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Mesón Los Álamos

Los Álamos: un sabroso lugar de Mataelpino
CRISTINA VALLEJO

Gerardo Sanz nos adelanta uno de los platos que va a incorporar próximamente a la carta del restaurante: brochetas de pez espada y langostinos con salsa de mostaza

MATAELPINO
Beatriz y Gerardo regentan en Mataelpino uno de los restaurantes más emblemáticos: «Los Álamos». Llevan ya cinco años, casi sin vacaciones, volcados a la atención de sus clientes, sobre todo los que, procedentes de Madrid, van a pasar fines de semana a la sierra. También son muchos los grupos de jóvenes de Mataelpino o de otros pueblos cercanos los que se acercan a degustar las excelentes hamburguesas gigantes de elaboración propia que, en verano, se sirven en su hermosa terraza desde la que se divisan los bellos paisajes de la sierra. Además de estas estupendas hamburguesas, su especialidad son también las tapas de sepia, chopitos, calamares, cochifrito, setas con jamón ibérico y las que nunca pueden faltar: las croquetas caseras.

Para comidas más formales, en su carta, muy rica y variada, destacan, entre los entrantes, los pimientos del piquillo rellenos de solomillo, la parrillada de verduras, los judiones de La Granja, callos con garbanzos... Todos ellos platos muy representativos de la cocina más castiza. Un protagonismo especial cobran las carnes sobre los pescados, sobre todo el entrecot de ternera, el solomillo y el medallón de buey. Pero, según apunta Gerardo, su carta no olvida los productos del mar. De hecho, sus clientes, en muchos casos, optan por el bacalao a la riojana o por los lomitos de mero en salsa verde.

Y, en los postres, también se inclinan por la elaboración en su propia cocina. Sus dulces más destacados: la tarta de queso con arándanos y la mousse de chocolate. Deliciosas.

Enormes instalaciones

Mientras Gerardo y Beatriz explican sus especialidades y las ofertas de su carta, corretea, travieso, su sobrino, Luis Miguel. «Cuando no está en el colegio, está con nosotros, y le encanta ayudarnos y estar entre los fogones», comenta Beatriz. «Es muy rebelde pero, claro, está en edad de serlo», comenta, entre divertida y enfadada. Quizá el pequeño emule las andanzas de su tía que, desde los trece años trabaja, en la hostelería.

Luis Miguel no deja de correr en el enorme salón para casi medio centenar de comensales, y por el bar, en el que caben otras treinta personas. La decoración rústica crea un ambiente cálido, acentuado por la luminosidad que le otorgan los enormes ventanales de los que está rodeado el salón. A la terraza, que en verano se llena, Luis Miguel no sale, porque hace un frío que pela en Mataelpino, pocos días después de caer una gran nevada que dejó al pueblo con veinte o treinta centímetros de nieve.

Gerardo destaca que, claro, tantos años tratando con el cliente, lo han convertido casi en un psicólogo: «uno ya sabe cómo viene el cliente. Percibes quién viene de buenas y quién sólo tiene el objetivo de poner pegas a todo, hagas lo que hagas», asegura.

Mientras, Gerardo comienza a preparar el que será el nuevo plato que ofrezca a sus clientes próximamente: brochetas de pez espada y langostinos con salsa de mostaza. Una sorpresa muy agradable porque, a juzgar por los resultados, hará las delicias de los paladares de los clientes de «Los Álamos».

Dispone sobre la encimera, cuidadosamente, antes de empezar a cocinar, los filetes de pez espada, el pimiento verde y los langostinos frescos. Empieza a cortar en trozos el pimiento, al que le quita las semillas. También, trocea los filetes de pez espada y pela los langostinos.

Es el momento en el que monta las brochetas, alternando el pez espada, el pimiento y el langostino hasta completarla. Antes de poner las brochetas en la plancha, mezcla el aceite y el tomillo, lo que servirá para untar las brochetas una vez que estén friéndose, para que cojan el intenso aroma del tomillo.

Al tiempo que las brochetas se van haciendo, Gerardo pone la mantequilla con la mostaza a calentar en otra sartén. Espera, con paciencia, a que se derrita, mientras remueve con una cuchara de madera. Cuando la mezcla está derretida, se le añade la nata líquida. Remueve unos minutos, hasta que todos los ingredientes están ligados.

Entonces, llega el momento del toque final. En una fuente coloca unas hojas de un cogollo y unos tomates cherry y, encima, coloca las brochetas, ya pasadas por la plancha y ya con el toque de sabor que le ha proporcionado la mezcla del aceite con el tomillo. Con respecto a la salsa, se sirve en una tarrina para que el cliente la aplique sobre la brocheta a su gusto. Un resultado final estupendo y, seguramente, se convierta en uno de los platos estrella cuando Gerardo y Beatriz lo incorporen a su carta como novedad de la nueva temporada.




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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