Esta visto que cuando un tema tiene miga, pues tiene miga. Cuando escribí el post anterior quise “cerrar” el artículo y me he dado cuenta por los comentarios (y por el post de Fantasías Sexuales) que el tema no solo no se ha cerrado, sino que se ha “abierto”.
En la línea argumental de Gus y Almu, yo percibo el porno como un complemento más de mi vida sexual, muy relacionado con las fantasías sexuales. Es verdad que ha veces, en el momento de plantarte delante de una película, el interés se concentra en la observación de lo que se ve y se oye, y se puede decir que técnicamente, las fantasías no prosperan. Algo así como el dicho ese de “si jodo no barro”. Sobre todo en el cerebro masculino que es monotarea. Es más, me atrevo a proponer otra teoría (generalista y no científica, evidentemente): cuando los hombres (la mayoría) están viendo una película porno con su pareja y se excitan, si pasan al sexo, deben dejar de ver la peli en cuestión para no despistarse, y si quieren seguir viendo la peli, deben dejar el sexo (ojo, con la salvedad de que si el hombre esta en plan pasivo, es decir, recibiendo una mamada o algo así, si puede hacer las dos cosas a la vez, porque realmente en ese caso solo está haciendo una sola cosa).
Por otro lado el porno propone multitud de situaciones o planteamientos que la inmensa mayoría de sus consumidores no alcanzan a realizar, por lo que estas pasan a formar parte de las fantasías y de incorporarse como parte de su iconografía sexual. Y decir que no solo el porno, cualquier película o novela que proponga una escena que sea ajena a la persona que la percibe.
Con esto que pretendo plantear, pues que cualquier cosa que nos rodea, con la que nos relacionamos, cualquier persona, cualquier idea, sentimiento, percepción, etc., puede ser usada por nosotros para lo que queramos (respetando siempre las libertades ajenas, la propiedad privada, y si me apuráis, las leyes de la física) y en aspecto sexual tanto da igual que el porno lo usemos para entretenernos, para excitarnos, para quejarnos o para aburrirnos. Pero lo mismo se puede decir de la lencería, los juguetes sexuales, la música, la comida y la bebida, etc., etc.
Al final es tu IMAGINACION la que marca la pauta y la que te hace estar, o no estar, en el asunto.
Eso sin hablar de lo supone como manual de técnicas sexuales. Sin esto, la postura del misionero y pare usted de contar.





