y estaba mucho más guapa antes de pasar por el aro y adelgazar hasta entrar en el corsé de los modistos y su ideal absurdo de mujer andrógina y castigada. Esther Cañadas... ¡¿¿Esther Cañadas??! ¡¡Que nos invaden los aliens!! Diosss, qué susto... En fin, no os aburro con la lista.
A mí siempre me han llamado la atención musas anónimas, diosas de las que seguramente nunca conozca sus ojeras a las ocho de la mañana, sus miserias, sus días grises, su complejidad y su sencillez, aunque me encantaría, aún a riesgo de llevarme un chasco, pero al menos la aventura del descubrimiento sería todo un reto. Siempre están ahí, en un pequeño anuncio perdido en una revista, en un catálogo, en un cartel del metro... con sus cuellos de gacela llamándome a gritos para que los devore como león ardiente (de peluche a veces, pero león); con sus cabellos llamándome como sirenas para que naufragara en ellos y no quisiera ser rescatado jamás.
Musas como aquella chica que bailaba en un anuncio de la tele, 100% "xxxxxx", monovolumen alemán, sin perder la sonrisa. O la que me deshace en la parada del autobús con su rostro envuelto en azabache como una Pocahontas del siglo XXI desde la esquina superior derecha de un grupo de cinco o seis chicas, todas de blanquito, vendiendo... ¿ropa interior?, no recuerdo. O la que desde otra parada de autobús (son un peligro para los conductores...) me hace segregar saliva con sus ojitos castaños y sus hombros perfectos, con ese lacito en el escote, como si fuera un regalito... anunciando lencería (ahora sí me acuerdo) muy pero que muy íntima, vamos, intimisisisíma. O aquella que en un reportaje sobre Thailandia...
En fin... puedo colgar hoy este post que venía pensando, y decir que como en todo hay excepciones, y que alguna de esas mujeres que copan las portadas de revistas, que deslumbran en las alfombras rojas y a la luz de los flashes (porque lo harían igual en la cola del supermercado, porque esas "algunas" lo llevan dentro como un sol, y no es un parche añadido por la "fama"), algunas de esas mujeres sí me mueven cosas por dentro. A alguna de esa minoría, me encantaría descubrirla alguna tarde en vaqueros y escondida tras unas gafas oscuras mientras intenta sentirse "normal".
Alguna como Mónica Bellucci (sobre todo con el pelo suelto...) o como Halle Berry (sobre todo con el pelo cortito)... sencillamente Belleza envuelta en piel y brillando en los ojos.
Sí, puedo colgar este post, superándome y escribiendo algo más tontito todavía que lo del lunes, con permiso de algun@s bloguer@s que me leen. Puedo... y mejor voy a hacerlo, porque si colgara lo que de verdad tengo ganas de escribir ahora, sería mucho más triste, mucho menos frívolo, mucho más palpable...
Porque escribiría que es hiriente cerciorarse una vez más, aunque ya lo supiera, de que ella, una mujer de carne y hueso, una en concreto, una noble amiga, nunca va a enamorarse de mi. Ni siquiera sentirse atraída. Ya lo sabía, pero cada vez lo tengo más claro. Será que cada vez lo tengo más fácil, porque así desterraré el más mínimo atisbo de esperanza y podré concentrarme únicamente en ser su amigo. Pero de momento sigue doliendo, aunque ella no lo sepa. Menos mal que la amistad que siento no es conformista, sino real, independiente de lo que sintiera en otros colores.
A las lectoras de este extraño blog, echadme una mano con una duda: ¿alguna mujer se ha enamorado con el tiempo de aquél amigo en el que no vió nada más, en un principio, que no fuese un buen tipo y un buen amigo? ¿Pasan esas cosas? ¿O el flechazo o su ausencia en el primer instante siguen dictando todo lo que va y no va a pasar a continuación...?
Sí, mejor cuelgo el post que tenía pensado y nos reímos un poco.
Así que añado otra tontería, y es que hasta un poeta y escritor en ciernes cae alguna vez en las arenas movedizas del zapping, ya véis... y otra de esas musas para mí, casi casi anónimas, es la ex y amiga de un hijo de la difuntísima de la prensa rosa. Se llama Blanca Romero, creo. Lindísima.
En fin, os dejo, que hoy estoy muy pero que muy tontito.
Dejaron su huella:
A mi también siempre me llamaron la atención las "musas anónimas", mucho que las musas oficiales. Me has hecho sonreir jodío.
Sobre lo otro, pues ya ves, te han dicho de todo. En mi caso, por si te sirve de algo, he vivido las dos situaciones, las del amigo que siempre fue un amigo, y la del amigo-que-nunca-sería-otra-cosa-que-un-buen-amigo-por-que-era-un-buen-tipo y al final llegó a ser el-amor-de-su-vida.
Pero sabes, en el primer caso siempre me quedé con la duda... ¿y si hubiera dado un paso más...?
Si, podría haber perdido esa amistad... amistad que al final no perdí, pero que ya no existe por que el tiempo y la distancia son implacables.
..y luego dicen que los humanos somos seres racionales.
Que te sea leve Sergi.
Miguel Domingo, 8 Agosto 2004 10:19 (Web)
Al leer tus palabras ayer quise contarte mi historia con mi mejor amigo y ahora lo hago:
No se decirte el momento en el que todo empezó , fue muy sutíl, pero si cuando me di cuenta.Y derrepente el caos se desató. El estar a su lado era una dulce tortura, y poco a poco me dolía estar con él, no era yo misma.Él no tenía la culpa de que le esquivara, y entonces una madrugada me enfrente conmigo, fue duro pero lo hice; recurrí a mi arma más poderosa, con la me siento segura ''las palabras'', escribir.Ha sido la carta más dura, quizas puedas verlo como un acto cobarde ,pero cada palabra cada frase fue escrita y reescrita, hasta que me encontre con mi alma,mis sentimientos en papel y la mandé.Fueron los 15 días más angustiosos de mi vida ¿porque la había mandado?, pero yo lo sabía.No me gusta ilusionarme, la autotortura se me da bien pero no queria que me pasara con él.Ha estado en momentos muy importantes en mi vida, hemos compartido sueños, inquietudes... le queria, le quiero. Él me respondio con las palabras más dulces, un canto al amor más puro y desinteresado, la amistad. Y mientras leía una sonrisa se instaló en mi rostro,tal como él me pidio.La leí y me sentí liberada y tube ''una revelación'' Había terminado una etapa en nuestras vidas ,y temía que ese apoyo se fuera, miedo a no verle, ¡si miedo! y creé una visión distorsionada pero en esencia cierta ,le quiero , pero no como pareja sentimental como novio, si no como parte de mi vida, mi compañero en paranoias,en ilusiones.Me agradezco a mi misma dar ese paso(me quiero mucho ) porque hubiera estado confundida y no hubiera conocido quien era él ylo que significaba para mi.
Este no es tu caso ,pero es importante que seamos fieles a nuestros sentimientos , que nos enfrentemos a ellos, se que es fácil hablar, pero solo tenemos una vida que sepamos ,aunque suene a tópico te animo al caos que da la sinceridad pero que lleva consigo la libertad, un sentimiento que no se describirte , la paz de no callar , de intentar
:-)
Besotes Sergi, aquí tienes a la anónima Joana, que te lee y que te ofece su mano,su oreja,su tiempo para volar con esas alas de Albatros si necesitas ''lo que sea''.
JAB Viernes, 6 Agosto 2004 13:22 (Web)
Soy más animal, me refiero más de instintos básicos, una cazadora y en ese sentido nunca me he comido una presa que ya conociera de hacía tiempo, sería como comerse una mascota, un animal de compañía y eso despierta la ternura y el cariño pero no la química.
Yo conocí a mi pareja hace 21 años y sólo hace 3 que he comprendido que le amo. Es como si lo hubiera vomitado de mi boca y así, entero, hubiera empezado a respetarle y a amarle porque quererle ya le quería por eso le cacé.
Diría que primero tuvo que ser mi amigo para después poder amarle. Pero claro en tu caso Sergi, ¿qué hay de la famosa y jodida química?
