Cambiando la contraseña
Esta semana voy a cambiar la contraseña de acceso a mi ordenador. Cinco veces.
La semana pasada la cambié otras cinco.
La política de seguridad de mi empresa dictamina que la contraseña ha de tener más de ocho caracteres, que ha de tener un número o símbolo especial, que no puede contener el nombre de usuario, que una letra, al menos, ha de estar en mayúsculas; que no se haya utilizado en los anteriores diez cambios de contraseña; que no la hayas cambiado anteriormente ese día.
Es difícil encontrar una palabra que cumpla esos criterios y de la que te acuerdes. Pero al final dí con una, la contraseña perfecta, algo que nunca se me olvida cuando llego cada mañana y me siento delante de mi puesto de trabajo. Mi contraseña es "Comemelap0lla".
La política de la empresa también dictamina que se ha de cambiar cada noventa días.
Por eso, cada tres meses llega el aviso y empiezo un nuevo ciclo: tengo que cambiar el password. Suelo empezar un lunes; dan unos días de margen para elegir, prefiero el lunes porque así es más regular, más predecible, me da la impresión de tener el control. Al conectarme por la mañana selecciono la opción correspondiente e introduzco la nueva contraseña: "Comemelap0lla1". El martes, "Comemelap0lla2". El viernes, antes de apagar, cambio la contraseña por última vez esa semana, "Comemelap0lla5".
Viene otra semana más, otros cinco cambios, otros cinco días que son diferentes. "Comemelap0lla10".
El siguiente lunes a primera hora cambio la contraseña de nuevo. "Comemelap0lla". Vuelta a la normalidad, a los almuerzos en bares cargados de humo, a los mismos proyectos y trabajos y compañeros y errores y la vida que se repite y donde no pasa nada. Y así se van yendo los meses, los proyectos. Los jefes suben y se hunden; los departamentos se separan y se fusionan. Nos cambian de planta, de edificio, la moqueta se va volviendo gris y sucia cada día. Pero cada noventa días llega impasible el tic-tac del péndulo del cambio de password señalando el correr de los días, de los años, de la vida que se me va escapando en esa oficina.
La semana pasada la cambié otras cinco.
La política de seguridad de mi empresa dictamina que la contraseña ha de tener más de ocho caracteres, que ha de tener un número o símbolo especial, que no puede contener el nombre de usuario, que una letra, al menos, ha de estar en mayúsculas; que no se haya utilizado en los anteriores diez cambios de contraseña; que no la hayas cambiado anteriormente ese día.
Es difícil encontrar una palabra que cumpla esos criterios y de la que te acuerdes. Pero al final dí con una, la contraseña perfecta, algo que nunca se me olvida cuando llego cada mañana y me siento delante de mi puesto de trabajo. Mi contraseña es "Comemelap0lla".
La política de la empresa también dictamina que se ha de cambiar cada noventa días.
Por eso, cada tres meses llega el aviso y empiezo un nuevo ciclo: tengo que cambiar el password. Suelo empezar un lunes; dan unos días de margen para elegir, prefiero el lunes porque así es más regular, más predecible, me da la impresión de tener el control. Al conectarme por la mañana selecciono la opción correspondiente e introduzco la nueva contraseña: "Comemelap0lla1". El martes, "Comemelap0lla2". El viernes, antes de apagar, cambio la contraseña por última vez esa semana, "Comemelap0lla5".
Viene otra semana más, otros cinco cambios, otros cinco días que son diferentes. "Comemelap0lla10".
El siguiente lunes a primera hora cambio la contraseña de nuevo. "Comemelap0lla". Vuelta a la normalidad, a los almuerzos en bares cargados de humo, a los mismos proyectos y trabajos y compañeros y errores y la vida que se repite y donde no pasa nada. Y así se van yendo los meses, los proyectos. Los jefes suben y se hunden; los departamentos se separan y se fusionan. Nos cambian de planta, de edificio, la moqueta se va volviendo gris y sucia cada día. Pero cada noventa días llega impasible el tic-tac del péndulo del cambio de password señalando el correr de los días, de los años, de la vida que se me va escapando en esa oficina.
Comentario:
En mi empresa tambien siguen la política del cambio de contraseña cada x dias, pero de momento basta con que no coincida con las ¿50? últimas, así que como en mi oficina somos 3 personas, lo que hacemos es ponernos de acuerdo y al nombre de cada uno añadirle un número al final, todos el mismo número y lo cambiamos a la vez, así si un día no recuerdas el número que toca, lo puedes preguntar a cualquiera de los otros dos.
Por lo menos a nosotros nos funciona bien, mientras no se entere el jefe de "PROCESO DE DATOS"...
Por lo menos a nosotros nos funciona bien, mientras no se entere el jefe de "PROCESO DE DATOS"...
Comentario:
A ver, varias puntualizaciones: esa, obviamente, no es mi contraseña, con lo que la gramática no sirve. Además, ya me imagino que no he inventado yo el sistema
Y de todas formas, si nos ponemos frikis, frikis... a lo mejor lo que se podría hacer es rotar la contraseña, con lo que tienes N contraseñas diferentes siendo N el número de caracteres de la misma (vale, ya sé que con ciertas contraseñas tienes menos), pero es más fácil de recordar. Así serían: omemelapollaC, memelapollaCo, etc...
Y de todas formas, si nos ponemos frikis, frikis... a lo mejor lo que se podría hacer es rotar la contraseña, con lo que tienes N contraseñas diferentes siendo N el número de caracteres de la misma (vale, ya sé que con ciertas contraseñas tienes menos), pero es más fácil de recordar. Así serían: omemelapollaC, memelapollaCo, etc...
Comentario:
Pero hombre, se puede ser un poco más "friki" y ya que usas la contraseña "Comemelap0lla", pues nada mejor que binarizarla completamente usando la gramática "Comemelap[o0][l1][l1]a" con lo que consigues 2^3 variantes posibles del tipo: Comemelapol1a, Comemelapo1la, Comemelapo11a, Comemelap0lla, etc.
pd: hace como quince años, cuando estudiaba (o por lo menos lo aparentaba) en la facultad de informática, en los sistemas VMS nos obligaban a cambiar la contraseña una vez al mes y evidentemente la gente ya usaba el método que has descrito.
pd: hace como quince años, cuando estudiaba (o por lo menos lo aparentaba) en la facultad de informática, en los sistemas VMS nos obligaban a cambiar la contraseña una vez al mes y evidentemente la gente ya usaba el método que has descrito.
Comentario:
Excelente entrada, a mi me pasa lo mismo, lo de numerar las contraseñas e ir cambiándolas durante 10 días, me parece grandioso... tomo nota y dentro de unas semanas lo pondré en práctica.