Voy a pasármelo bien
[Pensando en voz alta]
"Año nuevo, vida nueva. Esta noche promete. Me han venido bien las sesiones con la psicóloga, tiene toda la razón, tengo que aceptar quien soy. No tengo porqué fingir para agradar a los demás. Quien me quiera seguro que me entiende y quien no, a tomar por culo.
Uf, es tardísismo, tengo que prepararme; siempre se me echa el tiempo encima, y ya he perdido bastante. Dichoso tiempo.
Quiero tomar un baño para relajarme, porque, la verdad, estoy de los nervios. Con sales de limón y espuma, ¿con un toque de menta? Sí, creo que sí.
Qué frío, debería haber encendido el calefactor, bueno da igual. Patos al agua. Joder, qué caliente, se me va a quedar la piel escocida. Qué horror salir de aquí con el color de un chuletón. Qué más da, no hay nada que no se arregle con maquillaje, en base, claro, yo no soy de polvos. Bueno depende de qué polvos, jiji.
Qué bien se está aquí... pasaría horas dentro de la bañera, pero hoy no hay tiempo para eso. Bueno, sólo unos minutos. Creo que el 7 va a ser un buen número, se lo escuché el otro día a la del canal43. No es que yo sea de esas personas superticiosas, pero, oye, nunca está de más tener curiosidad. Aunque no me quedó muy claro si lo de la numerología es una ciencia...
¿Dónde habré dejado el albornoz? Me he pasado con el café. Demasiado cargado, qué acelerón llevo encima, no sé ni lo que hago. Uf, hoy es una gran noche. La leche, qué frío hace. Bueno, a ver que seque bien cada rinconcito de mi cuerpo. Ya no sé ni lo que digo.
Ahora crema hidratante, nunca se sabe si alguien acabará la noche comprobando poco a poco la suavidad de mi piel, jiji.
Uhm, ahora cita con el armario. Lo tengo todo pensado. El vestido que compré en las rebajas, lo guardaba para una ocasión especial y, sí, hoy es el día. Estoy espectacular con él, no hace falta que nadie me lo diga, yo me basto y me sobro, eso dice la psicóloga. Lo que tengo en duda son los zapatos. Creo que me pondré los que llevó Sofía para la boda de su mejor amiga, con un buen tacón, como a mí me gustan. El mundo se ve diferente desde las alturas.
¿Cómo me maquillo? Siempre es mejor un maquillaje natural, tampoco es cuestión de ir llamando la atención. Sombra de ojos azul, algo de colorete, los labios bien perfilados y con brillo. ¡El rímel que no falte!
Creo que ya estoy, ahora el toque final: unas gotas de perfume. Después de las uvas me esperan para salir a bailar y quiero volverlos locos, a todos. Voy a pasármelo bien..."
[Llaman al timbre; lo coge]
- ¡Ya estamos aquí!
[Llaman a la puerta; abre]
- ¡¿Papá?!
- Llámame Manuela.
"Año nuevo, vida nueva. Esta noche promete. Me han venido bien las sesiones con la psicóloga, tiene toda la razón, tengo que aceptar quien soy. No tengo porqué fingir para agradar a los demás. Quien me quiera seguro que me entiende y quien no, a tomar por culo.
Uf, es tardísismo, tengo que prepararme; siempre se me echa el tiempo encima, y ya he perdido bastante. Dichoso tiempo.
Quiero tomar un baño para relajarme, porque, la verdad, estoy de los nervios. Con sales de limón y espuma, ¿con un toque de menta? Sí, creo que sí.
Qué frío, debería haber encendido el calefactor, bueno da igual. Patos al agua. Joder, qué caliente, se me va a quedar la piel escocida. Qué horror salir de aquí con el color de un chuletón. Qué más da, no hay nada que no se arregle con maquillaje, en base, claro, yo no soy de polvos. Bueno depende de qué polvos, jiji.
Qué bien se está aquí... pasaría horas dentro de la bañera, pero hoy no hay tiempo para eso. Bueno, sólo unos minutos. Creo que el 7 va a ser un buen número, se lo escuché el otro día a la del canal43. No es que yo sea de esas personas superticiosas, pero, oye, nunca está de más tener curiosidad. Aunque no me quedó muy claro si lo de la numerología es una ciencia...
¿Dónde habré dejado el albornoz? Me he pasado con el café. Demasiado cargado, qué acelerón llevo encima, no sé ni lo que hago. Uf, hoy es una gran noche. La leche, qué frío hace. Bueno, a ver que seque bien cada rinconcito de mi cuerpo. Ya no sé ni lo que digo.