¿Has probado a decirle que estás por sus huesitos? ¿Porqué no le robas un beso?
MaryJoe Jueves, 5 Agosto 2004 11:20 (Correo)
Sergi,
El dolor del amor es duro, yo he encontrado consuelo sólo en la estetización de estas experiencias. O sea, escribiendo. Tal vez sea radical plantear el objetivo "terapéutico" por encima del estético. ¿Qué opinas?
Gracias por la visita a mi weblog.
Karras Miércoles, 4 Agosto 2004 20:35 (Web)
El cuerpo de la mujer es un recipiente de placer que nunca se acaba. No importa cuantas veces lo derrames, ni con que lo mezcles. siempre es fresco y delicioso.
La piel de la mujer es especial, y en general vibra y muta. No solo referenciando el tema sexual. Todo.
Eres un hombre, sabes lo que es tener una mujer entre tus manos, y ver que en ellas vive.
Hay mujeres hermosas,(las hay tambien que no lo son tanto) y mujeres con bellezas distintas para cada par de ojos.
Sonia Miércoles, 4 Agosto 2004 19:52 (Web)
Hay un personaje de Shakespeare, el bufón del Rey Lear, que es el tonto, el que dice bobadas, a quien nadie escucha -le oyen, sí, no lo escuchan-... Y es el que dice las cosas más profundas.
Y nada, como dicen Bo y lehahiah, pues manos a la obra y dile lo que sientes. Hay que dejar atrás ese mito de "es que se puede dañar la amistad". Si la amistad es fuerte, pues lo aguanta todo.
JoseV Miércoles, 4 Agosto 2004 19:28 (Web)
Sin duda que ocurre. Así que si te gusta: manos a la obra (y nunca mejor dicho). Ah! y nunca he tenido un amigo con el que antes o después (normalmente antes) no me haya ido a la cama.
Bo Peep Miércoles, 4 Agosto 2004 17:57 (Web)
Segunda excepción, Lehahiah, lo mereces:
Enamorado aún no (y ya no será, por cierto pragmatismo emocional que me sostiene), pero sólo con haber entreabierto un poco la puerta hubiera entrado mi vendaval para poner su casa patas arriba, y limpiarla de telarañas.
El sexo sin amor puede ser a veces algo bello. Otras algo aburrido. Pero aquello tuyo era (gracias por la confianza) sexo con algún gérmen de un sentimiento que luego explotó, como sucede en ocasiones en el desierto de Atacama(ya que me viene Chile a la mente siempre contigo): que florece desbordante y maravilloso. ¿Verdad? Tú lo has dicho, "él te gustaba". El tema con mi Amiga es que ella siente un gran cariño de amiga hacia mí, pero ni siquiera le gusto (como hombre, etc.). Así que no hay nada desde lo que construir desiertos floridos...
A mí me cuesta mucho que me guste alguien, pero me sucede. Por gustarme he acabado queriendo a personas que no son mi pareja: Alexa, Dheniss, Fran, Olga, Elizabeth, Sonia, y alguna otra que no olvido. Tendrán mi amistad incondicional para siempre. Llegué al cariño profundo y la amistad desde otro lugar. Pero me cuesta demasiado enamorarme, sólo lo he estado de veras una vez. Fue mi pareja y ahora también es mi amiga.
Cuando alguien me gusta arrollo. Cuando me enamoro doy la vida.
En fin, Lehahiah, gracias. No sigo, que si no esto sería todo un post ;-)
Al menos, estoy vivo, eso lo noto.
Sergi Miércoles, 4 Agosto 2004 16:54 (Web)
Bellver, te voy a dar mi opinión personal respecto a lo que preguntas, porque a mi me cuesta muchísimo enamorarme. Quiero decir, que nunca he tenido un flechazo y soy de esas personas que necesitan conocer a la otra persona en todos sus aspectos, en lo bueno, y en lo peor, para enamorarme de él. Necesito enamorarme de lo bueno y de lo malo. Por lo que mi respuesta a tu pregunta es: sí, yo me he enamorado de mi mejor amigo.
Una confesión "íntima": he tenido relaciones de todo tipo, y, con "mi adorado tormento" me acosté el segundo día que nos vimos. Para mi existe el sexo sin amor. Hemos pasado de todo juntos, ha pasado de todo entre nosotros, hemos sido los mejores amigos en los peores momentos, y fue hace unos tres o cuatro meses cuando me di cuenta de que me había enamorado de él. La gente me decía antes que lo estaba, y mi respuesta siempre fue rotunda: me gusta, pero no estoy enamorada de él, yo me conozco. Necesito tiempo para hacer esa afirmación. Y si esto ocurrió un Viernes, el Lunes le dije: "Creo que es necesario que sepas algo que te atañe: me he enamorado de ti, y creo que es justo que tú lo sepas".
No quiero verte desanimado, de acuerdo?? y si necesitas "hablar", chasquea los dedos y acudiré.
Un besazo
lehahiah Miércoles, 4 Agosto 2004 16:40 (Web)
Casi nunca contesto en mi blog, por no hacer un "chat" de los comentarios, pero haré una excepción:
No es el caso, Dead for you, Absolutamente confirmado. A veces pasa, encuentras a alguien que te llenaría, con lo que cuesta sentir que has encontrado a ese alguien, y resulta que la otra persona no te ve igual. La famosa y jodida química. A veces pasa. No usaría a nadie para dar celos, pero es que además, sería penoso, porque no tendría más efecto que un "me alegro por ti". A veces pasa. Y ya sé que puedo consolarme con "si no está por ti es que no era para ti, y otra te espera y bla, bla, bla...", pero eso no me hace sentir mejor. Porque me cuesta mucho sentir que alguien me gusta de verdad.
Por otro lado, sí siento aparte verdadera amistad, y no es un eco de otro sentimiento, es sólo amistad, porque es una persona noble, así que eso es lo que tendremos. Algo es algo.
En fin, hoy soy yo el que está bajo de ánimos. Me alegra si te animé un poco con mi otro post.
Petons.
Sergi Miércoles, 4 Agosto 2004 16:13 (Web)
Sergi, me haces un montón de grácia hoy,estás "Mimosín".
Es super mono lo que cuentas sobre todas estas chicas. Es verdad que tienen un cuerpo espectacular (la base está pero viven para y por él)pero solo unas pocas son verdaderos bombones, la mayoría si las vieras sin arreglar...
En cuanto a tu pregunta, te diré que en lo que a mi respecta, mi pareja es la excepción que confirma la regla. No tuve flechazo ni nada, lo encontré mono y buena persona sin más. Pero poco a poco, al conocerlo me fuí dando cuenta de que me estaba enamorando...
Si con esta chica hace mucho tiempo que tenéis una buena amistad y no pasa nada que haga que la situación cambie... nunca se sabe pero si solo te ve como un amigo, un hermano y no como a un hombre, una posible pareja...
¿Has probado ha darle celos? ¿Te ha visto con alguna otra chica muy enamorado? ¿Le has hablado de todo el amor que sientes por otra persona?
A veces al ver que estamos perdiendo algo que "creemos" nuestro hace que se nos caiga la venda de los ojos...
Dead for you Miércoles, 4 Agosto 2004 15:52 (Correo)
Lunes, 2 Agosto 2004 18:12
Mi "post" más estúpido...
Va a serlo, muy tonto.
(Por cierto, recuerdo a los recién llegados que en los archivos de Julio, Junio, etc., -al final de la columna derecha de esta web- hay casi un "post" diario, con poemas, reflexiones, impulsos, etc., tan sólo con hacer click sobre el mes...).
El dinero no da la felicidad, de acuerdo, no cruza en tu camino a esa persona que llevas desde el albor de "tus" tiempos esperando; no devuelve a los seres queridos que ya no están, no te trae el cariño de los que nunca lo fueron; no borra la miseria del corazón de los hombres, no cambia la faz de la tierra (diréis que sí, que muchísimo dinero podría hacerlo, pero ya circulan cantidades astronómicas por ahí, y todo sigue igual... ya hay gente con mansiones en los cinco continentes, islas privadas y ejércitos de sirvientes... y todo sigue igual, las mismas barrigas hinchadas por el hambre y los mismos niños mutilados por la guerra). No, el dinero no da la felicidad, no da algo que no puede venir de ningún sitio, que sólo puede nacer desde ti mismo, pero...
