El romance del Sol y el Cielo
Dicen que hubo un tiempo en el que el Dios Sol habitaba en el submundo oceánico, lejos del resto de los astros.
Allí, su energía no era especialmente valorada, pues ninguno de los seres acuáticos requerían de sus dones para vivir.
Un buen día, Poseidón, Dios de los Mares, le habló de la existencia de un reino más allá, por encima de la superficie. Un reino que, por su originalidad y la diferencia con respecto a aquel que hasta entonces era su hogar, le lograría activar su inagotable y ambiciosa curiosidad.
Sol, no lo dudó, y decidió acompañar a Poseidón por aquella extraña tierra tan distinta a la suya.
Nunca lo imaginó, pero aquel viaje conllevó que allí, como si de un caprichoso antojo del destino se tratara, Sol encontrara su complemento ideal, tan azul como aquel que tuvo hasta la fecha, el salado agua del mar, pero con la capacidad de provocar en él una serie de sensaciones que no había logrado sentir jamás. Era Cielo.
Fueron fechas de extraordinaria felicidad para Sol, el cual pasaba todo el tiempo adorando la dulce mirada de Cielo, y sintiéndose especial cada vez que bailaban juntos la melodía de las estrellas y las nubes.
Sin embargo, llegó el día en que Sol debió volver a su hogar, reclamado por las sirenas y los peces. El mar se estaba quedando helado.
No podía seguir al lado de Cielo.
Volvió a sumergirse triste, concienciado de la imposibilidad de seguir al lado de Cielo de por vida, en las frías aguas de las que surgió.

Quién sabe si algún día volverá a amanecer...
A ti, Cielo.
Allí, su energía no era especialmente valorada, pues ninguno de los seres acuáticos requerían de sus dones para vivir.
Un buen día, Poseidón, Dios de los Mares, le habló de la existencia de un reino más allá, por encima de la superficie. Un reino que, por su originalidad y la diferencia con respecto a aquel que hasta entonces era su hogar, le lograría activar su inagotable y ambiciosa curiosidad.
Sol, no lo dudó, y decidió acompañar a Poseidón por aquella extraña tierra tan distinta a la suya.
Nunca lo imaginó, pero aquel viaje conllevó que allí, como si de un caprichoso antojo del destino se tratara, Sol encontrara su complemento ideal, tan azul como aquel que tuvo hasta la fecha, el salado agua del mar, pero con la capacidad de provocar en él una serie de sensaciones que no había logrado sentir jamás. Era Cielo.
Fueron fechas de extraordinaria felicidad para Sol, el cual pasaba todo el tiempo adorando la dulce mirada de Cielo, y sintiéndose especial cada vez que bailaban juntos la melodía de las estrellas y las nubes.
Sin embargo, llegó el día en que Sol debió volver a su hogar, reclamado por las sirenas y los peces. El mar se estaba quedando helado.
No podía seguir al lado de Cielo.
Volvió a sumergirse triste, concienciado de la imposibilidad de seguir al lado de Cielo de por vida, en las frías aguas de las que surgió.

Quién sabe si algún día volverá a amanecer...
A ti, Cielo.
Comentario:
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Comentario:
Sabes qué, yo creo que el Sol tiene que estar en el cielo, porque aunque un día el sol se quede dormido, y por eso el cielo está nublado, al día siguiente sale con mas fuerza y con más ganas de ver "su cielo azul".
Además el Sol en el Mar se apaga.
Siempre, siempre, siempre amanece..a no ser que duermas todo el día...pero entonces verás a la Luna (sol en pijama) en el mismo cielo.
Pues eso!!!!
Además el Sol en el Mar se apaga.
Siempre, siempre, siempre amanece..a no ser que duermas todo el día...pero entonces verás a la Luna (sol en pijama) en el mismo cielo.
Pues eso!!!!
Comentario:
Alguna vez te has parado a mirar lo azul que es el cielo, la alegría que transmite, lo bonito que se ve todo, la calma que inspira, puede haber alguna nube pero lo altera, ... Eso es porque está el Sol. Sin el Sol, los días se vuelven tristes, fríos, lluviosos, todo pierde vida...
Comentario:
Siempre te hablo del destino, si destino quiere que sol vuelva a cielo, será, lo mismo que quiso que fuese tan lejos, desde el mar... mientras, los que estamos aqui, las sirenas, los peces, te daremos calor, en este frio mar.
Mil besos vida.
Mil besos vida.