Ahora crema hidratante, nunca se sabe si alguien acabará la noche comprobando poco a poco la suavidad de mi piel, jiji.
Uhm, ahora cita con el armario. Lo tengo todo pensado. El vestido que compré en las rebajas, lo guardaba para una ocasión especial y, sí, hoy es el día. Estoy espectacular con él, no hace falta que nadie me lo diga, yo me basto y me sobro, eso dice la psicóloga. Lo que tengo en duda son los zapatos. Creo que me pondré los que llevó Sofía para la boda de su mejor amiga, con un buen tacón, como a mí me gustan. El mundo se ve diferente desde las alturas.
¿Cómo me maquillo? Siempre es mejor un maquillaje natural, tampoco es cuestión de ir llamando la atención. Sombra de ojos azul, algo de colorete, los labios bien perfilados y con brillo. ¡El rímel que no falte!
Creo que ya estoy, ahora el toque final: unas gotas de perfume. Después de las uvas me esperan para salir a bailar y quiero volverlos locos, a todos. Voy a pasármelo bien..."
[Llaman al timbre; lo coge]
- ¡Ya estamos aquí!
[Llaman a la puerta; abre]
- ¡¿Papá?!
- Llámame Manuela.
En Centelles
Siempre estaba sentada en la parada del autobús. Entretenida mirando pasar los coches, observando a los niños que acababan de salir del colegio. Se llamaba Ana. Me contó que sus hijos vivían en Sevilla, que ella estaba sola aquí, en Valencia. Que tenía dos hermanos pero que nada sabía de ellos. Me confesó que echaba de menos la televisión . Que todas las tardes daba un paseo y que descansaba siempre en la misma parada. Que los años, el frío y el calzado no acompañaban mucho. Que solía ir a misa porque "el cura está como un tren" y que cuando se acercaba a comulgar le guiñaba un ojo. Que no le gustaba ir al albergue, que prefería la calle. Además en el río ya tenía su sitio. Con su sonrisa mellada bromeó diciendo que nunca le regalara turrón. El aspecto desaliñado y apagado, su pelo canoso y enmarañado contrastaban con sus ojos vivarachos y su voz despreocupada. Me comentó que la limosna se la gastaba en tabaco, fantas y bocadillos. Llevaba una falda vieja, las piernas sin medias, desabrigadas. En los pies unas zapatillas de estar por casa que dejaban ver el dedo gordo del pie derecho. Tenía las manos secas, las uñas negras. De su nariz resvalaba agüilla, producto del frío. Parecía no darse cuenta. Estaba tranquila, esperando que llegara la hora de ir a misa para ver al hombre de la sotana, quien, según ella, no llevaba nada debajo. Esperaba tener suerte y encontrar algún cigarro sin acabar por el camino.
Todavía no sé si me encontré con la serenidad de la locura o si, simplemente, era feliz a su manera.
Todavía no sé si me encontré con la serenidad de la locura o si, simplemente, era feliz a su manera.
Con música de fondo
Ella dijo que no era lo que esperaba. Había imaginado a alguien diferente. Recreó en su imaginación durante noches el cómo y el dónde. Llevaba durmiendose junto a él, en su pensamiento, mucho tiempo, tanto que no lograba recordarlo. Su ausencia había sido motivo de desconsuelos, de abatimiento, de un cajón lleno de relojes de arena. Se veía en un bar, en la cola de un cine, elevando su cabeza en un intento de no ahogarse entre la gente en un concierto de ese grupo que tanto le gusta, o, por qué no, pagando en la ventanilla de la gasolinera. No pensaba en príncipes, ni si quiera creía en escenas de playa bajo la luz de la luna. Sabía que eso era un invento de Hollywood. No le había puesto rostro, pero sí ojos; marrones, grandes...
Estaba sentado en la boca del metro. Casi nadie reparaba en su presencia aunque, de modo inconsciente, se sintieran acompañados por su melodía. Lo miró durante un instante y extendió la mano. Sólo unas monedas y sus ojos, marrones, le dieron las gracias para cerrarse de nuevo y seguir envueltos por el sonido.
Acababa de rozar la mano a sus sueños y me llamó para contármelo...
Estaba sentado en la boca del metro. Casi nadie reparaba en su presencia aunque, de modo inconsciente, se sintieran acompañados por su melodía. Lo miró durante un instante y extendió la mano. Sólo unas monedas y sus ojos, marrones, le dieron las gracias para cerrarse de nuevo y seguir envueltos por el sonido.
Acababa de rozar la mano a sus sueños y me llamó para contármelo...





