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El baúl de Precyossa
Revolviendo entre mis cosas
Acerca de
Abro el baúl y dejo que se escapen, como de dentro de la Caja de Pándora, todas esas reflexiones, comentarios y pensamientos que vuelan alrededor nuestro...que forman parte de nuestra vida cotidiana...que realmente no forman parte...sino que son la VIDA misma. ESAS PEQUEÑAS COSAS MARAVILLOSAS.. ese cúmulo de cosas sin las cuales no somos nada... esas sencillas cosas que en el fondo lo son TODO. ______________________
Sindicación
 
Desconocidos propios
Ayer de camino al trabajo pensaba en esas personas que se cruzan en un momento dado por nuestras vidas sin que lleguemos a saber nada más de ellas. Personas con las que compartimos un instante, desconocidos con los que cruzamos miradas en el autobús.
Todos tenemos un rosario de desconocidos propios.
El chico que pide en la esquina y agita su hucha siempre con el mismo soniquete "una ayudita, mi reina"....una jovén pelirroja de ojos tristes que servía cafés detrás de la barra de un bar a la que le inventé una vida enigmática mientras esperaba el tren.
El músico que ponía bandas sonoras a mis mañanas hacia el trabajo con su acordeón en el metro y que siempre sonreía. Nos mirábamos durante un instante, como una especie de saludo mañanero, una especie de: "ah, ya estás aquí"....¡toca para mi , desconocido!
y caminaba al ritmo de su música...con una mezcla de verano azul y pelicula francesa.
La abuelita moderna que cuidaba el "sitio" de mi acordeonista cuando él no estaba, ¿sería su hora del café?, entonces sabía, que una vez más, yo llegaba tarde a la oficina.
Ese hombre que pide en la calle con sus estrafalarios reclamos y que siempre me hace esbozar una media sonrisa. Sus originales carteles :"Quiero un ferrari, colabore", "Guiris, gastad el dinero en mi" o "Busco novia, soy formal". ...Siempre lo buscaba entre la calle atestada de gente para poder leer el nuevo "titular". Más de una vez me descubrió escudriñando entre la gente y sonriendo ante su nueva ocurrencia. Al encontrarme con su mirada traviesa, mi tímidez patológica cambiaba el rumbo de mi mirada y aceleraba el paso...
El dependiente indio de la tienda a la que me escapaba todos los días del trabajo para obtener mi dosis de cafeína. Una especie de Apu madrileño que me cuidaba como cliente vip.
El informático que vino a ampliar la memoria de mi pc y del que me enamoré durante los 15 minutos de su visita...
Aquellas amas de sus casas encantadoras que sin petición previa por nuestra parte se ofrecieron a darnos de cenar y a prestarnos sus duchas ...cuando cansados, sucios y hambrientos terminabamos llegando a Santiago.....¡Dios las bendiga!

Es curioso pensar que les echo de menos....y no saber que habrá sido de ellos..muchos seguiran alli formando parte del paisaje urbano...siendo recordados por otros muchos que coincidan con mi antiguo camino.....y me pregunto:..¿me recordarán ellos a mi?... ¿me recordará alguien a mi?....¿y a ti?....

Si a ti yo también te recuerdo.
 
Comentario:
Me ha encantado tu comentario..veo q no soy la única q se fija en la gente y reflexiona. No tengas corte de poner lo q piensas pq será bien recibido y muy útil.. besos y Gracias!
 
Comentario:
Siempre me he hecho esa pregunta toda la vida.
De muy joven me enamore de la niña que iba al colegio del al lado, que siempre veía de camino de ida o vuelta al mío. O el niño que veia que esperaba al autobús escolar.
Luego ya un poco mas mayor con la gente que me cruzaba de camino al instituto, que hasta calculaba la hora por donde estaría esa persona en ese momento y casi apostaba por donde me la iba a cruzar.
Lo que mas me sorprendió fue en la mili, me sucedieron dos cosas interesantes. Me montaba siempre en el mismo vagón del metro y siempre veía a la misma gente, en el mismo sitio, pensé que ni eran compañeros de trabajo, pero que se saludaban de verse todos los días. Alguna vez les escuche hablar y pasaban hasta falta por no estar. Me preguntaba yo, si me admitieron en su “clan”, y si era así lo que pensarían de mi cuando no estaba, cuando tenia guardia, arresto o me licencie.
Pero el segundo caso fue aun mas interesante. A veces quedaba con un compañero de otra compañía para ir al cuartel, a primera hora de la mañana en un punto que el pasaba y me venia a mi bien. Un día me vino un chaval de mi edad y me pregunto si yo era de algún cuartel de donde estaba haciendo la mili. Le dije que si. El respondió que me había visto a mi y a mi amigo pasar varias veces con el coche delante de la garita donde el estaba de guardia (cierto, yo por intentar hacer un poco mas agradable a la gente su guardia, siempre que iba en coche saludaba a los “garitos” para que tuviera un detalle que se saliera de que no te sintieras como puesto para nada). Me dijo que su compañero no le había ido a buscar y que éramos su última esperanza, pues para ir a ese pueblo tenia que dar la vuelta por media ciudad y llegaba tarde seguro. Así que le dejamos a la puerta de su cuartel, que nos pillaba de paso.
También me pasa cuando entreno, que me pico con la gente que conozco, de una forma sana, me digo, con este puedo bien, este no veas como corre, o con este ni intentar seguir su ritmo, son muchos días compartiendo circuito.
Los vecinos de calle, de los cuales también sabes un poco su vida, como van creciendo, echándose novias, el coche, sus manías al aparcarlo, pero como tu dices no les conoces de nada, pero les formas una historia para que no sean tan ajenos o quizá para no tener miedo de lo desconocido, pero no creo.
La hora del día hace que sea mas o menos agradable mirar a la gente. Por la noche mejor no mirar, es pasar inadvertido, lo mas rápido posible con el lema “nadie me ha visto, no he visto nada”.
He tenido contactos con desconocidos como aquella mujer que le cambiamos la rueda de su coche nuevo en una carretera, a las 12 de la noche, ya que nadie paraba a ayudar. O recoger a un borracho en un parque en invierno reanimarle, y preguntarle si estaba bien, y al menos dejarle en un sitio alumbrado y un poco mas transitado, para que se le vea. Aun recuerdo a aquella chica que se cambio de acera cuando yo me acercaba a ella, huyendo de mi, para evitar pasar a mi lado, la comprendí pero me sentí mal por mi y por ella.


Entre la gente de todos los días me siento bien, no les conozco pero no me son ajenos, pienso que si algún día tuviera un problema o ellos, me ayudarían como yo lo haría con ellos.

También pasa con las pintadas de la calle como a ti con el cartel, me fijo en ellas, hay mucha filosofía a veces, también las busco como tu buscabas esos carteles. Esto lo defino como “literatura gratuita”.

Mucha suerte con tu espacio, te sigo muy a menudo, pero a veces no me atrevo a comentar nada.
No