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Dónde ir... Mataelpino ofrece un paisaje incomparable dominado por la presencia ubicua de La ..

Artículo en ABC (28 Julio, 2005)

Dónde ir... Mataelpino ofrece un paisaje incomparable dominado por la presencia ubicua de La ..


Un paseo para conocer los alrededores de Mataelpino
CRISTINA VALLEJO

MATAELPINO.
Clara del Valle regenta el único estanco de Mataelpino. Lo heredó de sus padres y lo ha convertido en una de las tiendas más emblemáticas de la localidad. Al principio era también un establecimiento de ultramarinos, pero su visión de futuro hizo de que lo reconvirtiera en una tienda de prensa, regalos y papelería, y de gran éxito. Muy poco después de tomar esta decisión llegarían a la localidad varios supermercados. Clara ha demostrado una gran lucidez en su actividad como empresaria y, muy a menudo se apunta a cursos de reciclaje para estar al día. Clara, al emprender la marcha por las calles de su pueblo, tiene un objetivo muy claro: llegar al punto más alto de la localidad con objeto de poder observar las mejores vistas. No en vano, Mataelpino está, casi en su totalidad, rodeado por el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, que está presidido por el impresionante paisaje de La Pedriza.
Por el camino, primero por la Calle Generalísimo, todo el mundo la saluda: es una de las personas más populares del pueblo. A su actividad de cara al público se une el hecho de que nació en este municipio. Se siente muy unida a él, a su tierra. Siente sus raíces muy apegadas a su terruño natal. «No podría vivir en otro lugar. Aquí están mis raíces, mi historia. A mis hijas les pasa lo mismo: la pequeña quiere estudiar Derecho y Administración de Empresas y, cuando termine, quiere poner un despacho aquí», explica.

Nos dirigimos al norte del pueblo y pasamos por la Plaza Mayor, en la que se encuentra la Tenencia de la Alcaldía, ya que la sede principal del Consistorio se encuentra en El Boalo. «Las autoridades no cuidan nada el urbanismo: los edificios de la Plaza no guardan ninguna armonía», denuncia Clara. «Y, mira, tampoco se están preservando las antiguas y típicas construcciones de Mataelpino. Se tiran y se construyen viviendas nuevas, pero sin orden ni concierto», continúa. En el centro, la escultura de «La Pastora», donada porel escultor Luis Sanguino.

Llegamos a la Iglesia de Santa Águeda. El Templo fue construido, según comenta Clara, por propios vecinos del pueblo. Su propio padre fue uno de los que pusieron las primeras piedras. Aunque es muy moderna, no ha suscitado las polémicas que surgieron en otras localidades: la levantaron los propios lugareños. Delante de ella, uno de los dos parques infantiles que se han construido y el solar en el que se coloca la plaza de toros en las fiestas de San Bartolomé y en las de Santa Águeda.

Emprendemos el ascenso ya a las afueras del pueblo, con la mirada puesta en La Pedriza. A la derecha vemos, pequeñito, pequeñito, El Boalo, y también Cerceda. Allá, a lo lejos, Moralzarzal. Clara tiene razón, a vista de pájaro, Mataelpino es un pueblo que no tiene casco viejo, todo él está dominado por las construcciones modernas. Entre Mataelpino y los demás sólo hay pastos, pero sin ganado. Antiguas tierras de cultivo ahora abandonadas.

Si antes agricultura y ganadería eran las actividades fundamentales, ahora ya sólo quedan dos ganaderos. «El pueblo ha perdido mucho y no sólo sus actividades tradicionales, también se está deshumanizando. Todo el mundo va a lo suyo. Quizá sea porque quedamos muy pocos nativos: la mayoría vienen aquí a pasar fines de semana y vacaciones y no sienten el pueblo como propio», se lamenta.

Un alto en el camino le hace recordar los tiempos mejores: se trata de la poza en la que venían a bañarse antes de que los pueblos se plagaran de piscinas particulares y sus habitantes se pudieran permitir ir a la playa en los meses estivales. Ahora el agua está contaminada. Cada vez tenemos más cerca La Pedriza, pero no seguimos ascendiendo, torcemos a la izquierda, en busca de la que ya es conocida como «casa encantada»: una edificación solitaria en lo alto de un risco en la que han estado haciendo obras. Seguramente, han sido las grúas que han estado trabajando allí las que han hecho el camino por el que hemos ascendido.

Tras contemplar el paisaje -el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares está a nuestros pies-, emprendemos el camino de regreso. Volvemos sobre nuestros pasos por el resbaladizo camino de tierra que nos separa del centro del pueblo. Otra parada. Esta vez en el estanco de Clara. Enfrente pastan unos burros. «Seguro que recalifican estos terrenos y nos roban la magnífica vista que tenemos de la Pedriza desde aquí», augura.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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