Joder, pero ahora mismo, si me tocan los 24 millones de euros de los Euromillones este viernes... ;-) -bueno, la mitad, juego a medias con mi mejor amiga- entonces estaría en la autopista de muchas cosas, en vez de seguir tropezando en esta senda de cabras...
Escribiría sin preocuparme de ganarme la vida mientras pierdo mi tiempo con trabajos absurdos y mentes cuadradas. Ayudaría a amigos y familia con sus sueños. Montaría mi propia ONG para las causas que de veras me conmueven, alentando a creadores, facilitando el acceso a la educación a los niños con talento que tienen que abrasarse las pupilas en fábricas de la India, echaría a los especuladores de unos cuantos sitios para dejar intacta una selva, para no molestar a los tigres o a los osos; y luego, si es que me queda algo ;-P -quedaría, quedaría- pues como humano contradictorio, me daría unos cuantos caprichos: viajar, viajar y viajar; una casita en el Mediterráneo; estudiar idiomas, siete u ocho, estando un año en cada país... Japón, Egipto, Italia, Brasil, etc., (bueno, el japonés seguramente me pida más tiempo...); me compraría un barquito, seguramente alguno muy parecido al de la foto... qué belleza... un gozzo sorrentino, entre la elegancia y la tradición...
En fin, mi "post" más estúpido... os lo dije...
Pero, ¿a que es hermoso el barquito... y soñar despierto?
No sería felicidad, pero se le parecería bastante, hacer lo que quieres, ayudar a otros a sonreír, y tener todo el tiempo del mundo... se le parecería bastante.
-----------------------------
Dejaron su huella:
Claro que el dinero no da la felicidad completa, pero ayuda bastante.
Tu sigue intentándolo, que todo llega.
Nunca desesperes. Utiliza esas alas que tienes para no dejarte caer.
Besos desde el sol.
STARBUCKS Miércoles, 4 Agosto 2004 12:39
Sergi se me acaba de ocurrir una cosa para cuando te vayan mejor las cosas... un barco chiquitito pero agradable te puede costar 2 kilos (vale 3 si me apuras igual), el alquiler de un amarre en Barcelona creo que es 25 ó 50.000 pelas mensuales con parking para coche incluido... Si haces números por ese dinero es imposible tener una vivienda en tierra y parquing! Es que te veo escribiendo poesía en la cubierta de tu barco!!!! :)
Jaira Martes, 3 Agosto 2004 20:18 (Web)
Soñar no es estupido, es lo que nos da alas para imaginar un futuro mejor, y el futuro que imaginas con dinero es genial. Te haces feliz e intentas hacer felices a otros.
Yo también sueño con que me toque algo que como mínimo me permita no sufrir más por el trabajo y poder pegarme algún viajecito para poder conocer mi casa, la tierra, que de momento solo conozco la entrada del pisito y me entran ganas de visitarlo todo...
Estás más contento, genial :D
Dead for you Martes, 3 Agosto 2004 10:04
Es que dicen que el dinero no da la felicidad, Bellver, pero ayuda, verdad??, jeje!!
No vuelvas a decir que un post tuyo es estúpido porque como fiel admiradora me ofende.
P.D. Me encanta cómo me has linkeado en tu blog "Lehahiah no quiere domingos por la tarde"... Simplemente, me encanta.
Un beso
lehahiah Martes, 3 Agosto 2004 08:50 (Web)
Va a serlo, muy tonto.
(Por cierto, recuerdo a los recién llegados que en los archivos de Julio, Junio, etc., -al final de la columna derecha de esta web- hay casi un "post" diario, con poemas, reflexiones, impulsos, etc., tan sólo con hacer click sobre el mes...).
El dinero no da la felicidad, de acuerdo, no cruza en tu camino a esa persona que llevas desde el albor de "tus" tiempos esperando; no devuelve a los seres queridos que ya no están, no te trae el cariño de los que nunca lo fueron; no borra la miseria del corazón de los hombres, no cambia la faz de la tierra (diréis que sí, que muchísimo dinero podría hacerlo, pero ya circulan cantidades astronómicas por ahí, y todo sigue igual... ya hay gente con mansiones en los cinco continentes, islas privadas y ejércitos de sirvientes... y todo sigue igual, las mismas barrigas hinchadas por el hambre y los mismos niños mutilados por la guerra). No, el dinero no da la felicidad, no da algo que no puede venir de ningún sitio, que sólo puede nacer desde ti mismo, pero...
Joder, pero ahora mismo, si me tocan los 24 millones de euros de los Euromillones este viernes... ;-) -bueno, la mitad, juego a medias con mi mejor amiga- entonces estaría en la autopista de muchas cosas, en vez de seguir tropezando en esta senda de cabras...
Escribiría sin preocuparme de ganarme la vida mientras pierdo mi tiempo con trabajos absurdos y mentes cuadradas. Ayudaría a amigos y familia con sus sueños. Montaría mi propia ONG para las causas que de veras me conmueven, alentando a creadores, facilitando el acceso a la educación a los niños con talento que tienen que abrasarse las pupilas en fábricas de la India, echaría a los especuladores de unos cuantos sitios para dejar intacta una selva, para no molestar a los tigres o a los osos; y luego, si es que me queda algo ;-P -quedaría, quedaría- pues como humano contradictorio, me daría unos cuantos caprichos: viajar, viajar y viajar; una casita en el Mediterráneo; estudiar idiomas, siete u ocho, estando un año en cada país... Japón, Egipto, Italia, Brasil, etc., (bueno, el japonés seguramente me pida más tiempo...); me compraría un barquito, seguramente alguno muy parecido al de la foto... qué belleza... un gozzo sorrentino, entre la elegancia y la tradición...
En fin, mi "post" más estúpido... os lo dije...
Pero, ¿a que es hermoso el barquito... y soñar despierto?
No sería felicidad, pero se le parecería bastante, hacer lo que quieres, ayudar a otros a sonreír, y tener todo el tiempo del mundo... se le parecería bastante.
Dejaron su huella:
Claro que el dinero no da la felicidad completa, pero ayuda bastante.
Tu sigue intentándolo, que todo llega.
Nunca desesperes. Utiliza esas alas que tienes para no dejarte caer.
Besos desde el sol.
STARBUCKS Miércoles, 4 Agosto 2004 12:39
Sergi se me acaba de ocurrir una cosa para cuando te vayan mejor las cosas... un barco chiquitito pero agradable te puede costar 2 kilos (vale 3 si me apuras igual), el alquiler de un amarre en Barcelona creo que es 25 ó 50.000 pelas mensuales con parking para coche incluido... Si haces números por ese dinero es imposible tener una vivienda en tierra y parquing! Es que te veo escribiendo poesía en la cubierta de tu barco!!!! :)
Jaira Martes, 3 Agosto 2004 20:18 (Web)
Soñar no es estupido, es lo que nos da alas para imaginar un futuro mejor, y el futuro que imaginas con dinero es genial. Te haces feliz e intentas hacer felices a otros.
Yo también sueño con que me toque algo que como mínimo me permita no sufrir más por el trabajo y poder pegarme algún viajecito para poder conocer mi casa, la tierra, que de momento solo conozco la entrada del pisito y me entran ganas de visitarlo todo...
Estás más contento, genial :D
Dead for you Martes, 3 Agosto 2004 10:04
Es que dicen que el dinero no da la felicidad, Bellver, pero ayuda, verdad??, jeje!!
No vuelvas a decir que un post tuyo es estúpido porque como fiel admiradora me ofende.
P.D. Me encanta cómo me has linkeado en tu blog "Lehahiah no quiere domingos por la tarde"... Simplemente, me encanta.
Un beso
lehahiah Martes, 3 Agosto 2004 08:50 (Web)
Miércoles, 26 Mayo 2004 20:13h
Un cuento, tal vez erótico.
