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Rojo, Verde, Azul
porque la vida es a todo color
Acerca de
"Entonces es cuando escucho con los ojos, miro con los oídos, dándome vuelta al corazón con la cabeza, sin romper la obediente marcha" Rafael Alberti.
Sindicación
 
La del segundo
Tenía una verdulería en el barrio. Lo que más le gustaba era llegar de trabajar y sentarse en el sofá para hablar de cómo le había ido el día en la tienda. Entre lechugas, judías y calabacines puedes enterarte de muchas cosas.
La señora Paca, que quedó viuda hace un par de años, andaba ya con un Don Juan, un caballero de capa y espada que la llamaba por teléfono y le preguntaba si "le placía acompañarlo a tomar un café" . A ella nunca le preguntaban si le placía hacer algo, ¿cómo se sentiría la señora Paca?
Hoy, Rosario, la del horno, que no puede callarse ni una, le había comentado que Jorge, el hijo de la carnicera, andaba con una mujer bastantes años mayor que él, que eso le olía a chapero. Qué cosas tiene Rosario, esta mujer es una auténtica polemista. Años atrás ya puso en boca de todos a Don Diego, el cura de la iglesia del barrio, cuando dijo haberlo visto salir de una casa de citas...

Ella comentaba todos los chismes que se habían colado en la verdulería, el hacer y deshacer de unos y otros. Pero nunca obtenía respuesta. No había tenido hijos por un problema que tuvo de joven y lo de adoptar, por aquel entonces, estaba muy mal visto. Ya estaba acostumbrada a esa soledad en compañía. Solo le quedaba el hilo de voz de fondo que salía de la tele que compraron en una superoferta de las que no pueden desaprovecharse. Un capricho como otro cualquiera.
Ella hacía tiempo que no se permitía ninguno. Se había ido descuidando poco a poco. Ya no llevaba las uñas felinas, antes solía llevarlas largas y pintadas de colores llamativos. Ahora tenían un suave color verde en los dedos de cortar las lechugas y las alcachofas . Hacía tiempo que no iba a la peluquería, no estaban para gastos. Ya no disimulaba las canas con esas mechas rubias y caoba que le daban un toque juvenil.
Echaba de menos ir a comer los domingos a un bar cerca de la playa y las tardes de miércoles en el cine. Quería convencerse a sí misma de que era normal, que es lo que llega con el tiempo. Se lo había oído decir a una mujer en un programa de testimonios de una cadena local. Los matrimonios se enfrían.
Cuando fregaba los platos cantaba las canciones que habían bailado de jóvenes, bien alto, para que la oyera. Siempre se quedaba con las ganas de que fuera con disimulo a la cocina y la agarrara de la cintura para bailar en silencio.
Por la noche ella escuchaba la radio metida en la cama. Cuando veía encendida la luz del pasillo se hacía la dormida. Él apagaba la radio y se acostaba en su lado de la cama. Todo seguía frío.
Las noches se le hacían largas, le daban para pensar. Pero nunca sacaba nada en claro. Serían las dudas, que no la dejaban dormir. No era feliz pero tenía miedo a cambiar de vida. Se sentía cobarde. Ya se lo había comentado a su hermana Josefa, pero tampoco la ayudaba a decidirse: "mira, Encarna, piénsate bien lo que haces que el arrepentimiento es mu' malo".
Se miraba en el espejo y no se reconocía. Tenía los ojos tristes, intentaba buscar el brillo, pero ni siquiera recordaba cuándo lo había perdido. Ya hacía demasiado. Le encantaría gritar, pero solo lloraba con pequeños hipidos. Era un edificio pequeño y se oía todo, no quería ser protagonista de un escándalo. Faltaría más.

