Día solitario conmigo mismo...
Ayer estuve todo el día solo; totalmente solo.
Esto no es ni bueno, ni malo. Realmente, me encanta tener tiempo para reflexionar y poder gastarlo en mí y en mis historias mentales (últimamente expuestas algunas en el blog), pero también es cierto que mi estado de ánimo en la última temporada no me permite que esto se repita a menudo, por lo que hoy, que estoy repitiendo un plan similar, estoy bastante jodido.
Sin embargo, ayer no fue así. A pesar de mi rostro serio y los nubarrones de pesimismo que rondaban el metro cuadrado de mi espacio aéreo, tuve multitud de ocasiones para SENTIR;
¿conocéis esa sensación ante ciertas pequeñeces de la vida que te hacen sentirte vivo y te hacen sonreir?
Pues ayer tuve varias, y eso me fue llevando a un estado de nirvana magnífico, sólo equiparable al que producen un par de placenteros makas fumados en posición horizontal sobre el sofá, mientras se tiene la suerte de estar viendo una buena elección del videoclub.
Fue una pena que no pudiese escribiros en esos momentos exactos, pues sentía que mi cabeza era capaz de recibir información de mi entorno a una velocidad fuera de lo normal.
Os detallo...
7:30 salgo de casa con mi inseparable reproductor de MP3 con un par de discos cargados aleatoriamente la noche anterior. Afortunadamente, mi gesto decaido se torna en apacible cuando empiezo a sentir la caricia en el corazón que supone el escuchar la banda sonora de Amelie. Sin palabras.
Para que lo comprendais, simplemente os mencionaré que siempre he dicho que nadie puede decantarse por una canción o una película como la más preferida de todas... hasta que vi Amelie. Suprema.
14:25 después de una soporífera y agotadora mañana, me encuentro casualmente, camino de mi segundo destino laboral, con una increíble tienda de calzados Camper especialmente decorada (es la única Info-shop en España, concepto de la marca que conocí ayer y que resulta interesante), ante lo que decido quitarme un poco de tensión de encima comprándome un par de botas que hace tiempo que persigo.
Esto, lógicamente, no supone una emoción especial para mí (gracias a Dios no soy tan leve), pero sí los increíbles ojos azules de la persona que me atiende. Hacía tiempo que no me costaba tanto el mirar a alguien a los ojos (¡¡siempre lo hago!!). Era un ángel.
Al final, tras dudar entre dos modelos, me llevé los que más pegaban con mi personalidad y ahora mismo, mi lastimada economía agradece que la preciosa joven que me atendió no usase mi obnubilación para convencerme de llevarme puestos los dos pares. Sin duda, lo habría conseguido.

19:35 por fin salgo de la exclavitud de mi empleo diario y vuelvo acinado en el inhumano tren de cercanías, ojeando los dos últimos momentos de alegría de los que os hablo:
- el ejemplar de "El Pais Semanal" que sale los domingos, pero que compré el lunes por el mero hecho de tener una portada sin igual: Leonor Watling (no comentaré más después de la anotación del otro día);
Destacar el magnífico reportaje escrito por Jesús Rodríguez titulado "La herida de los astilleros", y acompañado por unas fotografías muy buenas de Alfredo Cáliz; Un calco realista de "Los lunes al sol".
- el folleto "The walking society" de la tienda Camper que me entregó "el ángel". Alucinante. No dudeis en pasar por cualquier establecimiento de la marca para haceros con uno. Explica la naturaleza e inspiración de la marca, poniendo de transfondo la ciudad de Marsella. Todo un tratado de filosofía que no pude dejar de leer hasta finiquitarlo, una hora después y ya sentado en un banco cercano a casa.
Por favor, leedlo y comentadme.
...
Desgraciadamente, medio minuto después de levantarme para recorrer los últimos cien metros hasta mi hogar, escuché el siguiente comentario blasfemo salido de la enorme bocaza de un joven puberto:
Tremendo gatillazo el que me dio tras tanta excitación.
Meter a "Manos Lentas" en el mismo saco de los Metallica, y cambiarle de nombre a su grupo, todo en una frase de veintiuna palabras... ¡¡LA IGNORANCIA ES ATREVIDA!!