El desconocido.
-¿No confiás en mí?
Con esas palabras Lucía vuelca el silencio en la habitación, después de una encendida discusión. Ha amanecido hace rato. Ya vestida, sale dando un portazo y deja a su marido sentado en la cama.
Han estado ladrando y haciéndose reproches por unos mensajes al móvil de Lucía a altas horas de la noche, mientras su marido se lavaba los dientes. Discutieron al acostarse, dándose la espalda, y han discutido al levantarse, él desde la cama y ella transitando exaltada del baño al dormitorio, del dormitorio al baño, vistiéndose entre gritos y frases lapidarias, entre interrogatorios y evasivas porteñas.
Con esas palabras, “no confiás en mí”, Lucía deja a su marido sentado en la cama y sale dando un portazo. Lucía, argentina tremenda importada en Madrid por un español entrado en años que la idolatra, es una mujer que provoca vértigo por su belleza, y lo sabe, desde siempre ha notado el deseo de los hombres, y a menudo ha tenido que justificar cada mirada, cada sonrisa, cada guiño correspondido que su marido detectara. Y ya no le apetece dar una explicación a esos mensajes. Su marido no es inseguro, no se trata de eso, es que ella es una tentación demasiado fuerte, una isla de fuego rodeada por un lago de gasolina. Pero Lucía está cansada de todo, la relación ha llegado a una vía muerta, las pequeñas manías ya no compensan.
Lucía llega a la oficina caminando. Con el aire fresco de esa mañana de Abril ha logrado sacudirse un poco el eco de la discusión. Se reclina largamente en su asiento, estirándose como un gato, y al acometer todo el papeleo que se le amontona, descubre otra vez un sobre color crema sobre la mesa. Otro sobre color crema, como casi cada día desde hace un mes. Expira largamente por la nariz, sabe que hay algo en esa historia que traerá complicaciones. Pero sonríe. Cuatro semanas hace que viene recibiendo anónimos, cartas impresas, postales sin sello de paisajes increíbles y de imágenes sugerentes, fotografías eróticas en blanco y negro, contenidas, con clase, pero profundamente sensuales, y mensajes al móvil de un número que no conoce. Mensajes que al principio le incordiaban, después le sorprendían por la intensidad de sus palabras, y desde hace unos días, incluso llegan a excitarle. Y eso es algo que no le ha sucedido en mucho tiempo, porque su marido ya ha rebasado la frontera de lo excesivamente familiar, ya no le parece capaz de provocarle sorpresa, de reinventarse la convivencia.
Guarda el sobre bajo un montón de papeles, con el mismo gusanillo en el estómago del adolescente que esconde una chuleta bajo la mesa. Es un día extraño en la oficina, hay menos trabajo del habitual, y Lucía tiene demasiado tiempo para pensar. Se descubre a sí misma dándole más vueltas a esos mensajes anónimos que a la situación con su marido, estancada en la monotonía. Tal vez sean las ganas de vivir, de sentir, tal vez sea una burbuja llamando a su puerta, lista para esfumarse en cuanto abra, tal vez sólo una ilusión de treintañera desilusionada.
Come con algunas compañeras, bromea sobre la actualidad, sobre los malos tiempos que amenazan a la empresa, pero su incitante secreto planea por su mente sin cesar, secuestrando su atención, extraviándola entre el murmullo de sus compañeras, que se diluyen en un rumor lejano. De vuelta al trabajo, vibra el móvil en su blazier. Un nuevo mensaje de ese número que ella ha guardado en su agenda como “Eros”, porque el remitente anónimo siempre firma sus cartas, sus postales, sus mensajes, como tal. Alguna vez Lucía ha contestado a ese número con otro mensaje, y sólo ayer por la tarde se atrevió a llamar, pero encontró la típica locución robotizada, y los nervios le impidieron dejar un buzón de voz. Vibra el móvil y el corazón da un salto. Un nuevo mensaje que Lucía lee casi a escondidas, agazapada tras su ordenador. Los ciento sesenta caracteres le dejan las mejillas rubicundas. Queda un rato para la hora de salir. De repente la jornada parece haberse esfumado en un suspiro. Lucía rescata el sobre de la montaña de presupuestos y lo abre. El texto, en letra cursiva de impresora, esta vez es escueto y directo, pero ninguno de los anteriores consiguió acelerar así su pulso: “Si quieres dar el paso y vernos, deja una llamada perdida cuando salgas. Sé que lo deseas, tanto como yo. Eros.”
Por un instante pretende para sí misma que le disgusta cierta prepotencia, pero no es verdad, porque ella hace tiempo que le da vueltas a la idea de dar ese paso, de poner un poco de magia en su vida, tan gris de un tiempo a esta parte, de abrir la puerta de la jaula y alzar el vuelo lejos de los barrotes de un matrimonio en declive. Es una locura, y además, ni siquiera sabe el aspecto que tendrá ese anónimo seductor, pero algo le dice que en un hombre capaz de esos detalles, de esas palabras, tan elegantes como húmedas, no pueden desentonar el fondo y la forma. O al menos quiere creerlo.
Ya en la calle, le tiembla la mano, cuando le da a la tecla de llamada. No hay vuelta atrás, ha decidido entrar en el juego. Al cabo de unos minutos recibe otro mensaje. El texto en la pantalla es como una voz desde arriba, sólida, dominante pero cuidadosa. Le dice que se tome un café en el local de la esquina, un lugar de moda, al que ella acude con frecuencia. ¿Será allí donde aparecerá él? ¿Cómo le reconocerá? Es obvio que el anónimo la conoce de algo, sabe donde trabaja, su número, lo cual le asustó al principio, pero poco a poco fue dejando de importarle. Se ha preguntado mil veces si será algún compañero de trabajo, quizá alguno de los jefes, quién sabe si el pez gordo, tal vez alguno de los empleados. Ha evaluado cada gesto de casi todos los hombres de la oficina, casi todos porque ha descartado a los menos atractivos o agraciados. Ha escudriñado en cada movimiento, intentando descubrir en él un guiño de su Eros. Incluso deja llamadas perdidas a su número, cuando hay un buen candidato cerca, por si él rebusca en sus bolsillos un teléfono móvil en ese momento. Pero todo en vano.
Lo que suele ser un paseo se convierte en un mero trayecto, y Lucía llega pronto al café y elige una mesa junto a la puerta, nunca se sabe si luego será conveniente tenerla cerca. Pide el habitual capuccino, y revisa su labio superior con la lengua a cada minuto. No quiere lucir un bigote de espuma la primera vez que se vean. Es una locura, pero ha decidido apostar. Espera. Pide un vaso de agua. Espera. De repente escucha su nombre.
-¿Es usted Lucía?
El camarero. Lucía en medio segundo repasa mentalmente, no entiende, si él es él, ¿por qué la llama de usted?. ¿Un camarero? Tendría sentido entonces que la conociera, eso sí, es un joven en el que se ha fijado alguna vez, uno que esconde cierta insolencia tras la corrección que requiere el lugar. Qué atrevido entonces, intentar seducir a una clienta. Duda un instante si esquivar la situación, pero sigue adelante con el juego.
-Sí, soy Lucía.
El camarero le extiende un sobre. ¿Seguirá con la misma parafernalia aún frente a frente? Pero no, no es él, sólo es un mensajero. Hay cierto alivio al descubrirlo, Lucía ha imaginado un hombre curtido para su Eros, no un efebo descarado.
“¿Te apetece jugar? Una mujer como tú adora un juego como este, y yo adoro a las mujeres como tú, pero no se cruzaban en mi camino. Hasta que apareciste. Acábate tu capuccino tranquilamente, bueno, es un decir, yo también estoy dulcemente nervioso, y luego ven. Parque del Retiro, escalinata del Palacio de Cristal, a las siete. Tienes un taxi en la puerta. Eros.” Lucía sonríe y maldice con cierta ternura a la vez. Pero está segura de que todo tiene un motivo. Tal vez Eros ha preparado un primer encuentro en un lugar tan especial como ese, con una luz mágica en los atardeceres de esa época del año. Tal vez él sepa que el café de moda a cien metros de su oficina supone cierto riesgo, sobre todo para ella. Su marido conoce bien a varios compañeros de trabajo, y sería mejor que no llegara a sus oídos ningún encuentro, ninguno así, desde luego. Que las cosas acaben es cuestión de tiempo, pero tampoco es necesario echarse encima las culpas de la separación, y más aún cuando sabe que no va a ser precisamente amistosa. Este momento, esta nueva ventana inundando el ambiente de aire puro, le pertenece a ella, después de tantas veces en que su marido le ha ignorado cuando ella necesitaba ser escuchada, y agobiado cuando debía dejarle respirar.
