Encontrando el final
Cuando era pequeño vivia al final de la ciudad. Realmente no era una ciudad sino un pueblo grande asi que era facil salir desde cualquier punto si estabas dispuesto a andar unos veinte minutos. A mi no me hacia falta ni eso, veia desde mi balcon como la civilizacion acababa de repente y empezaban "los huertos", territorio salvaje e inexplorado para un chiquillo de diecipico años.
Estuve toda la infancia entrando y saliendo del pueblo. Donde mas tiempo he pasado jugando ha sido en la frontera entre lo urbano y lo rural: el campillo. Alli nos liabamos a pedradas, haciamos hogueras y fabricabamos nitroglicerina (o al menos lo intentabamos siguiendo la famosa formula secreta que circulaba entre generaciones de alumnos como cualquier leyenda urbana que se precie: alcohol, azufre y alguna cosilla mas; mezclar en una flanera, agitar, atar con una cuerda y estirar para provocar la explosion). Que le vamos a hacer, siempre me han gustado los metodos expeditivos.
Cuando vine a vivir a la ciudad una de las cosas que me llamo la atencion es que no se acababa nunca, no tenia un final definido. Como mucho se iba difuminando, cambiando las casas por fabricas y talleres que se espaciaban poco a poco hasta que de nuevo volvian a coger consistencia, se amontonaban, y sin darte cuenta estabas entrando en algun pueblo de las afueras.
Pero este fin de semana fui a visitar a un amigo que acaba de comprar una casa y me lleve una sorpresa: cuando giraba la manzana buscando un sitio para dejar el coche la calle acababa en un descampado lleno de cascotes, medio iluminado por las farolas, y un poco mas adelante no habia nada. Ni una finca, ni una fabrica, ni una miserable bombilla.
Despues de tantos años me volvia a encontrar alli, en el limite de la ciudad.
Me quede unos minutos mirando a la oscuridad, respirando el aire de la noche; a punto estuve de dejarme llevar y seguir el camino que se intuia entre los escombros rumbo a ninguna parte.
No lo hice. Subi a casa de mi amigo y me vine con unos apuntes para la oposicion, que ya veremos si uso y donde me llevan.

Estuve toda la infancia entrando y saliendo del pueblo. Donde mas tiempo he pasado jugando ha sido en la frontera entre lo urbano y lo rural: el campillo. Alli nos liabamos a pedradas, haciamos hogueras y fabricabamos nitroglicerina (o al menos lo intentabamos siguiendo la famosa formula secreta que circulaba entre generaciones de alumnos como cualquier leyenda urbana que se precie: alcohol, azufre y alguna cosilla mas; mezclar en una flanera, agitar, atar con una cuerda y estirar para provocar la explosion). Que le vamos a hacer, siempre me han gustado los metodos expeditivos.
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