Esto no es ni bueno, ni malo. Realmente, me encanta tener tiempo para reflexionar y poder gastarlo en mí y en mis historias mentales (últimamente expuestas algunas en el blog), pero también es cierto que mi estado de ánimo en la última temporada no me permite que esto se repita a menudo, por lo que hoy, que estoy repitiendo un plan similar, estoy bastante jodido.
Sin embargo, ayer no fue así. A pesar de mi rostro serio y los nubarrones de pesimismo que rondaban el metro cuadrado de mi espacio aéreo, tuve multitud de ocasiones para SENTIR;
¿conocéis esa sensación ante ciertas pequeñeces de la vida que te hacen sentirte vivo y te hacen sonreir?
Pues ayer tuve varias, y eso me fue llevando a un estado de nirvana magnífico, sólo equiparable al que producen un par de placenteros makas fumados en posición horizontal sobre el sofá, mientras se tiene la suerte de estar viendo una buena elección del videoclub.
Fue una pena que no pudiese escribiros en esos momentos exactos, pues sentía que mi cabeza era capaz de recibir información de mi entorno a una velocidad fuera de lo normal.
Os detallo...
7:30 salgo de casa con mi inseparable reproductor de MP3 con un par de discos cargados aleatoriamente la noche anterior. Afortunadamente, mi gesto decaido se torna en apacible cuando empiezo a sentir la caricia en el corazón que supone el escuchar la banda sonora de Amelie. Sin palabras.
Para que lo comprendais, simplemente os mencionaré que siempre he dicho que nadie puede decantarse por una canción o una película como la más preferida de todas... hasta que vi Amelie. Suprema.
14:25 después de una soporífera y agotadora mañana, me encuentro casualmente, camino de mi segundo destino laboral, con una increíble tienda de calzados Camper especialmente decorada (es la única Info-shop en España, concepto de la marca que conocí ayer y que resulta interesante), ante lo que decido quitarme un poco de tensión de encima comprándome un par de botas que hace tiempo que persigo.
Esto, lógicamente, no supone una emoción especial para mí (gracias a Dios no soy tan leve), pero sí los increíbles ojos azules de la persona que me atiende. Hacía tiempo que no me costaba tanto el mirar a alguien a los ojos (¡¡siempre lo hago!!). Era un ángel.
Al final, tras dudar entre dos modelos, me llevé los que más pegaban con mi personalidad y ahora mismo, mi lastimada economía agradece que la preciosa joven que me atendió no usase mi obnubilación para convencerme de llevarme puestos los dos pares. Sin duda, lo habría conseguido.

19:35 por fin salgo de la exclavitud de mi empleo diario y vuelvo acinado en el inhumano tren de cercanías, ojeando los dos últimos momentos de alegría de los que os hablo:
- el ejemplar de "El Pais Semanal" que sale los domingos, pero que compré el lunes por el mero hecho de tener una portada sin igual: Leonor Watling (no comentaré más después de la anotación del otro día);
Destacar el magnífico reportaje escrito por Jesús Rodríguez titulado "La herida de los astilleros", y acompañado por unas fotografías muy buenas de Alfredo Cáliz; Un calco realista de "Los lunes al sol".
- el folleto "The walking society" de la tienda Camper que me entregó "el ángel". Alucinante. No dudeis en pasar por cualquier establecimiento de la marca para haceros con uno. Explica la naturaleza e inspiración de la marca, poniendo de transfondo la ciudad de Marsella. Todo un tratado de filosofía que no pude dejar de leer hasta finiquitarlo, una hora después y ya sentado en un banco cercano a casa.
Por favor, leedlo y comentadme.
...
Desgraciadamente, medio minuto después de levantarme para recorrer los últimos cien metros hasta mi hogar, escuché el siguiente comentario blasfemo salido de la enorme bocaza de un joven puberto:
Tremendo gatillazo el que me dio tras tanta excitación.
Meter a "Manos Lentas" en el mismo saco de los Metallica, y cambiarle de nombre a su grupo, todo en una frase de veintiuna palabras... ¡¡LA IGNORANCIA ES ATREVIDA!!