-¿Es usted Lucía? –pregunta el taxista girándose, mientras Lucía abre la puerta, un segundo antes de cerciorarse. Menos mal, piensa ella, la misma formalidad, este seguro que no es Eros. Le indica el destino pero el taxista parece saberlo de antemano, y no habla durante la carrera. Su anónimo está demasiado seguro de que ella seguirá sus pasos, si ha hecho esperar un taxi a la puerta de un café, hasta que lo tomara una tal Lucía. Súbitamente cae en la cuenta, si Eros le ha indicado y le ha pagado, el taxista debe conocer su rostro. Podría desvelar una parte del puzzle, pero baja del taxi y decide no romper el hechizo, dejará que siga su curso.
El paseo hasta el estanque del Palacio de Cristal es agradable, tranquilo entre semana, las flores de los castaños de indias se alzan como erectos conos blanquecinos, y el corazón de Lucía se inquieta a cada paso. Al llegar al lugar, pasan cinco minutos de las siete, y sólo se oye el chorro de agua espumando el centro del estanque, y una guitarra que se deja afinar. Hay un músico sentado en las escaleras y Lucía presiente que tampoco está ahí por casualidad. Se miran y el músico comienza a tocar. Ella sonríe sin separar sus labios, es un gesto de emoción, más allá de la simpatía, porque de la cintura de la guitarra surge un tango. Eso es tanto como preguntar si es usted Lucía.
Cuando termina la melancolía, ella se acerca y saluda al músico. Pero el músico no la trata de usted... ni de tú, si no de vos. Por un segundo parecía que... pero no, no es Eros. El compatriota, un barbado bohemio, le da un paquete a Lucía, y ella tampoco le pregunta por el hombre que se lo ha entregado. Comentan algo de Buenos Aires, tan sólo un pretexto para saborear el acento, se despide del músico y Lucía se pierde entre los árboles.
En un banco cerca de la salida del Parque rasga el papel, abre una caja de madera pintada de azul y encuentra un teléfono móvil y una nota. Es el mismo teléfono que ha estado regalándole fantasía desde hace un mes. Lo dice la nota, que lleva también un código de cuatro cifras, una dirección y un número al que llamar. Lucía huele el teléfono como si fuera el cuello de una camisa, lo aprieta, el pulgar recorre la pantalla, acaricia el fetiche, y llama al número indicado.
-Hotel Santo Mauro, buenas tardes...
Lucía ríe abiertamente, pero al instante recompone la postura y sabe lo que tiene que hacer. Se excusa y pregunta si tienen una reserva hecha a su nombre, sabiendo que se lo van a confirmar, sabiendo incluso que la habitación está pagada. Definitivamente, su Eros tiene muy buen gusto. Ha estado dejando un rastro, engañando al cazador, que se convertirá gustoso en la presa. Sabe que allí le conducirán las huellas, que allí la piel reclamará su momento.
Al llegar al hotel, Lucía piensa que eso es lo menos parecido a un hotel. Tiene algo de privado, de escondido, de residencia de aristócrata moderado. En recepción le entregan la tarjeta de su habitación, y se da cuenta de que esa noche es más que probable que no vaya a casa. Tal vez su marido lo interprete como la consecuencia de su acalorada discusión, no sería la primera vez que ella duerme fuera, pero hoy la excusa de la amiga no será verdad. Decide olvidarse otra vez por completo de eso y entregarse a esa nueva puerta que se le presenta, prometedora, inquietante, excitante. Lucía introduce la tarjeta y la abre. No hay nadie. Mira por la ventana, mira la habitación, se sienta en la cama, se tumba, mira al techo. Respira, expira, y por fin deja todos los miedos atrás. Se quita los zapatos y va al baño. Bajo el espejo hay una caja blanca, que como una niña observa y mide, la acaricia mientras la lleva a la cama, donde la coloca y tarda en abrirla. Una caja blanca con un lazo de gasa dorada. Y por supuesto, una nota: “Recoge tu cabello, ponte esto, deja entreabierta la puerta y espérame sentada en la cama. Eros.”
“Esto” es un gran antifaz ciego de seda negro, y una prenda de lencería que Lucía no descifra hasta extenderla del todo. Es un mono de encaje y seda, desde el cuello hasta los pies, dejando sólo la cabeza y las manos sin cubrir con su fina transparencia. Un bordado de flores negras nace del monte de venus y se abre en el pecho, ocultando la fila de corchetes que cierran el mono. Lucía se desnuda deprisa, se viste despacio, y bajo el tacto de la lencería se estremece. Permanece sentada al extremo de la cama, y aún bajo el tupido antifaz, cierra los ojos.
Al poco rato siente una presencia en la habitación, un segundo antes de escuchar cómo se cierra la puerta tras unos pasos. Algo que por su sonido parece de cierto peso y metálico es colocado sobre la cómoda. Lucía balbucea una pregunta entre nerviosos suspiros sonrientes, pero un dedo y un siseo sellan sus labios. Oye el chasquido de un mechero, y al instante el aroma del sándalo inunda la habitación. Otro chasquido mecánico, un botón, diría, y las notas de un piano se mezclan con el sándalo.
Lucía siente pegada a ella una respiración y no sabe qué hacer con las manos. Como en todo el juego de pistas que la trajo hasta aquí, cree que también ahora, frente a frente, ha de dejar la iniciativa al otro, a Eros. Sus manos encuentran guía en las de él, que las toman y elevan, atrayendo tras ellas el resto de los brazos, suavemente, hasta poner de pie a Lucía. Luego, desde los hombros esas manos masculinas bajan hasta su cintura, se aferran a ella y hacen que las frentes se toquen, los alientos se mezclen, los labios se encuentren, las lenguas se fundan. En este punto el ansia puede más que el protocolo. El beso es como una liberación y a la vez una cadena que les somete. El roce del encaje y la presión del cuerpo del hombre hace que los pezones de la mujer se ericen. Eros se separa, lentamente le da la vuelta a Lucía y la toma de las caderas, pegándose a ella. Entre los silencios del piano, en las pausas, como parte de la melodía, surge el sonido del roce de la lencería y el pantalón, susurrándose el deseo. Ella se aprieta contra él, las nalgas suben y bajan despacio, delatando al sexo de Eros, que lame como un gato la nuca de Lucía. Ella arquea su espalda y deja escapar el ensayo de un gemido hacia el techo. El hombre conduce y sostiene como en una pareja de danza a la mujer, hasta tenderla sobre la cama. Lucía hace un ademán de quitarse el antifaz, pero una mano firme y suave a la vez se lo impide. Ella sonríe y él le desdibuja la sonrisa con un beso. Al retirarse, los labios de Lucía son casi un círculo, por el que respira un deseo que se está quitando la piel de cordero y reclama su presa.
Eros parece masajear los hombros de Lucía, pero sólo prepara un juego más. Hunde su nariz en el cabello de la mujer, recogido en un moño alto, y aspira su aroma, como queriendo retener su esencia, y al sentirse olida como un animal, las caderas de Lucía se elevan, buscando al macho sin tapujos. Eros desgarra el encaje y la seda desde arriba, desde la nuca, poco a poco, y el sonido de la tela rasgándose está haciendo perder la cabeza a Lucía. Nunca antes un hombre le había hecho sentir así el deseo, regateándoselo, sugiriéndoselo, casi llevándole a suplicarlo. La trinchera en la tela se va abriendo espalda abajo y la lengua recorre la leve oquedad de la columna. Se detiene. A través de la lencería que aún las cubre amasa y palpa las nalgas de la mujer, las mordisquea, no muy fuerte, pero sin tibieza. Casi con violencia acaba de hacer jirones el mono, pasa un brazo por debajo del vientre de Lucía para elevar su pelvis hacia él, y con la otra mano parece querer arrancar la hermosa redondez de su perfecto culo, y como el león que derribó una gacela, se lanza a devorarla, hundiendo su rostro entre las piernas de la mujer, que se ofrece sin remilgos, torciéndose y agarrando el pelo de Eros para apretarle contra ella. La lengua quema entre los labios de su sexo. No hablan, no hay palabras, ni románticas ni procaces, no hacen falta.
