Yo de mayor quiero ser como Gloria
Entra Gloria envuelta en una toalla. Es evidente que sale de la ducha:
"Pasan los años y yo no cambio. A mi edad las demás mujeres empiezan a tener canas, patas de gallo, arrugas por todas partes, estrías en los muslos, las nalgas descolgadas, los pechos fláccidos; hasta los ojos pierden resplandor. Yo no me noto estos estragos. (Pausa.) Quizás sea éste el primer síntoma de envejecimiento. (Pausa.) No sé qué pensar: miro mis fotos de hace veinte años y me parece que no he cambiado. Pero si las enseño me preguntan: y es esta chica, ¿quién es? Las personas, ya se sabe, no son fisonomistas. ¡Ay! (Está a punto de caérsele la toalla. Se la anuda sin dejar de mirarse al espejo.(Pausa.)
No sé si ponerme el vestido verde o el rojo. El rojo produce más efecto.Pero el verde me sienta mejor y es más elegante. Un dilema verdaderamente estúpido comparado con el drama terrible de la vida. Quizás no éste el momento de decirlo pero la vida es un dolor sin sentido. Un vacío doloroso entre el error de nacer y el absurdo de morir. ¡Ay!(Está a punto de caérsele la toalla. Se la vuelve a anudar.)Con estas ideas, todo lo hago de prisa y de cualquier manera, como ahora. Él siempre me lo decía. Ya es tarde y yo todavía sin arreglar. ¡Ay de mí, todo me aburre y me atormenta! (Suena el timbre. GLORIA no lo oye o no le hace caso.) No me importaría matarme si la vida no fuera tan trivial. Pero los minutos y las horas, los días y los años pasan volando y yo nunca encuentro un momento adecuado para suicidarme. (Vuelve a sonar el timbre. La toalla está a punto de caérsele.) Hoy me gustaría ponerme el vestido rojo. Es un poco escotado, tal vez demasiado y tiene una abertura que llega a medio muslo o más arriba. [...]
No está bien que yo lo diga, pero con el vestido rojo estoy la mar de sexy. Y a él era el que más le gustaba. Naturalmente, acabaré poniéndome el verde. Pero si un día llegara a suicidarme, querría que me enterraran con el rojo."
"Pasan los años y yo no cambio. A mi edad las demás mujeres empiezan a tener canas, patas de gallo, arrugas por todas partes, estrías en los muslos, las nalgas descolgadas, los pechos fláccidos; hasta los ojos pierden resplandor. Yo no me noto estos estragos. (Pausa.) Quizás sea éste el primer síntoma de envejecimiento. (Pausa.) No sé qué pensar: miro mis fotos de hace veinte años y me parece que no he cambiado. Pero si las enseño me preguntan: y es esta chica, ¿quién es? Las personas, ya se sabe, no son fisonomistas. ¡Ay! (Está a punto de caérsele la toalla. Se la anuda sin dejar de mirarse al espejo.(Pausa.)
No sé si ponerme el vestido verde o el rojo. El rojo produce más efecto.Pero el verde me sienta mejor y es más elegante. Un dilema verdaderamente estúpido comparado con el drama terrible de la vida. Quizás no éste el momento de decirlo pero la vida es un dolor sin sentido. Un vacío doloroso entre el error de nacer y el absurdo de morir. ¡Ay!(Está a punto de caérsele la toalla. Se la vuelve a anudar.)Con estas ideas, todo lo hago de prisa y de cualquier manera, como ahora. Él siempre me lo decía. Ya es tarde y yo todavía sin arreglar. ¡Ay de mí, todo me aburre y me atormenta! (Suena el timbre. GLORIA no lo oye o no le hace caso.) No me importaría matarme si la vida no fuera tan trivial. Pero los minutos y las horas, los días y los años pasan volando y yo nunca encuentro un momento adecuado para suicidarme. (Vuelve a sonar el timbre. La toalla está a punto de caérsele.) Hoy me gustaría ponerme el vestido rojo. Es un poco escotado, tal vez demasiado y tiene una abertura que llega a medio muslo o más arriba. [...]
No está bien que yo lo diga, pero con el vestido rojo estoy la mar de sexy. Y a él era el que más le gustaba. Naturalmente, acabaré poniéndome el verde. Pero si un día llegara a suicidarme, querría que me enterraran con el rojo."