En la finca ya se comentaba algo. Los encuentros de las vecinas del cuarto en el rellano daban para mucho:

- ¿No notas rara a Encarna, la del 2º?"- decía Milagros, con el tinte puesto.
- Pues ahora que lo dices sí, con lo mona que iba ella siempre...- decía Carmen con el cigarro en la boca mientras intentaba quitarse de las uñas los restos del esmalte rojo de la semana anterior.
- Yo creo que algo pasa con el marido. ¿Líos de faldas?
- Podría ser, pero no creo. El Joaquín es muy resarvao' y callaíto, no lo veo buscando gatas en otro tejao'...
- Bueno ya se verá. La charo seguro que sabe algo. Nena, me entro ya que tengo que lavarme el pelo, a ver como ha quedao' el tinte. Ya hablamos, Carmencita.
- Chao, Milagros.

Ellas nunca le preguntaron nada en los minutos compartidos en el ascensor. Aún así Encarna sabía podía ser un buen tema de conversación para aquellas loros. Menudas las del cuarto, les encanta largar.

Pasaban los meses y todo seguía igual. Él no había dejado el sofá desde que lo jubilaron por anticipado por el cierre de la empresa. Ella en la verdulería, viendo como cada vez hacía menos caja. Estaba convencida de que era por culpa del supermercado que habían abierto a un par de calles de la verdulería.

Aquella mañana no tenía ganas de trabajar. Cuando ya había subido la persiana volvió a bajarla. Cogió el primer autobús sin mirar si quiera el número. Solo quería dar una vuelta por la ciudad. Se sentó en el lado de la ventanilla y empezó a mirar a través el cristal. Pensaba.
El autobús paró en un semáforo. Ella quedó con la mirada fija en una valla publicitaria, un anuncio de un plan de pensiones, "el tiempo vuela noche y día", decía. Bajó del autobús en la parada siguiente y comenzó a caminar hacia casa. Estaba lejos, pero no le importaba, tenía toda la mañana.

Subió y arregló un poco la casa. Él no le preguntó por qué había vuelto tan pronto. No esperaba menos. Se cambió de ropa, se puso el traje de chaqueta que utilizó en la comunión de su sobrina. Se soltó el pelo y se maquilló un poco. Algo estaba cambiando dentro de ella. Cogió lo básico y lo metió en una bolsa de deporte.
Recorrió el pasillo segura de si misma. Entró en el salón y apagó la televisión.

- ¿A dónde vas así vestida?

Esta vez fue él quien no obtuvo respuesta.
 
Paint it black
Quería salir por la tele. Se levantó temprano, muy temprano. El cielo tenía el color azul grisáceo que señala que todavía no ha salido el sol. Desayunó café frío, un par de tostadas algo quemadas y un zumo de piña. Se sentó a escuchar la radio, estaban dando las noticias de la primera hora: en política la oposición seguía escandalizada por las decisiones del gobierno, los problemas urbanísticos en su línea, el precio de la vivienda subiendo, las temperaturas bajarían en los próximos días. Ningún suceso.

Fue corriendo al baño para asearse. Abrió el frasco de colonia, hoy sería generoso. Peinó sus greñas con agua hacia atrás sin disimular las canas. En su cara podían verse las marcas de un afeitado rápido. Se vistió lento, mirándose en el espejo que colgó un par de años atrás sobre la cómoda. Pensaba que allí haría calor. Una camiseta blanca de tirantes y unos pantalones cortos estarían bien para la ocasión. Se calzó las zapatillas de deporte dejando a la vista unos calcetines que más de uno hemos llevado alguna vez, blancos con una raya roja y una negra en la parte de arriba. Se sentía cómodo. Y feliz.
Salió al balcón para regar las plantas. Arrancó unas flores al geranio y se las guardó el el bolsillo. Quería tener flores por adelantado.
Encendió el tocadiscos, escuchó su canción favorita unas cuantas veces.
Abrió la ventana de la habitación que estaba al fondo del pasillo. Volvió al lado del tocadiscos, le encantaba esa canción: "I see a red door and I want it painted black, no colors anymore I want them to turn black...".

Se levantó y empezó a correr con todas sus fuerzas hacia la ventana en compañía de los Rolling Stones . Hoy saldría en la tele.