Eros se separa, se levanta, coge a Lucía en brazos, liviana como un cachorro, jadeante como un perro, y la coloca de nuevo en la cama, esta vez de rodillas, con el torso erguido. Entre ambos retiran impacientes la seda y las flores de encaje, rotas y húmedas. Por si Lucía quisiera ahora romper el juego, Eros asegura el nudo del antifaz. Pero Lucía hace rato que está entregada en cuerpo y alma a su dueño. Nota que el peso de él desaparece de la cama y vuelve al cabo de un minuto para tomar su barbilla con una mano. Con el índice entreabre su boca, le besa, le marca y se retira, succiona y se retira, mientras la lengua femenina le sigue, pero el mismo índice la retiene fuera. La lengua queda en el aire, buscando, cuando una gota cae sobre ella. Lucía ríe y la saborea. Chocolate negro fundido. Otra gota, muchas más. Una densa cascada empapa sus pechos, su vientre, sus muslos, el anverso de sus rodillas. Como un viajero extraviado en el desierto que hubiese encontrado por fin un oasis, Eros se lanza sobre su cuerpo, devora sus pechos, que se agitan como un flan entre sus labios, bebe de su ombligo, mezcla la sal y el chocolate en los trémulos pétalos de su vagina. De nuevo tiende a la mujer sobre la cama, esta vez frente a frente, y la penetra sin miramientos, sin más rodeos, sin pretensiones de demostrar nada. El deseo acumulado en la carne de Lucía es más fuerte que todo lo demás, y al poco rato, por haber subido tan alto, el orgasmo que ha asomado varias veces la cabeza acaba por estallar, como una presa que al fin se desborda. Durante todo ese tiempo, en ese paréntesis del resto del mundo, la vista maniatada ha permitido que volaran libres el resto de los sentidos. Al final, el oído es el rey. La respiración, como dos fondistas extenuados, el roce de los brazos y las manos al abrazar, el cabello al caer sobre las clavículas de Lucía, al soltárselo, y cuando ya hace rato que el piano acabó, son toda la música que envuelve la escena.
Ahora es el momento de hablar. Pero Eros se adelanta. Se incorpora, y por el sonido de los zapatos o la hebilla del cinturón, se desprende que recoge su ropa, lo que extraña a Lucía, que ya no espera más para despojarse del antifaz. Es hora de contemplar el rostro de ese hombre que le ha hecho sentir como nunca antes. En ese momento el vértigo se apodera de su estómago, el silencio se aferra a su garganta, y le empaña los ojos.
-No, Lucía, no confío en ti. Toma todo esto como mi despedida.
Anochece, cuando su marido sale de la habitación y de su vida, sin dejar que Lucía articule palabra. Y así quedará en la cama, durante horas, sin poder articular palabra.
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Dejaron su huella:
Me latía también que Eros fuera el marido de Lucía, sin embargo, esperaba otro final, quizás porque tenía la esperanza, de qué algo podría cambiar.... me sorprendió mucho el final y lo adoré y disfuté de principio a fin....
Felicitaciones, desde hoy te leeré siempre....
tica Sábado, 18 Junio 2005 07:33
Sergi, esta muy bien, pero desde el principio me olía que Eros era su esposo. Debe de ser intuición, porque creo que no hay pistas que lleven a ello. Por cierto un crack como cuentista erótico.
sergio Jueves, 27 Mayo 2004 01:24 (Correo)
-¿No confiás en mí?
Con esas palabras Lucía vuelca el silencio en la habitación, después de una encendida discusión. Ha amanecido hace rato. Ya vestida, sale dando un portazo y deja a su marido sentado en la cama.
Han estado ladrando y haciéndose reproches por unos mensajes al móvil de Lucía a altas horas de la noche, mientras su marido se lavaba los dientes. Discutieron al acostarse, dándose la espalda, y han discutido al levantarse, él desde la cama y ella transitando exaltada del baño al dormitorio, del dormitorio al baño, vistiéndose entre gritos y frases lapidarias, entre interrogatorios y evasivas porteñas.
Con esas palabras, “no confiás en mí”, Lucía deja a su marido sentado en la cama y sale dando un portazo. Lucía, argentina tremenda importada en Madrid por un español entrado en años que la idolatra, es una mujer que provoca vértigo por su belleza, y lo sabe, desde siempre ha notado el deseo de los hombres, y a menudo ha tenido que justificar cada mirada, cada sonrisa, cada guiño correspondido que su marido detectara. Y ya no le apetece dar una explicación a esos mensajes. Su marido no es inseguro, no se trata de eso, es que ella es una tentación demasiado fuerte, una isla de fuego rodeada por un lago de gasolina. Pero Lucía está cansada de todo, la relación ha llegado a una vía muerta, las pequeñas manías ya no compensan.
Lucía llega a la oficina caminando. Con el aire fresco de esa mañana de Abril ha logrado sacudirse un poco el eco de la discusión. Se reclina largamente en su asiento, estirándose como un gato, y al acometer todo el papeleo que se le amontona, descubre otra vez un sobre color crema sobre la mesa. Otro sobre color crema, como casi cada día desde hace un mes. Expira largamente por la nariz, sabe que hay algo en esa historia que traerá complicaciones. Pero sonríe. Cuatro semanas hace que viene recibiendo anónimos, cartas impresas, postales sin sello de paisajes increíbles y de imágenes sugerentes, fotografías eróticas en blanco y negro, contenidas, con clase, pero profundamente sensuales, y mensajes al móvil de un número que no conoce. Mensajes que al principio le incordiaban, después le sorprendían por la intensidad de sus palabras, y desde hace unos días, incluso llegan a excitarle. Y eso es algo que no le ha sucedido en mucho tiempo, porque su marido ya ha rebasado la frontera de lo excesivamente familiar, ya no le parece capaz de provocarle sorpresa, de reinventarse la convivencia.
Guarda el sobre bajo un montón de papeles, con el mismo gusanillo en el estómago del adolescente que esconde una chuleta bajo la mesa. Es un día extraño en la oficina, hay menos trabajo del habitual, y Lucía tiene demasiado tiempo para pensar. Se descubre a sí misma dándole más vueltas a esos mensajes anónimos que a la situación con su marido, estancada en la monotonía. Tal vez sean las ganas de vivir, de sentir, tal vez sea una burbuja llamando a su puerta, lista para esfumarse en cuanto abra, tal vez sólo una ilusión de treintañera desilusionada.
Come con algunas compañeras, bromea sobre la actualidad, sobre los malos tiempos que amenazan a la empresa, pero su incitante secreto planea por su mente sin cesar, secuestrando su atención, extraviándola entre el murmullo de sus compañeras, que se diluyen en un rumor lejano. De vuelta al trabajo, vibra el móvil en su blazier. Un nuevo mensaje de ese número que ella ha guardado en su agenda como “Eros”, porque el remitente anónimo siempre firma sus cartas, sus postales, sus mensajes, como tal. Alguna vez Lucía ha contestado a ese número con otro mensaje, y sólo ayer por la tarde se atrevió a llamar, pero encontró la típica locución robotizada, y los nervios le impidieron dejar un buzón de voz. Vibra el móvil y el corazón da un salto. Un nuevo mensaje que Lucía lee casi a escondidas, agazapada tras su ordenador. Los ciento sesenta caracteres le dejan las mejillas rubicundas. Queda un rato para la hora de salir. De repente la jornada parece haberse esfumado en un suspiro. Lucía rescata el sobre de la montaña de presupuestos y lo abre. El texto, en letra cursiva de impresora, esta vez es escueto y directo, pero ninguno de los anteriores consiguió acelerar así su pulso: “Si quieres dar el paso y vernos, deja una llamada perdida cuando salgas. Sé que lo deseas, tanto como yo. Eros.”
