It´s my life...
El otro día quedé alucinado ante la gran idea de Choi , de resumir su vida en 200 palabras...árdua labor (no dejéis de visitarla clickando akí!).
El tema es muy complicado, y más después de haber leído el suyo, en donde hizo completa gala de su facilidad de palabrerío, pero, hoy no tengo ganas de darle vueltas al tarro, ni al alma, y he decidido escribir tirando de recuerdos, aunque eso sí, sin asumir el tremendo esfuerzo de limitarme a esa cantidad de texto. Con lo que yo hablo cuando me pongo, no tendría ni para empezar.
Veamos...
6 de junio del 77, 2a.m., a la sombra de la fecha del anticristo (662, uf!), en pleno nacimiento de la democracia española (tuve que venir yo a poner orden, je!), y adelantándome dos meses a la fecha acordada, me planté en Madrid.
Fue la primera y única vez que llegué antes de tiempo, y creo que fue por ello, por lo que como castigo me regalaron una incubadora... además de para superar un mal diseño de pleura. Por lo demás estoy muy bien acabado, que conste.
Mis padres eluden el nombre de César y deciden anclarme a un Alberto (brillante por su nobleza, dicen que significa), que nunca me disgustó.
Siempre de buen comer y bajo unos ojos verdes que me han sido eterno motivo de rubor, y de orgullo también, no os engañaré, crecí con el don de ser un buenazo y caer bien a casi todo el mundo, dándome cuenta muy pronto de que era el camino a seguir, no haciéndome nunca de notar, salvo para hacer reir a cualquiera que le apetezca.
Bueno en los estudios, aunque súmamente vago, pasé el colegio cuidando de mi única hermana, LaFlaca, la que tuvo que agradecerme su nombre, y a la que tengo que agradecer numerosas peleas infantiles, a pesar de las cuales, siempre nos hemos querido mucho.
Después, el instituto y la universidad, sin ningún recuerdo digno de reseñar, si bien, mis amigos y mi paraiso (el pueblo), me dotaron de las alegrías suficientes como para considerarme un ser feliz.
Por aquel entonces, descubrí mi primera perdición, la música, la que, a través de un montón de sonidos minoritarios, me sirvió para madurar y pensar más allá de lo que era común en mis alrededores.
También descubrí mi primer amor, a la cual acompañó una demasiado rápida herida sentimental, que dolió tanto que creí volverme triste por siempre.
Lo superé ayudado por la compañía de mi añorado Renault 5, la Bala Amarilla, que, a pesar de ser fuente de coñas constantes, me acompañó en aquellos apreciados latigazos de independencia.

Lo que era común hasta la fecha, el buen ambiente en casa, fue cambiando un poco y nacieron ciertos tira y aflojas a partir del año en que empiezo a salir con Ella, amiga de algún tiempo y mi atracción secreta durante una amplia temporada previa a nuestra unión.
Al parecer, fue mútuo: fueron 7 1/2 años de un alto nivel de felicidad juntos, en donde descubrí a su lado lo bonito que es vivir y lo magnífico que es, en ocasiones, regalarle a la gente toda tu personalidad, para que puedan disfrutar un poquito de ti ("todos tenemos nuestro don, saca partido al tuyo", dice su dogma).
Mi creadora.
Desgraciadamente, en un año intenso en el que decido romper las cadenas de una esclavitud laboral, y en el que pierdo a uno de mis seres más queridos (la Abuela), algunas sombras y nuestro carácter inconformista, nos empujaron a una libertad individual que infunde mucho miedo durante meses. Evolución, fríamente hablando no es más que eso.
A partir de ahí, un renacer.
Nueva vida personal, nuevas inquietudes (entre las que destaca el descubrimiento de Cruz Roja), nueva vida con Ella, más amistad y más amigos, nuevos planes...
...jugaré a ser el arquitecto de mi destino y el guerrilero de mi libertad.
Por ahora, escribo un blog y peleo por ser feliz disfrutando de la vida.
P.D. ¿200 palabras? Ya decía yo que no me sería posible, y eso que no tengo un patxarán en la mano, que si no relleno El Quijote con mis aconteceres hasta la fecha.
