Mis morbos femeninos
Tirando de mi repertorio de temas almacenados dignos de retomar en algún momento de escasez de ideas, o sea hoy, y con el ánimo de hacer un ejercicio literario de cierta originalidad (¿?), he encontrado un monólogo muy interesante acerca de mis gustos en cuanto a una de las cuestiones que más me atraen en el mundo... las mujeres.
En primer lugar, y dado que actualmente el hecho de reconocer directamente tal idolatría por el sexo femenino no es algo políticamente bien visto en la sociedad actual, quisiera yo decir en mi posiblemente necesaria defensa, que no soy el típico galán barato de discoteca, ni de aquel tipo de gañán que ancla su soberbia mirada en el primer culo que pasa (¡de hecho soy sibarita incluso para estos menesteres!).
Cuando digo que amo a la mujer, lo digo con total convicción y hablando en términos totalmente generales, desde su sensibilidad ante la vida, hasta su inteligencia para abordar las relaciones humanas, pasando, por supuesto, por su física belleza.

Y una vez escudado en la verdad de este libre post (no creáis que me importan lo más mínimo las críticas del misógino empedernido o la feminista fustrada), me gustaría detallar el contenido de esto que me hallo escribiendo... mis puntos flacos frente a una mujer.
Y es que, a pesar de que todo hombre manteniene ciertas flaquezas dependientes de un guiño o de una forma femenina, en mi caso he de reconocer que soy muy extremista, y hay bastantes puntos, siempre originales y no siempre compartidos por mis camaradas de inclinación sexual, que despiertan mi atención y me desarman con facilidad.
Enumeremos pues de arriba hacia abajo, en el orden dictado por la gravedad, el cual no tiene paralelismo con la prioridad marcada, mis reclamos físicos en primer lugar...
...pelo: con indiferencia del color o forma del mismo (no soy racista capilar), siempre sentí predilección por un detalle sin igual... ¡las coletas!
Largas o cortas, caídas o alzadas, derivadas en trenzas o moños, siempre en pareja me generan bajada de defensas y apertura de mi interés por la sujeta en cuestión;
...ojos: sin dejarme caer por el típico tópico del color azul, un color verde fue siempre mi predilecto, si bien, no es el mismo el que me deja boquiabierto, sino más bien el fondo de los mismo... su mirada.
Una mirada certera que despida sinceridad es, sin dudarlo, motivo de enamoramiento perpétuo;

...boca: labios preferentemente carnosos y adornados siempre por una bonita sonrisa, a ser posible, causada por mí. Si en este atractivo escenario se intuyen unos blancos dientes, la sensación generada sobre mi persona será doble;
...cuello: posiblemente, mi absoluta devoción junto a la espalda. Mostrado sin tapujos y mostrando su desnudez, lograrán ambos mi más absoluta atención y mi más profunda admiración.
Por cierto, la más vital condición al respecto será el disponer de un grado de suavidad alto, la cual es una de las características más fantásticas de la más atractiva diva;
...espalda: ya mencionado y aclarado mi concepto, evitaré ser redundante;
...pechos: sin necesidad de entrar en morbosos y desagradables detalles, al igual que el pelo, no me infunde especial necesidad de disponer de un tamaño o forma concretos, siendo capaz de adorar las más variadas modalidades;
...vientre, cintura, ombligo: este conjunto tan adorado como lucido en las últimas tendencias de moda, es lógicamente un reclamo más hacia mí, si bien, es más su suavidad y olor los que más fácilmente pueden hacerme estremecer;
...cintura para abajo: sin necesidad de explicación, siendo siempre de destacar la atracción en su uso, pues ya sea bailando, como sentadas, como meramente andando, una buena técnica de lucimiento consigue enloquecer al más alelado especimen.
Y sigamos ahora con el resto de mis morbos, los no fijados a una forma física, y que, por tanto, son mucho más sutiles y, posiblemente denotando aquí mi mencionada rareza, mucho más irresistibles...
...enigmáticos tatuajes mal escondidos o bien intuídos...
...personalidad a prueba de bombas, sentido del humor y marcada complicidad hacia mí...
...la necesidad de cobijo y la capacidad de cobijar...
...el poder de un gesto bien lanzado o de una bonita sonrisa retando a mi estabilidad emocional...
...el control del arte de bailar y la disposición de una conversación fluída e interesante...
...la claridad, la certeza y la sinceridad, bendito pack...
...y, sin duda alguna, la magia del besar bien.
Haciendo recuento, muchos son para encontrarse conviviendo juntos en una sola mujer, sin embargo, como las meigas, haberlas haylas...
En primer lugar, y dado que actualmente el hecho de reconocer directamente tal idolatría por el sexo femenino no es algo políticamente bien visto en la sociedad actual, quisiera yo decir en mi posiblemente necesaria defensa, que no soy el típico galán barato de discoteca, ni de aquel tipo de gañán que ancla su soberbia mirada en el primer culo que pasa (¡de hecho soy sibarita incluso para estos menesteres!).
Cuando digo que amo a la mujer, lo digo con total convicción y hablando en términos totalmente generales, desde su sensibilidad ante la vida, hasta su inteligencia para abordar las relaciones humanas, pasando, por supuesto, por su física belleza.