Por un instante pretende para sí misma que le disgusta cierta prepotencia, pero no es verdad, porque ella hace tiempo que le da vueltas a la idea de dar ese paso, de poner un poco de magia en su vida, tan gris de un tiempo a esta parte, de abrir la puerta de la jaula y alzar el vuelo lejos de los barrotes de un matrimonio en declive. Es una locura, y además, ni siquiera sabe el aspecto que tendrá ese anónimo seductor, pero algo le dice que en un hombre capaz de esos detalles, de esas palabras, tan elegantes como húmedas, no pueden desentonar el fondo y la forma. O al menos quiere creerlo.
Ya en la calle, le tiembla la mano, cuando le da a la tecla de llamada. No hay vuelta atrás, ha decidido entrar en el juego. Al cabo de unos minutos recibe otro mensaje. El texto en la pantalla es como una voz desde arriba, sólida, dominante pero cuidadosa. Le dice que se tome un café en el local de la esquina, un lugar de moda, al que ella acude con frecuencia. ¿Será allí donde aparecerá él? ¿Cómo le reconocerá? Es obvio que el anónimo la conoce de algo, sabe donde trabaja, su número, lo cual le asustó al principio, pero poco a poco fue dejando de importarle. Se ha preguntado mil veces si será algún compañero de trabajo, quizá alguno de los jefes, quién sabe si el pez gordo, tal vez alguno de los empleados. Ha evaluado cada gesto de casi todos los hombres de la oficina, casi todos porque ha descartado a los menos atractivos o agraciados. Ha escudriñado en cada movimiento, intentando descubrir en él un guiño de su Eros. Incluso deja llamadas perdidas a su número, cuando hay un buen candidato cerca, por si él rebusca en sus bolsillos un teléfono móvil en ese momento. Pero todo en vano.
Lo que suele ser un paseo se convierte en un mero trayecto, y Lucía llega pronto al café y elige una mesa junto a la puerta, nunca se sabe si luego será conveniente tenerla cerca. Pide el habitual capuccino, y revisa su labio superior con la lengua a cada minuto. No quiere lucir un bigote de espuma la primera vez que se vean. Es una locura, pero ha decidido apostar. Espera. Pide un vaso de agua. Espera. De repente escucha su nombre.
-¿Es usted Lucía?
El camarero. Lucía en medio segundo repasa mentalmente, no entiende, si él es él, ¿por qué la llama de usted?. ¿Un camarero? Tendría sentido entonces que la conociera, eso sí, es un joven en el que se ha fijado alguna vez, uno que esconde cierta insolencia tras la corrección que requiere el lugar. Qué atrevido entonces, intentar seducir a una clienta. Duda un instante si esquivar la situación, pero sigue adelante con el juego.
-Sí, soy Lucía.
El camarero le extiende un sobre. ¿Seguirá con la misma parafernalia aún frente a frente? Pero no, no es él, sólo es un mensajero. Hay cierto alivio al descubrirlo, Lucía ha imaginado un hombre curtido para su Eros, no un efebo descarado.
“¿Te apetece jugar? Una mujer como tú adora un juego como este, y yo adoro a las mujeres como tú, pero no se cruzaban en mi camino. Hasta que apareciste. Acábate tu capuccino tranquilamente, bueno, es un decir, yo también estoy dulcemente nervioso, y luego ven. Parque del Retiro, escalinata del Palacio de Cristal, a las siete. Tienes un taxi en la puerta. Eros.” Lucía sonríe y maldice con cierta ternura a la vez. Pero está segura de que todo tiene un motivo. Tal vez Eros ha preparado un primer encuentro en un lugar tan especial como ese, con una luz mágica en los atardeceres de esa época del año. Tal vez él sepa que el café de moda a cien metros de su oficina supone cierto riesgo, sobre todo para ella. Su marido conoce bien a varios compañeros de trabajo, y sería mejor que no llegara a sus oídos ningún encuentro, ninguno así, desde luego. Que las cosas acaben es cuestión de tiempo, pero tampoco es necesario echarse encima las culpas de la separación, y más aún cuando sabe que no va a ser precisamente amistosa. Este momento, esta nueva ventana inundando el ambiente de aire puro, le pertenece a ella, después de tantas veces en que su marido le ha ignorado cuando ella necesitaba ser escuchada, y agobiado cuando debía dejarle respirar.
-¿Es usted Lucía? –pregunta el taxista girándose, mientras Lucía abre la puerta, un segundo antes de cerciorarse. Menos mal, piensa ella, la misma formalidad, este seguro que no es Eros. Le indica el destino pero el taxista parece saberlo de antemano, y no habla durante la carrera. Su anónimo está demasiado seguro de que ella seguirá sus pasos, si ha hecho esperar un taxi a la puerta de un café, hasta que lo tomara una tal Lucía. Súbitamente cae en la cuenta, si Eros le ha indicado y le ha pagado, el taxista debe conocer su rostro. Podría desvelar una parte del puzzle, pero baja del taxi y decide no romper el hechizo, dejará que siga su curso.
El paseo hasta el estanque del Palacio de Cristal es agradable, tranquilo entre semana, las flores de los castaños de indias se alzan como erectos conos blanquecinos, y el corazón de Lucía se inquieta a cada paso. Al llegar al lugar, pasan cinco minutos de las siete, y sólo se oye el chorro de agua espumando el centro del estanque, y una guitarra que se deja afinar. Hay un músico sentado en las escaleras y Lucía presiente que tampoco está ahí por casualidad. Se miran y el músico comienza a tocar. Ella sonríe sin separar sus labios, es un gesto de emoción, más allá de la simpatía, porque de la cintura de la guitarra surge un tango. Eso es tanto como preguntar si es usted Lucía.
Cuando termina la melancolía, ella se acerca y saluda al músico. Pero el músico no la trata de usted... ni de tú, si no de vos. Por un segundo parecía que... pero no, no es Eros. El compatriota, un barbado bohemio, le da un paquete a Lucía, y ella tampoco le pregunta por el hombre que se lo ha entregado. Comentan algo de Buenos Aires, tan sólo un pretexto para saborear el acento, se despide del músico y Lucía se pierde entre los árboles.
En un banco cerca de la salida del Parque rasga el papel, abre una caja de madera pintada de azul y encuentra un teléfono móvil y una nota. Es el mismo teléfono que ha estado regalándole fantasía desde hace un mes. Lo dice la nota, que lleva también un código de cuatro cifras, una dirección y un número al que llamar. Lucía huele el teléfono como si fuera el cuello de una camisa, lo aprieta, el pulgar recorre la pantalla, acaricia el fetiche, y llama al número indicado.
-Hotel Santo Mauro, buenas tardes...
Lucía ríe abiertamente, pero al instante recompone la postura y sabe lo que tiene que hacer. Se excusa y pregunta si tienen una reserva hecha a su nombre, sabiendo que se lo van a confirmar, sabiendo incluso que la habitación está pagada. Definitivamente, su Eros tiene muy buen gusto. Ha estado dejando un rastro, engañando al cazador, que se convertirá gustoso en la presa. Sabe que allí le conducirán las huellas, que allí la piel reclamará su momento.
Al llegar al hotel, Lucía piensa que eso es lo menos parecido a un hotel. Tiene algo de privado, de escondido, de residencia de aristócrata moderado. En recepción le entregan la tarjeta de su habitación, y se da cuenta de que esa noche es más que probable que no vaya a casa. Tal vez su marido lo interprete como la consecuencia de su acalorada discusión, no sería la primera vez que ella duerme fuera, pero hoy la excusa de la amiga no será verdad. Decide olvidarse otra vez por completo de eso y entregarse a esa nueva puerta que se le presenta, prometedora, inquietante, excitante. Lucía introduce la tarjeta y la abre. No hay nadie. Mira por la ventana, mira la habitación, se sienta en la cama, se tumba, mira al techo. Respira, expira, y por fin deja todos los miedos atrás. Se quita los zapatos y va al baño. Bajo el espejo hay una caja blanca, que como una niña observa y mide, la acaricia mientras la lleva a la cama, donde la coloca y tarda en abrirla. Una caja blanca con un lazo de gasa dorada. Y por supuesto, una nota: “Recoge tu cabello, ponte esto, deja entreabierta la puerta y espérame sentada en la cama. Eros.”