El tema es muy complicado, y más después de haber leído el suyo, en donde hizo completa gala de su facilidad de palabrerío, pero, hoy no tengo ganas de darle vueltas al tarro, ni al alma, y he decidido escribir tirando de recuerdos, aunque eso sí, sin asumir el tremendo esfuerzo de limitarme a esa cantidad de texto. Con lo que yo hablo cuando me pongo, no tendría ni para empezar.
Veamos...
6 de junio del 77, 2a.m., a la sombra de la fecha del anticristo (662, uf!), en pleno nacimiento de la democracia española (tuve que venir yo a poner orden, je!), y adelantándome dos meses a la fecha acordada, me planté en Madrid.
Fue la primera y única vez que llegué antes de tiempo, y creo que fue por ello, por lo que como castigo me regalaron una incubadora... además de para superar un mal diseño de pleura. Por lo demás estoy muy bien acabado, que conste.
Mis padres eluden el nombre de César y deciden anclarme a un Alberto (brillante por su nobleza, dicen que significa), que nunca me disgustó.
Siempre de buen comer y bajo unos ojos verdes que me han sido eterno motivo de rubor, y de orgullo también, no os engañaré, crecí con el don de ser un buenazo y caer bien a casi todo el mundo, dándome cuenta muy pronto de que era el camino a seguir, no haciéndome nunca de notar, salvo para hacer reir a cualquiera que le apetezca.
Bueno en los estudios, aunque súmamente vago, pasé el colegio cuidando de mi única hermana, LaFlaca, la que tuvo que agradecerme su nombre, y a la que tengo que agradecer numerosas peleas infantiles, a pesar de las cuales, siempre nos hemos querido mucho.
Después, el instituto y la universidad, sin ningún recuerdo digno de reseñar, si bien, mis amigos y mi paraiso (el pueblo), me dotaron de las alegrías suficientes como para considerarme un ser feliz.
Por aquel entonces, descubrí mi primera perdición, la música, la que, a través de un montón de sonidos minoritarios, me sirvió para madurar y pensar más allá de lo que era común en mis alrededores.
También descubrí mi primer amor, a la cual acompañó una demasiado rápida herida sentimental, que dolió tanto que creí volverme triste por siempre.
Lo superé ayudado por la compañía de mi añorado Renault 5, la Bala Amarilla, que, a pesar de ser fuente de coñas constantes, me acompañó en aquellos apreciados latigazos de independencia.

Lo que era común hasta la fecha, el buen ambiente en casa, fue cambiando un poco y nacieron ciertos tira y aflojas a partir del año en que empiezo a salir con Ella, amiga de algún tiempo y mi atracción secreta durante una amplia temporada previa a nuestra unión.
Al parecer, fue mútuo: fueron 7 1/2 años de un alto nivel de felicidad juntos, en donde descubrí a su lado lo bonito que es vivir y lo magnífico que es, en ocasiones, regalarle a la gente toda tu personalidad, para que puedan disfrutar un poquito de ti ("todos tenemos nuestro don, saca partido al tuyo", dice su dogma).
Mi creadora.
Desgraciadamente, en un año intenso en el que decido romper las cadenas de una esclavitud laboral, y en el que pierdo a uno de mis seres más queridos (la Abuela), algunas sombras y nuestro carácter inconformista, nos empujaron a una libertad individual que infunde mucho miedo durante meses. Evolución, fríamente hablando no es más que eso.
A partir de ahí, un renacer.
Nueva vida personal, nuevas inquietudes (entre las que destaca el descubrimiento de Cruz Roja), nueva vida con Ella, más amistad y más amigos, nuevos planes...
...jugaré a ser el arquitecto de mi destino y el guerrilero de mi libertad.
Por ahora, escribo un blog y peleo por ser feliz disfrutando de la vida.
P.D. ¿200 palabras? Ya decía yo que no me sería posible, y eso que no tengo un patxarán en la mano, que si no relleno El Quijote con mis aconteceres hasta la fecha.