Y una vez escudado en la verdad de este libre post (no creáis que me importan lo más mínimo las críticas del misógino empedernido o la feminista fustrada), me gustaría detallar el contenido de esto que me hallo escribiendo... mis puntos flacos frente a una mujer.
Y es que, a pesar de que todo hombre manteniene ciertas flaquezas dependientes de un guiño o de una forma femenina, en mi caso he de reconocer que soy muy extremista, y hay bastantes puntos, siempre originales y no siempre compartidos por mis camaradas de inclinación sexual, que despiertan mi atención y me desarman con facilidad.
Enumeremos pues de arriba hacia abajo, en el orden dictado por la gravedad, el cual no tiene paralelismo con la prioridad marcada, mis reclamos físicos en primer lugar...
...pelo: con indiferencia del color o forma del mismo (no soy racista capilar), siempre sentí predilección por un detalle sin igual... ¡las coletas!
Largas o cortas, caídas o alzadas, derivadas en trenzas o moños, siempre en pareja me generan bajada de defensas y apertura de mi interés por la sujeta en cuestión;
...ojos: sin dejarme caer por el típico tópico del color azul, un color verde fue siempre mi predilecto, si bien, no es el mismo el que me deja boquiabierto, sino más bien el fondo de los mismo... su mirada.
Una mirada certera que despida sinceridad es, sin dudarlo, motivo de enamoramiento perpétuo;

...boca: labios preferentemente carnosos y adornados siempre por una bonita sonrisa, a ser posible, causada por mí. Si en este atractivo escenario se intuyen unos blancos dientes, la sensación generada sobre mi persona será doble;
...cuello: posiblemente, mi absoluta devoción junto a la espalda. Mostrado sin tapujos y mostrando su desnudez, lograrán ambos mi más absoluta atención y mi más profunda admiración.
Por cierto, la más vital condición al respecto será el disponer de un grado de suavidad alto, la cual es una de las características más fantásticas de la más atractiva diva;
...espalda: ya mencionado y aclarado mi concepto, evitaré ser redundante;
...pechos: sin necesidad de entrar en morbosos y desagradables detalles, al igual que el pelo, no me infunde especial necesidad de disponer de un tamaño o forma concretos, siendo capaz de adorar las más variadas modalidades;
...vientre, cintura, ombligo: este conjunto tan adorado como lucido en las últimas tendencias de moda, es lógicamente un reclamo más hacia mí, si bien, es más su suavidad y olor los que más fácilmente pueden hacerme estremecer;
...cintura para abajo: sin necesidad de explicación, siendo siempre de destacar la atracción en su uso, pues ya sea bailando, como sentadas, como meramente andando, una buena técnica de lucimiento consigue enloquecer al más alelado especimen.
Y sigamos ahora con el resto de mis morbos, los no fijados a una forma física, y que, por tanto, son mucho más sutiles y, posiblemente denotando aquí mi mencionada rareza, mucho más irresistibles...
...enigmáticos tatuajes mal escondidos o bien intuídos...
...personalidad a prueba de bombas, sentido del humor y marcada complicidad hacia mí...
...la necesidad de cobijo y la capacidad de cobijar...
...el poder de un gesto bien lanzado o de una bonita sonrisa retando a mi estabilidad emocional...
...el control del arte de bailar y la disposición de una conversación fluída e interesante...
...la claridad, la certeza y la sinceridad, bendito pack...
...y, sin duda alguna, la magia del besar bien.
Haciendo recuento, muchos son para encontrarse conviviendo juntos en una sola mujer, sin embargo, como las meigas, haberlas haylas...
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Comentario:
Ummhhh Contar tus debilidades a las mujeres????Tú no sabes lo que has hecho!!!! ¿¿o sí pillín???. Besines
Comentario:
je,je,je..leyendo esto creo que hasta a mi me gustan "tus mujeres".
Bueno sweet pussy, dicen que lo difícil es encontrarlas..las meigas, digo..
Muak
Bueno sweet pussy, dicen que lo difícil es encontrarlas..las meigas, digo..
Muak
Comentario:
Es genial que aún consigas sacar esa tímida sonrisa de mi cara,aunque se que ya somos muchas en tu cabeza (tú sabes bien porque sonrio).
Mil besitos
Mil besitos