“Esto” es un gran antifaz ciego de seda negro, y una prenda de lencería que Lucía no descifra hasta extenderla del todo. Es un mono de encaje y seda, desde el cuello hasta los pies, dejando sólo la cabeza y las manos sin cubrir con su fina transparencia. Un bordado de flores negras nace del monte de venus y se abre en el pecho, ocultando la fila de corchetes que cierran el mono. Lucía se desnuda deprisa, se viste despacio, y bajo el tacto de la lencería se estremece. Permanece sentada al extremo de la cama, y aún bajo el tupido antifaz, cierra los ojos.
Al poco rato siente una presencia en la habitación, un segundo antes de escuchar cómo se cierra la puerta tras unos pasos. Algo que por su sonido parece de cierto peso y metálico es colocado sobre la cómoda. Lucía balbucea una pregunta entre nerviosos suspiros sonrientes, pero un dedo y un siseo sellan sus labios. Oye el chasquido de un mechero, y al instante el aroma del sándalo inunda la habitación. Otro chasquido mecánico, un botón, diría, y las notas de un piano se mezclan con el sándalo.
Lucía siente pegada a ella una respiración y no sabe qué hacer con las manos. Como en todo el juego de pistas que la trajo hasta aquí, cree que también ahora, frente a frente, ha de dejar la iniciativa al otro, a Eros. Sus manos encuentran guía en las de él, que las toman y elevan, atrayendo tras ellas el resto de los brazos, suavemente, hasta poner de pie a Lucía. Luego, desde los hombros esas manos masculinas bajan hasta su cintura, se aferran a ella y hacen que las frentes se toquen, los alientos se mezclen, los labios se encuentren, las lenguas se fundan. En este punto el ansia puede más que el protocolo. El beso es como una liberación y a la vez una cadena que les somete. El roce del encaje y la presión del cuerpo del hombre hace que los pezones de la mujer se ericen. Eros se separa, lentamente le da la vuelta a Lucía y la toma de las caderas, pegándose a ella. Entre los silencios del piano, en las pausas, como parte de la melodía, surge el sonido del roce de la lencería y el pantalón, susurrándose el deseo. Ella se aprieta contra él, las nalgas suben y bajan despacio, delatando al sexo de Eros, que lame como un gato la nuca de Lucía. Ella arquea su espalda y deja escapar el ensayo de un gemido hacia el techo. El hombre conduce y sostiene como en una pareja de danza a la mujer, hasta tenderla sobre la cama. Lucía hace un ademán de quitarse el antifaz, pero una mano firme y suave a la vez se lo impide. Ella sonríe y él le desdibuja la sonrisa con un beso. Al retirarse, los labios de Lucía son casi un círculo, por el que respira un deseo que se está quitando la piel de cordero y reclama su presa.
Eros parece masajear los hombros de Lucía, pero sólo prepara un juego más. Hunde su nariz en el cabello de la mujer, recogido en un moño alto, y aspira su aroma, como queriendo retener su esencia, y al sentirse olida como un animal, las caderas de Lucía se elevan, buscando al macho sin tapujos. Eros desgarra el encaje y la seda desde arriba, desde la nuca, poco a poco, y el sonido de la tela rasgándose está haciendo perder la cabeza a Lucía. Nunca antes un hombre le había hecho sentir así el deseo, regateándoselo, sugiriéndoselo, casi llevándole a suplicarlo. La trinchera en la tela se va abriendo espalda abajo y la lengua recorre la leve oquedad de la columna. Se detiene. A través de la lencería que aún las cubre amasa y palpa las nalgas de la mujer, las mordisquea, no muy fuerte, pero sin tibieza. Casi con violencia acaba de hacer jirones el mono, pasa un brazo por debajo del vientre de Lucía para elevar su pelvis hacia él, y con la otra mano parece querer arrancar la hermosa redondez de su perfecto culo, y como el león que derribó una gacela, se lanza a devorarla, hundiendo su rostro entre las piernas de la mujer, que se ofrece sin remilgos, torciéndose y agarrando el pelo de Eros para apretarle contra ella. La lengua quema entre los labios de su sexo. No hablan, no hay palabras, ni románticas ni procaces, no hacen falta.
Eros se separa, se levanta, coge a Lucía en brazos, liviana como un cachorro, jadeante como un perro, y la coloca de nuevo en la cama, esta vez de rodillas, con el torso erguido. Entre ambos retiran impacientes la seda y las flores de encaje, rotas y húmedas. Por si Lucía quisiera ahora romper el juego, Eros asegura el nudo del antifaz. Pero Lucía hace rato que está entregada en cuerpo y alma a su dueño. Nota que el peso de él desaparece de la cama y vuelve al cabo de un minuto para tomar su barbilla con una mano. Con el índice entreabre su boca, le besa, le marca y se retira, succiona y se retira, mientras la lengua femenina le sigue, pero el mismo índice la retiene fuera. La lengua queda en el aire, buscando, cuando una gota cae sobre ella. Lucía ríe y la saborea. Chocolate negro fundido. Otra gota, muchas más. Una densa cascada empapa sus pechos, su vientre, sus muslos, el anverso de sus rodillas. Como un viajero extraviado en el desierto que hubiese encontrado por fin un oasis, Eros se lanza sobre su cuerpo, devora sus pechos, que se agitan como un flan entre sus labios, bebe de su ombligo, mezcla la sal y el chocolate en los trémulos pétalos de su vagina. De nuevo tiende a la mujer sobre la cama, esta vez frente a frente, y la penetra sin miramientos, sin más rodeos, sin pretensiones de demostrar nada. El deseo acumulado en la carne de Lucía es más fuerte que todo lo demás, y al poco rato, por haber subido tan alto, el orgasmo que ha asomado varias veces la cabeza acaba por estallar, como una presa que al fin se desborda. Durante todo ese tiempo, en ese paréntesis del resto del mundo, la vista maniatada ha permitido que volaran libres el resto de los sentidos. Al final, el oído es el rey. La respiración, como dos fondistas extenuados, el roce de los brazos y las manos al abrazar, el cabello al caer sobre las clavículas de Lucía, al soltárselo, y cuando ya hace rato que el piano acabó, son toda la música que envuelve la escena.
Ahora es el momento de hablar. Pero Eros se adelanta. Se incorpora, y por el sonido de los zapatos o la hebilla del cinturón, se desprende que recoge su ropa, lo que extraña a Lucía, que ya no espera más para despojarse del antifaz. Es hora de contemplar el rostro de ese hombre que le ha hecho sentir como nunca antes. En ese momento el vértigo se apodera de su estómago, el silencio se aferra a su garganta, y le empaña los ojos.
-No, Lucía, no confío en ti. Toma todo esto como mi despedida.
Anochece, cuando su marido sale de la habitación y de su vida, sin dejar que Lucía articule palabra. Y así quedará en la cama, durante horas, sin poder articular palabra.
Dejaron su huella:
Me latía también que Eros fuera el marido de Lucía, sin embargo, esperaba otro final, quizás porque tenía la esperanza, de qué algo podría cambiar.... me sorprendió mucho el final y lo adoré y disfuté de principio a fin....
Felicitaciones, desde hoy te leeré siempre....
tica Sábado, 18 Junio 2005 07:33
Sergi, esta muy bien, pero desde el principio me olía que Eros era su esposo. Debe de ser intuición, porque creo que no hay pistas que lleven a ello. Por cierto un crack como cuentista erótico.
sergio Jueves, 27 Mayo 2004 01:24 (Correo)








