Tocándonos el pito
Hace un rato estaba almorzando en una terraza cuando un mercedes todo terreno, de esos que cuestan quince o veinte millones, se ha puesto a pitar como un loco. El motivo era que un coche aparcado en doble fila delante de él le tapaba parcialmente la salida.
Transcurridos cinco minutos de cortesía y de aguantar pitidos me he acercado amablemente a indicarle que nos estaba dando el almuerzo y que no conseguía nada con tanto escándalo. El coche, que seguramente sería de papá, lo conducía un pipiolo acompañado de una pipiolilla. Claro está, han insistido en que necesitaba con locura seguir pitando por ver si le retiraban el coche de delante y podía salir. Que tenían mucha prisa.
Al cabo de otros cinco minutos (en los que ha seguido pitando) ha hecho bajarse a su acompañante. Mientras ella dirigía la maniobra, ha salido del aparcamiento casi rozando el coche de su izquierda. Ha faltado muy poco para hacerse una abolladura importante en la carrocería del flamante mercedes recién estrenado.
Cuando se ha ido hemos comprobado con curiosidad científica que el coche de delante no estaba frenado. Les hubiese bastado bajar, empujarlo un metro y hubiesen podido salir en un minuto y sin problemas.
Con todos estos datos llego a la siguiente y novedosa conclusión: quien lleva el coche más caro no es necesariamente el más listo.
Lo que comunico aquí para público conocimiento.
Transcurridos cinco minutos de cortesía y de aguantar pitidos me he acercado amablemente a indicarle que nos estaba dando el almuerzo y que no conseguía nada con tanto escándalo. El coche, que seguramente sería de papá, lo conducía un pipiolo acompañado de una pipiolilla. Claro está, han insistido en que necesitaba con locura seguir pitando por ver si le retiraban el coche de delante y podía salir. Que tenían mucha prisa.
Al cabo de otros cinco minutos (en los que ha seguido pitando) ha hecho bajarse a su acompañante. Mientras ella dirigía la maniobra, ha salido del aparcamiento casi rozando el coche de su izquierda. Ha faltado muy poco para hacerse una abolladura importante en la carrocería del flamante mercedes recién estrenado.
Cuando se ha ido hemos comprobado con curiosidad científica que el coche de delante no estaba frenado. Les hubiese bastado bajar, empujarlo un metro y hubiesen podido salir en un minuto y sin problemas.
Con todos estos datos llego a la siguiente y novedosa conclusión: quien lleva el coche más caro no es necesariamente el más listo.
Lo que comunico aquí para público conocimiento.





